Escucha y vivirás.
Escucha y vivirás.
Escucha y vivirás.
El Señor tiene que decirte algo,
el Señor quiere hablarte.
y vivirás.
En el Escucha
silencio dispone
tu corazón
y vivirás.
si a tuEscucha
Dios quieres
escuchar.
Escucha y vivirás.
Escucha y vivirás.
Escucha y vivirás.
Escucha y vivirás.
El Señor te quiere encontrar,
en tu corazón quiere habitar
A su invitación no puedes renunciar
si con Dios quieres vivir.
“…Nadie ha subido al cielo,
a no ser el que vino de allí,
es decir, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés levantó
la serpiente de bronce en el desierto,
el Hijo del hombre tiene que
ser levantado en alto,
para que todo el que crea en él
tenga vida eterna”.
(Jn 3,13-16)
“…¡ tú, Señor, resucitado y vivo
eres la esperanza siempre nueva
de la Iglesia y de la humanidad;
tú eres la única y verdadera
esperanza del hombre y de la historia;
tú eres entre nosotros
«la esperanza de la gloria»,
ya en esta vida y también más
allá de la muerte!”
(Ecc. in Europa n. 18 )
(Jn 12,32)
“Una esperanza que no defrauda
porque, al darnos el Espíritu Santo,
Dios ha derramado su amor
en nuestros corazones.
Nosotros estábamos incapacitados
para salvarnos, pero Cristo murió
por los impíos en el tiempo señalado...”
“…aunque por una persona buena,
quizá alguien esté dispuesto a morir.
Pues bien, Dios nos ha mostrado
su amor ya que cuando aún éramos
pecadores Cristo murió por nosotros”
(Rom 5,5-8).
“Ella es la fuente de la vida,
es el germen de todo
nacimiento espiritual.
Es la que hace brotar y rebozar
la gracia…
Por ser pequeña,
se piensa que tenga necesidad
de las otras virtudes para caminar:
en cambio son las otras las que
tienen necesidad de ella”.
(Charles Peguy)
(Jn 3,16)
“María (…) criatura nueva
plasmada por el Espíritu Santo,
hace crecer en nosotros la virtud
de la esperanza.
A ella, Madre de la esperanza
y del consuelo, dirigimos
confiadamente nuestra oración:
pongamos en sus manos el futuro
de la Iglesia y de todas las mujeres
y hombres del mundo”
(Ecc. in Europa n° 125).
¡María, Madre de la Esperanza, camina con nosotros!
Enséñanos a proclamar al Dios vivo;
ayúdanos a dar testimonio de Jesús,
el único Salvador;
haznos serviciales con el prójimo,
acogedores de los pobres, artífices de justicia,
constructores apasionados de un mundo más justo;
intercede por nosotros que actuamos
en la historia
convencidos de que el designio
del Padre se cumplirá.
María, Madre de la esperanza, ruega por nosotros!
María, aurora de un mundo nuevo,
muéstrate Madre de la esperanza
y vela por nosotros!
Vela por toda la Iglesia:
que sea transparencia del Evangelio;
que sea auténtico lugar de comunión;
que viva su misión
de anunciar, celebrar y servir
el Evangelio de la esperanza
para la paz y la alegría de todos.
María, Madre de la esperanza, ruega por nosotros!
Reina de la Paz
protege la humanidad del tercer milenio!
Vela por todos los cristianos:
vela por todos los jóvenes,
esperanza del futuro.
Vela por los responsables de las naciones:
que se empeñen en construir una casa común,
en la que se respeten la dignidad
y los derechos de todos.
María, Madre de la esperanza, ruega por nosotros!
María, danos a Jesús!
¡Haz que lo sigamos y amemos!
Él es la esperanza de la Iglesia
y de la humanidad.
Él vive con nosotros,
entre nosotros en su Iglesia.
Que la esperanza de la gloria
infundida por Él en nuestros corazones
dé frutos de justicia y de paz.!
(Ecc. in Europa, n° 125)
María, Madre de la esperanza, ruega por nosotros!
“Iglesia de Dios…¡no temas!
En el Evangelio, que es Jesús,
encontrarás la esperanza firme y duradera…
¡Ten seguridad!
¡El Evangelio de la esperanza no defrauda!
Es luz que ilumina y orienta tu camino;
es fuerza que te sustenta en las pruebas;
es profecía de un mundo nuevo”
(cf. Ecc. in Europa, n° 121)
Señor, nos abrace
tu misericordia,
porque sólo en Ti,
Palabra viviente,
Crucificado por amor,
nuestros miedos
y nuestros “¿por qué?”
se transforman en luz.
Te saludo, oh Cruz santa,
que llevaste al Redentor,
gloria, alabanza y honor
te canta cada lengua
y cada corazón.
Descargar

La esperanza de la cruz