La paz que traigo ahora en mi pecho, es...
diferente a la paz que soñé un día.
Cuando se es joven e inmaduro,
se cree que tener paz es poder hacer
lo que se quiere,
es quedarse en silencio,
es jamás enfrentar
una contradicción o una
decepción.
El tiempo nos va mostrando,
que la paz es el resultado del entendimiento
de algunas lecciones importantes
que la vida nos ofrece.
La paz está en el
dinamismo de la vida,
en el trabajo,
en la esperanza,
en la confianza,
en la fe.
Tener paz es tener la
conciencia tranquila,
es tener la certeza de que se hizo
lo mejor, o por lo menos se intentó.
Tener paz es asumir responsabilidades
y cumplirlas,
es tener serenidad en los momentos
más difíciles de la vida.
Tener paz es tener
oídos que oigan, ojos que vean y
boca que diga palabras que construyan.
Tener paz es tener
un corazón que ama.
Tener paz es admitir
la propia imperfección...
es reconocer los miedos,
las flaquezas,
las carencias.
Tener paz es respetar las opiniones contrarias,
y evitar las ofensas.
Tener paz es aprender
de los propios errores.
Tener paz es tener el valor de llorar
o de sonreír, cuando sea necesario.
Tener paz,
es tener fuerzas para:
volver atrás,
pedir perdón,
rehacer el camino,
agradecer.
La paz que ahora traigo en mi pecho,
es la tranquilidad de aceptar
a los otros como son,
a estar dispuesto a cambiar
mis propias imperfecciones,
a la voluntad de compartir
lo poco que tengo...
A mejorar lo que está a mi alcance,
a aceptar lo que no puede ser cambiado,
a tener lucidez para distinguir una cosa de otra...
A admitir que no siempre tengo la razón...
A la certeza de la vida futura,
a la convicción de que recibiré...
de las leyes soberanas de la vida,
lo que a ellas he ofrecido.
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A Paz que Trago em Meu Peito