Jesús es la Palabra, viva y clave,
que habita en nuestras casas y camina por nuestras calles,
convive en nuestros trabajos
y acompaña nuestros cansancios.
Es alguien como [email protected], vivo y lleno de vitalidad.
Es alguien que es niño para significar futuro,
adulto para reflejar intensidad vital,
víctima para expresar solidaridad,
resucitado para afirmar esperanza y amor.
La Palabra es Jesús, a quien [email protected] buscan sin saberlo
y en el que [email protected] han encontrado
no una respuesta sino la respuesta.
Texto: Juan 1, 1-18. 2 Navidad A
Comentarios y presentación: M. Asun Gutiérrez.
Música: Bach. Oratorio de Navidad.
1Al
principio ya existía la Palabra.
La Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
2 Ya al principio ella estaba junto a Dios.
3 Todo fue hecho por ella
y sin ella no se hizo nada
de cuanto llegó a existir.
Dios es palabra, apertura, diálogo, comunión permanente, comunicación gozosa.
Hemos recibido la Palabra y el don de la palabra por el que podemos compartir
nuestros sentimientos, nuestras ilusiones y esperanzas, nuestra fe.
Con ella podemos decir, escribir y cantar palabras que nos acercan a Jesús
y a [email protected] demás.
Que el valor, la fuerza, la belleza, el compromiso de nuestras palabras sea un
reflejo, una participación de la Palabra.
En ella estaba la vida
y la vida era la luz de los hombres;
5 la luz resplandece en las tinieblas,
y las tinieblas no la sofocaron.
4
La Palabra es vida, luz para el camino.
La oposición luz-tinieblas es un tema muy presente en el cuarto Evangelio.
La oscuridad expresa la mentira, el egoísmo, la insolidaridad...
La luz es lo relativo a la vida, la verdad, la justicia, la acogida, el amor...
Jesús es la luz que ilumina las tinieblas. Ninguna oscuridad podrá sofocarla.
Triunfa la luz.
Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. 7 Éste vino como
testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él.
8 No era él la luz, sino testigo de la luz.
9 La Palabra era la luz verdadera, que con su venida al mundo ilumina a
todo hombre.
10 Estaba en el mundo, pero el mundo, aunque fue hecho por ella,
no la reconoció.
6
Dar testimonio es ser eco y reflejo de la Luz recibida
para iluminar el camino que conduce a la Palabra.
Como Juan, somos [email protected] [email protected] para dar testimonio,
“porque de su plenitud todos hemos recibido”.
Vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron.
12 A cuantos la recibieron, a todos aquellos que creen en su nombre,
les dio poder para ser hijos de Dios.
13 Estos son los que no nacen por vía de generación humana,
ni porque el hombre lo desee, sino que nacen de Dios.
11
Jesús sale a nuestro encuentro, viene a [email protected],a veces como menos lo esperamos,
cuando menos lo esperamos. La acogida de la Palabra nos capacita para ser sus hijas
e hijos.
A esa gracia respondemos sintiéndonos hermanas y hermanos de [email protected] demás.
¿Creo de verdad que Jesús está en medio de [email protected]?
Teniendo en cuenta que después de la encarnación de Jesús a Dios sólo podemos
encontrarle entre las personas, con las personas, en las personas. ¿Actúo en
consecuencia?
Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros;
y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre,
lleno de gracia y de verdad.
15 Juan dio testimonio de él, proclamando:
–Éste es aquel de quien yo dije: «El que viene detrás de mí es superior a mí, porque
existía antes que yo». 16 En efecto, de su plenitud todos hemos recibido gracia sobre
gracia. 17 Porque la ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad vinieron por Cristo Jesús.
14
Si Dios ha acampado entre [email protected], el encuentro con Dios sucede en el mundo.
Dios está cerca, se le puede escuchar y sentir. Respira nuestro aire, camina con
[email protected] Está en nuestra carne, en nuestra impotencia, en nuestro dolor, en
nuestras alegrías, anhelos y esperanzas. Se hace presente en toda nuestra vida
y en todos los acontecimientos de nuestra historia. La experiencia humana ya es
experiencia de Dios. Todo rostro humano se ha convertido en rostro de Dios.
Cuando me acerco a una persona, la acojo, la ayudo, la trato con amor, ahí me estoy
encontrando con Dios. “A mí me lo hacéis”.
Amar a [email protected] demás, como Dios nos ama, es perfumar y dar alegría a sus vidas
y a las nuestras.
A Dios nadie lo vio jamás;
el Hijo único, que es Dios
y que está en el seno del Padre,
nos lo ha dado a conocer.
18
La Palabra tiene un nombre propio: Jesús. Él es el único que puede hablarnos del
Padre. Conocemos a Dios, Padre/Madre, mirando a Jesús. Él nos traduce el lenguaje
de Dios a nuestro lenguaje y nos hace comprender la Palabra con nuestras palabras.
Jesús dice, de palabra y con su vida, que Dios es Amor y que quien le ve a Él, ve al
Padre.
Se supone que, al menos en teoría, los seguidores y seguidoras de Jesús procuramos
vivir al modo de Jesús, con su criterios, con sus valores, con su estilo, con su Dios,
Quien me ve, ¿ve a Jesús?
Bendito seas, Señor, por el don de la palabra que nos has dado.
Gracias a él podemos comunicarnos, dialogar, participar, preguntar y responder,
expresar nuestros sentimientos, susurrar y gritar,
salir de nosotros, abrirnos al mundo, a los hermanos y a ti.
Bendito seas, Señor, por el don de la palabra que nos has dado
para que poetas y cantantes nos alegren con sus poemas y voces;
para que los más pobres y débiles tengan siempre gratis voz
para expresar sus necesidades y profetizar tu nombre.
Bendito seas, Señor, por el silencio que nos ofreces
para que podamos escuchar el eco de las palabras que esperamos;
para que podamos tener tiempo de pensar y controlar nuestras ideas;
para que podamos balbucir palabras llanas
que intuyan y revelen tu misterio.
Bendito seas, Señor, por haberte hecho palabra encarnada,
palabra que nosotros podemos concebir,
y así poder conocer y saborear.
Bendito seas, Señor, porque eres palabra entendible,
palabra de nuestra historia,
palabra viva, palabra implicativa,
palabra de buena noticia siempre nueva y abierta.
Ulibarri Fl.
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NAVIDAD 2 domingo -A-