16 de febrero de 2014
Sexto domingo
Tiempo Ordinario
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
La gracia de nuestro Señor
Jesucristo,el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos vosotros
Y con tu espíritu.
Hermanos: para celebrar
dignamente estos sagrados
misterios, reconozcamos nuestros
pecados.
Yo confieso ante Dios
todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y
omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi
gran culpa.
Por eso ruego a santa María,
siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a
vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
Amén.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Gloria a Dios en el cielo,
y en la tierra paz a los hombres
que ama el Señor.
Por tu inmensa gloria te alabamos,
te bendecimos, te adoramos,
te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios
Padre todopoderoso
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo
del Padre; tú que quitas el pecado
del mundo, ten piedad de nosotros;
tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra súplica;
tú que estás sentado a la derecha
del Padre, ten piedad de nosotros.
Porque sólo tú eres Santo,
sólo tú Señor, sólo tú Altísimo,
Jesucristo, con el espíritu Santo en
la gloria de Dios Padre. Amén.
ORACIÓN COLECTA
Señor, Tú que te complaces en
habitar en los rectos y sencillos
de corazón concédenos vivir por
tu gracia del tal manera que
merezcamos tenerte siempre
con nosotros.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los siglos.
Amen.
Lectura del libro del Eclesiástico
Si quieres, guardarás los
mandatos del Señor, porque es
prudencia cumplir su voluntad;
ante ti están puestos fuego y
agua, echa mano a lo que
quieras; delante del hombre están
muerte y vida; le darán lo que él
escoja.
Es inmensa la sabiduría del
Señor, es grande su poder y lo ve
todo; los ojos de Dios ven las
acciones, él conoce todas las
obras del hombre; no mandó
pecar al hombre, ni deja impunes
a los mentirosos.
Palabra de Dios
Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor
Dichoso el que con vida
intachable
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que guardando sus
preceptos
lo busca de todo corazón.
Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor
Tú promulgas tus decretos
para que se observen
exactamente;
Ojalá esté firme mi camino
para cumplir tus consignas
Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor
Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad
Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor
Muéstrame, Señor, el camino de
tus leyes
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón
Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor
Lectura de la primera Carta del
apóstol San Pablo a los Corintios.
Hermanos:
Hablamos, entre los perfectos, una
sabiduría que no es de este mundo
ni de los príncipes de este mundo,
que quedan desvanecidos, sino que
enseñamos una sabiduría divina,
misteriosa, escondida, predestinada
por Dios antes de los
siglos para nuestra gloria.
Ninguno de los príncipes de este
mundo la ha conocido, pues si la
hubiesen conocido, nunca
hubieran crucificado al Señor de la
gloria. Sino, como está escrito:”Ni
el ojo vio, ni el oído oyó, ni el
hombre puede pensar lo que Dios
ha preparado para los que lo
aman” y Dios nos lo ha revelado,
por el Espíritu, y el Espíritu todo lo
penetra, hasta lo profundo de
Dios.
Palabra de Dios
Lectura del santo Evangelio según
San Mateo
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus
discípulos:
No creáis que he venido a abolir
la ley o los profetas: no he venido
a abolir, sino a dar plenitud. Os
aseguro que antes pasarán el
cielo y la tierra que deje de
cumplirse hasta la última letra o
tilde de la ley. El que se salte uno
solo de los preceptos menos
importantes, y se lo enseñe así a
los hombres, será menos
importante en el Reino de los
Cielos. Pero quien lo cumpla y
enseñe, será grande en el Reino
de los Cielos.
Os aseguro: si no sois mejores que
los escribas y fariseos, no entraréis
en el Reino de los Cielos. Habéis
oído que se dijo a los antiguos: no
matarás y el que mate será
procesado. Pero yo os digo: todo el
que esté peleado con su hermano
será procesado.
Y si uno llama a su hermano
“imbécil”, tendrá que comparecer
ante el Sanedrín, y si lo llama
“renegado”, merece la condena del
fuego. Por tanto, si cuando vas a
poner tu ofrenda sobre el altar, te
acuerdas allí mismo de que tu
hermano tiene quejas contra ti,
deja allí tu ofrenda ante el altar y
vete primero a reconciliarte con tu
hermano, y entonces vuelve a
presentar tu ofrenda.
Con el que te pone pleito procura
arreglarte en seguida, mientras
vais todavía de camino, no sea que
te entregue al juez, y el juez al
alguacil, y te metan en la cárcel. Te
aseguro que no saldrás de allí
hasta que hayas pagado el último
cuarto.
Habéis oído el mandamiento “no
cometerás adulterio”. Pues yo os
digo: el que mira a una mujer
casada deseándola, ya ha sido
adúltero con ella en su interior.
Si tu ojo derecho te hace caer,
sácatelo y tíralo. Más te vale
perder un miembro que ser echado
entero en el infierno. Si tu mano
derecha te hace caer, córtatela y
tírala, porque más te vale perder
un miembro que ir a parar entero
al infierno. Está mandado: “El que
se divorcie de su mujer, que le dé
acta de repudio.” Pues yo os digo:
el que se divorcie de su mujer -–
excepto en caso de impureza-- la
induce al adulterio, y el que se
casa con la divorciada comete
adulterio. Habéis oído que se dijo a
a los antiguos; “No jurarás en
falso” y” Cumplirás tus votos al
Señor.” .Pues yo os digo que no
juréis en absoluto: ni por el cielo,
que es el trono de Dios; ni por la
tierra, que es estrado de sus pies;
ni por Jerusalén, que es la ciudad
del Gran Rey. Ni jures por tu
cabeza, pues no puedes volver
blanco o negro un solo pelo. A
vosotros os basta decir si o no. Lo
que pasa de ahí viene del Maligno.
Palabra del Señor
HOMILÍA
“Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor”
CREDO
Creo en Dios, Padre
Todopoderoso, Creador del cielo y
de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo
Nuestro Señor, que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu
Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de
entre los muertos, subió a los
cielos y está sentado a la derecha
de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a
vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia católica la comunión de los
santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida
eterna.
Amén
ORACIÓN DE LOS
FIELES
Presentemos a Dios nuestro Padre
las intenciones y necesidades de
todo el mundo y pidámosle con
confianza que fortalezca nuestra
débil condición. Digamos:
-Te rogamos, óyenos.
Para que la Iglesia encarne las
actitudes de Jesucristo y sea signo
de la presencia cercana de Dios
que da la vida por su pueblo.
Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Para que los gobernantes que se
vean seducidos por el afán de
poder y de domino se liberen y
obren con justicia, busquen el bien
común y procuren una vida digna
para todos. Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Para que el Señor nos fortalezca
para trabajar por la libertad, el
respeto a la vida y la paz entre los
hombres y los pueblos. Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Para que cuantos se ven tentados
o viven esclavos del vicio y del
pecado experimenten la
misericordia de Dios que los ama.
Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Para que cuantos se dedican al
anuncio del Evangelio en zonas
hostiles, o son perseguidos a
causa de su fe, experimenten la
fuerza de la gracia que los
sostiene. Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Gracias, Padre, por los dones que
sobreabundantemente derramas
sobre tu pueblo; acoge en tu
misericordia cuanto con tu fe te
hemos suplicado y concédenos
vivir tu misma vida. Por Jesucristo
nuestro Señor.
Amén.
LITURGIA DE LA
EUCARISTÍA
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este pan, fruto de la tierra y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Bendito seas por siempre, Señor.
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este vino, fruto de la vid y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de
salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.
Orad, hermanos,
para que este sacrificio, mío y
vuestro, sea agradable a Dios,
Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este
sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el
de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS
OFRENDAS
Señor, que esta oblación nos
purifique y nos renueve, y sea
causa de eterna recompensa para
los que cumplen tu voluntad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias, Padre Santo siempre y en
todo lugar, por Jesucristo tu Hijo
amado.
Por él, que es tu Palabra, hiciste
todas las cosas; tu nos lo enviaste
para que, hecho hombre por obra
del Espíritu Santo y nacido de
María la Virgen, fuera nuestro
Salvador y Redentor.
Él, en cumplimiento de tu
voluntad, para destruir la muerte y
manifestar la resurrección,
extendió sus brazos en la cruz, y
así adquirió para ti un pueblo
santo.
Por eso, con los ángeles y los
santos, proclamamos tu gloria
diciendo:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de
su gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del
Señor.
Hosanna en el cielo.
Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos que santifiques
estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
nuestro Señor.
El cual, cuando iba a ser entregado
a su Pasión, voluntariamente
aceptada, tomó pan; dándote
gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE EL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR
VOSOTROS.
Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz, y, dándote gracias de
nuevo, lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE EL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE
MI SANGRE, SANGRE DE LA
ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR
VOSOTROS Y POR TODOS LOS
HOMBRES PARA EL PERDÓN DE
LOS PECADOS. HACED ESTO
EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Éste es el Sacramento de nuestra
fe.
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
!Ven, Señor Jesús!
Así, pues, Padre, al celebrar ahora
el memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo, te
ofrecemos el pan de vida y el cáliz
de salvación, y te damos gracias
porque nos haces dignos
de servirte en tu presencia.
Te pedimos, humildemente,
que el Espíritu Santo congregue en
la unidad a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia
extendida por toda la tierra; y
reunida aquí en el domingo, día en
que Cristo ha vencido a la muerte y
nos ha hecho partícipes de su vida
inmortal;
y con el Papa Francisco, con
nuestro Obispo Casimiro y todos
los pastores que cuidan de tu
pueblo, llévala a su perfección por
la caridad.
Acuérdate también de nuestros
hermanos que durmieron en la
esperanza de la resurrección, y de
todos los que han muerto en tu
misericordia, admítelos a
contemplar la luz de tu rostro. Ten
misericordia de todos nosotros, y
así, con María, la Virgen, Madre de
Dios, los apóstoles y cuantos
vivieron en tu amistad a través de
los tiempos, merezcamos, por tu
Hijo Jesucristo, compartir la vida
eterna y cantar tus alabanzas.
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Llenos de alegría por ser hijos de
Dios, digamos confiadamente la
oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada
día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Líbranos de todos los males,
Señor, y concédenos la paz en
nuestros días, para que, ayudados
por tu misericordia, vivamos
siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador
Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la
gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus
apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy";
no tengas en cuenta nuestros
pecados, sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Podéis daros fraternalmente la
paz.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
danos la paz.
Éste es el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena
del Señor.
Señor, no soy digno de que entres
en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para
sanarme.
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
“Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor”
ORACIÓN
Alimentados por el manjar del cielo
te pedimos. Señor, que busquemos
siempre las fuentes de donde brota
la vida verdadera.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
La bendición de Dios
todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.
Podéis ir en paz.
Demos gracias a Dios.
“Dichoso el que camina en la
voluntad del Señor”
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XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)