EL ROMANCERO
ROMANCERO
ROMANCERO
VIEJO
ROMANCERO
NUEVO
Romances que se
cantaban a finales
de la Edad Media.
Romances escritos
por autores cultos
de los siglos XVI y
XVII, llevador por
su interés por lo
popular.
ROMANCERO
ORAL
MODERNO
Romances
recogidos desde el
siglo XIX hasta hoy
en la Península, en
Canarias, en
Hispanoamérica o
procedentes de la
tradición sefardí.
ORIGEN DE LOS ROMANCES
Tesis tradicional
Tesis individualista
El romance nace de la creación individual
de un autor, sin relación con el cantar épico
Los versos largos del cantar de gesta
se dividirían por la cesura, de modo
que cada hemistiquio diera lugar a un
verso.
Esto explica que los romances sólo
rimen en asonante los pares.
Esta teoría explica sólo los romances
de tema épico.
y sí con la lírica tradicional.
En santa Águeda de Burgos
do juran los hijosdalgo
Le toman jura a Alfonso
por la muerte de su hermano
Tomábasela el buen Cid,
ese buen Cid castellano,
Sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo
Y con unos evangelios
y un crucifijo en la mano
En santa Águeda de Burgos
do juran los hijosdalgo
Le toman jura a Alfonso
por la muerte de su hermano
Tomábasela el buen Cid,
ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo
y con unos evangelios
y un crucifijo en la mano
CARACTERÍSTICAS DE LOS ROMANCES
RECURSOS LITERARIOS
Abundan las repeticiones, las enumeraciones y las
antítesis. Es frecuente el uso de símbolos.
TRANSMISIÓN ORAL
Fórmulas y epítetos épicos
Llamadas al oyente
Sencillez sintáctica
Diálogos: numerosas preguntas y respuestas.
PODER EXPRESIVO
Concentración
Brevedad
Sugerencia emocional
ORDEN DE LA NARRACIÓN
Es frecuente el orden cronológico.
Abundan los romances in medias res
También finales abruptos y abiertos.
NARRADOR
Objetivo e impersonal
FINALIDAD
Ausencia de didactismo y referencias religiosas
TEMAS DE LOS ROMANCES
Romances de tema épicomedieval
Proceden de un cantar de gesta o de
otra fuente literaria
El rey don Rodrigo, Fernán González, el
Cid…
Romances de tema francés,
carolingio
Tratan asuntos de la épica francesa
Romances de don Roldán y doña Alda
Romances de tema histórico
Sucesos de la historia medieval
española
Romance del rey don Pedro el Cruel
Romances de tema fronterizo
Narran episodios de las luchas de
fronteras entre cristianos y
musulmanes
Abenámar, Álora la bien cercada.
Romances de ficción
Romances de amor infiel, amor
desgraciado, adúltero, incesto, burlas…
El conde Arnaldos, La bella malmaridada
Romances bíblicos,
grecorromanos y religiosos
Narran episodios de la Biblia, leyendas
piadosas, historias antiguas
grecorromanas
La llaga santa, El juicio de Paris.
ESTRUCTURA DE LOS ROMANCES
ROMANCE-CUENTO
Relata una historia completa.
Infancia de Fernán González
ROMANCE-ESCENA
Se centran en un episodio particular.
Quejas de Jimena
ROMANCE-DIÁLOGO
Utilizan sólo diálogo
Romance de Rosafresca.
CARACTERÍSTICAS DE LOS ROMANCES
RECURSOS LITERARIOS
Abundan las repeticiones, las enumeraciones y las antítesis. Es
frecuente el uso de símbolos.
TRANSMISIÓN ORAL
Fórmulas y epítetos épicos
Llamadas al oyente
Sencillez sintáctica
Diálogos: numerosas preguntas y respuestas.
PODER EXPRESIVO
Concentración
Brevedad
Sugerencia emocional
ORDEN DE LA NARRACIÓN
Es frecuente el orden cronológico.
Abundan los romances in media res
También finales abruptos y abiertos.
ARCAÍSMOS
Conservación f- inicial: fizo; ansí, reptar por retar.
USO SINGULAR DE LOS VERBOS
Presente histórico o pretérito imperfecto de indicativo en lugar del
pretérito perfecto simple.
— ¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que diría:
—Yo te la diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía.
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra.
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.
Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca
muy más que la nieve fría.
—¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
—No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía.
— ¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día!
Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
— Ábreme la puerta, Blanca,
ábreme la puerta niña.
—¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio
mi madre no está dormida.
—Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti, vida sería.
— Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
—Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
Que por mayo era por mayo
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor
Matómela un ballestero ;
¡déle Dios mal galardón
Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan!
¡Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
¡la jarcia de oro torzal,
áncoras tiene de palta,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
— Por tu vida, el marinero,
dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
— Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va
En Sevilla está una ermita
cual dicen de San Simón
adonde todas las damas
iban a hacer oración.
Allá va la mi señora,
sobre todas la mejor;
saya lleva sobre saya,
mantillo de tornasol.
En la boca muy linda,
lleva un poco de dulzor,
en la cara muy blanca
lleva un poco de color
y en los sus ojuelos garzos,
lleva un poco de alcohol
a la entrada de la ermita
relumbrando como el sol,
El abad que dice la misa
no la puede decir no,
monacillos que le ayudan
no aciertan responder, non,
por decir : amén, amén,
decían: amor, amor.
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LA LITERATURA DEL SIGLO XV