Un samaritano que iba de camino llegó junto al herido, y al verle
tuvo compasión;
Y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada
y cuidó de él.
Y preguntó Jesús:
-¿Quién te parece que fue
prójimo del que cayó
en manos de los
salteadores?
El legista dijo:
-El que practicó la
misericordia con él -.
Y Jesús le dijo:
Vete y haz tú lo mismo.
(Lc 10, 33-37)
Un maestro de la Ley pregunta a Jesús qué ha de hacer
para conseguir la vida eterna.
Interpelado por Jesús, él mismo la resume
en los dos mandamientos:
El maestro de la Ley no parece tener problemas
con relación al primero de los amores.
Sólo se formula la pregunta respecto del segundo.
¿Quién es mi prójimo?
Sin duda tenía razón para ello.
En su ambiente había distintas escuelas
que discutían quién era el prójimo que
merecía el amor.
Unos excluían a los extranjeros y a los paganos.
Otros excluían a los ajenos a su secta.
Y otros excluían a los que no conocían
o no practicaban la Ley de Moisés.
La cuestión continúa hoy.
Tratamos de ser solidarios, ciertamente.
Pero sólo con:
 los de nuestro país o nuestra región,
 los de nuestro grupo social o político,
 los admiradores de nuestro club deportivo…
Entonces como ahora, se podía decir:
La reducción de los límites revela nuestro egoísmo.
Y nuestro miedo a acercarnos a los que son un tanto diferentes.
Jesús le cuenta una parábola
que recorre los siglos.
Un hombre es ultrajado y apaleado.
 Por los guerrilleros.
 los terroristas,
 los narcotraficantes,
 Los especuladores de la vivienda.
Es lo mismo.
Algunos de los que se esperaría interés y cercanía
pasan junto a él y deciden ignorarlo.
 Tienen intereses urgentes.
 O tareas imprescindibles.
 Tal vez compromisos religiosos, incluso.
La última palabra de Jesús al maestro de la Ley
va más allá de las discusiones académicas
y orienta a la persona hacia la acción concreta.
¡Vete y haz tú lo mismo!
Es esta una invitación
para toda la Iglesia.
Ella tiene que hacer presente
en el mundo
la misericordia del Señor,
• hacia los marginados
y los pobres,
• los aplastados y los injuriados
por la crueldad de sus
semejantes.
Es una exhortación para toda
la humanidad
si es que quiere seguir siendo
humana.
La sociedad tiene que promover
la justicia.
Ha de crear estructuras de acogida eficaz y hospitalaria
para las víctimas de la crueldad y del atropello.
Señor Jesús,
que te has compadecido de nuestra miseria,
ayúdanos a imitar tu misericordia hacia nuestros hermanos
necesitados de compasión y de justicia.
Amén.
Texto:
José Román Flecha Andrés
PALABRA DEL SEÑOR –Salamanca -
Presentación: Antonia Castro Panero
Música: Moon Over Cairo
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