PALABRAS
de
VIDA
Benedictinas Montserrat
“Afirman conocer a Dios
y lo niegan con sus acciones”
Tito 1,16
Lucas 10, 25-37
15 Domingo Tiempo Ordinario –C-
Se levantó entonces un maestro de la ley y le dijo para tenderle una
trampa: -Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?
Jesús le contestó:
-¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?
Jesús le remite a la Escritura. Indicándole dónde
tiene que buscar la respuesta.
El maestro de la ley respondió:
-Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón,
con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con
toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.
Jesús le dijo:
-Has respondido correctamente.
Haz eso y vivirás.
Jesús quiere sacarlo de la teoría para llevarle a la práctica.
La teoría no sirve de nada si el amor a Dios y a [email protected] demás no determina
la forma de actuar.
Pero él, queriendo justificarse, preguntó a Jesús:
-¿Y quién es mi prójimo?
El maestro de la ley espera y desea una definición del prójimo que
corresponda a su conducta habitual. Jesús no contesta a lo que le
pregunta, sino a lo que debería haberle preguntado.
Lo importante no es quién es mi prójimo sino cómo tengo que ser prójimo
para los demás.
Jesús le respondió:
-Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de
unos salteadores que, después de desnudarlo y golpearlo sin
piedad, se alejaron dejándolo medio muerto. Un sacerdote
bajaba casualmente por aquel camino y, al verlo, se desvió y
pasó de largo. Igualmente un levita que pasó por aquel lugar,
al verlo, se desvió y pasó de largo
El sacerdote y el levita, pertenecen al mundo oficial y respetado del
culto, cumplen la ley, pero no practican la misericordia.
El estar en el templo y supuestamente en las cosas de Dios, no les
ayuda a acercarse a quien les necesita. No miran al herido, se alejan
de él, es un obstáculo a evitar. En ésta y en otras ocasiones, Jesús
denuncia la poca coherencia en la vida de los “oficialmente buenos”.
Pero un samaritano que iba de viaje, al llegar junto a él y verlo, sintió
lástima. Se acercó y le vendó las heridas después de habérselas curado
con aceite y vino; luego lo montó en su cabalgadura, lo llevó al mesón y
cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al
mesonero, diciendo: «Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a
mi vuelta».
El samaritano, extranjero, hereje, despreciado, sin nombre movido por
la compasión , actitud diferente al sentido del deber o al cumplimiento
de la ley, atiende con acciones concretas al necesitado, le mira, se
acerca, se conmueve, asume el encuentro, se deja interpelar por la
necesidad del otro, le cura. Para Jesús es modelo de cómo ser prójimo.
¿Quién de los tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los
salteadores?
El otro contestó:
-El que tuvo compasión de él.
Jesús nos pregunta si nuestro corazón es compasivo. si al ver a un
hermano en necesidad “se nos conmueven las entrañas” y actuamos en
consecuencia. Antepone la compasión a cualquier tipo de exigencia
ritual o legal. El amor al prójimo, inseparable del amor a Dios, se realiza
en la práctica y resume toda la vida cristiana .
Jesús le dijo:
-Vete y haz tú lo mismo.
Jesús nos envía a hacer, no a acumular teorías. El Evangelio es Buena
Noticia, invitación. Se funda en el sentimiento: sentirse hij@, sentirse
herman@, sentirse querid@ por el Padre, sentirse afectad@ por las
alegrías y las desgracias de [email protected] [email protected], sentir la necesidad de tener
un corazón semejante a Jesús, semejante al Padre, capaz de
compadecerse y aproximarse.
Seguirte hoy es hacerse uno con los
pobres, mancharse las manos trabajando
con ellos y apostar por su dignidad.
Ser uno de ellos.
Seguirte a Ti, es haberte descubierto
en los rostros necesitados,
en los que lloran de miedo.
Es hacerse solidario de su destino
incierto.
Perdón, Señor,
porque estoy muy lejos de ellos.
Juanjo Elezkano
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23 Tiempo Ordinario -C-