1
www.interlectores.com
2008
2
Salida
Tapa
Contratapa
Índice – Anterior - Siguiente
P ortada: D etalle del «P o rtrait de N icolas K ratzer A stron om e»
Pa ra S u s a n a ,
N u ev e
Ve r a n o s
E ste libro se distribu ye bajo licen cia:
C reative C om m on s
J o s é A n to n io
M illá n
R econ ocim ien to -N oC om ercial-C om partirIgu al 2.1
U sted es libre de:
· copiar, distribu ir y com u n icar pú blicam en te la obra
Edición de 63 hojas – Archivo de 998 KB
· h acer obras derivadas
www.interlectores.com
B ajo las con dicion es sigu ien tes:
Índice
R econ ocim ien to. D ebe recon ocer y citar al au tor origin al.
N o com ercial. N o pu ede u tilizar esta obra para fin es com erciales.
C om partir bajo la m ism a licen cia. S i altera o tran sform a esta
obra, o gen era u n a obra derivada, sólo pu ede distribu ir la obra
gen erada bajo u n a licen cia idén tica a ésta.
· A l reu tilizar o distribu ir la obr a, tien e qu e dejar bien claro los
térm in os de la licen cia de esta obra.
· A lgu n a de estas con dicion es pu ede n o aplicarse si se obtien e el
perm iso del titu lar de los derech os de au tor
L os derech os derivados de u sos legítim os u otras lim itacion es n o se
ven a fectados por lo an terior.
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.1/es/deed.es
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
El segundo verano (Hoja 3)
Fresa rústica (Hoja 6)
La inercia (Hoja 16)
Heredero del Cielo (Hoja 21)
La vista (Hoja 29)
Una observación de Kratzer (Hoja 36)
El ciervo herido (Hoja 39)
El espía geográfico (Hoja 46)
Eh tú, León, (carta lenta) - (Hoja 47)
Dos torres en la llanura (Hoja 52)
Sobre el autor (Hoja 62)
3
E l seg u n d o veran o
Nueve Veranos de José Antonio Millán
L a tarde de la E xp ulsió n b rillab a co n luz verdo sa al o tro
lado de la p uerta. A van zaro n un o s p aso s y les so rp ren dió la fuerza
del vien to , el frío y las p rim eras go tas de lluvia. A rrebujado s en sus
p ieles co rriero n hasta p erder el alien to , y só lo en to n ces m iraro n
h acia atrás. U n a llam a de cuch illo o scilab a in m en sa en su ro n da
an te la p uerta, p royectan do reflejo s sin iestro s; co n tra el h o rizo n te,
las to rres aladas de lo s cen tin elas.
— P arece que va en serio — dijo A dán — . C o rre: vam o s a
b uscar refu gio ... ¡Q ué m olestas las aguas que descien den del cielo !
Y ya sien to h am b re...
D urm iero n aterid os en tre un grup o de ro cas, y en la dudo sa
luz de la m añ an a se levan taro n y siguiero n su m arch a.
— A l m en o s É l n o se p o rtaro n m al — dijo E va— ... P o día
n o h ab erno s h ech o estas túnicas. ¿T e fijaste en có m o deso lló a lo s
an im ales p eludo s?
— P erro s — dijo A dán , que era quien les h ab ía dado
n o m b re— . Sí, p ero n o ten em o s Su s uñ as. A u n que tal vez — m iró
al suelo , y co gió un a esquirla de ro ca — ... A h o ra só lo h ay que
co n seguir acercarse a u n o .
C o m iero n las b ayas d e un arb usto p ró xim o , y p ro n to
em p ezó de n u evo la lluvia.
— ¡Q ué h o rro r! — so llo zó E va— E l m u n do de fuera es
duro y frío , sus alim en to s am argo s. N o s h an dado el p eo r de lo s
castigo s. V ayam o s h acia ab ajo .
— N o ; quiero verlo to d o . V ayam o s h acia arrib a. R ecuerda,
É l lo dijo : tú h arás lo qu e yo o rden e...
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
4
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El segundo verano
A sus esp aldas la llam a cen tin ela se agitó al divisarlos en la
cum b re. B ajaro n la ladera, y E va señ aló a lo lejo s, do n de la tierra
se ab ría en un a cavidad.
del regazo de E va cayero n las cerezas, lo s n ísp ero s m aduro s y lo s
m elo co to n es.
— N o sé, n o sé: ...n o m e fío — m en eó la cab eza A dán ,
— ¿T e acuerdas de la m iel, de lo s m eloco to n es y cerezas?
cazurro . P ero ella le co gió d e la m an o y b ajaro n al arro yo a
— susp iró ella, sen tad o s ya en la cueva — N ada de eso h em o s
refrescarse. Se desp ren d iero n de las p ieles y así, p o r un m o m en to ,
en co n trado .
fue co m o en el Jardín , p o rque n o tuviero n vergüen za. D e p ro n to
— Y a verem o s — gruñ ó A dán , to zudo — ... T al vez en el
p ró xim o valle. T en go su eñ o .
Se retiraro n al fo ndo reso n an te de la cueva, y se en lazaro n
p ara do rm irse: E va en ro scada so b re sí m ism a, y el h o m b re p egado
a su esp alda. C reció el calo r en tre ello s, y al cab o de u n in stan te
se o yó un grito .
— ¡M e duele! — decía la m ujer— U n a serp ien te co rta se h a
aferrado a m i m u slo .
A dán le arran có la san guijuela d e un m an o tazo , y tres p erlas
de san gre ad o rn aro n la p iern a.
A dán m usitab a co m o p ara sí: «¡Q ué curio so ...!».
— N o p o día durar. Su erte que p rep aré algo — y A dán
— N o s h em o s defendid o de las fieras, h em o s en co n trad o
señ aló las p ieles ten sas, p uestas a secarse. L es h ab ían so rp ren dido
p o cas n ueces, tú n o co giste al b ich o p o r n o co rrer b astan te: ¡qué
lo s frío s un a m añan a, y luego el restallar del truen o — . A quel que
m ala es esta vida! M e esto y vo lvien do lo ca — se co gió la cab eza
n o n o m b ram o s, y que es un o y es m uch o s, quiso que p ro b áram o s
en tre las m an o s— : el día m e p arece cada vez m ás largo , co m o si la
p o r últim a vez el gu sto del Jardín an tes de arreb atárn o slo p ara
n o ch e p o rtado ra de o lvido se alejara d e m í.
siem p re. R eco n o zco su estilo .
— ¿Q uién sab e? — gim ió A dán , que cascab a co n do s
— T al vez n o : ¿sab es q ué se m e o curre? — p regun tó E va
p iedras el fruto — ... Y o ten go la m ism a sen sació n . D e este m u n do
cuan do caía la tarde y el cuern o crecien te de la lun a luch ab a co n
de fuera n o sab em o s n ada.
las n ub es— Q ue a lo m ejo r... — p ero el h o m b re n o o ía, afan ado en
Y glo rio so , p recedid o p o r un co rtejo d e ab ejas y flo res
restallan d o en las p eñ as, un día les so rp ren dió el verano .
— E l n o s h a p erdo nad o , ello s so n b uen o s. N o s ech ó de l
Jardín , p ero ab re o tro m ás gran de. M ira lo que h e enco n trado — y
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
el cadáver en o rm e de u n a b estia.
P asaro n m uch o s días y n o ch es h eladas, y cada lun a nacien te
ren o vab a en E va la m ism a idea. A h o ra sab ía h acer cestas co n
5
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El segundo verano
h acer cestas co n jun co s, y vo lvía m uy cargad a d e su b úsqued a d e
Y A d án asin tió , cog ien d o en b razo s al p eq u eñ o C aín , au n q u e
alim en to , a lo que se un ía el crecien te p eso d el vien tre.
alb erg ab a d u d as p o rq u e era len to en co m p ren d er. Pero su
Y al cab o d e m uch as m añ an as le salud ó d esd e el cielo un a
fo rm a fam iliar:
— E se p ájaro — le señ aló a A d án — : recuerd o h ab erlo visto
justo an tes d e qu e se fu era el frío . A lo m ejo r, d e n ue vo ...
vid a fu e larg a, y d esp u és d e éste, q u e era su seg u n d o veran o
so b re
tier ra,
aú n
tu vo
o p o r tu n id ad
de
ad m irarse
n ovecien tas vein tio ch o veces m ás, co m o c u en ta el lib ro d el
G én esis m u y h acia su p rin cip io .
E l h o m b re n o levan tó la cab eza, y co n testó co n un gru ñ id o .
P ero tres d ías m ás tard e h asta él tuvo que reco n o cer que vo lvía el
tiem p o cargad o d e fruto s d ulces.
Y un a n o ch e cálid a, m ien tras am am an tab a a su h ijo ,
sen tad o s en la o rilla d el arro yo , E va te rm in ab a d e exp licarle:
— ...y o tra vez ven d rá el frío , y o tra vez el calo r, y o tra vez
el frío , y así p ara siem p re. P o rque esto es lo q ue n os h an d ejad o :
un P araíso en p edazo s, p ara lo s que p erd im o s el grand e.
.
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
la
6
Nueve Veranos de José Antonio Millán
F resa rú stica
P o r el m o m en to , y co n tra to da p revisió n (R eeva m e h ab ía
escrito que acab aba de ro m p er co n su n o vio y eso sign ificab a qu e
p o dría co n tar co n el so fá de la sala), m e en co n trab a co lgad o .
Q ue en la fiesta de desp edida se h ub iera qu edad o p ren dad a
del que o ficiab a d e cam arero (aun que en el fo n do fuera eb an ista),
y que él le h ub iera co rresp o n dido , era algo difícil de acep tar, en el
duro y co m p etitivo m un do de las relacio n es p erso n ales de esa gran
ciudad. «¿E stás segura?», le grité desd e la cab in a del aero p uerto ,
n ada m ás p asar la aduan a. «Sí», co n testó , «p ero ven , y deja tu
equip aje: ya en co n trarem o s algo ».
P o co disp uesto a errar p o r las calles, sin gan as de llam ar a
A n n , y falto de pistas acerca de las p o cas p erso n as que sab ía que
estab an p o r allí, las p ersp ectivas ab iertas eran d esalen tado ras. V eía
p asar co sas p o r la ven tan illa de la lim o usin e y m e sen tía m uy m al.
M i traició n a M acM illan , el co ch in o co m p o rtam ien to de p asar el
p ro yecto «C am p an itas», recién in iciad o , a lo s d e Scott, crec ía an te
m is o jo s: p o r el m o m en to sign ificab a la im p o sib ilidad de ver a
n adie
del
eq uipo ,
v isitar
el
A n gry
Squ ire,
etcétera.
Y,
p ro b ab lem en te, verm e o b ligado a b u scar u n h o tel. ¡U n h o tel!
N in gun o de m is co n o cido s h ab ía p isado jam ás nin gun o d e la
ciudad.
R eeva fue m ás an im o sa. M e b esó e h izo co m en tario s
favo rab les so b re m i asp ecto ; m e p asó un vo d ka (el A b so lu t que
co n su m ían co n stan tem en te, im p ulsado s, yo creo , p or el diseñ o de
la b o tella), llam ó p o r teléfo n o y salió a h ab lar co n n o sé quién
m ien tras m e duchab a. V o lvió triun fal: R o b ert, «el físico »... Sí: el
físico del p iso de ab ajo , ausen te, co m o sab ía (¡p ero yo n o lo
sab ía!), p o r largas tem p o radas «d e co n greso s». B uen o : dejab a la
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
7
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
llave a E lsie, la vecin a de en fren te, p ara que le regara las p lan tas.
E lsie h ab ía dich o que, p o r sup u esto , p o día estar allí un o s días.
A co n tin uació n revisé p o r en cim a to do : cam a deshech a y
so sp ech o sa, lib ro s, un grado d e h igien e to lerab le p ara tratarse de
— ¿N o le im p o rtará? — p regun té, m uy n ervio so . R eeva m e
un n eo yo rquin o , cerám icas o rien tales (o tal vez esp añ o las), p lan tas
m iró raro : «C laro que n o ». Ign o rab a esas b u en as relacio n es d e
en diverso s estadio s de deterio ro , n evera desierta, b ar b ien
vecin dad en tre hab itan tes de la m etró p o li; tam p o co m e p arecía
p ro visto , m uch o s ro m p ecab ezas p o r to do s lado s. ¿Q ué h acer? T al
m uy n o rm al que te o cup ara la casa un desco n o cido , p ero d ecidí
vez, lo p rim ero , apro visio n arm e.
que ello s, claram en te, n o eran co m o n o so tro s, y m e dejé llevar.
E l descan sillo h edía a esa curio sa fresa que al parecer
B ajé m is m aletas; p en etram o s lo s tres, R eeva, E lsie y yo , en
co n sideran m an ifestació n de lim p ieza: cada cultura colo ca su grado
el ap artam en to , y n ada m ás ab rir la p uerta m e saludó desd e un a
cero do n de quiere. B ajé en el ascen so r y gan é la calle, tras
esp ecie de tap iz peruan o un a faz co lo sal de ligera b izquera, co m o
exp licarle al p o rtero , b revem en te, m i co n dició n de realquilado . N o
si p resin tiera que h ab ía de co n tem p larm e, in in terru m p idam en te,
quería m iradas sosp ech o sas (luego p en sé que p ro b ab lem en te era
duran te vein te días. L a estrech a escalera de caraco l que sub ía al
un h isp an o ). E l aire h elado era m agn ífico , y lo s co lo res del
do rm ito rio (m ás bien u n a co rn isa co n b aran dilla so b re la sala), la
crep úsculo h acían destacar el am arillo b rillan te, artificial, del
co cin a co m o m era p ro lo n gació n de ésta, y el dim in uto cuarto de
E m p ire. A l o tro lado d e la calle, un as letras p ro m etedo ras decían
b añ o : realm en te, y en co m p aració n , R eeva vivía co m o u n a rein a.
«D eli». ¿P ara qué ir m ás lejo s? C rucé desp acio .
E n cuan to m e p ude desh acer de ellas p asé a tran quilizarm e.
R edacté
p rim ero
un a
n o ta
advirtien d o
a
mi
in vo lun tario
Si existe un lugar en qu e co n vivan alegrem en te las m ayo res
ab erracio n es alim en ticias co n fragm en to s de N aturaleza virgen
h o sp edan te so b re la id en tidad y co n dicio n es del in tru so : recién
cuidado sam en te
llegado de E sp añ a, cuaren ta añ o s — an o té, en in glés— , am igo d e
am erican o ; o , p or m ejo r decir, un su p erm ercado del V illage
sus
etern o
n eo yo rquin o , al servicio de esa difícil clien tela q ue se deb ate en tre
agradecim ien to , m e iría en cuan to él vo lviera. U n a vez revisada, la
la p ulsió n h acia las co o kies y la añ o ra n za d el crujido de lo s b ro tes
fijé co n un alfiler al lado del cab ezo te, sin tap arlo del to do . N o
de alfalfa. A van cé, en vuelto en aro m as, p o r la secció n de cafés,
p o día n o verla. L a n o ta im p ediría, de m o m en to , que si en trab a
so rtean do el m o strado r de lo s em b u tido s, b ello s recep táculo s de
duran te m i ausen cia, arro jara to das m is p erten en cias en un
co lestero l traído s de to do el m u n do (¡el p astram i ro sad o , o el
arreb ato de ira. B ien . Si llegab a duran te m i sueñ o ya le farfullaría
rugo so salch ich ó n a la p im ien ta!), p ara desem b o car en el San cta
exp licacio n es, o quizás le dejaría leer p rim e ro la n o ta, sin decir
San ctó ru m .
vecin as,
corta
estan cia,
visita
de
n egocio s,
n ada. Y a vería.
em p aquetado s,
ése
es
un
sup erm ercado
U n as fo co s arro jab an to rren tes de un a luz curio sam en te
co lo reada so b re las verdes h ileras: lech ugas h ísp idas, co m o las
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
8
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
n uestras, o tras su aves y carn o sas, o rizadas h asta el delirio , co m o
y el suave p ulido de sus b o rdes; tam b ién m e gusta el p eso que
cruzadas co n una escaro la ap resurada; tiern o s ram illetes de
tien en , y có m o se adap tan a la m an o , p ero jam ás inten to reso lver
esp in acas, p equeñas acelgas ch in as, zan ah o rias co n un verde
un a de ellas: siem p re h ay algo m ás im p o rtan te que hacer. Y co m o
p en ach o de h o jas, p aq uetito s de b erro s un ifo rm es, de b ro tes de
lo s artilugio s saltab an a la vista p o r to das p artes, ¿a cuál de estas
so ja, de leves p am p lin as: to das tersas, jugo sas, lim p ias, co m o si
clases p erten ecería m i h uésp ed ?
n un ca h ub ieran ten ido co n tacto co n la tierra, o co m o si n o fueran
P o r den tro ya h abía asu m ido este uso del Siglo de O ro , que
a m arch itarse jam ás. Y en do y vin ien d o p o r el carril aéreo , alertado
equip ara m isterio sam en te al alo jan te y al alo jado , co m o en esas
p o r un sen so r in quisitivo , un asp erso r silen cio so descargab a n ub es
len guas p rim itivas en las que — dice R an k en su co m en tario a
de ro cío artificial so b re las h o jas.
F reud — las p alab ras sign ifican al tiem p o un a co sa y su o p uesta.
C argué el carrito .
D e m i h uésp ed (p ues) ign o rab a o tras m uch as co sas, aun qu e el
E n cim a de la m esa cen tral, al lado del lib ro te a to do co lo r
p aisaje do m éstico que m e ro deab a m o ldeab a, en n egativo , un a
ab surdam en te dedicado a B otas T ejanas, h ab ía un o b jeto o b lo n go
cierta p erso n alidad. E l n o ten er televisió n , o el h ech o de que el
que rep resen tab a un a b o tella de ch am p án , ro d eada de b urb ujitas
desp ertado r radio fó n ico estuviera sin to n izado en la C aden a K C U F ,
escap adas, to do ello flo tan d o en un líquido o p alin o. A l p arecer,
frecuen tada p o r lo s alegres trin o s de M eredith M o n k, e in clu so la
un o deb ía vo lver a m eter las b urb ujas, un a a u n a, en la bo tella, y
co lo cació n ladeada d el silló n an te la ven tan a, que pro p o rcio n ab a
luego p o n er el tapó n , q ue flo tab a a un lado . L o m iré, p en sativo , y
un a agradab le atalaya del atardecer: to d o ello h ablab a de un a
al co gerlo o tras do s b urb ujitas h uyero n del recip ien te.
p erso n a sen sib le, en el fo n do m uy p arecida a m í.
E n fren te de m í, so b re la estan tería, un o b jeto de la m ism a
A un que n o del todo , n u n ca del to do ... Y o estab a m uy p o co
fam ilia, b ajo la fo rm a esta vez de u n a lata de caviar de la que fluían
versado en el m en age n eo yo rquin o (la casa de R eeva era un
un a
caja
p ro digio de deso rden , y la de A n n de un desp ojam ien to casi
tran sp aren te co n ten ía un zigurat ro dead o p o r un a estrech ísim a
esp artan o ), así que n o sab ía có m o in terp retar d eterm inadas co sas:
ram p a esp iral erizada d e agujero s de co lo res: en la cim a h ab ía un a
¿rasgo s idio sin crático s o uso s co m un es? D udo m uch o , sin
b o lita. M e dio u n escalo frío .
em b argo , que la ausen cia de b ayetas o esp o n jas en el fregad ero ,
m iriada
de
p un tito s
n egro s. A
su
d erecha, un a
H ay, a gran des rasgo s, do s tip o s de p erso n as en el m un do :
sustituidas p o r un in strum en to b estial de virutas de acero , fuera
lo s que ado ran ro m p erse la cab eza co n cu b o s de R ub ik, an illas
algo gen eralizad o . Y o ya sab ía qu e carec ían de n uestras «frego n as»,
extrañ am en te en lazadas que h ay qu e desen lazar y lab erin to s de
o que lo s ún ico s ajo s que h allaría estarían b ajo la fo rm a de un
b o litas, y lo s qu e n o . Y o , sin em b argo , p erten ezco a un a clase
p o lvillo desecad o. P ero n o co n tab a co n la b atería de cuch illo s
in term edia: esas co sas m e gu stan , ad o ro su s fo rm as p ro m etedo ras,
afiladísim o s, n i con la h ilera de w aks co lgado s d el arm ario . B usqué
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
9
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
in fructuo sam en te, p ara aco m p añ ar el w h isky, algun a galleta, un
N o es que h u sm eara, exactam en te (n u n ca ab rí lo s cajo n es
fruto seco , n o sé, algo ; p ero tam p o co lo h ab ía: aliñ é un m an o jito
del escrito rio , salvo p ara b uscar un a go m a de b o rrar, y ap en as si
de b erro s co n vin agre, y desech é la idea de esp o lvo rearlo s co n
h o jeé el p aquete de revistas). P ero si yo co gía un lib ro de la
algun a de las esp ecias que se alin eab an en el estante: «galan ga»,
b ib lio teca y la prim era p ágin a rezab a «T o B o b , fro m M u m m »
D io s m ío , o «m acís»...
seguido de u n a fech a (cercan a) y un to p ó n im o h elen o , la idea
L o s p rim ero s días, la verdad, salí p o co de casa. M i am iga
irrefren ab le del buen h ijo llevan do de vacacio n es a la m adre
p rin cip al, es decir R eev a, tras h ab er estab lecido lo s difíciles p acto s
an cian a se ab ría paso en m i m en te, y se alo jab a al lado de las o tras.
de arran que, exp lo rab a ah o ra fatigo sam en te co n su eb an ista lo s
P o r ejem p lo , lo s nueve p ares d e zap ato s m agn ífico s, italian o s, que
p liegues y las aristas d el n uevo ser d ual que co n stituían . Q uiero
co n trastab an co n lo s astro so s p an talo n es y ab igarradas cam isas
decir que n o ten ía tiem p o p ara sacarm e de p aseo . E lsie n o m e h izo
que llen ab an el vestido r, jun to al b añ o . ¿Q ué eran ?: ¿ign o ran cia o
n i caso , un a vez h u b o traicio n ad o la co n fian za de su vecin o
p resun ció n ?
m etién do m e en el ap artam en to . H ice un p ar d e b reves escap adas
P ero lo s días p asaro n tran quilam en te, y m is ex cursio n es se
callejeras, p ero la fuerza de la co stum b re m e llevab a a las lib rerías,
ib an reducien do al D eli de la esquin a. C om ía b ien , aun que
do nde siem p re term inab a dep rim ido . E l ú n ico p lan turístico qu e
sen cillam en te, m uch as en saladas y queso s dan eses, aceitu n as
de verdad m e ap etecía (so b revo lar la ciudad en h elicó p tero ,
lib an esas, algo de vin o australian o p ara aco m p añ ar. N o quería
p asan d o en tre las gráciles to rres) m e lo quitó de la cab eza la
llen ar el dim in uto ap artam en to de o lo res a aceite de oliva frito , que
sucesió n de to rm en tas q ue azo tab an en fuertes ráfagas m i ven tan a.
lo s an glo sajo n es detestan , co m o es b ien sab ido ; p o r esa razó n n i
M e qued é en casa, exp lo rando .
m e p lan teé h acer un a to rtilla de p atatas, o co cin ar un as co co ch as.
L a p rim era vez que ab rí la p uerta del clo set m e en con tré la
im agen d e un m ach o m usculo so , en actitud de esfuerzo , co n la
N o les gu sta el ajo . Y sin em b argo , llegó in evitab lem en te el
m o m en to de p asar a la acció n .
so sp ech o sa leyen da « S W E A T !». P en sé si M iller sería m arica, h asta
C o m o in dicab an bien a las claras lo s ruido s qu e ven ían del
que rep aré en las m an cuern illas que h ab ía en el fo n do (de diez
ap artam en to de en cim a, R eeva y su eb an ista estab an atravesan d o
kilo s cada un a), y en la b arra que p en día del m arco de la p uerta d el
un a fase de reco n sideració n , o al m en o s de calm a. E lla em p ezó a
b añ o . ¡M i h uésp ed era un gim n asta! Y sin em b argo , la p ila de
dejarse ver, fuim os in cluso un día al cin e, y en la p en um b ra de la
lib ro s que ten ía a la cab ecera de la cam a m e so rp ren dió co n un a
sala, m ien tras un equip o de o b rero s afan o so s exten día un h alo de
selecció n de literatura n eerlan desa y tex to s s o b re arqueo lo gía
p lástico ro sa en torn o a las islas, la escrutab a: sí, p arecía la m ism a...
in do euro p ea que p o co ten ía que ver co n su p ro fesió n co n fesa.
Y p o r fin surgió la idea:
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
10
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
— ¡H az un a cen a p ara E lsie y p ara m í! — gritó alb o ro zada.
vuelven al guiso tras h ab er llevado a la b o ca del co cin ero un a
R eco rdab a m is agasajo s de do s añ o s atrás, y eso m e h alagó — E n
p o rció n de p rueb a. A m í eso siem p re m e h a so n ado extrañ o , co m o
tu ap artam en to . ¡E l jueves m ism o !
si m e dijeran que lo s m ejo res m edicam en to s se m ezclan en
D ije que sí, en seguida. N o sé p o r qué razó n , la in vitació n
só tan o s p o lvo rien to s, o que lo s trajes de gala lo s co rtan sastres
h ab ía adquirido u n aire vagam en te eró tico . L a verdad es que m i
m io p es en h ab itacio n es dim in utas. P uede qu e sí, p ero só lo si es
b reve escarceo con R eeva en Sigüen za n o h ab ía p asado de ser un
in evitab le.
acciden te (su o b sesió n p o r las diéresis h ab ía sido la causan te de
L a verdad es que las exp lo racio n es in terio res n o se h ab ían
que esco giéram o s ese curio so destin o de fin de sem ana), y E lsie n o
deten id o . E l h echo de q ue yo estuviera u surp an do el h ab itáculo n o
p arecía h ab er rep arado en m i existen cia, p ero la p erspectiva de un a
m e excu sab a del deb er de la alerta. ¿Q ué gérm en es, p o r ejem p lo ,
velada en co m ú n era ap etecib le. Só lo al cab o d e un rato rep aré en
acech ab an en el cuarto de b añ o ; o qué riesgo s co rría usan do las
lo que en realidad ten ía an te m í: un difícil co m p ro m iso al que
sáb an as, si b ien cuidado sam en te relavadas a 90º (cen tígrad o s:
resp o n der desde u n cam p o ajen o , y sin m edio s.
n un ca en ten dí lo s F ah ren h eit), de ese sujeto ? A p rio ri, n o lo sab ía,
A un que ten go u n a relativa so ltura en la co cin a, so y ho m b re
p ero un a fo rm a ev iden te de evaluar lo s riesgo s era to m ar co n tacto
de p o co s p lato s: hago b ien esto , lo o tro , y lo d e m ás allá, p ero de
co n su esfera de p en sam ien to , co m o fo rm a de sab er a qué
ah í en adelan te ten go que recurrir a b ib lio graf ía. N ecesito la
in fluen cias p o día h ab er llegado a estar exp uesto — y yo co m o su
p recisió n de lo s lib ro s de recetas, p o r ejem p lo , en vez de las
h eredero (in vo lun tario ).
vaguedades de la tran sm isió n o ral. U n a de m is tías, filip in a y
L a b ib lio teca de u n a p erso n a, cuan d o existe, es un a fo rm a
cecean te, exp licaba de esta fo rm a las co m p lejas o peracio n es qu e
p rivilegiada de lo grar un vislum b re de su m u n do . N o m e ch o có ,
desem b o cab an en cualq uiera de sus delicio so s p lato s: «agua: lo que
claro , en co n trar un lib ro so b re ro m p ecab ezas del m un d o en tero .
adm ita», «p im ien ta: que ze n o te», «h arin a: b aztan te». Y un a co sa es
P arecían gustarle. R eco p ilacio n es de citas céleb res, un diccio n ario
m o verse co n segu ridad en un en to rn o en qu e to do se h a disp uesto
O xfo rd y un tratado d e o rto grafía p arecían ser el hab itual b agaje
a n uestra im agen y sem ejan za, y o tra m uy distin ta trastab illar
d e un an glo escrib ien te m edian am en te culto (e in seguro ). H ab ía
to rp em en te a la bú squeda de un a cuch ara de m adera. «M áz vale
cerca un a reco p ilació n tem ática de «erro res ex ten dido s» (N ew to n
to n to en co cin a p ro p ia que lizto en ajen a».
n un ca vio caer u na m an zan a, las T w in T o w ers n o so n el edificio
C o cin ar es un a o p eració n — así lo veo yo — p recisa,
m ás alto del m u n do , etc.), que p arecían m ás destin adas a fastidiar a
eco n ó m ica, que se deb e desarro llar en un a atm ó sfera de extrem ada
lo s am igo s o a gan ar ap uestas que a au m en tar la cultura — al
asep sia. Y a sé qu e dicen que lo s p lato s m ejo res se urden en tre
m en o s en sen tido euro p eo — del lecto r. L ib ros de fo to s de
p ero las grasien ta s, y fuego s so sp ech o so s, co n cuch aras que
gran des m o n tañ as p o dían casar co m o ex ten sió n práctica de las
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
11
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
aficio n es m usculosas d e M iller, p ero E l nom bre de la rosa en su
de lo s en igm as: falto d e tap as y de las p rim eras p ágin as, co n el
len gua o rigin al ¿n o era un a clave p reten cio sa sin p ro b ab le
lo m o desp o rtillado y term in an d o so sp ech o sam en te en la p ágin a
co rrelato real? E jem p lares de F M R , un lib ro so b re arreglo flo ral...
198, yo n o sab ía, n o p o día sab er qué eran , de dó nde eran , qué
¿Q ué p o día co ntagiarm e exactam en te? P ero ah ora yo deb ía
razó n de ser ten ía esta selecció n de recetas.
exten der las p esquisas al án gulo sudeste.
E ra el típ ico libro am erican o . A un que n o so y n in gún
E n cim a de la n evera — lugar en el que yo h ab ría p uesto lo s
exp erto en esto s tem as, sí que co n o zco algo la psico lo gía del
lib ro s de co cin a— só lo estab an un m o n tó n de cacero las, un a
p ueb lo que m e aco gía. E ra (si n o m e equivo cab a) un o de eso s
den tro de o tra co m o m uñ ecas rusas. Sin em b argo, deb ajo del
vo lúm en es de divulgació n que in ten tan p o n er al alcan ce del
fregadero (do n de n o estab a el líquido lavavajillas, p o rque lo
ciudadan o m edio cualquier co sa: yo h ab ía visto un o de co cin a
guardab a en el arm ario de al lado , el de lo s p lato s — que estab an
n ip o n a que exp licab a en un cen ten ar de p ágin as n o só lo las leves
fuera) sí qu e h ab ía u n a reducida b ib lio teca culin aria.
tem p uras y lo s exacto s o sh itash is, sin o tam b ién los sash im is y
P ara em p ezar, ¡vario s lib ro s so b re Salads &
Sn acks!
sush is de un arte ciso ria que «ello s» tardan lu stro s en do m in ar;
¿E xistirá co sa m ás o cio sa que este gén ero ? C laram en te: en la
to do
en
un a
o b ra
que
lo
exp licab a
«p aso
a
p aso »,
«sin
en salada un o echa lo que quiere, y en cuan to a los ap eritivo s...
co n o cim ien to s p revio s» y llevab a — esto n o p u edo trad ucirlo — a
P ero p arecían m u y p o c o usado s, y do s de ello s ten ían la m ism a
un a restaurant-lik e quality. P ues b ien : ¿qué es lo que ten ía en tre
dedicato ria: «B o b: lo ve. M um m ». D ecididam en te, velab a p o r él
m an o s?
(adem ás de ten er en p o co sus facultad es culin arias). D etrás h ab ía
E ra claram en te un lib ro de co cin a «exó tica»: n o co n o cía
un so b recito de p lástico co n algu n as recetas arrancadas de un
n in gun o de lo s p lato s, n in gun a de las esp ecias, y la m ism a estética
T im es do m in ical: un a esp ec ie de cro quetas, y un boeuf bourguignon
de lo s arreglo s fin ales m e resultab a ajen a. ¿E ra un a reco p ilació n
(p ara ese viaje...) P o r últim o , un astro so ejem p lar en rústica,
del estilo de las que h ab ía visto de C ocina m editerránea (que p ara
destro zad o y grasien to , co n largas recetas, algun as aco m p añ adas de
ello s p arece querer decir un a m ezcla de griega , lib an esa y tun ecin a:
feo s diagram as exp licativo s.
n un ca un all i pebre)? Y si n o , ¿qué reco p ilab a? ¿C o cin a del p aralelo
L o co gí co n rep u gn an cia, y m e lo llevé al so fá p ara verlo en
10?, ¿G ran des p lato s exó tico s del m u n do ? ¿L a co cin a de lo s
calm a. ¿P o r qué un a p erso n a civilizada y ap aren tem en te cuidado sa
p ican tes? M aldije la rústica y el fresado , la dejad ez de m i h uésp ed y
co m o B o b M iller n o h ab ía to m ad o la p recaució n de fo rrar de
las relajadas en señan zas de M um m , que h ab ían p erm itid o que el
p lástico — ¡o de p ap el de p erió dico !— el lib ro de co cina que,
vo lum en se desin tegrara en su s co m p o n en tes in iciales y p o strero s,
visib lem en te, m ás u tilizab a? E sta p iltrafa en p ap erback, de p ap el
deján do m e an te el cen tro del en igm a.
in fam e am arilleado p o r la luz m e retab a ad em ás co n el m ás radical
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
12
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
H ab ía in gredien tes que se rep etían m uch o , y que ten ían un a
reso n an cia
vagam en te
african a:
m acís,
galan ga;
p ero
L a n o ch e del m iérco les, in so m n e an te el co m p ro m iso de la
el
velada siguien te, rep asé to do : in gredien tes, p aso s, ritm o s. L o h ice
cardam o m o , ¿n o h ab lab a de la In dia? L o s n o m b res de las recetas
to do m en talm en te, un a vez y o tra, h asta que se m e fun dió en
eran sup erficies op acas, que n o ap un tab an a n in gún sitio : p o llo
n egro .
«D e o tra m an era», o «A l h o rn o de Jan ». «C o ge el kuk», decía un a,
Im agin em o s a un p in to r de o jo s ven dado s, m ezclan do lo s
«y ralla h asta lo dim in u to un a raíz de jem k [¿sería jen jib re?]». N o
co lo res de un a paleta in exacta, m ien tras in ten ta reco n struir un
so y m uy duch o en len guas exó ticas, p ero an tes de esta exp erien cia
m o delo que h a visto h ace tiem p o , p ara, m in uto s an tes de la
h ab ría jurado que p o d ía distin guir, a gran des rasgo s, vo cab lo s
exp o sició n , quitarse la ven da co n el tiem p o justo p ara dar un a
h ún garo s de th ais o ken iatras... H o y n o lo h aría. L o s kro ys, lo s
p in celada aquí, un reto que allá, y lan zar su o b ra a la vo racidad de
n gem s y dem ás ingredien tes, recip ien tes, o p eracio n es y resultado s
lo s crítico s... E so es co cin ar: un acto ciego en el que lo s p ro ceso s,
p uede que tuvieran sen tido ilum in ado s p o r un G lo sario al fin al de
las in terven cio n es, la calidad de lo s estadio s in term edio s están en
la edició n , p ero h asta eso m e h ab ía sido n egado .
un a n eb ulo sa p erm an en te, y u n o so fríe, esp o lvo rea, añ ade liquido s
E l co m p ro m iso p en día so b re m í co m o u n a esp ada de
o lo s retira co n arreglo a un p lan , en la co n vicció n de que lo s
D am o cles fo rjada en galan ga. C o n aire p ro fesio n al, exam in é el
resultad o s in terno s se irán acercan do a esa m eta lejan a e
vo lum en de can to: h ab ía efectivam en te u n a zo n a p or la qu e se
in equívo ca que es un p lato p erfecto .
ab rían m ás las p ágin as, recuerdo seguram en te de largas estan cias
A rm ad o de las lejan as in stru ccio n es saqué d e la n evera la
ab ierto b o ca ab ajo, en m edio d e las m an ip ulacio n es. D en tro , un a
criatura qu e en el D eli m e h ab ían ven dido perfectam en te
grasien ta h uella de p ulgar co n firm ab a esta id ea. T res recetas se
desp lum ada, salvo un p en ach o en la co la (tal vez co m o garan tía d e
ap retab an en la págin a do b le, p ero era un a gran de de la izquierda
un o s o rígen es irrep ro ch ab les: n ada de p ro ceso s b io tecn o ló gico s
la
m arcado
que lo s trajeran al m un do desn ud o s y lim p io s). L a desp iecé co n
furio sam en te co n la uñ a un p ar de zo n as, co m o p ara n o p erderse y
cuidado h un diendo u n cuch illo b estial y afiladísim o en las
salar do s veces, o freír an tes y desp ués del reb o zado . O sea que
co yun turas en tre lo s h u eso s, y so carré a la llam a del gas lo s últim o s
(co n cluyen do ): B ob la h ab ía co n siderad o factib le y (adem ás) se
resto s de cañ as de p lu m as que p udieran qued ar. H abía co m p rad o
h ab ía lan zado a ello . B ien , p ues yo n o sería m en o s. ¿C uál era el
un p o llo ko sh er, en la secció n co rresp o n dien te del sup erm ercado ,
n o m b re del p lato ? «W ild Straw b erry C h icken »... E ch é un a m irada a
en la idea de que tal vez la p ureza ritual se aliaría en este caso co n
lo s in gredien tes, y n ada h ab ía que lo s tarrito s de B o b o lo s estan tes
(o tal vez n o era sin o o tra exp resió n de) un p erfecto cuidado y
del D eli n o p udieran p ro p o rcio n a r, así que ¿p o r qué n o ?
lim p ieza; y n o m e decep cio n ó .
que
p arecía
m ás
usada, p o rque
alguien
h ab ía
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
13
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
P use, según se m e decía, lo s tro zo s de p ech u ga a curarse en
luego el resto , y agítalo h a sta que se to rn e ngem , y ap arezca a cada
un a m ezcla d e vin agre, agua tib ia y h ierb as, y el resto lo
vuelta». Ign o ran te, au sen te, vertí lo s líquido s, d esleí la p asta, elevé
p reclasifiqué: desech o s (que co m p ren dían , n o sé p o r qué, l a
un p o co el fuego, y en un o de lo s giro s b ro tó el arco iris y se
to talidad de las alas — que en m i tierra lo gro ñ esa se co n sideran
exten dió en rem o lin o s.
b o cado exquisito ); la «p arte del rey» (sic): el co n tram u slo , etc. C reo
T res cuarto s de ho ra desp ués levan té la tap adera y m iré
que fue eso lo que m e dio tan ta co n fian za en la receta, la p rim era
p reo cup ad o el asp ecto gen eral. C o n un a cuch arita llevé un a
vez que la leí: el trato diferen cial dado a zo n as qu e, eviden tem en te,
p o rció n de líquido a m is lab io s: era la últim a o p o rtu n idad. E l
ten ían
to que an im al, acre, se reco n o cía p o r deb ajo de lo s sab o res fresco s
tex turas,
p un to s
de
co cció n
y
resultado s
culin ario s
to talm en te diferentes.
M ien tras h ervía la b ase de p uerro s y galan ga dispuse la
h arin a de m aíz p ara el reb o zad o , m ach aqué lo s h igadito s y p arte
de lo s vegetales. T o do : sal, aro m as, textu ra, se coaligab a en la
con strucció n de algo q ue aun n o sab ía lo que era, p ero excelen te.
N o quise to carlo .
del b o fe, y lo s m ezclé co n m acís p ara co n feccio n ar la p asta b ase.
So b re la m esa desp legada, el m an tel desech ab le, pero de
P aralelam en te, untab a la cazuela co n la grasa de la rab adilla,
p rim era calidad y tacto de seda. L as velas (algo les p asa co n el
levem en te so carrada, y dudab a so b re qué h acer co n la «tajada del
candlelit dinning, que co n frecuen cia figura en el ca p ítulo de
O b isp o », un a de las p iezas b ásicas en m i m ito lo gía fam iliar del
«aficio n es» en las revistas de co n tacto s). L o s p latos y servilletas
p o llo (m o tivo frecu en te de disp uta s, h asta que n uestro p adre se la
cuidado sam en te disp uesto s. Y en el fuego , el «p ollo a la fresa
— se las, p ues es u n ó rgan o p ar— asign ab a un ilateralm en te), y
rústica» h acía chu p -ch up . D e la en saladera, co lo cada en un a
so b re cuyo p ro ceso n ada decía el lib ro . P o r fin , les di el m ism o
esquin a, so b resalía un a h o ja verde elegan tem en te curvad a. B o tellas
tratam ien to qu e a lo s m uslo s, p o r p en sar q u e algo ten drían en
de vin o de C aliforn ia, y m úsica aka en la cassette. T o d o estab a
co m ún .
disp uesto . Y en to n ces llam aro n a la p uerta, y ellas en traro n ,
Siguien do un p rincip io que m e h a sid o útil en inn um erab les
o casio n es, y a riesgo de quem arm e o llevarm e un dedo , im itab a lo s
p recio sas, p erfum adas, b esuquean d o y lan zan do exclam acio n es.
Sen tí un co m ien zo de excitació n .
m o vim ien to s rápido s, p reciso s y seguro s de lo s p ro fesio n ales.
C o n la segun da bo tella n o s sen tam o s a la m esa. A p arté lo s
C o cí, p ues, p refreí y aliñ é, reservé u n a taza del líquido de la
ap eritivo s, y p u se en el cen tro lo que to m é p o r un salvam an teles
m aceració n , m achaqué lo s p edazo s de fresa y las especias en un
(era el ro dete que se p o n en las m ujeres de sus cam p o s en la
cuen co de m etal co n un m artillo — a falta de m o rtero — , y p ro n to
cab eza, cuan do tran sp o rtan vasijas en equilib rio , según llegaría a
estuve en disp o sició n de in iciar la p arte m ás delicada. «Jun ta to do »,
sab er m u ch o después). P o r fin siguió la cazuela de b arro , y cuan do
decía la receta, «en el cuen co de b arro , p rim ero lo m ás livian o ,
la destap é allí estab an las p iezas jugo sas, tersas, ilum in adas p o r las
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
14
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
p in tas de fresa y m o teadas de galan ga. U n aro m a p ro fun do se
— ¡O h !: ngem ... T e lo dije — a B o b — : p uede salir m uy ngem
elevó del recip ien te e in un dó la estan cia co n tin tes lejan o s:
— m e b u scó lo s o jo s co n lo s suyo s, ah o ra h úm edo s — . A sí es
p raderas, m añ an as frescas, p ro m esas de caza.
siem p re allí... L a
i n e r c i a A n uestras tertulias del jueves m ás
Serví elegan tem en te, co n m o vim ien to s justo s y p reciso s, sin
cen tral de cada m es so lía asistir el n úcleo fun dado r (a excep ció n
go teo s in term edios. E sco gí do s p iezas p ara un a, do s p ara o tra,
del m alo grado T ob al), co n diversas ad h eren cias ap o rtadas p o r éste
regué ab u n dan tem en te de la salsa, que se arrem o lin ab a en
o aquél. L a co m ida, en el p iso sup erio r de «L a V illa del N arcea»,
vio len tas irisacio nes, les p asé el cuen co del arro z, y p o r fin serví m i
era seguida n o rm alm en te p o r m ás cafés y co p as en el do m icilio
p arte. N o s m iram o s a lo s o jo s: m iré a R eeva, y ella m e m iró , y
p ró xim o de P arrita, cuan do dab an las cin co de la tarde, y lo s
luego a E lsie, que m e dirigió sus b ello s o jo s p o r un m o m en to .
cam arero s aso m ab an m uch ísim o la cab eza en n uestro salo n cito
A quello creció . H ice un adem án de «adelan te», y levan tam os lo s
reservado .
cub ierto s. E n to n ces so n ó un tin tin eo de llaves y se a b rió la p uerta.
E n el trán sito a casa de P arra so lían p erderse algun o s
E n tró un m o cetón rub io , alto , m usculo so , so n rien te. A su
co n tertulio s, p ero n o n o s im p o rtab a: el juez B ien zo bas, to rturado
lado , un a jo ven n egra, de p elo in vero sím ilm en te rizado , p ero m uy
p o r la disp ep sia; G ó m ez, que deb ía rein tegrarse a su trab ajo , «co n
diferen te de lo s n egro s n eo yo rquin o s: ella era casi co m o u n a
tristeza de o ficin ista» (cito a C o llado , que citab a a n o sé qui én ...)
p rin cesa african a, vestid a co n un tejid o p o lícro m o que ro d eab a y
se ceñ ía a su cuerpo m aravillo so . A p en as so n reía.
A quella tarde de p rin cip io s de o to ñ o , co n el so l doran do
algun as cúp ulas lejan as, y el aire frío revitalizad o r daban realm en te
— O h , ¡B o b !... — dijo E lsie— ¡Y su ch ica, M um m !
gan as de ab an do narles e irse a p asear p o r el R etiro . P ero yo h ab ía
Sacam o s do s sillas p legab les del arm ario , y se sen taro n
quedado co n que m i am igo C ru z m e reco giera a las o ch o d o n d e
co rrien do , sin cerem o n ia. L es serví, tem b lo ro so , p ero sin tirar casi
P arra, y m i ún ica reb elió n fue acercarm e p o r tab aco n o al b ar m ás
n ada, m ien tras las ch icas p arlo teab an . B o b m e m irab a, co n su
p ró xim o .
fren te fran ca y desp ejada. P o r fin h ub o un alto , y se p usiero n a
A m i vuelta n o se h ab lab a, curio sam en te, de co ch es.
ello . M um m m irab a la cazuela, fijam en te; luego p asó la vista a su
H ab íam o s
p lato , co rtó un a p o rció n cautelo sa, y la rem o jó en la salsa, p ara
m aledicen tes so b re co n o cido s, y la p aella n o s p erm itió sacarn o s
llevársela a la b oca. A u n cen tím etro de ella, se le dilataro n lo s
algun a que o tra esp in a pro fesio n al, y eso n o s h ab ía dejado lib res
o jo s: le h ab ía llegado el o lo r. L o devo ró de un go lp e, y ap retó lo s
p ara o tro s tem as. M e in stalé en m i silló n p referido , y la do n cellita
p uñ o s.
del b rib ó n de P arra m e o freció u n a co p a de C alvado s. P ara
Y o la o b servab a, co n disim ulo , y m e reco rrió u n escalo frío
cuan do p o r fin abrió la b o ca:
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
ago tado
duran te
el
ap eritivo
lo s
co m en tario s
en to n ces ya se hab ía p asado al n o tab le tem a de la em b riaguez.
T o do s ten ían rico an ecd otario .
15
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Fresa rustica
p in tas de fresa y m o teadas de galan ga. U n aro m a p ro fun do se
— ¡O h !: ngem ... T e lo dije — a B o b — : p uede salir m uy ngem
elevó del recip ien te e in un dó la estan cia co n tin tes lejan o s:
— m e b u scó lo s o jo s co n lo s suyo s, ah o ra h úm edo s — . A sí es
p raderas, m añ an as frescas, p ro m esas de caza.
siem p re allí...
Serví elegan tem en te, co n m o vim ien to s justo s y p reciso s, sin
go teo s in term edios. E sco gí do s p iezas p ara un a, do s p ara o tra,
regué ab u n dan tem en te de la salsa, que se arrem o lin ab a en
vio len tas irisacio nes, les p asé el cuen co del arro z, y p o r fin serví m i
p arte. N o s m iram o s a lo s o jo s: m iré a R eeva, y ella m e m iró , y
luego a E lsie, que m e dirigió sus b ello s o jo s p o r un m o m en to .
A quello creció . H ice un adem án de «adelan te», y levan tam os lo s
cub ierto s. E n to n ces so n ó un tin tin eo de llaves y se a b rió la p uerta.
E n tró un m o cetón rub io , alto , m usculo so , so n rien te. A su
lado , un a jo ven n egra, de p elo in vero sím ilm en te rizado , p ero m uy
diferen te de lo s n egro s n eo yo rquin o s: ella era casi co m o u n a
p rin cesa african a, vestid a co n un tejid o p o lícro m o que ro d eab a y
se ceñ ía a su cuerpo m aravillo so . A p en as so n reía.
— O h , ¡B o b !... — dijo E lsie— ¡Y su ch ica, M um m !
Sacam o s do s sillas p legab les del arm ario , y se sen taro n
co rrien do , sin cerem o n ia. L es serví, tem b lo ro so , p ero sin tirar casi
n ada, m ien tras las ch icas p arlo teab an . B o b m e m irab a, co n su
fren te fran ca y desp ejada. P o r fin h ub o un alto , y se p usiero n a
ello . M um m m irab a la cazuela, fijam en te; luego p asó la vista a su
p lato , co rtó un a p o rció n cautelo sa, y la rem o jó en la salsa, p ara
llevársela a la b oca. A u n cen tím etro de ella, se le dilataro n lo s
o jo s: le h ab ía llegado el o lo r. L o devo ró de un go lp e, y ap retó lo s
p uñ o s.
Y o la o b servab a, co n disim ulo , y m e reco rrió u n escalo frío
cuan do p o r fin abrió la b o ca:
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
16
L a in ercia
Nueve Veranos de José Antonio Millán
A n uestras tertulias del jueves m ás cen tral de cada m es so lía
asistir el n úcleo fun dad o r (a excep ció n del m alo grado T o b al), co n
diversas ad h eren cias ap o rtadas p o r éste o aquél. L a co m ida, en el
p iso su p erio r de «L a V illa del N arcea», era seguida n o rm alm en te
p o r m ás cafés y co p as en el do m icilio p ró xim o de P arrita, cuan do
dab an las cin co de la tarde, y lo s cam arero s aso m ab an m u ch ísim o
la cab eza en n uestro salo n cito reserv ad o .
E n el trán sito a casa de P arra so lían p erderse algun o s
co n tertulio s, p ero n o n o s im p o rtab a: el juez B ien zo bas, to rturado
p o r la disp ep sia; G ó m ez, que deb ía rein tegrarse a su trab ajo , «co n
tristeza de o ficin ista» (cito a C o llado , que citab a a n o sé qui én ...)
A quella tarde de p rin cip io s de o to ñ o , co n el so l doran do
algun as cúp ulas lejan as, y el aire frío revitalizad o r daban realm en te
gan as de ab an do narles e irse a p asear p o r el R etiro . P ero yo h ab ía
quedado co n que m i am igo C ru z m e reco giera a las o ch o d o n d e
P arra, y m i ún ica reb elió n fue acercarm e p o r tab aco n o al b ar m ás
p ró xim o .
A m i vuelta n o se h ab lab a, curio sam en te, de co ch es.
H ab íam o s
ago tado
duran te
el
ap eritivo
lo s
co m en tario s
m aledicen tes so b re co n o cido s, y la p aella n o s p erm itió sacarn o s
algun a que o tra esp in a pro fesio n al, y eso n o s h ab ía dejado lib res
p ara o tro s tem as. M e in stalé en m i silló n p referido , y la do n cellita
del b rib ó n de P arra m e o freció u n a co p a de C alvado s. P ara
en to n ces ya se hab ía p asado al n o tab le tem a de la em b riaguez.
T o do s ten ían rico an ecd otario .
— L a m ejo r, sin em b argo — decía C o llado — , es la de ese
lo rd in glés q ue ten ía en su castillo un a h ab itació n invertida, en la
que lo s m ueb les y la alfo m b ra estab an fijado s al tech o, y la lám p ara
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
17
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La inercia
en h iesta en el suelo . L levab a allí a algú n in vitado derro tado p o r lo s
o casio n es de ejercer an tes de verm e ab so rb ido p or la b an ca, y
vap o res de B aco — C o llado h ab lab a así— , y p o r un a m irilla se
estab a en m i p rim er desem p eñ o p ro fesio n al. E ra el trazado de un a
p o día o b servar el desp ertar del desgraciado , clavan do las uñ as en
carretera en la p rovin cia de L eó n . U stedes disculp arán que n o d é
lo que el creía el tech o , p ara n o caerse...
m ás p recisio n es, p ero digam o s que n uestra b ase de o p eracio n es
L o festejam o s m uch o , y yo to m é la p alab ra:
era la villa de M ***. E l in gen iero jefe d el p ro yecto era el señ o r C .,
— E so m e recu erda (n o el m ism o tem a de la em b riaguez,
un sujeto in sufrible, q ue h ab ía o b ten ido su título al fin al de la
sin o el curio so sen tido del h um o r p ara co n n u estro s co n o cid o s), la
guerra, en un o de eso s «exám en es p atrió tico s» (p ara ap ro b ar lo s
b ro m a de aquel perso n aje, que en vió a un a serie de am igo s un
cuales b astab a, lo aclaro en b en eficio de lo s m ás jó ven es — y m iró
telegram a an ó n im o co n la leyen da: «H uye; to do se h a descub ierto ».
a C o llado — , co n p o n er un sim p le «A rrib a E sp añ a» al p ie d e la
Im agín en se — reí—
h o ja).
cuan do
m ás de
un o
h izo
un a
m aleta
ap resurada, y n un ca m ás se su p o ...
Sádico , en go lado , de un a lo cuacidad ro n ca y m alsana, n o s ten ía a
C o m o n uestro ex -co n tertulio el b anquero T o b al h ub iera
su m erced en el reducido ám b ito de la fo n da que n o s co b ijab a.
h ech o algo p arecido un añ o atrás (y aú n n o se sabía n ada de su
D o m in ab a, h irsuto , en las so b rem esas (ta n distin tas, p o r cierto , d e
p aradero ), h ub o reaccio n es diversas.
éstas), que só lo se acab ab an cuan do en arb o lab a su p uro y
— B ah , b ah — se ap resuró a arrojar un a b o m b a de h um o
co m un icab a al m un do en tero :
quien h ab ía sido su so cio , V ázquez — ... B ro m itas reto rcidas, y, en
— Señ o res: vo y a dejar un h ito , u sted es sab en d ó n de — y se
el fo n do , b ien lejos de n uestra idio sin crasia... M e sé yo un a, que le
dirigía co n p aso perezo so a la p uerta del retrete. Y si un o , al cab o
h icim o s a un F ulan o , h ace añ o s, que ya, ya...
de un tiem p o , sen tía la n ecesidad de acudir a idén tico lu gar, un a
C o m o él b ien sab ía, en seguida se le so licitó el relato , y
dad o que n o h ab ía cosa m ejo r que h acer, la b o tella h izo su ro n da
de n uevo , algun os en cen diero n p u ro s,y em p ezó a hab lar, co n su
acen tillo gan go so .
vez ab an do n ado p o r él, se veía, flo tan d o en el an chísim o agujero
de la taza d e p ueblo , la co lilla n efan da...
¿M ás m uestras de la catadura sin iestra del in dividuo ? L as
h ab ía, rep artidas p o r to do el ab an ico de la h um an a actividad.
L ucita, la criada de la fo n da era o b jeto p referid o de sus aten cio n es.
C . so lía in ten tar p ellizcarla cuan do n o s servía la m esa, y co n
frecuen cia lo co n seguía, si ella ven ía cargada co n la so p era y n o
p o día esquivarle a tiem p o .
Sería el añ o ... n o sé, cin cuen ta y u n o o cin cuen ta y do s. Y o
«In ercia», recitab a en to nces C ., co m o un a gracia, «es la
acab ab a de term in ar la carrera de in gen iería, qu e tuve p o cas
dificultad que o p o n en lo s cuerp o s» (y en sus lab io s el térm in o se
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
18
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La inercia
h acía ab iertam en te evo cado r) «p ara m o dificar su m o do de ser o
estar».
N o so tro s
le
m iráb am o s
co n
m al
disim ulada
P edim o s silen cio , y el n o m b rad o siguió :
ira.
E n tién dan lo : al h ech o do lo ro so de q ue to m ara a ch aco ta un
co n cep to fu n dam en tal d e la física, se un ía el q ue estaba en la m ejo r
situació n p ara ben eficiarse a la p resa m ás co diciada de lo s
alrededo res. Y a con o cen a esas b eldades rurales, m ás p erm eab les a
H ay que decir que desde el m o m en to en que to m am o s la
la ch o carrería p egajo sa de u n exp erto que a las tern ezas sim p les y
decisió n , y p o sp u sim o s el n o m b ram ien to del ejecutor, se n o s
m iradas b o vin as qu e le disp en sáb am o s lo s m ás jó venes..
h iciero n m ás llevaderas las jo rn adas co n el In gen iero Jefe. ¡A sí
U na
m añ an a,
helado s
de
frío
en
las
o b ras
(p ues
so m o s, y así seguirem o s sien do ! E n tan to qu e en este p aís h aya
eviden tem en te n o p o díam o s disfru tar de la caldeada tien da d e
esp acio y lib ertad p ara lo s m en tidero s y co n sp iracio nes, n o p asará
cam p añ a d o n de C . so rb ía carajillo s co n el alcalde, en co n stan te
n ada realm en te serio : se n o s va la fuerza p o r la b o ca.
visita de in sp ecció n ), alguien exp uso en vo z alta sus deseo s de
A quien en ab so lu to le o curría eso era a C ., que a la sazó n p asab a
gastarle un b uen escarm ien to . «E vacu o l en el desayuno », su girió en
la glo ria de las siestas en tre lo s m u slo s crem o so s de L ucita, p o r fin
seguida u n o ; «Q ue le ech en al p iló n », dijo o tro . E n estas se alzó
ren dida.
un a vo z, y exp uso un a tercera p o sib ilidad. Se h iz o el silen cio .
Y cuan do , co m o co lo fó n de un a lecció n m agistral sob re las
— C o jo n udo — se o yó p o r fin .
ven tajas de h ab ituar al o rgan ism o a co m p o rtam ien to s o rden ado s,
Y de esa fo rm a sim p le n o s vim o s arrastrado s a la p esadilla.
n o s dejab a co n la co n sab ida referen cia al «h ito », y m ien tras la
desgraciada retiraba lo s p lato s, devo rada p o r n u estras m iradas, y la
tarde de in viern o se ex ten día sin p ro m esas an te n o so tro s, la i dea
de lo que le agu ardab a era n uestro m ejo r refugio ...
P asaro n lo s días, y un a o la de tem p estades n o s redujo día
L a llegada de un rezagado a la tertulia, el D o cto r P eña, que
tras día al co m edo r de la fo n da, do n d e lim piáb am o s lo s
traía del b racete al edito r P eláez, n o s in terrum pió p o r un o s
in stru m en to s co n gaso lin a, b ruñ íam o s to d o lito s, y n os m iráb am o s
m o m en to s.
a lo s o jo s. ¡A h o ra!: es o fue lo que leím o s de p ro n to .
— ¿Q u é p asa?, ¿qué p asa? — p regun tó , an sio so P eñ a,
tem ero so de p erderse algo .
— N ada— glo só alguien — . V ázquez recuerda: o diab a a un o
de guayab o , y ah ora se acerca el desen lace.
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
Salim o s
al
co rral,
co n
un
p retexto
cualquiera,
nos
an im áb am o s co n p alm adas y un o p rep aró las p ajitas para el so rteo .
C ada un o co gió la suya, y p ro n to quedaro n do s: un a de ellas la
larga. Y o estiré la m an o (tem b lo ro sa, p o r cie rto ), y saqué un a.
19
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La inercia
H ago aquí un a p ausa, p ara reco rdarles a to d o s usted es que
esto y en tre am igo s; m ás aún : en tre co n tertulio s. T o do s h em o s sid o
dulce p artid o de la in ercia, h ab ía caído víctim a de la de su s
co stum b res.
jó ven es, y a veces un o n o calib ra b ien las co n secuen cias d e sus
acto s. E s m ás: n o p ien so decirles q uién resultó s er el ejecu to r de la
sen ten cia. F ue un autén tico F uen teo vejun a, y so b re nuestra cab eza
co lectiva recae el peso d e lo que allí sucedió .
U n m in uto an tes de sen tarn o s a la m esa «u n o de no so tro s» salió
co n el b idó n de gaso lin a co m o p ara guardarlo ; lo s dem ás ro dearo n
a C . y alguien se sacrificó p o r el b ien co m ún fo rm ulán do le u n a
p regun ta técn ica que el in gen iero ap ro vech ó , co m o era de esp erar,
p ara h um illarle. E l can alla aún se reía cuan d o llegó el aviso de
sen tarse,
y
ap areció
L ucita
co n
la
so p era. A
lo s
— ¡Q ué b arb aridad! — dijo alguien . Y hub o un co ro de
asen tim ien to s.
— ¿L o ven , lo ven ? — se quejó V ázquez — : N o se les p uede
co n tar n ada. E n el fo n d o so n un o s m o ralistas...
P o r fo rtun a cam bió la co n versació n , y n o s d ividim o s en
p o stre s
do s gru p o s. E l narrado r p erm an ec ió en el salo n cito in terio r co n
escuch am o s la frase ritual: «Señ o res: vo y a dejar un h ito , u sted es
algun o s adep to s, y lo s dem ás p asam o s a la sala a co m en tar el
sab en dó n d e». Y desap areció b lan dien do el p u ro , que term in aría,
an un ciado reajuste m in isterial, so b re dato s de P eláez, que en esas
co m o era h ab itual, ap agado en la taza.
co sas era un lin ce. L lam aro n a la p u erta, y ap areció C ruz, que ven ía
V o lvió L ucita co n lo s cafés. H ab ía un silen cio n ervioso , salp icad o
a reco germ e. P asó un m o m en to , y le o frecim o s un a co p a.
de o b servacio n es b an ales. «P arece que llo verá co m o an tes», dijo
un o . «N o : en ab solu to », co n testó o tro .
— U sted es lo s jó venes — dijo — . ¡V aya fran cach elas! ¿H asta
cuán do seguirán co n la juerga?
D e rep en te escuch am o s el estam p ido y el grito , que resultó
E n ese m o m en to se escuch ó claram en te a V ázquez,
aso m b ro sam en te agud o . N o s levan tam o s de u n go lp e, p ero só lo
p ro testan do p o r algun a cuestió n fu tb o lística, y p areció que al
p ara quedarn o s agitado s en n u estro s p uesto s, co m o q uien n o sab e
recién llegado le reco rría un a co rrien te eléctrica.
dó n de ir. L ucita se secó las m an o s en el delan tal y salió co rrien do
— E sa vo z, esa vo z — dijo — ... Y o co n o cí a esa p erso n a...
h acia el retrete. «Siem p re» tiráb am o s la gaso lin a so b ran te ah í —
L o p ro m eto . H ará ya trein ta añ o s.. D io s m ío ... N unca les vi m ás
exp licaríam o s m ás tarde — . ¿C ó m o sab er que...?
desde en to n ces, pero lo s detalles...
P o r un a esp ecie de ju sticia có sm ica (que, aun qu e ustedes n o
M e levan té d e un salto :
lo so sp ech en , existe), n o h ab ía p ara aten derle m ás que el
— V ám o n o s.
veterin ario del p ueb lo . T en go en ten did o que n o p udo h acer n ada
C ruz m irab a a la p uerta, desde do n de se der ram ab a el
p o r la zo n a m ás quem ada, y se p erdió . E l, que h abía sacado ese
in co n fun dib le ton o gan go so de V ázquez, y to do su cuerp o
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
20
La inercia
revelab a la in ten ció n d e acercarse, y salir de dudas. L e co gí del
b razo y rep etí:
— V ám o n o s, C ruz.
Se acercó a la p uerta. M e p use a su lado . O bsequió
tím idam en te
a
lo s circun stan tes, co n
un
« H asta
luego », y
estáb am o s fuera an tes d e que se desvan eciera el eco de su vo cecilla
aflautada.
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
Nueve Veranos de José Antonio Millán
21
H ered ero d el C ielo
Nueve Veranos de José Antonio Millán
— H ijo : ¿tiem b la? — m e rep etía, m uy cerca ya del fin al— ,
¿lo n o tas tem b lar? P ues en to n ces aú n n o h a llegado su h o ra.
Y to d o s p en sab an que h ab lab a de él m ism o .
M i ab uelo cerró la p uerta, se quitó la go rra y la b ata que se
p o n ía p ara trab ajar, y la sacudió en un rin có n an tes de co lgarla de
un clavo , co m o le h ab ía visto h acer siem p re. E n to n ces se acercó a
la m esa, p ero en vez de sen tarse se n o s qu e dó m iran do .
H o y sé lo que en ese m o m en to deb ió de ver, p ero ento n ces
só lo se m e o currió que, si seguía así m u ch o tiem p o p o sib lem en te
se en friase la so pa, y a lo m ejo r em p ezab a un a de esas b ro n cas
gen erales que so lían acab ar tan m al. Y esto es lo que él ver ía: a su
m ujer, que, p equeñ ita y to do , le devo lvía la m irada; m i m adre
asustada, sin levan tar la vista del p lato ; m i tío el M ayor y a m i tío el
M en o r m irán do se de reo jo en tre sí; la m ujer del p rim ero co n el
n iñ o p equeñ o en b razo s, y la m ujer del segun d o ec h an d o o jeadas a
la p uerta, p o rque m i p rim o se retrasab a; y p o r últim o su cuñ ado , o
sea el h erm an o de la ab uela, el T o rvo (to d o s le llam ab an así,
in cluso ella, de m odo qu e n o deb ía de ser algo o fen sivo ).
P ero lo que él vería, creo yo , era a lo s cin co v aro n e s de la
m esa (o , p ara n o m en tir, a lo s cuatro y el h u eco del au sen te: el
p equeñ o n o co n tab a), y lo que p asaría p o r su cab eza sería algo del
estilo de: «do s p azgu ato s, un h ijo de p uta, un to rvo y un
ch isgarab ís». E l h ijo d e p uta era yo , claro , y ju sto en es e m o m en to
en tró el ch isgarabís, y su m adre se levan tó y le recib ió co n do s
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
22
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Heredero del Cielo
b o fetadas. Y eso fu e m uy o p o rtu n o , p o rque ro m p ió el en can to :
D e m o do que, p or p o n ern o s en el caso de m ás n ecesidad,
to do s em p ezam o s a h ab lar, el ab uelo se sen tó p o r fin y m i p rim o
ya ten íam o s al M ayo r revo lvien do el p ero l, a su h erm an o en tran do
se p u so a la m esa co n la cara m uy ro ja p ero u n b rillo de gu sto en el
co n un a cesta de leñ a, y a m i ab uelo cascan do un m o n tó n d e
fo n do de lo s o jo s. L a so p a estab a m uy b u en a. P ero el p o stre
h uevo s qu e le h abía traído el T o rvo , y sep aran d o las yem as en un a
estab a m ejo r.
p alan gan a. Y o lo s h ab ía visto así en las vacacio n es de N avidad,
L o que h acía m i ab uelo se lo disp u tab an en to das p artes; n o
p ero só lo desde la p uerta, p o rque el ab uelo n o m e dejab a en trar, n i
es que n o tuviera co m p eten cia: un o casi en cada p ueb lo , y en la
tam p o co a m i p rim o . Y en to n ces llegab a un m o m en to en que
cap ital tres o h asta cuatro . P ero n in gun o era co m o él, y eso se
levan tab a la vo z, se cagab a en tal, y les ech ab a a to do s; y yo la
sab ía, y ven ían d e m uy lejo s a co m p rarle, y cuan do llegab a un a
p rim era vez n o sab ía p o r qué, y les vi en el co m edo r to m án d o se
fiesta, estab a tan llen o de en cargo s que n o ten ía m ás rem edio que
un vaso de vin o , y el M en o r rep etía: «Y un día la casca, y n o s
p edirle al T o rvo que le ech ara un a m an o , y lu ego ten ía al M ayo r
vam o s to d o s a to m ar vien to ». Y ah í fue cuan d o co m p ren dí que a
revo lvien do un p ero l to da la m añ an a, si n o ten ía que ir al cam p o , y
lo m ejo r el ab uelo n o le quería co n tar a n adie su secreto .
la ab uela co n cualquiera de sus n u eras d o b lan do lo s p ap elillo s,
B uen o , p ues esa tard e, co n el ab uelo en la cam a, estuvim o s
p o rque p arece qu e eso era lo ún ico que u n a m ujer po día h acer d e
to do s quieto s com o m uerto s, m ien tras llam ab an al m édico al
to do el trab ajo .
p ueb lo de al lado , p o rqu e en el n uestro n o h ab ía. C o m o llo vía m uy
A sí que la co m ida h ab ía ido estup en dam en te, y h asta m i
fuerte n o n o s dejaro n salir, y m e quedé jugan d o al p arch ís co n m is
m adre se an im ó y levan tab a la m irada, y a m i p rim o se le o lvidaro n
p rim o s, de un m o do que n o m e gustab a n ada, po rque era el
las b o fetadas y m e en vió algun a p atada p o r d eb ajo de la m esa. Y
«p arch ís co n tram p a», q ue co n siste en que p uedes hacer cualquier
h ab íam o s acab ado, y le llevab an al ab uelo la tisan a de h ierb as qu e
co sa siem p re y cuan do n adie se dé cuen ta, así q ue n o s esp iáb am o s
él m ism o se m ezclab a, cuan do co n el p rim er trago le dio el ataque
lo s tres m u tuam en te y h ab ía que ser rap idísim o . P ero en un
de to s. T o do s n o s qued am o s p arado s, p o rqu e n o se le p asab a, sin o
m o m en to vi p o r el rab illo del o jo có m o m i p rim o sacab a de un a
que se p o n ía cada vez m ás ro jo , y el T o rvo se levan tó y le dió un as
to b a un a de las fich as que ya h ab ía m etido en casa, y en to n ces la
p alm adas m uy fuertes, yo creo qu e ap ro vech an do , y fu e in ú til,
p use de n uevo en su sitio , y em p ez ó la b ro n ca. N o s diero n
p o rque cada vez to sía m ás, y al fin al le llevaro n a la cam a. Y
cap o n es, n o s en cerraro n a cada un o en un cuarto , a o scuras, y yo
en to n ces p u de ver la m irada que se ech aban el M ayo r y el M en o r,
m e p use m uy triste, p o rque p en sé que quedab a m uy po co p ara que
y la de la ab uela a m i m adre, y era un a m irada d e estar fran cam en te
se acab aran las vacacio n es y ten dría que vo lver a casa. Y m i casa
asustado s, to d o s...
era el típ ico sitio do n de n un ca, n un ca te p o n drían de p ostre to cin o
de cielo .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
23
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Heredero del Cielo
Y al cab o de b astan te tiem p o , se ab ría la p uerta y to do s
m isterio sa en el culo (m uy p arecida a cuan do te cruzab as co n él
dejab an de h ab lar. E l ab uelo ap arecía secán d o se las m an o s y a
p o r el p asillo y te so ltab a, distraído , u n go lp ecito en la cab eza). Y
veces decía: «Y a se está en frian do », y o tras veces n ada, p ero h acía
en to n ces agarraba el m o lde p o r lo s co stad o s y lo levan tab a
que sí co n la cabeza, y ya se p o día en trar a reco ger to do . P o r lo
desp acio : se o ía un so n ido p arecid o a un «flo p », un ruido co m o el
gen eral el p rim ero era el T o rvo , y luego m is tío s, que n o
que deb en de h acer lo s án geles cuan d o atraviesan un a n ub e esp esa,
disim ulab an las gan as d e m irarlo to d o . P ero ah í só lo h ab ía (yo lo
y ap arecía su o b ra, tem b lan do to davía un p o co , p ero firm e y de u n
p ude co m p ro b ar m ás de un a vez) el fuego de brasas ya casi
co lo r m ilagro so . Y ya estab a to do listo p ara qu e la ab uela, co n un
ap agado , el cub o co n las cáscaras de lo s h u evo s, el p ero l del
cuch illo m uy largo , co rtara la m asa en cuad rad ito s, y m i m adre y
alm íb ar, el saco de azúcar, la artesa de h arin a y lo s b arreñ o s
algun a tía p rep araran lo s p ap eles. A la m edia h o ra ya estaban to d o s
p rin go so s, p ero to das esas co sas quietas y calladas, co m o las de
alin eado s en las b an dejas, y un o p o día co n fiar en que em p ezarían a
cualquier o b rado r de cu alquier sitio , p o rque to d o s p odrían ver que
llegar en seguida lo s clien tes, talm en te co m o m o scas.
lo que las an im ab a y las co n vertía e n algo ún ico en el m un do era lo
que sab ía m i ab uelo , y eso se lo llevab a él deb ajo de la go rra, cada
vez que salía de la h ab itació n .
Y ah í estab a tam b ién so b re la rep isa de la ch im enea un a
aguja de h acer p un to . Si la co gía sin que m e vieran p odía ch up arla,
y siem p re sab ía b ien : era co m o u n ad elan to de lo que luego
— ¿T iem b la, h ijo ? ¿L o n o tas tem b lar? — rep itió h asta el
fin al, b uscán d o m e a tien tas co n la m an o .
ven dría. Y jun to a la v en tan a, co m o p residién do lo to do au n que
desde un a esquin a, el m o lde m isterio so que se en friab a. E l M ayo r
p asab a el ded o p or la tap a, lo levan tab a n egro d e ceniza, y a veces
se lo en señ ab a a su h erm an o , co m o si eso sign ificara algo .
N o rm alm en te en to n ces se ib a un o a co m er, y só lo cuan do
So n de esas co sas que un o vien e o yen do desd e siem p re, y
el ab uelo se levan tab a de la siesta se p o n ía to do de n uev o en
que n o les da n in gu n a im p o rtan cia, p ero un día te p aras y lo
m o vim ien to . A p arecía cargado co n el m o lde, reso llando , y lo p o n ía
p ien sas y n o lo acab as de ver tan claro . P o rqu e b ien m irad o , so n
en un a esquin a. Su m ujer le dab a u n últim o rep aso al m árm o l y lo
do s p alab ras que no p egan n i co n co la, «to c in o » y «cielo ».
esp o lvo reab a de harin a, y él, sin m irar a n adie, p asaba u n cuch illo
E l to cin o , b uen o , to d o el m un do sab e qué es y so b re to do
p o r el b o rde del cach arro y en un so lo m o vim ien to fuerte y
de dó n de vien e, p o rq ue un a co sa es ver el to cin o b lan co , o
p reciso lo p o n ía bo ca ab ajo so b re la m esa. L e dab a un a p alm ada
veteado , co m o un b lo que en la desp en sa, y o tra es ten er cerca
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
24
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Heredero del Cielo
algún co rral de cerdo s. N o so tro s n un ca tuvim o s en casa, p o rque
O tras veces yo p en sab a en u n a esp ecie de cerd o celeste, si
en realidad m i m adre y yo n o ten íam o s de n ada, p ero cam in o de la
es que se p ued e decir, o b ien un cerdo q ue se h ubiera m uerto y
escuela p o días p asar p o r un o (si dab as un ro deo ), y allí estab an :
h ub iera ido al cielo , o al cielo de lo s suyo s. Y ese cerdo estab a allí
ab so lu tam en te p uerco s, guarro s, co n un a co stra de b arro y d e su
co m o si fuera am erican o , so lo que m ejo r, y p uede que su to cin o ,
p ro p ia caca. A u n que un día vi en un N o -D o un a gran ja am erican a,
que le p o días quitar sin m atarle, fuera tam b ién dulce y delicio so ,
y estab an lim p io s co m o un a p aten a, p o r algu n a m anía de ello s. Y
p o r la m ism a razó n . P ero , co m o se ve, n in gun a d e las d o s
luego , quien h a visto un a m atan za n o h ay que co n tarle n ada, y lo s
p o sib ilidades estab a dem asiado clara, p o rque h ay p alab ras que
ch illido s del guarro p arecen de un n iñ o furio so . P ero , claro , si te
jun tas se dan co m o d e to rtas, p ero p o r co stu m b re se usan y se
to ca un b uen p edazo de to cin o en el co cid o , o en un ta co de
usan , y a m í n o se m e o curriría un a fo rm a m ejo r de llam arle que
jam ó n , p ues te vas a aco rdar de aquello ...
«to cin o de cielo ». Y n adie sab ía h acerlo m ejo r qu e m i ab uelo .
O sea, que eso p o r un lado , y p o r o tro p ues el cielo , que
C uan do el m édico se fu e, ya al ca er la n o ch e, p arecía que les
tam p o co vo y a con tar lo que es: in m en so , b lan co las m ás de las
h ab ía dado un p asm o a to do s. L a ab uela llo rab a flo jito , salien do de
veces, o de cub ierto o de calo r, y si n o azul. Y den tro , yo lo vi en
su h ab itació n , y el T o rv o fum ab a en el co m ed o r, y h asta les p asab a
la E n ciclo p edia q ue estu diáb am o s en la escuela, co m o u n a reun ió n
la p etaca al M ayor y el M en o r. Y lo qu e rep etían todo el rato era
de la V irgen , D io s en p erso n a, San to s, án geles, y las alm as d e lo s
«Se n o s va, se n o s está ye n do », co m o si h ablaran de un viaje m uy
b uen o s, to das iguales, v estidas de b lan co . Y si n o , vas al in fiern o ,
desp acito . Y la m adre d e m i p rim o p asó p o r allí co n un a p alan gan a
que es p eo r.
y un as to allas, y dijo co n rab ia: «Y el C risto , a la vuelta de la
Y ah o ra h ay que jun tar las do s co sas, p ara ver lo que sale, y
esquin a». E l C risto eran las fiestas del p ueb lo , y seguram en te lo
el «to cin o de cielo» yo m e lo im agin ab a co m o si se hub iera co gido
que estab an to d o s p en san do es que el ab uelo n o p o d ría p rep arar
co n un cuch illo inm en so , p ero igual que el que usaba la ab uela, y
lo s dulces, y que no ven deríam o s n ada. Y a p artir de allí deb iero n
se h ub iera sacado u n tajo del m ism ísim o cielo . Y p o día sen tir
caer en la cuen ta de qu e n o era n i el C risto n i el no C risto , sin o
có m o en trab a el cuch illo en la m asa b lan ca y azul, y có m o
que el ab uelo se p o día m o rir sin decirle a n adie cóm o lo s h acía,
en co n trab a resistencia, p ero n o m uch a, y avan zab a, y detrás de él
p o rque se que daro n to d o s h elad o s.
se jun tab a de n uevo , aun que n o del to do , y así se h acía un
— B arto lo m é, B arto lo m é — lo in ten tab a el T orvo do s días
cuadrado ; p ero sin llegar n un ca, claro , a la zo n a don de viven lo s
desp ués, sen tán do se a la cab ecera del ab uelo — , m ira: falta p o co
b ien aven turado s (que así se llam an ). Y en to n ces se sacab a ese
p ara el C risto , y h e p en sado , aquí, co n tus h ijo s, que p o díam o s
p edazo y se p o n ía en el m árm o l, y tem b lab a un p o co , y p arecía
p o n ern o s a h acerlo , y tú n o s diriges desde la cam a. ¿ Q uieres? P ara
to cin o , y sab ía dulce, p o rque la V irgen , etc.
n o can sarte...
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
25
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Heredero del Cielo
— U n o s co jo n es — co n testó el ab u elo , b ajito , p ero m u y
E m p ezaro n a ch illar to do s al tiem p o . A quien m ás se le o ía
claro — . P rep aradlo to d o , y m añ an a m e lleváis al o b rado r, y yo m e
era al T o rvo , que só lo rep etía: «!U n a m ujer n o p in ta n ada en esta
ap añ o — y se dio m edia vuelta en la cam a, p ero co n dificultades.
h isto ria!, y un a p erdida m en o s». «¡C állate, cab ró n !», saltó el M en o r.
A la h o ra de la cen a, cu an do el ab uelo ya se h ab ía quedado
do rm ido , se reun iero n en el co m edo r:
P ero m i m adre se h ab ía levan tado , y co n la vo z m ás clara, m ás
firm e, que n un ca le h ub iéram o s o ído , dijo :
— L e decim o s que n o s lo cuen te, y se acab ó — decía el
M en o r— ; se lo o rden am o s.
— U n a m ujer n o p uede h acer el d ulce, p ero p u ede p asar el
derech o a h acerlo. M e tu vo a m í la p rim era, y yo se lo p aso a m i
— ¿Y si n o quiere? — co n testó m i tía — ¿Y si n o le da la
gan a? ¿Y si lo hace? — y m i ab uela m eneab a la cab eza co m o
dicien do : «E s m uy cap az».
h ijo — dijo , y se ech ó a llo rar.
Q ué lata n o le darían lo s días siguien tes, que el sábado se
levan tó p o r fin , y le llev aro n en vo lan das a un silló n que h ab íam o s
— Y adem ás — levan tó la cab eza, co m o un rayo , el
p uesto delan te de la p uerta del o b rado r. «C uan d o yo o s lo diga, m e
M ayo r— , ¿a quién se lo va a co n tar? ¿E h ? T en em o s q ue p o n ern o s
dejáis en trar, y acab o el trab ajo . Si n o , m e quedo en la cam a y que
de acuerd o , y así h acem o s fuerza. Si to d o s le decim o s lo m ism o ,
o s den m o rcilla a to d o s». D ijero n que sí, claro .
p ues estará m ás o bligad o , ¿n o ?
E stáb am o s to do s al fo n do de la h ab itació n , y él ib a
— A l m ayo r de to do s — dijo el T o rvo , p orqu e era él— , y
cuan do yo la p alm e, al siguien te: es la regla.
dicien do lo que h ab ía que h acer. P ero h ab ía un clim a m uy extrañ o ,
co m o d e gran m o m en to , p orque estab a claro que o se lo d ecía a
— N i h ab lar — se levan tó el M ayor, y dio un a p alm ada en la
alguien , o la p alm ab a ah í m ism o , o a lo m ejo r lo h acía él so lito y se
m esa— : tú n o eres de su fam ilia. T en drá que ir a m í, que so y el
vo lvía a la cam a co m o si tal co sa. N un ca p o día sab erse. A h o ra el
h ijo m ás gran de. E sto es un a h eren cia.
T o rvo sep arab a las yem as y las ech ab a en un b arreñ o :
— Q ue se rep arta, en to n ces — gruñ ó el M en o r— . Q ue
seam o s lo s do s.
— E sp era, tráelo , que lo vea — gruñ ó m i ab uelo , y cuan d o
— ¡N o ! — ch illó la ab u ela— , que o s co n o zco... A cab aréis
m atán do o s a p alo s. T ien e que ser u n o so lo .
la
que
h ab lab a
era
mi
m adre,
se lo p uso delante se quedó callado :— . C erdo ... — dijo , m uy
b ajito — , ¡cerdo ! — rep itió , co n gestion ado — , ¡eres un cerdo,
— Y yo sé quién — to do s se quedaro n so rp ren did o s,
p o rque
— ¿R em uevo , B arto lo ? — decía.
y
no
T o rvo ! — y decía la p alab ra h in ch an do lo s carrillo s, y m arcand o
estab an
m uch o la c— : h as m etido do s en galladuras, y eso es de cerd o , y la
aco stum b rado s— ; lo p en sé an o che... Só lo p o dría ser, está m uy
vas a jo der. L a san gre n o p uede to car este p lato , p o r que se jo de, y
claro , el h ijo m ayor de la h ija m ayo r — h ab ía sub ido la vo z co m o
p o r eso las m ujeres n o p ueden h acer n ada h asta que h a cuajado . Y
n un ca lo h ab ía h ech o en esa casa, y m e m iró .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
26
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Heredero del Cielo
tu lo h as jo did o , cerdo . P o r m í te vas a to m ar vien to , ya, y n o p ises
m ás p o r aquí cerca, y o lvídate de to do .
— P adre — gritó el M ayo r— : ya está el alm íb ar — calló un
m o m en to — ... creo .
E l T o rvo so ltó un a b lasfem ia h o rrib le, larga y m uy
E l ab uelo se levan tó , despacio , ap o yad o en su b astó n , h asta
co m p licada, que yo n u n ca h e rep etido , p ero que sé co m o es, y
el fo gó n d o n de h um eab a el p ero l. C o gió la cuch ara de m adera y la
salió de un p o rtazo .
m etió en el alm íb ar. R em o vió un p o co y la levan tó en el aire. Salió
— T ú, ch isgarab ís — le dijo a m i p rim o — , llégate do n de
un h ilo n o m uy fino , qu e luego se h izo go tas.
V icen te p o r do s do cen as m ás de h uevo s, y tráelo s co rrien d o , que
— ¡M am ó n ! — dijo , terrib le, m irán do le a la cara: era casi tan
n o aguan to . Y tú — p o r el M ayo r— ech a en el p ero l do s m edidas
alto co m o él— : ¿es esto un alm íb ar?, ¿es esto un alm íb ar fin o ?
de azúcar, lo m ism o de agua, un p o co de lim ó n , y p on te a h acer el
E sto ¿qué es?, ¿eh ?
alm íb ar. T ú, zán gan o — era su h ijo el M eno r — , trae m ás leñ a.
M iró alrededo r. L e p arecía n atural m an dar tan to .
Y en to n ces se ab rió la p uerta, y en tró m i p rim o co rrien d o
co n las d o s d o cenas de h uevo s:
— Y tú — m e dijo a m í— , p rep ara el m o lde: ún talo co n
— ¡A b uelo ! — gritó — , ¡ab uelo ! M e h a dich o D o n V ice n te...
aceite, m uy p o quito , y éch ale h arin a al fo n do .
N o sé si vio la cesta y q uiso p ro b ar a saltarla, o si es que se
Y o le h ab ía visto h acerlo algun as veces, así que co gí el
la tragó co rrien do, p ero lo s h uevo s se estrellaro n co n tra el su elo , y
m o lde, gran do te y cuadrado , y le p asé un p añ o p rim ero p o r
m i ab uelo , qu e aún ten ía la cuch ara levan tad a, cerró lo s o jo s, y
den tro . L uego con el p in cel le un té el aceite, co gí la m edida de
h ub o q ue co gerle p o r lo s h o m b ro s y llevarle al silló n , p rim ero , y
h arin a y lo esp olvo reé p o r den tro . «M ás», d ijo él; y yo seguí
de ah í, co rrien do , h asta la cam a. T iritab a d e fieb re, o p ued e que d e
ech an do h arin a h asta q ue m e p areció ya b ien . Y en ton ces m e p aré
ira...
un m o m en to p ensan do qué es lo que se h acía luego , y co n el
p ulgar em p ecé a ap retar la h arin a, fuerte y b ien, p o r to do el fo n d o .
T erm in é y vi que m i ab uelo m e m irab a:
— O ye, ch aval: ¿p or q ué se h ace eso ? — m e p regu n tó ,
co m o si n o lo supiera. Y o p en sab a m uy dep risa:
— A b uelo — le dije— : un o p o n e la h arin a p ara que n o se
p egue al m o ld e. Si n o está p rieta, y se p uede co lar la p asta cuan d o
la viertes, p ues n o h em o s h ech o n ada...
E n tró el M en o r sudan d o , co n la cesta de leñ a:
— ¡Jo der, qué calo r hace! — y la dejó en el m edio .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
— ¿H a dejado de tem b lar? P ues ya está listo — dijo , y se
calló p ara siem p re.
27
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Heredero del Cielo
E ra el C erd o celeste, y su alien to fétido fo rm ab a las estrellas:
to do en el p ero l do n de h ervía el resto . U n té el m o lde de aceite sin
el vah o de su b o ca las lejan as, co m o p o lvo en la n o ch e. E l sudo r
h acer lagaretas, esp o lvo reé h arin a y p isé co n el p ulgar deján do la
de su cuerp o se escarch ab a en lo s p rad o s del cielo, y él h o zab a,
b ien firm e. E l rem o vió la p asta so b re el fuego sin llam a, y m e dio
reb uscan do en lo n egro . Se in terru m p ió un m o m en to, y su s o jillo s
la cuch ara: do s círculo s al fo n d o (p ara que n o se asien te), y un o
sab io s y m uy an tigu o s n o s m iraro n , co n am o r, con in terés de
arrib a.
ausen te, y tem b lam o s. T em b lam o s p o rque es m ejo r que E l, que es
C o n las agarraderas llevé el p ero l ardien te ju n to al m o lde.
el M ás G ran de, no se fije en n in gu n o . P ero d etrás de su m irada
«Y o n o p uedo », m e dijo , «: tú co ges y lo vuelcas. E s difícil, p ero
aleteab an las so m b ras, y un h ilillo m uy fin o de b ab a se escurría de
deb es fijarte: n o desp acio , p o rque en to n ces lo s go tero n es h arán
sus fauces glo rio sas do n de cab ía un p ueb lo : estaba distraído , y
h ueco en la h arin a; n i dep risa, p o rque la m ism a fuerza co n que
resp iram o s. L ev an tó la cab eza y co n vo z ro n ca de eco s cristalin o s
caiga desb aratará to do . Suavem en te, co n tin u o , sin p ararte». D ejé el
declaró su co n ten to . R em o vió el cuerp o co n tem b lo res len tísim o s,
p ero l a un lado , y m e sequé el sud o r. U n a de las agarraderas,
b uscan d o o tra p ostura, y dejó ch arco s de líqu ido lucien te deb ajo
quem ada y p egajo sa p o r añ o s de trab ajo , o sciló y cayó al suelo .
de
nos
Q uité tam b ién la o tra. A garré d e las asas co n m ás firm eza cuan do
m arch áb am o s, con el p aso m uy quedo en la tin ieb la. O íam o s su
vi que en la fuerza n o ab rasab an . L evan té el cach arro y, co n
resuello , y resp iráb am o s. P ero an to n ces aclaró la G argan ta y
dificultad, lo in clin é so b re el m o lde: la p asta an aranjada discurrió
p ro n un ció , m uy bajito , m i n o m b re.
desp acio , co m o u n río en un sueñ o , y llen ó el recip iente.
su
vien tre,
qu e
ib a
aran d o
la
n o ch e.
N o so tro s
Y o deb ía h ab er llo rad o . E n tró alguien en la h ab itació n , y
C o n el h ierro desh icim o s las b rasas y fo rm am o s un lech o
ab rió las co n traven tan as. D escub rí que estab a am anecien d o , y un
un ifo rm e. C o lo qué el m o lde en cim a y le p use la tap adera. E n cim a
lucero clavab a su o jo fijo en m í, desde lo lejo s. E ra m i m adre, y se
de ella esp arcim o s un a p alada de cen izas; luego , con las ten azas,
sen tó en la cam a. M i p rim o , en el co stado , se rem o vió p ara darn o s
seleccio n am o s b rasas, y el m o lde quedó cu b ierto p or un a co ro n a
la esp alda.
en cen dida. E n to nces el ab uelo se sen tó en el tab urete y m e m iró
— P equeñ o , p equeñito — decía suavem en te, p asán do m e la
m an o p o r el p elo , co m o si aún fuera n iñ o — : desp iértate. H ay algo
que te esp era. E l ab u elo . T e llam a.
E h icim o s un alm íb ar de h ilo s fin ísim o s que b rillaban a la
m uy largo , m uch o rato . R esp irab a difícil, p ero se fue calm an d o .
— C h aval — m e dijo , p o r fin , só lo co n un p o quito de vo z —
: p o n la m an o en el cach arro — yo la acerqu é desp acio — . ¡Sin
m iedo !: to ca en el lado .
lum b re, y sep aré las yem as co n cuidad o , dejan do un h uevo en tero
C urvé la p alm a y lo s dedo s co m o an ticip an d o el co n tacto , y
(p ero jam ás el gallo h ab ía cub ierto a un a de estas gallin as).
la acerqué al co stado d el m o lde. P arecía el vien tre terso de algún
A ñ adim o s alm íb ar desp acito a la p asta de yem as, p ara luego ech ar
an im al gran de, in cluso en su resuello .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
28
Heredero del Cielo
— ¿T iem b la? ¿N o no tas co m o tiem b la? M ien tras tiem b le,
n o está h ech o .
R en o vam o s las brasas de la ta p a, y seguía tem blan do . E l
tiem p o n o p asab a, p o rq ue aquello se h acía, sep ultado en el fuego ,
y n o so tro s, guardian es, veláb am o s su su erte. A ún acerqué la m an o
o tras do s veces, y el ab uelo se reía: «N o p ued e estar tan p ro n to ,
p ero p rueb a si quieres...» P o r fin el esterto r se fue calm an do , y a la
siguien te vez ya n o h u b o n ada.
— A b uelo — levan té la cab eza, co n an gu stia — . Se h a
acab ado ...
L evan tam o s la tapa y se h un dió la aguja en la m asa. E n trab a
firm e y salió un ifo rm em en te p egajo sa, p ero n o h úm eda. L a p use
en la rep isa. H ab íam o s term in ado .
R etiré el m o ld e, y lo p use en el suelo , jun to a la ven tan a
cerrada. L e co n sulté co n la m irada y fui h acia la p uerta. A l o tro
lado b rillab a el m edio día, y m e h ab ía o lvidado . E stab an to do s, y se
quedaro n callado s de rep en te. A lg uien que estab a sen tado se
levan tó . E n to n ces b u sq ué a m i m adre co n la m irada, y só lo cu an do
la en co n tré dije, co m o se esp erab a: «E stá en frián do se». Y salí de la
h ab itació n desp acio , ya sin m irar a n adie, deján d o les el cam p o lib re
p ara que en traran y lo lim p iaran to do .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
Nueve Veranos de José Antonio Millán
29
L a vista
Nueve Veranos de José Antonio Millán
N o d eb e so rpren d erte que no s h ieran
lo s o jos sim ulacros in visib les,
y n o o b stan te se vean los objeto s:
[… ] to d as las im p resio n es reun id as
las sen tim o s o b rar sob re n oso tros;
so n ob jeto s que afectan n uestos cuerp os
co n un ch o que exterio r.
L ucrecio , D e rerum natura, libro IV
A co m o dado en la p arte de so taven to de E l C afé, el
p erió dico sin desp legar, en trecerrado s lo s o jo s a causa del b rillo
del so l so b re el agua (y la n eb lin a que m ultip licab a cada reflejo en
un a b ab el de p artículas flo tan tes); an te m í, y p o r o rden de
p ro xim idad, la taza vacía del café, el cerco de la m esa, la
b alaustrada de la terraza, b arcas b o ca ab ajo so b re la aren a,
carretera, m uralla de restauran tes, casas, ap artam ento s, m uch o s
ap artam en to s en caram án do se lo s un o s so b re lo s h o m b ro s de lo s
o tro s, dem asiado s, in útiles, to do s vacío s, p o lvo rien to s y o lien do a
cerrado p o rque la tem p o rada n o h ab ía em p ezad o aún.
M e reco sté u n p o co m ás so b re el resp aldo y luego
decididam en te, dejan d o deslizar las n algas h asta el b orde de la silla,
p ara rep o sar la n uca en el p o ste de m ad era del to ldo. L as p iern as,
ah o ra dem asiad o fuera, p edían un ap o yo su p lem en tario , y las
dep o sité (un a, d o s) so b re el asien to de en fren te, in tro ducien do así,
co n el atisb o de las p un teras de lo s zap ato s, un a agr adab le rup tura
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
30
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La vista
 ¡H o la!  m e dijo  ¿C uán do h as llegado ?  y se sen tó a
en el tem a m esa-b alaustrada. E l p erió dico , ah o ra defin itivam en te
fuera de m i alcance, desp erezó su s p ágin as en un a brisa dulce. Y
m i m esa.
en to n ces ap areció Su ñ er.
U n o p uede sen tarse en la m esa de cualquier co n o cido en E l
L as relacio n es en E l C afé están regidas p o r u n p ro to co lo
C afé, y co m o el co n cep to m ism o de «co n o cid o » es elástico , en la
estricto y co m p lejo , que un o p ued e tardar en do m in ar. Su fin es
p ráctica un o p uede sen tarse p rácticam en te en cualquier m esa. M e
crear lo m ás p arecid o a un a so ciedad civilizada que se p ueda
in co rp o ré, y le di la m an o .
en co n trar en este p aís, y se co n sigu e. P o r ejem p lo , yo h ab ría visto
 G afas  le co n testé  , llevas gafas ah o ra.
en lo s últim o s añ os cen ten ares de veces a Suñ er; p ues b ien : n o le
Se ech ó a reír, quiero decir que su b igo te ascendió , y
co n o cía en ab so luto : m e sería m uy difícil decir a qué se dedicab a o
exh ib ió lo s dien tes.
 N o : so n gafas n uevas. S iem p re h e llevado , p ero eran
cuáles eran sus o pin io n es p o líticas. E l C afé era un lim b o en m edio
de un a p o b lació n de recreo , y las ún icas co n versacio n es que se
o tras.
tien en en el lim b o versan so b re lo qu e allí tien e m ás im p o rtan cia:
 A h  dije : n o m e h ab ía fijado , la verdad.
¿cuán do h as lleg ado ?, y so b re to do : ¿cuán to p ien sas quedarte? Y
 Sí: se m e ro m p iero n , en A m sterdam , en un a escala,
luego el tiem p o , el tiem p o , que en un lugar destin ado en p rin cip io
rum b o a C am b o ya. M aldita suerte. T uve que h acerm e o tras a to da
a b añ arse y n avegar, n o es un vacío tem a de co n versació n , sin o el
velo cidad, y m e clavaro n ; creo que p usiero n to do lo que p o dían
tem a: un o p ued e co n gratularse p o r su b o n an za, lam en tar su
p o n er:
in gratitud, vatic in ar cam b io s o perm an en cias, referir p revisio n es
irro m p ib les, co n an ti-reflejo s. U n p astón . Se ap ro vech aro n …
p o larizadas,
variab les
segú n
la
luz,
m ultifo cales,
leídas o p resen ciadas, refutarlas, esgrim ir casuística q ue p u ede
Y o estab a tratan do d e reco rdar si su actividad tenía algo
rem o n tarse a año s atrás, desp legar sem io lo gías (luces, vuelo s,
que ver co n C am b o ya, p ero era in ú til. A decir verdad, en ese
b risas).
m o m en to n o m e aco rd ab a siquiera de si se llam ab a Jo an o L uis.
E l tiem p o (atm osférico ) acab a co n virtién do se así en el
Suñ er, sí, p o r lo m en o s. Si h ub iera estado R o sa le hab ría p o dido
tiem p o (d e relo j), en un a rara sim b io sis: la co n tem p lació n de
p regun tar eso , y o tras co sas. N o es que estuviera m uy b ien
vien to s y n ub es ya es u n discurrir, y la co n versación so b re ello s,
in fo rm ada; la in form ació n , sen cillam en te, n o existe en el lim b o :
co n su in fin ita gam a de m atices, im p ide que aflo ren o tro s tem as,
circulan co sas, eso sí, dato s, o ficio s, h isto rias, fech as, p ero n o se
n ecesariam en te m ás en o jo so s. L a calm a ch ich a de lo s elem en to s
sab e si so n ciertas, o de dó n de p ro vien en . R o sa las ateso ra to das
detien e relo jes y calen dario s en el lim b o , y E l C afé es su  valga lo
(o , sen cillam en te, se le quedan , y n o ve m o tivo p ara b o rrárselas),
in verso de la im agen  o jo del h uracán .
p ero so n siem p re de este estilo : «C reo que alguien m e dijo que
tien e tierras: o livo s, p ero en can tidad. ¿N o era suya n o sé qué
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
31
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La vista
m arca de aceite?». P ero n o estab a R o sa, p o rqu e ella es de las que
vien en ya en trada la tem p o rada: p o r lo s n iñ o s.
P ero ah o ra, an te el trán sito o n dean te de do s de su s
o b jetivo s típ ico s, le vi agach ar la cab eza y vo lver a su taza. ¿L e
 Sí, ya  dije ... ¿Y acab as de llegar?
p asaría algo ?
 Sí, ¿y tú ?
 N o : llevo ya d o s sem an as.
 ¡Q ué su erte! ¿Y qué tal tiem p o h a h ech o ?
P asaro n
dos
italian as,
p o sib lem en te,
en
b añ ado r,
y
levan tam o s la cabeza. E ran las p rim eras d el añ o , y po r esa razó n
A sí h ab ría quedado el in ciden te, y p o siblem en te n uestra
las co n sideré p ensativam en te. L uego , cuan do la gran o leada de
relació n , de n o ser p o rque sú b itam en te reco rdé que m e h ab ían
carn e, descien de el um b ral del estím ulo , p rácticam en te h asta cero
co n tad o
(h aría falta... qué se yo , p ara o b ligarte a vo lv er la cab eza), y el
ap artam en to s, o que lo s edificab a o reh ab ilitab a. N o m e extrañ ó ,
estad o de b eatitud que ello crea co n firm a m uy b ien la im p resió n
p o rque aquí to d o el m un do lo h ace. E ste p u eb lo está levan tado
gen eral de h ab itar en el lim b o . A un q ue n o p ara to do s.
so b re un n ego cio p eculiar, la gestió n de un b ien escaso que, co m o
que,
ap arte
de
lo s
o livo s,
co m p raba
y
ven día
E n to n ces m e aco rdé d el o tro rasgo característico de Suñ er,
n o p o día m en o s de o cu rrir en el lim b o , es tam b ién etéreo : la vista.
o quizás el rasgo : era u n m irón , o voyeur, o co n tem p lado r. Q uiero
Sí: el m ar, la b ahía, el faro , el frecuen tado h o rizo nte, lo s b rillo s
decir que se las com ía co n la m irada, que m irab a  a las ch icas
lejan o s cuan d o aso m a el so l en m e dio de un a to rm en ta, las o las de
un o s segun d o s (b astan tes) m ás de lo que lo h acem o s la m ayo ría de
p lo m o , o verdes y tran sp aren tes, lo s esco llo s, las idas y ven idas de
n o so tro s. Q ue su reco rrido se cen trab a en determ in adas p artes sin
lo s b arco s, el b alan ceo de las b o yas, las tertulias de gavio tas, to d o
m ezclarlas co n excursio n es a o tras, m en o s co m p rom etidas, p ara
ello , que un o o b tien e sen cillam en te salien d o a la calle, o trep an do
disim ular, co m o se deb e. Q ue h acía to do eso co n un a exp resió n de
un p o co , la gen te quiere ten erlo en su s b alco n es, den tro de casa,
co n cen tració n escalo frian te. Q ue n o dudab a en girar el cuello
en
h asta to rcérselo para seguir a u n a p resa m ó vil, sin siquiera fin gir
o rden am ien to urban o se agitan en u n a en m arañ ada p u gn a p o r
que b uscab a a alguien . Y reco rdé có m o , en esta m ism a m esa, o
cada p alm o de terren o , en p o s de ella, de la vista. H ay frases
p rácticam en te, el veran o an terio r h ab ía devo rado a R o sa m iem b ro
sagradas, co m o «p rim era lín e a», «terraza so b re el m ar»; h ech o s
a m iem b ro , de lo s p ech o s turgen tes h asta lo s gen eroso s m uslo s. Y
execrab les, «su b ió un p iso m ás», «le tap ó la vista»; co n den as sin
yo , ah í delan te.
rem isió n : «m ira a la m o n tañ a».
el
do rm ito rio ,
si
p uede
ser.
Y
to p o grafía,
catastro
y
P ues b ien , en esa luch a cruen ta p o r estar un p o co m ás cerca
(del m ar), m irarle desd e un p o co m ás arrib a, co m p rar, alquilar,
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
32
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La vista
tran sm itir el d erech o a h acerlo , h ab ía gen te q ue sacaba un vivir. Y ,
que vale  m e h ab ía dich o Suñ er . P ásate m añ an a a verlo , a las
ah o ra que m e aco rdab a, Suñ er sí que ten ía tres o cuatro
do ce o así: n o tiene m uch a luz.
ap artam en to s, que arren dab a. C o m o m i alquiler ven cía en ese
A la un a (las citas en el lim b o s o n laxas, elásticas), rem o n té
m ayo , y la vieja m e h ab ía dich o que ib an a tirar la casa, la casita
la calle in dicada. T ras arran car en la p laza, discurría p aralela a la
b aja de p ueb lo , p ara h acer o tra do s p lan tas m ás elevada, m e
o rilla, sub ien do po co a p o co . E n un a o casió n se abren sus casas
p ro p u se p regun tarle en cuan to le viera.
ap iñ adas y ap arece un a b ugan villa, un so m ero b alcon cito , el m ar.
E l tip ism o del rin có n es ta l que p o co s turistas o visitan tes se
resisten a in m o rtalizarlo , ya co n cám ara fo to gráfica, ya co n
cab allete y un estuch e en el que se ap iñ an lo que p arecen decen as
de tu b o s de p asta de d ien tes exp rim id o s p o r un loco . A m í, sin
C uatro días m ás tard e vo lvim o s a co in cidir en E l C afé,
em b argo , m e gustab a, y en este m o m en to , y p o r o b ra y gracia del
ah o ra en la p arte de den tro , p o rque so p lab a levan te y estab a
m es en curso , n adie lo p lasm ab a, co n lo qu e m e detuve un o s
desap acib le, lo que n o im p edía qu e, co m o to das las tardes, se
m o m en to s a fu m ar un cigarrillo .
h ub iera co n gregado un grup o d e n iñ o s a tirar p iedras al m ar. Y o
M e aco d é en el pretil, p ro yectan do h u m o al v acío , cuan do
jugab a al ajedrez co n P eter, el australian o , y vi que Suñ er se
n o té algo m o lesto b ajo lo s co do s. L a su p erficie estaba desh ech a en
arreb ujab a en su cazad o ra so rb ien do un a cerv eza, en el exterio r.
co stras de yeso y aren illa, co m o si de go lp e fuera m uy an tigua.
G o lp eé en el cristal co n la uñ a, p asó , co m en tam o s la p artida y
M iré alrededo r, alarm ad o : las fach adas de las casas que fo rm ab an
ch arlam o s. A n a, «el b u sto », estab a en la m esa de al lado , co n su
el p asadizo estaban d escascarilladas, y el su elo m ism o h ech o
sueco y un a fran cesa qu e n o co n o cía, b uen ísim as am b as. Suñ er les
esquirlas. L as h o jas de la b ugan villa p arecían co m idas y co n un
dirigió un a m irada m io p e, y luego n in gun a m ás. (¡Q ué raro !, an o té
co lo r verde grisáceo m u y desagradab le. Sen tí un escalo frío y salí de
en algún rin có n ). P o r tan to , y en la ló gica d em en te que p reside la
allí al m o m en to , m iran d o co n so sp ech a la calle, el suelo y h asta el
p rin cip al fuen te de recu rso s del p ueb lo , yo to qu é a m ás.
cielo .
L legué. Suñ er m e en señ ó co n desgan a el p o lvorien to
h ab itáculo y m u sitó u n a cifra.
 M e lo quedo  le dije ; es un a p o rq uería: h uele
h o rren d o y n o tiene vista. E s caro , sin em b argo : ¿p o r qué n o m e lo
 N o tien e vista, ¿sab es? B uen o : si sales al b alcó n y casi te
ro m p es el cuello , al fo n do ves un p o co . P ero claro , po r eso vale lo
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
reb ajas?
Se en co gió de h o m b ro s:
33
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La vista
 V ale. B uen o . M e p illas dep rim ido , que si n o  sus o jo s
p ueb lo se exten día un a irrefren ab le o leada de co n strucció n : un o
p arecían tristes, tras de las gafas n uevas  ... C uatro cien tas: h asta
levan tab a la m irad a y casi veía ap arecer u n a n ueva terraza do n de
ago sto .
an tes se veía un cuadrad o de c ielo .
Salim o s jun to s. Y o en b usca de alquien que lo lim p iara. N o
Se m e an to jó p asar a co m p rar el p erió dico . E l diario alem án
sé p o r qué, p o rque lleváb am o s la m ism a direcció n y no d ecía n ada,
que co m p rab a de tarde en tard e aún n o h ab ía llegado , de fo rm a
reto m é su s últim as p alab ras:
que p edí el p erió dico lo cal, editado en la cap ital de la co m arca.
 A sí que dep rim ido, ¿eh ?
H acía tiem p o q ue lo h ab ía decidido : o las fu sio n es b an carias d e
N o se h ab la de esas co sas en las lo calidades de recreo, p ero
H o n g K o n g, o las n o ticias so b re reses atro p elladas en las cun etas
de en trada, o p o r p ereza, n o en c o n tré un tem a m ejo r.
circun dan tes, p ero n o térm in o s m edio s. D e salid a, un quieb ro p ara
 Sí  su sp iró  . E s h o rrib le: co m o si n ada. L as m iro , y
evitar un p erro atado a la verja m e h izo casi ch o car co n el
m e daría lo m ism o m irar a su s ab uelas. ¿M e h ab ré h ech o viejo
exp o sito r de p o stales. A sí el tam b alean te artefacto , y las m ir é, casi
 h izo un a p ausa  de go lp e?
p o r p rim era vez. O im ágen es de n uestra p in to resca p o b lació n (vi
tres o cuatro del balco n cito co n su b u gan villa, b arcas en la p laya),
o p o stales eró ticas de un co n ten ido claro y directo, co m o p ara
h o lan deses: d o s p ech o s ro llizo s o cup an do to da la p o s tal, en
p o sició n ap aisada, un a p ila in vero sím il de cu lo s desn udo s, co n
M e desp erté de m i p rim era n o ch e en el ap artam en to en u n a
aren a p egada (estos en vertical). C urio sa co stu m b re, esa de m an dar
m añ an a co lo r ceniza. E stab a so ñ a n d o que yo m ism o era el m ar, o
p o r co rreo a am igo s y co n o cid o s m o m en to s h elado s de n uestra
alguien m uy gran de sum ergid o en el m ar, y las p iedras que
co n tem p lació n . Y en to n ces rep aré en q ue n o co n stituían sin o o tra
lan zab an lo s n iñ os m e caían en lo s o jo s, co m o p o r el in terio r d e
varian te de la p rincip al in dustria del p ueb lo : exp o rtació n de vista.
un p o zo .
U n a dim in uta p ala excavado ra so b re ruedas de o ruga rem o n tab a la
calle co n estrép ito. P o co desp ués m e tuve que ech ar a un lado p ara
dejar p asar a un co n tain er que ven ía en direcció n co n traria. Se
detuvo p o rque un cam ió n h o rm igo n era o cup ab a la dim in uta
A quella tarde tam b ién fui a E l C afé: ¿dó n de si n o ? P ero
p lacita. L o s o p erario s, co n acen to m eridio n al, d ejaro n sus ap arato s
siem p re
trep idan do alegrem en te en el v acío , y se p usieron a discutir la
desdeñ an do la carretera, y a riesgo de en suciarm e lo s zap ato s (q u e
m an io b ra. C an ción d e cada m añ an a: la verdad es que p o r to do el
h ab ía ab rillan tado cuidado sam en te), llegúe a través de la p laya. E l
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
se
p u eden
in tro ducir
variacio n es.
Por
ejem p lo :
34
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La vista
b arco d e turistas que v a y vien e al o tro lado ya h abía in au gurad o
o rden p rim igen io . Im agin é al p rim ero de lo s p r im ates que llegó al
sus reco rrido s, y ah o ra la siren a vib rab a en el aire llam an do a lo s
m ar, p ro b ó el agua salada co n un a m ueca, y p en sativam en te lan zó
rezagad o s. É sto s se ap resurab an a to m ar las últim as fo to s, jun to a
un a p iedra al m ar. L o que m e llevó , sin tran sició n , a m editar co n
las b arcas. «¿C uán tas veces las h ab rán fo to grafiado ?», m e descub rí
alarm a so b re aquellas co sas que sufren el deterio ro del tiem p o , sin
p en san do : «L as van a gastar… ».
n adie que las ech e un a m an o p ara vo lve r a su ser an terio r.
E fectivam en te. A b rí la curva que m e co n ducía h acia m i
destin o p ara p asar al lado de u n a de las b arcas. R o cé co n un dedo
Justo a p ro p ó sito p ara ap artarm e de p en sam ien to s tan tristes, llego
Suñ er, y adem ás co n un a so n risa radian te.
y co n rep ugn an cia la m adera grisácea, p ulverulen ta, desescam ada,
 ¿A qu e n o sab es qué m e p asab a?  m e esp etó .
sin deten erm e.
 ¿D e qué?  le dije.
P asó A n a, n o s saludó , y Suñ er la siguió co n un a m irada
satisfech a. Se vo lvió a m í, de n uevo , y se detu vo uno s segun d o s,
p ara recup erar el hilo .
 ¡T en go gafas n u evas!  declaró , co m o en un susp iro .
 ¡A h , ya! N o m e h ab ía dado cuen ta, p erd o n a…
E n la terraza estuve dejan do vagar la vista p erezo sam en te,
p o rque n o h ab ía n adie co n o cid o , m ien tras so rb ía un café tib io .
 N o : n o tien es n i idea. N o sé si eso p uede p asar, p ero las
L o s n iñ o s tirab an, co m o siem p re, p iedras al m ar: a veces p o r
o tras, las de A m sterdam , m e co rtab an el ro llo , de verdad. A h o ra,
co n seguir u n a serie p asm o sa d e salto s so b re el agua, y a veces
m ira…
p o rque sí, p o r h acer ruido , p o r p ro vo car u n ch ap uzó n , p o r llegar
P asab a de vuelta A n a, ah o ra co n su am iga fran cesa.
m ás lejo s, o a ver qué p asab a. P en sé un p o co so b re eso , y de go lp e
 ¡A dió s, adió s!  exclam ó Su ñ er, en vo z un p o co m ás alta
m e en traro n m u chas gan as de b ajar, yo tam b ién , y tirar algun a. M e
de lo n ecesario ; y a m í: ¿L o ves?
co n tuve, p o rque el im p ulso era m uy fuerte, y tam p o co era plan , a
 ¿Q uieres d ecir… ?  b alb uceé.
m is añ o s, b ajar y em p ezar.
 Sí: eso s m aldito s cristales p o larizado s, o lo que fuera. N o
R esp iré h o n do : el m ar seguía dep o sitan do can to s ro dado s a
go lp e d e o la sob re la p laya fatigada, y lo s niñ o s seguían
devo lvién do le p iedra tras p iedra. E n to n ces to d o m e pare ció ló gico ,
e in cluso b en éfico: el im p ulso irrefren ab le que h acía que lo s m ás
jó ven es cerrasen su m an o so b re la fría m ateria y n o descan saran
h asta n o arro jarla al o céan o ten ía su sen tid o có sm ico : restituir el
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
dejab an en trar lo m ás in teresan te: el gusto , vam o s… Suerte que se
m e ro m p iero n al bajar d e la b arca en …
 ¿Q uieres decir  in terrum p í q ue n o te d ejab an ver a
las ch icas?
 N o  p ro siguió co n p acien cia : que n o m e dejab an
disfrutarlas.
35
Nueve Veranos de José Antonio Millán
La vista
V o lví p o r la p laya, p asé de largo p o r las b arcas que se
R eich decía que el o rgó n era azul. E s m uy p o sib le. A m i
alin eab an en el m uelle co m o cab allo s en el estab lo y luego rem o n té
alrededo r el m u n do se desm o ro n a, y n adie h ace n ada. C am in o
la calle h acia m i ap artam en to . A l p asar p o r la callejuela y el
ah o ra co n so sp echa: m iro a m i alrededo r p o r ad vertir si alguien m e
b alco n cito m e p aré u n m o m en to . L a luz d e la lun a p restab a
fo to grafía p o r azar. P uede que lo h agan de lejo s, p ero eso , segu ro ,
reflejo s cárden o s a las p iedras gastadas, al p retil p o ro so y
es m uch o m en o s dañ in o .
cen icien to .
Y
en to n ces
lo
co m p ren dí
to do :
las
cám aras
A R o sa n o la m iro , au n que ella n o p arece darse cu en ta.
fo to gráficas se llevab an , succio n ab an  p o dría decir áto m o a
Suñ er n o
áto m o fragm en to s del rin có n típ ico co n su ávido diafragm a. Y así
co in cidim o s lo s tres algun a rara vez en E l C afé. E n to n ces m e
día tras día, añ o tras añ o . R eco rdé la m adera grisácea de las
levan to , m e acerco a la o rilla y arro jo un a p iedra al agua an tes de
exp uestas b arcas. L uego m e vin iero n a la m en te las atro ces
vo lver a casa.
se
recata
de
h acerlo , co m o
co m p rueb o
cuan d o
en ferm edades que sufren las m o d elo s, acrib illad as a fo go n azo s en
V ivía feliz en un m un do p asivo so b re el que m i m irada
las p asarelas, y que in ten tan co m b atir co n desen freno y dro gas. O
resb alab a co m o u n p in cel fin ísim o y ah o ra, de go lp e, so y
lo s últim o s añ o s de p erso n ajes p úb lico s, gafas n egras, b ufan da
co n scien te de la co n stan te dan za de co rp ú sculo s que em an an de
h asta las o rejas, o b ien p o rque p resen tían o p o rq ue ya sabían.
las co sas. E n el aire vib rátil se lib ran b atallas a m uerte y, cualquier
Y p o r su p uesto , si to d o eso era p o sib le  ¡y yo lo estab a
día, de las glán dulas d e un a jo ven  esas p lan tas p ro ducto ras de
vien do ! , ¿p o r qué n o p en sar que la excitació n sexual la p ro vocan
co rp úsculo s azules qu e alb ergan sus caderas, sus p ech o s, su s
co rp úsculo s que desp iden determ in ado s cuerp o s, determ in adas
o jo s , surgirá u n a descarga que m e h erirá p o r m uch o tiem po .
zo n as de lo s cuerp o s, y p en etran p o r lo s o jo s h asta el cereb ro ?
R eco rdé las m uertes sú b itas en lo s peep-show s, cuyas p an tallas de
vidrio
vo m itan
un a
co n cen tració n
que algun o s n o
p ueden
so b rellevar. ¡Só m o s h u m an o s! P ero el p o b re Suñ er h ab ía to p ad o
co n un o de lo s p o co s m ateriales o p aco s a esto s n o tab les
em isario s…
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
36
U n a o b servació n d e K ratzer
Nueve Veranos de José Antonio Millán
E sta es la h isto ria de N ico lás K ratzer, astró n o m o, cuyo
retrato p in tó H olb ein el V iejo , dib ujó A nastasi, y se estam p ó
m uch as veces grabado p o r D equevauvillers, siem p re b ajo la m ism a
rep resen tació n : barb illa salien te, o jo s en trecerrados, co m o de
quien está m ás h ech o a la n o ch e, leve rictus en lo s lab io s, m an o
izquierda sujetan do el ico saedro de las declin acio n es celestes, que
él m ism o in ven tó, la diestra co n un co m p ás; so b re la m esa regla,
tijeras, p lo m ada y un p ap el co n tres lín eas escritas que el cuadro
só lo esb o za, y el dib ujo reco n struyó co n m ejo r fo rtun a, p ero la
estam p ació n degrad a h asta lo ilegib le.
L as p aredes del fo n d o del retrato , ilum in ada un a y en
claro scuro o tra,m u estran m ás o b jeto s: co m p ases de gran tam añ o ,
un sextan te p rim itivo , y algun o s o tro s in strum en to s cuyo uso
ign o ro , p ero que tam p o co descarto que H o lb ein se in ven tar a y
luego rep resen tara m in ucio sam en te, p ara llen ar un án gulo , o
p o rque la curva de la go rra del astró n o m o necesitara un
co n trap un to co n vexo y en o tra direcció n .
P o r razo n es que n o vien en al caso , co n o zco b ien un
ep iso dio de la vida de K ratzer, que p o r ilum in ado r y n ecesario
b ien p o dría erigirse en em b lem a del resto de ella. N o sé
exactam en te si ocurrió an tes o d esp u és de la con fecció n del
cuadro , p ero m e gu staría situarlo justo en su cen tro ; p o r ejem p lo ,
en tre do s sesio n es de las que el astró n o m o p o só en su gab in ete. A
diferen cia de lo s m o dern o s daguerro tip o s o p in turas a la p lata, de
realizació n in stantán ea, lo s cuadro s tien en esp eso r, y den tro del
que trazó H o lb ein b ien p udo cab er lo que sigue.
— L o s cuerp o s celestes, aun p ara quien es n o ven en ello s
dio ses n i augurio s, so n causa de ad m iració n — decía el p in to r, qu e
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
37
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Una observación de Kratzer
reto cab a co n el clarió n — . ¿N o es el círculo d e la lun a llen a (o el
rep aró en ello , p o rque cerca del C isn e b rillab a Júp iter co m o u n a
del so l, p ero q ue n adie p uede ver sin o u n a so la vez) la ú n ica
jo ya, y cin co grado s m ás ab ajo M arte relucía co m o un ascua. N o
circun feren cia p erfecta de la n aturaleza? L a o n da de la p iedra en
era un a co n jun ción , en sen tido estricto , p ero el astró no m o sin tió la
un estan que, el cen tro p reciso de un a flo r so n m en o s p uro s.
cercan ía de las m oles h eladas, gravitan do so b re el h o rizo n te.
— ¡Q ué visió n de artista! — rió K ratzer, y se esp an tó un a
H ab ía p en sad o m o n tar su s in stru m en to s y o b servar la
m o sca de la frente— ... Y sin em b argo, am b o s círculo s, fijao s,
atracció n de las estrellas fugaces, so b re las qu e ten ía u n p recio so
en cierran
ro stro
cuadern o de an o tacio n es, p ero se so rp ren dió m editan do so b re la
m alh um o rado del S o l. N o es en el m un do , n i siquiera en lo s astro s,
fuerza de lo s astros deslizán do se en la n egru ra. A tado s p o r fuerzas
sin o en las m atem áticas do n de están las fo rm as p erfectas que
p recisas, y sin em b argo im p erfecto s, co m o él b ien sab ía, ¿qué les
so ñ áis.
dab a, sin em b argo, la b elleza, la elegan cia de reco rrido s y curvas
caras
b urlo n as:
la
vieja
de
Selen e,
y
el
C o m o en trara ya H en d rickje a an un ciar el alm u erzo co n su
co n que se m o vían p o r el cielo ? T an p ro fun dam en te descreído
vo z queb radiza, guard ó el p in to r lo s p in celes y se desp idió ,
co m o só lo p uede ser aquel que se aso m a, n o ch e tras n o ch e, al
quedan do citado s p ara el día siguien te. E ra K ratzer delgado , de
desierto celeste, K ratzer n o po día p en sar en la deidad b o n dado sa
m edian a estatu ra, lab io s fin o s y tem p eram en to flem ático . L a m area
que traza co n m ano de o ro sign o s de h erm o sura.
de la carn e, que no o lvida a n adie, le so rp ren dió un a tarde caluro sa
A b straído en el len to giro de la b ó veda, n i siquiera rep aró
trazan d o u n a carta de altitudes, y le arrastró al apo sen to de la
en el ruido d e carrera y alien to so fo cad o , h asta ten erlo al lad o .
criada: H en drickje sesteab a, co n las p iern as desn udas, y le recib ió
Salien do del b o squecillo p ró xim o , en h uida, o ju gan do a ser
b ien . L uego K ratzer le co m p ró un traje, y tuv o de ella do s h ijo s,
b uscada, un a jo ven desn uda ap areció en el claro . In cluso an tes de
que m uriero n de fieb re. C o m iero n , p ues, am b o s en la sala, co m o
verle detuvo su carrera y sus p ech o s b lan quísim o s sub ían y
ten ían p o r co stum b re d esde h acía añ o s, y h ab laro n del retrato , qu e
b ajab an en la respiració n an sio sa y silen te. G iró h acia sus esp aldas,
p rim ero era un a so m b ra, y ah o ra co gía carn e. V o lvió luego él a su
p o r ver si era seguida, y la to rsió n de las p iern as, rem atadas en la
gab in ete, a co m p letar u n o s cálculo s an tes de la n o ch e.
do b le h en didu ra, p ro vo có un a ten sió n en el aire que am en azab a
L as co n stelacio n es del veran o destacab an lech o sas en tre la
descargas. Se volvió , m ás tran quila, y en to n ces descub rió al
red de calles o scu ras de la ciudad. K ratzer salió a las afueras co n el
astró n o m o , in m en so , co n su traje de n o ch e y la carta in servib le,
faro l de vidrio s co lo reado s en ro jo que le p erm itía h acer
deb ajo de lo s astro s, ilum in ad o en ro jo , y m irán do la. ¿V ería la
an o tacio n es sin quedar cegado p o r su lu z, y qu e le dab a ap arien cia
m uch ach a que lo s o jo s del h o m b re n o se h ab ían clavado en su
de luciérn aga, co n tem p lado desde lejo s. E ra casi el equin o ccio , y el
trián gulo n egro sin o que reco rrían el cuello , lo s h o m b ro s,
cam p o recib ía la visita alegre d e las p arejas, aun que K ratzer n o
ap reciab an lo s co n to rn o s, y calib rab an las cu rvas co n sab er de
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
38
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Una observación de Kratzer
guarism o s? N o h urtó las vergüen zas co n su s b razo s: se detuvo un
E l cu ad ro fu e acab ad o , y el astró n o m o K ra tzer, d escu b rid o r
in stan te, giró so b re sí m ism a, y se alejó co rrien d o .
d e m u ch as co sas, q u e h ab ía vislu m b rad o la u n id ad d el
— E stáis b ien p en sativo — le dijo H o lb ein , la m añ an a
siguien te— . H o y trab ajaré en el ro stro , y si n o cam b iáis de
m u n d o , p ara lu eg o p erd erla co n m atices, m u rió p o co s m eses
d esp u és. Ten ía trein ta y cu atro añ o s.
p en sam ien to s q uien es vean m i o b ra o s to m arán p o r p erso n a
m elan có lica. V ed: lo s p igm en to s, desleíd o s en aceite, im p regn arán
el lien zo dejan do la h uella de vuestra tristeza, y esto , m añ an a seco ,
y luego recub ierto de b arn iz, durará largo s añ o s.
K ratzer se ech ó a reír, y co n testó :
— H acedlo , si queréis: an o ch e h e descub ierto q ue la b elleza
de la gran m aquinaria d e lo s cielo s es la m ism a que la de cualquiera
de las criaturas. E l sen o de un a jo ven y la elip se precisa de u n
co m eta: ¿quién to m a a q uién la glo ria? O lo s do s, ¿de qué fuen te?
H en drickje en traba co n un b úcaro llen o , y am b o s callaro n
p o r un m o m en to. T o rp e p o r el reum a, se acercó desp acio a la
ch im en ea, y co lo có en el cen tro el recip ien te. C ubrió a lo s d o s,
p in to r y retratad o , en un a o jeada cálida, y salió , silen cio sa.
— O , al m en o s, es que ello s n o en vejecen , lo s p lan etas , lo s
astro s. P o r eso n o s cautivan — siguió K ratzer, co m o p ara sí
m ism o — . Y su glo ria p erenn e se refleja en lo b ello de aquí abajo :
p ero es u n a, y la m ism a, m ateria en am b o s caso s... L a glo ria de las
fo rm as... — y calló , sin acab ar la frase. E l p in to r, ab straíd o en un
lugar difícil, n o sup o co n testarle.
.
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
39
E l ciervo h erid o
Nueve Veranos de José Antonio Millán
E l veran o an terio r lo s trigo s de m edia p en ín sula h ab ían
caído b ajo n uestra m an o . P ero yo estab a so lo .
T am b ién acarream o s m o n tañ as de estiérco l, ab rim o s p o zo s,
trazam o s surco s h asta el h o rizo n te, y la sem illa p udo b ro tar,
dich o sa. A n uestro p aso lo s yerm o s se tran sfo rm ab an en vergeles,
y el sudo r de lo s ho m b res o b ten ía un a p equeñ a tregua. A quel añ o ,
en defin itiva, ven dim o s m ás m áquin as que n un ca.
B en ito y yo n o s rep artíam o s la zo n a III, A ragó n y C ataluñ a,
y duran te sem an as y sem an as só lo n o s h ab láb am o s a través de
A dela, la telefo n ista de n uestra d elegació n en T arazo n a, a do n de
rep o rtáb am o s diariam en te.
— Q ue dice B en ito — o í un día— que le llam e a F igueras, al
h o tel P en í, m añ ana a las o n ce de la n o ch e sin falta. E s urgen te.
— ¡H o la, h erm o so ! — m e co gió a la p rim era llam ada, co m o
si m e h ub iera estad o esp eran do — . M e tien es q ue hacer un favo r;
de verdad. E l jueves estás en Sab iñ án igo , ¿n o ? D ate un desvío de
do scien to s kiló m etro s y visítam e E ***, p o r favo r: ten go un ligue
en Z arago za, y n ecesito tres días: viern es, sáb ad o y do m in go . Só lo
h ay que visitar a do s clien tes, p ero ten go un a co sech ad o ra ven dida,
seguro ; ah í vam o s «a p ajarito s», ¿quieres?
M e h ice un p o co de ro gar, p ero m e dab a igual ir a E *** que
a cualquier o tro sitio : el viern es p o día p as árm elo co n du ciendo ; y
en cuan to a rezar... p o d ía rezar do n de quisiera, si es que vo lvía a
h acerlo .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
40
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El ciervo herido
R em o n tab a ya una h erm o sa carretera que se p egaba a la
L a villa de E *** se extien de en m edio de un a llan ura fértil,
ladera sur de lo s P irin eo s, co n tem o r de desp ren derse y caer a la
que b añ a el R eguera y, lo s añ o s de lluvia, un b razo del E sp et.
llan ura. P asé un indicad o r, co n un n o m b re que m e reson ó den tro .
D esde lejo s vi las ch im en eas de la fáb rica, un edificio de p rin cip io s
«P o r lo s p uerto s de A n só y H ech o », reco rdé auto m áticam en te,
de siglo que ten ía ah o ra un a actividad m o rtecin a. H acían te jas,
«alcan za la raya H uesca, / sigue el p aso de C an fran c, / G avarn í y
h ilaturas, o p uede que m ueb les. T ras tres añ o s de viajan te de
p uerto de B ielsa».
ab o n o s p o r el D elta, co n fiab a en n o ten er p ro blem as co n el
P aré cerca de la cu m b re, en un en san ch e del dim in uto
catalán .
cam in o , p ara m irar el p an o ram a, p ero n o p u de h acerlo . E n el
F errer lo h ab lab a cerrado , p ero a m i segun do desco ncierto
esfuerzo defin itivo p o r alcan zar la cim a, el in gen iero h ab ía
se p asó al castellan o sin reb o zo : lo que quería era, efectivam e n te,
decidido h en dir u n h o rren do p eñ asco , dejan do al descub ierto las
co n tarm e lo de su h ija.
n ervaduras p étreas. M e atrajero n m ás que la llan ura, p o rque vi lo s
estrato s o rd en adam en te disp uesto s, lo s b lo ques regulares que se
— ...Y co ñ o , claro , en to n ces, ¿qué ib a a h acer yo ? U sted:
¿qué h ab ría h ech o?
exten dían en tre ello s, y m ás allá un elegan te p liegue cerrán do se
L e m iré den tro de lo s o jo s:
so b re sí m ism o . H ierb as desp istadas b ro tab an de b an das m u y
— Lo
co n cretas d el co rte, desp recian d o , co n sab idu ría de connaisseurs,
m ism o
— h ice un a p ausa— . T en ga, aquí, do s
catálo go s: un o p ara su cuñ ado .
o tras p ró xim as y ap aren tem en te m ás n u tritivas. «O h , Señ o r,
M e dio un a p alm ada fuerte:
Señ o r», llam é h acia den tro , «T ú sab rías p o r qu é». Y p o r resp uesta
— E s usted b uen o , m ejo r que el taram b an a de..., claro que
m e llegó co n fuerza el silen cio de la cu m b re.
él es m as jo ven . L o q ue yo digo : si un o n o ap ren de...
— F errer, el d e «R ep uesto s Idem »: salud o , te cuen ta lo de su
R um b o h acia F axó , p asé p o r un a tien da de m ateriales, de la
h ija, n o quiere n ada, p ero le dejas do s catálo go s n uevo s (un o p ara
que n o m e h ab ía dich o n ada m i co m p añ ero . E n el escap arate u n as
su cuñ ado ). P uedes in vitarle o n o a un a cañ a: da lo m ism o — m e
p o leas de go m a se fo silizab an co n to do el tiem p o p o r delan te, y el
h ab ía in struido B en ito en cuan to acep té — . F axó : m uch o o jo : ah í
p liegue casual de su co lo cació n p rim era, h acía año s, se h ab ía
te juegas el tercio de la co sech ado ra (y yo m ás). D irá qu e sí, te
co n vertid o en su fo rm a p ro p ia. A la derech a un en gran aje
firm a la p re -co m p ra, p ero ya no le dejas h asta que se acuest e: si te
p o lvo rien to servía de resp aldo a un juego de ro dam ien to s a b o las,
in vita al club M arilyn , tú le sigues; si te p aga la ch ica, tú aden tro ,
co lo cado s de m ayo r a m en o r co n m eticulo sid ad de m an iaco . E n
luego h arás lo que quieras, rezáis el ro sario ju n to s, p o r ejem p lo .
un a esquin a se ajab an , in diferen tes, ado rn o s de alguna N avidad, y
F o n tes... P o drías ver a F o n tes tam b ién : éste, si le en tras b ien , te lo
un a b o la p lateada co n cen trab a, p o r p ro digio de la óp tica, to do el
fo llas. Seguro . E l resto , a tu aire.
cielo , la calle, el m arco defo rm e del escap arate, y u n a figura
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
41
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El ciervo herido
o b lo n ga rem atada p o r can as: yo m ism o . M e en co gí de h o m b ro s y
iglesia, que m e hub iera o currido de p ro n to co m o si se h ub iera
en tré.
ap agado algo p ara siem p re. O co m o u n a casa que un o visita de
L a o scuridad in terio r q uedab a vio len tam en te ro ta p o r u n
co n tin u o , y en la que es b ien recib ido , de go lpe descu b ierta
tub o de n eó n que derram ab a un a luz fría so b re la m ujer co n el
in h ab itada, y co n sign o s de h ab erlo estado desde h ace m u ch o
p elo tiran te h acia la n uca, detrás del m o strado r.
tiem p o .
— B uen as — saludé, co rdial, ten dién d o le un catálo go —
so y... — n o m e dejó d ecirlo :
L a so m b ra de la to rre o cto go n al de la iglesia exten día an te
m í un a alfo m b ra de fresco r, que seguí co m o la o p ció n m ás
— ¡F erm ín !: ¡un C iervo n uevo !
agradab le, y eso m e llev ó in evitab lem en te al p o rch e y luego h asta
T em b ló un p o co m i m an o co n la efigie (era cierto ) d el
la p uerta. M iré descuid adam en te un o s carteles, an uncio de algún
an im al astado , em b lem a de m i em p resa, grab ado en el p ap el.
acto , clavado s co n ch in ch etas: ó jala lo s h ub iera leído co n cuidado .
«F erm ín » ya em ergía d e la tram p illa del só tan o , com o un a m ala
P ero del in terio r bro tab a un aire h elado , y decid í p ro bar lo .
h ierb a.
A n tes, cuan do entrab a en la iglesia lo h acía sin un esp ecial
— ¡H o m b re! ¿Y el o tro ? ¿A h o ra m an d an a un o n uevo ? P ues
sen tido , co m o tal vez el am an te de las m o n edas an tiguas p ued e
déjem e decirle, tam b ién , dó n de p uede m eterse, h ech o un ro llito ,
en trar a un co n cierto : p ara ver en el arro b o de lo s gu sto s ajen o s un
to da su p ro p agan da. ¿Sab e cuán to s p ro b lem as tuve co n un a de su s
eco de lo s p ro p io s. V eía m uy curio so que les h iciera falta u n sitio
b o m b as? E stan do en garan tía, o n ce rep aracio n es. Y en cuan to
co n creto , ¡y estar jun to s!, y aún m ás ridículo , el con curso de un
acab ó el añ o ... C om o m e dijo ella: m án dale a to m ar p o r culo , y a
tercero , p ara dar parte a D io s de sus an gu stias. Y ah ora ib a a en trar
to do s ello s, p ara siem p re jam ás.
en un a co m o b uscan do ap o yo .
Salí tem b lan do un p o co , p ero p ro n to m e rep use. L a
B ien p revisib le, al fin y al cab o , a las do ce de la m añan a en
m aquin aria, p en sab a, era m i m edio de vida: yo n o la h acía, yo n o
la in dustrio sa villa d e E ***, la iglesia estab a vacía, in un dada p o r lo s
estab a n i siquiera den tro de ella: ¿có m o h ab ría de afectarm e? U n
p eculiares
lejan o dep artam en to de p ro ducció n h ab ía h ech o lo que les
estab lecim ien to s. D esn uda, m o strab a a regañ adien tes (co m o p ara
m an dab an , lo m ejo r que p o dían , y un o b rero d o rm ido , un viern es
n o ser acusada de ico n o clastia o p ro testan tism o ) un a im agen de la
p o r la tarde, h ab ría so ld ado m al un rab ito . N ada m ás.
V irgen en un rin có n , un san to m ás allá. N o era un sitio h ab itado
eco s
e
in co n fun dib le
aro m a
de
este
tip o
de
P ero to do esto eran razo n am ien to s ló gico s, y p o r tan to
p o r la devo ció n , sin o p o r la lim p ieza, co m o un exp edien te que lo s
im p reciso s, van o s, cuan do h acía p o co tiem p o m e hab ría b astad o
n aturales sup ieran que n o ten ían m ás rem edio que cum p lir. T al
un a p legaria m uda de auxilio , y h ab ría quedado tran quilo . C urio so ,
vez, recuerdo que p en sé, dirigieran su s fuerzas h acia otra p arte...
p en sé m ien tras corría a p ro tegerm e d el crud o so l a la so m b ra de la
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
42
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El ciervo herido
A p un to de dar m ed ia vuelta e irm e, un cura an cian o
cerrab a co n esfu erzo s un a p uerta p equeñ a, dab a varias vueltas de
llave, y salió m iran do a través de m í, co m o si fuera tran sp aren te.
¿Y a?, ¿tan p ro n to ?, p en sé, co n un escalo frío .
— E n m ayo ya sub en — le dije, en un últim o in ten to — , y
n o n o s diga n ada. B en ito sen tirá que n o quiera.
F axó
cab eceab a,
cazurro ,
y
eso
me
lib eró
de
m is
p reo cup acio n es:
F axó se h ab ía ido a com er cuan do llegué a la tien da de su
m ujer (m e lo dijo su h ijo , un m o cetó n n o m al p arecido ): estab a en
su casa, al o tro lado del p ueb lo . ¿P o dría vo lver a las seis? C alculé
m en talm en te: el alm uerzo , la siesta.
— ¡E stá b ien ! D e to das fo rm as n o v o y a p erder el tiem p o :
¿le h ace u n cub a-lib re?
L o to m ó de w h isky sego vian o , co m o suelen h acer, y yo le
aco m p añ é co n uno m ás ligero : en cierto s m o m en to s n o p uedes
V o lví al co ch e, saqué m i p equeñ a cartera y m e acerqué a la
fo n da. A lo s cin co m in u to s un a ch ica agradab le m e co n ducía a un a
h ab itació n b lan ca co n las co n traven tan as en to rn adas que velab an
la en trada del sol vio len to . L a cam a tersa m e in vitó desde un
excederte. E n el p ub H akeldam a só lo h a b ía un cam arero serio , co n
el p elo m uy largo , y n o so tro s en la b arra.
— ¿A sí que en Z arago za, eh ? ¿Y có m o está? Seguro qu e
b uen ísim a. E stán b uen as las m añ as. A h o ra, que b uenas, b u e -n as...
p rin cip io , y cam bié de idea. C erré la p uerta tras ella, co n un
D ejó la frase en el aire, sign ificativam en te. Y o le h ab ía
vislum b re de sus n algas m en udas avan zan d o p o r el co rredo r.
co n tad o el m o tivo de la sustitució n de m i co m p añ ero , p ara crear
E xten dí el p erió dico a lo s p ies, m e tum b é sin q uitarm e lo s zap ato s,
co m p licidades, p ero al p arecer só lo le h ab ía d esp ertado su lib ido .
y co n do s resp iracio n es p ro fun das m e sum ergí en la p az y en un
sen tim ien to n uev o de esp eran za.
— ... B uen as, b uen as, lo que se dice b uen as, p u es qué v o y a
decirle, p o r aquí m uch as n o h ay. P ero p lan es, si quiere un o un
p lan ... A m i edad (y eso p uede que le so rp ren da), lo s p lan es n o m e
faltan ... E so sí, p agan do — to m o alien to , y ago tó el segu n do
vaso — . ¿P o r qué n o se vien e esta n o ch e? A l M arilyn , a do s
kiló m etro s y m edio , llegan do casi a F ***. L e espero allí a las
F axó ya m e esp erab a cu an do llegué a la tien da, p ero p ro n to
n ueve. ¿V ale? ¡N iño !: do s m ás.
m e di cuen ta de que n o ib a a co m p rar n ada, p o r lo m en o s a m í. L a
C o m o estab a p revisto , dije en seguida que sí: n o to do
ven ta es u n fen ó m en o curio so , en el que co n frecuen cia lo que
estab a p erdido . E n el o ficio n uestro , la p arte m ás lucida del sueldo
m en o s tien e que ver es la n ecesidad del co m p rado r, y que la
so n las co m isio n es; descuídate un p o co , y te verás gan an do lo que
m ercan cía
un p eó n de alb añ il, o un m aestro de escuela. L evan té el va so :
esté
co m p rarle algo
disp o n ib le. F axó
a B enito, y su
quería, co n
rep en tin o
to da
clar idad,
desin terés p o r la
co sech ado ra era un a reacció n de am an te desdeñ ado .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
— P o r la m ism ísim a M arilyn ... A un que sea p agan do — y el
ataque de risa le p illó a m edio trago , y ap arte de regarm e p u de
43
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El ciervo herido
h ab erm e en co n trad o co n un clien te asfixiado , y la n och e n un ca m e
la carn e h asta co nvertirla directam en te en un a p ulp a san guin o len ta,
h ab ría dado el regalo qu e tuve.
las ch icas se desp legab an a un lado y o tro de la b arra (co m o en un a
ficticia divisió n del trab ajo : las que b eb en y las que sirven ), p ero
to das sen tadas en altísim o s tab uretes que co n tribuían , co n las
faldas co rtas y de h en d iduras extrem adas, a desvelar detalles qu e
un o tal vez h ab ría q uerido n o llegar a co n o cer. E l am b ien te, ten so
E l C lub M arilyn era visib le casi desde un kiló m etro an tes,
y esp eso , se p o día co rtar co n un cu ch illo .
p o rque en la llan ura destacab a co m o un ascua de luz. E ra
L a p uerta de en trada se ab ría co n stan tem en te.
realm en te p equ eñito , visto p o r fuera, y lo s d o s o tres cam io n es que
— E s viern es. V en drán m uch o s, au n que sea la víspera.
se alin eab an en la exp lan ada p arecían m ás gran des qu e el lo cal.
¡M ire!: ya está aquí su h o m b re.
L uego den tro n o : so b rab a sitio p ara la b a rra y, a la derech a de la
p uerta y cu b ierto p o r ella al ab rirse, el m o strad o rcillo del
en cargad o , fum and o sin p arar y co n la desco m un al p o rra de
m adera co lgan do del an teb razo . T o davía m ás: al fo ndo de la sala
un a p uertecilla, que sin duda d eb ía co n ducir a un am b ien te m ás
ín tim o y reco gido.
N o h ab ía llegado aú n F axó , y eso m e p u so to davía m ás
— In sisto : un regalo d e am igo — farfullab a F axó — : esto te
lo p ago yo , p o rque sí, p o rque eres un tío co jo n udo , y p o rque n o te
vas de E *** así com o así.
vio len to , p ero desde un a esquin a m e h acía gesto s F o n tes (a quien
— B uen o — dije yo — . V ale. V am o s...
h ab ía visitad o p or fin al caer la tard e, co n resultados n ulo s). M e
P aquita m e co gió de la m an o (un a m an o — la suya— tib ia y
sen té a su lad o en la b arra, y p edí un a cerveza sin levan tar la vista
sudada), y atravesam o s la sala llen a de grito s, p ellizco s y p eticio n es
del suelo .
de b eb ida. So n aro n d o s vueltas de llave, rech in ó un a p uerta y m e
— N o crea — m e dijo — , éste está b ien , p ero el m ejo r es el
C lub K en n edy, en L a A lm un ia de D o ñ a G o d in a. A llí h ay un as...
in un dó el o lo r de cerveza. A lgo se cerró a m is esp aldas y m e tuve
que adap tar a un nivel aún m en o r de luz.
— e h izo gesto s d e ad m iració n co n lo s o jo s, b o ca, trem o lar de
A un lad o y o tro se a lzab an p ilas de cajas de b eb idas que
m an o s y agitació n gen eral— P ero éste n o está m al. A ún n o h a
ap en as dejab an sitio a un catre co n un a m an ta. E l alm acén -
ven ido P aquita, n i P ep a: em p iezan a las n u eve.
reservado era u na dign a co n tin uació n del b ar. C arrasp eé, sin
D i un o s so rb o s, y m e atreví a levan tar la m irad a: in un dad o
to do en luz ro ja, un ro jo fuerte que acrecen tab a la sen sualidad de
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
m irarla.
— Sácatela.
44
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El ciervo herido
T ragué saliva:
C asi ah o gado p o r el h u m o y la o p resió n en el p ech o , h ab ría
— M ira, P aqui. N o quiero h acer n ada, de verdad. N o esto y
dado cualquier co sa p o r ten er u n resp iro : «¡A l K en nedy!», grité, y
b ien . E stam o s u n rato , y luego salim o s. G racias. E res u n a tía m aja.
lo celeb raro n m uch o . M e en co n tré em b utid o en el asien to trasero
¿D e d ó n de eres?
de m i p ro p io co ch e, en tre do s vo ciferan tes. Jo an m e h ab ía dich o ,
— ¿T e la sacas, o te la saco yo ?
co m o un a co sa hech a: «M e h ago cargo de to do . T ú n o p ued es
Se h ab ía sen tado en el b o rde del lech o , co n las piern as
llevarlo , y yo sin em b argo sí». C o n ducía de un a fo rm a suicida, y
cruzadas. Se h um edecía lo s lab io s co n la len gua, y ap agab a el
cigarrillo en el suelo , co m o disp o n ién d o se. E n to n ces m e m iró p o r
p rim era vez a lo s o jo s, y algo m e h izo «clic». P en sé: «¿P o r qué n o ?»
P en sé: «N o T e o igo ». Y ya n o p en sé m ás.
V o lví a la b arra, y fui recib ido co n go lp es y co dazos, p ero
n o en ten dí n ada. P edí u n cigarrillo , aun que n o fum o , y un vaso de
to do s le gritab an :
— Jo an , n o te p egues la to rta, que trab ajas m añ an a — y p o r
algun a razó n p arecían p reo cup ado s p o r ese h ech o .
E l co n testab a, seren o :
— «M e cuido d e m í m ism o » — co m o un a frase plen a de
sign ificado , y to d os la reían .
w h isky. L uego invité a to do el grup o , al que se hab ía un ido el
Y o estab a ex trañ am en te tran quilo (ten ien d o en cuen ta que
m ism ísim o F erm ín , que m e m irab a co n so sp ech a pro fesio n al de
era m i co ch e), lúcido y p ercib ien te. In clu so m e di cuen ta de que
en em igo de lo s C iervo s. M e en co n tré h ab lan do co n el cam arero de
h ab ía gan ado . A p ro vech é un a p arad a an te un p aso a n ivel: un largo
p elo s largo s, que acab ab a de cerrar el H akeldam a, y ven ía p o r la
tren de m ercan cías a to da velo cidad descargab a sob re n o so tro s
últim a co p a. A diferen cia de sus co m p añ ero s, n o clavab a an sio so
b o fetadas de aire a in tervalo s regulares (y cad a un a de ellas n o s
la vista en las ch icas, y creí ver en su s o jo s el m ism o deseo de n o
p erm itía vislum b rar la lun a n acien te al o tro lado ). L e dije a F axó ,
h acer uso de la im p u n idad que m e h ab ía reten ido a m í. N o
que m e h in cab a un co d o p o r la derech a:
h ab lam o s de eso, p o r un p udo r co m p ren sib le, p ero en un
— Si quieres, la firm as: la llevo aquí en cim a.
m o m en to dijo :
M e m iró seriam ente:
— C o n o cí a un a, h ace tiem p o . Y ella era un a p erso n a —
h izo un a p ausa — . P ued es llam arm e Jo an .
— T ien es suerte — le dije, en un susurro — . Y o m e h e
quedado so lo . E n to do s lo s sen tid o s...
L uego n o s sep araro n , y un F axó atro p ellado in sistía en
devo lverm e la ro n da, y a esa siguiero n o tras.
— E res un tío b ien gran de. L a P aqui m e lo dijo . B en ito n o
te llega n i a.... Y a ib a yo a p edírtelo .
Saqué el do cum en to d e co m p ra y le p asé el b o lígrafo ; vi
co m o firm ab a trab ajo sam en te so b re su ro dilla, justo a tiem p o de
que p asara el últim o vagó n . L e retiré am b as co sas, y el co ch e
reto m ó su carrera velo z, co n m ás an sias, co m o p ara recup erar el
tiem p o p erdid o .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
45
Nueve Veranos de José Antonio Millán
El ciervo herido
P aram o s en varios sitio s, co n ch icas y sin ellas: algun a
— N o te dejaré n unca. M e iré, y vo lveré luego p ara ya n o
tab ern a rural en que p o n ían video s p o rn o gráfico s en el televiso r
irm e — m e dio la esp ald a, co m o a to do s, y descen dió la cuesta. N o
p ara un p úb lico ceñ ud o y en vuelto en h um o ; b ares de carretera
p ude co n ten erm e:
h ab itado s p o r viajero s so litario s que so rb ían cafés do b les en el
últim o esfuerzo p o r m an ten er la vida; o tro club d e n o m b re
— ¿Q uién es?, ¿qué es este ho m b re? — m e en caré co n F axó ,
que se o b stin ab a en m irar al suelo .
am erican o , a do nde se h ab ían ap resurado a llevar a las m ism as
— E l D eu — co n testó — : D io s. C reí que lo sab ías.
ch icas que h ab íam o s d ejado en el an terio r. Y luego , cuan d o en el
M ien tras p o n ía las co sas en el co ch e m e ro deab an las turb as
h o rizo n te m ás que verse se p resen tía la claridad del día, un a
de Israel, p o rtando ram o s de o livo . C o rrían algun o s so ldado s
cafetería del p ueblo qu e acab ab a de levan tar lo s cierres, y c uya
ro m an o s h acia su d estino , y un Su m o Sacerd o te p asó recogien do
m áquin a de café «aú n n o ten ía p resió n » según el cam arero
su tú n ica p ara lib rarla d el p o lvo .
desp ein ad o : «N o im p o rta», dijim o s casi a co ro ; y se alin earo n lo s
vaso s.
Y m ien tras atravesab a p o r últim a vez las calles desiertas, la
in dustrio sa villa de E *** se p rep arab a u n añ o m ás p ara rep resen tar
A l salir a la calle, sin p o n ern o s de acuerdo ech am o s a an dar
en direcció n a la auro ra, aleján do n o s del co ch e po r un a calle
em p in ada que acab ab a en un resp lan do r ro sa. A rrib a, fum áb am o s
en silen cio , m ien tras asistíam o s a la b atalla p rim o rdial cuyo
resultad o creíam os ya co n o cer.
D esde el p rin cip io de la n o ch e era ya distin to , p ero h acía
un o s m in u to s Jo an h ab ía em p ezado a crecer se, y sus co m p añ ero s
se ap iñ ab an en un grup ito , a cierta distan cia. Y o , en tre un o y o tro s,
sen tí que el aum en to de luz se co n vertía en un to rren te de
an gustia. M iré a m i derech a, y luego a la izquierda: erguía su p erfil
p erfecto , y la larga m elen a h ab ía ad o p tad o lo s d estello s del día.
— ¿Q u é
p uedo ;
qué
p o dría
h acer?
— me
p regun tarle.
Jo an m e m iró len tam en te:
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
escuch é
su P asió n .
46
E l esp ía g eog ráfico
Nueve Veranos de José Antonio Millán
M i h isto ria trata de un pandhit, de un o de eso s esfo rzado s
m iem b ro s del cuerp o q ue creó el co ro n el S to n ew all en la In dia,
p ara carto grafiar el in m en so territo rio en em igo q ue les ro d eab a.
D isfrazad o s d e m o n jes, co n la tú n ica azafran ada sob re el
cuerp o , y el grad o de su b o ficial de la R ein a en el co razó n , n ada era
lo que p arecía. E l ro sario esco n día u n áb aco , y el p uño del b astó n
un sextan te sim p lificad o . L o que b isb iseab an co n stan tem en te n o
eran o racio n es, sin o cifras. Y a n uestro pandhit le en co m en daro n
carto grafiar el T ib et.
C o n el p aso m edido y un ifo rm e que era la clave de to do ,
sub ió y b ajó las m o n tañ as del N ep al, vad eó río s, se un ió a
m ercaderes, fue rap tado p o r b an did o s y cuan do se escap ó ,
desan duvo el cam in o en un ro deo que le h ab ría p erm itid o llegar de
B risto l a E dim b urgo .
C o n el m urm ullo en lo s lab io s reso lvió p aso s en m illas, las
m illas en do cen as d e m illas, y las d o cen as en gruesas, que m arcab a
co n guijarro s en un p liegue de la tún ica. ¡U n h om b re descalzo p ara
m edir un a exten sió n gigan tesca, cuan do la o rto do xia agrim en so ra
exigía len tas cab algaduras que arrastrab an un a rueda de do s m etro s
de diám etro !
E l viaje duró tres añ o s. V o lvió , dib ujó un m ap a con un a
p recisió n que h o y sab em o s aso m b ro sa, y se retiró con h o n o res a
lo s cin cuen ta añ o s. V ivió m uch o , co n o ció a sus n ieto s y hasta el
fin al se p uso el un ifo rm e del ejercito b ritán ico lo s días de fiesta.
E n su vida p lácida ro deado de lo s suyo s, p o dríam o s p regu n tarn o s
qué le quedó d e su aven tura, de n o ser p o rqu e n o s h a llegad o (a
través de las m em o rias de Sto n ew all, V eranos del Panjub) el
so b ren o m b re co n el que fue co n o cid o el resto d e sus días.
T raducido de su dialecto lo cal vien e a ser: «el que m urm ura
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
cuan do cam in a».
47
E h tú , L eó n
(carta len ta)
Nueve Veranos de José Antonio Millán
«Salim os, y alguien p rop uso ir a un b aile en el V II e . N o s rep artim o s
en tre los co ch es, y yo m e las ap añ é p ara sentarm e en la p arte d e atrás d e un
in vero sím il P eugeot al lad o d e la m ujer d e m i am igo , esa d elicio sa m o ren ita. M i
p ro p ia co nsorte d esap areció en co m p añ ía d e un crítico d e cin e, b arb udo , co n
quien estaría to d a la n o ch e. L a m ía, b astan te m ás m o vida, n o h ab ía h echo m ás
que em p ezar...»
L eón X . d e Y ., L as cuatro garras del león , Z ***, E d icio nes W ***, 198..., pág . 101
C o m o a p esar de n o ser crítico de cin e, n i b arb udo , resulta
que fui yo quien desap areció co n tu m ujer, y co m o la ún ica versió n
que se h a difu n dido del suceso h a sido la tuya, p o r la sim p le razó n
de que co n cierta p erio dicidad dep o n es tu s to rp es an dan zas
cam ufladas en form a d e n o vela o lib ro d e cu en to s, que alguien
(n o rm alm en te una D ip utació n ) tien e el m al gusto de editar, m e
p aso m o m en tán eam en te a tu terren o : aco p io p ap el, em p uñ o el
b o lígrafo , y m e ap arto de m is queh aceres h ab ituales p ara dar
cuen ta d e lo s h echo s.
N o lo h aría, desde luego , si n o h ub iera ten ido la m ala suerte
de to p arm e co n tu lib ro (p o r m ás señ as, en un p uesto de saldo s de
la C uesta de M o yan o ): el h o rm iguillo p rim ero de reco n o cerm e, y
reco n o cern o s, a tan to s añ o s de distan cia, y la ira desp ués an te el
falaz p árrafo de la p ágin a 101, y las in so p o rtab les, dem o radas
cuaren ta y seis restan tes. Y n o h ago esto po rqu e esté en juego m i
h o n o r, n i el de E .T . (co m o cín icam en te ro tulas a tu «co n so rte», la
sen sib le E len a T orres): n o ten em o s de eso . T am p o co p o rque sea
aquella n o ch e un tem a deb atid o en tre lo s p articipan tes en esa
jo rn ada glo rio sa. E s m ás: quitan do a E len a (do n dequiera que esté)
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
48
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Eh tú, León
(carta lenta)
y a m í m ism o , dudo qu e n adie la h aya co n servado en su m em o ria:
p ersp ectiva de desco n o cer al o ch en ta p o r cien to de lo s p resen tes,
Jo sé L uis, en tregado a sus p ro gram as de televisió n , A lfredo
y de que ese alto p o rcen taje p areciera m u y cap az de seguir en ese
p ró fugo de la Justicia, C arm en en la galería, el C anario co n su s
estad o el resto de sus d ías. Salvo E len a, y to do fue p o r culp a del
h isto rias p o lvo rien tas, y L eó n en el p siquiátrico (¿ves, querido , qué
p añ uelo que yo llevab a al cuello (luego , en m is b razo s, m e
fácil sería cam b iarte de casilla? — p ero n o : es só lo un a b ro m a).
co m en taría — co n esa terrib le avidez de lo s am an tes p o r rem ach ar
Y an te to do : lo s h ech o s n o tran scurrían en P arís, co m o
co n p alab ras el p un to de in flexió n en que p o dría n o h ab er
claram en te h ab rías deseado , o h ilu so (n o acab o de en ten der esa
o currido — có m o h ab ía p rescin dido p o r co m p leto de m í, m i
m an ía de lo s n aturales de Y *** p o r dar u n b arn iz co sm o p o lita a
p revisib le asp ecto, m is p alab ras escasas, h asta lo s p ostres, cuan d o
sus m uy triviales actividades en la cap ital). E ra un a n o ch e
sen tí frío y m e lo p use: ¡alguien co n ese p añ uelo n o p o día ser
m adrileñ a típ ica: cálida, radian te, y sem b rada d e verb en as p o r las
h ab itual! — la p o b re Isab el siem p re m e hab ía esco gido b ien la
fiestas.
ro p a: ella era la p oco h ab itual).
D ejadm e reco rdar. N o es que h aya p asado m u ch o tiem p o ,
T am p o co p uedo reco rd ar n i un a p alab ra de lo que se h ab ló ,
p ero (deb o co n fesarlo ) h a h ab ido d o s o tres crisis im p o rtan tes
p ero
aquí
p uedo
em p ren der
un
in structivo
ejercicio
de
desde en to n ces, y a m edida que yo ib a em ergien do m ás n ítido , lo s
reco n strucció n ; in structivo y adem ás in o cuo : n o afecta dem asiado
h ech o s an terio res desgastab an sus p erfiles, p o r algún tip o de
a lo s h ech o s p o sterio res. L a verdadera acció n co m ien za en la
co m p en sació n extrañ a. P o rque la verdad es qu e yo en to n ces existía
desb an dada. P ues b ien : h ab laría A lfredo to do el tiem p o , co n su
m uy p o co . P regun tad, p regun tad en tre lo s m edio s artístico s y de
verb o de an fetam ín ico ; «su » p o b re R uth n i u n a p alabra; el C an ario
p erio dism o de la cap ital, en señ ad in cluso un a fo to grafía de la
sí, p o r b o rrach o ; C arm en lo ju sto , y L eó n igu alm ente (p o rque el
ép o ca, y a ver quién p uede situar, y dó n de, a ese jo ven p álido co n
m uy cab ró n estaría ya fraguando : «A q uel p equ eñ o restau ran te de
o jo s de carn ero dego llado .
M o n tm artre...»). Y yo , n ada en ab so luto . E so en cuan to a la
M i p resen cia en la cen a; p rim er p un to n o tab le, y prim era
can tidad. P o r em iso res y destin atario s: E len a m e pregun taría un
decep ció n : n o sé p o r q ué estab a allí. Só lo co n o cía a A lfred o (y a
p ar de co sas (h acia lo s p o stres); A lfredo h ab laría a to do s, o m ás
R uth , claro ; p o r lo gen eral lo s m atrim o n io s co n stituyen un lo te),
b ien al éter; L eó n só lo co n R uth , eso lo recuerdo p o sitivam en te, y
p ero tam p o co n os frecuen táb am o s dem asiado , p ara m i d esdich a.
n ada co n su m ujer. Y ah o ra lo s tem as (n o sé si se p ro cede
Sup o n go que alguien se p asaría p o r la revista d o n de trab ajab a, o yo
exactam en te así: hace dem asiado q ue n o leo n o v elas).
cazaría al vuelo la in vitació n . L o h acía co n frecuen cia, aun que
Se h ab laría, p ues, del últim o lib ro de L eó n , d e la televisió n
luego n o rm alm en te m e arrep in tiera. N o esa n o ch e. P ero allí
(que em p ezab a a ten tarles a to d o s: ¡qué in m en so erro r!), de galerías
estáb am o s to do s: yo m ism o en un a esq uin a, co n la in quietan te
de arte, ch ism es, del calo r de la n o ch e, de lo cales no cturn o s, de
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
49
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Eh tú, León
(carta lenta)
restau ran tes, de co m ida, del p o stre, del café, de lico res. B uen o : ya
E n la p rim era curva co m p rueb o el carácter delicio sam en te m uelle
vam o s p o r las co pas.
— «n eu m ático », decíam o s en to n ces — del cuerp o de tu m ujer.
F ui yo («alguien »; «co n b arb as») el que h ab ló d e la verb en a.
D ías m ás tarde le dediqué un so n eto , en alab an za de su s
¿P o r qu é? B uen o: ya estab a b ien , y adem ás an siab a sen tirm e en
b ellísim o s sen o s y recuerdo del m o m en to en qu e to m é co n cien cia
terren o p ro p io de un a vez. C o m o el m ás jo ven de lo s p resen tes,
de ello s. L o in tercalo aquí, in terrum p ien do la acció n , p ara que se
m i p ro p u esta fue recib ida co n reco n o cim ien to y en vidia: él «sí» que
vea la altura de la p asió n que, si b ien p o co duradera, llegó a
sab e,
in sp irarm e:
lo s
sitio s
do n d e
«se»
va,
etc.
N aturalm en te,
di
las
in d icacio n es m al, y la exp edició n , fragm en tada, n unca p o dría
vo lver a reun irse. N o lo h ice ap o sta: sen cillam en te, esas co sas m e
P o r alum b rar la joya de C astilla
p asab an . N u n ca hab ría o sado in terferir a sab ien das co n el A zar
se ap resurab a F ebo un a m añ an a:
(divin idad a la que en to n ces sacrificab a to d o s lo s días), y adem ás a
p ro n to sus rayo s cu b ren la galan a
aquellas alturas tam p o co ten ía n ada que p erder.
m arañ a de tejado s de la V illa
D e cam in o al ap arcam ien to , ¿có m o n o s rep artirem o s?
A lfredo m e lleva h acia su co ch e co gido del h o m b ro, co n tán d o m e
y C o rte. Y a se yergue, ya la o rilla
co sas. Y o esp ío de reo jo la situació n de R uth . F in jo un go lp e de
de so m b ra retro cede: estalla en gran a
to s que m e lib era al tiem p o d e su ab razo y su ch ách ara, que sin
la fach ada de O rien te, m ás se afan a
tran sició n dirige hacia o tro . P ero ya es tarde: un ávido L eó n m e h a
y en la p laza cercan a, ¡o h m aravilla!
in tercep tad o y se sep ulta co n R uth en la trasera de o tro veh ículo
(el «P eu geo t»). A h o ra p uedo decirlo : R uth m e gustaba, m e gustab a
arden las lan zas. C uen tan que ese día
m uch o , p u ede in clu so q ue la quisiera, y un a acció n m ás decidida
do s p alo m as gem elas qu e en tre lazo s
en ese m o m en to m e p o dría h ab er garan tizado : en esa n o ch e
de seda n egra p resas susp irab an
co n creta, acceso carn al, sin duda; desp ués d esayun o so lead o a
m edia m añ an a, cita p ara m ás tarde y, ¿quién sab e?, tal vez h o y n o
ech aro n a vo lar en la alegría
estaría... N un ca p uede d ecirse.
del co n tacto so lar, y en tre un o s b razo s
A lfredo m e reclam a desde su co ch e, tam b ién atestad o, y m e
en co n traro n el n ido que an sïab an .
h un do en un h ueco al lado de E len a. E lla m e so n ríe. Se rep iten las
in dicacio n es — ¡ay!, tan falaces— , en tre risas y algarab ía etílica, y
R esum ién d o lo m uch o , éste p o em a n arra el am an ecer en
p arten lo s veh ículo s. E l C an ario o ficia de co p ilo to (in o lvidab le).
que n o s b esó el p rim er so l en la exp lan ada de la A rm ería, y acaricié
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
50
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Eh tú, León
(carta lenta)
sus sen o s. E ra — es, su p o n go , p o rque con fío en que a p esar del
sueñ o , y se m arch ó . E l C an ario fue tragad o p o r la n o ch e, en
tiem p o tran scu rrido la flaccidez n o h aya h ech o m ella — del curio so
co m p añ ía de alguien m ás que sin duda tuvo q ue estar ah í to do el
tip o de m ujeres cuya v estim en ta disim ula la ro tun didad de un as
tiem p o , p uesto que en el co ch e h ab íam o s id o realm ente ap retado s.
fo rm as m arm ó reas, b ien p o rque, p o r p ud o r u o tro m o tivo (co m o
L o s restan tes n o s ap iñ am o s en un a m esa del lo cal. ¡Q ué jaleo !
la escasa b o ga con tem p o rán ea de curvas tan señ aladas), quieran
E len a cum p lía b ien su p ap el de fo rán ea su b yugada po r la vo rágin e
esco n derlas a la avidez gen eral o b ien p o r ign o ran cia del p o der de
del M adrid la nuit (¡esto sí en fran cés!). A lfred o sacó p rim ero lo s
excitació n que tien en en tre n o so tro s. Sea co m o fuere, lo que
p o rro s, luego las an fetas, y p o r últim o p idió cub alib res. Y o en
descub rí b ajo la am o rfa sup erficie del jersey era n o table. P ro sigo .
aquella ép o ca to m ab a de to do — p o r eso p asó tan p ro n to , la
Y b ien : p o dría con tar ejem p larm en te, p orque d e eso sí que
ép o ca— , y le seguí. E len a co lab o ró co n dign id ad. E l am b iente se
m e acuerd o , la llegada a la p laza, que n o só lo n o estab a do n de yo
caldeó h o rro res, p o rq u e p ráctic am en te to d o el m un do h acía lo
h ab ía asegurad o , sin o que adem ás n o ten ía n ada de verb en era:
m ism o .
n egra y desierta. T am b ién la b reve esp era que n o s co n ven ció de
garan tizarlo )— ap areció un tragafuego s en m edio de la m ultitu d.
que el resto de lo s co ch es se h ab ía p erdido . P ero, curio sam en te, a
G em ido b ro n co de la deflagració n so b re n uestras cab ezas, el
n adie p areció im p o rtarle. Y o m e sen tía cu lp ab le; ap arte de
reb ufo de aire ardien te y un a llam a dim in uta b aila un o s segu n do s
h ab erm e sep arado de quien m ás m e im p o rtab a, dab a to do la
en n uestras p up ilas dilatadas.
En
un
m o m en to
— juraría
(au n que
no
p ued o
im p resió n de ser un a m an io b ra, un a acció n p ro pia de lo que
M e en co n tré co n que la m an o cálida de E len a m e acariciab a
en to n ces se llam ab a un «b uitre»: aquel varó n que, in cap az de
el cuello . D esp ués b esó a A lfredo un rato , y yo m e fui a co m p rar
seducir en luch a ab ierta, aísla p rim ero , ab ru m a y asedia desp ués,
tab aco . A la vuelta estab a ella so la. T o tal: un deso rden.
p ara acab ar o b tenien d o al fin al, a un a víctim a dem asiad o can sada
L a co gí del b razo, tal v ez co n dem asiada decisió n , y m e la
(o ab urrida) p ara resistirse. Y o n o lo era (y a A lfredo n o le h acía
llevé fuera. P aseam o s d uran te h o ras, p ero n o la to qué. E l azar de
falta), así qu e p ro p use, b astan te juicio s am en te, que si queríam o s
n uestro s p aso s n o s situ ó en el fin de la n o ch e al fin al de la ciudad,
reun irn o s co n el resto la m ejo r estrategia sería ir a un o de eso s
la an ch ísim a p laza desierta que term in a en un descen so ab rup to ,
sitio s do n de va «to d o el m un do » a p artir de cierta h o ra de la
co m o un b arrun to del m ar, jun to al P alacio . L legam o s h asta el
m adrugada (efectivam en te, p asó p o r allí to d o el m un do , m en o s
fo n do , y justo al darn o s la vuelta la m area so lar rebasó el lejan o
ello s do s: R uth , arrin co n ada en u n h o tel; L eó n , p rim ero encim a,
fren te de casas, y la o leada cálida n o s b añ ó , en cen dién do lo to do .
luego den tro , etc.).
E n to n ces, len ta, prem ed itadam en te, acaricié u n o s seno s durísim o s.
Y allí fuim o s. L a extrañ a C arm en (m e en co n traría otra vez
Sub im o s en seguida a casa. M e p idió un a b ata y le di el
co n ella; h asta la en trevisté: n i m e reco n o ció ) an unció que ten ía
kim o n o de seda que Isab el m e h ab ía dejado en h eren cia. D eb ajo
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
51
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Eh tú, León
(carta lenta)
estab a sen cillam en te d esn uda. N o h ab lam o s. S ó lo n o s m iráb am o s,
so lecito de in viern o y cruzo el p aseo h asta llegar a E l B rillan te,
reco stado s en cim a de la cam a tersa. C o n el p rim er estruen do de
do n de m e esp eran , co m o siem p re, el verm u t y las alm ejas.
b o cin as co m p ro bé la in fin ita su avidad de su cuello , y luego
jugam o s a acariciarn o s co m o si h iciéram o s o tra co sa, un trab ajo de
m o delado , o tal vez exp licar a un án gel có m o y p o r qué y de qué
fo rm a cam b ia el cu erp o de un h o m b re, y h acia dó n de. N o s asu stó
el tim b razo del teléfo n o , p ero ella m e v o lvió , y b uscó m i cen tro , y
yo m e vo lví y ella m e cap turó un o s segun do s, y un a heb ra p lateada
fue b reve p uen te co lgan te en tre n o so tro s. L u ego la acaricié por
dentro, y un a n ub e m e sep arab a la fren te de lo s o jo s. H ab ía un a
h ilera de n udo s tren zada en m i co lum n a, y se deslizaro n ,
estallan d o , un o a u n o .
L a h ab itació n de tu «H o tel D uverger» o lía a co cin a y a
cerrado . T en go en ten dido (m e lo co n tó R u th ) que n o te quitaste n i
lo s zap ato s. E lla no se h ab ría dep ilado , ¿o n o llegaste a b ajarle lo s
p an talo n es? ¿C ó m o fue la co sa? ¿T an teo ciego , rep tas so sten ien do
co n un a m an o ; tal vez b ab eas? C o n vulsio n es ep ilep to ides, acto
seguido . Y aún así, ¿d uró to do m ás de m edio m in uto ? (tu s fam o sas
cuaren ta y seis p ágin as).
Q uerido : h e tardad o vario s añ o s en sab er lo q ue tú cree s
que h iciste cuan d o te escap aste co n quien yo quería. T al vez te
h aya in teresad o sab er lo que sí o currió en m i n o ch e.
L an zo ah o ra este m en saje en la b o tella p ara q ue te llegue... cuan do
ten ga que llegar. E sp ero la resp uesta en tre lo s p uestos de M o yan o ,
lo s do m in go s p o r la m añ an a. Y n o h ay n in gu n a p risa. E ch o un a
últim a o jeada a los m o n to n es de lib ro s en sald o y m e aseguro lo s
p erió dico s do b lado s b ajo el b razo . D escien do so lo la cuesta en el
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
52
D o s to rres en la llan u ra
Nueve Veranos de José Antonio Millán
1
— «L a sierra de A lara agrup a su s últim as estrib acio n es en el
an tep ech o de la llan ura del G ran Sal, co m o tem ero sa de
desp arram arse. A llí tiem b la el sisito , y en p rim avera el ai re se llen a
del aro m a d e la cab ia».
— A n im al, vegetal — fui ap un tan do .
— C alla. Sigo . «L o s p o co s to rren tes que h an so b revivido
h asta el altip lan o, se rem an san y o lvidan su co n dició n an tigua.
P ero justo cuan do la llan ura es un a p resen cia excesiva, y río s y
h o m b res se an egan d e h o rizo n talidad, llega la zo n a de las
queb radas.
»L o s p aso s de u n gigan te, o co n vulsio n es geo ló gicas d e la
ép o ca en que el m un do aún era jo ven h an ro to la co rteza en m il
fragm en to s. U n arim ú s en vuelo p lácido so b re la llan ura vería
ab rirse b ajo su vien tre...»
— V ien tre... — rep etí.
— «... ab ism o s, p o zos, grietas, y allá en el fo n do , lejan o s,
cam p o s cultivado s, un a h ilera de árb o les, un p ueblito . E rguido
so b re la cab algadura el viajero que se acerca n o p uede so sp ech ar...»
— ¡A h í está! — grité— ¡T ien e que ser eso !
— N o ... «N o p uede so sp ech ar la existen cia, b ajo sus p ies, de
to do un o tro m und o ». F in del cap ítulo . E l p ró xim o es «Q ueb rad a
ab ajo ». Y n o p uede ser eso p o rque aún faltan m ás de vein te
kiló m etro s. Seguro. T en go el m ap a.
— D am e un b eso — dije.
E n cuan to lo decidim o s, to do fue m u y ráp ido . Se m e
o currió a m í, claro . Y lo dije: «D o n de yo q uiera. E xactam en te
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
53
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
do n de yo quiera. Y adem ás só lo vo y a sab er d ó n de quiero cuan d o
n in gún o rden , salien do un as d e o tras, ab rién do se y cerrán do se al
esté en cim a». Y po r eso vo lam o s a B uen o s A ires. P ero allí n o era.
an to jo de un p lan co m p lejo o im p revisto . Y al fo n do (y ah í
Y luego a M o n tevideo , y h ab ía p ájaro s d e co lo res en lo s árb o les. Y
fracasab a m i im agen ), la h uella p lateada d e algún río, cuad radito s
en un p uesto de la calle vim o s un lib ro viejo que h ablab a de o tro s
de verde, y algun a rara casa. R esp iré h o n do .
lugares; co m p ram o s un m ap a y (n un ca lo h ab ría creído ) alquilam o s
— A llí den tro — y exten dí el dedo .
un co ch e p ara ir hacia el n o rdeste.
— ¿P ero n o íb am o s h acia — deb ió reco rdar las R eglas, y se
— M m m — susp iré— . O tro . M uy b ien .
p aró p o r u n m om en to — ...? ¿A llí den tro ? ¿T ú sab es el ro deo
— P arem o s — dijo .
in fern al que h ay que dar p ara...? — en to n ces se calló, y n o s
— N o ; esto y segura: tien e que em p ezar ah í m ism o .
m iram o s.
Y
aceleré.
A dem ás
de
o tras
m uch as
co sas,
estab a
P o r lo gen eral él so sten ía que to d o s lo s lugares eran iguales,
recup eran d o algo que n o creí n u n ca vo lver a sen tir: el p lacer del
y que to das las p erso n as eran iguales. C o m o m uch o s o tro s vago s
vo lan te, la rigid ez del cam b io b ajo la m an o , y la fuerza m ecán ica
gen iales (b ásicam en te h o m b res), ten ía la cap acidad de reelab o rar
que te ap rieta co n tra el asien to , m ien tras a tus esp aldas el cam in o
sus excusas h asta crear la ap arien cia de un o rden. E n el suyo
se desh ace en p o lvo , y v as gan an do h o rizo n te. Y ah í llegab a.
estab a n uestra casita d e C ***, destin o p revisib le de to d o viaje.
A l p rin cip io dab a la im p resió n de u n a suave lo m a exten dida
«A h í tien es», p o dría o ír, «tierra, m ar, gen te... C o m o en cualquier
a lo largo de la vista, co m o un rep ech o que atraviesas co n un a leve
o tro sitio . H ab la co n aquella vieja que ah o ra sube desp acio la
to rsió n del estó m ago , p ara recup erar luego to d o el llan o . P ero se
cuesta. N u n ca lo h as h ech o , ¿n o ? O vayam o s h asta la cum b re de
acercab a, y un a b arrun tab a un fin ab rup to , un a lín ea aguda que se
esa m o n tañ a a ver qué h ay. Y cuan do acab em o s to d o, en to n ces n o
ab ría so b re la n ada. Y de p ro n to la ten íam o s en cim a, y era que la
m e im p o rtará ir a o tro sitio ». E ran so fism as, p ero efectivo s. O
tierra se co rtab a, y al o tro lado só lo estab a el cielo , y co m o
b ien decía: «D e acuerd o , p o dríam o s llegar a algo n uevo , p ero n o
resp etán d o lo la carretera dab a un giro b ru sco de casi n o ven ta
dejaré de en co n trar en ese valle del N ep al cierta gam a de verdes,
grado s, y se alejab a p aralela al b o rde. P aré justo en el co do , y
un a calidad de aires, la ten den cia h acia la altura (si b ien exagerada)
m an io b ré desp acio p ara salir del cam in o . M e go lpeó el calo r al
que veo en C ***. O en el cam p esin o que clava el azadó n en el o tro
b ajarm e, y m e co gí de su b razo p ara llegar al b o rde.
extrem o del p lan eta, cultivan do taro , creeré p ercib ir el aire cazurro
E ra tal vez co m o la co rteza de un b izcoch o dem asiad o
y de so sp ech a que tan tas veces h e adm irad o en sus p aisan o s m ás
tiem p o en el h o rn o . B uen o : era exactam en te eso . L a co stra m o ren a
p ró xim o s. Sí, b uen o , vayam o s 'p o r ah í', p ero só lo enco n trarem o s,
de la tierra, y las resq ueb rajaduras, un as in m en sas co m o la que
a lo su m o , la reco m b in ació n de elem en to s q ue ya co n o cem o s.
ten íam o s an te n uestro s p ies, p ero o tras p eq ueñ as, y to das ellas sin
¿V iajar? N o es n ecesario ...» P ero en to n ces o cu rriero n varias co sas,
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
54
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
y luego n o s casam o s (aun que en secreto ), y en to n ces m e dijo que
L o resu m ió así, de n uev o en el co ch e:
le p idiera lo que quisiera. Y se lo dije.
— E stam o s a p un to de in iciar el descen so h acia un a esp ecie
A h o ra su so n risa se h ab ía en san ch a d o , y lo s o jo s le
de G ran C añ ó n enlo quecido , h ab itad o p o r gen te so sp ech o sa p o co
b rillab an . T en ía la m irada p erdida en las p ro fun didades de la
frecuen tada p o r su s co n vecin o s. L a carretera es tan in fecta co m o
queb rada, y ya le veía calcular distan cias, adivin ar el destin o d e lo s
em p in ada, y veo un o s n ub arro n es que n o s m iran desde la lejan ía.
retazo s de cam in o que d esap arecían en cualquier revuelta.
— ¿Igualito
que
C ***,
eh ?
— co rté
su
G ruñ í,
en so ñació n ,
ven gativa— A h o ra co n duces tú.
sin
aten d erle
m uch o :
estab a
b uscando
la
co n tin uació n en el lib ro , que am en azab a co n desh acerse en tre m is
m an o s. P o r fin llegué al p un to :
L a carretera h abía em p eo rado , co m o p erturb ada p o r el
— C alla. E scuch a; p ero n o p ierdas de vista la carretera, ¿eh ?
b rusco cam b io de direcció n , y reco rrim o s u n o s kiló m etro s de
«C ap ítulo X I. Q ueb rada ab ajo » — h ice un a p ausa — : «Á b rese
b ach es p eo res que lo s an terio res. N o s cruzam o s co n
un a
am igab le, vin ien do de la p un ta, la H o ya de lo s C uero s, ab razo
cam io n eta traquetean te que n o s desp idió co n u n larguísim o p itido .
gigan tesco co n que se desp ide la llan ura, y tras un a b ajada suave
— C reo que lo que deb eríam o s h acer es seguir h asta P un ta
vien e la p rim era de las Q ueb radas, la T o rcida, un a gargan ta que
C ráser, p ara luego em p ezar la b ajada. ¡Q u é calo r! ¡M ira que ven ir
en veran o ...! — se quejó .
serp en tea co m o preludian do el ab ierto cao s de sus h erm an as».
— ¡Q ué h o rro r! — m e in terru m p ió — . ¿H acia qué sitio
— N o es veran o . E s in viern o . E s n uestro veran o y el
desafo rad o vam o s?: «ab razo s», «h erm an as», «gargan tas», y o tras
in viern o suyo , y van a v en ir las lluvias, p o rq ue n o s lo dijero n , y el
co sas que n o quiero n i reco rdar: ¡esta tierra está viva, y n o s o tro s
frío .
dirigién do n o s h acia su s fauces!
N o s lo co n taro n en el p equeñ o alm acén que h ab ía en el
desvío :
— E res to n to — p ro testé— : tú tam b ién ves un a falda en la
m o n tañ a, o b razo s en u n río ; es un a fo rm a de h ab lar.
— A llá p o r el n o vecien to s. E ran h o lan deses, o alem an es.
P ero la H o ya ya no s aco gía, p o r fo rtun a, en su regazo : m uy
V en ían p o rque en E uro p a n o les querían ... co sas de religió n , creo .
p egado a él descen día la carretera, al p rin cip io en un a p en dien te
N o se llevab an b ien co n n adie. E sto lo fun d ó u n o que se llam ab a
ab rup ta, y luego m ás p ausada. A l llegar al fo n do , se en derezab a y
C ráser, p o r lo visto , o algo así, p ero la gen te es in culta, n o sab en ...
se en cam in ab a sin vacilacio n es h acia la p rim era de las queb radas,
y se van p erdien do lo s n o m b res. ¿V an a b ajar? T en gan cuidado . Y a
en tre m in úsculo s arb o lito s p o lvo rien to s. P en etram o s en un as
ten ían que h ab er ven id o las lluvias. B uen a gen te, p ero raro s. ¿Y o ?
F auces am igab les, siem p re p egad o s a la izquierda, m ien tras a
Y o n o so y de ellos; si n o n o les h ab laría así. Y o vengo de la sierra.
n uestra derech a discurría co n p o ca co n vicció n un arro yo . B ajam o s
¿N o se n o ta?
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
55
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
en ab so luto silen cio du ran te m uch o tiem p o , y p o r fin se ab rió la
2
gargan ta y ap areció la b ifurcació n .
— ¿H acia d ó n de?
E n m is en sueñ o s yo era un sisito , o h ab ía decidido que el
D ejé el m ap a, ya in util, y m edité b revem en te:
sisito era algo que vo lab a. P lan eab a p o r el a ire queb rada aden tro , y
— ¡H acia la derech a!
yo estab a m uy con ten ta, p o rque desd e arrib a veía la red de lo s
Sub im o s un p o co, p ara luego in iciar un descen so to davía
cam in o s, y p o día guiar. P ero se levan tó el p o lvo sofo can te, y n o
m ás fuerte. A l fo ndo se veía un cruce.
— Suerte qu e este co ch e es de la ép o ca en qu e lo s h acían
p ara durar. ¿Y ah ora?
E n trecerré lo s o jos. N o se veía n i u n a casa, n i un alm a, n i
un cam p o cultivado .
— H acia la derech a, y ah í vien e o tra vez un a b ifurcació n .
E sto deb e de ser el «ab ierto cao s» que reco rrió do n A n to n io
N ueda h acia 1896. N o p arece tan o m in o so . A h o ra a la izquierda.
veíam o s n ada. Sentía vértigo y m e aferré a la cam a, que p lan eab a, y
caía y girab a, y yo só lo p en sab a: «¿ L leva p uesto él el cin turó n ? ¿L o
lleva p uesto ?».
A b rí lo s o jo s aterrada, y grité en la p en u m b ra. H ab ía a m i
lado un a n iñ a, que salió co rrien do . M e d o lía m uch o el cuello , y n o
p o día girar la cabeza. G em í, b ajito , un rato y p o r fin m e quedé
do rm ida.
A veces lo m ás im p o rtan te m e p arecía p recisar claram en te
V i que m e m irab a d e reo jo :
el o rden , y en to nces m e decía: salida de E sp añ a, B uen o s A ires,
— ¿P o r qu é esa seguridad? A quí n o sirve aquí el m ap a, ¿n o ?
M o n tevideo , las queb radas, el acciden te, la cam a. E so m e servía
— N o : ten go algo m ejo r.
p ara n o co n fun dirm e, p o rque a veces m e dab a la im p resió n de
N o se lo dije, p ero m e h ab ía en co m en dad o al n úm ero p i, y
estar aún en el últim o h o tel, co n esas o dio sas cam as estrech as y
sus cifras m e guiab an en la m arch a: las im p ares h acia la derech a,
sep aradas. Y eso h ab ría sign ificado que él estab a al o tro lado del
las p ares h acia la izquierda. E ra un p ro cedim ien to tan b uen o co m o
p equeñ o ab ism o , que cub ría u n a h o rrib le alfo m b rilla, y qu e
cualquier o tro : p erfectam en te al a zar. A h o ra llegab a el n ueve: o tra
b astaría estirar la m an o , y que él estirase la suya, p ara que n uestro s
vez p ara la derecha. P en sab a qué h aría si llegab a un cruce co n m ás
dedo s se en co n traran so b re el vacío , co m o en la desp edida de cada
de do s p o sib ilidades. E n to n ces o ím o s el truen o .
n o ch e. Y o n o p o día estirar el b razo , claro , p ero aun que lo h ub iera
h ech o m i p o b re m iem b ro n o h ab ría p o did o salvar la distan cia
h asta la p uerta, ab rirla, salir de la casa, su b ir el sendero y llegar
h asta la p equeñ a en ferm ería do n de, m e h ab ían dich o , estaba. Y él,
al p arecer, tam p o co h ab ría p o dido estirar el suyo .
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
56
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
P o r eso era im p o rtan te reco rdar q ue esta n o era la
H ice un esfuerzo p o r co n testar, p o r decirle lo que quería,
h ab itació n del h o tel. P ero un a vez fijado el o rden de las co sas, la
p o r co lab o rar, y que n o creyera lo que n o era. P ero estab a m uy
siguien te o p eración tam p o co era m uy clara, p orque co n sistía en
can sada. A b rí lo s lab io s, reseco s, y só lo p ud e decir una p alab ra:
rellen arlas de tiem p o , p ara sab er d ó n de m e en con trab a ah o ra.
— P i...
T en ía que decir: B uen o s A ires, o ch o días; M o ntevideo , do s
So y an alista, p ero p o dría h ab er sido cualquier o tra co sa. M i
sem an as; h asta las queb radas, tres días; h asta ah o ra... Y al llegar
m arido es en can tad o r, y só lo p o día h ab er sido eso . Y o quería verle
aquí to do se n u b lab a, y si la n iñ a que m e cuidab a se en co n trab a a
p o r en cim a de to d o , p ero m e h ab ían dich o que él n o p o día
m i lado se lo p o día p regun tar (aun que ya se lo h abía p regu n tad o
m o verse, yo n o po día m o verm e, él n o p o día escrib ir, yo n o p o día
m uch as veces), o quizás al h o m b re.
escrib ir. P edí un a cassette, y se riero n . E n to n ces reco rdé que n o
E l h o m b re m e h ab ía dich o , n o el p rim er día, n i el segun do ,
sin o cuan do creyó que ya p o día en ten derle:
— N o se p reo cup e: tuv iero n un acciden te, un co rrim ien to
de tierras. Su m arid o está m uy m agullad o : la m an díb ula ro ta,
co stillas. U sted, las cervicales, el b razo . P ero se curarán . Su m arido
está en la en ferm ería, b ien cuidado . D escan se.
h ab ía o ído m úsica, n i u n a radio en lo s largo s días que ya llevab a
allí. Só lo h ab ía oído v o ces, tran quilas, y m uch o s n iñ o s. N i u n
m o to r. P o día h aber estado — m editab a— ... en cualquier año , p ero
h ace m uch o s.
A l h o m b re le p edí que m e acercaran la cam a a la ven tan a:
quería m irar fuera.
D escan sé, p ero en m edio de m is sueñ o s alguie n m e
— U sted n o lo en tien de — m e dijo , alterado — . N o es un a
zaran deab a y m e p edía exp licacio n es. V ario s días desp ués,
h uésp ed. N o es b ien ven ida aquí. L es h em o s so co rrido , les estam o s
b ruscam en te, el h o m b re m e lo dijo to do ; estab a p álido :
m an ten ien do h asta que so p o rten el viaje. P ero n o querem o s que se
— ¿C ó m o llegaro n aquí, D io s m ío ? — m e p regun tab a, o lo
m ezclen co n n o so tro s.
p regun tab a h acia arrib a — N uestro s ab uelo s vin iero n h asta un
— ¿Y m i m arido ? — p regun té.
rin có n del m un do p ara n o ver a n adie, p ara estar so lo s. Y ah o ra —
— L es p referim o s sep arado s — desvió la m irada — . P ero n o
m e m iró , directam en te a m í: deb ió ver las ven das, m is o jo s
se p reo cup e: está b ien .
h in ch ado s— ... N o se p reo cup e, descan se. ¿L e atien de b ien la
E n cuan to m e sen tí co n fuerzas m e levan té, so la, y
ch ica? T en em o s po ca gen te lib re, desp u és de la riada — dio m edia
ap o yán do m e co n tra la p ared llegué a la ven tan a. E ra p o r la
vuelta, p ara irse, p ero se vo lvió — . ¿C ó m o llegaro n p recisam en te
m añ an a: fría y relucien te, y m e h ab ían despertado vo ces de n iñ o s.
h asta aquí?
M e aso m é co n cuidado . E n fren te h ab ía un a casa baja, co m o sin
duda era la que m e alb ergab a, y en ella u n b an co de piedra, y u n o s
n iñ o s al so l. Jugab an a las escuelas, o a la iglesia, po rque un o d e
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
57
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
ello s ten ía un lib ro en la m an o , co n gran des letras en la p o rtada y,
aun que lo ten ía bo ca ab ajo , h acía co m o que lo leía a lo s o tro s.
— E n el p rin cip io — dijo , co n vo z déb il, p ero segura — crió
D io s el cielo y la tierra.
D eb ía de ser m u y listo , el p equeñ o , p o rque recitab a sin p arar, de
M e h ab ía p arecid o que ab ría el lib ro p o r las últim as págin as
p ie so b re el b an co, y de vez en cuan do h asta p asab a un a p ágin a de
p ero estas p alab ras, b ien lo sab ía yo , deb ían ser las p rim eras.
su lib ro al revés. Y en to n ces creí que en trab a alguien , y m e volví
E n to n ces b u squé la leyen da de la cub ierta: n o estab a do n de deb ía,
dep risa, y el cuello m e d o lió b ajo el co llarín .
sin o en lo que debería h ab er sido la co n trap o rtada. Sagrada B ib lia,
decía. A l revés. E l lib ro estab a al revés: las letras b o ca ab ajo . C o m o
3
las de la p izarra, y las de to do s los carteles de la clase. P ero la n iñ a
seguía:
A cum ulé fuerzas, y las fui p ro b an do , levan tán do m e cada
— Y la tierra estab a desn uda y vacía, y las tin ieb las estab an
vez que estab a sola. P o r fin decidí salir u n a m añ ana, desp ués de
so b re la h az del abism o : y el E sp íritu de D io s era llevado so b re las
que se fuera la n iña que m e traía el tazó n de te am argo .
aguas.
M i p uerta dab a a un p equeñ o zaguán , y éste al exterio r a
M e y m e acerq ué a ella, que se quedó callada d e p ro n to . L a
través de un a p uerta p esada, p ero ab ierta. A so m é la cab eza y vi las
ro deé, y m iré las págin as ab iertas. E stab an b o ca ab ajo. N o era só lo
p o cas casas, la calle de tierra, desierta. A la derech a h ab ía un
la cub ierta, co m o h ab ría deseado . L a n iñ a leía u n lib ro del revés.
edificio un p o co m ejo r cuidado , y decidí: «L a en ferm ería». P ero al
E l h o m b re la señ aló , serio :
llegar a su lado , m areada y arreb ujada en la m an ta, vi desd e la
— H a in terrum p ido su lectura. E stárá triste.
p uerta ab ierta que era la escuela. L a p izarra estab a llen a de sign o s,
L a n iñ a ten ía la vista b aja, so b re el lib ro , que seguía
lo s m iré y m e dio m uch o m ied o . L uego a lo s carteles que h ab ía
m an ten ien do en po sició n ab o m in ab le, y n o decía n ada. A largué la
p o r la clase, y el m iedo dio p aso a la n ausea. E n to n ces el h o m b re
m an o , p ara acariciarle el p elo , p ero se zafó de un go lp e y salió
se dio la vuelta y m e vio . Se en co gió de h o m b ro s, y m e dijo :
co rrien do p o r la puerta. M e quedé m iran do el rectán gulo b lan co ,
— P ase. O váyase. E sto se h a acab ado …
b rillan te p o r el sol exterio r, h asta qu e m e d o lió la vista y m e vo lví
Y se vo lvió , irritado , a u n a alum n a.
h acia él.
— ¡L ee! — gritó .
— L a clase h a term inado . H asta m añ an a…
L a n iñ a se levan tó , co n el lib ro m uy p egado al p ech o . L o
L o s n iñ o s saliero n en silen cio , sin dejar de m irarm e… Y él
ap artó , lo ab rió p o r el fin al, y lo levan tó co n am b as m an o s h asta
se vo lvió h acia m í, co m o un p ro feso r. Y o m e h ab ía sen tado en un a
p o n erlo d elan te de su s o jo s.
de las p o b res sillas, y m irab a un a y o tra vez lo s carteles, las l etras
de la p izarra.
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
58
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
— P ara n o so tro s un lib ro es co m o u n árb o l, co m o u n a
o p o r ab ajo . Só lo u n a, fíjese b ien , só lo un a b ro ta desde la tierra
p irám ide — em p ezó — . C uan do u n o de n o so tro s ab re el L ib ro ,
h asta el cielo , co m o
un a ram a de h elech o
joven
que se
in icia el ascen so de un edificio . E L G E N E SIS, rezan lo s
desen vuelve: es la j. E s la in icial de Jesús. L a llam am o s el go zn e, y
gigan tesco s sillares in ferio res, ab arcan do to da la vista; C A P IT U L O
o tras co sas que n o p u ed o rep etir.
P R IM E R O , dice la h ilera sup erio r, y a co n tin u ació n lo s sagrad o s
»C uatro de esas letras lisas, in ertes p ueden co b rar raíces, y
ladrillo s, un o a un o . E l acto de la lectu ra es un ascen so ,
en ellas to m ar im p ulso p ara saltar: a, e, o, u. E s cuan do recib en el
estab ilizado
acen to , que lo s griego s llam ab an «esp íritu»: la fuerza. H ay p ecado s,
en
m esetas... E s la im agen
m ism a de n u estra
p ro viden cial situació n geo gráfica, ¿se da cu en ta?
A sen tí. N o m e b astab a.
y acto s que se expresan p rim o rdialm en te co n estas letras, p ara lo s
que n o existe p erdó n , p o rque ya se les dio un a o p o rtun idad.
— P ero en tre n o so tro s, tam b ién , o so b re to do , un lib ro es
»N uestra lectura, n uestra escritura, avan za de derech a a
un árb o l. P o rque las p alab ras em p iezan ab ajo , p egadas a la tierra, y
izquierda, co m o el h eb reo , la len gua p rim era d el L ib ro , la len gua
van sub ien d o h asta llegar al cielo : reco rrem o s, un a tras o tra, las
en que escrib ió C risto (en u n a so la o casió n , según to d o s lo s
ram as h o rizo n tales, y allá en la cúsp ide, la reco m p en sa: la P alab ra.
testim o n io s). L a escritu ra del N uevo T estam en to , el griego , fue al
N o n o s en gañ em o s al verlo h ech o de h o jas, y en cuadern ado : es
revés: de izquierda a derech a. P ero siem p re de arrib a a ab ajo .
p o r p ura co m o didad. P ero h ay que p en sarlo así: si estuviera escrito
N o so tro s reco b ram o s la direcció n en que se escrib ió el A n tiguo
en un largo ro llo, co m o o curría an tes, co m en zaríam o s la lectura
T estam en to , y le dam o s un sen tido n uevo : ¡h acia arrib a! N o so tro s
p o r ab ajo , y rem o n taríam o s to da su lo n gitud h asta llegar arrib a.
so m o s la Sín tesis, y h an h ech o falta vario s m ilenio s p ara que
L eer es elevarse.
existiera. So m o s tam b ién el fin al, aun que ése n o sab rem o s cuán do
»Y las letras so n co m o arb usto s; b ro tan del suelo , tien en
sus raíces en él: raíces p equeñ as, co m o el déb il p un to de la i, o
co m p lejas, co m o el garfio de la f, o el esp o ló n de la t. A lgun as
ven drá.
»Y eso era to do . Y a lo sab e to do : lo que h ab ía d escub ierto y
lo dem ás. A h í lo tien e.
letras levan tan el vuelo , en la ten d en cia gen era l del L ib ro : so n las
M e levan té, aterrada, de go lp e.
rectas q y p , qu e in dican que h ay d o s cam in o s sim étrico s; la y, que
— M i m arido : h a m uerto , ¿verdad?
se eleva, p ero que m ira h acia detrás, y la g, que ascien de y se
M e m iró , extrañ ado :
arrep ien te luego ; p ero aquí h ay m ás sim b o lo gía de la que usted
— N o . E stá m ejo r; de verdad. P ero n o querem o s que se
p o dría co m p ren der.
»T rece letras n o sob resalen p o r n in gún lado , las llam am o s...
p ero a u sted eso no le im p o rta. T rece letras so b resalen o p o r arrib a
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
en cuen tren .
M e callé p o r u n m o m en to y señ alé a lib ro :
— ¿C ó m o llegaro n a ello ? — p regun té.
59
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
— H izo falta u n a dob le in versió n p ara llegar a la verdad, y
recta. P o r últim o ob serv ó que lo s cin co sign o s se dispo n ían en u n a
p ara que ésta fuera tan p aten te que quedara o culta a lo s o jo s de
agrup ació n p o dero sa, p o rque dirían lo m ism o a quien se acercara
to do s. N o es in frecuen te el h ech o d e co ger el L ib ro al azar y
p o r la derech a o po r la izquierda. Só lo en to n ces recap acitó en que
en co n trar allí un a resp uesta a las trib ulacio n es. E ra un d ía, un día
tal vez deb ajo h abría u n co n ten ido , y desh izo el cam in o desde la
m uy co n creto , que sab em o s cuál es, p ero que n o ten go p o r qué
geo m etría a las letras (giran do to do su u n iverso , de m o do qu e
decirle: ella, n uestra... fun dado ra, ato rm en tada p or las dudas,
co b raran sen tido ), de ah í a las p alab ras, y de éstas al sign ificado .
co gió , de vuelta de u n a to rm en to sa jo rn ada, la B ib lia de su
Y ella sup o qué es lo que era, y dó n de estab a. Y sup o
escrito rio . L a ab rió sin m irar, y p o só el ded o so b re un p asa je. B ajó
tam b ién que la selva de tildes y p un to s y m ayú sculas, y ra sgo s de
la vista y descub rió que el lib ro estab a al revés...
letras que se h u n dían en el suelo , existía p ara an clar m ás
U sted, yo m ism o , ¿qué h ab ríam o s visto en ello ? U n a b urla,
un a b o fetada de la P ro viden cia, la in dicació n de que u n cam in o
firm em en te u n h orizo n te de p alab ras so b re el q ue se elevaran do s
to rres gem elas. Y éstas ascen dían só lo p ara decir: «yo so y».
m ás se cerrab a. E lla p erm an eció co n la m irada clavada en el
T uve luego m uch o tiem p o p ara p en sar. ¿P o r qu é n o ?, so b re
versículo : era el 1 del cap ítulo 26 (¿reco n o ce las cifras?) del
to do . L a lectura es un a co n ven ció n , to do en ella es arbitrario :
L evítico . L o leyó , trab ajo sam en te, sin dar la vuelta al lib ro , p o rque
¿em p ezar ab ajo , arrib a?, ¿p o r la d erech a, p o r la izquierda?, ¿que la
era así co m o lo hab ía en co n trado : «Y o el Señ o r D ios V uestro : n o
fo rm a de un a letra sea así, o al reves? E s lo m ism o: lo s an tiguo s
o s h aréis ído lo n i escultura, n i alzaréis título s n i h ito s en vuestra
cajistas eran cap ac es d e leer la im agen esp ecular de un escrito ,
tierra p ara ado rarla. P o rque yo so y el Señ o r vuestro D io s».
so b re la fo rm a disp uesta p ara la im p resió n . H ay decen as d e
L o leyó o tra vez, y o tra, y o tra y o tra vez, p o rq ue sabía que
alfab eto s, que discurren en to das las direccio n es. C ualquiera se
la resp u esta ten ía qu e estar allí. L o leyó y leyó h asta que las
p uede p racticar, en señ ar: resp ecto a eso to do s so n iguales. L o que
p alab ras n o sign ificaro n n ada y las letras p erdiero n sen tido . L eyó
n o es lo m ism o es lo qu e sign ifican las co sas: ¿igual em p ezar p o r el
h asta que las lín eas fuero n un a m asa gris de p alab ras co m o
lado do m in an te del cuerp o que p o r el o tro ?, ¿igu al sub ir que b ajar?
grum o s. Y en to nces su s o jo s se en gan ch aro n en los do s ún ico s
— ¿Y en tre u stedes no en señ an la o tra fo rm a de lectura? —
rasgo s que so b resalían , co m o un viajero que ad vierte do s to rres en
le p regun té, un o s días d esp ués.
un p aisaje llan o . L o s siguió h acia ab ajo , y vio q ue lo s sign o s ten ían
— N o.
do s p ies en tierra, y qu e en m arcab an o tras do s figuras cerradas que
— ¿L een ustedes, siem p re, en to n ces, en lib ro s in vertido s?
a su vez ro deab an a un a que se revo lvía so b re sí m ism a: «yo so y».
M editan d o , vio que allí ten ía las tres fo rm as p rim o rdiales: el
círculo , la co n fluen cia d e tres segm en to s, y (au n que vio len tad a) la
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
— in sistí.
— Sí. E n lo que para ustedes so n in vertido s...
60
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
— ¿Y n o se so rp ren d en lo s n iñ o s al ver las fo to s, lo s
dib ujo s de lo s lib ro s al revés?
— ¿F o to s?, ¿dib ujo s? — agitó la cab eza — : «N o o s h aréis
ído lo n i escultura»: está escrito . N uestro s lib ro s n o lo s tien en .
a n adie. N i a m i m arido , n i a n uestro s h ijo s, que desde el fo n do d el
tiem p o b uscan salida p o r n uestra san gre. S e lo juro p o r el
A ltísim o , do n de acab an to das las m iradas. Se lo ju ro p o r su H ijo ,
cuyo n o m b re em pieza p o r j, el h elech o tiern o q ue al crecer dará el
— ¿Y lo s carteles de las tien das, de lo s co ch es? — em p ecé a
o b jetar, p ero p ro n to co m p ren dí— D e acuerdo : aquí n o h ay. P ero
las to rres gem elas, p o r las diez letras que cuelgan susp en didas de
un a últim a p regu n ta: ¿y qué o currirá cuan do sus niñ o s salgan al
las ram as d el Á rbo l, p o r las cin co que se elevan , p o r las trece que
m un do ?
existen p ara glo ria del resto , p o r la su m a de to das, que siem p re es
T ardó en co n testarm e:
un a m en o s. Y yo m ism a, co m o fo rm a to cad a p o r la fuerza del
— ¿Y p ara qué h ab rían de salir?... — m e m iró — C o m o
esp íritu, la ten go para d ecir: jam ás h ab laré. Y lo afirm o co n la letra
usted es... ¿Salir? ¿P ara que divulguen n uestro secreto ?, ¿p ara que
que se revuelve in cesan te en tre las to rres gem elas m ás la ún ica
ven gan visitan tes co n cám aras, risas? A rtículo s de revistas... Y o
letra que, ya en raizada, p uede seguir crecien d o h acia den tro . L o
co n o zco su m un do , señ o ra. Sé có m o es. P o r eso n o s fuim o s, y p o r
juro : sí.
eso n un ca vo lvim o s, y n o s defen derem o s — ab rió la p uerta p ara
C allé, exh austa. L evan té luego la m irada:
salir— . Y ustedes n o saldrán . L o sien to .
— ¿L e vale este juram en to ?
— ¡U n m o m en to ! — grité— Y o n o diré n ada. N ada. L o
juro . N o so lam en te n o m e im p o rta lo que h agan ustedes aquí, sin o
M e m irab a, so rp ren did o , dub itan te, m uy p álido , adm irado .
C o n testó :
que lo co m p ren do , le creo , m e lo h a exp licado , lo resp eto . ¿M e
— U sted lo h a dich o . C o n esas m ism as letras: sí.
en tien d e? M i m arido n o sab e n ada. N o sab rá n ada. So y só lo yo . Y
Se levan tó :
yo n o diré n ada. Se lo ju ro .
— V en ga a ver a su m arido .
M e m iró , p álido de n uevo :
— Sus juram en to s n o tien en n in gún valo r.
4
— E scúch em e: ¿cuál es su n o m b re? — n un ca m e lo h abía
dich o .
E n tre n o so tro s se ab re un ab ism o do m éstico , de fo n do
V aciló :
cub ierto de flo res du do sas, h ilach as. M e d a m iedo p o r u n
— M eyer.
m o m en to , y extien do la m an o ; él extien de la su ya y ya h a surgido
— B ien , M eyer — to m é alien to — : se lo vo y a decir.
un p uen te que un e las m esetas gem elas, rech in an tes e in có m o das.
E scuch e: le juro que si p erm ite n uestra salida n o diré n ada, n un ca,
P o r él circulan nuestro s p ulso s, el calo r. A p retan do lo s dedo s,
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
61
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Dos torres en la llanura
relajam o s lo s b razo s, y es un p uen te co lgan te que apun ta h acia el
vacío . M e aferro a su m an o ásp era, p o rque n o to que su p resió n
decrece en el b o rd e del sueñ o .
.
L a p ierdo en un m o m en to , y m i m an o descien de, casi
ro zan do el p o lvo. M e reco b ro , y la guardo , h elada, en tre las
sáb an as. E l ya h a dad o m edia vuelta y duerm e. Y o aún n o p uedo .
L a vi n ada m ás entrar en la h ab itació n del h o tel: h ay grup o s
que las dejan en to do s lo s del m un do . M e aven turo y la co jo . ¿A l
azar, co m o h izo ella? N o : deb o leérm ela en tera, ah ora que ya sé
có m o . D o y la vuelta al v o lum en , y ab ro p o r el p rin cipio :
N o se p u ed e m o str ar la im ag en . P u ed e q u e su eq u ip o n o ten g a su fic ien te m em o r ia p ar a ab r ir la im ag en o q u e ésta esté d añ ad a. Rein ic ie el eq u ip o y , a c o n tin u ac ió n , ab r a el ar c h iv o d e n u ev o . S i sig u e ap ar ec ien d o la x r o ja, p u ed e q u e ten g a q u e b o r r ar la
im ag en e in ser tar la d e n u ev o .
EL GENESIS
CAPITULO PRIMERO
1 En el principio creó dios el cielo y la tierra
2 Y la tierra estaba desnuda y vacía, y las tinieblas estaban sobre la luz del abismo y
el Espíritu de Dios era llevado sobre las aguas
Y m i p ro p io esp íritu era llevado , ascen dien do , h ilera tras
h ilera.
Dar vuelta la imagen
Carrar
Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
62
.S o b re el au to r
Nueve Veranos de José Antonio Millán
Jo sé A n to n io M illán (M adrid, 1954) h a p u b licado las
n o velas N ueva L isboa (A lfaguara, 1995) y E l día interm itente
(A n agram a, 1990), lo s lib ro s de cuen to s L a m em oria (y otras
extrem idades) (Sirm io , 1991) y S obre las brasas (Sirm io , 1988), y lo s
lib ro s in fan tiles B ase y el generador m isterioso. U na aventura digital
(Siruela, 2002), E l árbol de narices (D estin o , 2002) y C . E l pequeño
(Siruela, 1993).
libro que aún no tenía nom bre
T ien e o b ras traduc idas a n um ero sas len guas.
Se le encuentra fácilmente en http://jamillan.com
L o s relato s que siguen se p ub licaro n o rigin alm en te en :

«E l ciervo h erid o », en L ucanor (P am p lo n a), 1991

«E h , tú, L eó n (carta lenta)», en E l B osque (Z arago za), 1994

«E l esp ía geo gráfico» en Joseluís G o n zález (ed .), D os veces cuento.
A ntología
de
m icrorrelatos,
M ad rid ,
E d icio n es
In ternacio n ales
U n iversitarias, 1999.

«F resa rústica» (com o «E l arco iris d e galan ga»), en M oll de S ortida,
B

a
r
c
e
l
o
n
a
,
A
y
u
n
t
a
m
i
e
n
t
o
d
e
B
a
r
c
e
l
o
n
a
,
1
9
8
9
«H ered ero d el cielo», en Jo seluís go n zález y P edro de M iguel,
U ltim os narradores, A ntología de la reciente narrativa breve española ,
P

Ejemplar de cortesía gratis www.interlectores.com
m
p
l
o
n
a
,
H
i
e
r
b
a
o
l
a
E
d
i
c
i
o
n
e
s
,
1
9
9
3
«U n a o b servació n d e K ratzer», en D iario 16 (M ad rid), 2 d e ago sto
d

a
e
1
9
8
9
«E l segun do veran o», en E l P eriódico (B arcelo n a), A gosto , 1990
63
José Antonio Millán
En sus propias palabras:
Como muchos de mis contemporáneos, llevo varias existencias
simultáneamente, lo que da lugar a sus correspondientes
currículums: Literario, Profesional (en la edición tradicional o en
la electrónica), de Formación o de Investigación (en nuevas
tecnologías o lingüística), o incuso ensayístico. Aparte está la vida,
propiamente dicha.
Obtenido de: http://jamillan.com/currculu.htm
www.interlectores.com
2008
2
Descargar

Diapositiva 1