Miércoles 08 Julio
Texto de hoy: “Y perseverando
unánimes cada día en el templo, y
partiendo el pan en las casas, comían
juntos con alegría y sencillez de corazón,
alabando a Dios, y teniendo favor con
todo el pueblo.
Y el Señor añadía a la iglesia cada día los
que habían de ser salvos” (Hechos 2:4647).
El libro de los Hechos describe con claridad
la vida de los primeros discípulos. Es
importante destacar tres características
fundamentales de esta iglesia que es, sin
duda, el mejor modelo a seguir en relación
a estilo de vida que debiera
caracterizarnos como iglesia remanente.
UNIDAD
En primer lugar se destaca la unidad y
el apoyo mutuo que había entre ellos.
No solamente comían juntos a manera
de realizar convivios en las casas o en el
templo, sino que también el registro
sagrado menciona que aún vendían sus
propiedades para suplir las necesidades
de
otros, y más aún, indica que tenían todas
las cosas en común (Hechos 2:44-45).
Esta es la unidad por la cual Jesús oró en
su oración registrada en San Juan
capítulo 17,
“que todos sean uno; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que también
ellos sean uno en nosotros; para que el
mundo crea que tú me enviaste” (Juan
17:21).
La unidad tiene un modelo y tiene un
propósito. El modelo es la unidad de la
divinidad.
El
pueblo
de
Dios,
transformado por el poder del Espíritu
Santo reflejará la unidad que se
manifiesta en las tres personas divinas.
No hay el menor vestigio de egoísmo,
sino de servicio, entrega y abnegación.
El propósito de la unidad también fue
expresado por Jesús: para que el
mundo crea.
El mundo creerá lo que prediquemos
cuando como iglesia reflejemos la unidad
manifestada
entre las tres personas
divinas. Juan 17: 23 agrega una expresión
más sobre el propósito de la unidad: “para
que el mundo conozca que tú me enviaste”.
La clave para lograr esa unidad está
expresada en la declaración de Jesús: “Yo
en ellos” (Juan 17:23). No fue sino hasta
después del Pentecostés que los primeros
discípulos pudieron manifestar
tal unidad. Jesús, no solo estaba con
ellos, ahora estaba en ellos por medio del
Espíritu Santo.
ALABANZA
El otro aspecto que describe la vida
de los primeros discípulos es la alabanza.
Hechos 2:47 dice: “alabando a Dios”. No
había quejas, reclamos, amarguras ni
resentimientos.
La iglesia transformada por el Espíritu no
tenía sus pensamientos centrados en si
misma, lo cual la podría llevar a pensar
en necesidades o carencias.
La mente se enfocaba en Dios y en las
maravillas que había obrado a favor de
esta iglesia naciente. Había gratitud y
alegría como lo expresa Elena G. de
White: “Cuando el Espíritu de Dios se
posesiona del corazón,
transforma la vida. Los pensamientos
pecaminosos son puestos a un lado, las
malas acciones son abandonadas; el
amor la humildad y la paz, reemplazan la
ira, la envidia y las
contenciones. La alegría reemplaza a la
tristeza, y el rostro refleja la luz del
cielo” (Deseado de todas las gentes,
144).
SERVICIO
El tercer aspecto que caracterizó la vida de
los primeros discípulos fue el servicio, lo cual
hacia que tuvieran “favor con todo el pueblo”
(Hechos 2:47).
El servicio no solo se expresaba en ayudas
económicas o milagros, como la curación
del cojo, sino en compartir el evangelio
como lo expresa Hechos 5:42: “Todos los
días, en el templo y por las casas, no
cesaban de enseñar y predicar a
Jesucristo”.
Tenían claro lo que expresa Elena G. de
White: la iglesia “fue organizada para
servir, y su misión es la de anunciar el
evangelio al mundo” (Hechos de los
apóstoles, 9).
Permitamos que el Espíritu Santo nos
llene y produzca en nosotros estos frutos
preciosos que se produjeron en la iglesia
primitiva: unidad, alabanza y servicio.
PARA REFLEXIONAR:
El mundo creerá lo que prediquemos cuando
como iglesia reflejemos la unidad manifestada
entre las tres personas divinas.
MI COMPROMISO:
Hoy decido Señor dejar a un lado mis caprichos
y malos deseos, procurando fomentar la
unidad en mi iglesia para que la gente vea en
nosotros tu poder y tu gloria.
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