LA VOZ DEL ARZOBISPO DE URGELL
Siguiendo la llamada del Santo Padre Francisco a concretar los
grandes principios sociales, para que no sean meras generalidades que
no interpela instalan nadie, la Asamblea Plenaria de la Conferencia
Episcopal Española acaba de aprobar y hacer pública la Instrucción
Pastoral, "Iglesia, servidora de los pobres" (abril 2015).
En este documento, los obispos queremos compartir, con los
fieles y con los que deseen escuchar nuestra voz, nuestra
preocupación ante el sufrimiento generado por la grave crisis
económica, social y moral que afecta a la sociedad española y, al
mismo tiempo, compartir nuestra esperanza por el testimonio de
tantos miembros de la Iglesia que han ofrecido lo mejor de sus
vidas para atender a quienes más sufrían las consecuencias de la
crisis.
A la conclusión de la Instrucción, los Obispos pedimos perdón, por
los momentos en los que no hemos sabido responder con prontitud
los clamores de los más débiles y necesitados.
Estructurada en cuatro partes, que iré comentando en estas
comunicaciones, la Instrucción pastoral comienza analizando la
situación social actual (1) y los factores que están en su origen y lo
explican (2). Seguidamente se enumeran los principios de la Doctrina
social de la Iglesia que iluminan la realidad (3) y se ofrecen unas
propuestas desde la fe (4).
En la PRIMERA PARTE, dedicada a describir la situación social, la
Instrucción se fija en los nuevos pobres y las nuevas pobrezas, de modo
especial la pobreza que sufren en primer lugar, las familias golpeadas por
la crisis, y concreta en los jóvenes sin empleo, la pobreza infantil,
ancianos olvidados o mujeres afectadas por la penuria económica.
Pobreza en el mundo rural y del mar, y se pone especial énfasis en la
pobreza originada por la emigración.
También se señala la corrupción (lo que nos interpela especialmente
en Urgell y Andorra), que define como un mal moral, cuyo origen es
la codicia financiera y la avaricia personal.
Las situaciones de corrupción provocan alarma
social, alteran el funcionamiento de la economía,
impiden la competencia leal y encarecen los
servicios.
La Instrucción denuncia que la corrupción es
una grave ofensa a nuestra sociedad, es una
conducta éticamente reprobable y es un grave
pecado.
La necesaria regeneración personal y social vendrá por una mayor
estima del bien común, que se origina en las virtudes morales y
sociales, se fortalece con la fe y se hace visible en el amor al prójimo.
Debemos recordar lo que el
Papa Francisco llama los 3 no:
NO a la nueva idolatría del
dinero (Evangelii gaudium nn.
55-56), NO a un dinero que
gobierna en lugar de servir (EG
nn. 57-58) y NO a la
desigualdad que genera
violencia (EG nn. 59-60).
Tanto las nuevas pobrezas como la corrupción están
facilitados por el empobrecimiento espiritual, cuando el
comportamiento moral de las personas viene dañado por
la indiferencia religiosa, el olvido de Dios o la
despreocupación por el destino trascendente del ser
humano.
Debemos insistir en que la crisis económica y financiera
siempre tiene un trasfondo ético y espiritual.
+ Joan-Enric Vives, Arzobispo de Urgell
03/10/2015
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