23º Dom. T. O. Ciclo B
Ábrete
Abre, Señor, mis oídos
para escuchar atento
a quien está solo y perdido,
para que perciba
quién necesita ser atendido,
para que distinga la voz
de quién busca una palabra de amigo.
Abre, Señor, mis labios
para anunciar con sencillez
las experiencias que me dan sentido,
para transmitir a otros
la Buena Noticia que de Ti he recibido,
para establecer cauces de comunicación
y crear ambientes
de esperanza y optimismo,
para ser el eco de la reivindicación
de los excluidos.
Abre, Señor, mis manos
para entregar la vida en amor compartido,
para ofrecer generoso
mi tiempo, mis bienes y mi compromiso.
Abre, Señor, mi entendimiento
para comprender que estás a mi lado
guiando mis caminos,
fortaleciendo mis decisiones
y encauzándome cuando me desvío.
Abre, Señor, mi corazón
para que sea sensible, sincero,
misericordioso y compasivo.
Ayuda, Señor, a crear caminos de
comunicación y de encuentro…
- en los distintos grupos dentro de
la Iglesia, para buscar lo que une,
y dar testimonio de comunión y
coherencia.
-
en las naciones que sufren el
dolor, el enfrentamiento y las
guerras. Que se abran cauces de
paz, de diálogo y de reconciliación
para superar las diferencias.
-
en las familias desunidas y en las
crisis de las parejas. Que el amor
sea más fuerte y sirva para
resolver las situaciones
complejas.
-
en las distintas culturas y etnias.
Que haya un mayor conocimiento
mutuo, compartiendo la riqueza de
sus tradiciones y experiencias.
-
en la sociedad donde conviven
tantas formas de vivir diversas.
Que haya respeto, y anhelo de
buscar del bien común en los
problemas que a todos afectan.
Hay milagros. Salomé Arricibita
https://youtu.be/mxcJ-ieZAQg
La vida es convivencia y comunicación. Sólo así nos desarrollamos plenamente. Por eso hace falta saber escuchar y hablar. Cuando esto
no es posible se deteriora la capacidad de relación, de encuentro, de comunión… Jesús, atento siempre a las personas más necesitadas y
vulnerables reinserta en la sociedad a un sordomudo, devolviéndole el oído y el habla. Y él, agradecido, alaba las maravillas de Dios.
En la Palabra de este día puedo fijarme en algunas actitudes y gestos que me ayuden a profundizar en mi camino de fe.
 Pongo mi mirada en el sordomudo. Es ejemplo de debilidad y dependencia. Tiene anuladas algunas capacidades fundamentales para
relacionarse. Aislado, solitario, incomunicado… Puedo tomar conciencia de mis “sorderas” y mi “mudez”. Hay muchas cosas que no
percibo, realidades ante las que paso de largo, personas con las que no me comunico ni me trato… Muchas veces me encierro en mi
pequeño mundo y no soy consciente de lo que hay a mi lado. ¿Vivo encerrado en mí mismo o disponible a los demás? ¿En que tengo
que esforzarme para ser más sensible a lo que ocurre a mi alrededor?
 Pongo mi mirada en Jesús. Muestra cercanía e implicación. Propicia el encuentro y la relación personal. No tiene miedo a “tocar”. Es
más, me recuerda que sólo “tocando” la realidad sufriente ésta puede ser cambiada y liberada. Eleva la mirada al cielo, en forma de
plegaria, buscando en Dios la fuerza que le alimenta y le acompaña. Pronuncia una palabra de curación y liberación
 “Ábrete”, también hoy me dice Jesús, haz el esfuerzo de escuchar y hablar más allá de lo acostumbrado. Buscar nuevas formas de
encuentro y lugares donde descubra algo sorprendente, enriquecedor, inesperado… Puedo pedirle a Dios que me ayude a tener una
escucha de calidad: estar atento, disponible, dedicando tiempo y amabilidad.
 Escuchar de verdad. Es un gesto lleno de respeto hacia el otro, de acercamiento, de interés por lo que le puede preocupar. A veces “me
hago el sordo” y me desentiendo de las cosas y las personas, mejor no enterarme, me inhibo y así no me tengo que implicar. ¿Identifico
alguna situación en la que actúo así? A veces reconozco que hay personas, colectivos, pueblos, realidades… que “claman al cielo”. Es
ahí donde tengo que saber escuchar a Dios que me está pidiendo no desentenderme ante la injusticia, el hambre, el sufrimiento, la
pobreza, el dolor humano…
 Hablar es dirigir la palabra, comunicar, compartir con otro lo que llevo en mi interioridad, es un gesto de amor. Por eso, los que dejan de
amarse, dejan de hablarse. “No nos hablamos” escuchamos a veces y quiere decir que han dejado de compartir pensamientos, valores,
sentimientos, proyectos, creencias… todo aquello que crea relaciones profundas.
 Dice el refrán: “hablando (y escuchando) se entiende la gente”. Le pido a Dios que me ayude a desarrollar ambas capacidades para
crear ámbitos de entendimiento, de comunicación, de encuentro, de fraternidad.
Que los sordos dejen de hacerse los sordos,
que se limpien los oídos
y salgan a las plazas y caminos;
que se atrevan a oír lo que tienen que oír,
el grito y el llanto, la súplica y el silencio
de todos los que ya no aguantan.
Que los mudos tomen la palabra
y hablen clara y libremente
en esta sociedad confusa y cerrada;
que se quiten miedos y mordazas
y se atrevan a pronunciar las palabras
que todos tienen derecho a oír:
las que nombran, se entienden y no engañan.
¡Danos oídos atentos y lenguas desatadas!
Que nadie deje de oír
el clamor de los acallados,
ni se quede sin palabra
ante tantos enmudecidos.
Tímpanos que se conmuevan
para los que no oyen.
Palabras vivas para los que no hablan.
Micrófonos y altavoces sin trabas ni filtros
para pronunciar la vida,
para escuchar la vida y acogerla.
¡Que los sordos oigan y los mudos hablen!
Que se rompan las barreras
de la incomunicación humana
en personas, familias, pueblos y culturas.
Que todos tengamos voz cercana y clara
y seamos oyentes de la Palabra
en las palabras.
Que construyamos redes firmes
para el diálogo, el encuentro y el crecimiento
en diversidad y tolerancia.
¡Danos oídos atentos y lenguas desatadas!
Que se nos destrabe la lengua
y salga de la boca la Palabra inspirada.
Que se nos abran los oídos para recibir
la Palabra salvadora ya pronunciada,
y en lo más hondo de nuestras entrañas.
Que se haga el milagro en los sentidos
de nuestra condición humana
para recobrar la dignidad y la esperanza.
[F.U.]
Lectura del libro de Isaías
(35,4-7a):
Decid a los cobardes de corazón:
«Sed fuertes, no temáis.
Mirad a vuestro Dios
que trae el desquite,
viene en persona,
resarcirá y os salvará.»
Se despegarán los ojos del ciego,
los oídos del sordo se abrirán
saltará como un ciervo el cojo,
la lengua del mudo cantar.
Porque han brotado aguas
en el desierto,
torrentes en la estepa el páramo
será un estanque,
lo reseco un manantial.
Salmo 145,7.8-9a.9bc-10
R/. Alaba, alma mía, al Señor
Que mantiene su fidelidad
perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R/.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos. R/.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad. R/.
Lectura de la carta del apóstol Santiago
(2,1-5):
Lectura del santo evangelio según san Marcos
(7,31-37):
No juntéis la fe en nuestro Señor
Jesucristo glorioso con el favoritismo.
Por ejemplo: llegan dos hombres
a la reunión litúrgica.
Uno va bien vestido
y hasta con anillos en los dedos;
el otro es un pobre andrajoso.
Veis al bien vestido y le decís:
«Por favor, siéntate aquí,
en el puesto reservado.»
Al pobre, en cambio:
«Estáte ahí de pie
o siéntate en el suelo.» Si hacéis eso,
¿no sois inconsecuentes
y juzgáis con criterios malos?
Queridos hermanos, escuchad:
¿Acaso no ha elegido Dios a los pobres
del mundo para hacerlos ricos en la fe
y herederos del reino,
que prometió a los que lo aman?
En aquel tiempo,
dejó Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón,
camino del lago de Galilea,
atravesando la Decápolis.
Y le presentaron un sordo que, además,
apenas podía hablar;
y le piden que le imponga las manos.
Él, apartándolo de la gente a un lado,
le metió los dedos en los oídos
y con la saliva le tocó la lengua.
Y, mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá», esto es: «Ábrete.»
Y al momento se le abrieron los oídos,
se le soltó la traba de la lengua
y hablaba sin dificultad.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie;
pero, cuanto más se lo mandaba,
con más insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien;
hace oír a los sordos y hablar a los mudos.»
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