13 de abril 2014
Domingo de Ramos
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
La gracia de nuestro Señor
Jesucristo,el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos vosotros
Y con tu espíritu.
Hermanos: para celebrar
dignamente estos sagrados
misterios, reconozcamos nuestros
pecados.
Yo confieso ante Dios
todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y
omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi
gran culpa.
Por eso ruego a santa María,
siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a
vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
Amén.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, tu
quisiste que nuestro Salvador se
hiciese hombre y muriese en la
cruz, para mostrar al género
humano el ejemplo de una vida
sumisa a tu voluntad;
concédenos que las enseñanzas
de su pasión nos sirvan de
testimonio y que un día
participemos en su gloriosa
resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los siglos.
Amen.
Lectura del libro de Isaías
Mi Señor me ha dado una lengua
de iniciado, para saber decir al
abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el
oído, para que escuche como los
iniciados. El Señor me abrió el
oído. Y yo no resistí ni me eché
atrás: ofrecí la espalda a los que
me apaleaban, las mejillas a los
que mesaban mi barba; no me
tapé el rostro ante ultrajes ni
salivazos. El Señor me ayuda, por
eso no sentía los ultrajes; por eso
endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría
defraudado
Palabra de Dios
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
Acudió al Señor, que lo ponga a
salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Me acorrala una jauría de
mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes
lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
tenedlo, linaje de Israel
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Lectura de Carta del apóstol San
Pablo a los Filipenses.
Cristo, a pesar de su condición
divina, no hizo alarde de su
categoría de Dios; al contrario, se
despojó de su rango y tomó la
condición de esclavo, pasando por
uno de tantos. Y así, actuando
como un hombre cualquiera, se
rebajó hasta someterse incluso a la
muerte, y una muerte de cruz. Por
eso Dios lo levantó sobre todo y le
concedió el "Nombre-sobre-todonombre"; de modo que al nombre
de Jesús toda rodilla se doble --en
el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!, para gloria
de Dios Padre.
Palabra de Dios
Lectura del santo Evangelio según
San Mateo
C. Jesús fue llevado ante el
gobernador, y el gobernador le
preguntó:
S. --¿Eres tú el rey de los judíos?
C. Jesús respondió:
+ --Tú lo dices.
C. Y, mientras lo acusaban los
sumos sacerdotes y los ancianos,
no contestaba nada. Entonces
Pilato le preguntó:
S. -- ¿No oyes cuántos cargos
presentan contra ti?
C. Como no contestaba a ninguna
pregunta, el gobernador estaba
muy extrañado. Por la fiesta, el
gobernador solía soltar un preso, el
que la gente quisiera. Había
entonces un preso famoso,
llamado Barrabás. Cuando la
gente acudió, les dijo Pilato:
S. -- ¿A quién queréis que os
suelte, a Barrabás o a Jesús, a
quien llaman el Mesías?
C. Pues sabía que se lo habían
entregado por envidia. Y, mientras
estaba sentado en el tribunal, su
mujer le mandó a decir:
S. -- No te metas con ese justo,
porque esta noche he sufrido
mucho soñando con él.
C. Pero los sumos sacerdotes y los
ancianos convencieron a la gente
que pidieran el indulto de Barrabás
y la muerte de Jesús.
El gobernador preguntó:
S. -- ¿A cuál de los dos queréis
que os suelte?
C. Ellos dijeron:
S. -- A Barrabás.
C . Pilato les preguntó:
S. -- ¿Y qué hago con Jesús,
llamado el Mesías?
C. Contestaron todos:
S. -- Qué lo crucifiquen.
C. Pilato insistió:
S. -- Pues, ¿qué mal ha hecho?
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. -- ¡Qué lo crucifiquen!
C. Al ver Pilato que todo era inútil y
que, al contrario, se estaba
formando un tumulto, tomó agua y
se lavó las manos en presencia de
la multitud, diciendo:
S. -- Soy inocente de esta sangre.
¡Allá vosotros!
C. Y el pueblo entero contestó:
S. -- ¡Su sangre caiga sobre
nosotros y sobre nuestros hijos!
C. Entonces les soltó a Barrabás; y
a Jesús, después de azotarlo, lo
entregó para que lo crucificaran.
Los soldados del gobernador se
llevaron a Jesús al pretorio y
reunieron alrededor de él a toda la
compañía: lo desnudaron y le
pusieron un manto de color
púrpura y, trenzando una corona
de espinas, se la ciñeron a la
cabeza y le pusieron una caña en
la mano derecha. Y, doblando ante
él la rodilla, se burlaban de él,
diciendo:
S. -- ¡Salve, rey de los judíos!
C. Luego le escupían, le quitaban
la caña y le golpeaban con ella la
cabeza. Y, terminada la burla, le
quitaron el manto, le pusieron su
ropa y lo llevaron a crucificar
Al salir, encontraron a un hombre
de Cirene, llamado Simón, y lo
forzaron a que llevara la cruz.
Cuando llegaron al lugar llamado
Gólgota (que quiere decir: «La
Calavera»), le dieron a beber vino
mezclado con hiel; él lo probó,
pero no quiso beberlo. Después de
crucificarlo, se repartieron su ropa,
echándola a suertes, y luego se
sentaron a custodiarlo. Encima de
su cabeza colocaron un letrero con
la acusación: «Éste es Jesús, el
rey de los judíos». Crucificaron con
él a dos bandidos, uno a la
derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban lo injuriaban y
decían, meneando la cabeza:
S. -- Tú que destruías el templo y
lo reconstruías en tres días,
sálvate a ti mismo; si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz.
C. Los sumos sacerdotes con los
escribas y los ancianos se
burlaban también, diciendo:
S. -- A otros ha salvado, y él no se
puede salvar. ¿No es el rey de
Israel? Que baje ahora de la cruz,
y le creeremos. ¿No ha confiado
en Dios? Si tanto lo quiere Dios,
que lo libre ahora. ¿No decía que
era Hijo de Dios?
C. Hasta los bandidos que estaban
crucificados con él lo insultaban.
Desde el mediodía hasta la media
tarde, vinieron tinieblas sobre toda
aquella región. A media tarde,
Jesús gritó:
+ -- Elí, Elí, lamá sabaktaní.
C. (Es decir:
+ -- Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?)
C. Al oírlo, algunos de los que
estaban por allí dijeron:
S. -- A Elías llama éste.
C. Uno de ellos fue corriendo; en
seguida, cogió una esponja
empapada en vinagre y,
sujetándola en una caña, le dio a
beber.
S. -- Déjalo, a ver si viene Elías a
salvarlo.
C. Jesús dio otro grito fuerte y
exhaló el espíritu.
(Todos se arrodillan, y se hace
una pausa)
C. Entonces, el velo del templo se
rasgó en dos, de arriba abajo; la
tierra tembló, las rocas se rajaron.
Las tumbas se abrieron, y muchos
cuerpos de santos que habían
muerto resucitaron. Después que
él resucitó, salieron de las tumbas,
entraron en la Ciudad santa y se
aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que
custodiaban a Jesús, el ver el
terremoto y lo que pasaba, dijeron
aterrorizados:
S. -- Realmente éste era Hijo de
Dios.
Palabra del Señor
HOMILÍA
CREDO
Creo en Dios, Padre
Todopoderoso, Creador del cielo y
de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo
Nuestro Señor, que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu
Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de
entre los muertos, subió a los
cielos y está sentado a la derecha
de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a
vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia católica la comunión de los
santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida
eterna.
Amén
ORACIÓN DE LOS
FIELES
Oremos a Dios, autor de nuestra
salvación, y, sabiendo que Jesús
es el que viene en su nombre para
salvarnos de la muerte y del
pecado, digámosle:
-Te rogamos, óyenos.
Por la Iglesia; para que en la
pasión y muerte de Cristo
descubra su amor por los hombres,
y en su resurrección encuentre la
fuerza que necesita para
anunciarlo.
Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Por los cristianos: para que
durante esta semana nos
adentremos en el Corazón de
Cristo y se nos conceda descubrir
el amor infinito de Dios.
Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Por los que no tienen fe, por los
que se sienten tentados, por los
enfermos y los pobres; para que el
Señor Jesús sea su consuelo y su
liberación.
Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Por los que llevan en sus vidas las
marcas de la pasión de Cristo:
para que como él den sentido a
sus sufrimientos y con él sean
redentores de la humanidad.
Oremos.
-Te rogamos, óyenos.
Dios y salvador del mundo,
escucha nuestras súplicas
confiadas y haz que la
contemplación de los misterios de
nuestra redención nos haga más
sensibles a tu voz, que nos llama a
la santidad y al compromiso con
los pobres y necesitados. Por
Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
LITURGIA DE LA
EUCARISTÍA
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este pan, fruto de la tierra y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Bendito seas por siempre, Señor.
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este vino, fruto de la vid y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de
salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.
Orad, hermanos,
para que este sacrificio, mío y
vuestro, sea agradable a Dios,
Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este
sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el
de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS
OFRENDAS
Por la pasión de tu Hijo sé propicio
a tu pueblo, Señor, y concédenos,
por esta celebración que actualiza
el único sacrificio de Jesucristo, la
misericordia que no merecen
nuestros pecados .
Por Jesucristo nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se
entregó a la muerte por los
pecadores, y aceptó la injusticia de
ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó
nuestra culpa, y, al resucitar,
fuimos justificados.
Por eso, te alaban los ángeles y
los arcángeles, proclamando sin
cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de
su gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del
Señor.
Hosanna en el cielo.
Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos que santifiques
estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
nuestro Señor.
El cual, cuando iba a ser entregado
a su Pasión, voluntariamente
aceptada, tomó pan; dándote
gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE EL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR
VOSOTROS.
Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz, y, dándote gracias de
nuevo, lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE EL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE
MI SANGRE, SANGRE DE LA
ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR
VOSOTROS Y POR TODOS LOS
HOMBRES PARA EL PERDÓN DE
LOS PECADOS. HACED ESTO
EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Éste es el Sacramento de nuestra
fe.
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
!Ven, Señor Jesús!
Así, pues, Padre, al celebrar ahora
el memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo, te
ofrecemos el pan de vida y el cáliz
de salvación, y te damos gracias
porque nos haces dignos
de servirte en tu presencia.
Te pedimos, humildemente,
que el Espíritu Santo congregue en
la unidad a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia
extendida por toda la tierra; y
reunida aquí en el domingo, día en
que Cristo ha vencido a la muerte y
nos ha hecho partícipes de su vida
inmortal;
y con el Papa Francisco, con
nuestro Obispo Casimiro y todos
los pastores que cuidan de tu
pueblo, llévala a su perfección por
la caridad.
Acuérdate también de nuestros
hermanos que durmieron en la
esperanza de la resurrección, y de
todos los que han muerto en tu
misericordia, admítelos a
contemplar la luz de tu rostro. Ten
misericordia de todos nosotros, y
así, con María, la Virgen, Madre de
Dios, los apóstoles y cuantos
vivieron en tu amistad a través de
los tiempos, merezcamos, por tu
Hijo Jesucristo, compartir la vida
eterna y cantar tus alabanzas.
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Llenos de alegría por ser hijos de
Dios, digamos confiadamente la
oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada
día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Líbranos de todos los males,
Señor, y concédenos la paz en
nuestros días, para que, ayudados
por tu misericordia, vivamos
siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador
Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la
gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus
apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy";
no tengas en cuenta nuestros
pecados, sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Podéis daros fraternalmente la
paz.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
danos la paz.
Éste es el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena
del Señor.
Señor, no soy digno de que entres
en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para
sanarme.
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
ORACIÓN
Fortalecidos con tan santos
misterios, te dirigimos esta súplica,
Señor: del mismo modo que la
muerte de tu Hijo nos ha hecho
esperar lo que nuestra fe nos
promete, que su resurrección nos
alcance la plena posesión de lo que
anhelamos.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
La bendición de Dios
todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.
Podéis ir en paz.
Demos gracias a Dios.
Descargar

XXX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (B)