«Ser hábiles para el bien».
Un administrador en apuros
«Decía también a los discípulos: «Había un hombre rico que tenía un
administrador, al cual acusaron de malgastar sus bienes. Lo llamó y le
dijo: "¿Qué es lo que me han contado de ti? Dame cuenta de tu
administración, porque ya no ocuparás más ese puesto".
El administrador pensó entonces: "¿Qué voy a hacer ahora que mi
señor me quita el cargo? ¿Cavar? No tengo fuerzas. ¿Pedir limosna?
Me da vergüenza. ¡Ya sé lo que voy a hacer para que, al dejar el
puesto, haya quienes me reciban en su casa!".
Llamó uno por uno a los deudores de su señor y preguntó al primero:
"¿Cuánto debes a mi señor?".
“Cien barriles de aceite", le respondió. El administrador le dijo: "Toma tu
recibo, siéntate en seguida, y anota cincuenta".
Después preguntó a otro: "Y tú, ¿cuánto debes?". “Cien medidas de
trigo", le respondió. El administrador le dijo: "Toma tu recibo y anota
ochenta".
Y el señor alabó a este administrador de injusticia, por haber obrado
tan hábilmente. Porque los hijos de este mundo son más astutos en
sus trato con lo demás que los hijos de la luz.
Pero yo les digo: Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para
que el día en que este les falte, ellos los reciban en las moradas
eternas».
Evangelio de Lucas 16,1-9
«Ser hábiles para el bien».
Buscando alternativas ante el desempleo
Ante el panorama del desempleo el administrador descarta las dos
alternativas honestas, que no se siente capaz de asumir:
TRABAJO manual
MENDICIDAD
Elige la deshonesta: el ROBO.
Dispone de lo que no es suyo para obtener un beneficio: conseguir la
hospitalidad de los deudores, a los que ayuda mediante la falsificación
de los pagarés que habían firmado.
Sin embargo, en esta actitud, no ha buscado perjudicar en gran
medida a su patrón, como sí harían los rebeldes durante la guerra judía
para ganarse a la multitud:
«Llevaron el fuego hasta los archivos públicos, dándose prisa en destruir los contratos de los
préstamos, impidiendo la cobranza de las deudas, con el objeto de incorporar a sus filas a la
multitud de deudores y lanzar contra los ricos a los pobres, seguros de la impunidad» (Josefo,
Guerra de los judíos II,426-427)
Lo cierto es que el patrón se había mostrado compasivo con él al despedirlo, sin hacerle
juicio para recuperar los bienes que el administrador había malgastado.
El administrador se inspira en esa misericordia para maquinar su plan.
«Ser hábiles para el bien».
Un gran alivio para los deudores
En efecto, reduce buena parte de la deuda, como su patrón había
renunciado a cobrarle a él por la malversación de bienes de su gestión.
La parte de la deuda condonada es cuantiosa:
Deuda
Equivalente
Producción
modificación
100 bat de aceite
4000 litros
160 olivos
2000 litros
100 kor de trigo
27 toneladas
40 hectáreas
22 toneladas
Los arrendatarios de los campos tenían gran dificultad para reunir las cantidades adeudadas.
La situación se complicaba con una mala cosecha.
Las multas por los retrasos eran también severas, como lo muestra un contrato de la época en
Egipto, de un campo destinado al cultivo de rábanos:
«… Una vez estipulada la relación de arriendo, el arrendador debe pagar el arriendo pactado en
el mes de junio del mismo año con semillas de rábano nueva, limpia, íntegra y cernida, medida
con la medida de cuatro quenices llenos hasta el borde… Si no lo hace, las pagará, como castigo,
una vez y media más de la que deba»
Se puede comprender así la obligación de gratitud que el administrador creaba con el deudor por
un favor tan grande.
«Ser hábiles para el bien».
Un elogio desconcertante
«Y el señor alabó a este administrador de injusticia, por haber obrado
tan prudentemente» (Lc 16,8).
Puede desconcertar que se elogie al autor de un fraude, y que,
además, lo haga el damnificado del mismo.
Pero no hay que olvidar que también el Evangelio propone a los
creyentes ser «prudentes como serpientes» [no sólo sencillos como
palomas] (Mt 10,16).
La prudencia es la inteligencia práctica para obrar aquí y ahora. En
este caso el administrador aprovecho el escaso tiempo que le restaba
antes de dar cuentas y quedar sin disponibilidad de recursos.
El administrador ganó amigos con el dinero de la injusticia, para que
el día [inminente] en que este le faltara, ellos lo recibieran en sus casas
(Lc 16,9).
Demostró ser un auténtico «hijo de este mundo» [es decir, formado
según los criterios predominantes de la sociedad]. Y como tal, más hábil
para sacar ventaja en el trato con sus semejantes que «los hijos de la
luz» [los motivados por criterios sobrenaturales].
Si tal habilidad es usada para fines individualistas, ¡cuánto bien
lograría si se usara para fines más solidarios!.
«Ser hábiles para el bien».
Los deudores
Por otra parte la imagen de los deudores evoca la situación del
hombre pecador respecto a Dios y del ofensor respecto al prójimo:
«Perdona nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros
deudores» (Mt 6,12).
«El Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las
cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a
uno que debía diez mil talentos… El rey se compadeció, lo dejó ir y,
además, le perdonó la deuda. Al salir, este servidor encontró a uno de
sus compañeros que le debía cien denarios… » (Mt 18,23-35).
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos
denarios, el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, perdonó a
ambos la deuda. ¿Cuál de los dos amará más?» (Lc 7,41-42).
Además de la característica preocupación social de Lucas en torno al dinero y la solidaridad con
los pobres, la parábola prolonga el tema tratado por las parábolas precedentes: La alegría por la
recuperación del pecador (Lucas 15).
De esta manera la presente parábola vincula dos dimensiones de la MISERICORDIA de Dios:
amor por el pecador
amor por los pobres
También el creyente debe tener compasión de TODA MISERIA HUMANA (del cuerpo y del alma).
«Ser hábiles para el bien».
La rendición de cuentas
«Gánense amigos con el dinero de la injusticia, para que el día en
que este les falte, ellos los reciban en las moradas eternas» (Lc 16,9).
Con este consejo para los lectores creyentes el Evangelio marca una
dirección de interpretación. Como toda parábola, ésta también se
refiere al Reinado de Dios.
El tiempo presente es el escaso margen que queda para asegurar el
futuro definitivo.
El consejo sería el mismo que ya se había expresado antes:
«Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un
tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla» (Lc 12,33).
«El que se apiada del pobre presta al Señor, y él le devolverá el bien que hizo» (Proverbios 19,17).
También la imagen de la «rendición de cuentas» refiere al juicio final de Dios:
«Por eso, ellos [los idólatras] caerán con los que caen, sucumbirán cuando tengan que dar cuenta,
dice el Señor» (Jeremías 6,15).
Los justos «brillarán en el momento de su supervisión, y se extenderán como chispas por los
rastrojos» (Sabiduría 3,7).
Preparado por Fray Domingo Cosenza op
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Recurso 02 Ser hábiles para el bien - Lc 16,1