Quinto
Domingo
de Pascua
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
La gracia de nuestro Señor
Jesucristo,el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos vosotros
Y con tu espíritu.
Hermanos: para celebrar
dignamente estos sagrados
misterios, reconozcamos nuestros
pecados.
Yo confieso ante Dios
todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y
omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi
gran culpa.
Por eso ruego a santa María,
siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a
vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
Amén.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios
Padre todopoderoso
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo
del Padre; tú que quitas el pecado
del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha
del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo,
Jesucristo, con el espíritu Santo en
la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que te has dignado
redimirnos y has querido
hacernos hijos tuyos, míranos
siempre con amor de padre y haz
que cuantos creemos en Cristo,
tu Hijo, alcancemos la libertad
verdadera y la herencia eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los siglos.
Amen.
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles
En aquellos días, Pablo y Bernabé,
volvieron a Listra, a Iconio y a
Antioquia, animando a los
discípulos y exhortándolos a
perseverar en la fe, diciéndoles que
hay que pasar mucho para entrar en
el Reino de Dios. En cada iglesia
designaban presbíteros, oraban,
ayunaban y los encomendaban al
Señor en quien habían creído.
Atravesaron Pisidia y llegaron a
Panfilia. Predicaron en Perge,
bajaron a Atalía y allí se
embarcaron para Antioquia, de
donde los habían enviado, con la
gracia de Dios, a la misión que
acababan de cumplir. Al llegar
reunieron a la Iglesia, les contaron
lo que Dios había hecho por medio
de ellos y cómo había abierto a los
gentiles la puerta de la fe.
Palabra de Dios
Bendeciré tu nombre por
siempre jamás, Dios mío. Mi
Rey
El Señor es clemente y
misericordioso
lento a la cólera y rico en piedad;
El Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas
Bendeciré tu nombre por
siempre jamás, Dios mío. Mi
Rey
Que todas sus criaturas te den
gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu
reinado,
que hablen de tus hazañas
Bendeciré tu nombre por
siempre jamás, Dios mío. Mi
Rey
Explicando sus hazañas a los
hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetua,
tu gobierno va de edad en edad
Bendeciré tu nombre por
siempre jamás, Dios mío. Mi
Rey
Lectura de libro del Apocalipsis
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una
tierra nueva, porque el primer cielo
y la primera tierra han pasado, y el
mar ya no existe. Y vi la ciudad
santa, la nueva Jerusalén, que
descendía del cielo, enviada por
Dios, arreglada como una novia que
se adorna para su esposo.
Y escuché una voz potente que
decía desde el trono:
--Esta es la morada de Dios con los
hombres: acampará entre ellos. Ellos
serán su pueblo y Dios estará con
ellos y será su Dios. Enjugará las
lágrimas de sus ojos. Ya no habrá
muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor.
Porque el primer mundo ha pasado.
Y el que estaba sentado en el trono
dijo:
-- Todo lo hago nuevo
Palabra de Dios
Lectura del Santo Evangelio
según San Juan
Cuando salió Judas del cenáculo,
dijo Jesús:
-- Ahora es glorificado el Hijo del
Hombre y Dios es glorificado en él.
Si Dios es glorificado en él, también
Dios lo glorificará en sí mismo:
pronto lo glorificará.
Hijos míos, me queda poco de estar
con vosotros. Os doy un
mandamiento nuevo: que os améis
unos a otros como yo os he amado,
amaos también entre vosotros. La
señal por la que conocerán todos que
sois discípulos míos, será que os
amáis unos a otros.
Palabra del Señor
HOMILÍA
“Os doy un
mandamiento
nuevo: que os
améis unos a
otros, como yo
os he amado”
CREDO
Creo en Dios, Padre
Todopoderoso, Creador del cielo y
de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo
Nuestro Señor, que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu
Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de
entre los muertos, subió a los
cielos y está sentado a la derecha
de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a
vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia católica la comunión de los
santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida
eterna.
Amén
ORACIÓN DE LOS
FIELES
La señal del cristiano es el amor.
Pidamos, pues a Dios que este
amor sea una realidad en la Iglesia
y en el mundo entero.
Respondamos diciendo:
-Te rogamos, óyenos.
Para que la comunión esa una
realidad en la Iglesia y todos
vivamos en el amor de Cristo.
Oremos:
-Te rogamos, óyenos.
Para que Cristo resucitado
sostenga a los obispos y a los
sacerdotes en la animación de las
comunidades cristianas.
Oremos:
-Te rogamos, óyenos.
Para que se restablezcan las
relaciones entre los pueblos, las
naciones y los hombres que están
divididos por el odio y la guerra, y
la fuerza del amor de Cristo
transforme los corazones.
Oremos:
-Te rogamos, óyenos.
Para que los difuntos gocen en el
cielo y el Señor consuele a los que
lloran su ausencia.
Oremos:
-Te rogamos, óyenos.
Para que el amor sea el signo de
nuestra comunidad cristiana.
-Te rogamos, óyenos.
Señor Dios nuestro, que al
glorificar a tu Hijo nos abriste el
camino a la gloria; mira nuestras
oraciones, derrama tu amor en
nuestros corazones y haz que
esperemos tu venida amándonos
los unos a los otros como tú nos
amas. Por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
LITURGIA DE LA
EUCARISTÍA
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este pan, fruto de la tierra y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Bendito seas por siempre, Señor.
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este vino, fruto de la vid y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de
salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.
Orad, hermanos,
para que este sacrificio, mío y
vuestro, sea agradable a Dios,
Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este
sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el
de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS
OFRENDAS
Oh Dios, que por el admirable
trueque de este sacrificio nos
haces partícipes de tu divinidad,
concédenos que nuestra vida sea
manifestación y testimonio de
esta verdad que conocemos. Por
Jesucristo nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor, pero
más que nunca en este tiempo, en
que Cristo, nuestra pascua, ha sido
inmolado. Porque él, con la
inmolación de su cuerpo en la cruz,
dio pleno cumplimiento a lo que
anunciaban los sacrificios de la
antigua alianza, y ofreciéndose
a sí mismo por nuestra salvación
quiso ser al mismo tiempo
sacerdote, víctima y altar.
Por eso, con esa efusión de gozo
pascual, el mundo entero se
desborda de alegría y también los
coros celestiales, los ángeles y los
arcángeles, cantan sin cesar el
himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de
su gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del
Señor.
Hosanna en el cielo.
Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos que santifiques
estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
nuestro Señor.
El cual, cuando iba a ser entregado
a su Pasión, voluntariamente
aceptada, tomó pan; dándote
gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE EL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR
VOSOTROS.
Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz, y, dándote gracias de
nuevo, lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE EL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE
MI SANGRE, SANGRE DE LA
ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR
VOSOTROS Y POR TODOS LOS
HOMBRES PARA EL PERDÓN DE
LOS PECADOS. HACED ESTO
EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Éste es el Sacramento de nuestra
fe.
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
!Ven, Señor Jesús!
Así, pues, Padre, al celebrar ahora
el memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo, te
ofrecemos el pan de vida y el cáliz
de salvación, y te damos gracias
porque nos haces dignos
de servirte en tu presencia.
Te pedimos, humildemente,
que el Espíritu Santo congregue en
la unidad a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia
extendida por toda la tierra; y
reunida aquí en el día santísimo de
la resurrección de nuestro Señor
Jesucristo;
y con el Papa Benedicto, con
nuestro Obispo Casimiro y todos
los pastores que cuidan de tu
pueblo, llévala a su perfección por
la caridad.
Acuérdate también de nuestros
hermanos que durmieron en la
esperanza de la resurrección, y de
todos los que han muerto en tu
misericordia, admítelos a
contemplar la luz de tu rostro. Ten
misericordia de todos nosotros, y
así, con María, la Virgen, Madre de
Dios, los apóstoles y cuantos
vivieron en tu amistad a través de
los tiempos, merezcamos, por tu
Hijo Jesucristo, compartir la vida
eterna y cantar tus alabanzas.
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Llenos de alegría por ser hijos de
Dios, digamos confiadamente la
oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada
día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Líbranos de todos los males,
Señor, y concédenos la paz en
nuestros días, para que, ayudados
por tu misericordia, vivamos
siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador
Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la
gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus
apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy";
no tengas en cuenta nuestros
pecados, sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Podéis daros fraternalmente la
paz.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
danos la paz.
Éste es el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena
del Señor.
Señor, no soy digno de que entres
en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para
sanarme.
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
“Os doy un
mandamiento
nuevo: que os
améis unos a
otros, como yo
os he amado”
ORACIÓN
Ven, Señor, en ayuda de tu pueblo,
y, ya que nos has iniciado en los
misterios de tu reino, haz que
abandonemos nuestra antigua vida
de pecado y vivamos, ya desde
ahora, la novedad de la vida eterna.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
La bendición de Dios
todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.
Podéis ir en paz.
Demos gracias a Dios.
“Os doy un
mandamiento
nuevo: que os
améis unos a
otros, como yo
os he amado”
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XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)