PENSAMIENTOS
DEL LIBRO DE
DIOS
Hoy decidí
darme un
paseo por la
ciudad para
observar la
celebración de
la Navidad de
mis hijos e
hijas.
He ido
observando
que las casas
estaban
adornadas
con luces de
colores,
esferas de
vidrio y
algunos santa
Claus.
y muchos,
muchísimos
santa Claus
y una gran
ausencia de
Niños Dios.
He
seguido
.
caminando
hasta la plaza
principal y me
han llamado la
atención sus
adornos y,
sobre todo una
frase: “Feliz
Navidad”
He seguido con
mi paseo y he
entrado en uno
de esos grandes
supermercados.
Me ha
recibido un
señor obeso,
vestido de rojo
y blanco, que
me ha dicho:
“Feliz
navidad,
jojojojojo”
El supermercado
estaba lleno de
gente con muchas
prisas,
llenando sus
carritos de
compras.
Porque no iba
a comprar nada
me salí del
supermercado
y emprendí
un caminar
sin rumbo fijo.
Pasé por
delante de un
templo y seguí
caminando …,
pero algo
dentro de mí
me hizo que
diera un giro y
entrara.
No había nadie.
Bueno sí había
alguien. En un
rincón, sin que
se notara su
presencia, una
anciana rezaba
unas oraciones.
Me senté en
una banca y me
quedé dormido.
Fue un sueño
muy especial
porque soñé.
Soñé que hoy
era NAVIDAD.
Yo, Yahvé, el
Dios de los
israelitas, un
día me hacía
presente en
medio de la
humanidad.
Me hacía tan
cercano que
era posible
encontrarme,
verme y
sentirme.
Me hacía
pequeño, débil
para que los
hombres y
mujeres
pudieran
encontrarme,
verme,
sentirme .
Para decirles
que yo era “Dioscon-por-paraustedes”. Que
quería entrar en
contacto con
cada hombre y
mujer para
revelarles la
inmensidad de
mi Amor y llenar
sus corazones.
De repente,
alguien me
despertó de ese
sueño. Me volví
y descubrí el
rostro de la
anciana que
estaba rezando.
Cariñosamente me
dijo: “Seño, voy a
cerrar la casa de
Dios”. Se quedó
mirándome y con
cariño me preguntó:
“¿Por qué está triste?
Hoy los cristianos no
podemos estar tristes
porque es Navidad.
Dios está con
nosotros. Que tenga
una Feliz Navidad”.
Esa Feliz Navidad
me sonó diferente.
No era una frase
hecha, tampoco
ruido, prisas, llenar
carritos de compras,
colocar esferas de
vidrio, arbolitos …,
ni mucho menos era
el santa Claus como
había observado en
las calles y en el
supermercado.
Era el anuncio
alegre de la Navidad
auténtica. La
Navidad como Yo
quería que la
vivieran todos los
hombres y mujeres
cada día de sus vidas.
Descubrí que en
medio de tanta
falsa navidad,
todavía se podían
encontrar
personas para
quienes La
Navidad no era
solamente saber
que yo era Amor,
sino que ellas me
habían experimentado
en sus vidas, y que no
necesitaban salir
fuera de sí mismas,
deambular por las
calles o correr a los
supermercados, para
buscar lo que ya
tenían dentro de ellas.
Volví a emprender,
muy despacio, el
camino por mi
ciudad.
Iba pensando lo
que un día el
apóstol Juan
escribió de mí:
“Vino a los suyos
y los suyos no lo
recibieron. A
cuantos le
recibieron, a
todos aquellos que
creen en su
nombre, les dio
capacidad de ser
hijos de Dios” .
A pesar de esto que
escribió Juan de mi
primera venida,
caminaba alegre
porque había
encontrado a
personas que no se
quedaban en la
fiesta, sino que La
Navidad la vivían
como personas que
se sabían amadas
por mí.
Tengo plena fe en
esos hombres y
mujeres que viven y
celebran mi Navidad
de diferente forma.
Su vida sencilla, de
entrega, de amor …
es un signo visible, es
el mejor anuncio, de
que mi venida no ha
sido inútil, que
mereció la pena
hacerme hombre,
cercano,
dar a conocer quién
soy yo y lo que quiero
de cada uno de los
hombres y las
mujeres. Ellos, los
sencillos, los
humildes, los que han
puesto su confianza
en mí, son los que
viven La Navidad
como yo quiero que la
vivan:
“Como presencia
de Dios-Amor
en medio de la
humanidad” y
no cambian al
Dios de la Vida
por “el dios mercado”.
Regresaré el año
que viene y volveré
a entrar en
cualquiera de sus
templos. Tengo la
plena confianza de
que alguna
persona más
encontraré junto a
la anciana.
Será la mayor
prueba de que
mis hijos han
comprendido que
hay otra manera
de celebrar La
Navidad,
PERMITIENDO
QUE DIOS NAZCA
EN SUS
CORAZONES
Agustinos Recoletos, Delicias, Chihuahua.
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