Pierre Marty
(1918-1993)
Teorías Psicológicas II
Prof. Lic. Leandro M. Sanchez
Reseña Biográfica
• Fundador de la clínica psicosomática moderna.
• Había estudiado Medicina y Psiquiatría, formándose
con Henry Ey, y su aproximación a la Psicosomática
vino propiciada por una serie de casualidades.
• El Dr. Gosset, cirujano de los Hospitales de París, se
hallaba muy interesado por los trabajos que llegaban
de América sobre el papel del psiquísmo en los
desórdenes somáticos.
• Queriendo integrar a un psiquiatra en su servicio de
cirugía, pidió consejo al Dr. Delay, quien le recomendó
para dicho puesto a P. Marty
• Marty se dio cuenta de que sus conocimientos
psiquiátricos no bastaban para comprender a
aquellos pacientes.
• Animado por Julián de Ajuriaguerra, se
interesó en el Psicoanálisis, comenzando
analizarse en 1947.
• Se integró en la Sociedad Psicoanalítica de
París (S.P.P.), siendo admitido como miembro
titular en 1954 y desarrollando diferentes
cargos en la Sociedad.
• Fue el conocimiento psicoanalítico, junto a su fina
capacidad de observación y su afán investigador, la
herramienta que le permitió desarrollar su propia
teoría sobre la comprensión del enfermo
psicosomático.
• Esta teoría, profundamente basada en la teoría
freudiana, no obstante, en ocasiones, se aleja de ella.
• Marty sostiene que hay una única energía vital, que
alimenta instintos y pulsiones de vida, no siendo la
pulsión de muerte más que el desfallecimiento o la
desorganización de esta pulsión de vida, opinión que, a
su vez, es muy discutida en el seno de la comunidad
psicoanalítica.
• En el momento de comenzar Marty sus estudios,
dos teorías se disputaban la interpretación de la
enfermedad somática.
• Una de ellas, sostenía la visión del cuerpo como
pantalla de proyección de los conflictos psíquicos
no resueltos
• La otra relacionaba directamente ciertos perfiles
psicológicos con enfermedades determinadas.
• Frente a ambas, Marty plantea la enfermedad
como el punto de fijación en el que se detiene la
desorganización y a partir del cual el enfermo
intentará reestructurarse.
• Interesado desde siempre por la biología y las teorías
evolucionistas desde la situación prenatal, que va a dar
lugar a una integración progresiva y jerarquizada de las
funciones y dinamismos mentales.
• El principio evolucionista permite comprender la
noción de “desorganización” en aquellos casos en los
que presentan movimientos “contraevolutivos”.
• La evolución está jalonada por acontecimientos que
tienen lugar a lo largo de la vida del individuo y que en
ocasiones marcarán puntos de fijación en el organismo,
en el soma, que servirán como “plataformas de
regresión” y que, ante el movimiento contraevolutivo
desorganizador, funcionarán como diques que
detienen dicha desorganización gracias a la
enfermedad del órgano.
• Marty concibe la enfermedad somática como un mecanismo
de defensa (defensa somática), que entra en funcionamiento
en el momento en que los mecanismos de defensa neuróticos
(o psicóticos) resulten desbordados.
• “Los mecanismos de acción de la placenta, del sistema
cardiovascular, más tarde de la respiración, de la piel, del
aparato digestivo, después de la organización genital, por no
citar otros, y sobre todo la línea de la sensoriomotricidad,
aseguran (…) además de las funciones propias, un sistema de
relación con el exterior.
• El edificio biológico humano, durante su construcción puede
ser profundamente trastornado por la incidencia de
dificultades primitivas sobre las funciones fisiológicas de la
relación”.
• Esto le lleva a abandonar la idea de describir
auténticas estructuras psicosomáticas y a prestar una
atención exquisita a la historia del paciente, a sus
raíces, a sus conflictos familiares, influencias
culturales y económicas, etc.
• “Los mecanismos que actúan son poco conocidos (…)
no sabríamos en ningún caso hablar de una elección
(de órgano), ni siquiera inconsciente.
• Se trata de un determinismo profundo instalado en
el periodo prenatal, en el nacimiento y en los
primeros años de vida, determinismo que se
confunde a menudo con la herencia y con frecuencia
próximo a ella, de la que se distingue, no obstante, al
menos de forma teórica”.
• A partir de la referencia al conflicto individual,
Pierre Marty define las nociones de enfermo
psicosomático y de enfermedad psicosomática:
“Se dirá que un enfermo es psicosomático cuando
se establezca la relación precisa que existe entre
su situación conflictiva y su enfermedad.”
• La relación de causalidad reposa sobre las vías
pulsionales
Este modo de pensamiento nuevo que
asocia expresiones somáticas, funcionales
u orgánicas, al dinamismo de la vía
psíquica, concluye en una concepción
psicoanalítica que pone en valor la
dimensión económica de los procesos de
transformación psíquica, tanto en su
sentido evolutivo como en su sentido
regresivo.
• El enfermo somático es un paciente en el que el
Yo está en el corazón de una lucha entre fuerzas
pulsionales adversas y que momentáneamente se
resolvió mediante la presencia de la
autodestrucción a través de lo que Marty llamó
un movimiento de desorganización.
• La cura tiene como fin el reforzar las investiduras
eróticas de su paciente enfermo y de inscribir lo
que pueda ser de los acontecimientos
irrepresentables y traumáticos en el terreno
psíquico.
Introducción a su obra
• Su obra se extiende a lo largo de cuarenta y cinco años y a
través de un centenar de trabajos.
• Se inscribe en una aventura científica que ha marcado
profundamente a la Sociedad Psicoanalítica de París, en la
segunda mitad del siglo XX, con la creación y el desarrollo
de un nuevo campo teórico-clínico, la psicosomática.
• En cuanto a su obra escrita, se impone una aclaración: en la
primera mitad de su elaboración, hasta casi la década de
1970, gran parte de sus trabajos fueron realizados
conjuntamente con otros miembros de la Escuela de París:
Michel Fain, Michel de M'Uzan y Christian David, en
particular.
Hechos más significativos que han marcado sus
últimos años
• En 1972, la creación del Instituto de Psicosomática, con sus
compañeros de ruta en esos momentos; Michel Fain,
Michel de M'Uzan y Christian David.
• Luego, en 1978, la inauguración del Hospital de
Psicosomática, de la Poterne des Peupliers, llamado hoy
Hospital Pierre Marty;
• La elaboración de una clasificación psicosomática, que
significa la puesta en forma de la nosografía económica y
cuyo fin es servir de instrumento para trabajos de investigación específica en el campo de la psicosomática.
• La elaboración de una práctica de los tratamientos psicoterapéuticos de pacientes somáticos, que representa el
resultado de toda la construcción teórico-clínica.
La investigación y estudio de P. Marty sobre las
enfermedades psicosomáticas conducirá a la definición
de un nuevo modelo, en el cual los dos parámetros
fundamentales paralelos son:
•El borramiento del trabajo mental sostenido,
por una desaparición de la libido, y
•la puesta en marcha de la regresión hacia un
dinamismo de las funciones somáticas.
Referencia teórica
Los movimientos de nuestra vida parecen estar
dominados por dos conjuntos de principios.
El primer conjunto está constituido por el
principio de las organizaciones funcionales que se
efectúan durante el desarrollo individual.
Este principio se completa con el principio de las
desorganizaciones funcionales que, tarde o temprano, nos conduce a la muerte.
 El segundo conjunto está constituido, a su vez, por los
principios de las fijaciones y las regresiones.
• Las fijaciones otorgan valores privilegiados a ciertos
sistemas funcionales establecidos durante el desarrollo del
sujeto.
• Las regresiones consisten en el retorno posterior y tardío a
los sistemas funcionales primeramente fijados cuando se
producen movimientos de desorganizaciones limitados.
En efecto, gracias al privilegio de las fijaciones, las
desorganizaciones se apoyan en las regresiones que
permiten así una reorganización vital en los sujetos
involucrados.
Organizaciones y Desorganizaciones
• La organización individual se realiza según cierto
programa general que obedece, a la vez, a la evolución
de la especie humana y a los factores étnicos
implicados en ella.
• Esto se realiza también según un programa particular,
con sus huellas hereditarias y genéticas. Depende,
además, de las condiciones de vida intrauterina y,
después del nacimiento, de los primeros contactos, en
primer lugar con la madre y luego con otros personajes
del entorno.
• También se deben tener presentes las condiciones
materiales de la existencia.
• Prácticamente la organización individual se
produce desde cierto número de funciones
dispersas, sin mayores nexos entre ellas, conjunto
que he denominado: «el mosaico original».
• Un ejemplo de este mosaico se puede observar
en los bebés prematuros, en quienes los
especialistas deben sostener, al mismo tiempo,
una docena de diferentes funciones elementales
hasta que la autonomía respiratoria indique la
existencia de un nivel de mayor organización del
bebé que permita su salida de la incubadora.
• Este ejemplo ilustra el principio de la organización individual que se funda en el agrupamiento de funciones y la
jerarquización entre esas funciones. Tales mecanismos
operan durante todo el desarrollo.
• Los diferentes sistemas funcionales instalados
sucesivamente y diferentes unos de otros cubren campos
jerárquicos cada vez más amplios hasta alcanzar la
organización individual final, que nos permite distinguir a
los sujetos entre sí, en sus diversos niveles tanto somáticos
como psíquicos.
• El desarrollo individual es una mezcla de autoorganizaciones y de organizaciones en relación con el
medio exterior.
• La función organizadora de la madre, sin duda la más
importante.
• Aunque cierto programa mental general
parece existir desde el comienzo (me refiero
aquí a las «fantasías originarias» de Freud), el
desarrollo individual parte globalmente de lo
somático para dirigirse progresivamente hacia
lo psíquico.
• La organización psíquica ocupa, pues, la
cumbre de la jerarquía funcional.
• El pasaje de lo somático a lo psíquico se
comprueba ejemplarmente cuando nuestras
percepciones sensorio-motoras de cosas,
luego de palabras, se almacenan bajo la forma
de representaciones interiores que contienen
cargas afectivas diversas, y luego las utilizamos
en las asociaciones de ideas, indispensables
tanto para nuestra vida mental como para
nuestra vida social.
• El lugar psíquico de las representaciones
constituye el preconsciente.
• A la inversa de las organizaciones progresivas
del desarrollo constituidas por agrupamientos
y jerarquizaciones sucesivas de funciones, las
desorganizaciones, igualmente progresivas,
son ocasionadas por disociaciones y
anarquizaciones funcionales sucesivas.
• Siguiendo el camino inverso, las
desorganizaciones parten globalmente de lo
psíquico para alcanzar lo somático.
• Un sistema funcional no puede soportar un
exceso de excitaciones sin desorganizarse. Y
efectivamente nos ocurre, las más de las veces,
que una enorme carga de excitaciones bajo la
forma de un traumatismo afectivo desorganice,
en primer lugar, los estratos más evolucionados
de nuestro aparato mental. Luego se
desorganizan los sistemas psíquicos previamente
instalados durante el desarrollo; me refiero al
sistema de representaciones del preconsciente.
Por último, se desorganizan los sistemas
funcionales somáticos.
Fijaciones y Regresiones
• Desde el comienzo del embrión hasta la organización
final adulta, tanto en los niveles somáticos como en
los niveles psíquicos, el desarrollo individual se
realizaba con la aparición de sistemas funcionales
nuevos, partiendo de funciones ya establecidas.
• Esto ocurre dentro de una serie de agrupamientos y
jerarquizaciones sucesivas de funciones, conforme a
un programa a la vez general y, no obstante,
particular para cada individuo.
• Ahora bien, cuando, en un momento dado del
desarrollo, una función ya establecida no está lista
(sea por exceso sea por falta de excitaciones
operantes sobre esta función) para participar en los
sistemas funcionales nuevos, más evolucionados, ella
queda entonces marcada.
• Esta marca se produce por la repetición de las
tentativas de integrar los sistemas funcionales más
evolucionados y por los fracasos reiterados en esa
participación.
• Justamente llamamos fijaciones a estas idas y
vueltas que ocasionan las marcaciones.
Las fijaciones otorgan un doble valor a las
funciones que ellas determinan:
1. Un valor de vulnerabilidad porque, cuando el exceso
de excitaciones en un alto nivel evolutivo provoca un
movimiento de desorganización, estas funciones
darán lugar, más fácilmente que otras, a
manifestaciones patológicas que, evidentemente,
producirán siempre los mismos síntomas.
2. Un valor de defensa, porque las manifestaciones
patológicas desencadenadas constituirán sistemas
electivos de resistencia vital que pondrán término al
movimiento de desorganización.
• Llamamos regresiones a estos retornos a una patología
defensiva surgida de las fijaciones.
• Existen fijaciones, y posteriormente regresiones que
producen afecciones sintomáticas, en todos los niveles
del desarrollo, somático y mental.
• Es preciso saber que, efectivamente, las fijaciones se
encadenan entre sí durante todo el período de la
organización evolutiva de un sistema funcional, y que
cuanto más tarde se hayan producido las fijaciones en
la evolución de ese sistema, más las correspondientes
regresiones asegurarán una sólida resistencia frente a
los movimientos de desorganización.
• Es así como, en conjunto, las regresiones mentales
tienen un valor de resistencia mayor que las
regresiones somáticas.
• Para concluir este tema daré algunos ejemplos de
patologías regresivas.
• En el nivel mental, las neurosis mentales
constituidas y estables, demasiado estables- se
trata de: neurosis de angustia, neurosis fóbica,
neurosis obsesiva, por ejemplo.
• En un grado menor de estabilidad y de resistencia
vital, debo mencionar también los rasgos de
carácter que corresponden a estas neurosis.
• Además debo destacar, en el plano mental, las
psicosis organizadas como otros ejemplos de
resistencias regresivas.
• En el nivel somático, numerosos trastornos son, con
frecuencia, de orden regresivo.
• Citaré algunos de ellos: raquialgias, colopatías,
manifestaciones alérgicas, como asma o eczemas,
hipertensión arterial esencial, úlcera gastroduodenal, y
también cefalalgias, jaquecas, manifestaciones
comiciales.
• Todas estas afecciones tienen en común que están
limitadas al campo funcional, no se complican
espontáneamente, muestran un carácter repetitivo en
un mismo individuo y, en fin, son clásicas tanto en su
presentación clínica como en su evolución. Son las
enfermedades frecuentemente llamadas «a crisis» que
remiten espontáneamente.
• Pero debo llamar la atención de nuestros
colegas sobre el hecho de que cualquiera de
las afecciones precedentes, regresivas, y por lo
tanto a priori resistentes, un día pueden
ceder en su resistencia.
• En ese momento corren el riesgo de
transformarse en el punto de partida de una
desorganización progresiva o de presentarse
como un episodio de esta.
Piedra angular del proceso psicosomático
• Recordemos brevemente sus principales rasgos:
– una falta de expresión afectiva
– una ausencia de capacidad fantasmática,
– un pensamiento calificado de operatorio por su falta
de ligaduras estructuradas con sus fuentes
inconscientes.
• En fin, destaco la importancia económica de dos
vías de descarga de las excitaciones no psíquicas:
el comportamiento y, por supuesto, la vía
somática.
• Estas descripciones y análisis llevan por una
parte a elaborar nuevas nociones (como
pensamiento operatorio), y por otra parte
orientan la investigación psicosomática en dos
direcciones:
hacia el estudio de la organización del
inconsciente y de las vicisitudes de la libido y
hacia el punto de vista económico que engloba,
más allá de la actividad psíquica, toda la serie de
funciones somáticas.
Entre las condiciones preparatorias o
coadyuvantes en la formación del síntoma
psicosomático Pierre Marty destaca tres
factores:
1.- Depresión esencial
2.- Pensamiento operatorio
3.- Déficit de mentalización
DEPRESION ESENCIAL
• Se trata de una depresión en el sentido etimológico de
la palabra, es decir, una baja de la presión del tono
vital, del tono libidinal para el psicoanalisis.
• En esta depresión no se acompaña, como otras
depresiones, de una sintomatología positiva, neurótica
o psicótica por ejemplo, que permitiera reconocer
fácilmente su naturaleza.
• En la depresión esencial debemos salir en busca de lo
que falta, por ejemplo: falta de deseos, falta de interés
en la vida afectiva y social; conductas automáticas y
mecánicas; ausencia de simbolismo y de metáforas en
el discurso.
• Es cierto que en el curso de una depresión
esencial pueden presentarse angustias
difusas, que son reliquias de los estados de
desamparo del bebé, pero esas
manifestaciones son clínicamente diferentes
de aquellas que provienen de las angustias
objetales comunes.
• En las depresiones esenciales del adulto se
registran, con frecuencia, antecedentes de
depresiones de la primera infancia y de la
niñez, que se han prolongado en una
depresión latente durante el curso de la
vida de los individuos.
• Debido a una sobrecarga de excitaciones,
en un momento de la edad adulta se
desencadena una depresión esencial.
• Por otra parte, uno debe preguntarse si no son
precisamente las depresiones «blancas», las cuales ya
carecen de síntomas en la primera infancia, las que
obstaculizan la formación de sistemas de fijación
durante el desarrollo individual, con la consecuencia de
no ofrecer condiciones para las regresiones mentales o
somáticas.
• Para concluir este tema, debo subrayar que algunas
insuficiencias de la organización de las
representaciones al comienzo del desarrollo individual,
como también ciertas supresiones conscientes de
representaciones en la adolescencia o en la edad
adulta, precipitan el proceso que termina en la
depresión esencial.
PENSAMIENTO OPERATORIO
• No posee lazos con una actividad fantasmática de
cierto nivel
• No es exclusivo de los psicosomáticos pero tiene
valor nosográfico. Puede ser encontrado en
cuadros clínicos muy diversos.
• El paciente relata sus trastornos como hechos
aislados, sin establecer entre ellos ninguna
relación.
• No hay compromiso afectivo
• El paciente solo cuenta sus síntomas y espera que
se los cure
• Este concepto es afín al de Alexitímia de la escuela
americana
• La palabra Alexitímia se origina en el griego significa:
a=sin, lexis=palabra, timos=corazón o afecto.
• Lolas y Von Rad describen este concepto como “la
incapacidad de expresar sentimientos de una manera
verbal, empleando un lenguaje con falta de
resonancia afectiva y con incapacidad de usar
metáforas de índole afectiva”.
• Estas personas pueden decir que están ‘nerviosas’,
‘enojadas’, o ‘felices’, pero ser incapaces de describir
estas experiencias de su mundo interno.
• Tienden a carecer de fantasías porque le es muy difícil
crearlas sino más bien usar prolijas descripciones de sí
mismos y su medio.
• Su vida es pragmática. También presentan una inhabilidad
para captar a los otros como personas diferentes, es decir
percibir su individualidad, como por ejemplo, tienden a vivir al
terapeuta como una versión de sí mismos”.
• La incapacidad de usar metáforas, es decir, usar palabras en
sentido figurado, revela una imposibilidad para despojar el
afecto que conlleva habitualmente una palabra para cargarla
con afecto diferente.
• Parker et al. añaden que a estas personas se les dificulta
captar las expresiones emocionales faciales de los otros.
MENTALIZACION
• En clínica, según los individuos y, para algunos de ellos, de acuerdo
con los momentos, se manifiestan diferencias marcadas en cuanto a
la cantidad así como en cuanto a la calidad de las representaciones.
• A veces las representaciones parecen ausentes.
• Otras veces, aunque cargadas de contenidos verbales (pero
entonces las palabras parecen reducidas al estado de cosas), las
representaciones aparecen limitadas y superficiales, reproduciendo
directamente percepciones vividas en la realidad.
• Huellas mnémicas eventualmente puras, estas representaciones,
poco numerosas, por otra parte, y poco sujetas a asociaciones de
ideas, tienen el aspecto de meros testimonios de sucesos
registrados.
• Es como si las complejidades de la vida mental no
existieran en los individuos a que nos referimos,
como si los afectos promovidos por el Icc, que
son permanentes -o casi- en otros, hubieran sido
apartados.
• La ausencia o la limitación y la superficialidad de
las representaciones reducidas a la
representación de las cosas, la reducción de los
afectos a las meras cosas en cuestión, la falta de
simbolización del discurso, nos han llevado a
circunscribir y definir las “neurosis de
comportamiento”.
• Los sujetos en cuestión, capaces de tener
una vida eficaz y satisfactoria, a veces
enriquecida por expresiones
sublimatorias, artísticas sobre todo, no
encuentran, en efecto, otras
posibilidades que las de traducir dentro
de lo actual y dentro de la acción los
movimientos inconscientes.
• P. Marty ha descrito dentro de esta misma perspectiva,
aunque en un menor grado de pobreza general de las
representaciones, a los sujetos del grupo de las «neurosis
mal mentalizadas».
• En un gran número de casos, desde luego, las
representaciones de palabras y de cosas ligadas entre sí se
cargan y se enriquecen, durante el desarrollo, con múltiples
afectos y valores simbólicos. Las percepciones y
representaciones primeras son modificadas por la
evolución mental individual, por los movimientos
pulsionales sucesivos y por los conflictos psíquicos, el Icc
interviene de varios modos en sus reproducciones
posteriores que, surgidas de sistemas mnémicos complejos
(noción freudiana del aprés-coup), constituyen testimonios
discutibles de las realidades pasadas.
• Esta profundidad y amplitud psíquica de las
representaciones, sujetas al menos en teoría a las
asociaciones de ideas por los hilos entrelazados
de las palabras y los afectos, se encuentra por
cierto en los «neuróticos mentales» clásicos,
objeto de las descripciones freudianas.
• Del mismo modo ella se presenta en los
neuróticos llamados «bien mentalizados», que no
por ello poseen, como los precedentes, sistemas
organizados y persistentes de defensas mentales.
• Entre el conjunto formado por las «neurosis de
comportamiento» y las «neurosis mal
mentalizadas» (con representaciones ausentes o
raras, superficiales y con pocas asociaciones
cuando existen) y el conjunto formado por las
«neurosis mentales» clásicas y las «neurosis bien
mentalizadas» (con representaciones
relativamente holgadas, profundas y dentro del
orden asociativo), aparece una tercera categoría
de neurosis que merece atención por su
importancia numérica.
• A saber, las posibilidades representativas y asociativas de
estos sujetos varían considerablemente en el tiempo.
• En algunos casos «bien mentalizados» con toda certeza o
relativamente, parecen más bien ricos en pensamientos y,
para muchos psicoanalistas, admiten la indicación de un
análisis clásico; en otros casos, «mal mentalizados», su
pobreza y su superficialidad psíquica en orden a las
representaciones es desoladora.
• Las variaciones del funcionamiento preconsciente de estos
sujetos nos han conducido a calificar este conjunto como
«neurosis de mentalización incierta»; esta incertidumbre
proviene tanto de la variabilidad de su condición psíquica
como del sentimiento indeciso del observador.
Dos dificultades principales en la
constitución del Prcc y su funcionamiento.
• Con el propósito de explicitar las ausencias y las
superficialidades de las representaciones, que
encontramos en las neurosis de comportamiento y en
las neurosis mal mentalizadas, así como para abordar
el problema, que es más complejo, de la fragilidad
temporal del funcionamiento Prcc, nos interesamos
por la perspectiva cronológica, dejando de lado la
perspectiva tópica clásica que da cuenta de las
represiones y de las dificultades, consecuencia de
conflictos psíquicos, que encuentran las
representaciones para acceder a la Cc.
Dos procesos de formación y ligazón de las representaciones parecen particularmente importantes durante el
desarrollo.
•El primer proceso concierne a las inscripciones
mnémicas de las percepciones de una misma época, la
formación de las representaciones correspondientes y las
relaciones entre estas representaciones. La organización
final de estos fenómenos da lugar a un tipo trasversal de
enlaces representativos. Consideramos la acumulación en
el tiempo de las capas trasversales de representaciones
(que progresivamente se vuelven más complejas) como el
«espesor» del Prcc.
• El segundo proceso se refiere a las relaciones entre las
capas de representaciones de épocas diferentes. Se trata de
un tipo longitudinal de ligazones. La evolución de las
adquisiciones representativas del desarrollo admite, en
mayor o menor medida, la acumulación cronológica de las
capas trasversales de representaciones (desde aquellas que
corresponden a las percepciones primeras hasta las que
pertenecen a los pensamientos latentes), con las
superposiciones de significaciones que descubrimos en el
análisis.
• Y la evolución de los movimientos psíquicos regredientes
permite, llegado el caso (existe, en efecto, el fenómeno del
recuerdo encubridor), reencontrar las representaciones de
los diferentes niveles cronológicos. Estas, sin embargo, sólo
son expresables y comunicables a los otros así como a uno
mismo a partir de una cierta cualidad de representaciones
de palabras.
La disponibilidad de los movimientos
psíquicos de asociaciones entre los enlaces
trasversales y los enlaces longitudinales de
las representaciones da cuenta de lo que
nosotros consideramos corno la “fluidez”
de la circulación preconsciente.
• Dos dificultades principales pueden presentarse en la
formación de las capas representativas trasversales, así
como en las comunicaciones longitudinales entre esas
capas, dificultades que en uno y otro caso dejan
lagunas de la organización preconsciente.
• Consideramos como lagunas fundamentales las
insuficiencias cuantitativas y cualitativas de las
representaciones psíquicas, así como las insuficiencias
de connotaciones afectivas de estas representaciones.
• Estas insuficiencias obedecen sea a las deficiencias
congénitas o accidentales de las funciones sensoriomotoras del infante o de su madre, sea, las más de las
veces, a los excesos o las carencias de los
acompañamientos afectivos de la madre.
• En cada nivel de organización, en efecto, se revelan
imposibles en estos casos las fijaciones sobre las cuales
habrían podido en el momento mismo, o después, descansar
eventuales regresiones con ocasión de movimientos psíquicos
regredientes.
• Consideramos como lagunas secundarias la incertidumbre en
el tiempo de la rememoración de espacios más o menos
extensos de representaciones no reprimidas (espacios
completos reaparecen en ocasiones) pero fácilmente sujetos a
evitaciones y a supresiones.
• Estos espacios de representaciones parecen
longitudinalmente ligados a las tonalidades desagradables de
las inscripciones que les corresponden en un período de la
vida o varios períodos.
• Estas lagunas secundarias pueden dar lugar a irregularidades
graves del funcionamiento mental, cuyos riesgos conocemos
en psicosomática
• Por último, podríamos adelantar la hipótesis de que
cuanto más rico sea el Prcc de un sujeto en
representaciones relacionadas entre sí de una manera
permanente, más la patología eventual tiene
probabilidades de situarse en el plano mental.
• Cuanto menos rico en representaciones sea el Prcc de
un individuo y cuanto menos rico sea en las relaciones
y permanencia de las representaciones existentes, más
correrá el riesgo la patología eventual de situarse en el
plano somático.
• En este sentido calificamos al Prcc como « punto
central» de la economía psicosomática.
CLASIFICACIÓN NOSOGRÁFICA
• Marty estableció una relación clara entre la
capacidad de mentalización y el riesgo de
desorganización.
• Cuando se carece de capacidad de
representación mental, el traumatismo
degenera en trauma porque los
acontecimientos provocadores de tensión no
pueden fantasmatizarse, quedando
irrepresentables.
A.- Neurosis De Comportamiento
B.- Neurosis Mal Mentalizadas
C.- Neurosis De Mentalización Incierta
D.- Neurosis Bien Mentalizadas
Descargar

Pierre Marty (1918-1993) - TEORIAS PSICOLOGICAS II