Objetivos Específicos
 Relatar cómo se realiza la separación del alma y del cuerpo.
 Citar factores que aceleran o retardan el desligamiento espiritual.
 Decir cómo se produce la separación del alma del cuerpo en el caso de los
suicidas.
ESDE
Prog IV
Guía 17 El alma después de la Muerte: separación del Alma y del cuerpo.
Introducción

Al iniciar el estudio pedir a los participantes de la reunión que respondan la siguiente pregunta:
¿Qué diferencia existe entre la muerte natural y la del suicida?
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Desarrollo
 Oír las respuestas, comentándolas brevemente.
 Pedirles que se dividan en grupos y realicen lo siguiente:
Nro. Grupo
Actividad
01
Leer y reflexionar, hacer comentarios y resumen de los ítems 01 a 05,
cap. 01, 2ª. Parte de «El cielo y el Infierno».
02
Ídem de los ítems 07 a 10 de «El Cielo y el Infierno».
03
Ídem de los ítems 11 a 15 de «El Cielo y el Infierno».
04
Ídem de las preguntas 154 a 158 de «El Libro de los Espíritus».
05
Ídem de las preguntas 159 a 162 de «El Libro de los Espíritus».
 Solicitar a los relatores de los grupos que lean el resumen de estudio realizado.
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Prog IV
Guía 17 El alma después de la Muerte: separación del Alma y del cuerpo.
Conclusión
Realizar la integración final de la reunión, citando otras obras existentes en la
literatura espírita, que traten acerca del asunto estudiado, como las siguientes:

«La Crisis de la Muerte» de Ernesto Bozzano -FEB «Volví» del Espíritu
Hermano Jacobo, psicogr. F.C. Xavier – FEB.

«Qué es la Muerte» de Carlos Imbassahy – Edicel.

«La Muerte y su Misterio» de Camille Flamarión – FEB. del asunto.
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Prog IV
Guía 17 El alma después de la Muerte: separación del Alma y del cuerpo.
SEGUNDA PARTE
EJEMPLOS
CAPÍTULO I
Grupo Nro 01
EL TRÁNSITO
Item 01 a 05
1. – La confianza en la vida futura no excluye los temores del
tránsito de esta vida a la otra. Muchas personas no temen a la
muerte por la muerte en sí; lo que temen es el momento de la
transición. ¿Se sufre o no se sufre en la travesía? He aquí lo que
les inquieta; y esto es de tanta importancia, porque nadie puede
evitarla. Puede uno dejar de hacer un viaje terrestre; pero aquí,
tanto ricos como pobres, deben dar ese paso y si fuere doloroso,
ni el rango ni la fortuna pueden endulzar su amargura.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 01 a 05
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2. – Al ver la calma de ciertas muertes y las terribles convulsiones de la agonía en
algunas otras, se puede ya considerar que las sensaciones no son siempre las mismas;
pero, ¿quién puede informarnos al respecto? ¿Quién nos describirá el fenómeno
fisiológico de la separación del alma y del cuerpo? ¿Quién nos dirá las impresiones que
se sienten en ese instante supremo? Sobre este punto, la ciencia y la religión
enmudecen.
Y eso, ¿por qué? Porque falta, a la una y a la otra, el conocimiento de las leyes que
rigen las relaciones del Espíritu y de la materia; la una se detiene en el umbral de la vida
espiritual, la otra en el de la vida material. El Espiritismo es el lazo de unión entre las
dos; solo él puede decir como se opera la transición, ya sea por las nociones más
positivas que da de la naturaleza del alma, ya por lo que dicen los que han dejado la
vida. El conocimiento del lazo fluídico que une el alma y el cuerpo es la clave de este
fenómeno, como de otros muchos.
3. – La materia inerte es insensible: este es un hecho positivo; sólo el alma
experimenta las sensaciones de placer y de dolor. Durante la vida, toda desagragación
de la materia repercute en el alma,
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 01 a 05
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que recibe por ello una impresión más o menos dolorosa. El alma es la que sufre y no el
cuerpo; este no es más que el instrumento del dolor: el alma es el paciente. Después de
la muerte, estando el cuerpo separado del alma, puede ser impunemente mutilado,
porque nada siente; el alma, cuando está aislada, no sufre por la desorganización de este
último; tiene sus sensaciones propias, cuyo origen no está en la materia tangible.
El periespíritu es la envoltura fluídica del alma, de la cual no se separa ni antes ni
después de la muerte, y con la cual no forma, por decirlo así, más que uno, porque no
puede concebirse la una sin el otro. Durante la vida, el fluido periespiritual penetra en el
cuerpo, en todas sus partes, y sirve de vehículo a las sensaciones físicas del alma; por
este mismo intermediario obra también el alma sobre el cuerpo y dirige sus movimientos.
4. – La extinción de la vida orgánica causa la separación del alma y del cuerpo, por la
ruptura del lazo fluídico que los une; pero esta separación jamás es brusca; el fluido
periespiritual se separa poco a poco de todos los órganos, de suerte que la separación
no es completa y absoluta sino cuando no queda un solo átomo del periespíritu unido a
una molécula del cuerpo.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 01 a 05
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La sensación dolorosa, que el alma experimenta en este momento, está en razón de la
suma de los puntos de contacto que existen entre el cuerpo y el periespíritu, y de la
mayor o menor dificultad y lentitud que presenta la separación. No es preciso, pues,
disimular que, según las circunstancias, la muerte puede ser más o menos penosa. Estas
diversas circunstancias son las que vamos a examinar.
5. – Sentemos primero, como principio, los cuatro casos siguientes, que se pueden
mirar como las situaciones extremas, entre las cuales hay una multitud de matices: 1º Si
en el momento de la extinción de la vida orgánica la separación del periespíritu estuviese
completamente operada, el alma no sentiría absolutamente nada; 2º Si, en ese momento,
la cohesión de los dos elementos está en toda su fuerza, se produce una especie de
rasgadura que obra dolorosamente sobre el alma; 3º Si la cohesión es débil, la
separación es fácil y se verifica sin sacudidas; 4º Si, después de la cesación completa de
la vida orgánica, existen todavía numerosos puntos de contacto entre el cuerpo y el
periespíritu, podrá el alma sentir los efectos de la descomposición del cuerpo hasta que
el lazo se rompa enteramente.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 01 a 05
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De esto resulta que el sufrimiento, que acompaña a la muerte, está subordinado a la
fuerza de adherencia que une el cuerpo y el periespíritu; que todo lo que pueda
amenguar esta fuerza y favorecer la rapidez de la separación hace el tránsito menos
penoso; en fin, que si la separación se opera sin ninguna dificultad, el alma no siente
ninguna sensación desagradable.
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SEGUNDA PARTE
EJEMPLOS
CAPÍTULO I
Grupo Nro 02
EL TRÁNSITO
Item 07 a 10
7. – El momento del último suspiro no es, pues, el más penoso,
porque ordinariamente el alma no tiene conciencia de sí misma;
pero antes, sufre por la desagregación de la materia durante las
convulsiones de la agonía, y después, por las angustias de la
turbación. Apresurémonos a decir que este estado no es general.
La intensidad y la duración de este sufrimiento están, como
hemos dicho, en razón de la afinidad que existe entre el cuerpo y
el periespíritu;
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 07 a 10
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cuanto más grande es esta afinidad, mayor es aquél y más penosos son los esfuerzos
del Espíritu para separarse de sus lazos; pero hay personas en las cuales la cohesión es
tan débil que la separación se opera por sí misma y naturalmente. El Espíritu se separa
del cuerpo como un fruto maduro cae de su tallo; este es el caso de las muertes serenas
y de sueños apacibles.
8. – El estado moral del alma es la causa principal que influye sobre la mayor o menor
facilidad de la separación. La afinidad entre el cuerpo y el periespíritu está en razón del
apego del Espíritu a la materia; está en su máximum en el hombre cuyas preocupaciones
se concentran todas en la vida y goces materiales: es casi nula en aquél cuya alma
purificada se ha identificado por anticipación con la vida espiritual. Puesto que la lentitud
y la dificultad de la separación están en razón del grado de depuración y de
desmaterialización del alma, depende de cada uno hacer el tránsito más o menos fácil o
penoso, agradable o doloroso.
Sentado esto, a la vez como teoría y como resultado de la observación, nos queda
por examinar la influencia del género de muerte sobre las sensaciones del alma en el
último momento.
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9. – En la muerte natural, la que resulta de la extinción de las fuerzas vitales o de la
enfermedad, la separación se opera gradualmente; en el hombre cuya alma está
desmaterializada y cuyos pensamientos se han desprendido de las cosas terrestres, la
separación es casi completa antes de la muerte real; el cuerpo vive aún la vida orgánica
cuando el alma ha entrado ya en la vida espiritual, y no está ligada al cuerpo sino por un
lazo tan débil que se rompe sin dificultad al último latido del corazón. En esta situación, el
Espíritu puede ya haber recobrado su lucidez y ser testigo consciente de la extinción de
la vida de su cuerpo, considerándose feliz por haberse librado de él; para él, la turbación
es casi nula; solo es un momento de sueño pacífico, del cual sale con inefable impresión
de felicidad y esperanza.
En el hombre material y sensual, aquél que ha vivido más para el cuerpo que para el
Espíritu, para quien la vida espiritual es nada, ni siquiera una realidad en su pensamiento,
todo ha contribuido a estrechar más los lazos que le adhieren a la materia, nada ha
contribuido a aflojarlos durante la vida. Al aproximarse la muerte, la separación se hace
también por grados, pero con esfuerzos continuados.
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Las convulsiones de la agonía son indicios de la lucha que sostiene el Espíritu que a
veces quiere romper los lazos que le retienen, y otras veces se aferra a su cuerpo, del
cual una fuerza irresistible le arranca violentamente, parte por parte.
10. – El Espíritu se adhiere tanto más a la vida corporal, cuanto no ve nada más allá;
siente que se le escapa y quiere retenerla; en lugar de abandonarse al movimiento que le
arrastra, resiste con todas sus fuerzas; puede así prolongar la lucha durante días,
semanas y meses enteros. Sin duda, en este momento el Espíritu no tiene toda su
lucidez; la turbación ha comenzado mucho tiempo antes de la muerte, pero por esto no
sufre menos, y la vaguedad en que se encuentra, la incertidumbre de lo que irá a ser de
él, aumentan sus angustias. La muerte llega y no se ha acabado todo; la turbación
continúa; siente que vive, pero no sabe si es la vida material o la vida espiritual; lucha
todavía hasta que las últimas ligaduras del periespíritu se rompen. La muerte ha puesto
término a la enfermedad efectiva, pero no ha detenido sus consecuencias. Mientras
existen puntos de contacto entre el cuerpo y el periespíritu, el Espíritu siente las
impresiones de aquél y sufre.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 07 a 10
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SEGUNDA PARTE
CAPÍTULO I
Grupo Nro 03
EL TRÁNSITO
Item 11 a 15
11. – Muy diferente es la posición del Espíritu desmaterializado,
aun en las más crueles enfermedades. Siendo muy débiles los
lazos fluídicos que le unen al cuerpo, se rompen sin ninguna
sacudida; después su confianza en el porvenir, que ha entrevisto ya
con el pensamiento, algunas veces también en realidad, le hace
encarar la muerte como una liberación y sus males como una
prueba; de lo que resulta para él una calma moral y una
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resignación que endulzan el sufrimiento. Después de la muerte,
rotos estos lazos en el mismo instante, ninguna reacción dolorosa se opera en él; se
siente, en su despertar, libre, dispuesto, aliviado de un gran peso y sobre todo contento
porque no sufre ya.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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12. – En la muerte violenta, las condiciones no son exáctamente las mismas. Ninguna
desagregación parcial ha podido traer una separación preliminar entre el cuerpo y el
periespíritu; la vida orgánica, en toda su fuerza, se detiene repentinamente; la separación
del periespíritu no comienza, pues, sino después de la muerte, y en este caso como en
los otros, no puede operarse instantáneamente. El Espíritu, tomado de sorpresa, está
como aturdido; pero sintiendo que piensa se cree aún vivo, y esta ilusión dura hasta que
se da cuenta de su posición. Este estado intermedio entre la vida corporal y la vida
espiritual es uno de los más interesantes para el estudio; porque presenta el singular
espectáculo de un Espíritu que toma su cuerpo fluídico, por su cuerpo material, y que
experimenta todas las sensaciones de la vida orgánica. Ofrece una variedad infinita de
matices, según el carácter, los conocimientos y el grado de adelantamiento moral del
Espíritu. Es de corta duración para aquellos cuya alma está depurada, porque en ellos
había un desprendimiento anticipado y del cual la muerte, aun la más súbita, no hace
más que apresurar su realización; en otros puede prolongarse durante años. Este estado
es muy frecuente, aun en los casos de muerte ordinaria, y para algunos no tiene nada
penoso, según las cualidades del Espíritu; pero para otros es una situación terrible.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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En el suicidio sobre todo, ésta es la posición más penosa. Reteniendo el cuerpo al
periespíritu por todas sus fibras, todas las convulsiones del mismo repercuten en el alma
y por esto siente atroces sufrimientos.
13. – El estado del Espíritu en el momento de la muerte puede resumirse así:
El Espíritu sufre tanto más cuanto más lento es el desprendimiento del cuerpo; la
prontitud del desprendimiento está en razón del grado de adelantamiento del Espíritu;
para el Espíritu desmaterializado, cuya conciencia es pura, la muerte es un sueño de
algunos instantes, exenta de todo sufrimiento y cuyo despertar se efectúa con toda
suavidad.
14. – Para trabajar por su depuración, reprimir las malas tendencias, vencer las
pasiones, es preciso ver las ventajas en el porvenir; para identificarse con la vida futura,
dirigir hacia ella las aspiraciones y preferirla a la vida terrestre, es necesario no solo creer
en ella sino comprenderla; es necesario representársela bajo un aspecto satisfactorio
para la razón, en completa concordancia con la lógica, el buen sentido y la idea que uno
se forma de la grandeza, de la bondad y de la justicia de Dios.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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De todas las doctrinas filosóficas, el Espiritismo es la que ejerce, en este aspecto, la más
poderosa influencia por la fe inquebrantable que da.
El espírita serio no se limita a creer; cree porque comprende y comprende porque se
dirige a su entendimiento; la vida futura es una realidad que va desarrollándose sin cesar
ante sus ojos; la ve y la toca, por decirlo así, en todos los instantes; la duda no puede
entrar en su alma. La vida corporal, tan limitada, se borra para él ante la vida espiritual,
que es la verdadera vida; de ahí el poco caso que se hace de los incidentes del camino y
su resignación en las vicisitudes, de las cuales comprende la causa y la utilidad. Su alma
se eleva por las relaciones directas que mantiene con el mundo invisible; los lazos
fluídicos que le unen a la materia se debilitan y así opera un primer desprendimiento
parcial que facilita el tránsito de esta vida a la otra. La turbación, inseparable de la
transición, dura poco tiempo, porque tan pronto como se ha franqueado el paso, se
reconoce a sí mismo; nada le es extraño; tiene conciencia de su situación.
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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15. – El Espiritismo, ciertamente, no es indispensable para obtener este resultado; así
pues, no tiene la pretensión de que solo él puede asegurar la salvación del alma, pero la
facilita por los conocimientos que proporciona, los sentimientos que inspira y las
disposiciones en las cuales coloca al Espíritu, a quien hace comprender la necesidad de
mejorarse. Por otra parte, da a cada uno los medios de facilitar el desprendimiento de
otros Espíritus, en el momento en que dejan la envoltura terrestre, y de abreviar el
término de la turbación por la plegaria y la evocación. Por la oración sincera, que es una
magnetización espiritual, se provoca una desagregación más pronta del fluido
periespiritual; por una evocación conducida con sabiduría y prudencia y animándolo con
palabras de benevolencia, se saca al Espíritu del entorpecimiento en que se encuentra, y
se le ayuda a reconocerse más pronto, si está sufriendo, se le incita al arrepentimiento,
pues solamente él puede abreviar los sufrimientos (1).
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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_____________
(1) Los ejemplos que vamos a citar presentan a los Espíritus en diferentes fases de felicidad y
de infelicidad de la vida espiritual. No hemos ido a buscarlos en los personajes más o menos
ilustres de la antigüedad, cuya posición ha podido cambiar considerablemente desde la
existencia que se les ha conocido y que por otra parte no ofrecían pruebas suficientes de
autenticidad. Los hemos tomado de las circunstancias más comunes de la vida
contemporánea, porque son aquellas que cada uno puede encontrar más asimilables, y de
donde se pueden sacar las instrucciones más provechosas para la comparación. Cuanto más
cerca está de nosotros la existencia terrestre de los Espíritus, por la posición social, las
relaciones y los lazos de parentesco tanto más nos interesan y más fácil es comprobar su
identidad.
Las posiciones vulgares son las del mayor número, por eso cada uno puede aplicárselas
más fácilmente; las posiciones excepcionales tocan menos, porque salen de la esfera de
nuestras costumbres. Pues esas no son las ilustraciones que procuramos; si en estos
ejemplos se encuentran algunas individualidades conocidas, la mayor parte son
completamente obscuras;
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Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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nombres resonantes nada hubieran añadido a la instrucción y habrían podido herir ciertas
susceptibilidades. No nos dirigimos a los curiosos o a los que son amigos del escándalo, sino
a los que quieren instruirse seriamente.
Estos ejemplos podrían ser multiplicados hasta lo infinito; pero, para limitar el número,
escogimos a aquellos que podían dar más luz sobre el estado del mundo espiritual, ya por la
posición del Espíritu, ya por las explicaciones que en el caso podían dar. La mayor parte son
inéditos; sólo algunos se han publicado ya en la Revista Espírita; hemos suprimido de éstos
los detalles superfluos, no conservando más que las partes esenciales a los objetivos que nos
propusimos aquí, y hemos añadido a ellos las instrucciones complementarias, que pudieron
ocurrir ulteriormente.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El cielo y el Infierno». Cap 01, 2ª. Parte. Item 11 a 15
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CAPÍTULO III
REGRESO DE LA VIDA CORPORAL
A LA VIDA ESPIRITUAL
Grupo Nro 04
SEPARACIÓN DEL ALMA Y DEL CUERPO
Preg 154 a la 158
154 – ¿Es dolorosa la separación del alma y del cuerpo?
– No, y con frecuencia sufre más el cuerpo durante la vida que
en el momento de la muerte, pues el alma no toma parte en ello.
Los sufrimientos que a veces experimenta en el momento de la
muerte, son un placer para el Espíritu, que ve llegar el fin de su
exilio .
En la muerte natural, que llega por agotamiento de los órganos,
a consecuencia de la edad, el hombre deja la vida sin percibirlo. Es
como una lámpara que se apaga por falta de alimentación.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 154 a la 158
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155 – ¿Cómo se opera la separación del alma y del cuerpo?
– Rotos los lazos que la retenían, se libera.
– ¿La separación se opera instantáneamente y en virtud de una transición brusca?
¿Existe una línea de demarcación muy nítida entre la vida y la muerte?
– No; el alma se libera gradualmente y no se escapa como el pájaro cautivo que gana
de súbito la libertad. Esos dos estados se tocan y se confunden; así el Espíritu se libera
poco a poco de sus lazos, que se desatan y no se rompen.
Durante la vida, el espíritu está ligado al cuerpo por su envoltura semimaterial o
periespíritu. La muerte no es más que la destrucción del cuerpo y no la de esa segunda
envoltura que se separa del cuerpo cuando cesa en éste la vida orgánica. La observación
prueba que en el instante de la muerte el desprendimiento del periespíritu no se completa
súbitamente; sino que se opera gradualmente y con una lentitud que varía mucho según
los individuos. Para algunos es muy rápido y puede decirse que el momento de la muerte
es el del desprendimiento, algunas horas después.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 154 a la 158
2/5
Para otros, sobre todo aquellos, cuya vida ha sido completamente material y
sensual, el desprendimiento es mucho menos rápido y dura a veces días, semanas y
hasta meses, lo que no implica que exista en el cuerpo la menor vitalidad ni la posibilidad
del regreso a la vida, sino una simple afinidad entre el cuerpo y el espíritu, afinidad que
está siempre en proporción de la preponderancia que durante la vida ha dado el espíritu
a la materia. En efecto, es racional concebir que cuanto más se identifica el espíritu con
la materia, más sufre al separarse de ella. Al paso que la actividad intelectual y moral, la
elevación de pensamientos, opera un principio de liberación incluso durante la vida del
cuerpo y cuando llega la muerte, es casi instantánea. Tal es el resultado de los estudios
hechos sobre todos los individuos observados en el momento de la muerte. Estas
observaciones prueban también que la afinidad, que en ciertos individuos persiste entre
el alma y el cuerpo, es a veces muy penosa porque el espíritu puede experimentar el
horror de la descomposición. Este caso es excepcional y peculiar de ciertas clases de
vidas y de muertes y se observa en algunos suicidas.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 154 a la 158
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156 – La separación definitiva del alma y del cuerpo, ¿puede ocurrir antes de que
cese completamente la vida orgánica?
– A veces en la agonía el alma ya abandonó el cuerpo y no existe más que la vida
orgánica. El hombre no tiene ya conciencia de sí mismo, y sin embargo, le queda aún un
soplo de vida. El cuerpo es una máquina que el corazón hace funcionar; existe mientras
el corazón hace circular la sangre en las venas y para ello no necesita del alma.
157 – En el momento de la muerte, ¿siente a veces el alma una inspiración o éxtasis
que le permita entrever el mundo al que va a entrar?
– Con frecuencia el alma siente como se desatan los lazos que la unen al cuerpo, y
entonces hace todos los esfuerzos en romperlos completamente. Separada ya en parte
de la materia, ve el futuro descorrerse ante ella y se alegra, por anticipado de la situación
de Espíritu.
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Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 154 a la 158
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158 – El ejemplo de la oruga que primero se arrastra por la tierra, después se
encierra en su crisálida aparentemente muerta, para renacer a más brillante existencia,
¿puede darnos una idea de la vida terrestre, después la del sepulcro y finalmente de
nuestra nueva existencia?
– Una idea restringida. La imagen es buena, pero es necesario no tomarla al pie de la
letra, como soléis hacerlo.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 154 a la 158
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CAPÍTULO III
REGRESO DE LA VIDA CORPORAL
A LA VIDA ESPIRITUAL
Grupo Nro 05
SEPARACIÓN DEL ALMA Y DEL CUERPO
Preg 159 a la 162
159 – ¿Qué sensación experimenta el alma en el momento
en que se reconoce en el mundo de los Espíritus?
– Depende. Si has hecho mal por deseo de hacerlo, en un
primer momento, te avergonzarás de haberlo hecho. Para el justo
es muy diferente pues se siente como aliviado de un gran peso y
no teme ninguna mirada escudriñadora.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 159 a la 162
18 Abril de 1857
1/3
160 – ¿El Espíritu encuentra inmediatamente a los que conoció en la Tierra y que
murieron antes que él?
– Sí, según el afecto que les tenía y que ellos tenían por él. Con frecuencia lo vienen
a recibir a su regreso al mundo de los Espíritus y lo ayudan a librarse de la influencia de
la materia. Reencuentra, también, a muchos que había perdido de vista durante su
permanencia en la Tierra. Ve a los que están en la erraticidad, a los que están
encarnados y los va a visitar.
161 – ¿En la muerte violenta y accidental, cuando los órganos no están aún
debilitados por la edad o por las enfermedades, la separación del alma y la cesación de
la vida ocurren simultáneamente?
– Generalmente es así, pero en todos los casos es muy corto el momento que los
separa.
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Prog IV
Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 159 a la 162
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162 – Por ejemplo: después de la decapitación, ¿conserva el hombre por algunos
instantes la conciencia de sí mismo?
– Con frecuencia, la conserva durante algunos minutos, hasta que se extinga
completamente la vida orgánica. Pero, también, muchas veces, la expectativa de la
muerte le hace perder esta conciencia antes del instante del suplicio.
Trátase aquí de la conciencia que el ajusticiado pueda tener de sí mismo como
hombre y por mediación de los órganos y no como Espíritu. Si no perdió esta conciencia
antes del suplicio, puede conservarla durante unos instantes de muy corta duración y
cesa necesariamente con la vida orgánica del cerebro, lo que no quiere decir que el
periespíritu esté completamente separado del cuerpo. Por el contrario, en todos los casos
de muerte violenta, cuando no es resultado de la extinción gradual de las fuerzas vitales,
los lazos que unen el cuerpo al periespíritu son más tenaces y la separación completa es
más lenta.
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Guía 17 Libro: «El Libro de los Espíritus». Preg 159 a la 162
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Síntesis del Asunto:
El alma después de la Muerte: separación del Alma y del
cuerpo.
La certeza de la vida futura del Espíritu no excluye la aprehensión en cuanto al
desprendimiento del cuerpo. Hay muchas personas que no temen precisamente a la vida
futura, sino al momento de la muerte. ¿Será doloroso ese momento? ¿Cómo nos
sentiremos?.
Para tratar de aclarar esas cuestiones, Kardec consultó a los Espíritus y recibió de
ellos como esclarecimiento que «(…) el cuerpo casi siempre sufre más durante la vida
que en el momento de la muerte; el alma no toma parte de eso. Los sufrimientos que
algunas experimentan en el instante de la muerte son un gozo para el Espíritu (…). « (01)
Sin embargo, es preciso que consideremos que la liberación del envoltorio físico no
es igual para todos, hay una variación muy grande, tan grande como las diferentes
formas de vivir adoptadas por los encarnados.
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Prog IV
Guía 17 El alma después de la Muerte: separación del Alma y del cuerpo.
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« Cuando se ve la calma de algunos moribundos y las convulsiones terribles de otros,
se puede juzgar por anticipado que las sensaciones experimentadas no siempre son las
mismas. (…)» (03)
La separación del alma se hace de forma gradual, pues el Espíritu se suelta poco a
poco de los lazos que lo retenían, de manera tal que las condiciones de encarnado o
desencarnado, en el momento del desenlace se confunden y se tocan, sin que haya una
línea divisoria entre los dos. Algunos factores pueden influir para que el desprendimiento
ocurra con mayor o menor facilidad, factores que están relacionados con el estado moral
del hombre encarnado.
«(…) La afinidad entre el cuerpo y el periespíritu es proporcional al apego a la
materia, que alcanza su grado máximo en el hombre cuyas preocupaciones
corresponden exclusiva y únicamente a la vida de gozos materiales. Por el contrario, en
las almas que anticipadamente se identifican con la vida espiritual, el apego es casi nulo.
(…)» (04) «Si se trata de muerte natural, resultado de la extinción de las fuerzas vitales
por vejez o enfermedad, el desprendimiento se opera gradualmente;
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Prog IV
Guía 17 El alma después de la Muerte: separación del Alma y del cuerpo.
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para el hombre cuya alma se desmaterializó y cuyos pensamientos se separan de las
cosas terrenas, el desprendimiento casi se completa antes de la muerte real, es decir que
mientras el cuerpo todavía tiene vida orgánica, el Espíritu ya penetra en la vida espiritual,
ligado solamente por un hilo, tan frágil que se rompe con el último latido del corazón. En
el hombre materializado y sensual, que vivió más del cuerpo que del Espíritu y para el
cual la vida nada significa, ni siquiera ha llegado a su pensamiento, todo contribuye a
estrechar los lazos materiales y cuando la muerte se aproxima, también demanda
continuos esfuerzos. Las convulsiones de la agonía son los indicios de la lucha del
Espíritu que a veces procura romper los hilos resistentes y otras se aferran al cuerpo del
cual una fuerza irresistible lo arrebata con violencia, molécula a molécula. « (05)
El desconocimiento de la vida espiritual hace que el Espíritu se apegue a la vida
material, que estreche su horizonte y al resistir su agonía, por días, semanas, meses. En
estos casos, la muerte no es el fin de la agonía, pues la perturbación continúa y el
espíritu siente que vive, sin saber definir su estado; siente el efecto de la enfermedad que
puso fin a sus días y permanece con esa impresión por tiempo indefinido,
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Guía 17 El alma después de la Muerte: separación del Alma y del cuerpo.
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pues está todavía ligado a la materia a través de puntos de contacto entre el periespíritu
y el cuerpo.
Lo contrario ocurre con el hombre que se espiritualizó durante la vida. Después de la
muerte ninguna reacción lo afecta. El despertar en la vida espiritual es como el despertar
de un sueño tranquilo, placentero, para iniciar una nueva fase de su vida. En las muertes
violentas, como son los accidentes, ningún desprendimiento se ha iniciado con
anterioridad a la separación del periespíritu. En este caso, el desligamiento recién
comienza después de la muerte y su término no ocurre con rapidez. El Espíritu queda
aturdido, sin comprender su estado y permanece con la ilusión de que vive materialmente
por un periodo más o menos prolongado, conforme con su nivel de espiritualización.
La separación, en los casos de suicidio es extremadamente dolorosa. Como el
suicidio es un atentado contra la vida, el sufrimiento casi siempre dura un periodo igual al
tiempo en que el Espíritu todavía debería estar encarnado.
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Los dolores de la lesión física provocada repercuten en el Espíritu. La
descomposición del cuerpo, su destrucción por los gusanos, son experimentadas en
todos sus detalles por el Espíritu desencarnado. Más allá de eso, está el remordimiento
que genera el sufrimiento moral a aquel que pensó en desertar de la vida.
«(…) El Espírita serio no se limita a creer, porque comprende y comprende porque
razona; la vida futura es una realidad que se desarrolla sin cesar ante sus ojos; una
realidad que él toca y ve, por así decir, a cada paso y de modo que la duda no pueda
dominarlo o tener cabida en su alma. La vida corporal, tan limitada, se reduce frente a la
vida espiritual, la verdadera vida. ¿Qué le importan los incidentes de la jornada si
comprende la causa y utilidad de las vicisitudes humanas, cuando son soportadas con
resignación? Su alma se eleva en las relaciones con el mundo invisible; los lazos fluiditos
que lo ligan a la materia se debilitan y se opera, por anticipado, un desprendimiento
parcial que facilita el paso a la otra vida. La turbación consecuente de la transición dura
poco; porque una vez franqueado el paso se reconoce, de inmediato, sin asombrarse de
nada, sino comprendiendo su nueva situación.» (06)
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