Música: Bach. Hosanna.Misa Si menor.
Lucas 18, 28-40.
Jesús iba delante, subiendo hacia Jerusalén.
Y aconteció que cuando se acercó a Betfagé y a Betania,
cerca del monte que se llama de los Olivos, envió a dos de los discípulos, diciendo:
Id a la aldea que está enfrente, en la cual, al entrar, encontraréis un pollino atado
sobre el cual nunca se ha montado nadie; desatadlo y traedlo.
Y si alguien os pregunta: "¿Por qué lo desatáis?", de esta manera hablaréis:
"Porque el Señor lo necesita."
Entonces los enviados fueron y lo encontraron como Él les había dicho.
Mientras desataban el pollino, sus dueños les dijeron:
¿Por qué desatáis el pollino? Y ellos respondieron: Porque el Señor lo necesita.
Y lo trajeron a Jesús, y echando sus mantos sobre el pollino, pusieron a Jesús sobre él.
Y mientras Él iba avanzando, tendían sus mantos por el camino.
Cuando ya se acercaba, junto a la bajada del monte de los Olivos,
toda la multitud de los discípulos, regocijándose, comenzó a alabar a Dios a gran voz
por todas las maravillas que habían visto, diciendo:
¡BENDITO EL REY QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR!
¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!
Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron:
Maestro, reprende a tus discípulos.
Respondiendo Él, dijo:
Os digo que si éstos callan, las piedras clamarán.
Yo también participo en la manifestación.
Me preparo para ella.
Recuerdo los hechos liberadores y constructores de paz
que suceden en el mundo y a quienes los protagonizan.
Aclamo a Jesús por todo ello.
Me siento parte de una muchedumbre que experimenta la liberación,
que participa en ella, que vence obstáculos y se convierte, poco a poco.
en zona liberada del Reino y de un mundo justo, solidario y pacífico.
Todos podemos hacer que nuestra vida tenga otra dimensión.
Todos podemos asumir otro talante, otra actitud.
Todos podemos llevar a cabo acciones proféticas.
Acciones que rompan la tranquilidad en la que estamos instalados.
Todos podemos...
¡Todos debemos...!
¡Todos necesitamos!
Contemplo y escucho a Jesús.
Veo sus gestos.
Dejo que resuenen sus palabras.
Déjanos cantar, Señor, un canto nuevo en medio de tu pueblo.
Que tu gloria se convierta en alegría de nuestras vidas
y sonrisa de nuestros labios.
Entonemos un canción nueva.
Estamos cansados de oír y cantar canciones viejas.
Deja que entonemos tu canto, Señor,
el canto que nace de la vida nueva y vigorosa
como la aurora que tú nos das.
... //...
Porque el Señor ama a su pueblo,
y a los humildes abre caminos de esperanza.
Él es la fuerza de los brazos desafiantes que se yerguen en la historia.
Deja, Señor, que cantemos contigo
una canción nueva: la canción de la esperanza.
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