Efectos del estrés y la sobre exigencia en el niño
preescolar
Neva Milicic M.
Agosto, 2013
En un mundo altamente competitivo los niños pequeños
no se han librado de la presión que significa creer que la
educación, es que los niños adquieran la mayor cantidad
de contenidos en el menor tiempo posible, olvidando que
la sobre exigencia puede constituir un importante factor de
estrés para los niños que los afecta emocionalmente, sino
también en su desarrollo cognitivo.
Estrés viene de la palabra latina stringere, que significa
comprimir y presionar (Seitún, 2013) y esta desagradable
sensación es la que los niños experimentan cuando están
estresados. No siempre el estrés es negativo, se habla de
eutrés para referirse a pequeños niveles de tensión que
nos mantienen en alerta y nos activan a tener respuestas
apropiadas ante los desafíos que supone la existencia.
Cuando los circuitos neuronales que se relacionan con la
ansiedad son los más activados en la familia y en el
contexto escolar, es posible que se desarrolle una
tendencia a enfrentar las situaciones cotidianas con un
mayor nivel de estrés. Los adultos a cargo del cuidado y la
educación de los niños deben auto evaluarse, porque a
veces sin quererlo, la forma en que se dan las
experiencias escolares o de aprendizaje a nivel familiar, se
genera en los niños respuestas ansiosas.
Tener conciencia que las experiencias que se viven en la
familia y en el colegio moldean no solo el perfil psicológico
de los niños, sino que la arquitectura cerebral, debería
llevar a crear una cultura familiar y escolar que facilite el
desarrollo de emociones positivas, para permitir el
desarrollo de circuitos cerebrales que faciliten estados de
ánimos positivos y una recuperación más rápida de los
estados de ánimo negativo que aparecen frente a la
adversidad.
La valencia afectiva positiva o negativa, tiene que ver con
la sensación de bienestar o malestar que las situaciones
pueden generar. Las emociones nos informan y nos
conectan lo que le está pasando al otro, acompañarlo y
descubrir lo que lo puede estar afectando genera vínculos
de acercamiento.
Para los niños vivir estresados por sobre exigencias, con
la sensación de no cumplir con las expectativas de los
padres o los educadores, es altamente ansiógeno para los
niños. El ambiente familiar y escolar deben ser contextos
seguros, donde se sientan queridos, competentes y
protegidos. Ello les permitirá crecer con confianza en sí
mismo y les facilitará además atreverse a explorar su
ambiente.
Uno de los elementos que más ansiedad provoca en los
niños, es el sentirse presionado a realizar actividades para
la que no está suficientemente preparado, o que exceden
sus capacidades, personalizar las exigencias adecuándolas
a nivel de desarrollo y a sus características personales
puede evitar que los niños se condicionen a asociar
aprendizaje
con
angustia.
Ansiedad en la Escuela
El estrés es una respuesta específica del organismo, antes
las demandas del ambiente, que son percibidas como
excesivas. El resultado fisiológico de este proceso es un
deseo de huir de la situación que lo provoca o bien de
confrontarla. Esta reacción afecta a casi todos los órganos
y funciones del cuerpo.
Hoy se entiende a la ansiedad como un fenómeno complejo
que tiene componentes cognitivos, somáticos y
conductuales (Seligman, Walker & Rosenhan, 2001). El
componente cognitivo incluye la expectación de un peligro
incierto. A nivel emocional, la ansiedad causa un temor
agudo. En términos físicos, el cuerpo prepara al organismo
para manejar el peligro, lo que se conoce como la “reacción
de alarma”: la presión sanguínea, las palpitaciones del
corazón y la sudoración se agudiza. A nivel de la conducta
pueden surgir tanto movimientos voluntarios como
involuntarios, dirigidos a escapar o evitar la situación.
Existen factores individuales relacionados con limitaciones
o eventos que también impactan en la aparición de
cuadros de ansiedad como:
• Enfermedades físicas y dificultades personales: la
presencia de una enfermedad física, de una dificultad a
nivel sensorial (por ejemplo, hipoacusia, o trastornos
motrices), de un trastorno específico de aprendizaje (por
ejemplo, dislexia) o de otras dificultades de tipo
conductual y emocional (por ejemplo, síndrome de déficit
atencional) generan un alto nivel de tensión en los niños
y se acompañan de dificultades para adaptarse a los
entornos escolares y sociales, el riesgo de desarrollar
trastornos en la línea ansiosa.
• Falta de ajuste entre las características del colegio y las
del niño: cuando al niño no le gusta el colegio, o no le gusta
su curso, o se ha cambiado de curso y/o de clase, puede
surgir un desfase entre las expectativas y demandas del
colegio/curso y las respuestas del niño, lo que produce en
el/ella un monto de estrés muy alto.
•Vivencias de separación y pérdida: el período de
separación de los padres, o el fallecimiento de algún
familiar o amigo o de su mascota regalona pueden “gatillar”
el inicio de un trastorno de ansiedad.
Fobias
Las fobias se caracterizan por la presencia de un miedo
intenso e irracional por parte de una persona, que intenta
evitar aquello que teme, ya sea éste un objeto en
particular, una situación específica o una actividad
(Oberhofer, 2005). Existen diversos tipos de fobias, entre
ellas:
Fobias específicas: La mayoría de las fobias específicas
se inician entre los cinco y los diez años de edad
(Oberhofer, 2005). El contenido específico de las fobias
puede estar relacionado con alguna situación vivida como
traumática, del cual el niño, tiene recuerdos, lo asustó un
perro, la profesora le llamó la atención y él se sintió
humillado.
Fobia escolar: La fobia escolar se refiere al rechazo a
asistir al colegio. Suelen haber dos tipos de casos: niños
que presentan un rechazo inmediato durante el primer
período de ingreso escolar y utilizan excusas como quejas
de malestar físico y otras para no ir, que se desarrollan
posteriormente. Estas fobias a veces se desarrollan en
contextos de haberse sentido sobre exigido a nivel escolar
o bien hay que descartar situaciones de abuso o de
hostigamiento.
Fobia social: La fobia social se caracteriza por un miedo
excesivo e irracional a relacionarse con personas
desconocidas, ante el temor de sentirse humillado o
avergonzado. Los niños evitan asistir a cumpleaños o, a
otras situaciones sociales, y de hacerlo, si son obligados,
experimentan síntomas de angustia intensa como,
taquicardia, sudoración y temor.
Trastorno por Estrés Postraumático
Este trastorno se refiere a la aparición de síntomas
ansiosos luego de un acontecimientos traumático, definido
como un evento que incluye una amenaza a la integridad
física de uno mismo o de otros; por ejemplo, un accidente,
abuso sexual, desastres naturales como inundaciones o
terremotos. Aparece de una manera intensa e involucra
miedo
intenso,
desesperanza,
comportamiento
desorganizado o conducta agitada.
Como reconocer los cuadros ansiosos
Jongsma (2000), da algunas claves para detectar en los niños. Ellas
son:
• Excesiva preocupación o miedo que excede en forma evidente el
nivel esperable para la etapa del desarrollo del niño.
• Alto nivel de tensión motora, manifestada como inquietud, cansancio,
temblores o tensión muscular.
• Hiperactivación del sistema autónomo, presentando ritmo cardíaco
acelerado, respiración entrecortada, vértigo, boca seca, náuseas y
diarrea.
• Hipervigilancia, manifestada a través de una constante sensación de
inquietud y un estado general de irritabilidad.
• Un
miedo específico que empieza a generalizarse,
cubriendo un área extensa de la vida del niño, al punto de
interferir significativamente en su actividad diaria y la de su
familia.
• Ansiedad o preocupación excesiva, debido a la amenaza
de abandono por parte de los padres, de que lo
culpabilicen, que le nieguen la autonomía o estatus, que
haya fricción entre los padres o interferencia en sus
actividades físicas.
Una estrategia para la contención es la siguiente:
• Prestarle palabras nombrando las emociones que identificamos en el niño:
“Estás muy enojado porque se te rompió el lápiz y preocupado”.
• Identificar la causa: “¿Es por que tienes miedo que alguien se enoje?”.
• Conversar sobre las consecuencias de su emoción: “si haces una rabieta, no
podemos ayudarte”.
• Proponer alternativas de respuesta: “Vamos a calmarnos, respira profundo,
relájate y busquemos otro lápiz”.
• Si alguna otra vez te sientes así, acuérdate de respirar profundo, calmarte y
pedir ayuda.
Conclusión
El jardín infantil como primera experiencia escolar, debe
constituir para el niño un lugar seguro, donde aprenda a
través del juego de manera, que asocie aprendizaje con
agrado y desarrolle sentimientos de competencia y una
autoestima positiva (Milicic y López de Lérida, 2013ª). Si los
niños experimentan la sensación que son exigidos más allá
de sus capacidades, no sólo se sentirán estresados sino
que tempranamente asociarán aprendizaje con angustia,
con las nocivas consecuencias que tendrá para su
aprendizaje escolar.
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