Yo soñé un lugar un día,
donde los sueños flotaban,
la nieve resplandecía,
se desparramaba el agua,
en el lejano horizonte,
entre la roca sesgada.
Yo soñé un lugar un día,
donde margaritas blancas,
también rojas y amarillas,
como un misterio brotaban,
en aquel pulcro vacío,
y en tal sublime morada.
Yo soñé un lugar un día,
en unas tierras amadas,
donde una mujer hermosa,
en el aire susurraba,
y escribí aquella leyenda:
«La ninfa de las montañas».
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