El propio Jesús pregunto a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que soy yo?” (Marcos 8:27)
Estas son algunas de las opiniones que la gente tiene de Jesús en la actualidad:
• Un hombre bueno. Pero hombre al fin.
• Uno de los grandes profetas.
• Fue un gran filósofo. Predicó sobre amor y paz.
• El Hijo de Dios. El Salvador del mundo.
• El Mesías prometido.
• Jesús es un mito. La verdad es que nunca existió.
• Un espíritu iluminado. Un guía espiritual avanzado.
¿Qué dijo Jesús de sí mismo?
Jesús dijo: “Soy Hijo de Dios” y “El que me
ha visto, ha visto al Padre” (Mateo 27:43 y
Juan 14:9). Afirmó ser el Mesías, el Cristo
prometido (Marcos 14:61, 62; Juan 4:25, 26).
Jesús admitió ser Rey (Lucas 23:3) y tener
un Reino (Marcos 13:41). Jesús dijo ser
Maestro y Señor (Juan 13:13). Jesús dijo:
“Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35); “Yo soy
la luz del mundo” (Juan 8:12); “Yo soy de
arriba... yo no soy de este mundo” (Juan
8:23); “Yo soy la puerta” (Juan 10:9); “Yo
soy el buen pastor” (Juan 10:11); Jesús
declaró claramente a sus discípulos: “Yo soy
el camino, la verdad y la vida; nadie viene
al Padre (Dios) sino por mí” (Juan 14:6).
Jesús instó a sus discípulos: “Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra
manera, creed por las mismas obras” (Juan 14:11). Los milagros de Jesús eran
incuestionables aún para sus peores opositores*.
Pero existe una prueba más poderosa aun de su deidad: las profecías sobre él en el Antiguo
Testamento. Indican donde nacería Jesús: en Belén (Miqueas 5:2); que nacería de una
virgen (Isaías 7:14); aún también la cantidad exacta de días hasta su llegada oficial (Daniel
9:24-27), que se cumplió el domingo de su entrada triunfal a Jerusalén; las profecías
predijeron que sería rechazado y que moriría por nuestros pecados (Isaías 53); que al morir
“horadaron mis manos y mis pies” (Salmo 22). Y estos son sólo unos pocos ejemplos. No
hay otro escrito religioso que contenga profecías como la Biblia (es decir, todas se
cumplieron sin excepción)!
(*) De hecho, cuando Jesús resucitó a un amigo suyo, los líderes religiosos, sus peores opositores, se juntaron y preguntaron: “¿Qué
hacemos?” Y comentaron: “Pues este hombre hace muchas señales. Si le dejamos seguir así, todos creerán en él” (Juan 11:47, 48).
No hay medias tintas. Cuando alguien afirma ser el Hijo de
Dios, Rey y Señor, Verdad y Vida, no puede simplemente
decir: “¡Oh! ¡que buen maestro y profeta fue!” y pretender
que nunca declaro ser divino. Es por esto que existen
únicamente tres alternativas lógicas y legítimas entre las
cuales puede usted optar:
Cuando Jesús se identificó a sí mismo con Dios (a quien el
llamaba “Padre”), no estaba diciendo la verdad y lo sabia. En
este caso, fue el farsante más grande del mundo y debe ser
ignorado y olvidado. Nota: Si se decide por esta alternativa
usted tendrá que responder por que estaría Jesús dispuesto a
pasar por el ajusticiamiento más insoportable en razón de
mantener que era Dios cuando fácilmente hubiera podido
negarlo y haberse ahorrado tanto sufrimiento.
(*) Basado en un argumento de C. S. Lewis en su libro Mero Cristianismo.
Lo que Jesús dijo de sí mismo no era
verdad pero él no lo sabía (se creía que
era Dios pero en realidad no lo era). De
ser así era un enfermo mental o deliraba,
y sus seguidores son dignos de
compasión. Es claro que uno tendría que
explicar como siempre resultaba ser mas
listo que sus acusadores y enseñar
verdades tan admirables aún a los
guardias que fueron
enviados para apresarlo
quienes al regresar
dijeron: “¡Nunca habló
hombre alguno así!”
(Juan 7:46).
Jesús decía la verdad: Afirmó ser
Dios y realmente lo es. En este
caso, debe ser ¡escuchado,
obedecido, seguido y adorado! Es
claro que en realidad usted puede
llegar a la conclusión de que el es
Dios y aún así optar por rechazarlo.
Pero en este caso es usted quien es
digno de lástima porque ha
escogido cerrar
sus ojos a la
verdad y perderse
el único acceso a
Dios el Padre.
Desafortunadamente, muchos tratan de seleccionar una cuarta alternativa: aceptar a Jesús
como una buena persona y, a la vez, rechazarlo como Dios. Pero es imposible que Jesús
se equivocara acerca de su propia identidad y al mismo tiempo fuera un “buen maestro”,
un “ser iluminado”, “un “profeta inspirado.” Hemos visto que si lo que dijo no es cierto
entonces mentía o deliraba, por lo tanto, es imposible que haya sido “bueno”,
“iluminado” o “inspirado.”
Cuando Jesús llamaba a la gente les instaba: “¡Arrepentíos y creed!” (Marcos 1:15) La
mayoría de los que rechazan a Jesús han elegido no creer, no porque falten evidencias,
sino porque no quieren arrepentirse. Arrepentirse significa reconocer sus pecados y
pedirle a Dios que lo perdone. También significa estar dispuesto a apartarse de sus
pecados y cambiar su manera de pensar y vivir, dando a Jesús el primer lugar en su
vida. Creer significa tener fe y confianza en Jesús, poniendo su vida y destino eterno en
las manos de él exclusivamente. Jesús es el Camino hacia Dios y la Puerta de salvación.
Y las “llaves” para abrir la Puerta son el arrepentimiento y la fe.
Después de que Jesús les preguntara a sus discípulos quién decía la gente que era él, les
preguntó también: “Pero vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Pedro respondió: “¿Tú eres el
Cristo [Mesías], el Hijo del Dios viviente!” (Mateo 16:15, 16). Y usted... ¿ha contestado
ésta pregunta? ¿qué ha hecho usted al respecto? Si no ha hecho nada, decídase antes de que
sea demasiado tarde. Puede arrepentirse, creer e invitar a Jesús a su vida en éste mismo
instante. Háblele a Dios con sus propias palabras o diríjase a él orando de ésta manera:
Querido Dios: Gracias por enviar a tu Hijo Jesús para
mostrarme el camino hacia ti. Gracias porque murió en la
cruz en mi lugar y por mis pecados. Confío en él para que me
perdone y me quite la culpa de delante de ti. Me arrepiento de
todo lo malo que he hecho. De ahora en adelante quiero vivir
para ti. Te invito que entres en mi vida ahora mismo para ser
mi Salvador y Señor. En el nombre de Jesús, amen.
Lea la Biblia. Ore. Acérquese a una iglesia cristiana que enseña
que Jesús es el único Camino a Dios.
© 2004 – Escrito e ilustrado por John Hatton. Puede ser copiado y distribuido sin permiso. Prohibida su venta.
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