18 de enero de 2009
II Domingo
Tiempo Ordinario
Música siglo XIV
1S 3:3b-10.19 Samuel estaba durmiendo en el santuario del Señor, donde estaba el
arca de Dios. El Señor llamó a Samuel: -¡Samuel, Samuel!
Él respondió: -Aquí estoy.
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo:
-Aquí estoy, porque me has llamado.
Elí respondió:
-No te he llamado, vuelve a acostarte.
Y Samuel fue a acostarse. Pero el Señor lo llamó otra vez:
-¡Samuel!
Samuel se levantó, fue a donde estaba Elí y le dijo:
-Aquí estoy, porque me has llamado.
Respondió Elí:
-No te he llamado, hijo mío, vuelve a acostarte.
(Samuel no conocía todavía al Señor. No se le había revelado aún la palabra del Señor.)
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel:
-¡Samuel!
Él se levantó, fue a donde estaba Elí, y le dijo:
-Aquí estoy, porque me has llamado.
Comprendió entonces Elí que era el Señor quien llamaba al joven, y le dijo:
-Vete a acostarte, y si te llaman, dices: Habla, Señor, que tu siervo escucha.
Samuel fue y se acostó en su sitio.
Vino el Señor, se acercó y lo llamó como las otras veces:
-¡Samuel, Samuel!
Samuel respondió:
-Habla, que tu siervo escucha.
En la cima, el Santuario de
Samuel crecía, y el Señor estaba con él;
Siló donde vivía Samuel
ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.
Salmo
39
Aquí estoy, para hacer tu voluntad
Puse toda mi esperanza en el Señor;
él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito.
Puso en mi boca un cantar nuevo,
un himno a nuestro Dios.
Aquí estoy, Señor, para hacer
tu voluntad.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
pero me abriste el oído;
no pides holocaustos ni víctimas.
Entonces yo digo: Aquí estoy,
-como está escrito en el libropara hacer tu voluntad.
Aquí estoy, Señor, para hacer
tu voluntad.
Amo tu voluntad, Dios mío,
llevo tu ley en mis entrañas.
He proclamado tu fidelidad
en la gran asamblea;
tú sabes, Señor, que no me he callado.
Aquí estoy, Señor,
para hacer tu voluntad.
IC 6:13b-15a, 17-20
“Los manjares son para el estómago y el estómago para
los manjares” dicen también; sin embargo, Dios hará
perecer ambas cosas. El cuerpo, en cambio, no es para la
lujuria, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Dios,
por su parte, que resucitó al Señor, también nos
resucitará a nosotros con su poder.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?
¿Y voy a usar yo los miembros de Cristo para hacerlos
miembros de una prostituta? ¡De ninguna manera!
En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu
con él. Huid de la lujuria. Todo pecado cometido por el
hombre queda fuera del cuerpo, pero el lujurioso peca
contra su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro
cuerpo es templo del Espíritu Santo que habéis recibido de
Dios y que habita en vosotros? Ya no os pertenecéis a
vosotros mismos. Habéis sido comprados a buen precio;
dad, pues, gloria a Dios con vuestro cuerpo.
Templo de Corinto
Evangelio,
Jn 1,35-42
Vieron donde vivía
y se quedaron con Él.
Lectura del evangelio según san Juan :
35Al
día siguiente, Juan se encontraba en aquel mismo lugar con dos de sus
discípulos. 36De pronto vio a Jesús que pasaba por allí, y dijo:
-Éste es el Cordero de Dios.
37Los dos discípulos le oyeron decir esto, y siguieron a Jesús. 38Jesús se volvió
y, viendo que lo seguían, les preguntó:
-¿Qué buscáis?
Ellos contestaron:
-Rabí (que quiere decir Maestro), ¿dónde vives?
39Él les respondió:
-Venid y lo veréis.
Se fueron con él, vieron dónde vivía y pasaron aquel día con él. Eran como las
cuatro de la tarde.
40Uno de los dos que siguieron a Jesús por el testimonio de Juan era Andrés, el
hermano de Simón Pedro. 41Encontró Andrés en primer lugar a su propio
hermano Simón y le dijo:
-Hemos encontrado al Mesías (que quiere decir Cristo).
42Y lo llevó a Jesús. Jesús, al verlo, le dijo:
-Tú eres Simón, hijo de Juan; en adelante te llamarás Cefas, (es decir, Pedro).
Excavaciones actuales de Jericó. Al fondo el oasis.
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