LÍRICA GREGA
DEFINICIÓN XERAL
▪ Poesía cantada con acompañamento dun instrumento
musical.
 Non toda a lírica grega foi poesía cantada en todo
tempo. A elexía e o iambo, nun primeiro momento,
cantábanse pero a partir dun certo momento
recitábanse.
 Para acompañar a lírica empregáronse diversos
instrumentos.
Diferenzas entre a épica e a lírica.




O instrumento preferido no caso da épica é a forminxe.
A forma é moi distinta: o xénero lírico máis próximo á
épica sería a elexía, con metro dactílico (pero con
hexámetros alternando con pentámetros) e lingua
homerizante (pero non homérica).
A épica era un xénero “aberto”: era impredicible a
extensión e o orde. Na lírica adoira haber unha estrutura
ternaria.
Contido: a épica narra en 3ª persoa sucesos dun pasado
mítico e o cantor ou poeta ocúltase en certo modo. Pola
contra a lírica é poesía dirixida por un eu a un ti sobre o
que quere exercer un influxo (o poeta pide ao deus que
veña e lle axude, aconsella aos seus compañeiros de
banquete ou aos seus conciudadanos sobre temas de
política, conduta xeral, etc., ataca a alguén e
maldíceo…).
CLASIFICACIÓN
LÍRICA GREGA
LÍRICA MONÓDICA
ELEXÍA E IAMBO
Arquíloco
Tirteo
Semónides
Solón
Mimnermo
Hiponacte
Teognis
LÍRICA CORAL
MONODIA
Safo
Alceo
Anacreonte
Alcmán
Estesícoro
Simónides
Píndaro
Baquílides
ElEXÍA E IAMBO.
Rasgos comúns.
- Pasaron de ser poesía cantada a ser poesía recitada.
- Instrumento de vento (frauta) /instrumento de corda
(lira ou cítara).
- Principal medio de difusión no banquete.
- Cronoloxía: sonnos coñecidos dende o século VII e
continuaron escribíndose ata o final da Antigüidade.
- Dialecto xonio.
▪ Diferenzas.
- A elexía é a poesía da exhortación e da reflexión. O verso
empregado é o dístico elexíaco (formado por un pentámetro e
un hexámetro).
- Os temas característicos do iambo son o obsceno, satírico,
burlesco, o ataque persoal. No iambo o verso empregado é o
trímetro iámbico = tres metros iámbicos. (x - ˘ -).

ARQUÍLOCO
Un tracio es quien lleva, ufano, mi escudo: lo eché, sin pensarlo,
junto a un arbusto, al buen arnés sin reproche,
Pero yo me salvé. ¿Qué me importa, a mí, aquel escudo?
¡Bah! Ya me procuraré otro que no sea peor.
TIRTEO
¡Tened valor, pues sois del linaje del invencible Heracles:
aún no tuerce Zeus con desprecio la cabeza!
No temáis a la multitud de enemigos ni seáis presas del pánico
y que cada hombre vaya derecho hacia las primeras filas,
soteniendo su escudo,
que su vida se le torne aborrecible y las negras divinidades
de la muerte tan queridas como los rayos del sol;
pues sabéis hasta qué extremo las acciones de Ares,
que de llanto inunda, son aniquiladoras.
Conocéis bien la índole de la dolorosa guerra y vosotros, jóvenes,
os habéis encontrado en compañía de fugitivos y perseguidores,
pues aquellos que, aguantando unos junto a otros,
tienen la audacia de ir al combate cuerpo a cuerpo en las pimeras filas,
mueren en menor número y salvan el ejército que les sigue,
mientras que, si los guerreros se aterrorizan, perdido está el valor.
SEMÓNIDES
Diverso crearon los dioses de la mujer el talante
en un principio. A una la sacaron de la cerda de hirsuto pelaje;
esta tiene por su casa todo sucio de barro,
en desorden y rodando por tierra,
mientras ella, sin lavarse, con sucios vestidos,
entre basuras sentada, engorda.
A otra la crearon de la taimada zorra,
mujer que todo lo sabe; nada malo se le escapa
ni tampoco nada bueno;
con frecuencia de una cosa buena dice que es mala
y de la mala que es buena, y según las ocasiones sus intenciones altera.
Hicieron a otra de una perra, malvada, la maternidad en persona;
es aquella que todo quiere oír y ver
y que, con los ojos bien abiertos, va errabunda por doquier
ladrando, aunque no vea ser humano alguno.
A otra la moldearon de tierra los Olímpicos
y se la dieron imbécil al hombre, pues tal mujer
no sabe nada malo ni nada bueno
y la única labor que conoce es la de comer.
Y cuando los dioses envían el maldito invierno,
tiritando arrastra su silla cerca del fuego.
Del mar crearon a otra, que doble carácter encierra su corazón.
Un día ríe y está alegre;
la elogiará el huésped que en casa la haya visto:
“no existe otra mujer mejor que esta
entre todos los mortales, ni más hermosa”.
Pero al otro día no soportarás ni contemplarla con tus ojos
ni acercarte a ella, porque entonces muestra terrible rabia,
como una perra que protege a sus cachorros
y se torna arisca y desagradable para todos
por igual, enemigos o amigos.
A otra la hicieron de la burra tozuda de color ceniza:
es la que, por la fuerza y con reprimendas, de mala gana
soporta todo y realiza un trabajo
satisfactorio. Mientras tanto, come en su habitación
de noche, de día, y come junto al hogar.
Además acepta por igual como compañero a cualquiera
que llegue en busca del quehacer de Afrodita.
A otra la hicieron nacer de la comadreja, nefanda raza lamentable,
pues no posee un solo don bello ni ansiable ni grato ni deseable.
Enloquecida busca la unión amorosa,
pero al hombre que se acerca náuseas provoca.
Con sus robos causa a los vecinos perjuicios numerosos
y con frecuencia se come ofrendas aún no sacrificadas.
La yegua presumida de crines cubierta, engendró a aquella otra
que esquiva los trabajos serviles y la miseria,
que no pondría sus manos en la muela
ni sostendría la criba ni sacaría de su casa la basura
ni se sentaría junto al horno, para evitar el hollín;
sólo a la fuerza consigue atraer al marido.
Unos días se lava la suciedad
dos veces; otros, tres. Se unge con perfumes
y siempre lleva la melena bien peinada,
abundante, salpicada de flores.
Hermoso espectáculo es en verdad una mujer así
para los demás, pero para su marido se convierte en una desgracia,
si no es un tirano o portador de cetro
el que con tales adornos despierta el orgullo en su ánimo.
A otra, de la mona: esa es, sin comparación,
la mayor calamidad que Zeus a los hombres envió.
¡ Qué horrible rostro! Cuando una mujer así
camina por la ciudad es el hazmerreír de todo el mundo:
Corta de cuello, lo mueve con fatiga;
No tiene culo, es toda extremidades. ¡Ay¡ Desdichado hombre
el que abraza tal calamidad!
Se sabe todas las argucias y trucos, como una mona, y no le importa el
ridículo.
No sería capaz de hacer bien ; por el contrario
durante todo el día observa y medita
cómo puede hacer daño, y el mayor posible.
A otra, de la abeja. ¡Afortunado quien la toma por esposa!
Es la única que no deja posarse sobre sí el reproche.
Por obra suya florece y medra la hacienda.
Amorosa envejece con su amante esposo,
engendrando hermosa y renombrada prole;
se distingue entre las mujeres
todas y divina gracia la rodea.
No gusta de sentarse entre las mujeres
allí donde sus conversaciones son procaces.
Tales mujeres son para los hombres gozoso don
de Zeus, las mejores y más prudentes.
Mas las otras razas femeninas, por maquinación de Zeus
existen todas y entre los hombres se quedarán.
Pues el mayor mal que creó Zeus fue este:
las mujeres.
SOLÓN
Pues al pueblo le di tanta recompensa como le basta,
sin mermar ni exagerar la honra merecida;
en cuanto a aquellos que tenían poder y eran admirables por sus
riquezas,
también me preocupé de que no fueran víctimas de ninguna
indignidad.
Me mantuve firme, protegiéndome por uno y otro flanco
con fuerte escudo contra ambos
y no permití que unos y otros vencieran injustamente.
En asuntos importantes es difícil agradar a todos.
MIMNERMO
¿Qué vida puede existir o qué placer sin la dorada Afrodita?
¡Quédeme yo muerto, cuando ya nada de eso me interese:
ni el amor a escondidas ni sus dulces dones ni la unión en el
lecho!
Tales son las atrayentes flores de juventud de que gozar pueden
hombres y mujeres; mas, una vez que sobreviene la dolorosa
vejez,
que torna repulsiva por igual incluso al hombre bello,
no cesan de atribular su corazón penosas cuitas que lo envuelven
y ni siquiera disfruta de la contemplación de los rayos del sol,
sino que lo aborrecen los muchachos y lo desprecian las mujeres.
¡Tan dolorosa hicieron los dioses la vejez!
HIPONACTE
Plegaria a Hermes
Hermes, querido Hermes, cachorro de Maya, Cilenio,
te suplico, pues no hago más que tiritar de mala
manera
y me rechinan los dientes…
Concede un manto a Hiponacte y una capita,
sandalitas, zapatillitas y sesenta
estateres de oro del otro platillo.
Hermes co neno Dioniso
Praxíteles
Hermes y Maya
Detalle de una ánfora ática.
500 a.C.
TEOGNIS
Cirno, que sobre estos que con mi arte creo
un sello quede impuesto: nunca padecerán furtivo robo
y nadie deteriorará lo que en ellos hay de bueno.
Todos dirán así: “De Teognis son los versos,
del Megarense” y entre todos los hombres seré famoso.
Pero de ningún modo puedo agradar a todos los ciudadanos:
nada asombroso, Polipaides, pues ni el mismo Zeus
cuando envía la lluvia a todos agrada, ni cuando la retiene.
Pero movido por mis buenos sentimientos hacia ti,
voy a darte unos consejos, Cirno,
como los que yo mismo recibí
de nobles personas siendo aún niño.
Sé razonable: no ganes honores, distinciones o riqueza
mediante actos vergonzosos o inicuos.
MONODIA
▪ Alceo
▪ Safo.
▪ Anacreonte.
ALCEO
Bebe conmigo, embriágate, Melánipo.
¿Qué piensas, que una vez que pases el freo
del Aqueronte, habrás de ver de nuevo
la pura luz del sol? No esperes tanto.
Ya Sísifo, el más sabio de los hombres,
se creyó haber la muerte sometido;
pero cruzó, siguiendo a su destino,
dos veces, con ser sabio, el Aqueronte;
y lo tiene penando el rey Cronida
bajo la tierra oscura. No, no esperes:
si acaso, es siendo joven, cuando debes
gozar de lo de aquí que Dios te envía.
SAFO
De veras, quisiera estar muerta.
Ella, al dejarme,
vertió muchas lágrimas
y decíame esto:
“¡Ay, qué pena tan grande!
Safo, créeme, dejarte me pesa”.
Y yo, contestando, le dije:
“Ve en paz, y recuérdame.
Pues sabes el ansia
con que te he mimado. Y por si no quiero
recordarte . . . .
. . . . y cuánto gozamos.
A mi lado, muchas coronas
de violetas y rosas . . .
. . . . te ceñiste al cuerpo,
y en torno de tu cuello suave
muchas guirnaldas entretejidas
que hicimos con . . . . flores.
Anacreonte
Hale, trae, muchacho,
la jarra: de un golpe
irá el primer trago;
mas tú pon diez cazos
de agua por los cinco
de vino, que incluso
celebrando a Baco
quiero ser modesto.
Hala, acabad ya
con ese barullo
y esos gritos, déjese
de hacer el escita
bebiendo del vino:
a sorbos tomémoslo,
entre hermosos himnos.
Muchacho de ojos de niña,
te busco y no te das cuenta.
No sabes, no, que de mi alma
tienes las riendas.
A LÍRICA CORAL.
O poeta non canta por si mesmo senón que da a súa composición a
un coro.
▪ Alcmán: vive en Esparta na segunda metade do século VII e é o poeta coral
máis antigo conservado. É coñecido polos seus partenios ou cantos de
doncellas, nos que nos amosa un aspecto pouco coñecido de Esparta, o das
festas, neste caso de doncellas.

▪ Estesícoro: o nome de Estesícoro (“o que detén o coro”) sitouno
habitualmente na lírica coral, aínda que isto agora é moi discutido. O mito é
moi importante na súa obra: moitos dos títulos das súas obras aluden a
motivos míticos tradicionais.
▪ Simónides: é famoso polos seus poemas sobre as Guerras Médicas e polos
seus epinicios (ordeados por tipo de proba).
▪ Píndaro: tamén é autor de epinicios, clasificados polos lugares de
competición (Olímpicas –Olimpia-, Píticas –Delfos-, Nemeas –Nemea-,
Ístmicas –Corinto-).
▪ Baquílides: os seus epinicios aparecen clasificados pola patria do vencedor.
PÍNDARO
Efímeros somos, ¿qué es uno? ¿qué no es?
Sueño de una sombra, el hombre.
Mas cuando llega, otorgado por Zeus el esplendor,
por encima se sitúan de los hombres
un luciente fulgor y una dulce existencia.
Egina, madre querida, protege en su libre curso a esta
ciudad en compañía de Zeus, el soberano Éaco,
Peleo, el noble Telamón y Aquiles.
Pítica, VIII, 95-100.
Temas fundamentais da poesía lírica arcaica.
1.- O amor (homo- ou heterosexeual) correspondico ou traizoado.
2.- A brevidade da xuventude e da vida.
3.- A amizade, o banquete e o viño.
4.- Cantos de voda ou epitalamios.
5.- Himnos aos deuses e héroes.
6.- Epinicios ou cantos de honor dos vencedores nas competicións atléticas.
7.- A loitas políticas de aristócratas e tiranos.
8.- Reflexións sobre a pólis e a súa defensa e o seu goberno.
Bibliografía.
- López Férez, J.A., Historia de la literatura griega, Madrid, 1988.
As traducións proceden de:
- Bádenas, Pedro, Bernabé, Alberto, Píndaro. Epinicios, Madrid, 1984.
- Ferraté, Juan, Líricos griegos arcaicos, Barcelona, 2000.
- Rodríguez Adrados, Francisco, Líricos griegos. Elegíacos y yambógrafos
arcaicos (siglos VII- V a.C), Madrid, 1990.
- Suárez de la Torre, Emilio, Antología de la lírica griega arcaica, Madrid,
2002.
Descargar

Lírica grega - mosaicohelenico