Los discípulos de Jesús
se enfrentaron con uno
que expulsaba demonios
en nombre de Jesús,
pero no era de su grupo.
Jesús reprendió su arrogancia diciendo:
«No se lo impidáis, porque uno que hace milagros
en mi nombre no puede luego hablar mal de mí.
El que no está contra nosotros está a favor nuestro».
Mc 9,38-40
“La avaricia y la arrogancia
son los principales vicios de los poderosos”
Frase escrita por el historiador romano Tácito
al observar el comportamiento de Claudio y de Nerón.
El salmo 18 dice:
“Preserva a tu siervo
de la arrogancia,
para que no me domine:
así quedaré inocente
del gran pecado”.
El prepotente paga en soledad
lo que había creído conquistar
en su prepotencia.
El Evangelio recoge
tres sentencias de Jesús :
Acoger a los que hacen
el bien,
vengan de donde vengan,
aunque aparezcan
como extraños.
Ensalzar la dignidad de los discípulos del Señor
y anunciar el premio que les espera
a los que les prestan ayuda.
Mantener una coherencia tal que no cause escándalo
entre los que les observan
ni los aleje a ellos de los ideales del Reino de Dios.
“El que no está contra nosotros
está a favor nuestro”
Vemos cómo se atacan las civilizaciones,
los partidos políticos,
los “hinchas” de los equipos deportivos,
las bandas juveniles.
Esas posturas “ en-contra-das”
son frecuentes también entre los que se dicen amigos
y aun en el seno de las familias.
Hacen ver como adversarios a los que deberían ser
vistos como colaboradores y hermanos.
Los que nos trasmiten
la palabra y la voluntad
de Dios son profetas
que él nos envía.
No podemos reservar
ese título sólo
a los de nuestro grupo.
Dios envía siempre
a quien ÉL quiere.
Señor Jesús,
líbranos de nuestra arrogancia.
Que formemos la comunidad
que tú soñabas y nos ayudemos
a acoger el plan de Dios
sobre nosotros.
Amén.
Texto: José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca
Presentación: Antonia Castro Panero
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