FUERZA INTERIOR
QUE ES, COMO ACTUA, COMO DESPERTARLA
METODO PRACTICO PARA ALCANZAR SALUD, ARMONIA Y EQUILIBRIO
PSICOFISICO A TRAVES DE TECNICAS DE YOGA.
INSTRUCTOR: GUSTAVO SOSA ESCALADA
EN BASE A LAS ENSEÑANZAS DE:
SENSEI KURATA, MAESTRO DE AIKIDO
PROF. CHEN CHIN WEN, MAESTRO DE KUNG FU Y BUDISMO ZEN.
PROF. WANG TSING, MAESTRO DE TAI CHI CHUAN, DICIPULO DE
CHENG MAN CHING
PROFESOR MARCELO R. GIL, MAESTRO DE TAI CHI CHUAN Y CHI KUNG
INDICE
CAPITULO 1: QUE ES LA FUERZA INTERIOR.
CAPITULO 2: LA CANTIDAD DE ENERGIA.
CAPITULO 3: EL EJERCICIO BASICO.
CAPITULO 4: LOS PRIMEROS PASOS.
CAPITULO 5: LA PRACTICA.
CAPITULO 6: LAS ETAPAS SUPERIORES.
CAPITULO 1: QUE ES LA FUERZA INTERIOR.
Fuerza interior es el nombre que se le da a la cantidad total de energía de un ser.
Desde el momento del nacimiento, el ser humano y cualquier otro ser, ya sea animal o
vegetal, cuenta con una cantidad de energía que depende de su herencia genética en primer término, y
de las circunstancias que rodean al período de gestación y nacimiento.
La mayoría de los seres nacen sanos, con un estado de salud y armonía aceptables, y
mientras se mantenga una mínima cantidad de energía, la salud no se deteriora.
Los desequilibrios psicofísicos son la principal causa de pérdida de energía, dando como
resultado, la mala salud, depresión, enfermedad, cansancio, ansiedad, y todo tipo de problemas físicos
o psicológicos.
Por lo tanto el control de la energía es imprescindible para poder conservar el equilibrio
psicofísico que todos queremos.
Si observamos una planta cualquiera, detenidamente, descubriremos que para que ésta
pueda sobrevivir necesita cuatro tipos básicos de energía, que son además los cuatro elementos
filosóficos: TIERRA, AGUA, AIRE y FUEGO.
En efecto; todos sabemos que la tierra y el agua entran por la raíz de la planta, que se
alimenta de sales minerales y sustancias orgánicas en estado de descomposición.
En cambio el aire y el fuego, en forma de luz solar y calor, entran por la parte superior de la
planta, las hojas y el tallo.
Entonces: el elemento tierra es la energía que se procesa en la planta cuando ésta absorbe
sales minerales o substancias orgánicas. En el caso del ser humano corresponde al fruto de la tierra
como alimento, ya sean directamente vegetales o indirectamente carne, generalmente proveniente de
animales vegetarianos.
El elemento agua se distingue porque la misma vida se originó en el agua. Aún los seres
que viven en el desierto se las ingenian para conseguir agua aunque sea en el rocío matinal.
El elemento aire obedece a la transpiración en las plantas con la producción de oxígeno, y a
la respiración en los animales y seres humanos. La respiración es de suma importancia para los
ejercicios de concentración.
Y el fuego es el calor emitido por el sol y regulado por la tierra, el mar y el viento.
Estas cuatro fuerzas exteriores envían su energía a todos los seres,con lo cual cada ser
puede mantener una cantidad de energía almacenada a la que llamamos fuerza interior.
Esa fuerza interior debería desarrollarse en forma continua, pero lejos de eso, el ser
humano normal, tiende a alejarse de la naturaleza y adoptar un estilo de vida relativamente moderno y
muy estresante.
En otras palabras el hombre moderno vive fuera de su ritmo natural, con lo cual
su fuerza interior disminuye a tal punto que el malestar, las enfermedades y el desequilibrio psicofísico
lo alcanzan.
CAPITULO 2: CANTIDAD DE ENERGIA.
Cuando un ser humano tiene su fuerza interior completa, vive en un estado de perfecta
armonía; tiene ganas de trabajar así como de divertirse, no sufre el frío ni el calor, come lo que el
cuerpo le pide y tiene la plenitud del sexo. Siente un estado de abandono y de absoluta libertad. Es
raro que se enferme o que se canse, ya que trabaja exactamente a su ritmo.
Ni la fortuna ni la desgracia lo conmueven. Nunca se aburre ni se ofende con nadie, trata a
cada persona como ésta se lo merece e interpreta al hombre malo como un enfermo, como un pobre
infeliz al que se le debe ayudar.
Tampoco siente envidia o ambiciones desmedidas, simplemente lo necesario para vivir con
dignidad. Y lo más importante, no tiene ego o importancia personal, se cuida a sí mismo, pero no se
sobreestima, ni le importa su autoimagen.
Cuando un ser humano pierde energía, las fallas comienzan a aparecer; se vuelve
demasiado competitivo y lo envuelven la ansiedad, la compasión y el ego. Le importa muchísimo la
distinción entre el bien y el mal, cualquier fortuna o desgracia lo desequilibra y le hace sentirse
siempre inseguro, vacío, dependiente.
La principal causa de pérdida de energía es la crianza que haya tenido, la niñez. Si el
ambiente familiar fue bueno, y el niño tuvo un mínimo de naturaleza, juegos, aventuras, grupos de
amigos, entonces la energía no se pierde. Si por el contrario hubo mucho encierro, televisión, soledad,
poco diálogo, o padres con problemas matrimoniales, el niño pierde energía.
La segunda causa es la pubertad. En ese período la naturaleza nos declara preparados para
tener hijos, pero la sociedad nos marea con sus reglas morales o la falta de dinero, y el sexo es un
problema.
Cualquier orgasmo forzado, sin amor, sin espontaneidad, tanto en el hombre como en la
mujer, provoca pérdida de energía.
Otra causa es la competencia desmedida, en que el individuo se ve forzado a trabajar por
años para ganar unos pocos pesos y durante todo ese tiempo se considera un perdedor, un frustrado.
Existen muchas otras causas tales como la mala alimentación, la mala respiración, el
trabajar fuera del ritmo propio y la falta de ejercicios, de naturaleza, de acción espontánea.
Pero sin duda, la más importante, es el haber perdido la fe en nuestro origen, el espíritu, la
naturaleza, llámese Dios si se quiere. Creemos estar condenados en un mundo con leyes sociales,
políticas y económicas que nunca nos satisfacen, y no creemos que exista otra ley, una ley espiritual
que resuelva todos nuestros problemas.
Y la verdad es que esa ley espiritual sí existe, pero antes de pedirle que resuelva nuestros
problemas, tenemos que tener la humildad de ver cómo funciona, de estudiarla, de comprenderla, y
sólo entonces descubriremos que no hay nada que resolver, que todo está listo para vivir en perfecta
armonía, y que todos nuestros problemas no eran más que la fea cáscara de un mundo maravilloso.
CAPITULO 3: EL EJERCICIO BASICO.
Hace unos 5000 años los chinos estudiaron minuciosamente la naturaleza humana y
desarrollaron una serie de técnicas de concentración.
Particularmente los taoístas, desarrollaron un método sumamente sencillo que se llama wu
wei. Este método se basa en la premisa de que el origen de todo es Tao, el concepto de Dios
impersonal.El wu wei significa no-acción, o bien acción no pensada, no racional, acción espontánea y
natural. En efecto, en la figura de la portada, vemos al hombre en perfecta armonía con el infinito.
Esta figura representa al hombre con su fuerza interior en perfecta comunión con la fuerza
exterior, la energía de los cuatro elementos proveniente del universo infinito.
El hombre de Tao toma siempre el camino de la sencillez, del retorno a su propio origen, el
de acción espontánea.
El wu wei consiste en sentarse en buena postura y dejarse llevar por el ritmo natural de uno
mismo. Es abandono absoluto de cualquier intento racional o conciente, es confiar en lo más profundo
de nuestra conciencia, es permanecer en estado de máxima atención sin la menor intención.
En la práctica el wu wei puede practicarse cumpliendo los siguientes pasos:
Siéntese en cualquier postura cómoda, con la espalda lo más derecha posible pero sin que
esto llegue a ser una molestia. De ser posible siéntese en el piso con las piernas cruzadas como lo
muestra la figura. También puede hacerlo en un sillón apoyando la parte inferior de la espalda en el
respaldo. Nunca sentarse en una corriente de aire. En la nuca existe un acupunto muy sensible a los
golpes de frío. Si ese punto se enfría por una corriente de aire provocará un dolor de cabeza que no se
puede sacar ni aún con acupuntura.
Una vez sentado y cómodo, comience a respirar de la manera más natural posible,
siguiendo al milímetro el ritmo respiratorio que su cuerpo le pida. Para esto conviene analizar el acto
de respirar como una secuencia de tres pasos: inhalación, retención y exhalación.
*Primero inhale el aire por la nariz, pero inhale la cantidad exacta de aire que sus pulmones le pidan, ni
un centímetro cúbico más ni uno menos.
*Segundo, retenga el aire en su cuerpo el tiempo exacto que su cuerpo le pida, ni un segundo más ni
uno menos.
*Y tercero exhale todo el aire que le sea cómodo y al ritmo que su cuerpo le pida, siempre por la nariz.
Siempre se respira por la nariz, a menos que ésta esté tapada; en ese caso se respira por la
boca hasta que la nariz se destape. Si se hace bien uno se sentirá más liviano, más desbloqueado, la
lengua tocará por si misma el paladar y se sentirá un gusto dulce y mucha saliva. Una vez tragada ésta
saliva, producida espontáneamente, baja al estómago y actúa como un remedio natural contra la
mayoría de los problemas gastrointestinales.
La diferencia con la respiración común es que usted está respirando con la mayor
delicadeza, con máxima atención, siguiendo al milímetro el ritmo que el cuerpo le dicta. Si lo hace bien,
ésta respiración no cansa y se vuelve tan silenciosa que ni uno mismo puede escucharla. Es el arte de
respirar.
Conforme uno practica, diez minutos a la mañana, diez a la tarde y diez a la noche, el cuerpo
se irá relajando y comenzará a producirse por sí sola, la respiración abdominal. El diafragma
comenzará a bajar más y más con cada inhalación hasta tener la clara sensación de que se respira con
el abdomen. Cuando uno ha dominado el arte de respirar surge la sensación de que uno respira con el
abdomen inferior, y que hay un punto de control de la respiración armónica que se encuentra detrás
del ombligo.
La respiración armónica nos llevará automáticamente a percibir una sensación de bienestar
que surge de esa zona, el punto tras el ombligo que se llama punto de aliento. El punto de aliento se
encuentra tres dedos por debajo del ombligo, en el abdomen inferior, más cerca de la espalda que del
frente, y es allí donde se procesa la fuerza interior.
Si usted se sienta correctamente y respira con suavidad y a su propio ritmo, sentirá en poco
tiempo una sensación de bienestar, de liviandad, de armonía. Tal vez lo sienta en todo el cuerpo, tal vez
en la zona abdominal, pero incluso al primer día de práctica hay gente que siente el bienestar.En
cambio si usted intenta sentir bienestar a través de un esfuerzo mental, fracasará rotundamente. Si en
cambio usted se deja llevar por el arte de respirar a su propio ritmo, en poco tiempo lo invadirá la
sensación de bienestar; y ese es el primer paso del wu wei.
Para mantener e incrementar la fuerza interior usted debe fijar su atención en todo
momento. Es lógico que se distraerá muchas veces. Eso no importa, cada vez que usted descubra que
se había distraído, vuelva a concentrarse en la respiración y la fuerza.
Es necesario destacar que la fuerza interior, sigue el mismo ritmo que la respiración en
las primeras etapas. Por lo tanto es posible que usted experimente la sensación de que la fuerza
fluya al ritmo respiratorio pero no desde los pulmones, sino del punto de donde proviene la
sensación de bienestar, el abdomen inferior, el punto de aliento.
CAPITULO 4: LOS PRIMEROS PASOS.
El wu wei es un camino suave, armonioso y natural para lograr la perfecta armonía. No hace
falta conocer grandes secretos ni realizar gigantescos esfuerzos intelectuales para despertar la fuera
interior, sólo hace falta tener confianza en que dentro nuestro existe una fuerza espiritual, a la que hay
que darle máxima importancia a pesar de todos los problemas que pudieran desviar nuestra atención.
Todo el mundo quiere un Dios que funcione, que le arregle los problemas. Nadie se detiene
a observar o buscar el origen de los problemas, simplemente quieren que se los saquen de encima. Del
mismo modo nadie se detiene a buscar a Dios, a menos que pueda resolver nuestros problemas.
Los problemas existen, son reales, son parte de nuestra vida cotidiana, eso es innegable. El
wu wei no propone evadirse o ignorarlos, al contrario, propone enfrentarlos desde lo más profundo de
nuestro ser, porque sólo desde el origen de nuestra conciencia podemos atacar al origen de cualquier
problema. Cualquier problema que ataquemos superficialmente, aunque podamos resolverlo, volverá a
nosotros con distinto aspecto. Solo eliminándolo de raíz nos podremos liberar de ese problema
definitivamente.
Wu wei nos propone un plan de siete pasos para llegar a despertar la fuerza interior. Los
primeros cuatro pasos pueden practicarse con estas instrucciones, pero para los tres últimos hace
falta la guía de un maestro que haya despertado plenamente su fuerza interior. Normalmente el destino
nos presenta al maestro cuando ya estamos en la etapa adecuada para recibir su instrucción.
Los cuatro primeros pasos son:
BIENESTAR
PAZ
ARMONIA
EQUILIBRIO
Y los tres pasos superiores son:
FIRMEZA
FUERZA
SABIDURIA-PODER
El estado de bienestar se alcanza con los ejercicios descriptos en el capítulo anterior. Pero
insisto, no es cuestión de intentar sentirse bien, eso lleva al fracaso. Uno debe sentarse, relajar o
liberar su cuerpo, liberar su respiración y dejarse llevar por el arte de respirar hasta que surja la
sensación de bienestar. El bienestar debe surgir solo, en forma espontanea, de otro modo, no sirve.
Entonces uno debe dejarse llevar por el bienestar con toda su atención, pero sin la menor
intención. Si uno intenta que la sensación de bienestar aumente, fracasa. En cambio si uno se libera, y
simplemente disfruta el bienestar con máxima atención, éste aumenta por sí solo. Esa es la ley.
Así, el bienestar aumenta minuto tras minuto, práctica tras práctica, día tras día hasta que
llega a un máximo. Si los primeros días usted logra sentir el bienestar tras cuatro horas de práctica, al
cabo de un mes lo conseguirá en pocos minutos, porque una vez que se logra, resulta cada día más y
más fácil. Es una sensación parecida a nadar, o flotar en el agua, sale sola, sin el menor esfuerzo.
Cuando el bienestar llega a un máximo, se empieza a sentir apenas un poquito de PAZ, la
segunda etapa. Entonces ya hay que dejarse llevar por la paz y, al igual que el bienestar, ésta empieza
a aumentar más y más con cada práctica.
Cuando la paz llega a un máximo se empieza a sentir un poquito de ARMONIA. También
corresponde entonces concentrarse en la armonía para que ésta aumente en forma espontánea.
Esta sensación de armonía es ya un intercambio energético entre nuestra fuerza interior y
la fuerza universal, la de los cuatro elementos. El mejor ejemplo que puedo dar para explicar esta
sensación es el de la figura a continuación, en que fuerza interior y exterior comienzan a comunicarse
y ordenarse. Cuando la armonía llega a su máximo comienza la última etapa inferior, la del equilibrio.
El individuo tiene la sensación de que cada cosa está en su lugar, de que cada acontecimiento tiene
un porqué y que el destino es una fuerza, un poder que hay que comprender y manejar con
delicadeza, no de acuerdo a nuestros antojos sino de acuerdo a un plan universal, algo casi sagrado.
Llegada esa etapa el concepto de lo que eran nuestros problemas personales se disuelve.
Básicamente el hombre que ha llegado a la etapa de equilibrio considera importantes cuatro
problemas; la guerra, el hambre, la peste (enfermedad) y la muerte (no natural), o sea, los cuatro
jinetes del apocalipsis.
Los demás problemas los considera menores, triviales, e incluso ya no los considera
problemas sino desafíos a los que puede enfrentar enfocando su atención. Como el hombre en
equilibrio ya tiene parte de su fuerza interior renovada y despierta, encuentra que puede desafiar las
circunstancias que el destino le presenta con toda su concentración, sinceridad y justicia.
Ya puede llegar al fondo de los problemas, encontrar sus causas, y solucionarlos de raíz, de
una vez y para siempre. La fuerza interior nos motiva para ver con claridad la causa de las
circunstancias, los hilos del destino; y por primera vez en la vida siente que su atención es como un
ojo, o como un radar que percibe las causas y efectos que controlan todos los acontecimientos, y que
funciona desde su frente. También siente que su voluntad es como una fuerza física, como algo
indefinido pero real que puede proyectarse, y que fluye desde el punto de aliento.
CAPITULO 5: LA PRACTICA.
Lo ideal es practicar wu wei tres veces por día; al amanecer y al atardecer la fuerza
exterior es más accesible, así que estos momentos deberían ser aprovechados. Si no es posible,
conviene por lo menos practicar antes de cada comida o una hora después, cuando ya no se sienta
pesadez en el estómago.
La ley es simple, practicar cuando realmente se tengan ganas. De nada sirve practicar
sin ganas. El tiempo de cada práctica oscila entre 10 y 30 minutos. La práctica se realiza el primer
mes sentado, no de pie y menos acostado. Y lo más importante, no pensar en lo que uno va a
lograr, sólo en el presente, sólo en lo que siente ahora, en el momento. Hay que disfrutar la
práctica, como cuando se está flotando en el agua, disfrutar cada movimiento, cada respiración, sin
tratar de lograr nada, porque eso sólo crearía ansiedad.
Es factible que después de un mes de práctica, ya logre concentrarse y sentir el
bienestar en cuestión de segundos. En ese caso ya puede practicar de pie. Existen ciertas artes
orientales como el tai chi y el chi kon en que los practicantes se ejercitan de pie, con movimientos
lentos y armoniosos. Estas artes fueron creadas para despertar la fuerza interior.
Cuando llegue a concentrarse en pocos segundos, puede intentarlo de pie, relajando lo
más posible todo el cuerpo, respirando con suavidad, y dejando que su mente se disuelva en el
infinito. A los pocos días de práctica lo logrará, y automáticamente podrá llegar a las etapas de paz,
armonía y equilibrio.
Cuando lleguen estas etapas aprenderá a aprovechar momentos de su vida que antes se
consideraban perdidos, tales como esperar que lo atiendan en algún lugar, o viajar de pie en un
tren, o cualquier situación de espera. En esos casos hay que pararse muy derecho sobre ambos
pies pero con las rodillas apenas dobladas y si es posible los brazos caídos, sin encorvar la
espalda o los hombros hacia adelante. En esa posición hay que liberar el cuerpo y la respiración y
dejarse llevar por el bienestar. Es muy común que en esa postura aparezca la sensación de que nos
fundimos en el infinito. Eso es un aspecto de la tercer etapa, la armonía.
Con más práctica aprenderá a caminar haciendo wu wei. En este caso se siguen las
mismas reglas que cuando practicamos de pie con un agregado. Lo nuevo de esta práctica es el
arte de dar cada paso siguiendo el ritmo exacto que el cuerpo nos pida, ni un poquito más
despacio, ni un poquito más rápido.
Debemos caminar a nuestro ritmo, con los brazos sueltos y liberando la vista, es decir,
mirando hacia adelante pero sin tratar de interpretar lo que vemos. Por eso al principio conviene
practicarlo solo, de modo que nadie nos apure o nos distraiga de nuestro ritmo. Con más práctica es
posible seguir el ritmo de otros sin perder la armonía.
Tal vez, la etapa más importante sea la del trabajo. En efecto, es posible trabajar en perfecta
armonía, sobre todo, en cualquier trabajo rítmico y ordenado. Hay que buscar por todos los medios la
forma de adecuar su trabajo a un régimen rítmico y ordenado, al menos, en un principio, durante unos
minutos por día.
Si usted logra trabajar al menos durante unos minutos por día en perfecta armonía, notará al
final del día de trabajo que no se siente tan cansado. Para aumentar el tiempo de trabajo rítmico y
ordenado, necesitará de alguna estrategia, pero bien vale la pena el esfuerzo. Los cambios apreciables
de esta práctica son un menor cansancio, una mejor relación con la gente y sorprendentemente una
fuerte tendencia a no aburrirse, enojarse u ofenderse.
Finalmente puede aplicarse wu wei a todos los órdenes de la vida. Si usted se acostumbra a
actuar con concentración, sinceridad y justicia, todas las cosas le reportarán a la larga la recompensa
adecuada, no como premios que se puedan considerar fortuna, sino como un estado de plenitud y
comprensión de las leyes que rigen nuestro destino.
CAPITULO 6: LAS ETAPAS SUPERIORES.
Las tres etapas superiores son, como dijimos anteriormente:
FIRMEZA: el practicante siente que la fuerza interior sube por su columna vertebral y baja
por el frente, formando un circuito que se establece cada vez con más energía a medida que uno se
deja llevar por la firmeza.
FUERZA: cuando la firmeza llega a un máximo se empieza a sentir realmente la fuerza
interior fluyendo dentro nuestro, a tal punto que es posible aguantar fuertes golpes sin sufrir el menor
daño. A su vez puede uno dañar con facilidad a otras personas, y es por eso que en estas etapas
resulta imprescindible un maestro que nos enseñe a conservar un estricto equilibrio emocional. Esta
etapa se puede comparar a un hombre que sube a una escalera muy alta y muy delgada. Si uno sube
un poquito puede darse el lujo de moverse bruscamente o con errores gruesos sin riesgo alguno, pero
cuanto más alto se sube, más delicado es el equilibrio y más perfectos deberían ser nuestros
movimientos para evitar la caída.
SABIDURIA Y PODER: no pueden ir separados, invariablemente van juntos. En esta etapa
uno ve los hilos que rigen el destino y puede aliarse con ellos
modificando así la fatalidad. Si se pudiera llegar a estas etapas sin la preparación espiritual adecuada,
sería desastroso.
También se llega a esta etapa como a todas las demás, dejándose llevar por la fuerza. El
entrenamiento del maestro consiste en comprender e interpretar el funcionamiento de la naturaleza
humana. Este funcionamiento se explica fácilmente con el triángulo de oro de los antiguos alkimistas,
presentado en la figura superior. Ya hemos dicho anteriormente que la concentración, sinceridad y
justicia son las virtudes que le dan poder a nuestros actos.
Por último cabe destacar que el despertar de la fuerza en las etapas inferiores puede
lograrse con los datos que aquí he presentado. Estos ejercicios son muy benéficos y no tienen
contraindicaciones. Pero en las etapas superiores hace falta la guía de un maestro porque la fuerza
interior arrasa con todo, nos cambia de plano la forma de vida y cualquier error puede producir
extrañas enfermedades físicas o psicológicas y hasta la muerte. Yo mismo he conocido a varias
personas que han enfermado por un mal manejo de la energía y conocí indirectamente algunos casos
de muerte.
El control de la fuerza interior no es un juego, es un arte muy poderoso y delicado que
comprende una filosofía llamada La Ciencia del Bien y del Mal. El maestro enseña cómo la sensación
de fortuna y desgracia son interpretaciones mentales que dependen del estado de conciencia.
Los verdaderos valores, los que realmente alimentan la fuerza, son los del eje central de
esta cruz, el amor o el odio. El espíritu no interpreta, sólo puede sentir amor, justicia u odio. En cambio
la barra mental, que en ésta figura es la horizontal, interpreta a la fortuna como el verdadero bien y a la
desgracia como el verdadero mal, todo lo cual no es correcto. El verdadero bien es el amor, el
verdadero mal es el odio, y la justicia es el punto de enlace entre la mente y el espíritu.
Pero sólo cuando estamos preparados se presenta algún ser que nos inspira la mayor
confianza, y que da muestras de estar en perfecta armonía con sí mismo y con el mundo, y así se
mantienen las dinastías de maestros y aprendices. Mientras tanto tenemos otros dos maestros que son
nuestra conciencia y nuestra experiencia.
Por encima del amor está Tao, lo absoluto, lo incomprensible, lo máximo; a su vez, por
debajo del odio está la abulia, la indiferencia total, lo peor de todo. Todo lo que se pide es sinceridad y
justicia, de allí en más todo se desata solo para despertar correctamente la fuerza interior y descubrir
un mundo maravilloso.
Yo no tengo poderes
el Poder me tiene a Mí
y nos tiene a todos.
Pero todos lo anulamos
lo refrenamos y desviamos
imponiendo nuestros deseos,
intereses y sentimientos.
Sólo el Sabio se detiene,
permanece en profunda paz
entonces percibe la verdad
actúa con respeto, firmeza
y por eso ejerce la justicia.
Así, el Poder fluye en El.
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