Cristina Pérez y Sandra Castaño 1ºBach B
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El decir “no” es difícil cuando implica ir en contra de las expectativas o deseos del otro, es
decir, cuando nos piden algo o esperan algo de nosotros, ya sea una reacción determinada,
una opinión, una conducta, etc., o cuando otra persona manifiesta su deseo y depende de
nosotros satisfacerlo.
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La dificultad para decir “no” es algo normal y adaptativo en cierta medida. Como en todas las
conductas humanas, existen los extremos, y mientras más nos acercamos a uno u otro,
comenzamos a tener problemas.
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En el caso de saber decir “no”, en un extremo están las personas a las que prácticamente
nunca les cuesta trabajo decirlo. Estas personas que de primera instancia pudieran parecer
muy seguras de si mismas, suelen tener muy poca capacidad para empatizar con las
necesidades de los demás y por lo mismo tienen fuertes problemas interpersonales.
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En el otro extremo están aquellos a los que les es prácticamente imposible decir “no”, y viven
su vida resolviendo las necesidades de otros anulándose a si mismos y a sus propias
necesidades y deseos.
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La interacción con los demás nos plantea problemas. Ante peticiones
de otra persona solemos plantearnos lo siguiente:
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"Cuando digo "No" me siento culpable. pero si digo "Si" iré en contra
mía".
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Es aquí donde entra en juego la asertividad:
Para empezar, el ser asertivo, significa también ser firme y aunque al
principio podemos comenzar siendo asertivos, si nos encontramos con
un interlocutor manipulador o agresivo, tratará de tensar o forzar la
situación para que terminemos diciendo que sí o aceptando a su
solicitud, consiguiendo que nos sintamos mal tanto si decimos que sí
como si decimos que no.
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1. Favorece la confianza en uno(a) mismo(a) y en nuestra forma de
expresarnos.
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2. Genera bienestar emocional.
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3. Mejora la imagen social ya que promueve el respeto de los y las
demás.
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4. Favorece las negociaciones.
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Por evitar un conflicto. Si sabemos que negarnos va a generar una situación problemática para
nosotros, generalmente tendemos a ceder. Sobre todo si esa problemática nos es significativa, como
en el caso del jefe y la junta de trabajo.
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- Por no hacer sentir mal al otro. Lo que es mejor conocido como culpa. Muchas veces, sin darnos
cuenta, nos imaginamos lo que el otro va a sentir si nos negamos. Por supuesto que nosotros sólo lo
imaginamos y no sabemos cómo lo va a tomar en realidad la otra persona, pero nos dejamos guiar por
aquello que imaginamos que va a sentir, y si eso que imaginamos no resulta agradable, preferimos no
hacerlo pasar por eso.
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- Por miedo a no ser aceptado. Contrario a imaginarnos lo que va a sentir la otra persona si nos
negamos, más bien nos imaginamos lo que va a pensar de nosotros. Esto es un miedo a ser rechazado,
el cual en algunas personas es más marcado que en otras.
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- Por sentir que no tengo derecho a negarme. Esto generalmente es un problema de autoestima, en
donde damos por hecho que las necesidades del otro son más importantes que las nuestras, y en
cuanto nos piden algo, inmediatamente hacemos de lado lo nuestro para atenderlos.
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El problema de no saber decir “no” es que después tenemos que afrontar las consecuencias. Nos
obligamos a vivir situaciones que no deseábamos. Es importante reconocer cuál es tu necesidad o
deseo, y decidir si eso es una prioridad para ti en ese momento, o si estás dispuesto a ceder a los
deseos del otro.
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La clave está en utilizar lenguaje positivo, tener confianza en
nosotros mismos y pensar que aunque digamos que no, ni se
va a romper una relación ni se va a producir una situación de
conflicto.
Expresar tu opinión y tus deseos con naturalidad, saber
pedir favores y saber decir “no” al tiempo que también saber
encajar un “no” como respuesta pues tratar a los demás con
el mismo respeto con el que buscas ser tratado.
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Nadie o casi nadie puede afirmar que nunca haya discutido con otra
persona al expresar una queja o una reprimenda. ¿De dónde proviene el
conflicto en una situación tan cotidiana? En muchas ocasiones la culpa es
del que inicia la conversación, o bien porque se expresa desde la rabia o la
ira y las formas le hacen perder la razón, o bien porque no tiene muy claro
a dónde quiere llegar y la queja que expresa es poco constructiva. En otras
tantas ocasiones es el receptor quien se ofende, no es capaz de reconocer
el problema y, al sentirse agredido, responde a su vez de forma agresiva.
No importa quien inicie la discusión: si ambos siguen fallando en el
manejo de la asertividad, tengan por seguro que la escalada del conflicto
está más que asegurada.
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Pregúntate si lo que te están pidiendo es algo que tu realmente quieres hacer.
Piénsalo detenidamente, no te dejes llevar por el impulso de decir “si”. Observa si TU realmente deseas
hacerlo o no, independientemente de los deseos o las expectativas del otro.
Toma tu tiempo antes de responder.
No des una respuesta en ese momento, di algo como: “déjame pensarlo y te digo al rato”, o “tengo que
verificar si no tengo otros compromisos, pero te confirmo mañana”. Esto te va a ayudar mucho a observar
con calma si lo que te están pidiendo es algo que tu quieres hacer o no.
Pregúntate si tienes el tiempo para hacerlo.
Muchas veces no es que no queramos complacer al otro, simplemente no tenemos el tiempo. Evalúa tus
prioridades y si decides que puedes dedicar algo de tu tiempo al otro sin afectar tus proyectos, adelante.
De lo contrario, es mejor decir “no”.
Puedes buscar un punto medio.
Tal vez no quieras hacer exactamente lo que te piden pero si estás dispuesto a buscar un acuerdo en el
que ambas partes ceden un poco. Di “no”, pero propón otra alternativa. Puedes decir algo como: “mira,
hoy no puedo ayudarte con eso pero si no te es muy urgente, mañana sí tendría una hora para ayudarte”.
Si vas a decir “no”, sé honesto y amable.
Lo mejor es decirle al otro que no podemos porque tenemos otros pendientes, sin tener que entrar en
detalles, y decírselo de la manera más amable y con seguridad, que al decir “no”, no te sientas mal de
decirlo. Se trata de que puedas decir “no” con la seguridad de que es tu decisión y de que tienes todo el
derecho de negarte. Recuerda que es señal de buena autoestima. Es mejor decir no con una sonrisa que
con cara de culpa, ¿no crees?
• Nos recomiendan dos técnicas, la del disco rayado y la cita asertiva, lo mejor es
combinar ambas.
• Disco rayado: consiste en continuar la conversación utilizando las fórmulas:
“ya, pero…” o “muy bien, pero”.
-Ya, el caso es que me gustaría que lo revisáramos.
-Ya te he dicho que ahora tengo que ir a otra clase y no puedo
atenderte.
-Lo sé, lo sé, pero no quisiera que nos marcháramos sin revisarlo.
• Cita asertiva: la conducta asertiva sirve para resolver la situación. Consiste en
fijar un momento en el que llevar a cabo la conducta, dejando claros el lugar y
la hora.
-Te digo que ahora me resulta imposible.
-De acuerdo. ¿Qué le parece si nos vemos en la sala de profesores a la
hora del recreo?
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Para aprender a manejar las situaciones. Y si lo hemos llamado
entrenamiento en habilidades sociales es porque estas técnicas no se
aprenden de repente, sino que es necesario llevar a cabo un periodo de
práctica que nos facilite a habituarnos a ejercer nuestras acciones
asertivas.
La base, en cualquier caso, está en conocer a la perfección las formas de
reaccionar de nuestro interlocutor, y mantenernos firmes, sin perder la
compostura, utilizando este tipo de técnicas.
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CUANDO DIGO NO, ME SIENTO CULPABLE.