Valoración de las propias
actitudes de madurez e
inmadurez afectiva
Objetivo específico:
Los formadores valoran
Los progresos, estancamientos y retrocesos
en su propio camino de maduración afectiva y
toman conciencia de las repercusiones que
tienen en la tarea formativa
Tres áreas para valorar la propia
madurez afectiva
•La estima
•Las relaciones interpersonales
•Los sentimientos y las emociones.
1. Autoestima
¿Qué es la autoestima?
¿Tengo una suficiente estima de mí mismo
que me ayuda a vivir con gusto la vida en
medio de los gozos, pruebas, dificultades,
rechazos, ingratitudes, que no faltan en la
vida de un formador de Seminario?
¿Qué signos manifiestan esa suficiente
estima de mí mismo?
¿Mi estima es pobre o escasa, de tal modo
que me lleva a buscar la aceptación o
aprobación de los seminaristas por las cosas
que hago o dejo de hacer, buscando
popularidad entre ellos?
¿En qué momentos considero que mi
autoestima es especialmente frágil?
¿Busco constantemente aprobación, sea de
los otros formadores o de los seminaristas, por
las cosas que realizo?
¿Cuándo doy algo o hago algo por otro,
espero una retribución?
¿Cómo reacciono cuando no recibo algún
reconocimiento o al menos un “gracias” por
algo que haya realizado?
¿Soy capaz de caminar por mí mismo y saber
decir “sí” o “no” en algunos momentos de la
vida, no obstante el rechazo o la soledad que
consecuentemente deba afrontar?
¿Ha habido momentos en los cuales he sido
muy sensible a los gestos de aprecio o
desprecio por parte de los otros?
¿Cómo he reaccionado durante esos
momentos de sensibilidad? ¿Qué me ha
llevado a exagerar tal sensibilidad?
Como formadores hacemos muchas cosas
buenas. ¿A través de esas buenas
acciones busco verdaderamente la
formación de los seminaristas o
simplemente la gratificación del propio yo?
¿La vocación sacerdotal y el ejercicio del
ministerio como formador, son fuente de
estima? ¿En qué se nota? ¿Esto, cuándo
favorece y cuándo no favorece la
formación de los jóvenes seminaristas?
¿Cómo reacciono ante mis propias
fragilidades y debilidades?
¿Cómo reacciono cuando soy corregido por
alguno? ¿Agradezco? ¿Acepto? ¿niego?
¿me enfado?
¿Los otros formadores e incluso los
seminaristas pueden corregirme?
2. Relaciones con los otros
¿Qué cualidades o rasgos de mi
personalidad favorecen el trabajo con el
equipo de formadores del Seminario?
¿Qué aspectos de mi personalidad dificultan
el trabajo en equipo?
¿Tengo amigos? ¿Quiénes son? ¿los otros
formadores? ¿Otros sacerdotes? ¿Los
seminaristas? ¿O mis amistades nada
tienen que ver con el seminario, con mi
vida sacerdotal? ¿Qué ventajas y/o
desventajas hay cuando mis amigos son
otros sacerdotes? ¿Qué ventajas y
desventajas habría cuando mis amigos
son los seminaristas?
¿Qué busco en mis amigos?
• ¿Hay una apertura sincera hacia los otros,
me doy a conocer, o me encierro en mí
mismo?
• ¿El miedo al encuentro con el otro y a la
intimidad me encierran en mí mismo? ¿O
mi inseguridad y falta de estima me llevan
a apoyarme en los otros de manera
dependiente esperando que ellos hagan
las cosas por mí? ¿O el hambre de afecto
y la sed de ser tenido en cuenta me llevan
a establecer amistades posesivas?
¿Soy el centro de atención, quien siempre
está hablando de sí? ¿O también permito
que el otro ocupe el centro y permanezco
dispuesto a escucharlo con atención y
empatía?
¿Soy capaz de salir de mí mismo, sabiendo
que los otros tienen intereses,
necesidades, deseos, expectativas,
percepciones, etc., diversas a las mías?.
• ¿En la amistad nos miramos el uno al
otro, o los dos miramos juntos hacia una
misma dirección y nos apoyamos
mutuamente en el camino hacia dicha
dirección? ¿Cuál podría ser una de esas
direcciones que comparto con alguno de
mis amigos?
• ¿Cómo reacciono de frente a los límites
de la otra persona?
¿Mis amistades son abiertas o cerradas?
¿Hay o no espacio para un tercero?
¿Qué rasgos egocéntricos y/o filantrópicos
detecto en el modo de relacionarme con
los otros?
¿Hablo mal de los compañeros del equipo,
sea con otro formador, o incluso con los
seminaristas? ¿O digo las cosas de frente
y en modo caritativo, es decir, corrijo
fraternalmente?
Manejo de mis sentimientos
¿Al despertarme, qué es lo que me impulsa a
levantarme e iniciar una jornada? ¿Con qué
sentimientos inicio la jornada?
¿Cuánto gusto y disgusto tengo para estar en
el Seminario? ¿Qué provoca el gusto y qué
provoca el disgusto para estar en el
Seminario?
¿Qué es lo que más me llama la atención de
ser formador? ¿Qué es lo que más me
molesta de esta misión?
¿Qué satisfacciones e insatisfacciones he
vivido como formador?
De frente a un comportamiento inmaduro de
un seminarista, ¿Cuál es mi reacción:
respondo con la misma moneda; o soy
capaz de tomar una sana distancia para
poder ayudarlo a reconocer su actitud y a
enfrentarla de un modo mejor?
No es conveniente que el estado de ánimo
del formador dependa del estado de
ánimo del seminarista. Se requiere una
buena dosis de madurez humana para
saber enfrentar las inmadureces del
seminarista.
¿Mis reacciones ante las eventualidades de la
vida son solamente el resultado de mis
emociones, o sólo de mis razones, o hay una
integración tanto de lo que siento como de lo
que pienso, antes de actuar o tomar alguna
decisión?
¿Al momento de interactuar o de dar algún
parecer sobre un seminarista, lo hago con la
cabeza y el corazón? ¿O sólo me dejo guiar
por las razones o las ideas? ¿O sólo por los
sentimientos o las emociones, dejándome
arrastrar por las simpatías o antipatías que
ellos podrían suscitarme?
¿En el modo de percibir o evaluar a los
seminaristas tengo suficiente objetividad,
con criterios claros y maduros; es decir, los
veo como realmente son, o me dejo llevar
por una excesiva emotividad y subjetividad,
y más que ver su realidad, proyecto mis
propios deseos, frustraciones, etc.?
¿Soy agresivo? ¿Cómo manejo mi agresividad?
¿Alguna vez me ha sacado de casillas?
¿En qué contexto?
¿Me he enamorado? ¿Qué me llevó a tal
situación? ¿Cómo la enfrenté?
¿Alguna dificultad a nivel sexual? ¿Cuál?
¿Cómo la he enfrentado? ¿Alcanzo a ver de
donde viene tal dificultad?
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