ASOCIACION DE
SALESIANOS
COOPERADORES
Compromiso Social Cristiano
Vivimos en un mundo hoy, donde se suscitan
innumerables problemas:
Sociales
Politicos
Hambre
Culturales
Economicos
Irrespeto a
los DDHH
Violencia
Inseguridad
Aborto
CRISTIANOS COMPROMETIDOS EN EL MUNDO
“somos responsables”
Responsables
¿Por qué?
Responsables
¿Dónde?
Responsables
¿De qué?
Responsables
¿Cómo?
Responsables
¿Con quién?
Nuestra fe posee una esencial
dimensión social. No es posible,
es inconcebible que un cristiano
auténtico se ausente, se aísle, se
desvincule del mundo, y de estos
desafíos.
La Iglesia ha venido dando orientaciones claras sobre el
compromiso social del cristiano. Desde León XIII, ha sido un
denominador común en las enseñanzas de los Papas el
recordar a los cristianos sus deberes públicos.
"...el Bien Común de la sociedad es superior a cualquier
otro interés, porque es el principio creador, es el elemento
conservador de la sociedad humana, de lo cual se sigue
que todo verdadero ciudadano debe querer el Bien Común
y procurarlo a toda costa" (León XIII, Notre Consolation, 11)
Juan XXIII, en Pacem in Terris, apoyaba este
deber-compromiso, en la dignidad de la persona
humana, en la propia razón, en la medida que
ésta recoja los dictados de la conciencia
humana, y en la obediencia a la voluntad
salvífica de Dios.
Años más tardes, el Concilio Vaticano II, en la constitución
Gaudium et Spes, nos dirá que: "El divorcio entre la fe y la
vida diaria de muchos, debe ser considerado como uno de
los más graves errores de nuestra época. no se creen, por
consiguiente, oposiciones artificiales entre las ocupaciones
profesionales y sociales, por una parte, y la vida religiosa
por otra. El cristiano que falta a sus obligaciones
temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta, sobre
todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su
salvación eterna" (GS, 43)
Pablo VI decía en 1971 unas palabras que resultan muy actuales:
“Que cada cual se examine para ver lo que ha hecho hasta aquí y
lo que debe hacer todavía. No basta recordar principios generales,
manifestar propósitos, condenar las injusticias graves, proferir
denuncias con cierta audacia profética; todo ello no tendrá peso
real si no va acompañado en cada hombre por una toma de
conciencia más viva de su propia responsabilidad y de una acción
efectiva. Resulta demasiado fácil echar sobre los demás la
responsabilidad de las presentes injusticias, si al mismo tiempo no
nos damos cuenta de que todos somos también responsables, y
que, por tanto, la conversión personal es la primera exigencia”
(OA, 48).
Juan Pablo II subrayó en repetidas ocasiones el compromiso
social del cristiano, cuando afirmaba en uno de sus
documentos eclesiales: “Nuevas situaciones, tanto eclesiales
como sociales, económicas, políticas y culturales, reclaman
hoy, con fuerza muy particular, la acción de los fieles laicos. Si
el no comprometerse ha sido siempre algo inaceptable, el
tiempo presente lo hace aún más culpable. A nadie le es
lícito permanecer ocioso” (CFL, 3). Hoy, por la situación que
vivimos, es urgente actuar coherentemente con la fe que
profesamos e influir positivamente en la vida social.
Este compromiso en los laicos brota de su
identidad, y la fuente de esta identidad es su “ser
discípulos de Cristo por el Bautismo” (LG, 31). Su
apostolado es un derecho y un deber (es un don y
una tarea) que deriva de su misma unión con
Cristo. Es el mismo Señor el que los destina a
realizar su misión en el mundo (LG 3; CFL 2).
Su misión, su apostolado es en el mundo, porque el
laico vive directamente allí donde se organiza
secularmente la vida social, en los ámbitos de la
economía, de la política, del trabajo, de la
comunicación social, de la ley, de la organización de
las instituciones, en las que las decisiones y las
opciones se vuelven estructuras sociales que
condicionan la vida civil.
El laico no está dentro del mundo más que los otros
miembros de la Iglesia, pero sí lo está de modo
diverso, porque trata directamente las cosas profanas,
construye la arquitectura de las relaciones entre los
miembros de comunidades sociales y políticas, con su
acción da un curso a los eventos del mundo,
determinando sus aspectos organizativos y
estructurales.
El Documento de Aparecida insiste en que para
evangelizar la realidad hay que partir de esa misma
realidad. Sólo así podrá ser transformada a la luz y el
dinamismo de los valores del Reino: "La pastoral de
la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico
donde viven sus miembros. Su vida acontece en
contextos socio-culturales bien concretos. Estas
transformaciones representan, naturalmente,
nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de
construir el Reino de Dios. (D.A. 381)”
En el último capítulo de la exhortación apostólica “La Alegría del
Evangelio” del Papa Francisco, titulado "La dimensión social
de la evangelización", el Santo Padre recoge con nuevos
acentos los grandes temas de la relación entre el anuncio de
Cristo y su repercusión comunitaria, entre la confesión de la fe
y el compromiso social, pero también establece perspectivas
nuevas, que enriquecen el magisterio. "El tiempo es superior al
espacio", "La unidad prevalece sobre el conflicto"; "La realidad
es más importante que la idea"; "El todo es superior a la
parte". Se trata de cuatro nuevas perspectivas a partir de las
cuales repensar el conjunto de las relaciones sociales.
La fe auténtica, dice el Papa Francisco, “siempre implica un
profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de
dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra” y por
tanto nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la
intimidad. En este capítulo, el Papa, señala la inequidad, la falta de
justicia social, como la raíz de los males sociales y reza para que
crezca en el mundo el número de políticos ”a quienes les duela de
verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres” y que sean
capaces de “entrar en un auténtico diálogo que se oriente
eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los
males de nuestro mundo”
Estamos llamados a aportar en la vida social
el elemento vivificador de los principios
evangélicos, respetando la plena autonomía
de las realidades temporales, que también
ésta es un principio evangélico.
No es posible realizar ninguna acción social como
cristianos si no hay una renovación personal, una
renovación interior, auténtica, y esta renovación
llevará al compromiso por cambiar y transformar la
sociedad.
Este compromiso se da en tres niveles:
El Crecimiento
Interior
La Institución de estructuras
Que faciliten el desarrollo
Integral de las personas
La promoción de una cultura que
acoja la verdad plena del ser humano
En ocasiones cometemos el error de desentendernos de las cosas
de la tierra porque somos ciudadanos del cielo. No es propio del
cristiano, su ser y hacer le definen el deber impostergable de
procurar el mayor bien de todos para que se refleje la bondad de
Dios ante los hombres. Porque somos ciudadanos del cielo,
porque tenemos fe (como nos advierte el Concilio) tenemos un
mayor deber de enfrentarnos con esas realidades con espíritu
constructivo y cristiano esforzándonos para que en la convivencia
social se realice de la mejor manera posible el mensaje de paz de
justicia de libertad y de amor que Jesucristo ofrece a todos los
hombre de buena voluntad.
Los cristianos, tenemos el deber de comprometernos con la
justicia, la paz, la libertad y el amor en el mundo, es por ello
que tenemos la ineludible tarea de procurar por todos los
medios su implantación. No es una opción, es un compromiso
que nos exige la misma fidelidad a la fe y al evangelio. Para el
cristiano, querer separar la Fe de la vida diaria es
humanamente imposible.
Nuestro compromiso social comprende todos los ámbitos
de la vida en la comunidad. La Iglesia en sus enseñanzas,
principalmente las contenidas en su doctrina social nos
indica que hay que cuidar siempre la defensa de la
centralidad de la persona humana: todas las estructuras
sociales, económicas y políticas deben estar al servicio del
hombre y no viceversa
Algunos ámbitos que reclaman con mayor urgencia nuestro compromiso:
1. La familia
Es la clave para el futuro de toda sociedad, de todo país, de la
humanidad. La familia entendida como la
comunidad que nace de la íntima comunión de vida y de amor conyugal
fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer (cf. GS, 48), y
que posee una específica y original dimensión social, en cuanto lugar
primario de relaciones interpersonales, primera y vital célula de la sociedad
(cf. AA, 11).
Es evidente que gran parte de las situaciones sociales difíciles por las que
estamos atravesando, las realidades dolorosas que nos aquejan hoy y que
contradicen la vocación inscrita en el corazón de todos los seres humanos
a la vida plena, a la fraternidad y a la solidaridad, se combaten
primordialmente en el seno de las familias. La familia es el primer agente
de socialización, la primera escuela que enseña a vivir.
2. La economía
En el ámbito de la economía es necesario considerar que las
decisiones económicas, en cuanto decisiones libres, no son
ajenas o están separadas de una valoración ética. La
doctrina social de la Iglesia con sus “principios de reflexión,
normas de juicio y directrices de acción” (OA, 4) son
también un punto de referencia ético para la actividad
económica.
La economía debe estar al servicio del hombre, no el
hombre al servicio de la economía. De todo el hombre y de
todos los hombres. El criterio fundamental de toda
institución es el servicio que presta a todos, especialmente
a los más pobres. La doctrina social de la Iglesia acepta el
principio de la propiedad privada, pero recuerda el
principio del destino universal de los bienes, así como la
hipoteca social que grava toda propiedad, incluso la
intelectual.
3. La Política
Comprometerse en el ámbito de la política, significa
esfuerzo por construir una sociedad; pero ¿cuál es
la sociedad que se quiere construir? La política es el
arte de realizar el bien común; pero, ¿en qué
consiste ese bien común? Definir ambos conceptos
es la tarea de la ética que debe generar igualmente
esa creativa simetría de los fines y de los medios.
Para la doctrina social de la Iglesia, en pocas palabras, el
bien común es «el conjunto de condiciones de la vida social
que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus
miembros el logro más pleno y más fácil de la propia
perfección» (GS, 26). La política tiene sentido y razón de ser
cuando sirve al bien común, «Por tanto, el cristiano que
actúa en política -y quiere hacerlo "como cristiano"- ha de
trabajar desinteresadamente, no buscando la propia
utilidad, ni la de su propio grupo o partido, sino el bien de
todos y de cada uno y, por lo tanto, y en primer lugar, el de
los más desfavorecidos de la sociedad».
(Juan Pablo II, 04.11.2000).
En el artículo 3 del Proyecto de Vida Apostólica (PVA) titulado: “Una
sola vocación: dos modos de vivirla” se recogen las intenciones
originales, "según las cuales el Cooperador es un verdadero Salesiano
en el mundo, es decir, un cristiano, laico o sacerdote, que sin lazos de
votos religiosos, realiza la propia vocación a la santidad al servicio de
la misión juvenil popular según el espíritu de Don Bosco. Los
Salesianos Cooperadores laicos realizan su compromiso apostólico y
viven el espíritu salesiano en las situaciones ordinarias de vida y de
trabajo con sensibilidad y características laicales (Art.3, 2). La
identidad del Cooperador así delineada, presenta tres rasgos
característicos: es un cristiano católico, es secular y es salesiano.
Art. 11. Actividades típicas
Los Salesianos Cooperadores están abiertos a varias formas de
apostolado. Entre ellas ocupan un lugar preferente la vida
familiar, además de su trabajo y de la vida asociativa
Art. 12. Modalidades y estructuras en que trabajar
§2. Normalmente las actividades de los Salesianos Cooperadores
se desarrollan, en espíritu de colaboración y cooperación, en las
estructuras en las que su condición secular les ofrece mayores
posibilidades de inserción significativa: civiles, culturales, socioeconómicas, políticas, eclesiales y salesianas
La realidad se estudia para poderle dar respuestas, que tal
vez no sean "grandes" ni deslumbrantes, pero no por ello
menos necesarias. Es importante que entendamos que, a
menudo, lo que cuenta es influir en las estructuras, más
que en los casos particulares. Por lo que, debemos
procurar comprometernos en las organizaciones y
estructuras que influyen sobre la sociedad y,
particularmente, sobre la juventud y las clases populares.
Es el ámbito específico del apostolado en lo político y en
lo social.
El ejercicio activo y directo de la política supone cierta inclinación
personal, pero ello no debe ni puede apartarnos, en cuanto individuo
y en cuanto Asociación, de un esfuerzo serio e incisivo en un sector
tan importante. Por desgracia, la implicación en la política de muchos
cristianos, incluidos SCC, carece de relieve. Quizás no es el trabajo
directo lo que podemos hacer, pero hay muchas formas de estar en la
política y debemos sentir la obligación de hacer algo en este campo,
según las inclinaciones personales. Dada su extrema importancia, hay
que procurar estar presente donde se toman las decisiones. Es inútil y
vano esperar que las cosas se arreglen sin un trabajo personal serio y
sin presencia calificada en los puestos de decisión. Los lamentos son
infructuosos e ineficaces.
Detrás de cada vocación hay siempre una
misión que realizar, en nombre de la Iglesia y
en favor del hombre, de esta forma el
crecimiento personal y el desarrollo de la
Asociación se conviertan en el criterio de la
autenticidad y verificación.
"Personalmente nada deseo tanto como ver los
grupos laicales, comenzando con los Salesianos
Cooperadores, formar y actuar como un
verdadero movimiento, con gran convicción,
dedicación y compromiso social y político“
(RM CM 2012)
Los SCC somos "personas dedicadas al bien común, que
trabajamos en la esfera política, social y humanitaria, con
atención privilegiada a los pobres, los excluidos, los enfermos,
los marginados de todo tipo, lo que requiere una apertura de
corazón, comprometidos a dar vitalidad a la Iglesia, volviendo
operativos los proyectos de bien de la Asociación, en
diferentes niveles, con verdadera actitud de servicio, con una
espiritualidad laical fuerte, para convertirnos en educadores
santos que sepan formar en la vida evangélica y en la
participación de los sacramentos"
“Motivo a los SCC a una reafirmación de
la elección socio-política-educativa de
Don Bosco que no se traduce en un
activismo ideológico, sino en la formación
de una sensibilidad social y política que
lleva a "invertir la propia vida por el bien
de la comunidad social, dando la vida
como misión, con referencia constante a
los inalienables valores humanos y
cristianos". (RM CM 2012)
“Los invito a apoyar proyectos y a
las intervenciones de desarrollo en
los países pobres, que son
estrategias capaces de influir en las
políticas públicas y promover
sensibilización, información y
formación.“ (RM CM 2012)
“La obra de los Cooperadores se extenderá por
todas las naciones, se propagará por toda la
cristiandad. ¡La sostiene la mano de Dios! Los
Cooperadores llegarán a ser los que promuevan el
espíritu católico. Será una utopía mía, pero ¡la
mantengo!” (Don Bosco, MB XVIII, 161)
Principios permanentes de reflexión
• La dignidad de la persona humana: La dignidad de la persona humana se basa en el hecho de que
ha sido creada “a imagen y semejanza de Dios y elevada a un fin sobrenatural trascendente a la vida
terrena. El hombre es el sujeto y centro de la vida social.
• Los derechos humanos: Derivan de la misma dignidad de la persona humana.
• La relación persona-sociedad: Interdependencia persona-sociedad vinculada a la dignidad de la
persona humana. Naturaleza intrínsecamente social de los seres humanos.
• El bien común: Conjunto de condiciones sociales que consienten y favorecen en los seres humanos el
desarrollo íntegro de la persona.
• Solidaridad y subsidiariedad: La solidaridad, “virtud humana y cristiana” está ligada a la persona
humana como miembro activo de la sociedad y, según el Evangelio, al destino de salvación de los
hombres (Mt 25). La subsidiariedad protege a la persona humana, a la comunidad local y a los
“grupos intermedios” del peligro de perder su autonomía. La Iglesia defiende y vela por este principio
en virtud de la misma dignidad humana y de los derechos de los pueblos
• Destino universal de los bienes: Los bienes de la tierra están destinados al uso de todos los hombres.
Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para el uso de los hombres y pueblos. En
consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos de forma equitativa, bajo la guía de la justicia
y caridad. De aquí que el derecho a la propiedad privada esté sometido a una hipoteca social.
Valores fundamentales
Son inherentes a la dignidad de la persona humana: La verdad.
La libertad, justicia, solidaridad, paz y caridad. Vivir estos
valores es la vía segura para un auténtico humanismo y
convivencia social. Todos estos valores manifiestan la primacía
de la persona humana sobre las cosas y estructuras.
Necesidad de defender y promover los valores fundamentales
de la persona humana sin los cuales no habrá un verdadero
desarrollo humano y completo de toda la sociedad.
Jesús, envíanos locos que se comprometan a fondo, que
amen con algo más que con palabras, que entreguen
su vida hasta el fin. Hazme loco, apasionado,
imprudente, capaz de riesgo, Ilusionado para empezar
algo nuevo, preparado para el salto a la inseguridad,
entregado a la causa de los pobres, dispuesto a
seguirte sin cálculos ni medidas... Dame tu Espíritu.
Tus locuras son grandes paradojas, Señor.
Comprometerme en el presente, por un futuro que no
veré en esta vida. Ser aliado del Dios parcial de los
pobres por una causa que es universal.
Luchar por la justicia en el combate no-violento de la paz.
Defender los derechos humanos de todos desde la
opción partidista de los pobres. Ser amigo de la alegría,
la fiesta, el entusiasmo, desde la acción de renuncia y
sacrificio. Dame tu espíritu. Hazme loco de la vida
evangélica, acostumbrado a contentarse con poco,
amante de la pobreza solidaria, dispuesto a cualquier
tarea, capaz de fraternidad y equipo, preparado para
romper moldes, libre y disponible, obediente y agresivo,
tierno y fuerte, Llevado por tu espíritu sin leyes ni
fronteras. Dame tu Espíritu, Señor, hazme loco...
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