LA PARROQUIA RENOVADA POR MEDIO
DE LA VIVENCIA EN COMUNIDAD
PARA LA FORMACIÓN DE DISCÍPULOS
Y MISIONEROS.
¿Quién dicen que soy yo?
¿Qué dice la gente que es la Iglesia?
¿Y ustedes qué dicen qué es la Iglesia?,
LA PARROQUIA RENOVADA POR MEDIO DE LA
VIVENCIA EN COMUNIDAD PARA LA FORMACIÓN DE
DISCÍPULOS Y MISIONEROS.
1.La vivencia en comunidad de la primitiva Iglesia.
2.la vivencia en comunidad de los hermanos menores
"Caminaba
Jesús a orillas del lago de
Galilea y vio a dos hermanos: Simón,
llamado después Pedro y Andrés, que
echaban las redes al agua porque eran
pescadores. Jesús les dijo: Síganme y
los haré pescadores de hombres. Los dos
dejaron inmediatamente las redes y le
siguieron" (Mt. 4, 18-19).
La comunidad "acudían asiduamente a la
enseñanza de los apóstoles, compartían sus
bienes, partían el pan (Eucaristía) eran asiduos a
la oración" (Hech. 2, 42)
"La comunidad de los fieles tenía un solo corazón y
una sola alma”.
Jesús resucitado envía a sus discípulos a crear
comunidad por medio del bautismo: "Vayan y hagan que
todos los pueblos sean mis discípulos. Bautícenlos en
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he
encomendado. Yo estoy con ustedes todos los días
hasta el fin del mundo" (Mat 28, 19-20).
La comunidad eclesial, siguiendo los ejemplos y enseñanzas de Jesús
"Cristo fue enviado por el Padre para evangelizar a los
pobres y sanar a los contritos de corazón, para buscar y
salvar lo que había perecido; de manera semejante la
Iglesia abraza con amor a todos los afligidos por la
debilidad humana, más aún reconoce en los pobres y en
los que sufren la imagen de su Fundador pobre y se
esfuerza por aliviar sus necesidades y pretende servir
en ellos a Cristo" (LG 8).
La misión de la Iglesia es continuar la obra de Jesús
Algunas características de la comunidad querida por Jesús:
1.Una comunidad identificada con Jesús.
2.Una comunidad guiada por el Espíritu.
3.Una comunidad de hombres libres.
4.Una comunidad solidaria.
5.Una comunidad de servicio.
1.Una comunidad identificada con Jesús.
El fundamento de la nueva comunidad humana es la adhesión
a Jesús como Mesías, Hijo de Dios vivo (Cf. Mt 16,16).
El evangelista Marcos define la adhesión a Jesús como
«estar con él» (Cf. Mc 3,14).
2.Una comunidad guiada por el Espíritu.
El Espíritu realiza la presencia del Padre y de Jesús en el
individuo y en la comunidad.
Es el que funda e inspira la oración de la comunidad.
Se manifiesta en la comunidad a través de los carismas.
3.Una comunidad de hombres libres.
La experiencia de Dios como Padre, crea la libertad
fundamental del cristiano, liberándolo de toda esclavitud y
sumisión (Cf. Jn 8, 32.36).
Jesús, quiere hombres adultos, autónomos, responsables de
su vida y de su actividad.
Iluminado por Él, el hombre comprende que es la única vía
para su pleno desarrollo y para crear una sociedad justa.
Jesús establece un vínculo de igualdad con los suyos al
llamarlos amigos (Cf. Mc 2,17) y hermanos (Cf. Mc 3,35).
4.Una comunidad solidaria.
Para comenzar a predicar el reino de Dios, es necesario que
la comunidad esté impregnada del espíritu de pobreza y
solidaridad. Jesús pide a su comunidad no acumulen capital
ni ponga su confianza en el dinero (Cf. Mt 6,19-21)
Por eso los suyos han de demostrar su solidaridad en el
compartir generoso, no sólo entre los miembros de la
comunidad, sino igual con todos velando especialmente por
las viudas (Cf. Hech 6,1).
5.Una comunidad de servicio.
Los discípulos discutían de la primacía en la comunidad, Jesús
no niega que tenga que haber un primero, pero quiere hacer
saber a sus discípulos que en la nueva comunidad el primer
puesto es el del servicio y la humildad (Cf. Mc 9,33-36).
Jesús se hace servidor de sus discípulos, se pone a
lavarles los pies (Cf. Jn 13,2-17).
Sin lugar a dudas son más las características de
la comunidad querida por Jesús, pensemos por
ejemplo en una comunidad de alabanza, de amor,
de culto, de esperanza, de oblación, etc.
Esto nos debe de ayudar a ir pensando si en
nuestra comunidad parroquial vivimos la
semejanza de la comunidad querida por Cristo.
¿Qué nos asemeja a ella?
¿Qué podemos renovar?
Él quiere que los hermanos menores vivan en comunidad
sirviendo siempre a la Santa Madre Iglesia de Dios.
1.Comunidad evangelizadora
Nuestra vocación consiste en guardar el santo Evangelio (Rb1, 1).
Francisco se confía a la acción del Espíritu e invita a los hermanos
a anhelar, por encima de todo, tener el Espíritu del Señor y su
santa operación.
La comunidad evangelizadora debe estar enraizada en una honda
experiencia de la misericordia de Dios. Dejarse abrasar por el
fuego del Espíritu, que es el único maestro, guía y norma suprema
(Rnb 22,35).
Una comunidad que está dedicada a dar testimonio de la presencia
de Cristo, debe tener como base principal, el vivir en la caridad
cristiana.
Una verdadera comunidad es la que se evangeliza a sí mismo, se
vuelve anuncio de la alegre noticia de Nuestro Señor Jesucristo.
2. En comunión con la Iglesia
Cuando Francisco pide a sus hermanos que observen la
pobreza, la humildad y el santo Evangelio, subraya que deben
hacerlo en el seno de la Iglesia católica (Rb 12,4).
decía que debemos venerar y reverenciar a los clérigos, no tanto por
ellos mismos, si son pecadores, sino por el oficio y la administración
del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor, que sacrifican en el altar,
reciben y administran a los otros (2CtaF 33).
Francisco nos confiesa que, al principio de su conversión, el Señor
le dio tal fe en las iglesias, que oraba y decía sencillamente: «Te
adoramos, Señor Jesucristo, y en todas las iglesias que hay en
todo el mundo, y te bendecimos porque redimiste al mundo con tu
santa cruz» (Test 4s).
Cristo se hace presente en su Iglesia por medio del sacerdote,
ellos hacen posible los sacramentos, su dignidad está relacionada
con el oficio, no con la persona; por ello no duda en exigirles una
santidad acorde con su dignidad.
3.Vivir la vida sacramental.
Francisco no quiere que ningún hermano viva fuera de la
comunión eclesial, él quiere que cada hermano se nutra
del amor al Evangelio (1Cel 84) y de la Eucaristía (Cta O
26-29), que muestren respeto y obediencia a los
sacerdotes (Cta O 23), que frecuenten el sacramento de
la penitencia (Rb 7) que defiendan las verdades de la fe
(LM 4) las devociones a Jesucristo (2 Cel 203), que en
cada comunidad se viva la autenticidad del ser cristiano.
Debemos analizar nuestra realidad parroquial, iluminarla
a luz del evangelio para crear nuevas formas de vida que
nos ayuden a seguir siendo auténticos servidores de
Cristo en el mundo que hoy vivimos.
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