Confianza lúcida y
resiliencia
Confianza
La confianza es un espacio simbólico donde se crea la capacidad del
lenguaje y de la lógica
Confianza
Es el espacio intermedio entre el yo y el mundo (no-yo) que permite
conocer, vivir, tener experiencias y desarrollarse de manera sana en
el mundo
Confianza
La confianza es un espacio que no se crea espontánea y
naturalmente sino que es potenciado, posibilitado por otros.
Los otros, afectivamente significativos hacen posible la creación de
este espacio.
Confianza
La capacidad de resiliencia de una persona depende del nivel de
apego que haya vivido en sus primeros años de vida (Bowlby)
No es posible hablar de resiliencia si no hablamos de la confianza ni
es posible hablar de confianza si no hablamos de un espacio
simbólico donde nos encontramos (o donde nos perdemos).
Confianza
Todo espacio se constituye por sus límites.
Sin límites no
desorientación.
hay
Los límites son referentes.
espacio,
sino
caos,
indeterminación,
Confianza
Los límites no sólo “limitan” sino que posibilitan el espacio.
Posibilitan la luz, la distancia que permite ver y encontrar.
Confianza
La confianza natural de un niño o niña, si no se encuentra con
una familia, jardín, sociedad, mundo digno de confianza, se
destruye como espacio.
Confianza
El espacio de la confianza es lo que permite el desarrollo
simbólico y la integración sana de los niños en el mundo.
Este espacio es lo que podemos llamar mundo humano,
cultura.
El espacio es distancia que permite ver, analizar, admirar,
juzgar, es decir, la libertad.
Confianza
El espacio como confianza se va creando y fortaleciendo bajo
la mirada empática, comprensiva, afectiva de los demás,
especialmente la madre o la familia.
Sin esa mirada empática, que algunos filósofos llaman
reconocimiento es imposible que se desarrolle el espacio de la
confianza.
Confianza
El maltrato y sobre todo el abuso sexual destruyen el espacio
que está fabricado con la confianza.
Maltrato
Destruyen la capacidad para mirar, juzgar, decir, reconocer.
Destruyen la palabra y la capacidad lógico/afectiva
Maltrato
El mundo humano está construido por y en el lenguaje, que
requiere de diversos planos superpuestos conviviendo de
manera integrada.
Sin esa integración hay confusión, angustia, desorientación,
disociación, esquizofrenia.
Maltrato y confusión
Los distintos planos lógicos (tipos lógicos) deben ser
construidos y fortalecidos durante los primeros años a través
del juego, la empatía, la confianza, la risa.
El sentido del humor y la intelectualización (científica,
filosófica, artística, estética, literaria) son fundamentales para
la integración diferenciada de los distintos planos lógicos.
Maltrato y confusión
Los planos lógicos son en primer lugar planos afectivos.
El maltrato y el abuso difuminan los límites que permiten la
distinción y reconocimiento de los planos lógicos.
Cuando el amor se mezcla con sufrimiento absurdo provocado
por aquel que cumple el espacio de ser amado y ser
aparentemente protector, se rompe la lógica de los distintos
planos lógicos.
Maltrato y confusión
Que niños o niñas vivan situaciones de sufrimiento e incluso
de maltrato es una realidad con la que nos encontramos y
difícilmente eliminable.
Sin embargo, la indiferencia social y sobre todo nuestra
indiferencia, debe ser inaceptable.
La empatía: contrapunto del
maltrato
La empatía, que se manifiesta en gestos concretos, revierte
procesos de aislamiento y destrucción que produce el
sufrimiento, maltrato y abuso en los niños. Es la condición
fundamental, el gatillante principal para el proceso de la
Resiliencia.
¿Pero qué es la Empatía?
La empatía
La empatía consiste en completar el propio mundo a partir del
mundo de los otros.
“Para comprender el mundo, no es suficiente percibir lo que es,
también hay que adivinar lo que sucede en el invisible mundo
mental de los otros” Boris Cyrulnik, De Cuerpo y Alma.
La empatía
El yo empático está en situación: orientado a partir de los otros.
Cuando falla la capacidad de orientarse a partir de los otros, es decir,
la empatía, entonces el yo queda centrado en sí mismo, encerrado,
en-fermado.
En la falta de empatía, la capacidad sensorial se ve empobrecida o
patológicamente alerta, es decir, paranoide.
La empatía
La ausencia de un-otro empático provoca problemas en la capacidad
de la empatía.
Sin empatía no hay desarrollo normal cognitivo ni social.
La empatía
Es la resonancia afectiva del otro en mí que permite crear, compartir,
completar, corregir constantemente el mundo.
La empatía
Cuando el sufrimiento de alguien provoca una reacción empática, se
teje un vinculo afectivo que permite amar y ser feliz.
Sin ese vínculo que se crea a partir del sufrimiento, dolor, ausencia,
soledad, no podemos establecer un mundo humano, sino sólo una
colección de cosas y de hechos aislados.
La empatía
No es la satisfacción de las necesidades lo que crea un vínculo
afectivo y un apego sano, sino la necesidad de calmar y pacificar un
dolor, una carencia, un sufrimiento.
El que no ha necesitado de esa calma, no establece el vínculo
afectivo significativo capaz de crear y fortalecer un yo empático.
“Un ser vivo que no sufre de dolor físico ni de la tristeza de una
ausencia, no tendrá ninguna razón para apegarse” Cyrulnik, op. cit.
La empatía
El apego afectivo que nace de la empatía del otro, de la madre o de
quien haga las veces de madre, hace posible la orientación, la toma
de decisiones, el reconocimiento del mundo, de la justicia, de la
felicidad.
La empatía
Sin la presencia empática del otro significativo, ya sea por ahogo
fusional o por indiferencia o ausencia, el niño o niña transforma la
empatía en proyección, indiferencia, incapacidad de discernir el
mundo, siempre compartido.
Se centra en sí mismo, lanzado contra su propio cuerpo, se hace
daño, se angustia, se inseguriza. Son inhibidas sus capacidades de
discernimiento para reconocer el mundo y orientarse sanamente.
Es incapaz de percibir situaciones de peligro o de necesidad propias
o ajenas.
La empatía
Niños maltratados o aislados, incapacitados para la empatía, son
niños en riesgo de droga, delincuencia, depresión, suicidio,
abandono escolar.
Cárceles y psiquiátricos están llenos de ex-niños y ex-niñas que no
tuvieron alguien empático que les haya enseñado a ser ellos mismos
empáticos consigo mismos y con los otros. (Alice Miller)
La empatía
Cuando aquel que debía proteger, hace daño, maltrata, abusa,
entonces detiene el proceso de empatía
El niño o niña desarrolla su narcisismo a través de psicopatías,
paranoias, conductas antisociales.
Se hace incapaz de reconocer y decodificar las señales del otro,
haciéndose vulnerable a otros abusos y manipulaciones.
La empatía
La empatía estimula la capacidad cognitiva, pero esto surge de la
capacidad de identificación afectiva con la persona significativa en la
primera infancia.
La empatía
Es la capacidad que da lugar a un sentido de mundo y que llama a la
acción: al cuidado del otro.
Cuando el otro está muy “lejos” no provoca afecto ni empatía.
Cuando está muy cerca, tampoco.
La empatía necesita de un espacio de lucidez, espacio de
reconocimiento para que se constituya como respeto y compromiso.
El reconocimiento
Validar
Tener por verdadero
Dignificar – tener por digno – crear dignidad
Posibilitar
Encender las posibilidades de lo humano
Iluminar siendo iluminado
El reconocimiento afectivo es condición de posibilidad de
conocimiento simbólico.
RECONOCIMIENTO
Es la superación de la naturaleza estática y animal, de
lo determinado por el instinto.
Es la entrada en el mundo de lo propiamente
humano.
NEGACIÓN DEL RECONOCIMIENTO
Ahí donde hay reconocimiento siempre se asoma
su negación. Crimen, desprecio, manipulación,
abuso.
Destrucción de este espacio de sentido que “da
sentido” al lenguaje mismo y a las estructuras
sociales.
NEGACIÓN DEL RECONOCIMIENTO
Es un tipo de violencia simbólica, que no necesita de la violencia física ni
de la agresión directa, sino del consentimiento manipulado del
dominado, del abusado.
Es un poder que construye un mundo porque es capaz de imponer la
visión legítima del mundo social y sus divisiones.
Hay un ocultamiento, simulación de lo arbitrario para hacerlo parecer
propio.
Naturalización del sometimiento hasta hacerlo cómplice, responsable,
culpable. Hasta lograr la ceguera emocional suficiente para eliminar el
yo y transformarlo en un sujeto sujetado a un discurso que se reproduce
constantemente