“EL ILUSTRE HIDALGO DON
QUIJOTE DE LA MANCHA”
DON QUIJOTE Y SANCHO
En el tratado y la caracterización de estos dos personajes radica uno de
los méritos más sobresalientes de la novela. Ambos personajes encarnan inicialmente
posturas e ideales opuestos, que permiten al autor un magistral ejercicio de la
técnica del diálogo y la presentación de situaciones fundamentadas en el contraste
de situaciones, puntos de vista… A grandes rasgos, presentan estas características:
DON QUIJOTE
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Es un hidalgo que ha perdido la
cordura de tanto leer libros
Encarna el mundo ideal y
fantástico de la caballería andante
Se mueve pos dos ideales: la
justicia y el amor a su dama
Busca soluciones fantásticas para
cualquier situación y las halla en
los libros leídos
SANCHO
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Es un rudo labrador que
representa la realidad cotidiana
Sólo se fía de lo que ve y se
preocupa por lo inmediato
Actúa por intereses personales
materiales: las ganancias y el
gobierno de una ínsula
Sólo ve lo real y busca apoyo en
la sabiduría popular y en su
mayor exponente: los refranes
Sin embargo, estos dos personajes, en un principio opuestos, parece que se
van influyendo el uno al otro a lo largo de la novela. A medida que viven diversas
aventuras, van transformándose, se aproximan y se compenetran de tal forma que , al
final, don Quijote una vez recobrada la cordura, ya no quiere ser caballero andante y
muere. El realista Sancho se convierte también en soñador, y ruega a Don Quijote que
no se deje morir, que aún pueden ser pastores…
Ser un quijote significa no soportar las desigualdades entre los hombres, querer
cambiar la realidad, combatir las injusticias y crear un mundo diferente, sin imponerlo,
porque lo cree posible.
Por tanto, hoy en día la existencia de verdaderos quijotes es prácticamente una
utopía, aunque bien es sabido que el mundo necesita de ellos.
Y es que por muy devaluado que el quijotismo se encuentre en esta época de modas
pragmáticas e individualismos aislantes, la ensoñadora actitud de luchar contra dragones y
rescatar dulcineas amenazadas por malignos, no deja de seducir tanto a listos como a
incautos. Pero para devenir de quijote hace falta tener alguna pasta de quijote: hay que tener
tenacidad, persistencia, fantasiosidad, esbeltez y creatividad…
Sin embargo, en la actualidad este mundo está lleno de sanchos que quieren ser
reconocidos como quijotes. La comicidad de Sancho está más de moda que nunca porque los
bufones son muy necesarios en medio de una sociedad árida de ideologías.
Hay gente que no pueden ser caballerosas, aunque lo intenten. No tienen aptitud para ello,
no les sale del alma. Y si además se quiere ser “caballero andante”, mucho menos. No
cualquiera vale para la aventura, para el viaje interior, para salir de su casa y de los suyos y
lanzarse mundo a través para desfacer entuertos y ayudar a los más débiles, y soñar con
otro mundo posible, y tener una visión esperanzada y luminosa de la vida, y estar dispuesto
a los requiebros y lances de la vida, y a enamorarse del amor, dulcemente trágico, de
cualquier Dulcinea que casi siempre se cruza en la vida... No cualquiera vale para ser
generoso y magnánimo de corazón y de gestos, despreocupado de los beneficios que le
traigan o no sus aventuras, dichas o desdichas. No cualquiera vale para poner su empeño
de justicia en causas aparentemente perdidas a los ojos de este mundo encanallado. No
cualquiera vale para no aceptar la realidad cruda tal cual es y resignarse y replegarse a ella
porque nada es posible cambiar. No cualquiera vale para ser Quijote mundo a través sin
más equipaje que una endeble coraza, una adarga antigua, un rocinante enjuto, un
escudero bonachón y un montón de pájaros en la cabeza. No cualquiera vale, no... Lo
imposible para Don Quijote es la imposibilidad de alcanzar aquello que busca.
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