Jacques
derrida
-Victoria Silva
-Virginia Pino
Jacques Derrida fue uno de los filósofos franceses más
originales e influyentes del mundo contemporáneo. Nació en
Argelia el 15 de julio de 1931, en una familia judía
sefardí. Estudió filosofía en la Escuela Normal Superior de
Paris de 1952 a 1957, una de las instituciones más prestigiosas.
escribió alrededor de 80 obras entre ellas La diseminación, La
Carta Postal, Espectros de Marx o Glas. En sus textos, Derrida
aborda de forma lúcida temas que van desde la ética hasta la
religión, pasando por la política, el lenguaje y el
psicoanálisis. Sin embargo lo más novedoso de su
pensamiento es la denominada deconstrucción. Antes de su
muerte, él era el director de estudios en la École des Hautes
Études en Sciences Socialies en París y profesor de
humanidades en la Universidad de California, Irvine.
Derrida murió el 8 de octubre de 2004.
- ¿Que es la deconstrucción?
Cuando hablamos de deconstruir un texto nos referimos, por ejemplo,
a interrogar los supuestos que lo conforman para dar una nueva
perspectiva. Lo que propone Derrida en sus libros es una lectura
minuciosa a textos literarios o filosóficos para llevarlos al extremo de
darles una significación diferente de lo que parecían estar
diciéndonos.
Para algunos historiadores, el pensamiento de Derrida podría estar
inscrito dentro de una corriente negativa, si tomamos en cuenta que la
mayoría de los paradigmas progresistas actuales buscan las
construcción y huyen de todo lo que pueda ofrecer un panorama
diferente.
Por el contrario, Derrida señala que históricamente nuestra sociedad
occidental está organizada en pares opuestos, como espíritu y cuerpo,
sentido y signo, lo dentro y lo fuera, lo cual es un legado de la
metafísica que desde Platón se sustenta entre lo sensible y lo
inteligible. Y es aquí en donde Derrida propone hacer una
deconstrucción de estas oposiciones, que parecen naturales a toda
reflexión filosófica.
- Logocentrísmo
Derrida califica este sistema como logocéntrico que era
la tendencia percibida en el pensamiento occidental de
situar el centro de cualquier texto o discurso en el logos.
El logos es el origen y fundamento de toda verdad, en
otros términos, es el pensamiento que se presenta como
la conciencia de uno mismo.
El origen de la noción de deconstrucción viene del
alemán Destruktion, un término que Martín Heidegger
utiliza en su célebre libro Sein und Zeit (que en alemán
significa Ser y Tiempo) y que fue publicado en 1927.
Heidegger fue una de las primeras influencias en
Derrida, que lo leía desde sus 19 años, al igual que a
Saussure, Nietzeche y Freud.
Opone el fonocentrísmo, como expresión verbal del
pensamiento, al logocentrísmo del signo, de la escritura,
como ideología-verdad.
La deconstrucción va dirigida contra el logocentrísmo
estructuralista.
El motivo central de deconstruir la metafísica es
abrir un nuevo acercamiento a la pregunta más radical que se
pueda hacer sobre el pensamiento humano, y esto es: el
cuestionamiento del sentido del SER.
Para Derrida, la pragmática humana, incluyendo la científica,
presupone siempre un cierto pre-entendimiento de lo que significa
el SER y este pre-entendimiento regula nuestros comportamientos
de forma inconsciente, sin darnos cuenta. En otras palabras,
nosotros no tenemos una influencia directa en el ser, más bien en
lo que la tradición metafísica nos ha legado como interpretación
del sentido del SER.
A la pregunta sobre ¿qué es el hombre?
Derrida nos explica que en realidad no sabemos qué es el hombre,
que no tenemos una relación inmediata y natural con él. Lo único
que sabemos viene de una tradición sustentada en sus textos y si
aplicamos una deconstrucción a esos textos podremos presentar
nuevas posibilidades de interpretación en esas capas textuales.
Lo que Derrida pretende al deconstruir estos temas es detener
nuestra pre-comprensión o pre-entendimiento de lo que significa
la humanidad para ir más allá del pensamiento occidental, que
está caracterizado por un imperialismo y un etnocentrismo
histórico.
Derrida decía que esto se trata de un prejuicio metafísico y
en realidad nosotros no podemos acceder inmediatamente a
nosotros mismos ni a lo que queremos decir. De hecho, toda
intención debe pasar por un proceso de significación que
implica al menos dos condiciones:
1) Un desarrollo en el tiempo, lo cual atestigua que no hay
inmediatez para acceder al sentido, más bien que esto se hace
poco a poco.
2) un recorrido en el sistema de huellas o rastros, en aquello
que ya existe, que son los elementos materiales que se
distinguen entre sí para crear un sistema de signos.
De esta manera, un lenguaje está formado por fonemas, por
unidades fonéticas que no tienen sentido ellas solas, pero que lo
producen mediante su combinación.
Sostiene que la escritura es una expresión instrumental de la
comunicación, una extensión que memoriza la palabra.
La base de la comunicación aparece definida con propiedad en el
habla y el habla es mas diversa, más abierta, menos sujeta a la
norma, más libre, menos coercitiva, menos metafísica.
El habla es acción, interlocución directa, comunicación, mientras
que la escritura aparece como un estadio virtual de representación,
como una expresión ideológico determinista.
" La fuerza produce el sentido (y el espacio) mediante el mero poder de
«repetición» que habita en ella originariamente como su muerte. Este
poder, es decir, este impoder que abre y limita el trabajo de la fuerza
inaugura la traducibilidad, hace posible lo que se llama «el lenguaje»,
transforma el idioma absoluto en límite desde siempre ya transgredido:
un idioma puro no es un lenguaje, sólo llega a serlo repitiéndose: la
repetición desdobla ya desde siempre la punta de la primera vez. A pesar
de las apariencias, esto no contradice lo que decíamos más arriba sobre lo
intraducible. Se trataba entonces de invocar el origen del movimiento de
transgresión, el origen de la repetición y del convertirse en lenguaje el
idioma. Si nos instalamos en lo dado o el efecto de la repetición, en la
traducción, en la evidencia de la distinción entre la fuerza y el sentido, no
sólo se pierde la intuición original de Freud, sino que se borra lo virulento
de la relación con la muerte. "
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