Todo está presidido por el amor gratuito de Dios.
Un amor basado en su propia bondad.
Esta es “la Palabra de la verdad”:
en el principio era la gratuidad.
Gustavo Gutiérrez
Texto: Juan 1, 1-18. 2 Navidad –B-. 4-1-15
Comentarios y presentación: M. Asun Gutiérrez.
Música: Bach. Oratorio de Navidad.
1Al
2
principio ya existía la Palabra.
La Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
Ya al principio ella estaba junto a Dios.
3 Todo fue hecho por ella
y sin ella no se hizo nada
de cuanto llegó a existir.
Dios es palabra, apertura, diálogo, comunión permanente, comunicación gozosa.
Hemos recibido la Palabra y el don de la palabra por el que podemos compartir
nuestros sentimientos, nuestras ilusiones y esperanzas, nuestra fe.
Con ella podemos decir, escribir y cantar palabras que nos acercan a Jesús y a [email protected]
demás.
Que el valor, la fuerza, la belleza, el compromiso de nuestras palabras sea un
reflejo, una participación de la Palabra.
En ella estaba la vida
y la vida era la luz de los hombres;
5 la luz resplandece en las tinieblas,
y las tinieblas no la sofocaron.
4
La Palabra es vida, luz para el camino.
La oposición luz-tinieblas es un tema muy presente en el cuarto Evangelio.
La oscuridad expresa la mentira, el egoísmo, la insolidaridad...
La luz es lo relativo a la vida, la verdad, la justicia, la acogida, el amor...
Jesús es la luz que ilumina las tinieblas. Ninguna oscuridad podrá sofocarla.
Triunfa la luz.
Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan.
7 Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin
de que todos creyeran por él.
8 No era él la luz, sino testigo de la luz.
9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo
ilumina a todo hombre.
10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por
ella, no la reconoció.
6
Dar testimonio es ser eco y reflejo de la Luz recibida
para iluminar el camino que conduce a la Palabra.
El texto nos invita a ver, conocer, agradecer, contemplar...
el Misterio de la Encarnación y a ser testigos de ella.
Como Juan, somos [email protected] para dar testimonio,
“porque de su plenitud todos hemos recibido”.
Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.
12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su
nombre, les dio poder para ser hijos de Dios.
13 Estos son los que no nacen por vía de generación humana,
ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.
11
Jesús sale a nuestro encuentro. La acogida de la Palabra nos capacita para ser sus
[email protected], para anhelar la felicidad, para soñar con la fraternidad, para construir una
vida más humana.
A esa gracia respondemos sintiéndonos hermanos y hermanas de [email protected] demás.
¿Caemos en la gran contradicción de confesar con entusiasmo la encarnación de
Jesús y en la práctica olvidar que está en medio de [email protected]?
Después de la Encarnación, a Jesús sólo podemos encontrarle entre las personas,
con las personas, en las personas.
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros;
y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dio testimonio de él, proclamando:
–Éste es aquel de quien yo dije: «El que viene detrás de mí es
superior a mí, porque existía antes que yo». 16 En efecto, de su
plenitud todos hemos recibido gracia sobre gracia. 17 Porque la ley
fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron
por Cristo Jesús.
14
Si Jesús ha acampado entre [email protected], el encuentro con Él sucede en el mundo, en
las ocupaciones, circunstancias, acontecimientos cotidianos.
El Dios de Jesús está cerca, se le puede escuchar y sentir. Respira nuestro aire,
camina con [email protected] Está en nuestra carne, dando sentido a nuestro dolor,
nuestras alegrías, anhelos y esperanzas. Se hace presente en toda nuestra vida y en
todos los acontecimientos de nuestra historia. La experiencia humana, por Jesús,
con Jesús, en Jesús, ya es experiencia de Dios. Todo rostro humano se ha
convertido en rostro de Dios.
Cuando me acerco a una persona, la acojo, la ayudo, la trato con amor, ahí me estoy
encontrando con Jesús. “A mí me lo hacéis”.
Amar a [email protected] demás, como Él nos ama, es perfumar y dar alegría a sus vidas
y a las nuestras.
A Dios nadie lo vio
jamás; el Hijo único, que
es Dios y que está en el
seno del Padre, nos lo ha
dado a conocer.
18
La Palabra tiene un nombre propio: Jesús. Él es el único que puede hablarnos del
Padre. Él nos traduce el lenguaje de Dios a nuestro lenguaje y nos hace comprender
la Palabra con nuestras palabras.
Dios es Abbá, Padre/Madre. “Dios es Amor”. Así se nos ha manifestado en Jesús.
Sólo un Dios comunicado como amor y con amor será creído. Dando a conocer un Dios
que ama apasionadamente a los seres humanos, los entiende, los acoge, y quiere para
ellos un presente y un futuro siempre mejor y una liberación definitiva.
Bendito seas, Señor, por el don de la palabra que nos has dado.
Gracias a él podemos comunicarnos, dialogar, participar, preguntar y responder,
expresar nuestros sentimientos, susurrar y gritar,
salir de nosotros, abrirnos al mundo, a los hermanos y a ti.
Bendito seas, Señor, por el don de la palabra que nos has dado
para que poetas y cantantes nos alegren con sus poemas y voces;
para que los más pobres y débiles tengan siempre gratis voz
para expresar sus necesidades y profetizar tu nombre.
Bendito seas, Señor, por el silencio que nos ofreces
para que podamos escuchar el eco de las palabras que esperamos;
para que podamos tener tiempo de pensar y controlar nuestras ideas;
para que podamos balbucir palabras llanas
que intuyan y revelen tu misterio.
Bendito seas, Señor, por haberte hecho palabra encarnada,
palabra que nosotros podemos concebir,
y así poder conocer y saborear.
Bendito seas, Señor, porque eres palabra entendible,
palabra de nuestra historia,
palabra viva, palabra implicativa,
palabra de buena noticia siempre nueva y abierta.
Ulibarri Fl.
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Navidad 2 domingo -B-