Tocar el tronco del árbol:
debe su vida a las raíces escondidas;
las raíces son para que pueda haber ramas y hojas.
Tocar las hojas:
deben su vida a la savia que les viene del tronco y de las raíces;
las hojas son necesarias para que haya frutos.
Colores y aromas para atraer a los insectos.
Los insectos fecundarán las flores y éstas empezarán a morir.
Las flores se cambian en frutos.
Bellos y sabrosos madurando al sol.
Nacen de la muerte de sus madres las flores.
Mueren para que sus semillas se hagan árboles.
Mueren cuando son alimento.
Y la madre de todo.
Es para todos, y todos le debemos la vida.
La fuente de toda vida.
Como un cirio gigantesco se consume para dar luz y calor.
Innumerables gotas de agua que se reúnen
para caer en la tierra.
Sin ellas no hay fecundidad, ni limpieza, ni frescura.
Son para dar vida.
El más discreto de todos los sacrificios.
Todo es agua y nada parece agua.
Todo vive por el agua,
todo muere sin el agua.
Invisible en la planta y en el animal y en
cada uno de nosotros.
Pasando constantemente de ser ella
misma a ser el otro.
¡Bendito sea Dios, mi Agua, mi Sol!
¡Bendito sea el Árbol de la Cruz,
y su fruto!
Bendito sea el Sol
Autora: María Asun Gutiérrez. Pamplona.
Imágenes: de internet (ningún tratamiento)
Música: Disco Albinoni’s Adagios
Concerto Nº9 in C major.Larghetto. (Peso reducido)
Texto adaptado de apuntes “Triduo Pascual 2006”.
José E. Ruiz de Galarreta s.j.
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Morir y RESUCITAR - Mochila Pastoral