¿Quieres conocer sobre mí?
Consulta en esta biblioteca algunos aspectos
de mi vida.
Infancia
Los Pobres
Juventud
Hijas de la Caridad
Matrimonio
Luz
Vicente de Paúl
Aprobación
Niños abandonados
Santa Luisa de
Marillac
Mi muerte
CONTIENE MUSICA DE FONDO
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Consulta en esta biblioteca
algunos aspectos de mi vida.
Infancia
Juventud
Matrimonio
Luz
Vicente de Paúl
Los Pobres
Hijas de la Caridad
Aprobación
Los Niños Abandonados
Mi muerte
Infancia
Nací el 12 de agosto de 1591.
No conocí a mi madre y Luis de
Marillac me tomó como su hija
natural.
Mi infancia la pasé en la abadía
de Poissy a donde llegué cuando
tenía 2 meses de edad.
Estuve con las religiosas
capuchinas hasta los 13 años de
edad y recibí de ellas una
educación muy completa. Sobre
todo me enseñaron a amar a
Dios y acoger su voluntad.
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Juventud
Después de los 13 años pasé
a un internado que tenía una
mujer piadosa. Ella nos
preparaba para las labores
del hogar.
En mí nació el deseo de ser
capuchina. Al pedir entrar
en el convento no se me
permitió. Me dijeron que era
de constitución débil y “qué
Dios tenía otros designios
sobre mí”.
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Matrimonio
El 5 de febrero de 1613
contraje matrimonio con
Antonio Le Gras,
secretario de la Reina
María de Médicis. Mi
familia arregló este
matrimonio y yo obedecí.
Tuve un matrimonio feliz
y Dios me regaló un hijo:
Miguel Antonio. Mi
esposo, después de 4
años de enfermedad,
muere cuando mi hijo
tenía 12 años.
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Luz
A esta gracia que Dios me
concedió la llamo “Luz de
Pentecostés” porque la recibí
precisamente en ese día de 1623.
Allí entendí que llegaría el
momento en que podía hacer
voto de pobreza, castidad y
obediencia en un lugar para el
servicio del prójimo donde
habría “idas y venidas”
Desde 1622 sufría yo
internamente por grandes dudas
y por sentirme culpable, al no
haber entrado al convento, de la
enfermedad de mi marido. ¡No
sabía qué hacer!
Dios mismo me sacó de ese
estado cuando estando en la
Iglesia de San Nicolás de los
Campos mi espíritu quedó
iluminado y salí de mis dudas.
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Encuentro con San
Vicente de Paúl.
A finales de 1624 me encontré
con él y fue mi director hasta
mi muerte. Bajo su dirección
descubrí mi misión en la tierra.
Yo lo veneré y lo quise
profundamente en Dios y él me
dirigió con mucha ternura. Me
llevó a vivir alegre a pesar del
dolor, a controlar el exagerado
amor por mi hijo y
especialmente a lanzarme al
servicio de los Pobres.
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Encuentro con los
Pobres
En 1629 tomé la decisión de
entregarme a los Pobres. San
Vicente me hizo el encargo de
visitar las Cofradías de la
Caridad que él había fundado
y promovido y de dar
catecismo a las niñas
estableciendo escuelas para
ellas.
Para asegurar la continuidad
de las escuelas yo buscaba y
preparaba jóvenes capaces de
convertirse en maestras.
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Las Hijas de la
Caridad.
Las Cofradías de la caridad, a
veces, no funcionaban bien.
Para solucionarlo se tomó a
jóvenes para que ayudaran. La
primer fue Margarita Naseau
quien se ofreció a servir a los
pobres y murió contagiada en
1633.
Por su ejemplo, varias jóvenes
vinieron a hacer lo mismo.
Buscamos San Vicente y yo
cuál sería la voluntad de Dios
y el 29 de noviembre de 1633
agrupamos a varias de ellas.
Poco a poco Dios nos indicó
lo que quería de esa
experiencia.
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Aprobación de las Hijas de
la Caridad.
En 1646 San Vicente envió al
Arzobispo la petición de
Aprobación. Este la dio y
también el rey Luis XIV.
Parece que estas
aprobaciones no fueron
registradas y quedaron sin
valor.
Se volvió a presentar la
petición en 1653. Se aprobó y
en ella quedaba la Compañía
bajo el cuidado de San
Vicente y de sus sucesores.
La aprobación eclesial se dio
en 1655 y la civil en 1657.
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Los Niños Abandonados
Este proyecto fue una gran obra
en la que trabajamos juntos
Damas de la Caridad, Sacerdotes
de la Misión e Hijas de la
Caridad.
Queríamos recoger a todos los
niños abandonados de París. A
los que todavía necesitaban ser
amamantados les buscábamos
mujeres sanas que pudieran
hacerlo.
Se necesitó mucha inventiva
para sacar adelante esta obra.
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Mi Muerte
“Al atardecer de la vida, te
examinarán en el amor”
Yo estaba preparada para este
momento. A las Hijas de la
Caridad les dejé como
testamento que perseveraran en
su vocación, que tuvieran
cuidado del servicio de los
pobres y que vivieran en gran
unión.
Escogí la frase “Única
Esperanza” para la Cruz de
madera que se pondría en mi
tumba. Estaba contenta de
reunirme con Dios a quien
había amado y servido.
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