La ética del discurso
1. Una ética trascenental
• Nacida en Alemania a comienzos de los años
setenta.
• Sus creadores, K. O. Apel y J. Habermas,
entienden esa teoría como una adaptación o
prolongación de la ética kantiana.
• Surge como decidido intento de oponerse al
cientificismo dominante.
– De acuerdo con el ideal weberiano de la ciencia libre
de valoraciones, la racionalidad es siempre técnica,
instrumental, y todo juicio de valor, idiosincrático.
• Lo mismo para el “racionalismo crítico” de Popper:
dada la imposibilidad de justificar hasta el fin nuestras
convicciones, los criterios de la acción ética y política
dependen a última hora de una decisión de la voluntad
que no es a su vez justificable racionalmente.
– El predominio de la razón instrumental, manipuladora,
impide entender la interacción humana de otro modo que
en términos de estrategias de poder que buscan el
sometimiento del otro;
– el decisionismo popperiano surte un efecto paralizante al
hacer inviable la crítica racional de las normas e
instituciones sociales.
• Precisamente a estas dos consecuencias
negativas del cientificismo dominante se
enfrenta la ética del discurso, que afirmará la
posibilidad de una fundamentación
estrictamente racional de un principio moral
incondicionado y, apoyándose en él,
revitalizará el ideal moderno de la progresiva
emancipación del ser humano.
• Para sacar adelante este proyecto, la ética del
discurso se vale del método trascendental,
que consiste en la identificación de las
condiciones de posibilidad de algún hecho
descrito.
• Tanto Habermans como Apel toman como
punto de partida los actos de habla: la
comunicación humana.
Los actos de habla
• En los actos de habla están implícitas estas
cuatro “pretensiones de validez”:
– Inteligibilidad
– Sinceridad
– Verdad
– Corrección.
• Sin la aceptación tácita de estas pretensiones
por parte de los interlocutores, la
comunicación es imposible.
El discurso
• La comunicación humana presupone una
“situación ideal de habla” (Habermas) o
“comunidad ideal de comunicación” (Apel) en la
que el consenso finalmente alcanzado por los
interlocutores tras un diálogo abierto,
desarrollado sin presión de tiempo y en
condiciones de simetría, obedezca únicamente a
la fuerza de los argumentos aducidos.
• A este tipo de diálogo orientado al logro de un
consenso enteramente racional se le da el
nombre técnico de “discurso”
Reformulación del principio kantiano
de universalización
• El presupuesto contrafáctico de la situación
ideal de habla permite transformar en clave
dialógica el criterio kantiano de
universalización que, reformulado de esta
suerte, permitirá a la ética del discurso
enunciar el principio supremo de la moralidad
y servirá de criterio para enjuiciar cualquier
consenso fáctico.
Habermas
• El principio kantiano de universalización es
reformulado por Habermas en los siguientes
términos:
– “Toda norma válida habrá de satisfacer la condición
de que las consecuencias y efectos secundarios que se
seguirían de su acatamiento universal para la
satisfacción de los intereses de cada uno
(previsiblemente) puedan resultar aceptados por
todos los afectados (y preferidos a las consecuencias
de las posibles alternativas conocidas)”.
• Como el cumplimiento de esta condición sólo
puede comprobarse mediante el discurso, de
aquí se sigue el siguiente principio moral:
– “Sólo pueden pretender validez las normas que
encuentran (o podrían encontrar) aceptación por
parte de todos los afectados, como participantes
en un discurso práctico”.
Apel
• Por su parte, Apel reformula el imperativo
categórico kantiano en estos términos:
– “Obra solo según una máxima de la que puedas
suponer en un experimento mental que las
consecuencias y efectos secundarios que
resultarán previsiblemente de su seguimiento
universal para la satisfacción de los intereses de
cada uno de los afectados, puedan ser aceptados
sin coacción por todos los afectados en un
discurso real; si pudiera ser llevado a cabo por
todos los afectados”.
2. Comparación con la ética kantiana
1. Ambas son “éticas de la razón”: la validez de las
normas depende exclusivamente del peso de las
razones aducidas.
2. Validez universal: el discurso no se da por
concluido en tanto no se alcance unanimidad
entre los participantes.
3. Reconoce el derecho de todo ser humano –
basado en su dignidad y autonomía moral– a
participar en igualdad de condiciones en la
discusión sobre las normas por la que se ve
afectado.
4. Formalismo: la ética del discurso no enuncia
normas concretas, sino que remite a un
procedimiento discursivo para su identificación.
5. Ambas se ocupan del deber, única dimensión del
fenómeno moral que juzgan universalizable, y
renuncian en cambio a proponer una doctrina
de la felicidad válida para todo hombre.
6. Se adhiere al rechazo ilustrado de toda forma de
dogmatismo o peternalismo.
Diferencias (con la ética kantiana)
1. El uso monológico de la razón práctica es
sustituido en la ética del discurso por un uso
dialógico de esa facultad.
– Mientras el imperativo categórico kantiano
representa un punto de vista impersonal que
puede y debe ser asumido por cualquier persona
a título individual, la ética del discurso sostiene
que la razón humana es constitutivamente
dialógica, interpersonal.
• “Teoría consensual de la verdad”:
– Las teorías clásicas de la verdad como
correspondencia presuponen la posibilidad del
acceso cognoscitivo a la realidad.
– En el caso de los principios prácticos, sería el
conocimiento filosófico de los “verdaderos
intereses” del hombre lo que nos permitiría
discernir su grado de verdad o validez.
• Para la ética del discurso, la expresión “verdaderos
intereses” no responde a un conocimiento
privilegiado de una pretendida “naturaleza humana”,
sino que oculta intereses ideológicos,
manipuladores.
• Son los propios afectados por las normas quienes
han de erigirse en únicos intérpretes legítimos de sus
propios intereses.
• Afirmar que una norma es válida, por tanto,
equivale a sostener que todos los afectados
por su entrada en vigor se mostrarían
conformes con ella si tuvieran ocasión de
participar en un discurso libre de coacción.
• La verdad práctica no se encuentra “allí fuera”
(Rorty) a la espera de ser encontrada, sino que
la construyen los hombres mediante el
proceso discursivo.
3. Por último, la ética del discurso toma en
consideración las consecuencias previsibles
de la observancia de las normas cuya validez
se discute, mientras que Kant proscribía, por
su naturaleza empírica, este tipo de
consideraciones a la hora de fundamentar el
principio moral.
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