Sobre la muerte (y la vejez
y el acercarse a la muerte)
Jorge Riechmann
Esquema de esta lección
I. Somos criaturas mortales
II. La muerte propia: lo impensable
III. Pero ¿qué perdemos al morir?
IV. Muerte y creación cultural
V. Muerte y desigualdad socioeconómica
V. Filosofar es aprender a morir
VI. La vejez y el acercarse a la muerte
VII. Ayudar a morir
VIII. La buena muerte
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I. Somos criaturas mortales
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Somos mortales… y aceptarlo es
todo menos fácil
“El hombre va por la vida/ como la
piedra en el aire,/ esperando la caída.”
J. Alberto Fernández Bañuls y José Mª Pérez Orozco, Joyero de coplas
flamencas, Biblioteca de la Cultura Andaluza (Editoriales Andaluzas
Unidas), Sevilla 1986, p. 73.
“Cada vez que considero/ que me
tengo que morir/ tiro una manta en el
suelo/ y me harto de dormir.” Cien coplas por
soleá (ed. de José María Rubio), Árdora, Madrid 2000, p. 85.
Los neandertales, con sus
elaborados ritos funerarios, tenían
tanta conciencia de la muerte como
nosotros mismos.
Y también hay indicios de
conciencia de la muerte en los
chimpancés, los elefantes…
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Un ser con conciencia de la muerte,
en un mundo donde la muerte abunda
“En el tiempo en que Dendi creó todas las
cosas,/ creó el sol,/ y el sol nace, y muere,
y sale de nuevo;/ creó la luna,/ y la luna
nace, y muere, y sale de nuevo;/ creó las
estrellas,/ y las estrellas nacen, y mueren, y
salen de nuevo;/ creó el hombre,/ y el
hombre nace, muere, y ya no sale de
nuevo.” Canción dinka (África)
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Frente a la muerte todos habitamos
una ciudad sin murallas –Epicuro, Sentencias
vaticanas 31
“Fue arponero a quien nadie
igualó, mas la mar en invierno a
unos pescadores de otros no
distingue.” Inscripción funeraria anónima recogida en la
Antología Palatina; citado por Antonio Martínez Sarrión,
Escaramuzas (dietarios 2000-2010), Alfaguara, Madrid 2011, p. 80
Ironía oriental
“Atravesó los ríos del deseo/ y ahora,
inmune a pena y alegría,/ al fin limpio
de impuros pensamientos,/ la beatitud
alcanza con los ojos cerrados./ -¿Quién
y dónde?/ -¿No ves, viejo y fofo, a ese
fiambre tendido en su mortaja?” Octavio Paz
citó estos versos en su libro Vislumbres de la India.
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No cabe esconderse de la muerte
“¡En ningún lugar!/ Ni en el firmamento,/ ni en medio
del mar,/ ni en las montañas/ te puedes esconder de tus
errores./ Ni en el cielo, /ni en medio del mar,/ ni en las
montañas,/ ¡en ningún lugar! Te puedes esconder de tu
muerte.”
Dhammapada, FCE, Madrid 1998, p. 36.
“La muerte es grande./ Somos los suyos/ de riente boca./
Cuando nos creemos en el centro de la vida/ se atreve
ella a llorar/ en nuestro centro.” Rainer Maria Rilke, Antología (ed. de
Jaime Ferreiro Alemparte), Espasa-Calpe (col. Austral), Madrid 1979, p. 66.
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Una vez probada la fruta del
árbol del conocimiento…
“El ser humano es la única criatura que no
sólo sabe, sino que sabe que sabe; y que no
puede dejar de saber lo que sabe: no puede
dejar de saber que ha de morir.
Una vez probada la fruta del árbol del
conocimiento, ya no olvida su sabor –podrá no
tenerlo presente, pero sólo
momentáneamente, por distracción.” Zygmunt Bauman,
Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de vida, Sequitur, Madrid 2014, p. 13.
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Y aun así, nos sorprendemos
“La muerte es algo tan extraño que
no se la considera como posible, a
pesar de toda la experiencia,
cuando se trata de alguien a quien
queremos, y siempre nos sorprende
como algo increíble y paradójico.”
Goethe a Eckermann, el 15 de febrero de 1830, tras la muerte de la Gran
Duquesa Luisa.
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Freud: en nuestro inconsciente
nos consideramos inmortales
En 1915 Freud escribió “Sobre la guerra y
la muerte. Temas de actualidad”. En este
texto discute la actitud del ser humano en
relación con la muerte, y pone de manifiesto
nuestra contradicción interna: si por un lado
aceptamos la muerte como un necesario
final de la vida, por otro, nos comportamos
como si ello no pudiese ocurrir…
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“La muerte propia no se puede concebir; tan
pronto intentamos hacerlo podemos notar que en
verdad sobrevivimos como observadores. Así
pudo aventurarse en la escuela psicoanalítica esta
tesis: en el fondo, nadie cree en su propia muerte,
o, lo que viene a ser lo mismo, en el inconsciente
cada uno de nosotros está convencido de su
inmortalidad.” Sigmund Freud, Obras completas, Amorrortu editores,
vol. XIV, p. 290
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En física, “muerte” se puede
traducir aprox. por “entropía”
En termodinámica, la entropía es la magnitud física que
mide la parte de la energía que ya no puede utilizarse
para producir trabajo. El aumento de la entropía es el
crecimiento del desorden…
La muerte es el estado final de cualquier biosistema,
incluyendo nuestro propio ser; y está íntimamente
vinculado a su máximo nivel de entropía, cuando el
cuerpo ya no dispone de energía útil, lo que supone un
estado final irreversible.
La termodinámica de no-equilibrio...
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En un mamífero como Homo sapiens, sin energía interna (para la
cual hace falta un aporte suficiente de oxígeno y glucosa) se
produce la muerte celular irreversible.
Estos dos nutrientes básicos los consiguen las células corporales
del torrente sanguíneo. Las neuronas cerebrales necesitan un
aporte elevado y continuo de dichos sustratos, pues al contrario
de lo que ocurre en otros órganos y tejidos no tienen ninguna
reserva energética.
Después de un corto espacio de tiempo de privación de oxígeno que oscila ente 8 y 20 minutos- las neuronas mueren
irreversiblemente, y sobreviene la muerte cerebral.
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La invención de la muerte y del
sexo
En la historia evolutiva de la vida en la Tierra, es la
reproducción sexual la que introduce en cierto sentido la
muerte… Pues en cierto sentido la bacteria es inmortal.
“Célula parca en reservas --pero rápida-- busca célula
rica en reservas --aunque sea lenta... El anuncio nunca
publicado encuentra respuesta mil millones de años
después. Así surge lo masculino y lo femenino y, por
primera vez, el ancestro ya no se convierte él mismo en
su propia descendencia.” Jorge Wagensberg, Yo, lo superfluo y el error,
Tusquets, Barcelona 2009, p. 114.
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En efecto, la fisión binaria o
bipartición es la forma de reproducción
asexual que se lleva a cabo en las
criaturas unicelulares:
arqueobacterias, bacterias, levaduras de
fisión, algas unicelulares y protozoos…
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Como las burbujas de un torrente
que se desvanecen apenas formadas
Dice Caronte en el famoso diálogo de Luciano:
“Si desde el principio los hombres se diesen
cuenta de que son mortales, que después de una
breve estancia en la vida deben salir de ella
como de un sueño y dejarlo todo en esta tierra,
vivirían más sabiamente y morirían con menos
pesar. (...) Son como las burbujas producidas
por un torrente que se desvanecen apenas
formadas.”
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Aceptar nuestra mortalidad –y
dejar de matar
“Lo terrible no es que los animales
se devoren unos a otros, pues ¡qué
saben de la muerte! Que los
hombres, que saben lo que es la
muerte, sigan matando, eso es lo
terrible.” Elias Canetti, Libro de los muertos, Galaxia
Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona 2010, p. 105
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Concepción trágica de la
existencia
Para un ser mortal y autoconsciente como es
el anthropos, salvo autoengaño, ¿cómo no
desembocar en un sentimiento trágico de
la vida, una concepción trágica de la
existencia?
Perderemos inexorablemente la batalla
contra la muerte; y sin embargo hay que
salir a pelear…
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EL CONSEJO DE LI TI (un poema
vitalista de Harry Martinson)
“Si tienes dos monedas, dijo Li Ti
durante un viaje,/ compra un pan y
una flor./ El pan es para tu
alimento./ La flor que compres
significa/ que la vida merece ser
vivida.” En la antología Poesía nórdica (preparada por Francisco J.
Uriz), Eds. de la Torre, Madrid 1995, p. 263.
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II. La muerte propia: lo
impensable
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Pensar en la muerte
“Quien piensa continuamente en
ella, no vive. Quien nunca piensa
en ella, vive todavía menos, se
engaña a sí mismo. ¿Cuánto
debemos y cuánto no es lícito
pensar en ella?” Elias Canetti, Libro de los muertos,
Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona 2010, p. 87.
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“Ni el sol ni la muerte pueden
mirarse con fijeza”
La muerte de uno mismo: lo irrepresentable,
lo impensable.
Pensar en la muerte, escribe el filósofo
Vladimir Jankélévitch en su libro La mort,
es “pensar lo impensable”.
“Ni el sol ni la muerte pueden mirarse con
fijeza” (La Rochefoucauld, Máximas, 26).
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La muerte no puede percibirse o
representarse
La muerte del sujeto no puede percibirse,
visualizarse o representarse.
Husserl señaló –lo sabemos-- que toda
percepción es intencional.
Al percibir, el sujeto se acerca a algo que está
más allá de él mismo; así, aprehende un
“objeto” que pertenece a un mundo que, en
principio, puede compartir con otros sujetos y
donde puede ubicarse.
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Pero la muerte no es un “algo”, no es ningún
objeto al que pueda acercarse el sujeto con intención
de aprehenderlo y situarse con respecto a él.
La muerte no es un “algo” sino una nada, y
tendemos a decir: la nada absoluta. Pero nos
enredamos en contrasentidos…
Pues sabemos que “no hay nada” sólo cuando
podemos percibir la ausencia de percepción; toda
“nada” es percibida (como ausencia).
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Así que no hay para nosotros una nada
absoluta, una nada no intuida.
Pero la muerte es el sujeto que deja de ser, y
por tanto el final de toda percepción…
La muerte: al mismo tiempo la certeza
primordial y algo inconcebible. Pensar
nuestra muerte nos envuelve en toda suerte
de paradojas.
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La muerte inefable
Zygmunt Bauman: “La muerte de los demás es un
hecho que pertenece al mundo de los objetos; está
‘ahí fuera’ y se percibe como cualquier hecho u
objeto.
Es mi propia muerte, y sólo ella, la que no
pertenece a ese mundo ‘cognoscible’ de los
objetos.
La muerte de los demás no rompe la continuidad
de percepción y, precisamente por eso, me resulta
dolorosa.”
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“Puedo temer la muerte de otro más que mi propia
muerte; puedo desear, con toda sinceridad, morir antes
que soportar la muerte de un ser querido; precisamente
porque sé que, tras esa muerte, tendré que lidiar con una
nada muy específica, con el vacío creado por la
desaparición del ser querido.
(…) Es mi muerte la que no puedo verbalizar: es inefable,
no puedo intuirla con antelación y cuando la esté
experimentando habré dejado de estar ahí para
aprehenderla y contarla.” Zygmunt Bauman, Mortalidad, inmortalidad y otras
estrategias de vida, Sequitur, Madrid 2014, p. 11-12.
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III. Pero ¿qué perdemos al
morir?
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¿Por qué tememos a la muerte?
Ahora bien, no deja de ser curioso que la idea de
nuestra propia muerte nos cause angustia y pavor.
Pues ni la puedo experimentar ahora, ni estaré ya
ahí cuando llegue…
Epicuro: “El más terrible de los males, la muerte,
nada es para nosotros, porque cuando nosotros
somos, la muerte no está presente, y cuando la
muerte está presente, entonces ya no somos
nosotros.” Epicuro, Ética, ed. de Carlos García Gual y Eduardo Acosta,
Barral, Barcelona 1974, p. 93.
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Lucrecio comentará: “¿No sabes que la muerte no te
dejará subsistente otro tú que pudiera, vivo, llorar al
pie de tu cadáver?” (De rerum natura III, 898).
Otra variación en Marco Aurelio: “Quien teme a la
muerte o teme una ausencia de sensaciones o
sensaciones de un tipo diferente. Pero si no tiene más
sensaciones no sentirá el mal, y si adquiere
sensaciones de un orden diferente, será un ser vivo
diferente y no habrá dejado de vivir.” (Meditaciones
VIII, 58)
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¿Qué perdemos al morir?
“Wittgenstein dijo una vez que su vida era
tan infinita como ilimitado era su campo
visual.” Mark Rowlands, El filósofo y el lobo, Seix y Barral,
Barcelona 2009, p. 227
Pero ¿qué falla en el clásico planteamiento
de Epicuro y Marco Aurelio y
Wittgenstein? ¿Por qué hay algo que no
acaba de convencernos –a pesar de la
elegante racionalidad de ese argumento?
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Nada más escandaloso que la
muerte de un niño
¿Qué pierde un ser vivo --y en particular un ser
humano-- cuando muere? “¿Qué perdió Brenin
cuando murió?” (Brenin era el lobo “hermano” del filósofo Mark
Rowlands). Rowlands, El filósofo y el lobo, Seix y Barral, Barcelona 2009, p.
227.
Albert Camus decía con frecuencia a sus amigos
que no había nada más escandaloso que la
muerte de un niño, y nada más absurdo que
morir en un accidente de automóvil. Murió (el 4
de enero de 1960) en un accidente de automóvil.
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La muerte nos priva de futuro
La muerte produce un daño por privación: nos
priva de nuestra vida posible, nuestro futuro (y los
seres humanos somos “animales del futuro” en
el sentido de que vivimos proyectándonos en el
tiempo mediante deseos, objetivos y proyectos -incluyendo planes de vida a largo plazo).
Por supuesto, esto tiene implicaciones diferentes a
diferentes edades: en la niñez, en la juventud, en la
madurez, en la ancianidad –así como en la salud y
en la enfermedad…
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Metáforas espaciales
Rowlands: “Las metáforas [espaciales, como la flecha del
tiempo o el río que fluye desde el pasado hacia el futuro]
sugieren una visión del sentido de la vida como algo a lo
que debemos apuntar o como una dirección en la que
debemos encaminarnos. El presente siempre se escapa. (...)
El sentido de la vida es algo hacia lo que podemos
avanzar, algo que se puede lograr. Y como pasa con todos
los logros importantes, esto no es algo que pueda ocurrir
ahora, sino tan sólo más adelante en la línea.”
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Salvación y condena
“También sabemos que más adelante en la línea no
encontraremos sentido, sino su ausencia. Si seguimos la línea
lo bastante lejos, encontraremos muerte y decadencia (...).
La flecha del tiempo es a la vez nuestra salvación y nuestra
condena (...). Somos criaturas dadoras de sentido: nuestra vida
tiene un sentido que, pensamos, la vida de otros animales no
puede tener. (...) Tanto el sentido de nuestra vida como el final
de nuestra vida se encuentran más adelante en la línea, razón
por la cual dicha línea nos fascina y nos horroriza. Ése es, en
esencia, el dilema existencial de los seres humanos.” Mark
Rowlands, El filósofo y el lobo, Seix y Barral, Barcelona 2009, p. 238-239.
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El momento siempre se nos
escapa
Al contrario que los animales no humanos --los
lobos y los perros, por ejemplo-- que parecen vivir
en una especie de presente eterno, los seres humanos
“nunca podemos disfrutar el momento por lo que es
en sí mismo porque, para nosotros, el momento
nunca es lo que es en sí mismo: el momento se ve
postergado incesantemente tanto hacia delante como
hacia atrás. (...) El momento siempre se nos escapa.
Y, por tanto, para nosotros el sentido de la vida
nunca puede residir en el momento.” Rowlands, op. cit., p. 240.
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El test de Nietzsche
“Algo que aprendí el último año de vida de Brenin es que los
lobos --y los perros, viene a ser lo mismo-- pasan la prueba
existencial de Nietzsche [la interpretación existencial del
eterno retorno] de un modo que los seres humanos rara vez
consiguen.
Un ser humano habría dicho: ‘El mismo paseo otra vez hoy
no, por favor. ¿No podríamos ir a otro sitio para variar?
Estoy harto de la playa. Y no me compres otro pain au
chocolat. (...)’, etc.
Fascinados y asqueados a la vez por la flecha del tiempo,
nuestra repulsión nos hace buscar la felicidad en lo nuevo y
diferente, en cualquier desviación de la flecha del tiempo.”
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Never more
“Pero nuestra fascinación con la flecha implica que
cualquier desviación de la línea de la flecha simplemente
crea una nueva línea, y nuestra felicidad ahora requiere que
también nos desviemos de esta línea. La búsqueda de la
felicidad por parte del ser humano es, por tanto, regresiva y
vana.
Y al final de cada línea sólo está nunca más [el Never more
del cuervo de Poe]: no sentir el sol en la cara nunca más;
no ver la sonrisa en los labios del ser amado o el brillo en
sus ojos nunca más. Nuestra noción de nuestra vida y del
sentido de esa vida se organiza en torno a la visión de la
pérdida.”
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Nuestra comprensión del tiempo
es nuestra condena
“(...) Nuestra comprensión del tiempo es nuestra condena.
Wittgenstein se equivocaba, de manera sutil, pero decisiva. La
muerte no es el límite de mi vida. Siempre he llevado la muerte
conmigo.
El tiempo de los lobos, intuyo, es un círculo, no una línea. Cada
momento de su vida es completo en sí mismo y la felicidad, para
ellos, siempre se encuentra en el eterno retorno de lo mismo. Si el
tiempo es un círculo, nunca más no existe, y por tanto la existencia
de uno no se organiza en torno a la visión de la vida como un
proceso de pérdida. (...) Para un lobo o un perro, la muerte sí es el
límite de la vida, y por este motivo la muerte no ejerce su dominio
sobre ellos.” Mark Rowlands, El filósofo y el lobo, Seix y Barral, Barcelona 2009, p. 246-247.
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¿Somos animales incapaces para
la felicidad?
El lobo y el perro son criaturas del momento; nosotros,
del tiempo en fuga. Vivimos en exceso en el pasado y en
el futuro. Y por eso...
“Dudo que seamos la clase de animales que pueden ser
felices; al menos, no del modo que pensamos la felicidad.
El cálculo --nuestras intrigas y nuestros engaños símicos-ha calado demasiado hondo en nuestra alma para que
seamos felices. Buscamos los sentimientos que vienen con
el éxito de nuestras maquinaciones y mendacidades, y
rehuimos los sentimientos que vienen con su fracaso. En
cuanto alcanzamos una meta ya estamos buscando la
siguiente.”
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Siempre persiguiendo algo…
“Siempre vamos a la caza de algo, y nuestra
felicidad, por tanto, se nos escapa de las
manos. El sentimiento --y eso es lo que
consideramos que es la felicidad-- es una
criatura del momento. Para nosotros no
existe el momento, cada momento es
aplazado una y otra vez; por tanto, para
nosotros no puede existir la felicidad.” Mark
Rowlands, El filósofo y el lobo, Seix y Barral, Barcelona 2009, p. 260.
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Un masái encarcelado...
Pero nuestra incapacidad para vivir en el
presente ¿no es una patología occidental?
¿No está condicionada culturalmente?
El personaje que interpreta Robert Redford
en Memorias de África explica en cierto
momento que, si se encarcela a los masái,
estos mueren. “Viven en el momento”,
aclara, y piensan que esa desgracia va a
durar para siempre, y mueren.
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¿Cómo vivimos el tiempo?
“El tiempo es nuestro enemigo jurado, a la vez que
nuestro mejor amigo, lo único que poseemos
totalmente en exclusiva, aquello que nunca
conseguimos aferrar, nuestro tormento y nuestra
esperanza. Es difícil hablar de él. (…) Sólo la
persona que envejece puede experimentar
plenamente la irreversibilidad del tiempo.” Jean Améry,
Revuelta y resignación. Acerca del envejecer, Pre-Textos, Valencia 2001,
p. 19 y 31.
Habrá que volver después a este asunto del envejecimiento y la linealidad
del tiempo…
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Otra concepción del tiempo
Para revalorizar la contemplación frente a la
acción
y ser felices con lo que tenemos (en vez de
anhelar siempre lo que no poseemos), con un
nivel moderado de consumo material
y no extenuarnos buscando acumular poder, y
control sobre lo incontrolable
la clave ¿no es otra concepción del tiempo?
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Lograr salir --en parte al menos-- de la trampa del
tiempo lineal, con su desvalorización del presente, y ser
capaces de vivir más en el momento...
Vivir menos de proyecto, deseo y propósito consciente,
ser capaces de acoger con agradecimiento lo que acaece...
“Tenemos los ojos sucios por la urgencia./ No busques
metas en el horizonte, logra progresos en tu ardor...” José Val
del Omar, Tientos de erótica celeste, Diputación provincial de Granada 1992, p. 21.
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Acogida del presente
Los antiguos estoicos y epicúreos --nos
recuerda Pierre Hadot-- insisten en la
actitud de acogida del presente:
concentrarnos en el presente, sin
dejarnos aplastar por el pasado ni
angustiar por el porvenir. Pierre Hadot, La filosofía
como forma de vida, Alpha Decay, Barcelona 2009, p. 111-112. Cf. todo el
capítulo 10 del libro: “Tan sólo el presente es nuestra felicidad”.
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Como decía Wittgenstein:
“Quien vive en el presente, vive sin temor
ni esperanza. Sólo quien no vive en el
tiempo, haciéndolo en el presente, es feliz.
Si como eternidad no se entiende una
duración temporal infinita, sino
atemporalidad, entonces puede decirse que
vive eternamente quien vive en el presente.”
Diario filosófico
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IV. Muerte y creación cultural
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“¿Por qué estudian ustedes tanto
si todos nos vamos a morir?”
Ana María, una niña colombiana de nueve
años, pregunta a su madre –a quien ve a
menudo enredada entre libros, encerrada
con libros--: “Pero ¿por qué estudian
ustedes tanto si todos nos vamos a morir?”
¡Es una pregunta importantísima! ¿Qué
hacemos frente a la muerte y el
sinsentido, frente al abismo de la condición
humana?
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Lucha contra la muerte simbólica
(o social)
Pierre Bourdieu, por ejemplo, diría:
luchamos contra la muerte simbólica.
El gran sociólogo francés parte del
sinsentido originario que caracteriza la
condición humana. Las sociedades humanas
intentan “desprenderse del sentimiento de la
insignificancia de una existencia sin
necesidad”. Pierre Bourdieu, Méditations pascaliennes, Seuil,
París 1997, p. 283.
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La producción social de sentido se realizaría a
través de los juegos de distinción entre las
personas y los grupos, en la búsqueda de
reconocimiento por parte de los demás.
Bourdieu, cercano a Pascal, analiza esta búsqueda
de reconocimiento como una “ficción social” que
sitúa artificialmente en su centro el “ser
percibido”: aquí no estaríamos tampoco lejos de
denuncia de la Mentira Social por parte del poeta
anarquista Kenneth Rexroth.
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Diez vías para hacer frente al
sinsentido
Yo diría que esencialmente tenemos diez vías, diez
posibles respuestas (algunas de las cuales se sitúan,
claro está, bajo la noción de “mentira social” de
Bourdieu y Rexroth).
1. Engañarnos y cerrar los ojos (por ejemplo,
fingiendo que hay un todopoderoso Dios providente
y una vida ultraterrena).
2. Volcarse en el cuidado de la generación
siguiente y los seres cercanos, como han hecho,
sobre todo, tantas mujeres bajo el patriarcado.
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3. Reforzar el ego y huir hacia delante, por la senda de la
dominación sobre otros, la ilusión de control y la
acumulación de goces.
4. Engolfarnos en distracciones, aficiones y adicciones que
pueden hasta cuajar en “mundos B” (desde los opiáceos a la
Second Life virtual) más soportables que el mundo real.
5. Ilusionarnos con la “inmortalidad” que resulta de las
grandes hazañas (bélicas, políticas, literarias, artísticas, etc.;
esto resulta más viable para los varones en sociedades
aristocráticas).
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6. Identificarnos con colectividades como el Imperio
romano o la Nación francesa; o aún,
hegelianamente, con el supuesto sentido de la
Historia; o incluso con la totalidad de la vida en el
planeta Tierra, como haría un deep ecologist.
7. Tomar distancia de todo lo mundano para tratar
de deificarnos y hacernos inasequibles a la
contingencia. Es la vía del sabio estoico (voluntarista)
o espinosiano (racionalista), probablemente no tan
alejados entre sí.
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8. Destruir metódicamente el ego (o al menos atenuarlo y
descentrarlo). Esto ya se atisba en 7), pero es sobre todo
asunto del budismo en Oriente. Tanto 7) como 8) pueden
intensificarse en vías místicas.
9. Reconstruirnos, asumiendo la parte inconsciente de
nuestra vida psíquica y haciendo retroceder a Tánatos en
beneficio de Eros. Es el camino del psicoanálisis.
10. Tratar de construir una comunidad humana. Para
avanzar en esta vía político-moral hace falta, de todas formas,
un trabajo profundo sobre el ego: es decir, mirar también a 7),
8) y 9).
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“El yo, no puedo con él”
Tener un ego competitivo, acorazado y
autoidealizado es una gran desgracia.
Aunque la cultura dominante nos incita
precisamente a esa clase de cultivo del ego,
todo lo que podamos hacer por debilitar al
monstruo será poco.
“El yo, no puedo con él”, dice María
Zambrano en un texto de 1987.
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María Zambrano: “Yo no soy nadie, yo no soy ninguno: y ¿cómo, si
no soy ninguno, puedo tener una autobiografía? Pero se me ha
descubierto, y desde muy niña, que en este ‘yo’ se deposita también
eso que se llama responsabilidad moral. Y yo a esa responsabilidad
no puedo renunciar”.
Unas líneas más abajo la filósofa de la “razón poética” sigue
afirmando que su autobiografía sería “todo aquello que he dado y
también todo lo que he querido dar y no he podido”. Uno piensa en
la hermosa copla que canta: “Tengo las manos vacías/ de tanto dar
sin tener:/ pero las manos son mías…” Mías, es decir: de ese yo que
no es ninguno, de uno entre los demás, del común de los mortales.
María Zambrano, Obras completas, vol. VI (escritos autobiográficos), Galaxia Gutenberg/ Círculo de
Lectores, Barcelona 2014, p. 719 y 720.
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Hay una relación entre el
lenguaje y la muerte…
… y entre la cultura humana y la muerte.
El logos –palabra razonada, para los filósofos griegos–
“representa tal exigencia de racionalidad universal –al
implicar un mundo de normas inmutables– que se opone al
eterno devenir y a los cambiantes apetitos de la existencia
corporal individual. En este conflicto, permanecer fiel al
Logos supone tanto como arriesgarse a perder la vida. Ésta
fue la historia de Sócrates. Sócrates murió por fidelidad al
Logos.” Pierre Hadot, Ejercicios espirituales y filosofía antigua, Siruela, Madrid 2006, p. 39.
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La cultura, enorme e incesante
fábrica de permanencia
La conciencia de la mortalidad, argumenta Bauman, es
condición necesaria y suficiente de la creatividad
cultural humana. Zygmunt Bauman, Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias
de vida, Sequitur, Madrid 2014, p. 13. Este es por cierto un enorme asunto que aquí no puedo tratar
sino de forma muy parcial: remito a este libro de Bauman, que merece una lectura muy atenta.
Si no fuera necesario hacer que la vida valiese la pena de
ser vivida, apenas habría cultura. La cultura persigue la
permanencia y durabilidad de la que la vida, en sí misma,
carece.
Y la estabilidad de la naturaleza también ha podido ser
un apoyo… hasta ahora.
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Hoy, una nueva situación
existencial…
Hay un hermoso y conmovedor poema que Brecht
escribió poco antes de su muerte.
“Cuando en la blanca habitación del hospital de La
Charité/ desperté hacia el amanecer/ y oí el mirlo, lo
tuve/ aún más claro./ Ya hace mucho tiempo/ que no
temía a la muerte, pues nada/ puede faltarme si yo/
mismo falto. Ahora/ también he logrado alegrarme con
todos/ los mirlos que cantarán cuando yo no esté.”
Bertolt Brecht, Poemas del lugar y la circunstancia, Pret-Textos, Valencia 2003, p.
147 (traducción de José Muñoz Millanes).
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…de dificultad extrema: Brecht
en el hospital de la Charité
Cabe llamar la atención sobre dos
momentos del poema. El primero es la
liberación materialista del temor a la
muerte, en la línea –ya antigua y clásica—
de Epicuro: cuando la muerte esté, yo no
estaré. Bien es verdad que esto no basta casi
nunca para apaciguar el desasosiego
existencial del anthropos.
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El segundo momento del poema es crucial: el
agonizante que escucha el canto del mirlo es
capaz de alegrarse no sólo por ese canto, ahí y
ahora, sino por las alegrías futuras de los cantos
futuros (puede uno conjeturar que esa clase de empatía
no se refiere sólo a la alegría de otros seres humanos que
escucharán a otros mirlos, sino también a la plenitud
vital de los otros mirlos futuros que cantarán:
comunidad más allá de la especie humana).
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Con este segundo momento aparece la
tragedia de nuestra situación histórica
actual. Pues, en efecto, la esperanza
materialista se ha anclado durante siglos en
la anticipación de una comunidad humana,
verdaderamente humana. Pero hoy, al
contrario que en el poema de Brecht, no
podemos estar seguros de que los mirlos
futuros cantarán.
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La invulnerabilidad de la naturaleza
ya no es una fuente de consuelo
Si la crisis ecológico-social sigue agravándose,
quizá en el futuro no haya mirlos cantores, quizá
no existirán siquiera los seres humanos que
hubieran podido escucharlos. La
invulnerabilidad de la naturaleza podía ser una
fuente de consuelo para Brecht: ya no lo es.
Ésta es la fase trágica de la historia humana que
vivimos –y por cierto desde hace decenios, desde
no mucho tiempo después de la muerte de Bertolt
Brecht-- a comienzos del siglo XXI.
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V. Muerte y desigualdad
socioeconómica
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“If living were a thing that
money could buy…”
Un epigrama funerario griego reza: “Sólo esto es igual
para todos los mortales: es voluntad de Zeus que todos
mueran y abandonen la luz del sol. Si con plata u oro
fuera posible comprar esto, ningún rico descendería al
Hades.” Epitafio 91 de Epigramas funerarios griegos (ed. de María Luisa del Barrio Vega),
Gredos, Madrid 1992.
Es la misma idea de la canción folk estadounidense “All
my trials”: “If living were a thing that money could buy/
you know the rich would live/ and the poor would die…”
Aquí la versión de Peter, Paul & Mary: https://www.youtube.com/watch?v=38bHXC8drHc
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“Con dinero es más fácil llorar”
“Si es verdad que somos todos iguales ante la
muerte --lo que no significa prácticamente nada,
o mejor, no hace sino aumentar la exigencia de
igualdad hacia la vergonzosa ausencia de
compromiso de la metafísica--, sin embargo no
somos todos iguales en el morir. Con dinero es
más fácil llorar, dice un proverbio judío oriental.
Con dinero resulta más cómodo incluso morir…”
Jean Améry, Revuelta y resignación. Acerca del envejecer, Pre-Textos, Valencia 2001,
p. 122.
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En 2003 se tradujo por fin al castellano Niels Lyhne,
la gran novela del danés Jens Peter Jacobsen (18471885): un libro que fue trascendental para el
desarrollo espiritual de Rilke, por ejemplo. Jens Peter
Jacobsen, Niels Lyhne, trad. de Ana Sofía Pascual, Acantilado, Barcelona 2003.
Entre las muchas cosas que podrían destacarse, una
me llama la atención: los “golpes del destino” que
recibe sin tregua el protagonista son esencialmente
muertes por enfermedades infecciosas.
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Así fallece su primer amor, la señorita Edele, con
apenas veintiséis años; su madre probablemente
(la causa de la muerte no queda clara en la
novela); su jovencísima y muy amada esposa
Gerda; su único y pequeño hijo; y finalmente el
mismo protagonista, probablemente sin haber
alcanzado los cuarenta años, a causa de la
infección provocada por un disparo que le
atraviesa el pulmón. ¡El propio Jacobsen murió de
tuberculosis con 38 años!
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Vale decir: toda una serie de muertes que hoy
consideramos perfectamente evitables, pues los
avances de la higiene y la medicina –sobre todo
con la invención de los antibióticos— han logrado
controlar tales enfermedades en el siglo XX.
¡Cuán diferente es la relación con la muerte de
personas con una legítima expectativa de vida de
setenta u ochenta años, en comparación con la
incertidumbre dentro de la que vivieron
incontables generaciones de nuestros antepasados!
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Hacia 1900, la esperanza de vida para los
varones en España era de 45 años (48 para
las mujeres).
Pero en esa incertidumbre siguen
viviendo cientos de millones de personas
hoy en día. Pues sin exageración se podría
decir “dime dónde vives y te diré de qué
mueres”.
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“Dime dónde vives y te diré de
qué mueres”
Como explicaba hace unos años la directora general
de la Organización Mundial de la Salud, la ex
primer ministra noruega Gro Harlem Brundtland:
“Lo trágico es que, aunque la esperanza media de
vida ha venido aumentando a lo largo del siglo XX,
en los países menos avanzados tres de cada cuatro
personas aún mueren antes de llegar a los 50 años,
promedio mundial de esperanza de vida hace
cincuenta años.”
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“Este 1998, 21 millones de defunciones (dos de cada cinco
en todo el mundo) serán de personas menores de 50 años,
incluidos diez millones de niños pequeños que jamás
cumplirán los cinco años.” (Declaraciones en El País, 11 de mayo de
1998)
La brecha es nítida. Las enfermedades infecciosas y las
carencias en salud reproductiva causan las cuatro
quintas partes de las muertes en el Sur, y en cambio
apenas afectan al Norte, donde enfermedades no
transmisibles relacionadas con el modo de vida --como el
cáncer y las cardiopatías-- son la principal causa de
defunción.
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Morir por infección es sobre todo
un problema de pobreza
A escala mundial, de las 52 millones de muertes
ocurridas en 1997, la OMS atribuye
aproximadamente un tercio a las enfermedades
infecciosas; pero este dato global enmascara una
realidad muy diferente si se atiende a la brecha
Norte-Sur. En efecto, en los países pobres del Sur
las infecciones causaron el 43% de las muertes,
frente a sólo un 1% en los países del Norte.
Aún hoy en día, morir por infección es sobre
todo un problema de pobreza.
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VI. Filosofar es aprender a
morir
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Platón: filosofar es aprender a
morir
Sócrates en el Fedón: “Así pues, es cierto que quienes,
en el sentido exacto de la expresión, se tienen por
filósofos se ejercitan para morir, y que la idea de estar
muertos no resulta para ellos, o en todo caso menos que
para cualquier otro en el mundo, motivo de espanto.”
(Al respecto, la broma de Madame du Deffand:
“¿Aprender a bien morir? ¡Qué capricho! Yo a todo el
mundo le he visto hacerlo a la primera y
perfectamente…” Citada por Fernando Savater en “De profundis”, El País, 3 de
febrero de 2009.)
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El “ejercicio espiritual” platónico
Pierre Hadot explicitará este “ejercicio espiritual”
platónico del siguiente modo:
“El principal asunto es que el alma quede liberada,
despojada de las pasiones ligadas a los sentidos
corporales, con el fin de independizarse del
pensamiento. (…) [Se aspira a] liberarse del punto de
vista parcial y pasional, ligado al cuerpo y a los
sentidos, y elevarse hasta el punto de vista universal y
normativo del pensamiento, para someterse a las
exigencias del Logos y a la ley del Bien.”
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“Ejercitarse para la muerte supone,
pues, tanto como ejercitarse para la
muerte de la individualidad, de las
pasiones, con tal de contemplar las
cosas desde la perspectiva de la
universalidad y la objetividad.” Pierre Hadot,
Ejercicios espirituales y filosofía antigua, Siruela, Madrid 2006, p. 40.
Cf. también p. 42-43.
Podemos preguntarnos: ¿no es esto “demasiado para el body”?
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“El hombre libre en nada piensa
menos que en la muerte”
En aparente contradicción, Spinoza: “El
hombre libre en nada piensa menos que en
la muerte, y su sabiduría es una meditación
no sobre la muerte, sino sobre la vida.”
Pero la meditatio mortis platónica, en la
lectura de Hadot (en cuanto “muerte” de la
individualidad), no estaría tan lejos de la
mirada spinoziana sub specie aeternitatis…
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Quien aprende a morir
desaprende a ser esclavo
“Quien dice: reflexiona sobre la muerte,
exhorta a reflexionar sobre la libertad.
Porque quien aprende a morir desaprende a
ser esclavo.” Epicuro, Ética, ed. de Carlos García Gual y Eduardo
Acosta, Barral, Barcelona 1974, p. 205.
Es la misma idea que retoma Montaigne en
uno de sus más célebres ensayos, “Filosofar
es aprender a morir”: “Quien a aprendido a
morir ha desaprendido a servir”.
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Presentar la filosofía a modo de preparación para la
muerte, insiste Pierre Hadot, es una decisión de
extrema importancia.
Incluso los adversarios del platonismo, como Epicuro
o Heidegger, harán suya de algún modo esta fórmula.
“Ni el sol ni la muerte pueden mirarse con fijeza (La
Rochefoucauld). Sólo pueden osar hacerlo los
filósofos; bajo las diversas representaciones de la
muerte que manejan se encuentra una virtud
incomparable: la lucidez.” Hadot, op. cit., p. 41.
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El valor inconmensurable de cada
instante
Un asunto de mucha importancia, sobre el que
insistieron epicúreos y estoicos (y que ya
mencionamos antes), es que la conciencia de la
muerte –de la finitud de la existencia- concede un
valor inconmensurable a cada instante. Por ello,
deberíamos vivir cada momento como si fuese el
primero y el último. Cf. Pierre Hadot, Ejercicios espirituales y filosofía antigua,
Siruela, Madrid 2006, sobre todo p. 41-42, 231-32, 302.
Así nos intima Epicteto: “Ya no eres un niño, sino
un
adulto.”
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“Recuerda que es ahora el
combate…”
“Si eres negligente y perezoso, y estás
continuamente dilación tras dilación, y propósito
tras propósito, y esperas día tras día a ocuparte de
ti mismo, no serás consciente de que no estás
mejorando, sino que continuarás ignorante
mientras vivas y hasta que mueras. (…) Si
cualquier cosa, penosa o placentera, se te presenta,
recuerda que es ahora el combate, que ahora son
los juegos olímpicos, y no pueden ser diferidos…”
Epicteto, Enquiridión, José J. de Olañeta Editor, Palma de Mallorca
2007, p. 64.
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Aunque estemos demasiado
ocupados para morir...
“Nacemos una sola vez y dos no nos es dado
nacer, y es preciso que la eternidad no nos
acompañe ya.
Pero tú, que no eres dueño del día de mañana,
retrasas tu felicidad y, mientras tanto, la vida
se va perdiendo lentamente por ese retraso, y
todos y cada uno de nosotros, aunque por
nuestras ocupaciones no tengamos tiempo
para ello, morimos.” Epicuro, Sentencias vaticanas, 14
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Cultura y trascendencia
Volvamos a la idea de creación cultural
contra la muerte, cultura para superar la
mortalidad individual.
“La trascendencia es, en definitiva, lo que
define a la cultura. Ésta consiste en
ensanchar –con el ánimo de eliminarlo– los
límites temporales y espaciales del ser.”
Zygmunt Bauman, Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de vida, Sequitur,
Madrid 2014, p. 15.
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¿Y habitar la inmanencia?
Pero ¿no podría la cultura proponernos habitar la
inmanencia? ¿No es lo que ha hecho la cultura
trágica… y también por ejemplo la cultura obrera?
Arturo Pérez Reverte en una entrevista: “La gente
se divide en dos tipos, básicamente: los que tienen
conciencia de que van a morir y los que no. El que
sabe que va a morir, que todo es vulnerable, vive
de una forma mucho más limpia, más humilde y
lúcida; mucho más serena.”
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“Pero el que vive como si no fuera a morir, el
que cree que esto dura siempre, que la belleza es
eterna, que tiene sentido atesorar, que el coche
nunca va a pinchar la rueda, que no habrá nunca
un iceberg delante del Titanic… ése es el que ha
perdido el sentido de la vida y el que está
emponzoñando el mundo. Por eso –sin idealizarsé que nuestros abuelos llevaban mayor razón y
que nosotros estamos equivocándonos.”
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El principio de modestia
Manuel Sacristán: “Me acerqué a la
comprensión y al amor de esa gente que queda
en la cuneta, intentando mantener la voluntad
de racionalidad del movimiento obrero, que es,
en mi opinión, voluntad de modestia.
(…) La diferencia fundamental con la cultura
de los intelectuales, que tan odiosa me
resultaba, es el principio de modestia.”
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El pueblo sabe que uno muere
“El militante obrero, el representante obrero,
aunque sea culto, es modesto porque (…)
reconoce que existe la muerte, como la reconoce el
pueblo. El pueblo sabe que uno muere.
El intelectual es una especie de cretino
grandilocuente que se empeña en no morirse. Es
un tipo que no se ha enterado de que uno muere e
intenta ser célebre, hacerse un nombre, destacar,
esas gilipolleces del intelectual que son el trasunto
ideal de su pertenencia a la clase dominante.”
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“En cambio, en la cultura obrera está la modestia
porque está el reconocimiento de la muerte. Cada
generación muere y luego sigue otra.
Y los héroes obreros son, en general, héroes
anónimos, mientras que los héroes intelectuales
tienen dieciocho apellidos, cuarenta antepasados,
influencias de escuela y todas esas leches de los
intelectuales tradicionales.” Manuel Sacristán, entrevista –en la
primavera de 1979– recogida en De la Primavera de Praga al marxismo ecologista –
Entrevistas con Manuel Sacristán (ed. de Francisco Fernández Buey y Salvador López
Arnal), Catarata, Madrid 2004, p. 97-98.
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Enfermos de más allá
El animal humano está enfermo de trascendencia, de
más allá. Si algo precisamos no es fomentar la
búsqueda de allendes, sino más bien aprender a vivir
en el mundo sublunar, sobre esta Tierra, ahí.
(El Dasein heideggeriano no sería captación de ninguna esencia humana, sino más bien
piadoso y casi inalcanzable deseo, si se me permite la broma.)
Y creo que la poesía moderna –para entendernos: desde
Rimbaud para acá— ha puesto mucho de su parte para
ayudarnos en este aterrizaje (que no podemos desligar
del amerizaje, acielaje, anubaje, afuegaje...).
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Palabra en el tiempo
Si la poesía es –según la memorable definición de
Antonio Machado— palabra en el tiempo,
entonces tiene una relación esencial con la muerte.
El tiempo es la dimensión de la vida y la muerte,
en su entrelazamiento íntimo. Palabra en el tiempo
quiere decir palabra que afronta la muerte, que la
arrostra. Esto puede hacerse en el modo de la
necrofilia, pero también en el terreno del Eros más
desafiante, libre y vital.
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La cultura dominante de espaldas
a la realidad
Las realidades más básicas de nuestro mundo
son: que la biosfera es finita, y sus capacidades
regenerativas y asimiladoras tienen límites; que
la entropía existe; que los seres humanos –como
los demás seres vivos-- somos frágiles y hemos
de morir. En cambio, en la cultura dominante
todo sucede como si no existiesen los límites
ecológicos, la degradación entrópica ni la finitud
humana.
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Asumir la mortalidad y la fragilidad,
en la base de la convivencia civilizada
Vivir de espaldas a la realidad se paga: en
sufrimiento y destrucción.
Karl Löwith sabía, y José Jiménez Lozano nos
recuerda, que la comprensión de la fragilidad
constitutiva del ser humano está en la base de lo
que podemos llamar convivencia civilizada. Para
saber eso y sentir eso, hay que situarse en las
antípodas de esas cumbres demiúrgicas donde se
extravían tantos de nuestros contemporáneos. José
Jiménez Lozano, La luz de una candela, Anthropos 1996, p. 18.
02/10/2015
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Hoy estamos viendo con claridad que el
titánico esfuerzo cultural de Occidente por
domar la contingencia, por controlar lo
incontrolable, acaba siendo
contraproductivo y desemboca
previsiblemente en una terrible catástrofe: el
ecocidio + genocidio que vemos venir en
el Siglo de la Gran Prueba.
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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El divertissement de Pascal
Castoriadis: “Contrariamente a lo que decía Aristóteles,
eso que los seres humanos desean por encima de todo
no es el saber, es la creencia. En las sociedades ricas (...)
reina lo que Pascal habría llamado la diversión o la
distracción, el olvido. No se quiere saber que somos
mortales, que vamos a morir, y que más allá no hay
retribución ni recompensa. Se lo olvida mirando la
televisión... Bernard Tapie [Mario Conde, traduciendo a
las circunstancias españolas], o Madonna, o qué sé yo.”
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Una sociedad del olvido
“Y esto no significa que vivamos en una sociedad del
espectáculo sino en una sociedad del olvido: el olvido de la
muerte, olvido del hecho de que la vida no tiene más
sentido del que somos capaces de darle. El espectáculo está
para facilitar y esconder este olvido.
No tenemos el coraje ni la capacidad de admitir que el
sentido de nuestra vida individual y colectiva ya no puede
sernos dado por una religión o una ideología, ya no puede
sernos dado por un regalo, no tenemos el coraje ni la
capacidad de admitir que, entonces, debemos crearlo
nosotros mismos.” Cornelius Castoriadis, Una sociedad a la deriva.
Entrevistas y debates (1974-1997), Katz Editores, Buenos Aires 2006, p. 289-290.
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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Castoriadis sigue: “El proyecto de autonomía ha sido
proclamado en algunas sociedades, en la sociedad
ateniense, en las sociedades occidentales durante el gran
período de la modernidad. Ahora bien, cada vez fue
impulsado por movimientos que, con reserva de algunas
notas a pie de página, fueron profundamente conscientes
de que el sentido de nuestra vida está en este bajo mundo,
que ninguna trascendencia puede darle sentido a una vida
que desinvestimos por otra parte [la traducción no es
buena. “Desinvestimos”, término técnico psicoanalítico,
quiere decir “abandonamos libidinalmente”, más o
menos].”
02/10/2015
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“La humanidad como tal y todas sus
creaciones, toda su memoria, son mortales”
“Toda trascendencia en sentido religioso es una
creación imaginaria de los humanos. (...) Hay un hecho
que tendremos que digerir algún día: somos mortales.
No solamente nosotros, no solamente las civilizaciones,
sino la humanidad como tal y todas sus creaciones, toda
su memoria, son mortales. (...) Frente a esto, hay dos
respuestas posibles. La primera es Pascal, es
Kierkegaard: no puedo aceptar esto, no puedo o no
quiero verlo: en alguna parte tiene que haber un sentido
que soy incapaz de formular, pero creo en él.”
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
101
Saberse mortal y mantenerse de
pie al borde de este abismo
“(...) La otra actitud es negarse a cerrar los ojos, y comprender al
mismo tiempo que si uno quiere vivir, no puede vivir sin sentido, sin
significación. En esta acepción, las significaciones creadas social e
históricamente no son ni contingentes, ni necesarias; son, como he
escrito, metacontingentes: sin ellas no hay vida humana, ni
individual ni social.
(...) La tarea de un hombre libre es saberse mortal y mantenerse de
pie al borde de este abismo, en este caos desprovisto de sentido y en
el cual hacemos emerger la significación. Ahora bien, sabemos que
tal ser humano y tal comunidad pueden existir.” (p. 290-291)
Sabemos que tal ser humano y tal comunidad pueden existir –pero son extremadamente
improbables…
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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El cómo morimos viene
determinado por el cómo vivimos
“Martin [el protagonista de Martin el náufrago, de William
Golding] no puede morir porque se considera demasiado
precioso como para desaparecer eternamente. Pero tampoco
puede morirse porque es incapaz de amar. Sólo los buenos son
capaces de morir. Martin no puede entregarse a la muerte
porque jamás ha podido entregarse a otros en vida. En este
sentido, el cómo morimos viene determinado por el cómo
vivimos. La muerte es una forma de autodesposesión que debe
ensayarse en vida para que pueda luego llevarse a cabo con
éxito. Si no, será un callejón sin salida más que un horizonte.
Ser-para-otros y ser-hacia-la-muerte son aspectos de la misma
condición.” Terry Eagleton, Sobre el mal, Península, Barcelona 2010, p. 31.
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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“Natural” implica “mortal”. Ésta es, creo, la razón
de fondo por la que el naturalismo –la propuesta
de tomar como punto de partida nuestros cuerpos
sufrientes y gozosos, vulnerables y mortales—
suscita tanto rechazo; y el rechazo de la muerte es
lo que da alas a tantísimas fugas culturalistas,
idealistas, tecnoutópicas, etc. (los movimientos
antropófugos que he criticado por extenso en
Gente que no quiere viajar a Marte).
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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Como bien dice Terry Eagleton,
“convertir el mundo en su totalidad en
cultura es una forma de renegar de su
independencia de nosotros, y por tanto
de renegar de la posibilidad de nuestra
muerte”. Eagleton, Después de la teoría, Debate,
Barcelona 2005, p. 170.
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sobre la vejez y la muerte
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Vivir sin certezas absolutas, sin fundamento
últimos y sin cosmovisiones redondas
Aprender a vivir sin certezas absolutas, sin fundamentos
últimos y sin cosmovisiones redondas: sencillamente vivir.
No me resisto a citar un paso de Manuel Sacristán: “La
principal exigencia de ética intelectual que se desprende
del presente estado del conocimiento consiste en
abandonar toda pretensión de concepción conclusa del
mundo. La integridad de la consciencia personal tiene
entonces que alcanzarse no en la especulación –en la
fabulación—sino en el empeño práctico, hecho propio del
modo más crítico posible.” Manuel Sacristán: M.A.R.X. (Máximas,
aforismos y reflexiones con algunas variables libres), edición de Salvador López Arnal,
Los Libros del Viejo Topo, Barcelona 2003, p. 70 (ver también p. 52).
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sobre la vejez y la muerte
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V. La vejez y el acercarse a la
muerte
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sobre la vejez y la muerte
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Un poema de Mario Quintana:
ENVEJECER
“Antes cualquier camino iba./ Hoy todos
vuelven./ La casa es cómoda, los libros
pocos./ Y yo mismo preparo el té a los
fantasmas.” Mario Quintana, Puntos suspensivos, Los Papeles
del Sitio, Valencina –Sevilla– 2007, p. 51.
Según cierta creencia japonesa, la vida del
hombre dura cincuenta años: los que siguen
son “años de más”. Poemas japoneses a la muerte,
antología de Yoel Hoffmann, traducción de Eduardo Moga, DVD,
Barcelona 2000, p. 226.
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sobre la vejez y la muerte
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Después de los cincuenta años…
Ahí tendríamos también la broma que habrán
ustedes oído alguna vez: después de los cincuenta
años, si no te duele algo por la mañana al
despertar, es que estás muerto.
(Por cierto que, acerca del umbral que representan
los cincuenta años, también habría que hacerle
caso a Erik Satie: “Cuando era joven, me decían:
Ya verás cuando tengas cincuenta años. Tengo
cincuenta años y no lo he visto.”)
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De hecho, con un poco de
suerte…
Señala el neurocientífico Francisco Mora
que “hacia la mitad del siglo pasado se
acuñó la idea de que a partir de los
cincuenta años, el cerebro humano podía
perder hasta 40.000 neuronas todos los días.
Tales pérdidas neuronales llegaron a
estimarse en más del 40% al llegar a edades
avanzadas.”
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…las cosas pueden no ir tan mal
después de los cincuenta
“Treinta años después de aquellos estudios iniciales
se empezó a poner en duda esta pérdida neuronal con
el envejecimiento. Hoy con nuevas metodologías se
ha demostrado claramente que las neuronas de áreas
importantes del cerebro para los procesos mentales, la
memoria y el aprendizaje no mueren durante el
proceso de envejecimiento. Muchos estudios en
cerebros humanos en edades de 60 hasta 98 años lo
demuestran…” Francisco Mora, “El ser humano puede modelar su
envejecimiento”, El Cultural, 12 de junio de 2002;
http://www.elcultural.es/articulo_imp.aspx?id=4989
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La dimensión político-social del
envejecer
En su libro Según pasan los años- La vejez
como un momento de la vida (Capital
Intelectual, 2013), la bióloga argentina
Susana Sommer analiza qué clase de
momento en la vida es la vejez. Para la
autora, envejecer no es sólo un proceso
individual sino que implica la
responsabilidad de toda la sociedad. Es
también un asunto político.
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“Además de alcanzar edades avanzadas, la gente
logra llegar a una edad mayor con una mejor
salud. Podemos suponer que la mayoría de
nuestros contemporáneos vivirán más años que
sus padres o abuelos. Pero, a continuación sufren
un deterioro vertiginoso que significaría que no se
modificó el envejecimiento: simplemente se
pospuso.” Susana Sommer entrevistada por la periodista Inés Hayes para
la Revista Ñ (suplemento cultural del diario bonaerense Clarín); luego recogido en sin
permiso (http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=6572 )
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La etapa heroica de la vida
Rosa Montero: “Envejecer no es fácil, desde luego. Vas
perdiendo amigos, padres, amores, pelo, dientes, dioptrías,
resuello, facultades mentales. Se te va empobreciendo el grosor
de los huesos y de la esperanza. Y, sobre todo, el futuro se te
achica estrepitosamente. Como dice Pere Gimferrer
en Rapsodia (Seix Barral), su hermoso y reciente libro poético,
‘el tiempo nuestro es ya de despedida’.
La vejez, presiento (la veo ya asomar la pata en el horizonte
como el lobo asomaba la amenazadora pezuña bajo la puerta),
es la etapa heroica de la vida.”
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“Growing old is not for sissies”
“Hacerse mayor no es para blandengues, reza un
clásico refrán norteamericano (growing old is not
for sissies: el original es un tanto homofóbico,
porque sissy viene a ser como mariquita). Sin
duda hay toda una épica en la ancianidad, en
mantenerse vivo, entero, alegre, dispuesto a las
novedades y los cambios, abierto al asombro y al
aprendizaje, estoico ante el dolor y el decaimiento,
ante el merodeo cada vez más cercano de la
muerte.” Rosa Montero, “No es para blandengues”, El País Semanal, 6 de febrero
de 2011; http://elpais.com/diario/2011/02/06/eps/1296977221_850215.html
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“¿Cómo puede un adolescente de 17
años como yo tener 81 de repente?”
“La tragedia de la edad tardía no es que uno sea viejo sino que no es
joven, escribió Oscar Wilde, y ¿Cómo puede un adolescente de 17
años como yo tener 81 años de repente?, se pregunta Lewis Wolpert
antes de abordar una descripción de la ancianidad en términos
estadísticos: sólo alrededor de una de cada diez personas con edades
comprendidas entre los 75 y los 79 años no sufre dolencias físicas,
como las relacionadas con el corazón, la vista o los huesos; pero esto
no necesariamente impide llevar una vida razonable; el que nuestros
músculos pierdan fuerza y el sistema inmunitario se debilite no nos
veda por ejemplo la práctica del deporte…” Francisco García Olmedo reseñando el
libro de Lewis Wolpert Por ti no pasan los años (Tusquets, Barcelona 2012) en El Cultural, 18 de enero
de 2013.
Pero ¿en qué condiciones político-sociales?
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“El entrenamiento para vivir bien
y para morir bien es el mismo”
Platón en el Fedón: filosofar es
aprender a morir. Cabría completar:
aprender a vivir bien, para envejecer
bien y para bien morir.
Eso mismo decía Epicuro en la Carta a
Meneceo: “El entrenamiento para vivir
bien y para morir bien es el mismo”.
Vale la pena releer ese texto:
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“El vulgo unas veces huye de la muerte como el mayor
de los males, otras la <prefiere> como el término de los
<males> del vivir. <El sabio, en cambio,> no teme el
no vivir: pues ni le pesa el vivir ni estima que sea algún
mal el no vivir. Y así como no elige en absoluto el
alimento más abundante, sino el más agradable, así
también no es el tiempo más largo, sino el más
placentero el que disfruta. El entrenamiento para vivir
bien y para morir bien es el mismo.” Epicuro, Carta a Meneceo.
En Cartas y sentencias, Olañeta, Palma de Mallorca 2007.
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Aceptar de verdad que tenemos
una sola vida
El epitafio de un personaje de Bernado Atxaga
reza: “Necesitaba dos vidas, sólo he tenido una”.
Pero ¿cada ser humano en realidad no necesitaría
dos vidas, o más bien media docena? Y por otra
parte ¿llegar a ser cabalmente humano no supone
aceptar de verdad que tenemos una sola vida,
y que hemos de lograr que dé lo mejor de sí esta
vida única?
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“Una región de vida desolada”
Jean Améry presenta una visión terrible del
envejecimiento, contra el que sólo cabe
“revuelta y resignación”.
“El envejecimiento, con el que emergen y se
hacen evidentes para nosotros el no y el ‘in’ de
nuestra existencia, es una región de vida
desolada, privada de cualquier consuelo
razonable: no debiéramos hacernos ilusiones.”
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Huérfanos de mundo, extraños a
nuestro propio cuerpo…
“En el envejecimiento devenimos el sentido interno,
huérfano del mundo, del tiempo puro. Envejeciendo
devenimos extraños a nuestro propio cuerpo y al mismo
tiempo más íntimamente ligados a su masa inerte de lo que
lo hayamos estado nunca. Cuando hemos superado la cima
de la vida, la sociedad nos prohíbe proyectarnos nosotros
mismos, y la cultura se transforma en cultura-fardo que ya
no comprendemos, antes bien, nos hace comprender que,
puesto que ya no somos más que vieja ferralla del espíritu,
nuestro lugar está entre los montones de desechos de la
época.”
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Viviendo con el morir
“Envejeciendo, en fin, tenemos que vivir con el
morir: una pretensión escandalosa, una
humillación sin par, que encajamos no con
humildad, sino humillados. Todos los síntomas
de este mal incurable son reducibles a la
incomprensible acción del virus de la muerte,
con el que venimos al mundo.” Jean Améry, Revuelta y
resignación. Acerca del envejecer, Pre-Textos, Valencia 2001, p. 143-144.
El autor escribe en 1968, con 56 años de edad.
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La vejez como la muerte que se
está elaborando
“La vejez es (ya) la muerte. Muerte social y
socioeconómica para los que han perdido su
prestigio y su capacidad productiva, y también para
los más carentes, abandonados en los asilos; muerte
psicológica para los dementes seniles
semivegetativos. La vejez es la expresión de la
muerte que se está elaborando, de la muerte (ya)
ahí”. Louis-Vincent Thomas, La muerte, Paidos, Barcelona 1991, p. 29.
¿Nos apoyamos mutuamente frente a la muerte?
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El final de un baile de máscaras
En fin, esta perspectiva se acercaría a
la muy desengañada del “pesimista
cósmico” Schopenhauer, para quien
“los últimos años de la vida se
asemejan al final de un baile de
máscaras en que se dejan caer las
caretas”.
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Pero ¿envejecer es eso?
Hay tantos contraejemplos a la forma más bien
terrible de envejecer que Jean Améry da cono
normal…
Permítaseme citar a Samuel Beckett, Marguerite
Duras, Rita Levi Montalcini, Rafael Sánchez
Ferlosio, Tomás Pollán, Carmen Martín Gaite,
Manuel Sacristán, Francisco Fernández Buey,
Teresa Pamiès, Leonard Cohen, Francisco Ayala,
Norberto Bobbio, Simone de Beauvoir…
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Grandes logros a edades
provectas
Charles Perrault escribe los famosos cuentos por los que ha
pasado a la posteridad cuando ya tiene más de setenta años.
Kant redacta la Crítica de la razón pura con casi sesenta.
Miguel Ángel muere a los 89, en plenitud creadora. Verdi
compone Otelo a los 74 años y Falstaff a los 80 (después de
una larga sequía). Lamarck concluye su Historia natural a
los 78 años.
¿Quién dice que los seres humanos –si nos acompaña algo
de buena fortuna y condiciones socipolíticas adecuadas-- no
nacemos y renacemos hasta que llega el momento de morir?
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De un blog de Alberto de la
Madrid, “Caminar cada día”
“Cumplo sesenta y cinco años dentro de unos días y, como es de cajón,
todos estos temas [del envejecimiento] me van viniendo en oleadas, una
no ha terminado cuando llega otra, interrogantes, pequeñas disfunciones
que trae el tiempo, sentimiento de impotencia; y junto a ello la lucha
para no someterse ante el desánimo y tratar de hacer una vida activa y
creativa; aceptar que pequeños desarreglos físicos que se producen o
puedan darse en el futuro no tienen por qué afectar a las motivaciones
esenciales, a la creatividad, a entusiasmo con que hoy se pueden
emprender algunos proyectos o tareas. Un ejemplo: el pasado verano
diseñé un recorrido por el Pirineo algo empeñativo que después sin
apenas darme cuenta abandoné... la rodilla que no iba, mi dolor de
espalda... se podían añadir más cosas; el caso es que me quedé en casa.”
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Probar, probarse
“Con los viajes sucedía algo similar, emulando aquello
que decía Salvador Pániker a un amigo cuando tenía
sesenta y tantos: ¡ah!, ¿pero todavía viajas?, como si eso
fuera cosa para jovencitos y jovencitas solamente;
emulando aquello ya me había hecho a la idea de que mis
viajes se habían terminado. Y en estas circunstancias
sucedió que en el pasado mes de enero decidí salir a
caminar en mitad de frío y el barro para ‘probar’, me dije;
sí, unos días, a ver en qué consiste eso de caminar en
invierno, y hacerlo por parajes desconocidos y a las seis
de la mañana.”
02/10/2015
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“Y resultó que esa probable semana se fue alargando y
lo que iba a ser una caminata entre Sevilla y Mérida se
convirtió en una trotada de meses que me llevaría a Irún
primero y después hasta más allá del Mediterráneo; y
que dos semanas después de regresar de Cataluña se
transformaría en este otro proyecto de vagar durante el
verano por el Pirineo... y que después etc. Y con los
viajes lo mismo…” http://caminarcadadia.blogspot.com.es/2013/07/laaventura-de-envejecer.html
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Una científica centenaria
A los cien años Rita Levi Montalcini (1909-2012), premio
Nobel de Medicina, científica y feminista, apenas oía y
veía con dificultad, pero no paraba: investigaba, daba
conferencias, ayudaba a los menos favorecidos, y
conversaba y recordaba con lucidez. De una de estas
entrevistas:
“[El hemisferio derecho del cerebro] es la parte instintiva,
la que sirvió para hacer bajar al australopithecus del árbol
y salvarle la vida. La tenemos poco desarrollada y es la
zona a la que apelan los dictadores para que las masas les
sigan. Todas las tragedias se apoyan siempre en ese
hemisferio que desconfía del diferente.”
02/10/2015
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Vita activa
“(…) No hay culpa ni mérito en cumplir cien años. Puedo
decir que la vista y el oído han caído, pero el cerebro no.
Tengo una capacidad mental quizá superior a la de los
veinte años. No ha decaído la capacidad de pensar ni de
vivir...
La única forma [de envejecer bien] es seguir pensando,
desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte,
porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro
cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando
muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo.”
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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“[Desearía seguir viviendo] el tiempo que funcione el
cerebro. Cuando por factores químicos pierda la capacidad
de pensar, he dejado dicho en mi testamento biológico que
quiero ser ayudada a dejar mi vida con dignidad. Puede
pasar mañana o pasado mañana. Eso no es importante. Lo
importante es vivir con serenidad, y pensar siempre con el
hemisferio izquierdo, no con el derecho. Porque ése lleva a
la Shoah, a la tragedia y a la miseria. Y puede suponer la
extinción de la especie humana…” Rita Levi Montalcini, “Cuando ya no pueda
pensar, quiero que me ayuden a morir con dignidad” (entrevista), El País, 19 de abril de 2009;
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2009/04/18/actualidad/1240005602_850215.html
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Coda
“En 1992 Rita y su hermana gemela Paola crearon la Fundación LeviMontalcini, que la neurocientífica italiana presidiría hasta su muerte.
Desde su nacimiento, la fundación ha conseguido miles de becas para
que mujeres africanas puedan estudiar. La intención de las hermanas
Levi-Montalcini al crear la fundación era la de ayudar a construir
sociedades libres de machismo estructural en el continente africano.
A pesar de haber creado la fundación con más de ochenta años, Rita
nunca fue una presidenta honorífica: todas las tardes trabajaba en las
oficinas de la fundación, y aun así seguía encontrando tiempo para
colaborar con la Comisión de Derechos Humanos y el Departamento
de Justicia del Senado de la República Italiana – Asier Arias, “Rita LeviMontalcini, el tesón de la dama de la neurona”, http://www.pikaramagazine.com/2014/03/rita-levimontalcini-el-teson-de-la-dama-de-la-neurona
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sobre la vejez y la muerte
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Otro ejemplo: Oliver Sacks
octogenario
“A los 80 se cierne sobre uno el espectro de la demencia o del
infarto. Un tercio de mis contemporáneos están muertos, y
muchos más se ven atrapados en existencias trágicas y
mínimas, con graves dolencias físicas o mentales. A los 80 las
marcas de la decadencia son más que aparentes. Las reacciones
se han vuelto más lentas, los nombres se te escapan con más
frecuencia y hay que administrar las energías pero, con todo,
uno se encuentra muchas veces pletórico y lleno de vida, y
nada ‘viejo’. Tal vez, con suerte, llegue, más o menos intacto, a
cumplir algunos años más, y se me conceda la libertad de amar
y de trabajar, las dos cosas más importantes de la vida, como
insistía Freud.”
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Más vita activa
“Cuando me llegue la hora, espero poder morir
en plena acción, como Francis Crick. Cuando le
dijeron, a los 85 años, que tenía un cáncer
mortal, hizo una breve pausa, miró al techo, y
pronunció: ‘Todo lo que tiene un principio tiene
que tener un final’, y procedió a seguir pensando
en lo que le tenía ocupado antes. Cuando murió,
a los 88, seguía completamente entregado a su
trabajo más creativo.”
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sobre la vejez y la muerte
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“Mi padre, que vivió hasta los 94, dijo
muchas veces que sus 80 años habían sido
una de las décadas en las que más había
disfrutado en su vida. Sentía, como estoy
empezando a sentir yo ahora, no un
encogimiento, sino una ampliación de la
vida y de la perspectiva mental…” Oliver Sacks,
“Al cumplir los ochenta”, El País, 13 de julio de 2013;
http://elpais.com/elpais/2013/07/10/opinion/1373457617_864305.html
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sobre la vejez y la muerte
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¿Cómo nos acercamos a la
muerte?
Acercarse a la muerte es ir perdiendo
capacidades y ver reducirse el horizonte,
de acuerdo.
Pero cabe imaginar la estrategia siguiente:
adelantarse un paso a esa reducción, de
manera que se mantenga constante (o
casi) el espacio para la vida y el deseo.
Ganar en intensidad lo que se pierde en
extensión.
Si antes se bailaba ocupando todo el salón,
ahora habrá que bailar sobre una
baldosa…
El mismo Améry escribe que quien
envejece, “justamente porque debe prever la
posibilidad de que le quede sólo algún año
de vida, decide vivir, por así decirlo, en la
providencia, la cual, ciertamente, alargará
hasta el infinito el arco de tiempo
disponible” (op. cit., p. 140). Pues ¡eso no
está tan mal!
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
138
Vale decir: descubrir los espacios acotados por
las crecientes limitaciones como campos de
posibilidades nuevas. Si me separa de la sombra
una unidad, no avanzar más allá de media
unidad. Si es media lo que me separa de esa zona
final, explorar todo el espacio hasta un cuarto. Y
así sucesivamente.
Uno intuye que en ese ámbito finito y
menguante podrían alcanzarse altas metas.
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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La vejez de Eduardo Chillida
“No creo demasiado en la experiencia. Pienso que
es conservadora. Creo en la percepción, que es
otra cosa. (...) Pierdo fuerza conforme pasan los
años. Un día, pensando en estas ideas, me di
cuenta de que había una cosa en la que yo seguía
mejorando con la edad: la percepción. Percibo
mejor. Incluso mis ojos ven mejor, siendo peores
que cuando tenía treinta años. (...) Hay algo que
todavía quiere ir hacia arriba y quiere crecer...”
Eduardo Chillida, Escritos (edición de Nacho Fernández), La Fábrica,
Madrid 2005, p. 77.
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Juan Goytisolo al cumplir
ochenta años:
“El individuo que envejece actúa como criatura de
la angustia obligada a rebelarse en la angustia
contra la angustia”, escribe Améry (p. 141).
Bueno, seguramente hay otras formas de
envejecer…
“Cuando llega la vejez no necesitas competir con
nadie. La vejez es una época envidiable. Con la
edad tomas distancia, estoy y no estoy.” Entrevista en El
País, 19 de enero de 2011.
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sobre la vejez y la muerte
141
Otro poema sobre el envejecer
Un breve poema de Claes Andersson (de su
libro Un hombre feliz, 1996): “Cuando el
corazón ya no se llena de deseo hacia lo que
la vida ya no ofrece./ Cuando la mejilla ya
no echa de menos lo que la mano ya no
acaricia./ Cuando los labios ya no susurran
palabras de amor que el oído ya no oye”
(traducción de Francisco Uriz).
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sobre la vejez y la muerte
142
El título del libro de Andersson es irónico, y
el sujeto de los poemas es melancólico antes
que feliz. Pero la triste situación que
describen esos tres versos no constituye una
especie de destino ineluctable. Caben otras
formas de aproximarse a la vejez y aceptar
la finitud humana (pienso por ejemplo en la
andadura singular de otro poeta, Francisco
Pino).
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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No es que, en el crepúsculo de la vida humana,
ésta deje de ofrecer los dones: los ofrece de otra
manera, menguados o atenuados sin duda, pero
con opciones de intensidad que ahora se vuelven
más valiosas.
Digámoslo así: al envejecer, lo que se pierde en
extensión (y cantidad) puede recuperarse en
intensión (y calidad). A condición de reorientar el
deseo y quizá vivirlo de otra forma.
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Eros con muletas
¿Eros con muletas? Claro que sí: y además,
si uno lo piensa bien, ¿qué, de lo humano,
se las arregla de verdad para caminar sin
muletas?
Al borde de la muerte, los labios pueden
aún susurrar palabras de amor, y el oído
escucharlas. Pero para llegar ahí hemos de
haber vivido bien.
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sobre la vejez y la muerte
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La serenidad de Francisco Pino
“Necesario es morir// El cerezo florido// En
medio del jardín// El cerezo encendido//
Lámpara mayor que el sol// El cerezo
encendido// Arder es flor de flores// El
cerezo encendido// El sol se muere de
envidia// El cerezo encendido// Se está
prendiendo el césped// El cerezo
encendido//Ya es bonzo el jardín conmigo//
El cerezo florecido// El cerezo florido”
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Montaigne: el apagamiento de la
vejez facilita el morir
“Dios favorece a aquellos a los que les sustrae
la vida poco a poco.; es el único beneficio de la
vejez. La muerte definitiva será tanto menos
plena y perjudicial; no matará sino a medio
hombre o a un cuarto. He aquí que se me acaba
de caer un diente, sin dolor, sin esfuerzo: era el
término natural de su duración. (...) Deshágome
así escapándome de mí mismo.” Michel de Montaigne,
Ensayos, vol.3, Cátedra, Madrid 2006, p. 368.
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Lo mismo sugiere el centenario
cirujano Moisés Broggi:
“Ahora hay medios para suprimir el dolor que no
había antes, y está bien que se utilicen. Pero el
sufrimiento también es necesario (…) para tener
compasión. Si no has sufrido, no puedes entender
el sufrimiento de los demás.
Hay que aceptar el sufrimiento y el dolor porque
son la mejor preparación para la muerte. Porque
si no hay sufrimiento ni dolor, la muerte es algo
terrible. La vejez ya está para eso.”
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sobre la vejez y la muerte
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“La vejez está llena de achaques, uno va
perdiendo los sentidos, se ve inferior,
dependiente de los demás… Y eso es ya una
preparación para la muerte. Si todo va bien
en la vida, no se puede aceptar la muerte…”
Moisès Broggi, “Se ha hecho demasiada propaganda del poder de la
medicina, y hay gente que cree que no tiene que morir”, entrevista en
El País, 12 de enero de 2008. Broggi (1908-2012) fue cirujano jefe de
las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil, y luego miembro
fundador de IPPNW, la Asociación Internacional de Médicos para la
Prevención de la Guerra Nuclear.
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Para contraste, Améry de nuevo
“Afirmar que estamos insertos en un lento proceso
de muerte, que se muere cada día un poco, que la
muerte crece en nosotros, es usar metáforas y
analogías insostenibles en el plano lógico.
En el ámbito de lo vivido, en cambio, semejantes
metáforas constituyen realidad experimentada. El
individuo que envejece, si no practica con mala
conciencia y con escaso éxito la sublimación (…),
se siente efectivamente morir muchos años antes
de su verdadera partida.”
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Envejecer como pérdida de
mundo (físico, social y cultural)
“Su pérdida del mundo en el
sentido físico, social, cultural, le
confirma todo cuanto en el pasado
consideraba, sin turbarse, una
verdad teórica: que es un
moribundus.” Jean Améry, Revuelta y resignación.
Acerca del envejecer, Pre-Textos, Valencia 2001, p. 130.
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Por otra parte, frente a las situaciones
límite –o la decrepitud extrema…
Si fracasas en lograr una vida buena, pensaban los
antiguos griegos y romanos, “abandona
definitivamente la vida, no con despecho, sino con
sencillez, libre y modestamente, habiendo hecho, al
menos, esta única cosa en la vida: salir de ella así”.
Marco Aurelio, Meditaciones X, 8.
Lo que hay que temer no es poner un día fin a tu vida,
sino el hecho de no haber empezado nunca a vivir bien.
Marco Aurelio, Meditaciones XII, 1.
El propio Jean Améry se suicidó en 1978, y antes había escrito otro enjundioso
ensayo precisamente sobre esa cuestión: Levantar la mano sobre uno mismo.
Discurso sobre la muerte voluntaria, Pre-Textos, Valencia 1999.
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Repensar el tabú del suicidio
Las tres grandes religiones del Libro –
judaísmo, cristianismo e islam- condenan el
suicidio sin excepciones, y no ofrecen
resquicios que permitieran regular el
suicidio asistido o la eutanasia…
Pero ¿no deberíamos repensar ese tabú –
acercándonos más bien al punto de vista de
la Antigüedad grecorromana?
02/10/2015
sobre la vejez y la muerte
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Así, por ejemplo, Plutarco nos dice sobre la
muerte de Licurgo –el mítico legislador de
Esparta- que decidió quitarse la vida
voluntariamente cuando “había alcanzado esa
edad en que, tanto seguir viviendo, como dejar
de hacerlo nos va bien, si así lo queremos, y su
existencia era ya, sin duda, suficiente en cuanto
a felicidad”. Citado en Javier López Facal, Antología de muertes
apacibles, Catarata, Madrid 2012, p. 26.
02/10/2015
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Si ya no hay esperanzas de vida
de buena calidad…
Jacques Schlanger: “Si la vida buena está
constituida por momentos bien vividos y la
esperanza de momentos de vida buena por llegar,
se comprende por qué el suicidio puede
considerarse como una opción deseable.
Cuando ya no se esperan momentos de vida
buena, cuando la vida no es más que una
continuidad en el sufrimiento, en la degeneración,
en la locura, en la depresión, en el tedio, y también
en la vergüenza, en el hastío de sí mismo…”
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sobre la vejez y la muerte
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“…entonces el último momento de vida buena,
de vida de buena calidad, es aquel en el que
voluntariamente se deja de vivir, el momento en
el que se pone fin a una vida que ya no merece la
pena vivirse.
Vivir adecuadamente significa a veces aceptar
morir, e incluso provocar la muerte, con el fin de
no tener que vivir de modo inadecuado.” Jacques
Schlanger, Sobre la vida buena, Síntesis, Madrid 2004, p. 115.
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Un fragmento de la carta de
despedida de Ramón Fdez. Durán
En la primavera de 2011, el activista y pensador ecologista
escribía: “Os conté en mi anterior escrito colectivo que habían
decidido darme dos tandas de sesiones de quimio, en total 18
sesiones semanales, con un descanso a la mitad para ver cómo
progresaba. Había puesto una esperanza razonable en ese
tratamiento (…).
Tras la primera sesión de “quimio” (¡de doce horas!), la más
dura (una de cada tres serían así), salí bastante contento, pues
llegué con mucho ánimo a casa y poco afectado, al principio.
Los tres o cuatro días siguientes trascurrieron relativamente
bien, aunque veía que los efectos de la “quimio” iban in
crescendo.”
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sobre la vejez y la muerte
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“Pero cuando quedaba un día para la segunda sesión,
de repente me dio un bajón brutal, y pensé que en esas
condiciones no iba a poder soportar una nueva sesión.
Fui al hospital (ya en silla de ruedas) para ver a la
oncóloga, por cierto muy maja, y ella misma me dijo
que íbamos a aplazar unos días la administración de la
nueva sesión, pues me veía muy débil, y que prefería
ingresarme en el hospital, enviándome directamente a
urgencias. Ese día ya empecé a pensar si no era mejor
tirar la toalla, y abandonar la “quimio”.”
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sobre la vejez y la muerte
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“Me veía incapaz de soportar 18 sesiones de “quimio”. Si en el
primer asalto había quedado hecho unos verdaderos zorros, cómo
iba a estar tras 18 asaltos. Pues knock out, y sin poder llegar
seguramente al final. Y total para qué, para ganar un poco más de
tiempo en el reloj de arena de la vida, si es que el tratamiento era
efectivo, pero a costa de tener que atravesar un suplicio, que para
nada me compensaba.
Esa misma noche, bueno ya de madrugada, cuando me llevaban a
la planta en la que iba a estar hospitalizado para recuperarme, iba
pensando en todo eso, después de haber estado varias horas en
Urgencias. Y en ese momento lo vi claro, y pensé que no valía la
pena. Yo no quería algo así.”
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sobre la vejez y la muerte
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“Quiero vivir el tiempo que me quede, mejor dicho el que
yo decida, con la mayor calidad de vida posible, dentro de
un orden, para poder hacer las cosas que quiero. Entre
ellas terminar algunos temas pendientes, pero también
poder disfrutar de la vida, sobre todo con Ana, hacer
quizás alguna escapada al cine con los amigos, darme
paseos diarios, y algún extra más que luego os cuento,
pero sobre todo tener tiempo para preparar la salida de este
mundo en las mejores condiciones posibles, para mí y para
la gente más cercana, dedicando también tiempo a
despedirme de los amigos más próximos.”
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“Pensaba que no le tenía miedo a la muerte, pues es
un tema que llevo pensando sobre él muchos años.
Siempre había deseado poder decidir cuándo era el
momento oportuno para dar ese paso, y pensaba que
era el último acto de libertad y dignidad que debe
tener una persona. Nunca había pensado alargar
inútilmente la vida, y sobre todo en condiciones de
cada vez mayor dependencia y precariedad de
calidad de vida. ¡Para qué vivir así!...”
La carta completa en http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126017
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Un poema de Emily Dickinson
“El corazón pide primero el goce,/
luego eximirse de la pena,/ después
aquellas nimiedades/ que amortiguan el
sufrimiento.// Después dormir./
Después --si lo permite/ su Inquisidor-el privilegio/ de morir.” Emily Dickinson, Poemas
selectos, ed. Universidad de Antioquia, Medellín 2006, p. 47
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VII. Ayudar a morir [Queda por desarrollar a
partir del libro homónimo de Iona Heath, Katz, Buenos Aires/ Madrid
2008; así como Louis-Vincent Thomas, La muerte, Paidos, Barcelona
1991]
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VIII. La buena muerte
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Sombrear y potenciar la vida
“Viven como si nunca fuesen a morir, y mueren
como si no hubiesen vivido”, dicen que dijo Buda.
“Es terrible decirse que uno no será. Es como si
nunca se hubiera sido algo.” Elias Canetti, Libro de los muertos,
Galaxia Gutenberg/ Círculo de Lectores, Barcelona 2010, p. 158.
Absurdo no es vivir y que haya muerte. Absurdo es
que esa realidad de la muerte desvalorice o anule
la vida, en lugar de sombrearla y potenciarla.
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Sólo la muerte a secas
“¿Quién mirará mi rostro después del final,
cuando yo no pueda ya mirar? No hay buena
muerte, ni mala: sólo muerte, la muerte a secas. A
fin de cuentas, ni la filosofía ni nadie puede
prepararnos mejor para el trance que algunas
palabras sencillas, como éstas de Stanley Cavell:
‘Lo que nos pasa cuando llega la muerte del
cuerpo es lo que le pasa a la música cuando deja
de sonar. Hay un periodo de reverberación, y
luego nada’.” Fernando Savater en “De profundis”, El País, 3 de febrero de
2009.
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La muerte libre de los estoicos…
Paul Landsberg: “El estoicismo es una
doctrina de libertad, y esta libertad se funda
en la posibilidad de la muerte libre. Pero,
entiéndase bien, esta muerte libre no
coincide en modo alguno con el suicidio,
que en la mayoría de los casos es producto
de la pasión; por lo tanto, a los ojos del
estoico, el colmo de la servidumbre.”
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…que hay que diferenciar del
suicidio pasional
“Por eso no se trata tanto de la realidad
cuanto de la posibilidad de esta muerte a
discreción, de una cierta actitud que hay que
lograr en vida. Esta actitud y esta
posibilidad psicológicas no se nos ofrecen
sino con la virtus moriendi, meollo de la
sabiduría.” Paul Landsberg, Experiencia de la muerte, Cruz del Sur,
Santiago de Chile 1962, p. 75.
Y así Séneca en sus Cartas a Lucilio:
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“Lo malo es vivir en necesidad; pero
no hay necesidad ninguna de vivir en
necesidad. ¿Por qué? Por todas partes
se abren los caminos de la libertad,
numerosos, breves y fáciles. Demos
gracias a Dios, porque nadie puede ser
retenido en vida.” Séneca, Cartas a Lucilio, XII
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La puerta siempre abierta
“Recuerda que la puerta está abierta. No seas más
cobarde que los niños, sino que igual que ellos cuando
algo no les gusta dicen: Ya no juego, tú también,
cuando te parezca que las cosas están de esa manera, di
Ya no juego y márchate; pero si te quedas, no te
quejes.” Epicteto, Pláticas I, 24, 20).
Por supuesto, no cabe ser frívolo en este punto: hay
que ponderar en toda su gravedad cómo puede afectar a
las personas cercanas (y a las diversas comunidades a
las que pertenezco) ese salir por la puerta abierta…
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Para morir en paz…
“Morir no es sólo un instante, el cese de las funciones
vitales sobre el que no podemos actuar, sino un proceso
de afrontamiento de la finitud y de la fragilidad de la
vida, de adaptación a la vulnerabilidad, de desapego de
este mundo, al fin y al cabo el único que conocemos. Para
morir en paz es necesario transitar este duro camino con
tranquilidad. Es difícil, pero es posible. No se trata de
pelearse contra el destino, ni de resignarse sin más a ‘lo
que tenga que ser’, sino de trascender, vivir conscientes el
tiempo de vida que queda.” Fernando Marín, médico de la Asociación por el
Derecho a una Muerte Digna (DMD)
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La serenidad de José Mª Parreño
“dentro/ de nada/ queda/ sólo/
un poco// dentro/ de sólo un
poco/ no queda/ nada/ más//
canta/ en su jaula entreabierta/
canta/ un todavía” José María Parreño,
Pornografía para insectos, Pre-Textos, Valencia 2014, p. 73.
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Un poema de Emily Dickinson
“Los que van a morir necesitan bien poco,/
querida,/ un vaso de agua,/ eso es todo./ La
sombra discreta de una flor/ avisa a la pared
del breve alumbramiento,/ un abanico,/ tal
vez el dolor de un amigo,/ y la seguridad de
que ningún color del mundo/ podrá volver a
verse,/ una vez te hayas ido.” Emily Dickinson, Amor
infiel (antología preparada por Nuria Amat), Losada, Madrid 2004, p. 88.
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Un poema de Antonio Orihuela
“Somos, a partir de cierta edad,/
juguetes de la muerte/ en medio del
camino/ y aun así,// en las sombras aún
no oscuro,// aún buscador de rutas/ y
migajas,// la Canción/ por toda
recompensa.// Uno con todo uno.”
Antonio Orihuela, Respirar y arder, Corona del Sur,
Málaga 2005, p. 25.
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¡Mucho mejor!
Un tanka japonés de Sengai Gibon (1750-1837):
“Si te ha llegado la hora de
morir/ y mueres, ¡muy bien!/ Si
te ha llegado la hora de morir/ y
no mueres,/ ¡mucho mejor”. En
Yoel Hoffmann (ed.), Poemas japoneses a la muerte
escritos por monjes zen y poetas de haiku en el umbral de
la muerte, DVD eds., Barcelona 2000, p. 68.
Y en la misma línea de vitalismo
nipón…
“Cuando muera, enterradme/
en una taberna,/ bajo un tonel
de vino./ Con suerte,/
goteará”. Moriya Sen’an (muerto en 1838). En Yoel
Hoffmann (ed.), Poemas japoneses a la muerte escritos por monjes zen y
poetas de haiku en el umbral de la muerte, DVD eds., Barcelona 2000, p.
74.
Un epigrama funerario griego
“Preocúpate, mientras sigues vivo, de tener
una buena sepultura, y vive como te apetezca.
Porque aquí abajo no puedes encender fuego
ni comer bien. Te lo digo yo que conozco
todo esto por experiencia. Después de la
muerte aquí nadie despierta.” Epitafio 484 de
Epigramas funerarios griegos (ed. de María Luisa del Barrio Vega),
Gredos, Madrid 1992. Y el número 462 reza así: “No era, llegué a ser.
Era, ya no soy. Así de simple. Y si alguien dice otra cosa, miente: ya no
volveré a ser.”
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No perdamos el buen humor
“Nacido hace dieciocho años, viví
todo lo bien que pude, querido por
mi padre y por todos mis amigos.
Te animo a que bromees y te
diviertas: aquí [en la tumba] la
seriedad es máxima.” Epitafio 85 de Epigramas
funerarios griegos (ed. de María Luisa del Barrio Vega), Gredos,
Madrid 1992.
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Una copla flamenca
“Tengo el gusto tan colmao/
cuando te tengo a mi vera/
que si viniera la muerte/ creo
que no la sintiera”. Cien coplas por soleá
(ed. de José María Rubio), Árdora, Madrid 2000, p. 104.
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MALGRÉ TOUT (un poema de
Jesús Munárriz)
“Aunque nada sepamos. Aunque estemos de paso./
Aunque no le veamos ni causa ni sentido/ a esta vida, a
estas vidas que entre todos vivimos./ Aunque sean fugaces
y todos lo sepamos.// A pesar del final previsible,
anunciado,/ pero inimaginable al tiempo que imprevisto,/ a
pesar de que sea ir subiendo al patíbulo/ todo progreso,
cualquier avance, todo paso;// que no falten las fuerzas, ni
la ilusión, ni el ánimo,/ que seamos capaces de seguir el
camino/ aunque estemos cansados.// No nos sintamos
muertos mientras estemos vivos./ Cada minuto cuenta.
Todos pueden llevarnos/ hasta nosotros mismos.” Algo de mí
(antología), Caza de Libros, Colombia 2009, p. 85.
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Y el malgré tout de Val del Omar
“Pero la muerte es... sólo
una palabra que se queda
atrás cuando se ama. (...)
Amar es ser lo que se
ama.” José Val del Omar en Fuego en
Castilla
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Algunas pistas adicionales
Ernst Tugendhat, “Nuestra angustia ante la muerte”, en Antropología en vez de
metafísica, Gedisa, Barcelona 2008, cap. 6 (p. 139 y ss.)
Jacques Schlanger, Sobre la vida buena, Síntesis, Madrid 2004, p. 57 y ss., p.
115 y ss.
Gilgamesh y la inmortalidad: Chris Impey, Cómo acabará todo, Biblioteca
Buridán/ Eds. de Intervención Cultural, Barcelona 2014, p. 104
Marguerite Yourcenar y la ecología, textos reunidos y traducidos por Vicente
Torres y Andrea Padilla, Universidad de los Andes, Bogotá, 2007, sobre todo p.
59-69
Teresa Pamiès, La aventura de envejecer, Península, Barcelona 2002
Simon Critchley, El libro de los filósofos muertos, Taurus, Madrid 2009
Y un blog interesante de Mar Cortina Selva, presidenta de la Sociedad Española
de Tanatología: http://didacticadelamuerte.blogspot.com.es
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Teoría de sistemas y “pensamiento complejo”