Tercer Domingo de Pascua
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
La gracia de nuestro Señor
Jesucristo,el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos vosotros
Y con tu espíritu.
Hermanos: para celebrar
dignamente estos sagrados
misterios, reconozcamos nuestros
pecados.
Yo confieso ante Dios
todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y
omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi
gran culpa.
Por eso ruego a santa María,
siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a
vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
Amén.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios
Padre todopoderoso
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo
del Padre; tú que quitas el pecado
del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha
del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo,
Jesucristo, con el espíritu Santo en
la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACIÓN COLECTA
Que tu pueblo, Señor, exulte
siempre al verse renovado y
rejuvenecido con el espíritu, y
que la alegría de haber
recobrado la adopción filial
afiance su esperanza de
resucitar gloriosamente.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los siglos.
Amen.
Lectura del libro de los Hechos
de los Apóstoles
En aquellos días, el sumo
sacerdote interrogó a los
apóstoles y les dijo:
-No os habíamos prohibido
formalmente enseñan en nombre
de ese? En cambio, habéis
llenado Jerusalén con vuestra
enseñanza y queréis haceros
responsables de la sangre de ese
hombre.
Pedro y los apóstoles replicaron:
-Hay que obedecer a Dios antes
que a los hombres. El Dios de
nuestros padres resucitó a Jesús,
a quien vosotros matasteis,
colgándolo de un madero. La
diestra de Dios lo exaltó,
haciéndolo jefe y salvador, para
otorgarle a Israel la conversión
con el perdón de los pecados.
Testigos de esto somos nosotros y
el Espíritu Santo, que Dios da a
los que le obedecen.
Prohibieron a los apóstoles hablar
en nombre de Jesús y los
soltaron. Los apóstoles salieron
del Sandrín contentos de haber
merecido aquel ultraje por el
nombre de Jesús.
Palabra de Dios
Te ensalzaré, Señor, porque
me has librado
Te ensalzaré, Señor, porque me
has librado y no has dejado que
mis enemigos se rían de mi.
Señor, sacaste mi vida del
abismo, me hiciste revivir cuando
bajaba a la fosa.
Te ensalzaré, Señor, porque
me has librado
Tañer para el Señor, fieles suyos,
dad gracias a su nombre santo;
su cólera dura un instante, su
bondad, de por vida; al atardecer
nos visitará el llanto; por la
mañana el júbilo.
Te ensalzaré, Señor, porque
me has librado
Escucha, Señor, y ten piedad de
mi; Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias
por siempre.
Te ensalzaré, Señor, porque
me has librado
Lectura del libro del Apocalipsis
Yo, Juan, en la visión escuché la
voz de muchos ángeles: eran
millares y millones alrededor del
trono y de los vivientes y de los
ancianos, y decía con voz potente:
“Digno es el Cordero degollado de
recibir el poder, la riqueza, la
sabiduría, la fuerza, el honor, la
gloria y la alabanza”.
Y oí a todas las criaturas que hay
en el cielo, en la tierra, bajo la
tierra, en el mar –todo lo que hay
en ellos-, que decían:
“Al que se sienta en el trono y al
Cordero de la alianza, el honor, la
gloria y el por los siglos de los
siglos”.
Y los cuatro vivientes respondían:
“Amén”
Y los ancianos se
rindiendo homenaje.
Palabra de Dios
postraron
Lectura del santo Evangelio según
San Juan
En aquel tiempo, Jesús se
apareció otra vez a los discípulos
junto al lago de Tiberíades. Y se
apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro,
Tomás apodado el Mellizo,
Natanael el de Caná de Galilea,
los Zebedeos y otros dos
discípulos suyos. Simón
Pedro les dice:
-- Me voy a pescar.
Ellos contestan:
-- Vamos también nosotros contigo.
Salieron y se embarcaron; y
aquella noche no cogieron nada.
Estaba ya amaneciendo, cuando
Jesús se presentó en la orilla; pero
los discípulos no sabían que era
Jesús. Jesús les dice:
-- Muchachos, ¿tenéis pescado?
Ellos contestaron:
-- No.
Él les dice:
-- Echad la red a la derecha de la
barca y encontrareis.
La echaron, y no tenían fuerzas
para sacarla, por la multitud de
peces. Y aquel discípulo que Jesús
tanto quería le dice a Pedro.
-- Es el Señor.
Al oír que era el Señor. Simón
Pedro, que estaba desnudo, se ató
la túnica y se echó al agua. Los
demás discípulos se acercaron en
la barca, porque no distaba de
tierra más que unos cien metros,
remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas
Simón Pedro subió a la barca y
arrastró hasta la orilla la red repleta
de peces grandes: ciento cincuenta
y tres. Y aunque eran tantos, no se
rompió la red. Jesús les dice:
-- Vamos, almorzad.
Ninguno de los discípulos se
atrevía a preguntarle quien era,
porque sabían muy bien que era el
Señor. Jesús se acerca, toma el
pan y se lo da; y lo mismo el
pescado. Esta fue la tercera vez
que Jesús se apareció a los
discípulos, después de resucitar de
entre los muertos.
Después de comer dice Jesús a
Simón Pedro:
-- Simón, hijo de Juan, ¿me amas
más que estos?
Él le contestó:
-- Sí, Señor, tu sabes que te
quiero.
Jesús le dice:
-- Apacienta mis corderos.
Por segunda vez le pregunta:
-- Simón, hijo de Juan, ¿me amas?
Él le contesta:
-- Sí, Señor tu sabes que te quiero.
Él le dice:
-- Pastorea mis ovejas.
Por tercera vez le pregunta:
-- Simón, hijo de Juan, ¿me
quieres?
-- Se entristeció Pedro de que le
preguntara por tercera vez si lo
quería y le contesto:
-- Señor, tú conoces todo, tú sabes
que te quiero.
Jesús le dice:
-- Apacienta mis ovejas. Te lo
aseguro: cuando eras joven, tú
mismo te ceñías e ibas adonde
querías; pero cuando seas viejo,
extenderás las manos, otro te
ceñirá y te llevará adonde no
quieras.
Esto dijo aludiendo a la muerte con
que iba a dar gloria a Dios.
Dicho esto, añadió:
-Sígueme. Palabra del Señor
HOMILÍA
CREDO
Creo en Dios, Padre
Todopoderoso, Creador del cielo y
de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo
Nuestro Señor, que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu
Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de
entre los muertos, subió a los
cielos y está sentado a la derecha
de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a
vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia católica la comunión de los
santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida
eterna.
Amén
ORACIÓN DE LOS
FIELES
El Señor está en medio de
nosotros y nos ofrece su amor. Por
eso, digamos con fe:
-Te lo pedimos. Señor.
Para que la oración avive la
esperanza de la Iglesia.
Oremos:
-Te lo pedimos. Señor.
Para que el Señor resucitado
vivifique el compromiso de los
cristianos y aumente nuestra
caridad.
Oremos:
-Te lo pedimos. Señor.
Para que cuantos son perseguidos
a causa de su fe experimenten el
amor del Resucitado y se dejen
sostener por su victoria.
Oremos:
-Te lo pedimos. Señor.
Para que, a pesar de nuestros
fracasos y movidos por la fe,
confiemos en el poder del Señor
resucitado.
Oremos:
-Te lo pedimos. Señor.
Para que unidos a toda la Iglesia
celebremos el sacramento del
amor y dejemos que el Señor nos
transforme.
Oremos:
-Te lo pedimos. Señor.
Padre bueno, sostén a tu Iglesia,
guía sus pasos, recréala en tu
amor y haz que viva la fe en tu
Hijo, que la amó y se entregó por
ella. Por Jesucristo nuestro Señor..
Amén.
LITURGIA DE LA
EUCARISTÍA
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este pan, fruto de la tierra y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Bendito seas por siempre, Señor.
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este vino, fruto de la vid y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de
salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.
Orad, hermanos,
para que este sacrificio, mío y
vuestro, sea agradable a Dios,
Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este
sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el
de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS
OFRENDAS
Recibe, Señor, las ofrendas de tu
Iglesia exultante de gozo, y pues
en la resurrección de tu Hijo nos
diste motivo de tanta alegría,
concédenos participar también del
gozo eterno.
Por Jesucristo nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación
glorificarte siempre, Señor, pero
más que nunca en este tiempo, en
que Cristo, nuestra pascua, ha sido
inmolado. Porque él es el
verdadero Cordero que quitó el
pecado del mundo: muriendo,
destruyó nuestra muerte, y
resucitando, restauró la vida.
Por eso, con esa efusión de gozo
pascual, el mundo entero se
desborda de alegría y también los
coros celestiales, los ángeles y los
arcángeles, cantan sin cesar el
himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de
su gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del
Señor.
Hosanna en el cielo.
Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos que santifiques
estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
nuestro Señor.
El cual, cuando iba a ser entregado
a su Pasión, voluntariamente
aceptada, tomó pan; dándote
gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE EL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR
VOSOTROS.
Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz, y, dándote gracias de
nuevo, lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE EL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE
MI SANGRE, SANGRE DE LA
ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR
VOSOTROS Y POR TODOS LOS
HOMBRES PARA EL PERDÓN DE
LOS PECADOS. HACED ESTO
EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Éste es el Sacramento de nuestra
fe.
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
!Ven, Señor Jesús!
Así, pues, Padre, al celebrar ahora
el memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo, te
ofrecemos el pan de vida y el cáliz
de salvación, y te damos gracias
porque nos haces dignos
de servirte en tu presencia.
Te pedimos, humildemente,
que el Espíritu Santo congregue en
la unidad a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia
extendida por toda la tierra; y
reunida aquí en el día santísimo de
la resurrección de nuestro Señor
Jesucristo;
y con el Papa Francisco, con
nuestro Obispo Casimiro y todos
los pastores que cuidan de tu
pueblo, llévala a su perfección por
la caridad.
Acuérdate también de nuestros
hermanos que durmieron en la
esperanza de la resurrección, y de
todos los que han muerto en tu
misericordia, admítelos a
contemplar la luz de tu rostro. Ten
misericordia de todos nosotros, y
así, con María, la Virgen, Madre de
Dios, los apóstoles y cuantos
vivieron en tu amistad a través de
los tiempos, merezcamos, por tu
Hijo Jesucristo, compartir la vida
eterna y cantar tus alabanzas.
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Llenos de alegría por ser hijos de
Dios, digamos confiadamente la
oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada
día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Líbranos de todos los males,
Señor, y concédenos la paz en
nuestros días, para que, ayudados
por tu misericordia, vivamos
siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador
Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la
gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus
apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy";
no tengas en cuenta nuestros
pecados, sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Podéis daros fraternalmente la
paz.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
danos la paz.
Éste es el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena
del Señor.
Señor, no soy digno de que entres
en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para
sanarme.
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
ORACIÓN
Mira, Señor, con bondad a tu
pueblo, y ya que has querido
renovarlo con estos sacramentos
de vida eterna, concédele también
la resurrección gloriosa.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
La bendición de Dios
todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.
Podéis ir en paz.
Demos gracias a Dios.
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XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)