Jueves 09 Julio
Texto de hoy: “Pero no hallándolos,
trajeron a Jasón y a algunos hermanos
ante las autoridades de la ciudad,
gritando: Estos que trastornan al mundo
entero también han venido acá” Hechos
17:6
En Tesalónica Pablo y sus compañeros
estaban predicando con todo fervor y
con grandes resultados (Hechos 17:4).
Muy pronto se manifestó el celo de los
incrédulos que trataron de frenar la
predicación del evangelio.
Estos enemigos se presentaron ante las
autoridades acusando a los predicadores
de cargos muy elevados: “estos
contravienen los decretos de César”
(Hechos 17:7).
Los discípulos, investidos con el poder
del Espíritu Santo, estaban haciendo un
impacto de tal magnitud, que no solo
llamada la atención de las autoridades,
sino que el mismo Imperio Romano se
veía
afectado,
pues
se
estaba
presentando otro Rey, fuera del César, a
Cristo Jesús.
De la experiencia de Pablo en Tesalónica
y de la forma como fueron identificados
extraemos varias lecciones para la iglesia
de hoy.
En primer, lugar se despertó la
persecución; en segundo lugar, se causó
un impacto de dimensiones mundiales; y
en tercer lugar, Cristo debe ser exaltado
como
Rey,
sin
importar
las
consecuencias.
Comentaremos brevemente estas tres
lecciones.
Como iglesia somos muy dados a
hablar de la persecución y de los
preparativos que debemos hacer para
cuando ésta venga.
Pero como alguien dijera: “¿quién nos va
a perseguir si ni nos conocen?” La
persecución no vendrá mientras no
provoquemos
una
revolución
evangelística, yendo casa por casa y
pueblo por pueblo.
Se cuenta que en cierta ocasión una
hermana estaba de visita en una ciudad y
un sábado de mañana se dispuso a
buscar la iglesia adventista. Después de
mucho preguntar y buscar por todas
partes,
al fin encontró al grupo de hermanos
reunidos en un lugar muy apartado, y de
difícil acceso. Al llegar escuchó que el
pastor estaba predicando sobre la
persecución y preguntando sobre un
lugar para esconderse cuando esto
sucediera.
La hermana ingenuamente levantó la
mano para dar su opinión: “no necesitan
ir a ninguna parte, aquí quédense, aquí
nadie los encuentra”.
Mientras sigamos encerrados en nuestros
programas rutinarios nunca vendrá la
persecución, y por consecuencia ni la
terminación de la obra.
Otra lección importante es que
necesitamos causar un impacto en el
mundo. Precisamente la persecución
vino porque se desafío a las instituciones
establecidas: el judaísmo y el Imperio
Romano.
Trastornar al “mundo entero” no es tarea
fácil, pero cuando la iglesia está investida
con el poder del Espíritu Santo, nada será
imposible.
Para los primeros discípulos el templo
dejó de ser el centro de operaciones y se
fueron por todas partes anunciando el
evangelio (Hechos 8:4).
Abarcaron todas las provincias y todas
las ciudades del mundo conocido de su
tiempo. Llama la atención la declaración
“también han venido acá” (Hechos 17:6).
Como pueblo necesitamos enfocar
nuestras
actividades
hacia
las
comunidades no alcanzadas, en lugar de
estar centrados en nuestros propios
programas.
Nuestra meta debiera ser alcanzar todo
el mundo con el evangelio. Si cada iglesia
se propusiera visitar todas las familias
que viven en su comunidad o en la
ciudad donde se encuentra,
muy pronto terminaríamos de alcanzar a
todas las familias con el mensaje de
salvación.
El último punto que resalta de esta
experiencia es que Jesús debe ser
exaltado como Rey.
Como superior y muy por encima de
dirigentes religiosos o políticos. Exaltar a
Cristo al grado que despierte el celo de
los líderes mundiales y sus gobiernos se
sientan desafiados.
Eso hicieron los primeros discípulos.
Claro les trajo persecución y en muchos
casos la muerte. Pero eso no debe
impedir que Cristo sea exaltado. Él
mismo declaró:
“Y Yo, si fuere levantado de la tierra, a
todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32).
Es hora que la iglesia actual, impulsada
por el Espíritu Santo, llegue a todos los
rincones de la tierra y trastorne al mundo
exaltando a Cristo, sin temor a la
persecución.
“Pelearán contra el Cordero, y el Cordero
los vencerá, porque él es Señor de
señores, y Rey de reyes; y los que están
con él son llamados y elegidos y fieles”
(Apocalipsis 17:14).
PARA REFLEXIONAR:
La persecución no vendrá mientras no
provoquemos una revolución evangelística,
yendo casa por casa y pueblo por pueblo.
MI COMPROMISO:
Hoy decido mi Dios juntamente con mi familia
y la iglesia ir de casa en casa, de pueblo en
pueblo, de dos en dos para que las personas
conozcan a Cristo.