Los 10 Mandamientos del Sistema
Preventivo
No basta que los
jóvenes sean
amados.
Es necesario
que ellos lo
perciban.
Recuerda que si la
eficacia educativa
depende del
corazón, esta es
inaccesible al
rigor y a la dureza,
entonces…
hagámonos amar.
La práctica de
este sistema se apoya
por entero en las
palabras de San Pablo: “la
caridad es benigna
y paciente, todo lo sufre,
todo lo espera, todo lo
soporta”, por tanto sólo
un buen seguidor de
Cristo puede aplicarlo
con eficacia.
Quédate con los jóvenes
todo el tiempo que
puedas y diles
confidencialmente
alguna palabrita que le
sea útil: es el gran
secreto para ser amigo de
sus corazones.
Da plena libertad a
los jóvenes para que hagan
aquellas cosas que les
agradan. Todo está en
descubrir en ellos los
gérmenes de sus buenas
disposiciones y ayudarles a
desarrollarlas.
Entre nosotros no se emplea ni
la violencia ni el castigo.
Hacemos todo lo que sugiere la
caridad Cristiana para que
se haga el bien y se evite el
mal, con una conciencia iluminada
y sostenida por la Fe.
Es necesario evitar la
ansiedad y los temores
suscitados por la
corrección y añadir
algunas palabras de
consuelo.
El arte supremo está en
que olvide y luego que
los muchachos olviden
las tristes experiencias
cometidas.
El Sistema Represivo puede impedir un desorden,
pero difícilmente hace mejor a quien haya cometido una
falta. En cambio el Sistema Preventivo hace amigo al
discípulo, que encontrará en su educador, a alguien que
piensa en su bien y desea ayudarlo a ser mejor, a evitarle
más problemas, castigos y humillaciones. Podrá hablar con
el lenguaje del corazón.
Si queremos
aprender a
mandar,
aprendamos
primero a
obedecer y
busquemos que
se nos ame, no
que se nos
tenga temor.
Solo Dios es el
dueño de los
corazones y en
la educación
nada podemos si
Él no nos enseña
este arte, esta
clave para
penetrar en el
alma del
educador.
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Los Diez mandamientos del Sistema Preventivo