Lo llaman meritocracia y no lo es
Jorge Riechmann
La regla formal de justicia
La regla formal de justicia, analizada por
Chaïm Perelman en una investigación
clásica, dice: se debe tratar igual a los
seres pertenecientes a una misma
categoría. Chaïm Perelman: De la justicia. Cuaderno 14
del Centro de Estudios Filosóficos, UNAM, Méjico 1964 (el
trabajo original se publicó en 1945).
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“Que los que son iguales tengan lo
mismo”
Otra formulación: los casos similares han de
ser tratados de forma similar. Esto recibe a
veces el nombre de justicia formal.
La idea es aristotélica: “La equidad consiste en
que los que son iguales tengan lo mismo”,
Política 1132b (y Aristóteles argumenta ahí que
los hombres son bastante iguales en cuanto a su
constitución física y su alma).
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Pero ¿qué seres pertenecerán a
una misma categoría?
En cierto sentido con este enunciado no hacemos sino
desplazar un problema: la cuestión peliaguda --con
graves implicaciones político-morales-- se convierte en
elucidar qué seres pertenecen a una misma
categoría.
El carácter formal de la regla de justicia hace necesario
contar con criterios materiales de justicia para
establecer cuándo dos o más seres pertenecen a la
misma categoría. Es decir, decidir a qué semejanzas y
diferencias fácticas reconocemos relevancia moral.
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Seis grandes criterios materiales
de justicia, según Perelman
1. A cada uno lo mismo (igualdad absoluta)
2. A cada uno según lo atribuido por la ley (justicia y
Derecho positivo coincidirían)
3. A cada uno según su rango (sociedades patriarcales,
esclavistas, estamentales…)
4. A cada uno según sus méritos o capacidad (justicia
meritocrática)
5. A cada uno según su trabajo (justicia socialista)
6. A cada uno según sus necesidades (justicia
comunista)
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La igualdad absoluta no es un
principio adecuado
Podemos ver con facilidad que 1) (igualdad absoluta)
no es un principio adecuado. Ahí se está
confundiendo el principio formal contenido en la
misma definición de justicia (evitar la arbitrariedad;
tratar a todo el mundo de la misma forma, a menos
que existan diferencias relevantes) con un principio
sustantivo inadecuado.
Una buena razón para no tratar a todo el mundo de la
misma manera es que diferentes personas tienen
diferentes necesidades… Luego volveremos sobre
ello.
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Tampoco 2), que identifica justicia con
derecho positivo, resulta adecuado
(obviamente, las leyes aprobadas mediante
los procedimientos establecidos y
mantenidas en vigor pueden ser injustas).
Y 3) –el principio material de justicia de
las sociedades patriarcales, esclavistas o
estamentales--, a estas alturas de la
historia, nos deja muy descontentos…
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En cambio, los tres últimos criterios
sustantivos o materiales de justicia de
Perelman merecen ser discutidos más por
extenso:
* A cada uno según sus méritos o capacidad
(justicia meritocrática)
* A cada uno según su trabajo (justicia socialista)
* A cada uno según sus necesidades (justicia
comunista)
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Méritos y necesidades
Notemos de entrada que “a cada uno según sus
capacidades” y “a cada uno según su trabajo” podemos
unificarlos bajo la común noción de mérito.
Puesto que un trato justo no tendrá en cuenta la mera
posesión inactiva de capacidades, sino el ejercicio de las
mismas.
Nos queda pues por discutir la cuestión de las necesidades,
y la cuestión de los méritos. Ambas son centrales para
cualquier discurso sobre la justicia y la injusticia. Nos
centraremos en la segunda. Abordé por extenso la cuestión de las necesidades en
Jorge Riechmann (coord.): Necesitar, desear, vivir. Sobre necesidades, desarrollo humano, crecimiento
económico y sustentabilidad (Los Libros de la Catarata, Madrid 1998).
Principios de justicia en Marx
En la Crítica del Programa de Gotha se ofrece una
anticipación de la sociedad socialista/ comunista,
articulada –en lo que se refiere a la distribución de
bienes– en torno a dos principios de justicia:
1. Conforme al trabajo aportado, en la primera fase
–socialista– de la sociedad emancipada. Principio
contributivo: “a cada cual según su trabajo” (éste sería
el criterio meritocrático que comparten socialismo y
capitalismo).
2. Según las necesidades de cada individuo, en la
fase superior, propiamente comunista. Principio de
satisfacción de las necesidades: “A cada cual según
sus necesidades”.
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El principio superior de justicia
“En una fase superior de la sociedad comunista, después de
que haya desaparecido la esclava subordinación del individuo
a la división del trabajo, y con ella también la antítesis entre la
división intelectual y física del trabajo; una vez que el trabajo
se haya convertido no sólo en un medio de vida, sino en el
primer deseo vital, una vez que las fuerzas productivas se
hayan incrementado también con el desarrollo completo del
individuo, y las fuentes de la riqueza social fluyan con mayor
abundancia, sólo entonces se podrá cruzar completamente el
estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad
inscribirá en sus banderas: de cada cual según su capacidad, a
cada cual según sus necesidades.” Crítica del programa de Gotha
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Nota histórica
Louis Blanc había enunciado esta
famosa fórmula en su libro de 1839
L’organisation du travail: “A cada
cual según sus necesidades, de cada
cual según sus capacidades”.
Y se pueden buscar sus antecedentes…
¡en la regla monástica de San Agustín!
Reyes Mate cita a Agustín de
Hipona:
“De cada cual según sus posibilidades y a cada cual según sus
necesidades. No igual a todos porque no todos estáis en las mismas
condiciones.” RM, Tratado de la injusticia, Anthropos, Barcelona 2011, p. 98.
“No consideréis nada como propio, sino que todo sea común. A cada
uno de vosotros distribuya vuestro prepósito la comida y el vestido, no
a todos por igual, pues no gozáis todos de la misma salud, sino más
bien a cada cual según lo necesite. Pues así leéis en los Hechos de los
Apóstoles, que «todo lo poseían en común, y se distribuía a cada uno
según su propia necesidad» (Hech 4, 32 y 35)”. Regla de San Agustín 1, 3.
Puede consultarse en la web de la orden de Agustinos Recoletos:
http://www.agustinosrecoletos.com/news/view/4-noticias-actualidad/330-la-regla-de-sanagustin-un-texto-imprescindible-para-entender-la-historia-monastica
Sin embargo (volviendo a Marx)…
No parece muy atractivo el ideal de la
satisfacción de cualquier necesidad, incluyendo
refinamientos caros o lujosos.
La autorrealización no está garantizada para
nadie: uno puede fracasar en su proyecto
personal y ser infeliz.
Ni todos tenemos las mismas capacidades, ni
nadie puede desarrollar simultáneamente todas
sus capacidades.
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Una sociedad formada por individuos geniales
ocupados en su autorrealización puede verse en
conflicto con los valores comunitarios.
“Además, es totalmente utópico pensar que la
coordinación de las actividades de una sociedad
moderna compleja pueda producirse espontáneamente
y sin conflicto, por aprobación unánime o elección,
sin estructuras o instituciones que regulen la voluntad
colectiva.” Gerard Vilar, “Marx y el marxismo”, en Victoria Camps (ed.),
Historia de la ética, vol.2: La ética moderna, Crítica, Barcelona 1992, p. 571.
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Una reformulación del criterio de
justicia de Marx
De cada cual según sus capacidades (teniendo en cuenta
las constricciones antes mencionadas);
a cada cual según sus necesidades... básicas, y
teniendo en cuenta los límites biofísicos del
planeta.
Pues los límites de la naturaleza delimitan la
justicia.
Ahora bien, tenemos que examinar con más detalle la cuestión de los
méritos/ capacidades. ¿Qué quiere decir “de cada cual según sus
capacidades”? Y ¿qué sentido tiene la idea de justicia meritocrática?
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Vuelta al principio meritocrático
Vimos antes que Perelman llamaba al “a cada
cual según sus capacidades/ méritos/ trabajo”,
el principio contributivo o meritocrático, un
“principio de justicia socialista”.
Pero con igual propiedad podríamos llamarlo
“principio de justicia capitalista”… El
capitalismo hace gala de retribuir las
contribuciones de cada cual de acuerdo con el
principio de mérito.
Meritocracia neoliberal
Margaret Thatcher creía que el progreso
personal llega de la mano del esfuerzo y la
responsabilidad individual (y no gracias a la
herencia recibida o a la generosidad del
Estado). Su principio sería “a cada cual
según sus méritos” (no según sus
necesidades). Cf. Walter Oppenheimer, “La Dama de
Hierro pasa a la historia”, El País, 9 de abril de 2013.
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¿Sólo el mérito es fuente de
legitimidad y criterio de justicia?
“La izquierda no ha comprendido que en un
mundo global que proporciona oportunidades a
demografías inmensas hasta ahora en la pobreza
sólo el mérito es fuente de legitimidad. La
desigualdad será inevitable. La diferencia será
entre una desigualdad de salida, la opción de
derechas, o una igualdad de salida, en que el
mérito es la única fuente legítima de
desigualdad.” José Luis Álvarez, “La tory y la crisis de la izquierda”, El País, 9 de
abril de 2013. Este tipo es “Profesor de Liderazgo” en ISEAD, París- Singapur.
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Pero, desde otro lugar del espectro
político…
El presidente ecuatoriano Rafael Correa es un
rendido adepto de la meritocracia. El lema
con que atormenta a sus ministros –
“extraordinariamente rápido y
extraordinariamente bien”-- ya apunta en ese
sentido.
El Ecuador de la “Revolución Ciudadana” ha
creado ¡un Instituto Nacional de la
Meritocracia! Su web en http://meritocracia.gob.ec/
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¿Qué es el mérito?
Tener necesidades distintas es una razón
relevante para alejarnos del criterio de
básico de igualdad en una dirección. El
diferente mérito o merecimiento nos
apartaría de la igualdad en otra dirección.
Pero ¿qué significa merecer algo?
“Significa que se ha actuado de una manera
que exige un determinado modo de trato
como respuesta a esa acción”. David Miller, Filosofía
política: una breve introducción, Alianza, Madrid 2011, p. 121.
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El mérito se vincula con la
responsabilidad
El mérito se vincula con la responsabilidad.
Lo que merecemos depende de acciones (u
omisiones) de las que somos responsables.
Pensemos en las circunstancias atenuantes con
las que podemos esquivar un reproche o un
castigo (si, por ejemplo, hubo coerción o
ignorancia).
Solamente atribuimos méritos –o deméritos–
a los agentes responsables.
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“Ninguna desigualdad sin
responsabilidad”
Félix Ovejero, desde la izquierda, toma en
cuenta los argumentos que critican el
paternalismo del Estado. “Cada uno es
responsable de su vida y debe asumir las
consecuencias de sus decisiones. Algo con lo
que yo estoy bastante de acuerdo. Yo y quienes
han defendido en serio el ideal de ciudadanía,
cuyas trazas esenciales quedan bien recogidas y
precisadas en el lema ninguna desigualdad sin
responsabilidad.”
El impuesto de sucesiones (y la
transmisión de propiedad en herencia)
“(…) La desigualdad de acceso a las
oportunidades vitales, no relacionada con
decisiones de los individuos, es lo que parecen
querer consagrar los críticos del impuesto de
sucesiones: el linaje del tener.” Félix Ovejero,
“Sucesiones”, El País, 5 de marzo de 2010.
Cuestión: ¿qué tipo de bienes deberían ser heredables en una
sociedad justa?
Desde posiciones socialistas o meritocráticas, no se puede
defender la herencia de propiedades significativas…
Notemos que la idea de “ninguna
desigualdad sin responsabilidad” parte del
criterio de igualdad como principio básico,
y propone apartarse del mismo sólo en
función de los méritos (méritos de los que
podamos considerarnos responsables).
Enseguida volveremos a esta idea (es la
propuesta de teoría de la justicia de Tom
Campbell, por ejemplo).
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Una objeción a la justicia meritocrática:
¿somos libres y responsables?
Hay quien señala que en realidad la gente nunca es
responsable de sus acciones en el sentido fuerte que
hace falta para justificar cuestiones de merecimiento.
“Miremos detrás de la conducta de una persona y
encontraremos detrás de ella una cadena de causas que
se remontan mucho más allá de ella misma. Esa
persona ya nació con determinadas capacidades y
propensiones (incluyendo la propensión a optar por un
tipo de conducta en vez de por otro) …”
“…y aún otras muchas propensiones fueron inculcadas
en ella por su familia [y por otros agentes de
socialización], de modo que cualquier ‘reconocimiento’
por una buena conducta o ‘culpa’ por una mala
conducta debería dirigirse en realidad a sus genes o a
sus padres.” Miller, op. cit., p. 123.
Aquí enlazamos con la difícil cuestión de la
responsabilidad personal y la libertad… No puedo
tratarla aquí, y remito a mi ppt LIBERTAD. Baste aquí
señalar que cualquier idea de justicia meritocrática
presupone la creencia en la libertad humana.
Tom Campbell: igualdad de
valor, diferencias según mérito
Tom Campbell propone una interesante concepción de
la justicia basada en el mérito: igualdad de valor,
diferencias según mérito.
Igualdad en la base como “justicia por defecto”: la
igualdad antecedente es el punto de partida respecto
del cual, si hay diferentes rumbos, han de justificarse
por los diferentes méritos de cada cual.
Las cuestiones complicadas, claro, son 1) si es
posible una “igualdad de las condiciones iniciales”
en una sociedad como la nuestra y 2) qué debe
contar como un mérito…
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“Todas las formas de justicia tienen que ver
con la idea de recompensar [o castigar] a las
personas en términos de su responsabilidad
personal como agentes morales. (…) Un
estado de cosas es justo si y sólo si refleja
correctamente la igual valía y el desigual
mérito de las personas sensibles y
responsables.” Tom Campbell, La justicia, Gedisa, Barcelona
2008, p. 24 y 36.
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Una precisión
Es importante señalar que la idea de mérito
no está en absoluto conectada de forma
necesaria con la idea de igualdad (la
“igualdad antecedente” en el sentido de
Tom Campbell).
Por el contrario, morales no igualitarias
(como las de Trasímaco y Nietzsche)
pueden reivindicar tratos diferenciados
según supuestos méritos.
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En sociedades desiguales, la
meritocracia ahondará la desigualdad
En la Grecia antigua, “meritocracia” se decía
aristocracia: el gobierno de los (supuestamente)
mejores o excelentes.
En general, en una sociedad de clases (o patriarcal, o
atravesada por otras desigualdades profundas) la
práctica de la meritocracia profundizará las
desigualdades sociales. Los méritos, reales o
supuestos, serán establecidos desde lo alto de la
pirámide social, y no cuestionarán la jerarquía (si acaso,
las formas de acceso a las posiciones sociales
desiguales).
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“Son los intereses de las clases
dominantes los que dominan el
ejercicio de selección humana que se
plantea como meritocracia, por encima
del discurso que supone una
inexistente igualdad”. Edgar Isch, “Meritocracia no
es democracia”, en sin permiso, 10 de febrero de 2013. Puede
consultarse en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5668
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Meritocracia y sociedad
jerárquica
"No hay más igualdad social en la meritocracia
que la que había en cualquier otra concepción
jerárquica de la sociedad. Lo que ha cambiado
es el modo de justificar las diferencias sociales:
ahora es el mérito individual, una combinación
de talento y esfuerzo, lo que dota de
legitimidad al acceso a la desigualdad". Angel
Puyol González, "Filosofía del mérito", en: Contrastes. Revista
Internacional de Filosofía, vol. XII, Universidad de Málaga 2007.
Recomiendo la lectura íntegra y atenta de este excelente artículo.
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¿Qué ha de contar como mérito? ¿Cómo
comparar los diferentes méritos?
Que el mérito ha de contar en una teoría de la
justicia adecuada parece indudable.
Pedía Francisco Fernández Buey, en sus ensayos Por
una universidad democrática, que se garantice “la
meritocracia en el acceso de los estudiantes y en la
selección del profesorado”.
Y no hay más que pensar en cómo reaccionan incluso
los niños muy pequeños cuando creen que no se les
está tratando según cada cual merece…
Pero las cuestiones difíciles, repitámoslo, son: ¿qué
ha de contar como un mérito real , y cómo
comparamos entre sí diferentes clases de mérito?
Como hemos visto, gentes de izquierda asumen el principio
contributivo o meritocrático.
El problema: el mérito y la meritocracia suelen asociarse
a las aspiraciones igualitarias de quienes confían en que
los individuos sean valorados, en el acceso a las posiciones
sociales, por su capacidad y no por otros requisitos
moralmente irrelevantes (como el origen social, étnico,
cultural, el sexo, el aspecto físico, las creencias religiosas,
las adscripciones políticas, la ideología…).
Pero, paradójicamente, tanto el mérito como la
meritocracia tienen un vínculo débil con el valor de la
igualdad (que es constitutivo para la izquierda). Lo veremos desde
varias aristas.
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Sigamos analizando la cuestión
del mérito
Por el lado positivo, no debería esperar reconocimiento
o alabanzas por los resultados de acciones que no me he
propuesto y que no podía haber anticipado.
Sin embargo los altos, guapos y delgados cobran
mejores salarios (en una sociedad supuestamente
“meritocrática”). Según estudios empíricos en EEUU,
cada 2’5 cm. adicionales de estatura se relacionan con
un incremento de los ingresos de cerca del 2%.
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Los guapos ganan más
Los empleados considerados guapos tienden
a ganar un 5% más por hora que las
personas de aspecto corriente, mientras que
los considerados feos ganan un 9% menos.
La obesidad puede provocar un descenso
del salario de las mujeres blancas. Patricia Cohen,
“¿Influye la anatomía en el perfil criminal?”, The New York Times/ El
País, 27 de mayo de 2010.
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Quienes ofrecen servicios
sexuales medran
Me escribía una amiga –en enero de 2013-- desde su
experiencia dentro de una gran organización –
llamémosla X--: “…hay un montón de mujeres que
están ahí porque han tenido algún rollete con alguien
de peso [algún varón] dentro de X, sí, es muy fuerte,
pero está plagado. La paridad está llena de estas cosas,
porque cuando vas de viaje [por asuntos de trabajo]
tienes que divertirte. Ya se que te parecerá muy fuerte
lo que te estoy contando, pero en organizaciones
enfermas como la nuestra, el tema está a la orden del
día, pues es otra manera de dominación y control…”
La justificación tramposa de la
desigualdad
Apelar al mérito se convierte fácilmente en un
instrumento de justificación de grandes
desigualdades en salarios y riqueza.
Antón Costas: “El de banquero es el único oficio en
que puedes cobrar una millonada por fracasar
profesionalmente y llevar a tu empresa a la quiebra.
Es como si un cirujano cobrase más cuando se le
mueren los pacientes, o un arquitecto cuando se le
caen los edificios.”
“En las escuelas de negocios se explica a los
alevines de banquero que los elevados salarios que
recibirán serán la contrapartida a su talento
gerencial. Y se les dice que como ese talento es
escaso, el salario es elevado. Les aseguro que este
argumento es pura filfa. Existe una amplia
investigación académica que lo desmiente. Son los
propios altos directivos los que fijan la cuantía de
sus ingresos e indemnizaciones, sin que la calidad de
su gestión tenga nada que ver con sus ingresos. Para
muestra, las cajas [de ahorros] quebradas.”
Los salarios del fracaso
“Un equipo de la Universidad de Harvard dirigido
por un especialista en el tema, Lucian Bebchuk, ha
analizado las retribuciones cobradas entre 2000 y
2008 por los directivos de Lehman Brothers y de
Bear Stearns. Comprueban que han sido
elevadísimas. Hablan de ‘salarios del fracaso’. En
realidad, estos dos casos responden a una tendencia
general de crecimiento desmesurado de los salarios
del sector financiero. Cobran entre un 30% y un 50%
más que los directivos del resto del sector privado. Y
estarán de acuerdo conmigo que su trabajo no es un
50% socialmente más productivo que el de un
ingeniero o un maestro, por ejemplo.”
No siempre fue así
“Esto no ha sido siempre así. En EE UU los salarios y
otras compensaciones fueron, de media, muy similares
en los sectores financiero y no financiero desde los
años cuarenta a los ochenta [del siglo XX]. Pero a
partir de esa fecha, coincidiendo con la desregulación,
se fue abriendo una brecha creciente, como ha puesto
de manifiesto el informe final de la Financial Crisis
Inquiry Comisission de 2011 [en EEUU].” Antón Costas, “Los
salarios del fracaso”, El País, 16 de octubre de 2011.
Reparemos una vez más en la importancia de los
años alrededor de 1980 como gozne histórico…
¿Salarios máximos? La clase
dominante dice siempre que no
“La brecha salarial se viene incrementando cada
año desde los últimos veinte años. La gente debe
ser pagada en función de lo que aporta al negocio.
No creo que exista una obligación moral de fijar
un tope al número de veces que el sueldo del
directivo multiplique el del empleado medio.
¿Dónde está el límite entre lo justo y lo injusto?
¿Quién lo establece?” Jon Terry, experto de PwC en
remuneraciones dentro del sector financiero, entrevistado en El País
Negocios, 13 de mayo de 2012.
¿Puede el trabajo de un ser humano valer
mil veces más que el de otro?
El premio Nobel estadounidense Paul Krugman
señalaba en 2010 que, en lo que se refiere a la
distribución de ingresos y riqueza, el mundo ha vuelto
a los niveles de desigualdad de los años veinte del
siglo XX: el capitalismo pre-keynesiano.
Si en 1970, en EE.UU. –epicentro de la
“contrarrevolución” neoliberal--, el máximo directivo
de una empresa cobraba cuarenta veces más que el
salario promedio de un trabajador, en el 2000 cobraba
mil veces más.
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¿O 1.723 veces más?
En 1970, el ingreso medio de los cien ejecutivos
mejor pagados de Estados Unidos era 45 veces
mayor que el salario medio de los trabajadores
de aquel país.
En 2006, era 1.723 veces mayor. Fuente: Les Leopold, “The
6 Economic Facts of Life in America That Allow the Rich to Run off with Our
Wealth”, AlterNet, 5 de diciembre de 2012. Puede consultarse en
http://www.alternet.org/economy/6-economic-facts-life-america-allow-rich-run-ourwealth?akid=9779.1117295.f-JOKT&rd=1&src=newsletter757454&t=3
¿Ganar en una hora lo que otro
gana en un año?
¿Es justo que alguien como Tim Cook, el sucesor de Steve
Jobs como consejero delegado de Apple en 2011, gane en una
hora de trabajo lo que un trabajador promedio de EEUU gana
en un año?
En 2011, el año en que sucedió a Jobs, Timothy D. Cook
cobró de la empresa unos 900.000 dólares en efectivo… más
acciones de Apple por valor de 376’2 millones de dólares. El
asalariado promedio en EEUU ganó 45.230 $ ese año. Natasha
Singer, “Directivos: la nueva élite”, The New York Times/ El País, 19 de abril de 2012.
Otros datos (procedentes de la Casa Blanca, en este caso): en 1979, en EEUU, el director
ejecutivo medio ganaba 30 veces más que su empleado medio; en 2012, unas 110 veces más.
Andrea Rizzi, “75% de IRPF para millonarios: ¿justicia social o castigo?”, El País, 19 de
abril de 2012
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Otro ejemplo:
Un trabajador que gane el sueldo medio de los
empleados de MacDonald’s en Estados Unidos tendría
que trabajar 1,1 millones de horas para ganar el sueldo
de su director ejecutivo, Jim Skinner, en el año de 2011
(8’75 millones de dólares).
Eso equivaldría a trabajar más de cien años sin parar,
o a 550 años trabajando 40 horas durante todas las
semanas del año. Fuente: Leslie Patton, “McDonald’s $8.25 Man and $8.75
Million CEO Shows Pay Gap”, 12 de diciembre de 2012 en
http://www.bloomberg.com/news/2012-12-12/mcdonald-s-8-25-man-and-8-75million-ceo-shows-pay-gap.html
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O también:
En 2009 y en EEUU, 25 managers de
fondos de inversión de alto riesgo
(hedge funds) cobraban lo que 680.000
profesores que podrían enseñar a
13.000.000 de estudiantes
(http://bit.ly/de3pdg).
¿Topes para los salarios más
altos?
En Suiza, el 24 de noviembre de 2013, se
votó una iniciativa legislativa popular que
buscaba poner topes a los salarios más altos:
la iniciativa 1:12.
Si hubiera prosperado, el salario de los altos
ejecutivos de una compañía no podría
superar en un mes lo que en un año gana el
más modesto de los empleados.
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La iniciativa 1:12 de la izquierda
suiza
El consejero delegado de la farmacéutica
Roche Severin Schwan --quien recibió un
salario 261 veces superior al trabajador peor
pagado de la compañía en 2012-- aseguró
que sería mucho más difícil para la empresa
reclutar personal cualificado si se aceptaba
la medida.
Y no se aceptó… Fue derrotada en las
urnas.
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Teoría del capital humano
En los últimos decenios, ha funcionado legitimando
las desigualdades la muy neoliberal teoría del
capital humano formulada por Gary Becker y otros
autores.
Según ellos, gran parte del crecimiento económico
de las sociedades occidentales podía explicarse si se
introducía una variable llamada capital humano,
correlacionada con el nivel de formación
especializada que tenían los agentes económicos de
una sociedad.
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En sociedades complejas, la
productividad individual no es medible
Esta gente postula que 1) la remuneración de
los agentes económicos, en economías de
mercado, depende de la productividad
individual
Y 2) la productividad individual depende de la
educación acumulada.
Pero en las sociedades complejas ¡la
productividad individual es inmedible! (Luego
volveremos sobre este imporatnte asunto.)
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Lo llaman mérito y no lo es
Aquí el problema no es solamente el de reconocer o
evaluar méritos comparándolos entre sí, sino más bien
qué criterios de mérito empleamos.
¿Los de ganar dinero en un “capitalismo de casino”,
pongamos por caso –o los de servicio a la comunidad?
(Recordemos que el capitalismo financiarizado está
llevando al mundo al abismo de un colapso socioecológico global.)
Igual que “lo llaman democracia y no lo es” (lema del
movimiento 15-M en España), bien puede ocurrir que lo
llaman mérito y no lo es.
¿Qué significa una verdadera
igualdad de oportunidades?
Premiar al mejor preparado –por ejemplo,
eligiéndolo para un buen puesto-- no significa
necesariamente actuar con justicia, porque no
todos ni todas tienen las mismas oportunidades
de acceder a una buena formación.
El problema no es que valoremos los méritos
adecuadamente los méritos –hay que hacerlo--,
sino todas esas situaciones en que lo llaman
meritocracia y no lo es.
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La verdadera nivelación del terreno
de juego es en realidad una quimera
Ángel Puyol: “Decir que Pedro y Ana tienen igualdad de
oportunidades para ingresar en la Universidad Politécnica
sólo porque las leyes de acceso no vetan a las mujeres es
adoptar una visión muy superficial de la igualdad de
oportunidades. Hay que preguntarse si ambos han dispuesto
de la misma educación previa y de la misma calidad, si sus
respectivas obligaciones familiares no les instan a entrar
tempranamente en el mercado laboral contra su voluntad y
si los prejuicios sexistas de la sociedad no aplacan –incluso
desde la niñez– los deseos potenciales de Ana de estudiar
una carrera técnica.”
¿Qué es una igualdad equitativa
de oportunidades?
“De ahí que la igualdad de oportunidades deba
ir más allá de la igualdad formal hasta
alcanzar la igualdad equitativa de
oportunidades o nivelación del terreno de
juego para que podamos decir que la
competición social es finalmente justa. Sin
embargo, la verdadera nivelación del terreno
de juego es en realidad una quimera, lo que
pone en un brete al mismo principio del
mérito…”
¿Cuántos libros tienen tus padres
en casa?
Por ejemplo, y en relación con el famoso
informe PISA, una de las diferencias más
importantes de resultados (más altas que entre la
mayoría de países, mucho más alta que la
diferencia entre Comunidades Autónomas en
España) se da entre los alumnos/as que tienen
menos de 10 libros en casa, y quienes tienen
más de 200: un abismo de 124 puntos (sobre
500) en España, y 126 en el promedio de la
OCDE. Datos del informe PISA de 3013.
Sigue Ángel Puyol:
“Recientes estudios provenientes de la economía, la
sociología y la biología confirman que, a pesar de los
esfuerzos meritocráticos, plasmados en una fuerte
escolarización y otras tantas medidas sociales, y de la fe
que muchos todavía depositan en tales esfuerzos, existen
pruebas de que la conexión entre las capacidades
cognitivas –o la inteligencia– y la desigualdad social es
sorprendentemente débil y demuestran que esta última se
sigue debiendo a factores como la herencia social y
familiar antes que al mérito individual.”
“La escuela, por ejemplo, determina el éxito laboral y
profesional con independencia de las capacidades
cognitivas, los coeficientes de inteligencia no
predicen el éxito económico, y los vínculos sociales –
como la clase social, el círculo de amistades y vecinal
o los lazos familiares– siguen explicando la mayor
parte de la pobreza observada.” Angel Puyol González,
"Filosofía del mérito", en: Contrastes. Revista Internacional de Filosofía,
vol. XII, Universidad de Málaga 2007, p. 171. Los estudios a los que se
refiere se sintetizan en K. Arrow, S. Bowles, S. Durlauf (eds.), Meritocracy
and Economic Inequality, Princeton University Press 2000.
La clave aquí: ambiente familiar
y educación preescolar
“Muchos igualitaristas han confiado durante largo tiempo en que
las reformas educativas crearían un mundo de iguales
oportunidades para todos. Pensaron que el capital humano se abriría
paso automáticamente en un entorno laboral y profesional ansioso
por ser eficiente y se convencieron de que la educación es el factor
clave que vincula el estatus de los padres al destino de sus hijos.
Ahora sabemos, tras décadas de reformas educativas, que éstas no
han disminuido significativamente la importancia del origen social
en la cantidad y la calidad de las oportunidades vitales de los
individuos. Y sorprendentemente, los datos demuestran que en los
países hipotéticamente más meritocráticos, como Gran Bretaña y
los Estados Unidos de América, es donde los hijos heredan con
mayor fuerza la situación económica y el estatus social de sus
padres sin que la herencia genética pueda explicar tal correlación.”
01/10/2015
justicia
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Reformas educativas y escuela
pública
“¿Por qué han fracasado las reformas educativas? Dichas
reformas han combatido la herencia social con una
estrategia en parte desenfocada. Se han centrado en la
escolarización obligatoria y comprehensiva, con la idea de
que si mantenemos en la escuela a los niños y las niñas tanto
tiempo como sea posible, adentrada incluso la adolescencia,
las diferencias sociales entre ellos se reducirán al máximo.
La escuela pública debe ofrecer unos contenidos educativos
que compensen e igualen la formación dispar con la llegan a
ella y, de paso, si es de verdadera calidad, debe minimizar el
impacto social de la escuela privada, dedicada
principalmente a perpetuar las diferencias sociales.”
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justicia
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La batalla de la herencia social se
lucha en otro campo
“El problema de esta estrategia es que la batalla de la herencia
social se lucha en otro campo. Es cierto que una escuela pública de
calidad y comprehensiva ofrece a los niños y las niñas unas
oportunidades que no podrían obtener en otro lugar: esto es algo
manifiesto si comparamos los países que poseen un sólido sistema
público de enseñanza obligatoria con los que carecen de él.
Pero la escuela primaria y secundaria y los efectos de la
socialización son desafortunadamente menos importantes que otros
dos factores que acaban siendo, según los expertos, verdaderamente
determinantes en la propagación de la desigualdad de
oportunidades: el temprano desarrollo cognitivo que tiene lugar en
el seno de la familia y la desigual inversión económica de los
padres en la educación y las oportunidades sociales de sus hijos.”
Angel Puyol González, "Filosofía del mérito", en: Contrastes. Revista Internacional de Filosofía,
vol. XII, Universidad de Málaga 2007, p. 172.
01/10/2015
justicia
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En consecuencia: ¡estrategias
redistributivas igualitarias!
“A pesar de algunos avances en la movilidad social, lo
cierto es que en buena medida la desigualdad económica se
sigue heredando. Y eso es más cierto en las sociedades con
mayor desigualdad económica que en el resto. Cuanto
mayor es la pobreza, más difícil es para los hijos de los
pobres escapar de ella; y cuanta más inseguridad
económica se vive en los hogares, más fácil es que los más
jóvenes de esos hogares reproduzcan de adultos las mismas
condiciones de vida de sus familias.
De lo cual se desprende que la medida más efectiva para
paliar la desigualdad de oportunidades por origen
económico no es un sistema educativo obligatorio, sino, en
primer lugar, la supresión de la pobreza y, más
ampliamente, una menor desigualdad económica.” Puyol,
loc. cit.
Desigualdad de las posiciones finales vs.
desigualdad de los puntos de partida
Profundicemos en este asunto. Indica François Dubet que
la desigualdad social presenta dos dimensiones
distintas aunque relacionadas entre sí.
Por un lado, la desigualdad de las posiciones sociales
que pueden llegar a ocuparse en una estructura o
sistema social. Por ejemplo, la desigualdad entre los
profesionales titulados y los trabajadores manuales.
Y por otro, la desigualdad entre las condiciones de
origen desde las que se inicia la competición para
alcanzar dichos puestos a ocupar. Por ejemplo, la
desigualdad entre las familias autóctonas y las familias
inmigrantes.
01/10/2015
justicia
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Para reducir la desigualdad
social…
Para reducir la desigualdad social podemos tratar de
igualar tanto las condiciones de salida (igualdad de
oportunidades; política liberal) como las metas de
llegada (igualdad de posiciones sociales; política
socialista).
Pero, argumenta François Dubet, la política de
igualdad de oportunidades, por progresista que
parezca y bienintencionada que sea, genera efectos
contraproducentes. Dubet, Repensar la justicia social, Siglo XXI, Buenos
Aires 2012. El libro se subtitula: Contra el mito de la igualdad de oportunidades.
01/10/2015
justicia
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¡No todos pueden estar en lo alto
de la pirámide!
No reduce la desigualdad de las posiciones de llegada,
sino que –en el mejor de los casos-- favorece e impulsa
la movilidad social entre unas y otras, que se hacen
cada vez más desiguales.
Así reconvierte el problema de la desigualdad en una
competición meritocrática por el acceso restringido
a las posiciones más desiguales y selectivas: es decir,
en una carrera cada vez más concurrida en pos del
ascenso social.
Pero ¡no todos pueden estar en lo alto de la pirámide!
01/10/2015
justicia
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“Cuando la modernización entra en su fase de
madurez y las clases medias ya no pueden seguir
creciendo, como ha ocurrido ya en Occidente, la
igualdad de oportunidades se convierte en una trampa,
pues como ya no hay puestos privilegiados para todos,
cada vez son más los llamados y menos los escogidos.
Entonces la igualdad de oportunidades ya solo genera
rivalidad y competitividad entre todos los
concurrentes, mientras los perdedores se dejan ganar
por el resentimiento y el desclasamiento.”
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justicia
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“En consecuencia se desata una guerra de todos contra
todos solo movidos por la envidia social y la privación
relativa, lo que generaliza el individualismo posesivo,
la privacidad egoísta, las identidades sectarias, la
desconfianza mutua y la polarización conflictiva.
Lo cual produce como resultado agregado el
crecimiento geométrico de unas desigualdades sociales
que acaban por normalizarse y legitimarse en nombre
de la sacrosanta competitividad. Es la pesadilla
neoliberal en que ha degenerado el sueño
americano…” Enrique Gil Calvo, “El advenimiento de las desigualdades”, El País,
21 de octubre de 2013.
01/10/2015
justicia
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Políticas para igualar las
posiciones sociales finales
En conclusión: la política (liberal) de
igualdad de oportunidades no conduce
verdaderamente a reducir las
desigualdades…
Para eso hacen falta políticas que igualen
las posiciones sociales finales, por ejemplo
mediante la redistribución progresiva de las
rentas, las limitaciones a la herencia de la
riqueza… Políticas socialistas.
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justicia
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“Capital social” (Pierre Bourdieu),
red de contactos y enchufismo
“El llamado networking, los contactos, son una forma
de enchufismo que tiene un peso extraordinario a la
hora de cubrir los puestos más relevantes, tanto
públicos como privados. Y, sobre todo, hay un
encendido debate sobre la justicia misma de la
meritocracia porque a largo plazo los que vienen de
arriba están mejor preparados y los que vienen de
abajo tienen una larga serie de obstáculos que en la
práctica les hace muy difícil aprovechar las
oportunidades que se llevan quienes, desde niños, han
recibido una educación de superior calidad.” W. Oppenheimer
y A. Romero, “Elegir al más preparado no siempre es justo”, El País, 7 de enero de 2013.
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En España, el 80% de las ofertas de trabajo no se
publican. Las empresas optan por no hacer públicas
sus ofertas de empleo porque es más rápido, económico
y, en determinados casos, más eficaz, según un informe
de Adecco sobre el mercado laboral español en 2012.
(También, porque algunas de esas compañías están reduciendo personal al
mismo tiempo y se quiere evitar la mala imagen que ello provocaría.)
El mismo informe de Adecco estima que el 56% de las
personas que buscan un empleo lo encuentran
gracias a su red de contactos.
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Segregación invisible
En Gran Bretaña, afirma afirma Jonathan
Clifton, investigador del Instituto para la
Investigación de Política Pública (IPPR), “sólo
en torno al 7% de la población ha estudiado en
escuelas privadas, pero las profesiones están
dominadas por esa gente. El 75% de los jueces,
el 70% de los directores financieros, el 45% de
los altos funcionarios o el 55% de los
principales periodistas han estudiado en escuelas
privadas”.
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justicia
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Oxbridge y el Grupo de Russell
“Es un problema que empieza en la educación primaria”,
explica Clifton. “Sabemos que los niños de familias pobres
van por detrás que los niños de familias más ricas en el
sistema escolar y dejan la escuela con peores notas. Ese
problema se traslada luego a las universidades. Oxford,
Cambridge y las universidades que llamamos del grupo de
Russell [las veinte mejores del país], tienden a tener
estudiantes procedentes de familias ricas. (…) los grandes
despachos de abogados, las grandes empresas financieras, la
función pública, tienden a centrar de forma muy intensa sus
contrataciones en ese puñado de prestigiosas
universidades.” Citado en W. Oppenheimer y A. Romero, “Elegir al más preparado
no siempre es justo”, El País, 7 de enero de 2013
01/10/2015
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Otro enorme problema: en el mundo
de la telemática y la globalización…
En el mundo contemporáneo, donde proliferan
fenómenos del tipo “el primero se lo lleva todo” y
efectos “bola de nieve”, diferencias marginales en
talento pueden dar lugar a abismales
desigualdades en recompensa económica. Véase Nassim
N. Taleb, El cisne negro, Paidos, Barcelona 2008, p. 74-84.
Tendríamos que introducirnos en la noción de
escalabilidad… Outputs que crecen exponencialmente a partir de inputs que aumentan linealmente.
El BBVA nos ilustra: negocios
escalables… ¡Nada de proporcionalidad
“Uno de los requisitos fundamentales a la hora de estructurar un
negocio de éxito es que sea escalable. La escalabilidad es una
característica muy apreciada porque permite hacer crecer el beneficio
empresarial sin incrementar los costes necesarios para conseguirlos.
El principio fundamental de la escalabilidad es la desproporción entre
los resultados de la actividad empresarial y los recursos empleados
para su obtención. Esa desproporción es precisamente la que facilita
que se incrementen los beneficios sin apenas incrementar los recursos,
o por lo menos incrementándolos en menor medida.
Precisamente esa característica es la ideal, si el negocio es capaz de
crecer exponencialmente y los recursos sólo se incrementan
linealmente el margen de beneficios aumenta…” “¿Qué es la escalabilidad de un
negocio?” en la web del BBVA consultada el 28 de diciembre de 2012. Véase
http://www.bbvacontuempresa.es/actualidad/modelos-de-negocio/%C2%BFqu%C3%A9-es-laescalabilidad-de-un-negocio
Escalabilidad: pelotazo
Escalabilidad quiere decir, en román paladino:
pelotazo. No el pelotazo cutre al que estamos
acostumbrados en España –ya sabe usted:
recalificación de terrenos, previo pago de
sobornos y comisiones, para obtener
superbeneficios construyendo viviendas en los
años de la “burbuja inmobiliaria”– sino pelotazo
a lo grande, del que se teoriza en el blog del
BBVA.
Nótese que, en un país como España, la pasión popular por un juego como el de la Lotería
Nacional probablemente apunta hacia un ethos que asume el pelotazo como algo normal en el
funcionamiento de la sociedad
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justicia
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La hegemonía del capital
financiero
“La actual hegemonía del capital financiero se
sustenta en su capacidad de hacer confluir a los
factores de producción –el capital mobiliario, el
trabajo móvil, científico y altamente especializado
y la transformación móvil y estandarizada de la
naturaleza– en un solo punto para obtener
provecho de unos costes ínfimos en todo el
planeta. Con ello se suprime el capital vinculado a
una zona geográfica.” Wolfgang Sachs y Tilman Santarius (coords.), Un
futuro justo. Recursos limitados y justicia global, Icaria, Barcelona 2007, p. 129.
¿Qué papel juega el azar?
Los éxitos en la vida –o el ganar dinero en
mercados capitalistas-- ¿reflejan diferencias de
talento o esfuerzo –o el azar interviene de forma
importante?
Investigaciones empíricas del tipo de las descritas
por el sociólogo Duncan J. Watts –en su libro Everything is obvious
(once you know the answer)-- señalan que acontecimientos
fortuitos pueden influir en los resultados en el
mercado más que la calidad de los productos.
01/10/2015
justicia
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Efectos de “bola de nieve” y path
dependency
“A menudo resulta complicado encontrar información
sobre la calidad de un producto, así que confiamos en
las reacciones de otros.
Cualquier diferencia aleatoria en la reacción inicial
suele amplificarse al compartir nuestras opiniones con
los demás. El éxito temprano –aunque sea inmerecido–
alimenta más éxito, y un fracaso temprano alimenta
más fracaso.
La conclusión es que el destino de los productos a
menudo entraña un enorme elemento de suerte.” Robert H.
Frank, “El éxito también es cuestión de suerte”, The New York Times/ El País, 11 de octubre de
2012. Para este asunto, Taleb, El cisne negro; y véase mi ppt sobre azar y acción humana.
01/10/2015
justicia
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“¿Dónde está el mérito en los beneficios espectaculares de
la industria avícola en plena crisis de las vacas locas hace
unos años, y los que ahora pueden obtener la industria
vacuna y bovina ante la crisis de la gripe aviar? ¿Los
beneficiarios de la mala suerte ajena merecen su buena
suerte? El filósofo Friedrich Hayek, premio Nobel de
Economía en 1974 y adalid del capitalismo más liberal,
tenía muy claro que «el valor que tienen para nosotros las
capacidades o servicios de una persona, por lo que es
retribuida, guarda escasa relación con cualquier cosa que
podamos denominar mérito o merecimientos morales».”
Angel Puyol González, "Filosofía del mérito", en: Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol.
XII, Universidad de Málaga 2007, p. 175. La cita de Hayek procede de Alex Callinicos, Igualdad,
Siglo XXI, Madrid 2003, p. 95.
01/10/2015
justicia
80
Sobre la justificación de la
propiedad privada
¿Cómo se puede justificar la sacrosanta propiedad
privada? Sólo vinculándola con el trabajo: desde la
convicción de que el hard work y el ejercicio de los
altos méritos propios conlleva, como recompensa,
riquezas y propiedades.
Pero una de dos: o bien el hard work se reduce a
revender con beneficio, y entonces casi siempre se
trata de una actividad antisocial condenable; o bien
es trabajo productivo/ reproductivo…
01/10/2015
justicia
81
En sociedades complejas, el mérito
individual es cada vez menos medible
O bien es trabajo productivo/ reproductivo, decíamos
–del que contribuye a crear y recrear el mundo
común—, y entonces, en las condiciones
ultrasocializadas de producción que impone la
complejidad social moderna (y su división del trabajo
concomitante), se trata de un aporte individual al
trabajo socialmente necesario que no justifica
semejantes exigencias de retribución privada (pues
depende de otras mil contribuciones individuales
entrelazadas en una inescrutable maraña).
01/10/2015
justicia
82
Una impresionante anticipación
de Marx
En los Manuscritos de 1857-58 escribe: “Tan pronto
como el trabajo en su forma directa ha dejado de ser la
gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja de
ser necesariamente la medida del valor de cambio (…).
Por un lado, el capital despierta a la vida todos los
poderes de la ciencia y de la naturaleza, así como de la
cooperación y del intercambio sociales, para hacer que
la creación de riqueza sea relativamente independiente
del tiempo de trabajo empleado en ella.”
01/10/2015
justicia
83
“Por otro lado, procura medir con el tiempo de trabajo
estas gigantescas fuerzas sociales creadas de esta suerte
y reducirlas a los límites imprescindibles para que el
valor ya creado se conserve como valor.” Karl Marx citado según
la edición francesa de Manuscrits de 1857-1858, Eds. Sociales, París, vol. 2, p.192.
Recordemos que la “ley del valor” establece que el valor de una mercancía está determinado por
las cantidades de tiempo de trabajo que se requiere para producir la mercancía (teoría del valortrabajo). Aunque se asocia muchas veces con Marx, ya fue sugerida por Adam Smith:
“Si entre una nación de cazadores, por ejemplo, normalmente cuesta el doble de trabajo matar un
castor que matar un ciervo, un castor, naturalmente, debe ser cambiado por el valor de dos
ciervos. Es natural que lo que se suele producirse en dos días o dos horas de trabajo, sea el valor
doble de lo que suele corresponder al producto de un día o una hora de mano de obra…" - Adam
Smith, La riqueza de las naciones, libro I, capítulo 6.
01/10/2015
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Comenta Daniel Bensaïd:
“Este extraordinario párrafo anunció, hace más de siglo
y medio, la crisis de la ley del valor inherente al
desarrollo de las fuerzas productivas: cuando las formas
mediatas de trabajo (la parte de trabajo y de
conocimientos acumulada a lo largo de las generaciones)
se imponen sobre las formas inmediatas, y cuando la
creación de riqueza se vuelve relativamente
independiente del tiempo directamente dedicado a su
producción, la medida de la riqueza por el tiempo de
trabajo resulta literalmente miserable.” DB, La sonrisa del
fantasma, Sequitur, Madrid 2012, p. 69.
01/10/2015
justicia
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Podemos decirlo de otra forma: el empresario
capitalista que no tiene en cuenta el enorme
grado en que la riqueza social ya acumulada es
responsable de la nueva riqueza producida, y
retribuye el trabajo actual sin tenerlo en cuenta,
esta procediendo de hecho a una injusta
privatización de esa riqueza social acumulada
por las generaciones precedentes.
01/10/2015
justicia
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Trabajo en equipo… del que
forman parte los muertos
La producción de bienes y servicios, en
economías industriales modernas, es un trabajo
de equipo: y de ese equipo forman parte –de
manera muy destacada— también los muertos.
Lo que logramos hoy es posible sólo porque nos
apoyamos en el acopio de recursos –incluyendo
el conocimiento— que debemos a las
generaciones anteriores.
01/10/2015
justicia
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Recién llegados a un mundo de
desigualdad y acumulación
Dicho de otra manera: somos recién llegados a un
mundo donde han tenido lugar, durante siglos,
impresionantes procesos de acumulación en un
marco de lacerante desigualdad social.
Acumulación de destrezas, acumulación de
conocimiento, acumulación de capital (incluyendo
en ella tanto la “acumulación primitiva” –Marx-- o
“acumulación por desposesión” --David Harvey--, como
la acumulación mediante explotación laboral).
01/10/2015
justicia
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Si somos como enanos sobre
hombros de gigantes *…
¿Por qué creer que nuestra contribución
marginal, a partir de lo acumulado durante
generaciones anteriores –y que fue
acumulado casi siempre de forma injusta,
insistamos en ello--, merece retribuciones
enormes?
* Por cierto, sobre esta expresión comenta José Antonio Monge
que es la traducción castellana de un viejo tópico de la retórica
escolástica medieval: Quasi nanos gigantum humeris insidentes.
01/10/2015
justicia
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La expresión “nosotros somos como enanos aupados a
hombros de gigantes” se le atribuye a uno de los más
prestigiosos escolásticos (maestro de escuela) de la primera
hora (s. XII), Bernardo de Chartres. La fuente es un escrito
de Juan de Salisbury, uno de sus discípulos más conocidos
en la escuela catedralicia de esa ciudad: “Decía Bernardo
de Chartres que somos como enanos aupados a hombros de
gigantes, de manera que podemos ver más cosas y más
lejanas que ellos, no por la agudeza de nuestra vista o por
nuestra elevada estatura, sino porque estamos alzados
sobre ellos y nos elevamos sobre su altura gigantesca”
(Metalogicus, IV). La frase fue retomada por Luis Vives y
llegó a los científicos del siglo XVII, significando que sus
logros se levantan sobre la obra de sus predecesores…
Individualizar el mérito en tales
condiciones es cosa ardua
En cualquier economía moderna, ya se coordinen
las aportaciones de trabajo individual mediante
plan o mediante mercado, la socialización
objetiva es tal (la interdependencia a través de la
división del trabajo es tan grande) que lo justo
sería una distribución muy igualitaria del
producto social a través de los salarios.
Si de mí dependiera: no permitir diferencias
salariales de más de uno a cinco.
01/10/2015
justicia
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La “regla de Tinbergen”…
De Jan Tinbergen –1903-1994, premio
Nobel de economía en 1969— vale la pena
recordar, en estos tiempos nuestros de
tribulación, su famosa “regla de
Tinbergen”: si la diferencia entre los
salarios más bajos y los más altos en una
empresa excede la razón 1:5, ello resultará
perjudicial para la misma, a la larga.
01/10/2015
justicia
92
…¡y su antecedente en Platón!
Tiene interés constatar que Platón, en Las
leyes, proponía también la relación 1:5 como
límite de las desigualdades tolerables en una
ciudad bien ordenada: como recuerda
Aristóteles, su maestro “pensó que se debía
permitir el aumento de la propiedad hasta
cierto límite, pero que ningún ciudadano debía
tener derecho a adquirir más del quíntuplo del
mínimo fijado” (Política, 1266b; en la edición del Centro de Estudios
Constitucionales, Madrid 1983, p. 43).
01/10/2015
justicia
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¿En qué medida somos
responsables de nuestro talento?
La meritocracia sería un sistema social basado en
una “aristocracia del talento”.
Pero ¿en qué medida somos responsables de
nuestro talento? Lo recibimos por herencia –
natural y social-, y las diferencias pueden estar
sólo en el cultivo que hagamos de esa herencia…
Todo ello nos devuelve a la idea de distribución
muy igualitaria de los bienes y posiciones
sociales.
01/10/2015
justicia
94
Y por último, una idea ya antes
evocada:
Como subraya por ejemplo Iris Marion
Young en La justicia y las políticas de la
diferencia, la idea de un criterio del mérito
objetivo y no sesgado con respecto a
valores, prejuicios y atributos personales es
sencillamente imposible.
Los valores están inevitablemente
presentes en la definición y evaluación de
los méritos.
01/10/2015
justicia
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Recapitulemos las 7 críticas de
fondo a la meritocracia:
1. En sociedades patriarcales de clases, la verdadera
nivelación del terreno de juego (igualdad de
oportunidades) es en realidad una quimera.
2. No somos responsables de nuestro talento (lo
recibimos por herencia natural y social), sólo de su
cultivo más o menos afortunado.
3. En el mundo contemporáneo, donde proliferan
fenómenos del tipo “el primero se lo lleva todo” y
efectos “bola de nieve” (escalabilidad), diferencias
marginales en talento pueden dar lugar a abismales
desigualdades en recompensa económica.
4. Importancia del azar.
5. Nos aprovechamos de un enorme proceso
de acumulación heredado de generaciones
anteriores.
6. En la sociedades industriales modernas, con
su complejísima división del trabajo,
individualizar el mérito resulta arduo.
7. No podemos medir objetivamente el mérito.
01/10/2015
justicia
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Lo llaman meritocracia y no lo es
Así que cabe pensar que el concepto mismo de meritocracia
es un error colosal para los de abajo; pues, lejos de
fomentar la movilidad social, perpetúa el dominio de la
clase dominante.
Con el agravante de que da a ese dominio un barniz de
legitimidad (que proviene del valor igualdad).
Históricamente, uno de los críticos más destacados fue
Michael Young (1915-2002), sociólogo militante del
Partido Laborista (coautor del programa electoral de 1945),
que en 1958 escribió un famoso libro en clave de ironía, El
ascenso de la meritocracia.
01/10/2015
justicia
98
The Rise of Meritocracy
“The Rise of Meritocracy, escrita en 1958, proyecta con
clarividencia la idea del mérito individual hasta sus
límites más grotescos y siniestros, imaginando un
mundo –para el siglo XXI– en que los grandes avances
en la identificación de la inteligencia y el talento
permiten predecir los beneficios de la educación y,
consiguientemente, escoger a los más aptos para recibir
la mejor formación. Ninguna barrera al mérito
individual, como la clase social, el origen familiar, la
etnia, el sexo o la religión impediría que los mejor
dotados copasen los mejores trabajos.”
01/10/2015
justicia
99
“Pero el resultado imaginado por Young para su
utopía meritocrática no es una mayor justicia
social, sino una sociedad con enormes
desigualdades de beneficios y premios vinculados
a los trabajos, cuya justificación proviene de la
necesidad de generar incentivos y garantizar la
eficiencia en la productividad laboral; una
sociedad en la que, además, no se eliminan los
privilegios heredados, puesto que los más
talentosos, una vez en el poder, se aseguran de que
sus descendientes continúan perteneciendo a las
elites sociales a través de la herencia genética.”
01/10/2015
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100
“No hay más igualdad social en la meritocracia que la
que había en cualquier otra concepción jerárquica de la
sociedad. Lo que ha cambiado es el modo de justificar
las diferencias sociales: ahora es el mérito individual,
una combinación de talento y esfuerzo, lo que dota de
legitimidad al acceso a la desigualdad.” Angel Puyol González,
"Filosofía del mérito", en: Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XII, Universidad
de Málaga 2007, p. 170-171.
En opinión de Young, la llamada meritocracia es un
sistema que no solo perpetúa en el poder a los de
arriba, sino que ha dejado a los de abajo “cada vez más
y más desconectados y alienados, hasta el punto de que
ni se preocupan de votar”.
01/10/2015
justicia
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Contradicción interna de la
meritocracia
Si la primera generación fuese seleccionada
de manera rigurosa de acuerdo con el
principio de mérito…
¡para evitar que se hereden las ventajas
adquiridas, de cara a la segunda generación
habrá que actuar con principios igualitarios
no meritocráticos –p. ej. reglas de
discriminación positiva!
01/10/2015
justicia
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Un ideal condenado al fracaso –
por razones intrínsecas
“La estructura interna del proyecto
meritocrático es claramente contradictoria,
puesto que cuanto mejor funciona el ascensor
social en una generación, más desigualdades
finales se producen y más complicado resulta
garantizar la igualdad de oportunidades para la
siguiente generación. Así pues, la meritocracia
es un ideal, en la teoría, y no sólo en la práctica,
condenado al fracaso.” Angel Puyol González, "Filosofía del
mérito", en: Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XII, Universidad de
Málaga 2007, p. 174.
01/10/2015
justicia
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¿Una sociedad de ganadores y
perdedores?
En el mundo contemporáneo, el lenguaje de la
meritocracia se ha expandido en conexión con el
capitalismo competitivo (no en conjunción con
principios socialistas).
“La relación entre meritocracia y competitividad está
presente continuamente. Cuando se piensa en
educación, aquí se presenta una contradicción
irresoluble entre educar para la solidaridad, que en el
ejemplo de los andinistas [y alpinistas] prefieren esperar
al compañero para llegar juntos a la cumbre, o educar
para la competitividad que supone, bajo el ejemplo del
mercado, que el pez grande se come al más chico. (…)”
01/10/2015
justicia
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¿Hacer cumbre juntos… o la “ley
de los peces”?
“¿Es democrática una sociedad de ‘perdedores’
y ‘ganadores’? Absolutamente no y menos lo es
cuando esta clasificación se presenta como
condición vital y permanente. Tampoco cuando
justifica las disparidades sociales y, bajo la
presunción de que ‘cada quien tiene lo que se
merece’, ocultando las raíces de la desigualdad
y justificando la injusticia social…” Edgar Isch,
“Meritocracia no es democracia”, en sin permiso, 10 de febrero de 2013.
Puede consultarse en http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=5668
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Rematemos:
Ángel Puyol: “La meritocracia no se ha acabado de realizar
en ninguna parte donde se ha intentado. Aquí he destacado
que ese fracaso se debe a algo más que a una falta de
voluntad política y social: se debe a las propias
contradicciones internas de la meritocracia, que supone –
ilusamente– que podemos nivelar el terreno de juego de la
competición social y que podemos medir objetivamente el
mérito personal.
Pero la gran paradoja de la meritocracia, que la convierte en
un ideal contrario a las exigencias de una sociedad justa
desde el punto de vista de la igualdad de los ciudadanos, es
todavía más profunda.”
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“La meritocracia basa su bondad moral en la
imparcialidad de los procedimientos de selección
de los candidatos en la competición social, pero no
discute ni la injusticia en la desigualdad de
resultados que produce –sobre todo en la
desproporción entre las posiciones sociales
obtenidas y los premios materiales y no materiales
asociados a ellas– ni la bondad misma de la
aplicación de la competición a determinados
ámbitos de la vida social.” Puyol, op. cit., p. 178.
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Lo que la meritocracia persigue
es la eficiencia, no la igualdad
Y además: “A pesar de lo que se suele pensar, la
meritocracia no es parte de la igualdad de oportunidades,
sino que, en buena medida, se trata de un objetivo social
incompatible con ella.
Lo que la meritocracia persigue es la eficiencia, no la
igualdad. Es cierto que la meritocracia se propone tratar por
igual a todos los que tienen un talento igual, pero la elección
a partir del talento, que es la esencia de la meritocracia, está
seriamente reñida con el valor de la igualdad. Aunque
pensamos que es injusto rechazar a alguien que posee más
méritos, en realidad no es la igualdad lo que justifica nuestra
indignación, sino la eficiencia.” Puyol, op. cit., p. 182. El autor subraya que la
ausencia de discriminación es la única forma de igualdad compatible con la meritocracia.
Necesidad y mérito, dos criterios
para desviarnos de la igualdad
Voy concluyendo. Necesidad y mérito son dos
conjuntos de razones justificadas –dentro de la “caja
de herramientas” de la justicia– para tratar a la gente
de manera desigual, si queremos ser justos.
“Hay otras razones menos fundamentales. Por ejemplo:
la gente se forma a menudo expectativas legítimas
sobre el tipo de trato que va a recibir (expectativas que
no tienen nada que ver con la necesidad ni con el
mérito), y a veces la justicia nos exige corresponder a
esas expectativas. Hacer promesas y firmar contratos
son ejemplos evidentes de ello.” Miller, Filosofía política,, op. cit., p.
124.
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Si se quiere como fórmula:
Igualdad antecedente +
necesidades especiales + méritos
especiales
(Con todas las cautelas y matices introducidos
anteriormente: la satisfacción de necesidades
topa con límites en una biosfera finita, en
muchas ocasiones lo llaman meritocracia y no
lo es, etc.)
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Mérito, igualdad y
proporcionalidad
Jonathan Haidt, profesor de Psicología Social de
la Universidad de Virginia, señala que el
elemento desencadenante de la rabia social –en
los años de la crisis que empezó en 2007-- no es
tanto la desigualdad en sí como la falta de
proporcionalidad.
“Creo que, psicológicamente, el aspecto clave
no es la igualdad de los resultados: es la
proporcionalidad”, dice Haidt.
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“En EEUU, por ejemplo, hay una generalizada
aceptación de la riqueza como consecuencia del mérito.
Nadie tiene ningún problema con que Bill Gates o Steve
Jobs acumularan esas enormes fortunas.
El problema surge cuando cunde la percepción de que la
riqueza no es proporcional al mérito, sino consecuencia
de rentas de posición, ventajas fiscales, ayudas
legislativas, etcétera. La equidad está en la
proporcionalidad, no en la igualdad. Sin
proporcionalidad, surge la rabia”. Citado en Andrea Rizzi, “75% de
IRPF para millonarios: ¿justicia social o castigo?”, El País, 19 de abril de 2012
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Retribución asociada a
proporcionalidad
En este mismo sentido, la antropóloga y politóloga
A. Renteln sostiene que el principio de
retribución asociada a la proporcionalidad es
universal para los humanos.
Recompensar el bien y castigar el mal; pero
utilizando una escala de proporcionalidad que
probablemente variará de una sociedad a otra. Alison
D. Renteln, “A cross-cultural approach to validating international human rights: the case of
retribution tied to proportionality”, en International Human Rights: Universalism vs. Relativism, Sage
Books, Newbury Park y Londres 1990, p. 88-137.
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En síntesis, nuestra propia
propuesta:
Igualdad como “justicia por defecto”.
Igualdad antecedente (basada en alguna idea
de la dignidad humana o el valor intrínseco
humano), que conduce a una igual
distribución de los bienes básicos (cf. la
teorización sobre las necesidades básicas).
Y dos clases de razones para desviarse de la
igualdad de forma legítima: A) necesidades
especiales, B) méritos.
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Subordinar el principio del
mérito a la igualdad, y no al revés
Pero tengamos siempre presente que “el mérito no es
un valor comprometido con la igualdad, sino con la
eficiencia o con la diferenciación, de modo que
confiar la construcción de una sociedad más igual al
principio del mérito puede debilitar, en vez de
fortalecer, esa construcción.
Si queremos fomentar una sociedad más justa e
igualitaria, deberíamos subordinar el principio del
mérito a la igualdad, y no al revés. Es la única forma
de que el mérito no agudice la brecha cada día más
abierta de la desigualdad.” Angel Puyol González, "Filosofía del
mérito", en: Contrastes. Revista Internacional de Filosofía, vol. XII, Universidad
de Málaga 2007, p. 170.
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Las desigualdades siempre requieren
legitimación, en cualquier grupo humano
(valga esto como última prueba de que la
igualdad es la “justicia por defecto”). Y el
reconocimiento de méritos se convierte
demasiado fácilmente en un mecanismo de
legitimación de desigualdades
inaceptables…
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Teoría de sistemas y “pensamiento complejo”