Libertad
Jorge Riechmann
“La cadena termina aquí”
El presidente estadounidense Harry Truman
tenía un famoso cartel en su escritorio del
Despacho Oval que decía: “La cadena termina
aquí” (vale decir: en este lugar se asumen las
responsabilidades).
Ese “centro de gravedad narrativo” que es el yo
es también el lugar donde se asume la
responsabilidad. Donde se dice: “depende de
mí”. Me hago cargo de mis actos.
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Incluso en el adiestramiento de
perros (o lobos)…
“Optar por el método de Koehler es creer firmemente
que la esencia de un perro, o de un lobo, no precede
a su existencia; es creer que un perro, o un lobo, es
consciente de su ser ni más ni menos que un ser
humano. Por ello es preciso guardar a perros y lobos
cierto respeto y, sobre esa base concederles un
derecho moral. Se trata, en palabras de Koehler, del
derecho a ser responsables de las consecuencias
de sus actos.” Mark Rowlands: El filósofo y el lobo, Seix y Barral,
Barcelona 2009, p. 55.
Libertad y responsabilidad
Sin libertad –de alguna clase-- no cabe hablar de
responsabilidad, ni en general puede existir el
ámbito moral.
Sin libertad no podríamos distinguir entre mal
natural –como un terremoto, un tsunami o el
impacto de un gran meteorito– y mal social o
moral –como torturar a un cachorrito, violar a una
niña o especular con los precios de los alimentos--,
distinción que a Tomás de Aquino le parecía de
suma importancia…
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“Deber” implica “poder”
“Deber” implica “poder” en cierto sentido: si los
seres humanos no tuvieran cierta capacidad de
controlar voluntariamente su comportamiento, no
tendría sentido establecer normas.
En suma, si eliminamos el lenguaje de la libertad,
hemos de olvidarnos del de la responsabilidad (y
de prácticas sociales como la de pedir cuentas por
las acciones de alguien, o rendir cuentas ante los
demás).
Tres condiciones
Con más precisión, son menester al menos las
siguientes tres condiciones para que podamos hablar
de comportamiento moral: (a) han de existir modos
alternativos de acción;
(b) el agente ha de poder evaluar los cursos
alternativos de acción, vale decir, asignar “bondad” o
“maldad” moral a tales cursos (sea cual fuere el
significado que demos a bueno y malo en una teoría
ética particular);
(c) el agente ha de ser libre para escoger aquello que
juzga bueno. George H. Kieffer, Bioética, Alhambra, Madrid 1983, p. 28.
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Libertad e identidad humana
Además, “la libertad que tenemos de influir
voluntariamente en nuestra naturaleza y nuestro
destino está en el corazón de la identidad
humana: ser humano significa, para un gran
número de nosotros, tener ‘libre albedrío’, ser
capaces de elegir lo que hacemos, pensamos y
decimos, y también ser capaces de mejorarnos y
desarrollarnos como individuos.” Kathinka Evers, Neuroética,
Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 74.
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Isaiah Berlin, contra el
determinismo histórico:
“El determinismo y la responsabilidad son
incompatibles. (...) Creo que en la historia hay
momentos en que los individuos o los grupos pueden
modificar libremente la dirección de las cosas.
No todo es predecible. Dentro de límites estrechos, los
hombres son agentes libres. Los límites existen, pero
dentro de ellos hay espacio para elegir. A menos que
haya elección no hay acción humana. Todo es
conducta.”
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El decisivo uno por ciento
“Permítame ponerle un ejemplo. Creo que si en
1940 Churchill no hubiera sido primer ministro
británico, los nazis podrían haber conquistado
Europa (...)
Creo que estamos confinados por la naturaleza de
las cosas. El arco de elección no es muy grande.
Digamos que el uno por ciento. Pero ese uno por
ciento puede ser decisivo.” Isaiah Berlin en Conversaciones
con Isaiah Berlin (por Ramin Jahanbegloo), Arcadia, Barcelona 2009, p. 218219.
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Ernst Tugendhat: libertad de
acción y libertad de la voluntad
“El problema real de la libertad de la voluntad, el problema
que ha preocupado durante siglos a la tradición filosófica, no
ha sido el que se puede ejemplificar con el movimiento de un
dedo [libertad de acción: mover un dedo cuando uno quiere
hacerlo], sino el problema de la responsabilidad. ¿Cómo hay
que entender que nos podamos responsabilizar de nuestros
actos y reprochárnoslos recíprocamente, así como también a
nosotros mismos? Una tal responsabilización implica que la
persona puede controlar lo que ella quiere. (...) Es aquí donde
tiene sentido hablar no sólo de libertad de acción, sino de
libertad de la voluntad.” Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”, capítulo 2
de Antropología en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p. 39-40.
La pregunta de Schopenhauer:
¿puedo querer lo que quiero?
Albert Einstein dijo en cierta ocasión: “El ser humano
puede hacer lo que quiera, pero no puede querer lo que
quiera”. Citado en Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la libertad”,
Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 6.
Afirmaba así la libertad de acción (que indudablemente
existe: el ser humano la comparte con todos los demás
mamíferos, p. ej.), pero negaba la libertad de la voluntad.
Análogamente Arthur Schopenhauer: “ El hombre hace
siempre lo que quiere y, sin embargo, lo hace
necesariamente”. Citado por José M. Delgado García, “Decidir no es cosa de
dos (un ensayo sobre la neurofisiología de la toma de decisiones)”, Revista de Occidente
356, enero de 2011, p. 20.
Libertad humana y
comportamiento moral
La libertad es el presupuesto de la ética de
autonomía, quizá de la ética a secas, pero por
supuesto no agota la ética.
Recordemos la sugerencia de Zygmunt
Bauman: la ética trata del compromiso con
el otro a lo largo del tiempo.
La libertad tiene que ver con el deseo de
aumentar nuestra potencia, nuestra capacidad
de acción. Cuidar del prójimo, por ejemplo, es
otro asunto. Cf. mi reflexión sobre los tres deseos humanos básicos en La
habitación de Pascal
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Una cuestión previa: el
determinismo
Pero ¿cómo pensar la libertad del agente?
Si en el mundo todo sucede de acuerdo
con una causa ¿hay agentes libres? La
existencia de una acción humana libre ha
sido negada por ciertas filosofías y
concepciones del mundo.
A ese punto de vista se le acostumbra a
llamar determinismo (y es uno de los temas
clásicos de la reflexión filosófica, ética,
psicológica, sociológica...).
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¿La libertad humana: una forma
de autoengaño?
“El psicólogo estadounidense John G. Sobris
plantea que la ilusión de un ‘yo’ espiritual como
algo distinto al ‘no-yo’ material se crea por lo que
podría llamarse el efecto del observador.
Dadas suficiente complejidad e inteligencia, un
aparato que observa o registra puede concluir que
es sustancialmente distinto de lo que observa o
registra.” Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la libertad”,
Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 7.
¿La libertad humana: una mentira
piadosa?
“El profesor Saul Smilansky sugiere que
debemos fomentar la ilusión de la voluntad
libre y la responsabilidad moral. Supongo
que eso es algo similar a lo que la dama
victoriana expresó sobre la teoría de la
evolución de Darwin: ‘Esperemos que no
sea cierta, pero si lo es esperemos que no se
corra la voz’.” Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la
libertad”, Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 17.
Si todo fuera ilusión (por ser
neuronal), ¡nada lo sería!
Observemos de pasada lo siguiente: que la forma o el contenido
de una experiencia sea una construcción del cerebro no torna
irreal, ilusoria o errónea tal experiencia.
Podrá ser una experiencia ilusoria (pensemos por ejemplo en
alucinaciones o espejismos) pero por otras razones, no
simplemente por ser una construcción neuronal.
Pues “si se adopta esta manera de pensar, se vuelve imposible
mantener una distinción entre la ilusión y la realidad, porque todo
lo que pensamos, sentimos o imaginamos es neuronal y resulta de
un programa biológico modelado por la evolución: así, la totalidad
del mundo de nuestra experiencia se volvería ilusoria.” Kathinka Evers,
Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 85.
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Así, la causalidad neuronal no puede ser la marca de la
ilusión, a menos que todo cuanto experimentamos (y podamos
experimentar) sea ilusión…en cuyo caso el concepto de ilusión
se torna vacío (no podríamos distinguir ilusión y realidad).
“Para ser útil, la distinción entre ilusión y realidad debe hacer
referencia al mundo fenoménico, es decir al mundo tal como lo
experimentamos y, en el seno de este ámbito, debe designar
una diferencia entre las construcciones del cerebro que son
ilusorias y aquellas que son verídicas. (…) De esto resulta que
incluso si el libre albedrío es una construcción neuronal, no por
ese motivo es una ilusión.” Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos
Aires 2010, p. 86.
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El problema neuroético del libre
albedrío…
“…consiste en explicar cómo la concepción socialmente crucial según
la cual los seres humanos son individuos libres y responsables puede
ser articulada con las concepciones neurocientíficas que tenemos de
nosotros mismos y nuestro comportamiento.
Cabe preguntarse si es razonable creer en el libre albedrío cuando
aquello que experimentamos como una elección libre es el resultado de
interacciones electroquímicas en el cerebro y una suerte de programa
biológico para la toma de decisiones modelado por la evolución.
Por otro lado, las ideas de libre albedrío y de responsabilidad personal
funcionan como fundamentos sociales.
El libre albedrío es igualmente una característica básica de la
experiencia humana, una estructura neuronal fundamental, como el
espacio, el tiempo y la causalidad.” Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/
Buenos Aires 2010, p. 16. Cf. también p. 77.
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Determinismo físico-natural
Determinismos ha habido de muchas clases, desde
el más tradicional de inspiración teológica
(estaríamos determinados por el Destino o por los
Dioses) hasta otros más recientes basados p. ej. en
ciertas interpretaciones mecanicistas (o en clave
hegeliana) de la obra de Marx; o en la genética; o en
los condicionamientos ambientales; o en el
inconsciente psíquico...
El determinismo físico-natural consiste en la tesis
de que “en cada momento dado hay exactamente un
único futuro físicamente posible”. Peter van Inwagen, An Essay
on Free Will, Clarendon Press, Oxford 1983, p. 3.
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El determinismo mecanicista de
Laplace
El físico y matemático francés Pierre-Simon Laplace ofreció
una imagen sencilla, vívida y perdurable del determinismo:
“Si hubiera un intelecto que en cualquier momento dado
conociera todas las fuerzas que animan la naturaleza y las
posiciones respectivas de los seres que la integran, y fuera lo
bastante vasto como para someter todos sus datos a análisis,
podría condensar en una sencilla fórmula el movimiento tanto
de los principales cuerpos del universo como el de sus átomos
más pequeños; para un intelecto así no podría haber nada
incierto; y el futuro estaría tan presente ante sus ojos como el
pasado” (Laplace, 1814).
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El demonio de Laplace
Este intelecto omnisciente suele conocerse como el demonio
de Laplace. Una parte de nuestro temor al determinismo ¿no
surge de ponernos imaginariamente en el lugar de ese
hipotético demonio?
Pero se trata de un intelecto infinito y exterior al universo;
mientras que nosotros somos seres finitos dentro del
universo, de manera que en realidad nunca podríamos estar
en su lugar.
Dicho de otra forma, cada usuario finito de información tiene
un horizonte epistémico: no lo sabe todo del mundo que
habita. Esa ignorancia insuperable garantiza que tengamos
un futuro subjetivamente abierto. Lo cual no está mal…
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Determinismo no significa
predecibilidad
En el mundo de Newton y Laplace,
determinismo significaba predecibilidad.
Pero en el siglo XX hemos visto el error de
esa concepción: determinismo no significa
predecibilidad (cf. toda nuestra reflexión a
partir de las dificultades de predicción del
tiempo meteorológico en el ppt sobre azar y
contingencia).
Los demonios laplacianos no
pueden existir
Y por añadidura, sabemos --desde mediados del siglo XIX- que el ideal laplaciano de conocimiento absoluto de la
realidad es inaccesible.
La termodinámica de Carnot y Boltzmann sólo puede ser
estadística: no puede predecirse el devenir de una partícula
precisa; sí que puede calcularse el devenir de un conjunto
lo bastante numeroso de partículas...
Luego, en el primer tercio del siglo XX, la física cuántica
sistematizó este recurso al razonamiento probabilista. Cf.
Albert Jacquard, Éste es el tiempo del mundo finito, Acento, Madrid 1994, p. 47 y ss.
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En el mundo micro (o más bien
nano) de la física cuántica...
En el singular mundo de los cuantos hay hechos incausados,
acontecimientos microfísicos que pasan “porque sí”.
Un sistema puede hallarse en el mismo estado que otro, y sin
embargo en uno de ellos producirse determinado suceso
cuántico, y en el otro no.
La física cuántica les asigna una probabilidad; pero no puede
determinar --a partir de las condiciones existentes en un
momento dado-- si tal suceso se producirá o no en un futuro
inmediato.
Por tanto, el determinismo físico-natural no funciona en
ese nivel cuántico de la realidad.
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Pero esto no mejora la situación
para el agente moral
Ahora bien: esto introduce ciertamente un elemento
de azar en el mundo, pero --como observa Simon
Blackburn-- no un elemento de control consciente
por parte de ningún agente, ni de responsabilidad.
“Pensemos en el sistema neurofisiológico formado
por nuestro cerebro y nuestro cuerpo. Todo sucede de
acuerdo con una causa. Si a un nivel microfísico se
producen a veces cambios al azar, difícilmente se nos
puede considerar responsables de los cambios que se
hayan producido a consecuencia de ellos.”
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El dilema del determinismo
“No podemos controlar los saltos de los electrones. (...)
Introducir el accidente en nuestro cerebro no nos convierte
en responsables.
El indeterminismo físico convierte la responsabilidad y la
ética de la culpa en algo todavía más escurridizo. Es lo que
se conoce como el dilema del determinismo.
Si el determinismo se sostiene, perdemos nuestra libertad y
responsabilidad. Si no se sostiene, ya que algunos sucesos
‘pasan porque sí’, perdemos igualmente nuestra libertad y
nuestra responsabilidad. El azar es tan ciego como la
necesidad.” Simon Blackburn, Pensar, Paidos, Barcelona 2001, p. 94.
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El miedo al determinismo
La pregunta entonces es: ¿hay libertad
humana, más allá del azar y la necesidad?
El gran temor: si el mundo es como la
ciencia moderna nos dice que es, ¿no hay
lugar en él para nuestros empeños y
aspiraciones, para la libertad humana?
Quizá –por lo que vamos viendo y vamos a
ver-- se trate de un temor infundado.
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El miedo a la libertad
Los filósofos como Immanuel Kant o Isaiah Berlin
cifrando en la facultad de tomar decisiones libres la
esencia de lo humano...
...y nuestra pasión por desprendernos del fardo
de la libertad. Un artículo de prensa:
“Desde su nacimiento oficial, hace más de una década,
Internet ha facilitado la vida de mucha gente. Ha
simplificado la comunicación interpersonal. Ha acumulado,
organizado y distribuido una ingente cantidad de
información. Ha cambiado hábitos de compra, viaje y
lectura. Ahora, por fin, puede incluso evitar el tener que
pensar y tomar decisiones.”
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Hunch.com
“Para aquellas personas para las que decidirse es una tortura, para los
que nunca saben cuál será la mejor opción, para todos los dubitativos
del mundo: ha llegado Hunch.com, una página web que toma las
decisiones por el internauta. Con menos de diez preguntas, puede
ayudar en miles de situaciones críticas en la vida como qué carrera
estudiar, qué comer para cenar o a qué país mudarse. En su base de
datos hay decisiones sobre 2.400 asuntos.
‘Hunch funciona con una serie de algoritmos que seleccionan
preguntas que llevan a las respuestas más acertadas; otros que
seleccionan las respuestas sobre la base de lo que el sistema ya conoce,
y una última clase que determina qué nivel y qué tipo de gustos
deberían condicionar cada resultado a partir de la información que el
usuario le da al sitio web’, explica la creadora de este sitio, Caterina
Fake, fundadora del sitio de alojamiento fotográfico Flickr, en un
correo electrónico.” David Alandete, “Internet para indecisos. Una 'web' estadounidense
resuelve a los usuarios todo tipo de dilemas cotidianos”, El País, 29 de junio de 2009.
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Epicuro, crítico de quienes
dimiten de la libertad humana
El tema sartreano de la mauvaise foi (mala fe) está formulado
nítidamente, hace más de 2.300 años, por Epicuro.
En el libro XXV de Sobre la naturaleza –magna obra recuperada parcialmente a
partir de los restos carbonizados de los papiros hallados en la biblioteca de Filodemo de Herculano—
el filósofo ateniense, materialista pero no determinista, critica el
determinismo mecanicista de Demócrito (su “mala fe” que dimite
de la libertad humana):
“Los primeros hombres en dar adecuadamente cuenta de
las causas (...), aunque en muchas cuestiones aliviaron
grandes problemas, hicieron la vista gorda sobre sí
mismos con el fin de achacarle todo a la necesidad y al
accidente”. Citado por John Bellamy Foster, La ecología de Marx. Materialismo y
naturaleza, Libros de El Viejo Topo, Barcelona 2004, p. 97.
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Tocqueville, análogamente
“La providencia no ha creado al género
humano ni enteramente independiente ni del
todo esclavo. Traza, es verdad, alrededor de
cada hombre un círculo fatal del que no
puede salir, pero dentro de esos vastos
límites es poderoso y libre, y lo mismo
sucede con los pueblos.” La democracia en América, II,
Aguilar, Madrid 1989, p. 392.
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Pero ¿de verdad es tan terrible la
causalidad físico-natural?
Esperanza en que las leyes de la naturaleza no sean
deterministas, desde Epicuro hasta hoy.
El problema es que la solución de Epicuro (el
clinamen de los átomos, vale decir: su desviación
azarosa) no nos sirve de mucho...
(Por cierto que el poeta argentino Roberto Juarroz nos
proporciona una hermosa interpretación contemporánea del
tema del clinamen: “Hay que caer y no se puede elegir donde./
Pero hay cierta forma del viento en los cabellos,/ cierta pausa
del golpe,/ cierta esquina del brazo,/ que podemos torcer
mientras caemos.”)
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Una actualización de la estrategia epicúrea: apelar
al indeterminismo cuántico. Como ya antes
observamos, tampoco lleva lejos: ¿cómo
relacionar el indeterminismo a escala subatómica
con el ejercicio de la libertad humana?
Pero ¿son tan terribles las leyes de la naturaleza
para la libertad y la responsabilidad humanas?
¿De verdad eliminaría la causalidad el espacio de
la libertad y la responsabilidad humana?
Naturalismo en filosofía y
epistemología
El naturalismo es la idea de que las
investigaciones filosóficas no son superiores ni
previas a las investigaciones de las ciencias
naturales (y sociales), sino que van asociadas a
dichos proyectos.
El trabajo de los filósofos es más bien clarificar y
tratar de unificar las perspectivas contrapuestas en
una visión unificada del universo.
Ha de producirse constantemente una crítica
recíproca, bien informada y constructiva, entre
ciencia y filosofía. Cf. Daniel C. Dennett, La evolución de la libertad,
Paidos, Barcelona 2004, p. 30. Ésta era también la perspectiva de Manuel Sacristán...
Mi propia perspectiva –dicho sea de paso--: naturalista, sistémica y evolucionista.
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Compatibilismo
En algunos pensadores contemporáneos, que son
naturalistas filosóficos, se defiende el compatibilismo: la
idea de que la libertad humana y la causalidad físiconatural son compatibles (quizá porque se trata, por
decirlo así, de diferentes niveles de descripción de los
mismos fenómenos). Cf. el excelente libro de Daniel C. Dennett, La
evolución de la libertad, Paidos, Barcelona 2004.
“El naturalismo no es ningún enemigo de la libertad;
ofrece una explicación positiva de la libertad que da mejor
respuesta a sus puntos oscuros que aquellas explicaciones
que tratan de protegerla de las garras de la ciencia con una
‘oscura y miedosa metafísica’ (en la acertada frase de P.F.
Strawson).” Dennett, op. cit., p. 31.
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A la inversa, a quienes creen que la libertad y
la causalidad son incompatibles podemos
llamarles incompatibilistas.
Para el compatibilista, el agente moral está
perfectamente ubicado dentro del orden
causal de la naturaleza. Su libertad consiste
en que sus acciones dependen de sus propios
procesos cognitivos y volitivos. “Depende de mí”,
dice Tugendhat: luego volveremos sobre ello.
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¿Un fantasma dentro de la
máquina?
No se trata de un agente “espiritual” (a veces se
emplea la imagen de ghost in the machine, un
fantasma dentro de la máquina: la propuso
inicialmente Gilbert Ryle) que estaría fuera del orden
causal de la naturaleza y --misteriosamente-- sería sin
embargo capaz de actuar sobre el mismo (control con
intervención externa);
para el compatibilista se da un control interno. Cf. el
modelo del termostato. O la imagen de Tugendhat:
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El nudo en la cuerda
“En vez de la corriente causal soy yo quien es responsabilizado,
puesto que yo he intervenido en la corriente causal cuando he
suspendido los motivos inmediatos hacia un fin, o los podría
haber suspendido.
Por otro lado parece plausible ver este acto de suspensión como a
su vez condicionado causalmente.
Se puede aclarar esto con la imagen de una cuerda donde está
insertado un nudo. La cuerda representa la corriente de
causalidad. Por medio del nudo, que representa la acción yoica, la
causalidad es de hecho interceptada y sustituida por mi actividad,
y sin embargo también el nudo es de cuerda.”
Ernst Tugendhat, “Libre
albedrío y determinismo”, capítulo 2 de Antropología en vez de metafísica, Gedisa,
Barcelona 2008, p. 48.
Control desde dentro de la
naturaleza
“Estamos implicados en el orden causal. Somos parte
de la cadena que va desde el pasado al futuro. Y éste es
el origen de nuestra responsabilidad.
Podemos llamar a esta concepción ‘control dentro del
control’ o ‘control desde dentro de la naturaleza’.
Cuando ejercemos este control interno, defiende el
compatibilista, somos responsables de ciertos sucesos.”
Blackburn, op. cit., p. 106.
Sobre esta importante cuestión véase Antonio Damasio, “El sí mismo y la cuestíón del
control”, en Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona 2010, p. 401-407.
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El “juego de la vida”
Nuestra manera de pensar el determinismo y la causalidad
se ve distorsionada por ilusiones que pueden disiparse con
la ayuda de un “modelo de la vida” simplificado, donde
pueden evolucionar entidades sencillas capaces de evitar el
daño y reproducirse a sí mismas.
Se trata del “juego de la vida” del matemático John Horton
Conway. Cf. http://psoup.math.wisc.edu/Life32.html
Se demuestra que el vínculo tradicional entre
determinismo e inevitabilidad es un error: el concepto
de inevitabilidad corresponde al nivel del diseño, no al
nivel físico. Cf. Dennett, op. cit., cap. 2.
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El determinismo no implica la
inevitabilidad
En ese modelo determinista tan simple, emergen formas a
veces sorprendentemente parecidas a un agente.
Algunos tipos de daño pueden evitarse... si hay avisos previos.
El determinismo no implica la inevitabilidad.
Lo inevitable no depende de si reina o no el determinismo,
sino de si se pueden o no tomar medidas --basadas en
información que quepa obtener a tiempo-- para evitar el daño.
Esto debería bastar para romper el vínculo tradicional entre
determinismo y falta de esperanza. La distinción entre ser un
ente con un futuro abierto y ser un ente con un futuro
cerrado es independiente del determinismo.
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Servomecanismos
Pensemos en cualquier servomecanismo de los que estudia la
cibernética.
Ya desde la segunda mitad del siglo XIX los ingenieros
inventaron máquinas capaces de regular su actividad por
sí mismas; llamamos servomecanismos a estas máquinas.
Se trata de dispositivos capaces de captar información del
medio, de modificar sus estados en función de las
circunstancias, y de regular su actividad de cara a la
consecución de una meta.
Ejemplos: un torpedo autoguiado que persigue a un barco que trata de zafarse; el
sistema formado por un termostato y una fuente de calor.
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Causalidad circular
A partir de 1948 Norbert Wiener, el fundador
de la cibernética, mostró que las categorías
mecanicistas tradicionales --en particular,
la causalidad lineal-- no servían para
entender el comportamiento de estos sistemas.
Los servomecanismos muestran un
comportamiento teleológico y una
estructura causal circular.
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No es cierto que en mundo determinista
no haya verdaderas opciones
“Tanto en nuestras reflexiones cotidianas sobre lo que
vamos a hacer a continuación como en nuestro
pensamiento científico más riguroso en relación con las
causas de los fenómenos, empleamos conceptos de
necesidad, posibilidad y causalidad que son
rigurosamente neutrales respecto de la cuestión de si la
verdad está del lado del determinismo o del
indeterminismo.” Dennett, op. cit., p. 84.
No hay paradoja en observar que ciertos fenómenos están
predeterminados para ser caóticos e impredecibles.
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Recapitulemos: tres perspectivas:
(A) Determinismo. Todo está causalmente
determinado; no cabe hablar de acciones libres ni de
seres libres (Laplace).
(B) Incompatibilismo. Son excluyentes causalidad y
libertad (Kant). El problema aquí: ¿cómo se articulan el “ser humano nouménico” y el “ser
humano fenoménico”?
(C ) Compatibilismo. No hay contradicción entre
determinación causal y libertad. “Hubiera podido
actuar de otro modo, si realmente lo hubiera querido”
(los estoicos, Hume, Spinoza, John Stuart Mill…).
Ésta es también la posición que se defiende aquí.
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El principio (revisado) del
compatibilismo según Blackburn
Un agente ha actuado libremente si hubiera podido
actuar de otro modo en sentido propio.
Esto significa que hubiera actuado de otro modo si
hubiera tomado una decisión diferente;
y que, en caso de hallarse bajo la influencia de otros
pensamientos o consideraciones verdaderos y
asequibles, habría tomado una decisión diferente.
Son pensamientos y consideraciones verdaderos y asequibles para el agente aquellos
que representan adecuadamente la situación en que se encuentra y que sería
razonable esperar que tomara en consideración. Blackburn, Pensar, op. cit., p. 111.
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La libertad como efecto de la
complejidad
Desde cierta perspectiva, la libertad aparece como
un efecto de complejidad.
A partir de cierto nivel de complejidad, ya sea el
mundo determinista o no, hemos de pasar a la
perspectiva intencional: conceptualizamos a los
“hacedores” como agentes racionales o sistemas
intencionales.
Esto quiere decir, simplemente, que sacan las
conclusiones adecuadas sobre lo que deben hacer a
partir de la información de la que disponen, y en
función de aquello que quieren.
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libertad
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“El todo puede ser más libre que
las partes” (Dennett, op. cit., p. 65)
La libertad como propiedad emergente, en clave sistémica -vinculada con la aparición del lenguaje y la cultura humana.
El surgimiento del lenguaje y la cultura tiene un efecto
revolucionario. Mientras que todos los demás seres vivos
están diseñados por el “relojero ciego” de la evolución para
evaluar todas las opciones en relación con el summum bonum
del éxito reproductivo, los seres humanos podemos sustituir
ese objetivo por cientos de otros “con la misma facilidad con
que el camaleón cambia de color” (Daniel C. Dennett).
Surgen así mentes abiertas en cuanto a fines y medios, en
un sentido que no es aplicable a ningún otro animal.
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libertad
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Las bolas de billar, los perros y
los monjes trapenses
Desde este punto de vista, decir “la libertad no existe,
todo está determinado causalmente” supone un error
categorial análogo a decir: las bolas de billar son como
perros, o: los perros son como monjes trapenses.
Pues causalidad no significa lo mismo en el nivel de
las bolas de billar, los perros y los monjes trapenses
(como consecuencia de la estructura sistémica de la
realidad y de las propiedades emergentes en niveles
de realidad cada vez más complejos).
Por no mencionar más que propiedades obvias: los
perros tienen libertad de acción, las bolas de billar
no la tienen;
los monjes trapenses tienen metapreferencias, los
perros --muy probablemente-- no.
Harry Frankfurt sostiene que lo distintivo de una persona
es la capacidad para realizar una evaluación
autorreflexiva, que se manifiesta a través de la formación
de deseos (o preferencias) de segundo orden, es decir,
aquellos deseos que tienen por objeto un deseo de primer
orden.
Preferencias de segundo orden (o
“metapreferencias”)
Un deseo de primer orden tendría por objeto
simplemente una cosa o una actividad, como por
ejemplo desear comer postres con crema, mientras
que un deseo de segundo orden tendría por objeto un
deseo de primer orden, por ejemplo, desear no desear
comidas con alto contenido calórico.
Para Frankfurt lo distintivo de un sujeto autónomo es
la capacidad de autorreflexión manifiesta en la
posibilidad de formación de “metapreferencias” o
preferencias de segundo orden. Véase Harry Frankfurt, La
importancia de lo que nos preocupa, Katz, Buenos Aires, 2006, pp. 26-27.
Aristóteles: querer sensual y un
querer racional
En realidad esto no es nada novedoso: ya Aristóteles
distinguió entre un querer sensual y un querer racional.
“El querer sensual es el querer simple, un querer que es
simplemente un hecho de la conciencia. El querer racional
es el querer deliberativo, reflexivo. Cuando deliberamos
preguntamos por razones. Esta capacidad de deliberación
es vista por Aristóteles como lo que distingue a los seres
humanos de los animales. Al mismo tiempo Aristóteles
vincula esta capacidad con el hecho de tener conciencia del
tiempo...” Ernst Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”, capítulo 2 de
Antropología en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p. 40.
Enkráteia
Para el Estagirita, la libertad/
autonomía vendría a ser sobre todo el
dominio de sí mismo, de las
emociones, los apetitos, los instintos.
La palabra griega clave es enkráteia
(autonomía como dominio sobre sí
mismo).
Locke: autocontrol
“Para John Locke el concepto central en este
fenómeno [del querer reflexivo] es la capacidad de
suspender un deseo.
Es obvio que la deliberación sólo puede ser
efectiva si la persona tiene la capacidad de
suspender sus deseos inmediatos. (...) Reprocharle
algo a alguien sólo tiene sentido si se puede
presuponer que tiene esta capacidad de
autocontrol.” Ernst Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”,
capítulo 2 de Antropología en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p.
41.
Grados de libertad
Cualquier organismo tiene diversas
opciones de acción.
Para sistemas nerviosos y cerebros más
complejos, más capacidades de acción y
elección: más grados de libertad. (Los
humanos más que los grandes simios, éstos
más que los felinos, éstos más que los
anfibios, y así sucesivamente.)
Fatalismo y sofisma perezoso
“Supongo que este concepto de grados de libertad diferencia al
determinismo del fatalismo. El fatalista no ve posibilidad de
cambiar el curso de los acontecimientos. El determinista sabe
que este curso puede cambiarse gracias a ciertas circunstancias
[que influirán sobre su conducta].
En neurociencia se conoce la posibilidad de que el medio
ambiente puede modificar las conexiones entre las células
nerviosas, lo que implica la importancia de la educación.
El fatalista, por ejemplo, considera inútil la intervención de un
médico en caso de enfermedad, lo que se ha denominado
sofisma perezoso. Es evidente que ante la enfermedad podemos
hacer algo.” Francisco J. Rubia, “El controvertido tema de la libertad”, Revista de
Occidente 356, enero de 2011, p. 10.
Libertad real
Así, según esta perspectiva sistémica sobre la
libertad como propiedad emergente, la libertad es
real, pero no se trata de una condición
previamente dada de nuestra existencia, como
por ejemplo la ley de la gravedad.
Es una creación evolutiva de la actividad
humana y las creencias humanas; y es tan real
como las demás creaciones humanas, como la
música o el dinero.
01/10/2015
libertad
57
Un producto relativamente reciente
de las interacciones humanas
Es función de (a) la autoconciencia que se
descubre libre; (b) las trabas externas con que topa
el agente; (c ) los recursos para la acción. Luego volveré
sobre esto, al discutir el par de conceptos libertad negativa/ libertad positiva.
La libertad humana no es una condición estable y
ahistórica, sino un producto reciente de las
interacciones humanas. Vamos ganando –o no–
sucesivos grados de libertad. Es frágil, no se halla
garantizada necesariamente en el futuro.
01/10/2015
libertad
58
Falacia de las alternativas
Blackburn: “Las alternativas se plantean como si
agotaran todas las posibilidades: o bien tenemos
un espíritu libre, que flota felizmente más allá del
orden natural, o una máquina predeterminada
como un autobús, o incluso un tranvía.
Plantear de forma errónea las alternativas es una
conocida falacia (...). Lo que denigra la naturaleza
humana no es la filosofía compatibilista, sino este
modo de formular las alternativas.”
01/10/2015
libertad
59
¿Un tubo vacío hinchado por una
mente?
“Este planteamiento supone que la naturaleza es
algo tan horrible que se requiere un momento
mágico, una chispa divina surgida del fantasma de
la máquina, para que muestre sus colores. Sólo
puede haber máquinas (zombis) o espíritus.
Pero es esta concepción la que denigra la naturaleza,
incluida la naturaleza humana. Deberíamos aprender
a pensar como Wittgenstein cuando escribía:
‘Resulta humillante tener que aparecer como un
tubo vacío, simplemente hinchado por una mente’.”
01/10/2015
libertad
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Flexibilidad cognitiva y
conductual
“La palabra clave que hay que tener en cuenta es
flexibilidad. (...) Resulta imposible determinar a
priori lo flexible que puede ser el comportamiento
humano [¡o el de los animales no humanos, añadimos nosotros! J.R.].
(...) Nuestra capacidad de percibir cosas, de
considerar las alternativas posibles, de evaluarlas,
y finalmente nuestras pautas de comportamiento,
podrían haber sido altamente inflexibles. Pero la
evidencia sugiere que se da el caso contrario...”
Simon Blackburn, Pensar, Paidos, Barcelona 2001, p. 127-128.
01/10/2015
libertad
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Qué podemos cambiar
En definitiva, el problema metafísico del libre albedrío
exento de cualquier determinación quizá tenga algo de
cortina de humo.
“Los actos humanos --los actos de amor y genio, así como los
crímenes y los pecados-- están simplemente demasiado lejos de
los movimientos de los átomos, sean aleatorios o no, como para
que podamos descubrir la manera de integrarlos en un único
esquema coherente” (Dennett, op. cit., p. 341).
El compatibilismo es coherente; y la cuestión más
importante no es el determinismo (sea genético o del entorno,
o ambos a la vez, o de alguna otra clase); la cuestión es qué
podemos cambiar, sea o no determinista el mundo.
01/10/2015
libertad
62
Una creencia superficial... pues la
práctica la desmiente
John Austin le dijo en cierta ocasión a Isaiah Berlin:
“Todos hablan acerca del determinismo y dicen creer
en él. Yo nunca he encontrado a un determinista en
mi vida, quiero decir, un hombre que realmente crea
en el determinismo como usted y yo creemos que
todos los hombres son mortales.” Citado en Berlin, Contra la
corriente, FCE-España, Madrid 2000, p. 22.
El determinismo debe de ser una creencia bastante
superficial, puesto que la vida práctica y la
conducta real lo desmienten siempre.
01/10/2015
libertad
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Lo malo del determinismo
Lo malo del determinismo: si la violada no
tiene libertad ninguna, tampoco la tiene el
violador. Si no la tiene el jornalero,
tampoco el terrateniente. Si no tiene la niña
palestina asesinada, tampoco el soldado
israelí que aprieta el gatillo….
Para el determinista (¡y aún más para el
fatalista!) desaparece la posibilidad de
exigir responsabilidades.
01/10/2015
libertad
64
Así, en 2004, un grupo de once neurocientíficos
alemanes publicaron un manifiesto alegando que las
neurociencias habían refutado la tesis de que el ser
humano actúa de forma libre y voluntaria, lo cual
obligaba a revisar --y quizá abandonar-- la atribución
de responsabilidad penal por la comisión de delitos, y
minaba toda la concepción retributiva del Derecho
penal... Das Manifest. Elf führende Neurowissenschaftler über Gegenwart und
Zukunft der Hirnforschung, en la revista Gehirn & Geist 6/ 3004. Véase Mercedes
Pérez Manzano, “Fundamento y fines del Derecho penal. Una revisión a la luz de las
aportaciones de la neurociencia”, Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 41 y
ss.
Insisto: la libertad de acción depende de las
trabas que pesan sobre los movimientos
del agente, y de los recursos con que se
cuente para la acción. (Con ello llegamos
a la distinción libertad negativa/ libertad
positiva).
Pero con ello permanecemos en la discusión
sobre libertad práctica –no la libertad
metafísica.
01/10/2015
libertad
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Compatibilismo en la práctica
Viene al caso la luminosa anécdota transmitida por
Diógenes Laercio. Una vez un filósofo estoico, al
volver a su casa, encuentra a un esclavo (asistente
habitual a sus lecciones) que pretende robarle.
El astuto esclavo le dice: si –como enseña tu
filosofía— todo es absolutamente necesario,
entonces estaba escrito en mi destino que yo debía
robarte.
El filósofo, sin alterarse, va a buscar un palo y la
emprende a garrotazos con el asaltante, replicándole:
¡pero también esto estaba escrito en el destino!
01/10/2015
libertad
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Libre albedrío metafísico/
voluntad libre/ libertad de acción
En cualquier caso debemos distinguir entre (1) el libre
albedrío metafísico (la idea de una voluntad no sometida a
ninguna ley, incondicionada: the ghost in the machine); (2)
la voluntad libre (en el sentido de que ejerce control sobre
sus acciones); y (3) la libertad de acción (quiero mover el
dedo, y lo muevo). La compulsión se opone a la libre voluntad; la coerción a
la libertad de acción.
Podemos agregar (2)+(3) en la libertad práctica,
compatible con las determinaciones causales del mundo
(posición compatibilista).
Ya David Hume consideraba al libre albedrío (1) como
metafísico e indemostrable (equivaldría a un milagro de
no-causalidad).
01/10/2015
libertad
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La definición de Hume
La libertad de acción la definía Hume del siguiente modo:
“el poder de actuar o de no actuar de acuerdo a
determinaciones de la voluntad; es decir, que si
decidimos quedarnos quietos, podemos hacerlo, y si
decidimos movernos, también podemos hacerlo. Ahora
bien, se admite universalmente que esta hipotética libertad
pertenece a todo el que no es prisionero y encadenado.
Aquí, pues, no cabe discutir.” Hume, Investigaciones sobre el
conocimiento humano, Alianza, Madrid 1981, p. 119.
Creo que vale la pena centrarse en la libertad práctica,
que es la más interesante para la filosofía práctica (y no
preocuparse tanto por el libre albedrío “metafísico”).
01/10/2015
libertad
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Causalidad como prerrequisito
para la libertad
Hume también sugirió que la causalidad es un
prerrequisito para la libertad humana, pues una
ausencia total de causas haría completamente aleatoria
nuestra conducta: resultaría imposible dirigirla,
controlarla, predecirla o explicarla.
Entonces nuestras acciones no podrían ser intencionales
ni voluntarias: ni, por tanto, libres en ese sentido. Véase el
Tratado de la naturaleza humana, libro II, parte III, sección II.
Vale la pena observar que este argumento de Hume es
válido tanto en un “cosmos determinista” como no
determinista.
01/10/2015
libertad
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Control del agente sobre su
acción
Pensemos la libertad del agente no como
incondicionamiento (que pondría fuera de juego la red
de causas y efectos en que consiste la naturaleza), sino
como control sobre su acción. Véase Antonio Damasio, “El sí mismo y la
cuestíón del control”, en Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona 2010, p. 401-407.
Tiene sentido decir que una acción es libre siempre
que no se realice en condiciones de coerción o
ignorancia, y esto con independencia de que nos
hallemos en un cosmos determinista o indeterminista.
Intuición que se remonta nada menos que a Aristóteles. Véase la Ética a Nicómaco, 1110a.
01/10/2015
libertad
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Acción libre (voluntaria) en sentido
práctico, no metafísico
La definición de acción libre puede
precisarse aún más, de la siguiente manera.
Llamaremos acción libre a una acción que
no se realiza en condiciones de coerción ni
de ignorancia.
Llamaremos ignorancia al desconocimiento
de alguna de las circunstancias que afectan
cualitativamente a las decisiones y acciones
del agente.
01/10/2015
libertad
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Llamaremos condiciones de coerción a una
situación objetiva (vale decir independiente de la
conciencia del agente) tal que (a) una voluntad
humana (personal o colectiva) distinta de la del
agente intenta imponerse a la voluntad del agente;
(b) la antedicha voluntad ajena dispone de un
poder (personal o colectivo-social) capaz de forzar
la sumisión del agente so pena de que su vida se
vea dañada; y (c) si no se diesen las dos
condiciones anteriores, la acción del agente sería
cualitativamente distinta. Una meditación que lleva lejos en esta
dirección se hallará en Steven Lukes: El poder: un enfoque radical, Siglo XXI, Madrid
1985 (original inglés de 1974).
01/10/2015
libertad
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Si la ignorancia condiciona la
posibilidad de la acción libre…
“El conocimiento ayuda a vivir mejor, y que
esto es cierto incluso si resulta que de él se
deriven incomodidades (imaginemos un
caso de indagación de la verdad que
moleste, a nosotros o a otras personas) (…).
Al hacernos más libres, por contribuir a que
seamos muy conscientes de las decisiones
que tomamos, el conocimiento tiene una
dimensión moral insoslayable.”
01/10/2015
libertad
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…entonces el conocimiento tiene
una dimensión moral
“De ahí que aquellas posiciones filosóficas que desconfían
de la facultad del hombre para conocer, tengan como
subproducto una ética deforme basada en el voluntarismo o
bien en principios categóricos que exigen obediencia ciega.
Una conducta que no esté sustentada en el conocimiento
conduce a la sinrazón o al fanatismo, dos secuelas que suelen
ir la mano. Por lo mismo, cabe sostener que una idea lo más
clara posible sobre la realidad en la que nos movemos tiene
la virtud de hacernos mejores en las más amplia acepción
valorativa de esta expresión.” Ulises Granda, El árbol del conocimiento.
Origen de la irracionalidad actual, Eds. Flavia, Madrid 2010, introducción.
01/10/2015
libertad
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Dos clases de deber
Deber moral: p. ej. evitar el daño evitable,
proteger a los indefensos…
Deber epistémico: “deber de someter las
creencias de uno al examen crítico pertinente:
analizar si están justificadas por las pruebas
disponibles e intentar al menos determinar si
existen o no pruebas en contra”. Mark Rowlands, El filósofo
y el lobo, Seix Barral, Barcelona 2009, p. 120.
Autonomía
De un agente moral que actúa libremente en tales
condiciones –sin coerción ni ignorancia-podemos decir que posee autonomía.
Con ello se afirma también que el problema del
libre albedrío --la libertad “metafísica”, la
posibilidad de que las intenciones y deseos del
agente estuviesen determinados sin resquicio por
factores causales independientes de sus
deliberaciones y elecciones--, que tantos
quebraderos de cabeza ha dado a los filósofos
durante siglos, en realidad no nos interesa
demasiado.
01/10/2015
libertad
77
Pues incluso si nuestra voluntad estuviese
determinada de alguna forma “fuerte” en
este sentido, todavía sería pertinente la
distinción entre agentes que actúan en
condiciones de compulsión e ignorancia,
y los que no.
Ésta autonomía práctica, en definitiva, es la
que más nos importa en ciencias sociales y
en filosofía práctica (moral y política).
01/10/2015
libertad
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“Depende de mí”
Recordemos nuestra insistencia inicial en las
condiciones de responsabilidad.
El problema de la libertad práctica es el mismo de
la responsabilidad: la existencia (o no) de un querer
reflexivo que pueda decir “depende de mí”.
“La conciencia de que yo puedo actuar de otra
manera es siempre una conciencia de poder mejor, y
es un ‘yo puedo’ en el sentido de que depende de mí,
de mi esfuerzo, si lo voy a hacer mejor o no.” Ernst
Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”, capítulo 2 de Antropología en vez de
metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p. 48.
Escribir la propia vida con las
decisiones
“Una persona es alguien que cree escribir su propia
vida a través de sus decisiones. Pero la mayoría de los
seres humanos no han vivido nunca así”, escribe John
Gray Perros de paja. Reflexiones sobre los humanos y otros animales, Paidos, Barcelona
2003, p. 56.
De acuerdo: pero ¿por qué vamos a renunciar, a estas
alturas, al proyecto de autonomía y emancipación
“autolimitado” consistente en que, digamos, la
mayoría de la gente puedan vivir sus vidas
determinando, digamos, el 49% de las mismas a
través de sus decisiones? ¿O el 19%? ¡Incluso el 3%
bastaría!
01/10/2015
libertad
80
Limitaciones neurológicas y
cognitivas
Uno de los argumentos sobre los que insiste Gray
es que ha de rechazarse la idea del libre albedrío,
habida cuenta de las limitaciones neurológicas y
cognitivas que padecemos:
“Si no actuamos del modo que creemos actuar es,
en parte, por la amplitud de banda de la
conciencia: su capacidad de transmitir información
medida en bits por segundo. Dicha capacidad es
demasiado limitada como para registrar la
información que recibimos rutinariamente y sobre
cuya base actuamos.”
01/10/2015
libertad
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“En nuestra condición de organismos
activos inmersos en el mundo, procesamos
posiblemente unos 14 millones de bits de
información por segundo. Dentro de la
amplitud de banda de la conciencia caben
unos 18 bits. Eso significa que tenemos
acceso consciente a aproximadamente una
millonésima parte de la información que
utilizamos a diario para sobrevivir” (Perros de
paja, op. cit., p. 62).
01/10/2015
libertad
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¿Qué problema hay con el piloto
automático?
Hay que contestar: ¿y qué? Lo único que indica
este tipo de interesantes hechos, puestos hoy
sobre la mesa por los neurocientíficos y los
psicólogos cognitivos, es que funcionamos la
mayor parte del tiempo con “piloto
automático”…
y que para desenvolvernos rutinariamente en la
vida nuestro sistema sensorial y neuronal
procesa una enorme cantidad de
información infraconsciente.
01/10/2015
libertad
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Sólo la parte emergente del iceberg
psíquico
El foco de nuestra atención consciente es estrecho, de
acuerdo. Cf. Richard D. Precht, “¿Qué es mi subconsciente”, en su libro ¿Quién soy… y
cuántos?, Ariel, Barcelona 2009, p. 77 y ss.
La conciencia –como proclamó el psicoanálisis hace un
siglo– es sólo la parte emergente del iceberg psíquico.
Pero ¿qué problema hay, si los 18 bits de consciencia se
dedican a la deliberación sobre las cuestiones
trascendentales y a la fijación de metas, mientras que
consagramos los 14 millones de funcionamiento
infraconsciente con piloto automático al trabajo de
alcanzar esas metas?
Mente habitual y mente atenta
Alex Pentland, del MIT (Instituto de Tecnología de
Massachusetts), sugiere que existen “dos mentes” (dos
formas básicas de funcionamiento del cerebro humano):
1. Mente habitual: funcionamiento cerebral rápido,
automático y por asociación. Impera la costumbre y el
“piloto automático”.
2. Mente atenta: funcionamiento cerebral lento,
controlado y basado en reglas. Predomina la intención, el
control consciente y la deliberación.
Según Pentland, el aprendizaje se realiza a través de la
mímesis, la presión social y los ejemplos.
01/10/2015
normas, valores, socialización
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No somos demasiado
racionales…
La actividad de tomar decisiones reflexiva y
deliberativamente, sopesando con cuidado todos
los factores pertinentes y sólo ellos, es
comparativamente rara.
¡No somos animales demasiado racionales!
Algunos estudiosos del tema estiman que entre
siete y ocho de cada diez decisiones se toman de
forma inconsciente, o en un estado de baja
consciencia (“mente habitual”, no “mente atenta”).
01/10/2015
normas, valores, socialización
86
Quizá sólo un 2%
Según algunos neurólogos, el cerebro
humano --cuya actividad, como se
sabe, consume buena parte de nuestra
energía metabólica-- gasta sólo el 2%
de su energía en actividad
consciente, y dedica el resto al
procesamiento inconsciente.
La fuerza de la costumbre
Hay una clara analogía entre nuestro
funcionamiento habitual “con piloto automático”
(la “mente atenta” sólo delibera y decide en
contadas ocasiones) y el funcionamiento social
ordinario, automatizado, en que leyes y
costumbres no se ponen en entredicho.
Sólo en momentos excepcionales nos
autodeterminamos libremente –tanto a escala
personal como social.
El “agujero moral” de 300
milisegundos
En 1979, en un famoso experimento, el fisiólogo
Benjamin Libet conectó el cerebro de unos voluntarios a
un electroencefalógrafo e indicó a dichos voluntarios que
realizaran movimientos aleatorios, como pulsar un botón o
chasquear los dedos, mientras se fijaban en el momento
que marcaba un segundero.
Libet interpretó que las señales cerebrales asociadas a esas
acciones se producían 0’3 segundos antes de que el
sujeto fuera consciente de la decisión de llevarlas a cabo.
Véase Benjamin Libet, “Do we have free will”, Journal of Consciousness Studies 6/ 1999, p. 47-57.
01/10/2015
libertad
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El orden de las actividades cerebrales parecía ser:
preparación (inconsciente) del movimiento y luego
decisión, y no a la inversa.
En resumen: para Libet y otros, el cerebro consciente sólo
intentaba ponerse al nivel de lo que ya estaba haciendo el
cerebro inconsciente. La decisión de actuar era una ilusión.
Y a partir de ahí, para algunos, barra libre:
“El Yo no existe, la libertad no existe, la responsabilidad
deja de tener sentido. El cerebro inventa cosas que no son
reales.” Entrevista al neurocientífico Francisco J. Rubia en Técnica industrial 257, de junio de
2005.
01/10/2015
libertad
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Un experimento quizá
malinterpretado
Pero, de hecho, cabe mostrar que el experimento de
Libet fue malinterpretado: no hay ningún “vacío
moral” de 300 milisegundos. Dennett, op. cit., capítulo 8.
“El cerebro necesita tiempo para procesar los estímulos,
y la cantidad de tiempo depende de qué información
utilice y con qué propósitos. Un jugador de tenis de élite
puede devolver un servicio rival en unos 100
milisegundos. (...) Un sujeto normal tarda unos 350
milisegundos en apretar un botón si se le pide que
indique cuándo ve una señal luminosa.”
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libertad
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“(...) El jugador de tenis se compromete
previamente con un plan sencillo y luego permite
que los ‘reflejos’ ejecuten su acto intencional.
(...) Esto es algo que hacemos continuamente.
Nuestras vidas están llenas de decisiones que
llevar a cabo cuando llegue el momento,
compromisos revisables con estrategias y actitudes
que configurarán unas respuestas que deberemos
emitir con demasiada rapidez en el curso de la
acción como para poder considerarlas
reflexivamente...” Dennett, op. cit., p. 269
01/10/2015
libertad
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Tiempo de veto
Además, posteriormente el propio
Libet desarrolló otros experimentos
que sugerían la existencia de una
ventana temporal en la cual el sujeto
consciente podría inhibir o vetar la
ejecución de una acción iniciada por
los circuitos cerebrales. Juan Vicente Sánchez
Andrés, “El espacio de la libertad en el determinismo”, Revista de
Occidente 356, enero de 2011, p. 66.
Así, el propio Libet “salvaba” la responsabilidad del
sujeto autónomo.
Desde el impulso de la voluntad (registrado en el
cerebro) hasta la decisión consciente transcurre 0’3/
0’5 segundos: bien.
Pero vuelve a transcurrir otro intervalo semejante
hasta que el sujeto actúa (p. ej. moviendo la
muñeca…) y en ese lapso se puede interrumpir la
acción. Cf. Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 101-102.
“Noluntad” libre
Según Libet, aunque no exista una voluntad
libre, existiría una “noluntad libre” (poder de
veto).
“Sea cual sea el impulso que nos mueva a la
acción, siempre nos queda la opción de decir
¡Alto!”. Precht, ¿Quién soy… y cuántos?, op. cit., p. 138.
Recordemos la importancia atribuida por Locke
(o por Arnold Gehlen) a la facultad de suspender
o inhibir deseos...
Pero además: si el acto de la voluntad viene de hecho
precedido por un movimiento eléctrico en el cerebro,
por una fracción de segundo, ¿qué problema hay?
“Aun si esto no fuera así, tendríamos que suponer que
el acto de la voluntad está causado por condiciones
psicológicas, ya que la alternativa sería que la persona
produce el acto de voluntad mágicamente desde la nada
[the ghost in the machine], idea tan grotesca como
infundada.” Tugendhat, “Libre albedrío y determinismo”, capítulo 2 de Antropología
en vez de metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, p. 39.
O como señala Evers:
“Aunque los métodos experimentales de Libet son
suficientemente adecuados para mostrar que las decisiones
conscientes de actuar son precedidas por ese potencial de
preparación no consciente, no prueban que la conciencia
no intervenga en una etapa anterior. (…) Pienso (…) que,
en cierta medida, ejercemos un control sobre los
contenidos y las influencias de nuestro no consciente, y
que somos igualmente responsables de ellos: algunos de
nuestros estados y procesos no conscientes dependen de
nuestro poder, como ya habían subrayado los estoicos de
manera prefreudiana.” Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos
Aires 2010, p. 103.
01/10/2015
libertad
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Influencia de ida y vuelta
La idea sería que la influencia entre lo consciente y lo no
consciente es hasta cierto punto de doble sentido (no unilateral).
“La hipótesis según la cual es posible influir de manera consciente
sobre los mecanismos mentales no conscientes es un presupuesto
crucial para todo programa de aprendizaje, de educación, de mejora
de sí o de terapia. Por ejemplo, cuando enseñamos a nuestros niños
el dominio de sí, les enseñamos a controlar sus pulsiones ligadas
con el hambre, la ira, el miedo, o con cualquier deseo nacido de
mecanismos no conscientes. (…) Es también un presupuesto
fundamental de la terapia conductual. Modelamos nuestras
personalidades, proceso en el cual lo no consciente ocupa un lugar
importante.” Evers, op. cit., p. 104. Véase ´también Antonio Damasio, “El sí mismo y la cuestíón del
control”, en Y el cerebro creó al hombre, Destino, Barcelona 2010, p. 401-407.
01/10/2015
libertad
98
Libet/ Freud
De hecho el esquema de Benjamin Libet puede
evocar los fundamentos de la teoría de Sigmund
Freud (a quien también cabe leer de forma
determinista):
el ello equivaldría a los circuitos neuronales
funcionando de forma preconsciente, mientras que el
yo y el superyó configurarían la conducta del sujeto
(quizá, de forma preponderante, inhibiendo
selectivamente los impulsos del ello).
“¿Por qué la actividad físico-química neuronal se acepta, en
principio, como determinada y no ocurre así con la mental?
(...) Tan difícil es determinar la posibilidad de una actividad
voluntaria completamente libre e independiente de cualquier
causa ignota si soy un ente material o si soy un ente inmaterial
que gobierna la parte material de mi ser. En cualquier caso,
este última posibilidad requeriría una versión de la energía
disponible en el Universo no conocida hasta el momento,
capaz de ser generada por un ente inmaterial y con entidad
suficiente para activar la materia (neuronal, se supone).” José M.
Delgado García, “Decidir no es cosa de dos (un ensayo sobre la neurofisiología de la toma de
decisiones)”, Revista de Occidente 356, enero de 2011, p. 24.
Modelos cerebrales
En buena medida, todo depende del “modelo”
de cerebro con que estemos operando.
Si la imagen es el cerebro como ordenador
(un dispositivo automático rígido cuyas
operaciones son totalmente determinadas),
entonces no tiene sentido atribuirle libertad o
responsabilidad. Tampoco se las atribuimos a
un ordenador, ¿verdad?
01/10/2015
libertad
101
El cerebro dinámico
Pero la neurociencia moderna ha desarrollado un
modelo bien diferente: el cerebro dinámico como
“materia que despierta” (en el sentido profundo del
verbo “despertar”).
Un cerebro “dinámico, plástico, variable, volicional,
emocional y activo de manera consciente y no
consciente”; cuya arquitectura es modificada por la
sociedad “principalmente por intermedio de las huellas
culturales que están ahí epigenéticamente
almacenadas”. Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 108.
01/10/2015
libertad
102
Excurso: la epigénesis
La epigénesis apunta hacia los mecanismos que
permiten a un individuo modificar ciertos aspectos de
su estructura interna o externa como resultado de la
interacción con su entorno inmediato.
Si hablamos de organismos, la epigénesis representa
por tanto el proceso de “sintonización” final,
mediada por la experiencia, gracias al cual cada
individuo se adapta de forma más o menos eficiente a
su entorno a partir de las capacidades contenidas en
su código genético.
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sistemas y "pensamiento complejo"
103
Los genes son parte de una red compleja de
interacciones que se retroalimenta: no actúan
como entidades independientes.
Ejemplos evidentes de sistemas con capacidad
de aprendizaje, siguiendo la teoría epigenética,
los constituyen el sistema nervioso central o el
sistema inmune.
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sistemas y "pensamiento complejo"
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En el caso del sistema nervioso central, la
capacidad de aprendizaje (que se basa en la gran
plasticidad neuronal del cerebro mamífero)
resulta de vital importancia, pues el número
estimado de conexiones sinápticas en un cerebro
humano supera con creces el número de
nucleótidos contenidos en el genoma humano (en
promedio, una sola neurona del cerebro
humano tiene 50.000 sinapsis).
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sistemas y "pensamiento complejo"
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Un cerebro humano plástico y
dinámico
Las neurociencias modernas apoyan un
modelo dinámico del cerebro humano.
El control genético sobre la arquitectura
cerebral es importante pero no definitivo:
ésta se desarrolla en interacción
constante con los entornos biofísico y
sociocultural. Véase Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/
Buenos Aires 2010, capítulo 3.
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sistemas y "pensamiento complejo"
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El modelo neurofilosófico de
libertad de Kathinka Evers
Esta concepción del cerebro humano
permite “un modelo neurofilosófico del
libre albedrío según el cual un acto de la
voluntad podrá ser libre, en el sentido de
voluntario, aunque sea una construcción del
cerebro, esté causalmente determinado y se
halle influido por procesos neuronales no
conscientes”. Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/
Buenos Aires 2010, p. 80.
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libertad
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La libertad como construcción
“axiomática” del cerebro humano
Los cerebros de Homo sapiens sapiens
están programados biológicamente para
hacer la experiencia del control (sobre sus
movimientos, actividades y elecciones).
El control voluntario permite a un animal
pasar de la mera reacción a la acción
intencional, lo cual supone una ganancia
evolutiva evidente…
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libertad
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“Esta experiencia de la libertad no es una
estructura contingente: por el contrario, forma
parte de nuestra constitución biológica. (…)
La libertad de elección y el poder de tener
influencia sobre sí mismo y sobre su entorno
son, como el espacio y el tiempo,
construcciones fundamentales del cerebro
humano, axiomas de nuestra experiencia”.
Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos Aires 2010, p. 84.
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libertad
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Sistemas causales con
variabilidad en los resultados
Evers señala, además, que hay concepciones de la
causalidad que nos sitúan fuera del (quizá falso)
dilema determinismo/ indeterminismo.
La relación entre causa y efecto no requiere ser
invariable ni necesaria: puede ser variable y
contingente.
La neurociencia moderna apoya modelos en que el
cerebro es ciertamente un sistema causal, pero no uno
que funcione con determinismo estricto. Un sistema
causal que admite variabilidad en los resultados.
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Un sistema neural motivado
El cerebro humano, en efecto, es un sistema neural
motivado: dotado genéticamente de una
predisposición a explorar el mundo y clasificar lo que
allí encuentra.
Tiene una actividad intensa y espontánea,
independiente de su entorno y en interacción con el
mismo. Produce constantemente representaciones que
proyecta sobre el mundo, sometiéndolas a prueba.
Está dotado además de una intensa plasticidad
neuronal . (Evers, op. cit., p. 92-93)
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libertad
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Los neurocientíficos describen el cerebro como un
órgano volicional. ¿Cómo hace sus elecciones?
Según el teorema de variabilidad (Changeux,
Courrège y Danchin) existe un mecanismo darwiniano
epigenético de selección neuronal que resulta de la
“selección sináptica”, en el que continuamente son
producidos nuevos modelos combinatorios y sometidos
a prueba.
Tal es la manifestación neural concreta de la actividad
“creadora” del cerebro dinámico. Evers, op. cit., p. 95.
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libertad
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El cerebro tiene actividad neuronal espontánea, de gran
importancia desde el punto de vista fisiológico incluso cuando
supuestamente está en reposo.
La contingencia de esta selección sináptica contradice el
determinismo estricto.
“Si el determinismo que es posible corporizar desde un punto de
vista científico es un determinismo en el cual la relación entre
causa y efecto es contingente, y cuyos resultados posibles son
variables, yo sugeriría que eso basta para reintroducir un
elemento de elección voluntaria que pueda servir de base para la
responsabilidad personal”. Kathinka Evers, Neuroética, Katz, Madrid/ Buenos
Aires 2010, p. 96.
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libertad
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Pasemos a otro asunto: desvelar
las formas de condicionamiento
Wo Es war, soll Ich werden, reza el famoso
apotegma de Sigmund Freud (donde estaba el
Ello ha de advenir el Yo).
Podríamos leerlo generalizando,
reemplazando el Es (Ello) por cualquier otra
forma de condicionamiento inconsciente.
Freud se sitúa en la estela de Spinoza, quien
asociaba la libertad con un mayor grado de
conocimiento y comprensión de la realidad.
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libertad
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Contras las ilusiones de las
antropologías racionalistas
Ser conscientes de las determinaciones que pesan
sobre nuestra acción nos hace más libres.
Esto es: contra las ilusiones de las antropologías
racionalistas (o, mejor, excesivamente racionalistas),
hay que tratar de desvelar las múltiples formas de
condicionamiento que subyacen al ejercicio de la
razón, porque precisamente así se amplía el espacio de
la libertad humana.
Y todo eso no quita que en ocasiones (quizá muy
pocas) sea posible un uso más o menos autónomo de la
razón, y no debe declinar nuestra aspiración al mismo.
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libertad
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Condicionamientos
El psicoanalista señalará hacia el
inconsciente psíquico;
el lingüista apelará a las categorías del
lenguaje;
el sociólogo –Pierre Bourdieu por
ejemplo— mostrará el peso de lo social (por
ejemplo a través de la noción de habitus);
véase por ejemplo Francisco Vázquez García: Pierre Bourdieu. La sociología como
crítica de la razón, Montesinos, Barcelona 2002, capítulo 3.
el biólogo se referirá a determinaciones
genéticas y medioambientales;
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libertad
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el neurólogo y el psicólogo cognitivo
desvelarán los sesgos cognitivos inscritos en
nuestro aparato sensorial y neuronal... y todos
ellos y ellas tienen razón, una parte de razón.
Pero lo decisivo es reconocer que, aunque
durante la mayor parte del tiempo la acción
humana se desarrolle como guiada por el
“piloto automático”, en ocasiones –más raras
y excepcionales de lo que nos gusta admitir—
tiene lugar la deliberación racional.
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libertad
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Avanzar en el conocimiento de
las determinaciones
Razón y autonomía moral, lejos de constituir una
condición universal que despreocupadamente pueda
darse por sentada, son rara avis o flor exótica que hay
que cuidar con mimo para que no perezca.
Pero ¿acaso no sucede así con muchos valores
humanos?
Cada avance en el conocimiento de las determinaciones
a que está sometida la acción humana no reduce, sino
que posibilita el ejercicio de la libertad.
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libertad
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Por decirlo con más precisión: el
conocimiento del límite lo convierte en
condición para la libertad.
Sacar a la luz una determinación de la que
antes no éramos conscientes (así estemos
hablando de herencia biológica o, por
ejemplo, de psiquismo humano) nos
permitirá incorporarla a nuestra acción, y
así –en cierto sentido importante— ir más
allá de ella.
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libertad
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Bailar con cadenas
El arquitecto y urbanista Luis Fernández Galiano cuenta:
“Durante un reciente jurado en Pekín, convocado para elegir el
proyecto de un gran museo de arte moderno y contemporáneo,
el responsable de la institución respondió a mi curiosidad sobre
su capacidad de maniobra prescindiendo del intérprete que hasta
entonces habíamos empleado y, mirándome a los ojos,
pronunciando la única frase en inglés que le oiría durante los
tres días de reunión: I am dancing in chains.” Luis Fdez. Galiano,
“Bailando con cadenas”, El País, 24 de abril de 2011.
Interesante… ¡Un dirigente chino nietzscheano! Pues, en efecto,
en Más allá del bien y del mal el pensador alemán nos describe
“bailando con cadenas”.
Crear, actuar y vivir bajo
constricciones
Es una muy buena imagen de la libertad humana: ser
capaces de bailar con cadenas…
La meditación de Fernández Galiano sobre las formas de
edificar en el Mediterráneo árabe y en Japón le conduce a
encarecer cómo “una y otra cultura constructiva nos enseñan a
crear comodidad y belleza con medios limitados, produciendo
poesía en un marco de restricciones” (op. cit.).
Recordemos que uno de los lemas fundacionales del Ouvroir de
Littérature Potentielle (OULIPO) era precisamente escribir
bajo constricciones…
Crear, actuar y vivir bajo constricciones: la libertad humana.
Aceptar límites es la condición de
la libertad
Aceptar límites no es la negación de la libertad:
es la condición de la libertad.
“Limitarse no es renunciar: es conseguir”, decía el
escritor español José Bergamín.
“Se trata de jugar dentro de los
condicionamientos, incluso fortísimos, pero para
alcanzar determinados fines gracias al
conocimiento detallado de los mismos.” Remo Bodei, El
doctor Freud y los nervios del alma, Pre-Textos, Valencia 2004, p. 109.
La libertad humana es improbable, pero no
imposible. La diferencia entre poco y nada
resulta esencial.
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libertad
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Nos movemos siempre dentro de
campos de fuerza
El catedrático de la Universidad de Pisa Remo Bodei escribe
también: “Sin ser un partidario de la filosofía zen, creo que el primer
paso para la propia transformación consiste en renunciar desde el
principio al dominio completo de sí mismo, saber que nos movemos
siempre dentro de poderosos y preexistentes campos de fuerza.
Pero una vez reconocida esta inapelable condición, podemos
escoger –dentro de ciertos límites— la propia meta.
Cuando somos niños, nos preguntamos si los que están en las
antípodas no corren el riesgo de caerse para abajo; después
aprendemos que la fuerza de la gravedad de la Tierra atrae siempre a
todos los cuerpos hacia el centro desde cualquier punto de la
superficie. La existencia de la fuerza de la gravedad nos impone
límites precisos, pero no nos impide movernos siguiendo sus leyes,
incluso cuando volamos, ni nos obliga a vivir cabeza abajo” (p. 90).
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libertad
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Epicuro, Spinoza...
De Epicuro o Spinoza, filósofos para quienes la libertad es
básicamente conciencia de la necesidad, no puede decirse
que sean fatalistas ni deterministas absolutos (negadores de
ningún grado de libertad humana).
Remo Bodei aclara: “Si somos conscientes de nuestra
condición de necesitados, es decir, del hecho de que nuestra
alma es, precisamente, como un barco de vela, entonces
nuestra manera de manejar el timón en una dirección u otra
no podrá ignorar la dirección y la intensidad del viento.
Puede, incluso, sacarle el mejor partido. Pienso, por ejemplo,
en el modo de utilizar el velamen que se llama de bolina (bow
line), en el que se puede ir contra el viento, avanzando en
zigzag, siempre y cuando nos pongamos en un cierto ángulo
de incidencia según de donde sople el viento.”
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libertad
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... y la importancia de saber
navegar de bolina
“(...) Spinoza no comparte una posición determinista
radical, según la cual el ser humano es
intrínsecamente inmodificable, en el sentido de que
yo estoy destinado a ser un delincuente o un hombre
honesto, al margen de cualquier otra circunstancia.
Escribe un tratado de ética para demostrar que
podemos ser libres moviéndonos de una manera
adecuada dentro de un sistema de fuerzas, así como
trazar una ruta hacia los objetivos mejores para cada
individuo, los que hacen crecer la sua vis existendi,
la intensidad de su poder de existir y de la alegría
que le acompaña.” Bodei, El doctor Freud y los nervios del alma, op. cit., p.
107.
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libertad
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Bolineando, que es gerundio
BOLINEAR - Navegar de
bolina es hacerlo contra la
dirección del viento en el
menor ángulo posible que
forma con la proa. (Del “Diccionario de
términos marinos” en www.larompiente.com)
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libertad
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Como timoneles que buscan
quiescencia...
Bodei continúa: “Habría pues que comportarse, si se me
permite la comparación, como un timonel que, cuando gobierna
su embarcación, es capaz de utilizar las fuerzas naturales del
viento y las olas para alcanzar un cierto nivel de excelencia.
El máximo de la sabiduría se encuentra en lo que Spinoza
llama quiescencia: en la satisfacción que resulta del despliegue
de nuestras potencialidades.
(...) En sustancia, si entendemos el determinismo como la toma
de conciencia de los condicionamientos, sin afirmar que estos
condicionamientos nos llevarán necesariamente en una
determinada dirección, entonces el determinismo es por
completo legítimo; si, por el contrario, el determinismo se
transforma en una especie de abecedario de la necesidad, no lo
será” (p. 108).
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libertad
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Marx
Aquel buen lector de Epicuro y Spinoza que fue Karl Marx
lo formuló clásicamente en El dieciocho Brumario de Luis
Bonaparte:
“Los seres humanos hacen su propia
historia, pero no la hacen a su libre
arbitrio, bajo circunstancias elegidas
por ellos mismos, sino bajo aquellas
circunstancias con que se encuentran
inmediatamente, que existen ya y que
transmite el pasado”.
01/10/2015
libertad
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La autonomía es meta, no punto
de partida
“La libertad es algo que tienes que trabajarte y no algo que
te encuentres sin más”, dijo el saxofonista Ornette
Coleman. “La libertad no se regala, es una lucha que lleva
toda una vida.”
Libertad individual y autonomía personal sólo pueden
realizarse en lo común: son un proyecto colectivo. Un
proyecto –trabajoso, difícil, irrenunciable— entre otros.
Los seres humanos somos a la vez muy intensamente
sociales, muy interdependientes, y también capaces de
autonomía.
Pero la autonomía es meta, no punto de partida.
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Ideales que no cabe dar por
sentado
Racionalidad, autonomía, democracia: ideales.
Nada que quepa dar por sentado.
Luces que iluminan una senda oscura y retorcida;
lugares –móviles— hacia donde moverse.
Las metas de esfuerzos que intentan delimitar al
menos –y si es posible, reducir— las masivas
dosis de irracionalidad, heteronomía y dominación
con las que hemos de bregar día tras día.
01/10/2015
libertad
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El miedo a la libertad
Cómo nos pesa la libertad, y qué dispuestos
estamos a asentir a cualquiera de esos confortables
determinismos que nos prometen el alivio del
fardo. Cf. Fear from Freedom de Erich Fromm
¿El mundo, un hostil lugar de crueldad donde cada
uno intenta sacar ventaja para sí? Pero al gato
atropellado puedes arrojarlo aún vivo al
contenedor de la basura; o puedes, por el
contrario, llevarlo al veterinario y salvarle la vida.
No finjas que la decisión no es tuya, y solamente
tuya.
01/10/2015
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Dos movimientos
Las argucias a las que recurrimos para dimitir de
nuestras responsabilidades son tantas y tan potentes,
que en la afirmación de la libertad humana más vale
pecar por exceso que por defecto.
Uno, tomar distancia con respecto a lo dado, las
condiciones de nuestra existencia que recibimos o
heredamos sin elección por parte nuestra; dos, parar,
desacelerar o detener la vertiginosa catarata de
acontecimientos por la que nos dejamos llevar
irreflexivamente. Los dos movimientos que abren
el espacio de la autonomía.
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libertad
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Condiciones de la libertad, 1
El pensamiento se produce en el hiato, en la
pausa.
Ser capaz de detenerse es la condición
previa de la deliberación, y con ella de la
libertad (pues ésta presupone a aquella).
Una sociedad basada en la aceleración
niega estructuralmente la posibilidad de
comportarnos como seres racionales libres.
01/10/2015
libertad
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Condiciones de la libertad, 2
“Los teatros, los juegos, las farsas, los
espectáculos, los gladiadores, los animales
exóticos, las medallas, los cuadros y otras drogas
semejantes eran para los pueblos antiguos los
encantos de la servidumbre, el precio de su
libertad y los instrumentos de la tiranía”, sabía ya
Étienne de la Boëtie (1530-1563). Étienne de la Boëtie,
Discurso de la servidumbre voluntaria, ed. de José María HernándezRubio, Tecnos, Madrid 1986, p. 35.
No cabe duda: los espectáculos y las otras drogas
se han perfeccionado infinitamente en nuestros
días.
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libertad
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Excurso: las TIC y la libertad
El objetivo de hiperconexión total, en todo lugar y
momento, gracias a dispositivos transportables de
telecomunicaciones (smartphones, tabletas, miniportátiles,
etc.), objetivo que se presenta como autoevidente en esta
sociedad nuestra que se hace pasar a sí misma por una
“sociedad del conocimiento” (como si conocer, y
generalizar el conocimiento, fuese tan fácil), ese objetivo
de hiperconexión comunicante es contraproducente:
se presenta hablándonos de libertad, pero fácilmente
puede generar nuevas servidumbres.
01/10/2015
libertad
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Un momento de desconexión
¿Y cómo? Reflexionemos un momento. Incluso las
concepciones menos exigentes de la autonomía humana –
como la que puede representar Arnold Gehlen, por
ejemplo— exigen lo que cabe llamar un momento de
desconexión.
En la antropología filosófica de Gehlen, se apunta a la
capacidad de “descarga” (Entlastung) del ser humano
(respecto de la sobreabundancia de estímulos del entorno),
así como a la capacidad de diferir la satisfacción de las
pulsiones, como base de esa autonomía (realmente se trata
de una concepción minimalista).
01/10/2015
libertad
136
Un espacio interior
La libertad humana exige esa suerte de
retracción respecto del exceso de estímulos,
de manera que se abra el espacio interior de la
deliberación, y sea posible –a veces— la
decisión autónoma.
La hiperconexión mediante TIC (ya se sabe:
Tecnologías de la Información y la
Comunicación) tiende a anular tal espacio
interior.
01/10/2015
libertad
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Dentro de la libertad de obrar,
una distinción básica
La falta de prohibición o de sanciones punitivas es
una condición necesaria para actuar de acuerdo con
nuestros deseos o preferencias (libertad negativa),
pero no es suficiente.
“Uno puede ser libre para dejar el país cuando lo
desee [libertad negativa], pero también puede carecer
de dinero para el billete [falta de libertad positiva].
Uno puede ser libre para formarse en el campo que
elija, pero descubrir que no hay un trabajo disponible.
(...) Así, la libertad es más que falta de restricciones.
Para hacer cosas se necesitan recursos.” Zygmunt Bauman,
Libertad, Alianza, Madrid 1992, p. 9.
01/10/2015
libertad
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Libertad negativa/ libertad
positiva
Libertad negativa: “libertad
con respecto de”
Libertad positiva: “libertad
para”
La distinción, como es sabido,
procede de Isaiah Berlin. Sobre la
libertad (ed. de Henry Hardy), Alianza, Madrid 2004.
01/10/2015
libertad
139
Libertad liberal/ libertad
republicana
Se trata de otra distinción básica en la teoría política
contemporánea. La libertad liberal es, en esencia, la
libertad negativa de Berlin (ausencia de
impedimentos externos a la acción --idea que ya había formulado
decisivamente Hobbes en De Cive , 1647, y luego en Leviathan).
La libertad republicana o “neorromana” (Quentin
Skinner): ausencia de dependencia y de
dominación. Véase Philippe Petit, Republicanismo, Paidos, Barcelona 1999; Félix
Ovejero/ José Luis Martí/ Roberto Gargarella (comps.) Nuevas ideas republicanas.
Autogobierno y libertad, Paidos, Barcelona 2004; Antoni Domènech, El eclipse de la
fraternidad. Una revisión republicana de la tradición socialista, Crítica, Barcelona 2004;
Andrés de Francisco, Ciudadanía y democracia. Un enfoque republicano, Libros de la
Catarata, Madrid 2007.
01/10/2015
libertad
140
Dipesh Chakrabarty: la libertad
consume recursos...
“A diferencia de la amenaza de destrucción nuclear que marcó la guerra fría,
el calentamiento global no contempla una catástrofe centrada en un momento
final, relata [el profesor de la Universidad de Chicago Dipesh Chakrabarty].
‘Es la fábula de la rana sumergida en agua tibia que se va calentando
lentamente sin que lo perciba hasta que muere achicharrada. De hecho ya no
se habla de combatir el cambio climático, sino de adaptarse a él, y esto
La libertad
consume grandes cantidades de energía y cada
ejercicio de un derecho equivale a un consumo
de recursos’. El principal obstáculo es que la política, tal y como se
supone replantear aspectos básicos de nuestras sociedades.
practica en nuestras sociedades, es incapaz, dice, de pensar a largo plazo”.
Entrevista en El País, 5 de febrero de 2009.
01/10/2015
libertad
141
Libertad como “juego de suma
cero”
La frase “mi libertad termina donde empieza la libertad del
otro” se ha convertido en un lugar común: precisamente
por ello no se reflexiona lo bastante sobre su significado.
La libertad de uno implica la restricción (la falta de
libertad) de otros; en determinadas circunstancias –no
siempre, pero sí en bastantes ocasiones--, la libertad puede
constituir un “juego de suma cero” (uno gana lo que otros
pierden).
En tales casos, la libertad positiva (la capacidad de hacer
cosas) tiende a ser un privilegio, más que una posesión
universal y compartida por igual. Cf. Zygmunt Bauman, La
ambivalencia de la modernidad, Paidos, Barcelona 2002, p. 154.
01/10/2015
libertad
142
La libertad como relación social
El individuo libre (que se ve a sí mismo como un
agente libre, y ve a los demás análogamente),
“lejos de ser una condición universal de la
humanidad, resulta una creación histórica y social.
(...) La libertad sólo existe como una relación
social; en lugar de ser una propiedad, una posesión
del individuo mismo, es una cualidad relacionada
con una cierta diferencia entre los individuos...”
Zygmunt Bauman, Libertad, Alianza, Madrid 1992, p. 16.
01/10/2015
libertad
143
La libertad de los modernos
La libertad en su connotación peculiarmente
moderna de “capacidad para dominar nuestro
destino” está relacionada, desde su origen, con la
preocupación por el carácter artificial del
orden social que fue una característica distintiva
de los tiempos modernos.
“La sociedad moderna difiere de sus predecesoras
por una actitud, hacia sí misma, de jardinero en
lugar de guardabosques.” Zygmunt Bauman, Libertad, Alianza,
Madrid 1992, p. 20.
01/10/2015
libertad
144
Sociogénesis de la libertad
La libertad, dice Zygmunt Bauman, nace como
un privilegio.
“Adquirir libertad, ser libre, significaba elevarse
por encima de una condición social inferior a otra
superior” (Bauman, op. cit., p. 19); se pasaba así
de condiciones de acción dependientes de la
voluntad de otros, a condiciones dependientes de
la voluntad propia.
01/10/2015
libertad
145
Libertad en la Edad Media
En inglés antiguo freedom significó siempre
una exención de impuestos, peaje,
obligaciones, jurisdicción de un señor.
En el Medievo, señala Bauman, la libertad
estaba claramente relacionada con la lucha
por el poder.
Ser libre quería decir quedar exento de
algunos aspectos del poder superior.
01/10/2015
libertad
146
Ciudades libres
A finales de la Edad Media (desde los siglos
XII-XIII) el privilegio de la libertad llega a
otorgarse no sólo a ciertos individuos o
linajes familiares, sino a grupos enteros:
particularmente a las ciudades.
Las ciudades medievales fueron
“invernaderos donde se propagó la simiente
de las libertades modernas”. Zygmunt Bauman, Libertad,
Alianza, Madrid 1992, p. 59
01/10/2015
libertad
147
Stadtluft macht frei
La ciudad se ve exenta de la jurisdicción de los terratenientes.
La libertad de las ciudades condiciona la división progresiva de la
riqueza en dos categorías separadas: mueble e inmueble.
“La libertad de las ciudades significó, en la práctica, la separación
de la circulación monetaria y de las mercancías de las estructuras
tradicionales de organización social. (...) La libertad de las
ciudades significaba la gestación de la economía como un sistema
de acciones y relaciones humanas independiente de la ‘política’ y
de todo el universo de derechos tradicionales sobre las personas.”
Bauman, Libertad, Alianza, Madrid 1992, p. 58.
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libertad
148
El artificialismo moderno
“De manera aún más general la libertad de las ciudades, al
separar la vida urbana del mundo en el que las dependencias
humanas estaban inmersas en la propiedad de la tierra y, por
tanto, eran percibidas como ‘naturales’, proporcionó el
fundamento del ‘artificialismo’ típicamente moderno: la
concepción del orden social no como una condición natural
de la humanidad, sino como un producto de la agudeza y el
ingenio humanos, como algo que debería ser diseñado e
instrumentado de una manera dictada por la razón humana.
(...) La vida urbana separó a los hombres de la naturaleza; la
libertad de las ciudades independizó a los hombres de las
‘leyes de la naturaleza’.” Bauman, Libertad, Alianza, Madrid 1992, p. 59
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libertad
149
Y así, desde un punto de vista
sociológico, dos de las muchas
características de la libertad moderna
son de mucho interés:
su vínculo con el individualismo, y
su nexo genético y cultural con el
capitalismo.
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libertad
150
Libertad en la Edad Moderna
En la modernidad, es el pluralismo, la
heterogeneidad y el desorden de los
poderes sociales lo que crea tanto la
necesidad como la posibilidad de
elección individual y responsabilidad
personal. Cf. Bauman, Libertad, op. cit., p. 64-68.
01/10/2015
libertad
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En la cúspide de las pirámides...
“Si únicamente se considera libre al que
tiene poder sobre los demás (y habría
razones para considerarlo esclavo de sus
mayores posibilidades), entonces, por
definición, es imposible que todos lleguen a
ser libres: en la cúspide de las pirámides
sólo hay lugar para los que se imponen.”
Gabriel Zaid, La feria del progreso, p. 167.
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libertad
152
Agentes interdependientes
Según el sociólogo Norbert Elias, no se puede
abordar el debate “libertad/ determinismo” en
términos de todo o nada.
Lo que encontramos en sociedad son agentes
interrelacionados asimétricamente (aunque
son concebibles interdependencias basadas en
intercambios equilibrados, en general
prevalecen los fenómenos de desigualdad,
dominación y poder).
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libertad
153
“Existe un tejido de interdependencias en cuyo
interior el individuo encuentra un margen de
acción individual y que al mismo tiempo
impone límites a su libertad de elección”. Norbert
Elias citado en Philippe Corcuff, Las nuevas sociologías, Alianza, Madrid 2005, p.
28.
Así, el grado de autonomía (y de
dependencia) de cada actor se debe
determinar en cada caso mediante un análisis
concreto.
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libertad
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Libres… no significa inmunes a
cualquier influencia social
Terry Eagleton: “No existe una distinción absoluta
entre estar influidos y ser libres. Muchas de las
influencias que recibimos sólo llegan a afectar a
nuestra conducta tras haber sido interpretadas, y la
interpretación es un acto de creatividad.
(…) Un individuo libre de toda influencia social
sería tan ‘no-persona’ como un zombi. En el fondo,
de hecho, no sería un ser humano en absoluto.”
01/10/2015
libertad
155
“Si podemos actuar con libertad es, precisamente,
gracias a que somos moldeados por un mundo en el
que el concepto de ‘libertad de acción’ tiene sentido:
el mismo mundo que nos permite actuar conforme a
esa idea.
Ninguno de nuestros comportamientos
característicamente humanos es libre en el sentido
de que esté eximido de todo determinante social, y
eso incluye conductas tan distintivamente humanas
como sacarle los ojos a otra persona.”
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“No seríamos capaces de torturar y masacrar sin
haber recabado antes un buen número de habilidades
sociales. Ni siquiera cuando estamos solos lo
estamos en el mismo sentido en que puedan estarlo
un cubo de carbón o el puente del Golden Gate.
Precisamente porque somos animales sociales,
capaces de compartir nuestra vida interior con otros
individuos a través del lenguaje, podemos hablar de
conceptos como la autonomía y la responsabilidad
personal.”
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Autodeterminación… dentro de
un contexto de dependencia
“(…) Ser responsable no significa estar desprovisto de
influencias sociales, sino estar relacionado con tales
influencias de una forma concreta. Significa ser más
que un mero títere de las mismas.
(…) Los seres humanos pueden alcanzar un cierto
grado de autodeterminación. Pero sólo son susceptibles
de hacerlo en el contexto de una dependencia (de
naturaleza más profunda) con respecto a otros
individuos de su especie, la misma dependencia que los
hace humanos para empezar.” Terry Eagleton, Sobre el mal, Península,
Barcelona 2010, p. 19.
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¿Libres, racionales y autónomos?
¿Somos los seres humanos agentes libres,
racionales y autónomos? Sin duda, pero no en
un sentido enfático.
En vez de subrayar los adjetivos libre,
racional, autónomo, habría más bien que
atenuarlos, a veces hasta el desvanecimiento.
libre, racional, autónomo…
libre, racional, autónomo…
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Libertad de todos, libertad de
cada uno
Se sabe que, en la tradición del socialismo
marxista, la buena sociedad se caracterizaba
como aquella donde la libertad (el “libre
desarrollo”) de todos fuese condición de la
libertad de cada uno (idea que ha recogido
la filosofía política del republicanismo
contemporáneo). Buena reflexión al respecto en Félix
Ovejero en Proceso abierto –El socialismo después del socialismo,
Tusquets, Barcelona 2005, en p. 78 y ss. y en otros lugares del libro
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Libertad política
Se ha dicho que, para el liberal igualitarista
Isaiah Berlin, la libertad es “básicamente una
mirada interrogativa hacia el otro, hacia el que
no piensa igual”. José Mª Lassalle, “Isaiah Berlin, centenario de un
liberal”, El País, 26 de enero de 2009, p. 24.
La expresión coincide casi textualmente con la
luminosa fórmula de Rosa Luxemburg,
comunista democrática: libertad es la libertad
de aquellos que piensan de manera diferente.
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Una advertencia que hay que
tomar en serio
“No bien alguien dice: ‘Soy el agente de la historia,
debemos hacer esto y lo otro porque la historia lo
exige, porque lo exigen la clase y la nación, porque el
camino que tomamos es una especie de autopista
progresiva por la cual nos lleva la historia misma, así
que hay que barrer todo lo que nos salga al paso’, se
sitúa en un marco mental que tiende a pisar los
derechos y los valores humanos. Contra esta fe
apasionada, fanática a menudo, es necesario defender
la decencia básica.” Isaiah Berlin en Conversaciones con Isaiah Berlin (por
Ramin Jahanbegloo), Arcadia, Barcelona 2009, p. 217.
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Y otra advertencia que me
permito formular:
Nos preocupa mucho la autonomía del
agente moral --ese ser improbable--, y
está bien que así sea;
pero deben preocuparnos al menos
igualmente las cuestiones de justicia.
Sobre justicia global, los trabajos de Thomas Pogge; y el libro reciente de
Amartya Sen The Idea of Justice
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Libertad en Occidente y liberación
en Oriente
Juan Masiá: “Es frecuente en la historia de la filosofía
occidental el recorrido ascendente, que va desde lo
cósmico y lo vital, pasando por diversas formas de
vida y de consciencia, hasta llegar a la vida humana
consciente, cuyo ápice suele ponerse en la inteligencia
y la libertad (…).
Por contraste con ese ‘trascender ascendiendo’ a estilo
occidental, decía el filósofo japonés Nishida (18701945) que hay en Oriente otra tradición de ‘trascender
descendiendo’ o sumergiéndose.”
“Consiste ese movimiento del pensar en ir remontándose
desde la consciencia hasta lo vital inconsciente para, en ese
fondo, y desde él, alcanzar la liberación [trascendiendo el
ego superficial].
Si la vía occidental va de la vida a la conciencia y, por la
conciencia, hasta la libertad, la vía oriental se remonta
desde la conciencia hasta la vida, y en lo más hondo de
ésta descubre la auténtica libertad en forma de liberación.
(…) Libertad como afirmación de sí, en el primer caso, y
como salir de sí, en el segundo; es decir, como método,
camino y proceso de liberación interior.” Juan Masiá, El otro
Oriente, Sal Terrae, Santander 2006, p. 177.
Libertad es también libertad para el
daño y el mal
Wilhelm Schmid: “El sujeto experimenta
aquí [confrontado a la crisis ecológica
global] la consecuencia extrema de la
libertad moderna, de la que no puede
escapar: el ser humano, cada individuo, es
libre de decidir qué dimensión puede tomar
la destrucción ecológica, y teniendo en
cuenta la dimensión extrema, si todavía
debe existir una humanidad o no.”
“¿Debemos imaginarnos con ello un acuerdo
planetario? En cierto modo, sí. Cada uno
elige, a saber: con su vida, con el modo de
ejecutar su existencia, con el estilo de su
existencia, ya sea a través de una elección
activa o una revocación, una elección pasiva
explícita o implícita, o a través de una no
elección, que es igualmente una elección.”
Wilhelm Schmid, El arte de vivir ecológico, Pre-Textos, Valencia 2011,
p. 61.
Final: dos perspectivas
La apuesta de cada uno sobre el futuro del mundo cabe
hacerla básicamente desde dos perspectivas: lo que uno no
puede hacer, y lo que uno puede hacer. Desde la
impotencia o desde la capacidad de acción.
Es siempre sorprendente lo que uno puede hacer, si de
verdad se pone a ello.
“Es verdad que una política eficaz es siempre un ‘arte de lo
posible’. Pero no es menos verdad que, a menudo, lo
posible sólo puede alcanzarse yendo más allá, para
alcanzar lo imposible.” Max Weber, “El sentido de la ‘libertad de
valoración’ en las ciencias sociológicas y económicas”, en Sobre la teoría de
las ciencias sociales, Planeta-Agostini, Barcelona 1985, p. 139.
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La decisión de Jon Stocking
Podrían citarse cientos de ejemplos: me detendré en uno
de ellos. Jon Stocking era cocinero en un barco-factoría
de los que pescan atunes. Un día quedó horrorizado al ver
a los delfines atrapados en las redes, ahogándose.
“Cuando oyó el gemido de un bebé delfín y vio que su
madre le miraba a los ojos como pidiéndole ayuda, se
encontró a sí mismo saltando al agua, que era un
hervidero de enormes y terroríficos atunes, tiburones y
delfines. Jon agarró al bebé delfín en sus brazos, sintió
que el pequeño se relajaba y lo pasó por encima de la red.
Sin saber muy bien cómo, consiguió liberar también a la
madre. Luego, con su cuchillo, cortó la red y liberó al
resto.”
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“Naturalmente perdió su trabajo, y cuando por fin
regresó a su casa, pensó en la situación de los
delfines y de todos los animales en peligro de
extinción. ¿Qué podía hacer? No tenía títulos, ni
era rico. Sin embargo, deseaba desesperadamente
hacer algo. Y lo ha hecho. Ahora hace tabletas de
chocolate, del mejor chocolate. En el envoltorio de
cada tableta Especies en Peligro se describe un
animal, y el 11’7% del beneficio –antes de
impuestos— va a parar a una organización
dedicada a luchar por la supervivencia de esa
especie.” Jane Goodall, Gracias a la vida, Random House Mondadori, Barcelona 2002, p.
239.
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No renunciemos a nuestra
libertad de obrar
“Nada humano me es ajeno”, la frase que condensa el ideal
humanista, expresa una exigencia que, tomada al pie de la
letra, desborda nuestros limitados poderes y capacidades.
Y no digamos si la extendemos a algo así como “ningún
sufrimiento animal me es ajeno”...
Y sin embargo, todos y todas podemos hacer algo que
disminuya ese sufrimiento, a todos y cada uno nos cabe
una parte de la responsabilidad en el estado de cosas
presente, y se puede siempre arrancar de lo más cercano.
Mejor presuponer la capacidad de acción –la libertad
humana de obrar— que regodearnos en una impotencia
falsa.
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En el seno de la necesidad más
férrea...
“El estalinismo se reforzaba con la necesidad, las
cosas no podían ser de otra manera que como habían
sido aunque el rostro de la historia no tenía nada de
agradable.
Sólo cuando llegué a comprender que en el seno de
la necesidad más férrea hay un momento en el que
las decisiones son posibles, y las de Stalin habían
sido en gran parte decisiones desastrosas, toda
justificación del estalinismo se hacía inconcebible.”
Italo Calvino, “¿También yo fui estalinista?”, en Ermitaño en París. Páginas
autobiográficas, Siruela, Madrid 1994, p. 221.
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Cuando nos preguntamos qué puedo
hacer…
…es fácil caer en uno de los dos polos de una familiar y
paralizante oposición bipolar.
Por una parte, a veces nos situamos dentro de esa fortísima
tendencia de la cultura capitalista dominante que transforma
todas las cuestiones sistémicas y problemas colectivos en
desazones individuales. Me refiero a esa cultura –vehiculada por
ejemplo a través de una miríada de discursos de “autoayuda”—
que repite machaconamente: “no cuestiones el sistema,
transfórmate a ti mismo”.
Por esta vía, cuando encaramos los males del mundo, fácilmente
podemos incurrir en una sobrerreponsabilización del individuo
que desemboca en sentimientos de culpa paralizantes.
Por otra parte, resulta demasiado fácil deshacerse de
nuestras responsabilidades individuales aludiendo al
carácter incontrolable, acumulativo y anónimo de los
procesos que están en juego. Al fin y al cabo, sólo soy
una gota de agua dentro del océano, una hormiga en el
hormiguero, un vecino en la inabarcable megalópolis: los
resultados de mi acción individual se perderán en lo que
resulta de la composición de billones de otras acciones.
No resulta difícil reconocer aquí otra tendencia humana
que aparece y reaparece bajo disfraces diversos: el miedo a
la libertad sobre el que nos ilustró Erich Fromm, y que
siempre va de la mano de un rechazo de la responsabilidad
(la responsabilidad de cada uno y cada una).
Hay que situarse fuera de esa
bipolaridad paralizante
Escribía Keith Farnish: “Conducir un todoterreno gigante, volar
por placer al otro confín del mundo o comprar los resultados de
la devastación de los bosques tropicales porque nuestra cultura
considera aceptables tales actos no absuelve al usuario –hemos
de asumir alguna responsabilidad, porque sin aceptar nuestro
papel en este sistema no tenemos ni la menor opción de
liberarnos del mismo. Eres parte del sistema. Acostúmbrate a
ello.” El notable libro de Keith Farnish A Matter of Scale puede descargarse online en
http://www.farnish.plus.com/amatterofscale/.
Debemos en efecto acostumbrarnos a ello, sin olvidar nunca que
la desigual distribución de poderes y saberes conduce a
responsabilidades también desiguales: cuando más puede y
sabe uno mayor responsabilidad hemos de atribuirle, y
viceversa.
Responsabilidades comunes, pero
diferenciadas
De ahí que la fórmula responsabilidades
comunes, pero diferenciadas (mayores las de los
más poderosos, aunque no insignificantes las de
cada uno y cada una de nosotros) resulte útil más
allá de los debates sobre respuestas sociales al
calentamiento climático donde primero apareció.
Un dicho atribuido a Gandhi reza: “Hagas lo que
hagas en la vida será insignificante, pero es
importante que lo hagas porque nadie más lo
hará”.
Final (ahora de verdad) con
Bauman y Azaña
“La sociedad puede hacer que algunas
elecciones sean más improbables que otras
(y lo hace), pero no puede privar a los
humanos de la libertad de elegir.” Zygmunt
Bauman, El arte de la vida, Paidos, Barcelona 2009, p. 38.
“La libertad no hace felices a los hombres;
los hace sencillamente hombres.” Manuel
Azaña
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Teoría de sistemas y “pensamiento complejo”