Muestra con palabras
una realidad concreta
o abstracta.
Informa sobre cómo son:
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Lugares: paisaje o topografía
Ambientes o épocas: cronografía
Objetos
Personas: retrato, caricatura, etc
Conceptos: definición
Observación y selección
2.
Ordenación y estructuración:
1. De lo general a lo particular o al contrario.
2. De los primeros planos al fondo o al revés.
3. De dentro a fuera o al contrario.
4. De izquierda a derecha o al revés.
3.
Desarrollo de la expresión lingüística
1.
1.
2.
3.
Según su objetivo
1. Técnica (científica)
2. Literaria (estética)
Según el tema: (Personas)
1. Prosopografía (física)
2. Etopeya (psicológica)
3. Retrato (completa)
4. Caricatura (deformación)
Según el movimiento:
1. Estática (sin movimiento)
2. Dinámica (con movimiento)
La descripción literaria
La descripción científica
lengua discursiva:
registro estándar,
culto



finalidad práctica: explicar
o informar sobre algo que
es o ha sido.

lengua literaria, poética

finalidad estética: lograr un
impacto en el receptor

La atención del autor se centra
ahora en el mensaje, y no tanto
en el objeto o referente que se
describe.

Subjetividad: presencia de la 1ª
persona y adjs. Valorativos

Uso de recursos estilísticos,
búsqueda de la expresividad
en la lengua utilizada
La atención y el interés del
autor se centra, sobre
todo, en la realidad, en el
objeto que se describe.

Objetividad: precisión
léxica (tecnicismos)

Exhaustividad de los datos

Busca la claridad.

Marcadores espaciales:
arriba, abajo, cerca, más adelante.

Enumeración:
› asíndeton (sin nexos),
› polisíndeton (excesivos nexos),
› sin conectores (descripción caótica)

Expresión de cualidades:
Adjetivos (bajo, corpulento, delgaducho, alegre, cariñoso, huraño…),
Comparaciones (Se movía como un pato. Su pelo parecía de oro.)
Metáforas (Entre sus labios lucía una hilera de perlas )

Tiempos verbales: pretérito imperfecto
 Poca
acción, verbos estáticos
PLATERO Y YO. Juan Ramón Jiménez
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que
se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los
espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos
escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado, y
acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las
florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente:
"¿Platero?", y viene a mí con un trotecillo alegre que parece
que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las
uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su
cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero
fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paseo
sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los
hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se
quedan mirándolo.
Él era un clérigo cerbatana, largo sólo en el talle, una cabeza pequeña, pelo
bermejo, no hay más que decir. Los ojos avecindados en el cogote, que parecía
que miraba por cuévanos, tan hundidos y oscuros que era buen sitio el suyo para
tiendas de mercaderes; la nariz, entre Roma y Francia, porque se le había comido
de unas búas de resfriado, que aun no fueron de vicio porque cuestan dinero; las
barbas descoloridas de miedo de la boca vecina, que de pura hambre parecía que
amenazaba a comérselas; los dientes, le faltaban no sé cuántos, y pienso que por
holgazanes y vagamundos se los habían desterrado; el gaznate largo como de
avestruz, con una nuez tan salida que parecía se iba a buscar de comer forzada
de la necesidad; los brazos secos; las manos como un manojo de sarmientos
cada una.
Mirado de medio abajo parecía tenedor o compás, con dos piernas largas y
flacas. Su andar muy espacioso; si se descomponía algo, le sonaban los huesos
como tablillas de San Lázaro. Traía un bonete los días de sol ratonado con mil
gateras y guarniciones de grasa; era de cosa que fue paño, con los fondos en
caspa. La sotana, según decían algunos, era milagrosa, porque no se sabía de
qué color era. Cada zapato podía ser tumba de un filisteo. Pues ¿su aposento?
Aun arañas no había en él. Conjuraba los ratones de miedo que no le royesen
algunos mendrugos que guardaba. La cama tenía en el suelo, y dormía siempre
de un lado por no gastar las sábanas. Al fin, él era archipobre y protomiseria.
F. de Quevedo. El Buscón
Entrábase a ella por un gran corralón flanqueado de cobertizos, que
llaman tenadas los naturales; y antes de la primera puerta interior se elevaba otro
cobertizo en figura de pestaña horizontal, muy jalbegueado de cal, con sus
chafarrinadas, a trechos, de almagre, a manera de faldón de disciplinante en día
de Jueves Santo. El zaguán o portal interior estaba bernizado con el mismo
jalbegre, a excepción de las ráfagas de almagre, y todos los sábados se tenía
cuidado de lavarle la cara con un baño de aguacal. En la pared del portal, que
hacía frente a la puerta, había una especie de aparador o estante, que se
llamaba vasar en el vocabulario del país, donde se presentaba desde luego a los
que entraban toda la vajilla de la casa; doce platos, otras tantas escudillas, tres
fuentes grandes, todas de Talavera de la Reina, y en medio dos jarras, de vidrio
con sus cenefas azules hacia el brocal, y sus asas a picos o a dentellones, como
crestas de gallo. A los dos lados del vasar se levantaban desde el suelo con
proporcionada elevación dos poyos de tierra, almagreados por el pie y caleados
por el plano, sobre cada uno de los cuales se habían abierto cuatro a manera de
hornillos, para asentar otros tantos cántaros de barro, cuatro de agua zarca para
beber, y los otros cuatro de agua del río para los demás menesteres de la casa.
(Fray Gerundio de Campazas, Padre Isla)
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