GENERAL
JUAN MANUEL IGUARAN REITHER
(1875 - 1950)
El REGISTRO DE PADILLA - IV
2 de febrero de 1904
Pero si tal conjetura tiene en su favor
muchas probabilidades, no alcanzan los
hechos probados darle el carácter de
certidumbre. Alguno o algunos de esos
hechos pudieron tener causa diferente
de la que se ha señalado como probable,
y esta reflexión hace que desaparezca o
al menos debilita mucho la fuerza de
trabazón de estos acontecimientos.
Basta en el presente caso señalar la
pasión política, pasión que con motivo
de la lucha eleccionaria ha adquirido
proporciones inauditas, destruyendo
todo criterio apacible y sereno. Esta
pasión que, exacerbada, conduce a
excesos inexcusables no pudo ser la
causa del motín de Riohacha? No pudo
ser también motivo determinante de
alguno o algunos de los hachos antes
mencionados?
PRUEBAS TESTIMONIALES
Manuel Loaiza declara ante el
Gran Consejo:
Que fue informado en Riohacha, en
donde estaba ese día, que el dos de
febrero no se reunió la Asamblea
Electoral;
Que igual informe le dio José María
Romero Freile;
Que en los días dos, tres y cuatro de
febrero, era pública voz y fama en
Riohacha que no había habido
elecciones;
Que hasta el día cuatro de febrero por la
tarde, después de haber averiguado en
los distintos edificios públicos de la
ciudad, no pudo obtener informe de que
en alguno de ellos se hubiera reunido la
Asamblea Electoral y averiguando supo
que tampoco se había reunido en
ninguna casa particular, y que igual
informe le dio Romero Freile.
Mario B. Fajardo declara ante el
Consejo:
Que le consta que no hubo
elecciones, porque estuvo averiguando
en la Prefectura y en otros edificios
públicos y no supo que en ninguno de
ellos se hubiera reunido la Asamblea
Electoral.
En posterior declaración ante el
Juez 6º del Circuito de Bogotá, declara:
Que en los días de la elección
anduvo por los edificios y no vio nada ni
nadie le informó sobre las elecciones, y
que además es publico en Riohacha,
como en toda la Costa que en Padilla no
se reunió en ningún punto dicha Junta
Electoral.
Miguel Loaiza en declaración
posterior, ante el Juez 6º del Circuito de
Bogotá, dice:
Que hoy es público y notorio en
Riohacha mismo, en Santa Marta y
Barranquilla el hecho de no haber
habido elecciones.
Don Pedro Espejo, Cura Párroco de Riohacha, ante el Magistrado Cormane, declara:
Que en los días primero y dos de febrero estaba en Riohacha;
Que por ser día de fiesta en esos días en Riohacha, no pudo cerciorarse por si mismo si se
había reunido la Asamblea Electoral;
Que había oído decir que en los días citados no se había reunido ese cuerpo y que no
recuerda qué personas se lo dijeron y que no sabe ni ha oído decir que candidato eligieron.
Juan Francisco Gómez, ante el mismo Magistrado, declara:
Que estaba en Riohacha en los días primero y dos de febrero;
Que sabe de una manera positiva, por haberse cerciorado y por multitud de referencias
respetables, que en los días precitados no se reunió Junta preparatoria ni Asamblea Electoral,
ni tampoco se sufragó por persona alguna.
Germán Bonivento, ante el Magistrado Cormane, declara:
Que no se hallaba en Riohacha el dos de febrero;
Que vino a este lugar dos días después y oyó decir que no había habido reunión de la
Asamblea Electoral;
Que tampoco ha sabido ni ha oído decir por qué personas se votó para Presidente y
Vicepresidente de la República.
Manuel Galué ante el Magistrado Cormane, declara:
Que no se hallaba en Riohacha, sino en sus inmediaciones, en los días de las reuniones de
la Asamblea Electoral;
Que a su regreso a Riohacha oyó decir a multitud de personas, cuyos nombres no
recuerda, por haber sido muchas, que el dos de febrero no se había reunido la Asamblea
Electoral;
Que no ha sabido ni ha oído decir quienes fueron elegidos para Presidente y
Vicepresidente de la República.
Gratiniano Gómez, ante el Magistrado Cormane, declara:
Que el día dos de febrero no se hallaba en Riohacha;
Que a su regreso supo por informe de varias personas y por la generalidad de la
población que no se reunió el dos de febrero la Asamblea Electoral;
Que por consiguiente no oyó decir ni supo que hiciera ninguna elección para Presidente y
Vicepresidente de la República.
Durando A. Soto, ante el Magistrado Cormane, declara:
Que la no reunión de la Asamblea de Riohacha en los dos primeros días de febrero es un
hecho conocido por todos.
De acuerdo con el anterior relato de
declaraciones queda probado el hecho
indicio de que en Riohacha era voz
general que no se había reunido la
Asamblea Electoral en la fecha
designada por la lay. Este indicio es
vehemente si se entiende su relación con
el hecho que se trata de averiguar y es
por consiguiente elemento importante en
esta investigación.
Por la circunstancia de tener
Riohacha una población relativamente
pequeña y hacerse mas notable cualquier
hecho público que en ella se verifique,
debe tenerse en cuenta de que en el día
que debió reunirse la Asamblea Electoral
tiene lugar allí una fiesta religiosa y
popular, y que durante ella hay mayor
concurso del ordinario. Hecho que
aparece probado por las declaraciones
del Dr. Espejo, cura párroco de allí, y de
Manuel Loaiza, quien asegura que ese
día hubo mucho concurso.
En veinticuatro de marzo y ante el Gran
Consejo Electoral rindió declaración
jurada el señor Ismael Noguera Conde, y
aseguró en ella: Que el siete de febrero
de mil novecientos cuatro y presentes los
señores Pedro Conde y José María
Leiva, vió en poder del señor Juan
Manuel Iguarán los pliegos de elecciones
de Riohacha, que estaban firmados y en
blanco los espacios que debían contener
los nombres de los ciudadanos por
quienes se debía haber hecho la elección
para Presidente y Vicepresidente de la
República.
Que el General Iguarán le dijo al testigo
que esto se hizo así porque la víspera de
las elecciones se había recibido por posta
enviado de Santa Marta un telegrama del
Sr. Marroquín, de Bogotá, en que se decía
que debía votarse por los candidatos Vélez
y Vázquez Cobo, y que en virtud de esto
los Electores habían convenido en dejar
los registros como se ha dicho, siempre
que el blanco o espacio correspondiente al
Vicepresidente se llenara con el nombre
del General González Valencia. El que los
pliegos estaban como deja dicho, era del
dominio público en Santa Marta y que
cualquier persona de allí puede declararlo.
En declaración posterior, ampliación
de la expresada, dijo:
Que el día doce de febrero, de ocho a
nueve de la mañana, en un punto llamado
Cañohondo, viniendo con el General
Iguarán y señores Clemente y Mario Díaz
Granados en viaje para Barranquilla, se
encontraron con el Vapor ‘Iris’; que al ver
al General Iguarán paró el vapor y
conferenció entonces Iguarán con el señor
Felipe Rosado. Que al volver Iguarán a la
embarcación le manifestó al que declara,
sin haberle éste preguntado, que el señor
Rosado era un comisionado que le
mandaban a él y al Gobernador; que en la
correspondencia que había ido le avisaban
de Barranquilla que por aviso de Bogotá
iba a depender lo que se hiciera en el
Pliego de la elección de Padilla el
resultado de la elección de Presidente;
Que interrogó a Iguarán preguntándole qué pensaba hacer, y que le contesto que se lo
mandaba a Vergara Barros para que allá resolviera. Preguntado el declarante si las
palabras de Iguarán se referían a la elección de Padilla o al pliego mismo; contesto que a
éste, Iguarán le dijo también al declarante que un señor Romero Freile había actuado
como Secretario en la Asamblea.
Manuel Loaiza declara ante el Consejo:
Que le dijeron en Riohacha que Iguarán emprendía viaje para Santa Marta a
conferenciar con el Gobernador, y da a entender que por causa de no haberse verificado
las elecciones.
Joaquín de Mier declara ante el Magistrado Cormane:
Que en la plaza del Comercio de Santa Marta, durante el entierro del señor Pedro
Laborde, en los primeros días de febrero (1904), encontró al señor Iguarán, y que después
del saludo de amigo se habló de candidaturas. Que por este motivo dicho Iguarán sacó del
bolsillo una cubierta, y dándosela al declarante le dijo que contenía los registros en blanco
de la elección que para Presidente y Vicepresidente de la República debía haberse
efectuado por la Asamblea Electoral de Riohacha. Que él (Mier) tomó la cubierta y que
por sus propios ojos se cercioró de lo que había manifestado Iguarán, esto es, hallarse en
blanco los nombres de los candidatos para Presidente y Vicepresidente;
Que también pudo apercibirse de que los registros solo contenían unas diez o doce
firmas de electores, cuyos nombres no recuerda.
Demetrio Zorro declara ante el Magistrado Cormane:
Que Juan Manuel Iguarán, que había llegado a Santa Marta procedente de Riohacha,
le mostró en los primeros días de febrero los registros para la elección presidencial;
Que leyó el encabezamiento y que en el lugar que debían constar los nombres de los
elegidos estaban en blanco;
Que dichos registros estaban firmados por cierto número de personas cuyos nombres
no recuerda;
Que tuvo lugar delante de Aníbal Brito y Cayetano Barros, quienes también se
informaron del hecho.
Cayetano Barros, ante el Magistrado Cormane, declara con referencia a la anterior
declaración:
Que Iguarán entregó unos papeles a Zorro, quien los leyó y pasó luego a Brito, quien
también los leyó;
Que estando después en la oficina
telegráfica y hallándose allí presente
Florentino Goenaga, oyó decir a Zorro
que los papeles que le había mostrado
Iguarán eran los Registros Electorales
de Padilla y estaban en blanco, porque
así los había visto el día que fue a
visitar a Iguarán, hallándose en la
visita el declarante.
En el careo practicado entre estos
dos (Zorro y Barros) a pesar de las
reflexiones que hace Zorro a Barros,
éste dice que aunque estaba allí
presente no le informó del contenido de
los papeles que Iguarán mostró a
Zorro, ni de las palabras que aquél,
(Iguarán) dijera a éste con referencia a
dichos papeles.
Florentino Goenaga, ante el
Magistrado Cormane declara:
Que estando en la oficina
telegráfica con Zorro y Barros, habló
de los rumores que circulaban sobre
encontrarse en blanco el registro que
debía contener la votación de la
Asamblea Electoral de Padilla; y que
Zorro dijo que él había visto en manos
de Iguarán el registro de la elección,
con la circunstancia de hallarse en
blanco los nombres de los candidatos;
que el día que lo había visto se hallaban
en la misma pieza Barros y Brito. Dijo
también que a la aseveración de Zorro
no había hecho demostración adversa
alguna.
Es aplicable a cada una de las
declaraciones anteriores el articulo
606 del Código Judicial, y así
podemos establecer:
Que hay gran presunción de
que Juan Manuel Iguarán mostró a
Demetrio Zorro unos pliegos que
dijo ser los registros de Padilla;
pliegos que tenían en blanco los
nombres de los candidatos y cierto
número de firmas;
Que la hay igualmente de que
el citado Iguarán mostró a Ismael
Noguera Conde unos pliegos
diciéndole lo mismo que dijo a
Zorro, pliegos que tenían en blanco
el nombre de los candidatos y con
cinco o siete firmas;
Que también la hay de que el
mismo Iguarán mostró a Joaquín
de Mier unos pliegos que dijo ser
los registros Electorales de Padilla,
con el nombre de los candidatos en
blanco y con diez o doce firmas de
electores.
Aquí es del caso tocar
incidentalmente un punto que tiene
importancia. Sospechó el Gran
Consejo, con sobrado fundamento,
que los pliegos a que se referían las
anteriores declaraciones, pudieran
ser el principio de una falsificación
y que las actas de Padilla remitidas
al Gran Consejo fueran, el
documento falsificado.
Para averiguar el hecho nombró peritos a los competentes y probos señores don Francisco
García Rico y don Manuel H. Campillo. De la diligencia pericial resulta que no aparecen
muestras de enmendaduras o borraduras en los nombres y apellidos de los candidatos, ni
en el número de sufragios en las actas de Padilla. Que comparando ambos documentos (el
acta de instalación y de votación) por el carácter genérico de ambos escritos en su
estructura material, así como la uniformidad en el ángulo de su inclinación, revelan la
propiedad habitual de la mano que trazó tales signos, y por consiguiente la posibilidad de
haber sido ambos documentos escritos en uno o más actos.
Llamado el señor Noguera Conde y después de algunas preguntas que se le hicieron
contundentes al reconocimiento y cotejo del acta de Padilla que está en el Gran Consejo y
los pliegos que le mostró Iguarán, se le preguntó si podría decir si el pliego que mostró
Iguarán era el mismo que está en poder del Gran Consejo, a lo cual contestó que si. Se le
puso de presente el acta de Padilla que está presente en el Gran Consejo y dijo: No me
parece que la letra del acta que me muestra sea la misma del acta que mostró el General
Iguarán. En la del General Iguarán me pareció la letra menos buena que esta, por lo cual
creo que no debe ser esta la misma que me mostraba el General Iguarán.
Si como aparece anteriormente, los pliegos que mostraba el general Iguarán no son
los mismos que forman el acta que está en el Gran Consejo, lo menos que puede esta
corporación presumir es que Iguarán faltó a la verdad y por consiguiente no se tomará en
consideración el testimonio que rindió ante el Prefecto de Riohacha.
Son anteriormente relatados los hechos que hacen luz en este expediente; hay otros
documentos que apenas sirven como datos falibles, y otros que ninguna ayuda prestan en
la averiguación. De estos se hará en seguida suscinta relación.
Durando A. Soto declara:
Que puede asegurar que no se reunió la Asamblea Electoral el dos de febrero, por que
en dicho día se acercó a todos los edificios públicos en hora en que se suponía debían
efectuarse esos actos y no presenció ninguna reunión que tuviera actitud de sufragar sus
votos.
Manuel Loaiza declara:
Que estuvo en el edificio de la Aduana a las once y a las tres de la tarde; que en ambas
ocasiones recorrió el edificio y no encontró a nadie.
Mario B. Fajardo declara:
Que en los días primero y dos de febrero estuvo por los edificios públicos y no vio
nada referente a Asamblea Electoral.
Juan Felipe Aguilar declara:
Que puede aseverar que no se
reunió la Asamblea Electoral el día dos,
porque procuró estar atento para
concurrir y que en ninguna parte ni en
ningún edificio vio que se reunieran
Electores.
J. Pastor Bonivento declara:
Que sabe de manera evidente que no
se reunió la Asamblea Electoral el día
dos de febrero, y que por lo mismo no
hubo sufragio alguno ni mucho menos
conoció el edificio donde se reuniera.
Alberto Bernal Ospina. Que el dos
de febrero estaba en Barranquilla y allí
era voz pública que no había habido
elecciones en Riohacha.
Según las declaraciones de Loaiza y
de Fajardo, la situación de los
principales edificios públicos en
Riohacha es la siguiente, más o menos:
de la Iglesia parroquial a la Aduana hay
media cuadra; de la Aduana a la Casa
Municipal hay cosa de una cuadra; de
ésta al Coloso hay como tres cuadras, y
de éste al Resguardo hay dos cuadras.
Ambos creen que Riohacha tiene tres
mil habitantes aproximadamente.
Que en la hora de las diez de la
mañana todo el mundo en Riohacha está
en la calle.
Está probado que el señor Esteban
Jaramillo dijo palabras cuyo sentido
es este: el registro de Padilla es nulo, a
nadie le consta más que a mi; lo que
dudo es como pueda hacerse valer esta
nulidad; no hay uniformidad completa
en la cita de las palabras que dijo,
pero si en su sentido. Las
declaraciones sobre palabras no
forman jamás pruebas sobre los
hechos, pero si sobre las palabras,
siempre que el testigo asegure
haberlas oído proferir y en este caso la
uniformidad de los dos testigos deberá
referirse a las palabras, etc.” (articulo
609 Código Judicial).
Existen en el expediente otros
documentos que o no dan luz alguna o
se hallan informados por otros, y son:
Declaración de Ospina Pradilla,
Declaración de Isaías Guerrero,
Declaración de Juan de la Rosa
Gómez,
Declaración de José F. Torres,
Declaración de Narciso Hugueet.
Los hechos que aparecen
plenamente probados son indicios,
porque indicio es un hecho cierto y
conocido, que por su relación más o
menos intima con el hecho de que se
cuestiona puede servir para inclinar la
razón a la creencia en la realidad del
segundo. (articulo 587 del Código
Judicial).
Ninguno de los citados indicios es indicio necesario, por que los indicios son necesarios
cuando es tal la correspondencia o relación entre el hecho indicio o el hecho que se
averigua, que existiendo el uno no puede haber existido el otro (articulo 589, Código
Judicial). Basta la atenta lectura de los hechos probados y una juiciosa comparación entre
cada uno de estos hechos y el hecho controvertido para decidir sin vacilación que de
ninguno de aquellos se deduce como consecuencia inevitable y precisa y necesaria la no
reunión de la Asamblea de padilla.
Si ninguno de los indicios es necesario, seria el caso de aplicar el articulo 590 del
Código Judicial.
“Articulo 590. Los indicios no necesarios sólo forman plena prueba cuando son
vehementes y diversos, pero en lazados entre si, concurriendo todos a demostrar, sin dejar
duda alguna, la verdad del hecho controvertido”.
Para formar plena prueba en el caso presente son, pues, condiciones indispensables
en los indicios:
1ª. Que sean vehementes y diversos;
2ª. Que estén enlazados entre sí;
3a. Que ocurran todos a demostrar la verdad del hecho controvertido;
4ª. Que la demostración de la verdad del hecho no deje duda alguna.
La convicción que los indicios produzcan en el ánimo del Juez debe ser completa y
absoluta, de tal manera, que no deje duda alguna sobre la verdad del hecho controvertido.
Si en su ánimo existe alguna duda sobre la verdad del hecho controvertido desaparece
para el Juez el derecho de calificar los indicios como plena prueba, porque la ley exige que
la demostración no deje duda alguna, es decir excluye toda duda.
Cuando la ley ordena al Juez que dicte sentencia contra el sindicado de un delito, no
exige tanto. La basta entonces para dictar sentencia condenatoria fundada en la prueba de
indicios, que estos estén entrelazados entre si, pero que no dependa uno del otro, que sean
diferentes y que concurran todos a demostrar el hecho principal (articulo 1707 Código
Judicial). Esa convicción completa y absoluta no es obligatoria sino en casos que, como el
presente, se rigen por el procedimiento civil.
Esta severidad de la ley en la aplicación de la prueba de indicios no necesarios
asimilando a alguno rayando en la evidencia, es decir, a lo que no deja duda alguna, la
convicción necesaria en el Juez para fallar, tiene explicación fundada en altísimas razones
de justicia.
“Si la intima naturaleza de las cosas nos
fuera conocida, bastaría fijar la
consideración en un ser para deducir
luego todas sus relaciones y
consecuencias. Pero desgraciadamente la
naturaleza es casi siempre un misterio
para nosotros, por lo cual muchas de las
conjeturas que fundamos sobre el
incompleto conocimiento que de ella
tenemos, nos conducen a errores
deplorables.
“Y si tratándose del mundo físico en
el cual todo se rige por leyes fijas y
constantes, encuentra el error tan ancho
sendero para introducirse a la sombra de
analogías y relaciones, que pudieran
parecer autorizadas, con cuanta mayor
razón no será de tenerse el extravío,
cuando esas relaciones se refieren a los
actos humanos, caprichosos e irregulares
casi siempre, como es caprichoso y
voltario el hombre mismo, a causa de la
libertad de que se halla dotado.
Esta sola consideración bastaría
para que estuviésemos sierre muy sobre
aviso, a efecto de no dejarnos extraviar
en nuestro juicio por presunciones
formadas a la ligera.
“Innumerables son los ejemplos que nos
ofrecen los anales judiciales de casos en
que la justicia humana ha dictado fallos
torcidos tomando como guía la prueba
de indicios. No hay, como lo dejamos
dicho, probanza más falible, ni hay, por
desgracia, otra que se luzca y fascine
más.
“Inútil seria multiplicar los ejemplos.
Mientras el enlace de algunos hechos con
otros no sean, pues, constante y
necesario,, la prueba de indicios irá
siempre acompañada de dudas y
vacilaciones.
“por donde se viene en conocimiento
de que no valen admitirse en juicio otros
indicios que los que sean graves, precisos
y concordantes: Graves, de una manera
que el hecho en que se funda la
presunción traiga consigo la consecuencia
del hecho que se indaga de un modo casi
necesario; preciso, es decir, que se aleje
de toda ambigüedad, que haga aplicable
la presunción a otras circunstancias
concordantes de tal suerte que las
conclusiones se vigoricen las unas a las
otras y no haya entre ellas oposición
alguna”.
Así expone la doctrina sobre la
prueba de indicios el malogrado
jurisconsulto Dr. Carlos Martínez Silva,
uno de nuestros más notables hombres
públicos, en su “Tratado de pruebas
Judiciales” (Bogotá, 1895, Imprenta de
Antonio Ma. Silvestre), y agrega:
La doctrina que dejamos expuesta se
halla reducida a derecho en las siguientes
reglas que leemos den nuestro Código
Judicial: “Art. 589. …..
Art. 590. Los indicios no necesarios
solo forman plena prueba cuando son
vehementes y diversos; pero enlazados
entre si, concurriendo todos a demostrar
sin dejar duda alguna la verdad del
hecho controvertido…”