Huelo una rosa y huelo el Reino de Dios.
Gusto del pan y gusto del Reino de Dios.
Camino por un colorido campo en flor
y palpo el Reino en el que todo puede crecer y desarrollarse,
el Reino en el que hay suficiente para todos.
José Arregi
Juan 6, 1-15 // 17 Tiempo Ordinario –B26 julio 2009
1 Algún
tiempo después, Jesús pasó al otro lado del lago de Tiberíades. 2 Lo
seguía mucha gente, porque veían los signos que hacía con los enfermos.
3 Jesús subió a un monte y se sentó allí con sus discípulos. 4 Estaba próxima la
fiesta judía de la pascua.
Hasta ahora íbamos haciendo la lectura continuada de Marcos. La interrumpimos,
para leer el capítulo sexto de Juan prácticamente entero, hasta el domingo 21.
La razón es que en los tres ciclos A, B y C, se leen los tres evangelios sinópticos,
pero no se lee el de Juan. Se recurre a él en algunas ocasiones, cuando parece
que expresa mejor que los otros algún aspecto importante. Éste es el caso. El
evangelio de Marcos llegaba a la multiplicación de los panes y los peces, este
episodio está en Juan más desarrollado, ofrece todo un tratado teológico, que se
ha llamado “el discurso del pan de vida” y que iremos leyendo en los próximos
domingos.
Los cinco domingos en que se leerá este capítulo de Juan tienen una estructura
que conviene tener en cuenta: el milagro de los panes (domingo 17), el diálogo
sobre el maná del desierto (domingo 18), qué significa "creer" en Jesús (domingo
19), qué significa "comer" a Jesús (domingo 20) y finalmente las reacciones de
sus oyentes y de sus discípulos (domingo 21).
5 Al
ver aquella muchedumbre, Jesús dijo a Felipe:
–¿Dónde podríamos comprar pan para dar de comer a todos éstos?
6 Dijo esto para ver su reacción, pues él ya sabía lo que iba a hacer
Jesús controla toda la situación.
Toma la iniciativa en todo momento.
Jesús da pan a una multitud que no le ha pedido nada.
Se adelante al hambre que puedan sentir.
La multiplicación de los panes es también una respuesta a la poca fe de los discípulos
7 Felipe
le contestó:
–Con doscientos denarios no compraríamos
bastante para que a cada uno de ellos le alcanzase
un poco.
El problema no se soluciona comprando, sino compartiendo.
Para realizar el “milagro” es necesaria nuestra aportación,
aunque aparentemente sea insuficiente.
8 Entonces
intervino otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón
Pedro, diciendo:
9 –Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces;
pero ¿qué es esto para tanta gente?
¿Cómo resolver el problema de tantas personas y pueblos que no tienen lo
necesario para una vida digna?
La solución puede ser repartir, compartir lo que tenemos con quien lo necesite,
aunque sea poco y desproporcionado con la magnitud del problema.
No es compatible reconocer a Dios como Padre de [email protected] y continuar acaparando
los bienes que pertenecen a quienes no tienen lo necesario. Si compartiéramos lo
que tenemos, habría suficiente para [email protected]
La vida consiste en aprender a convivir, a compartir y a colaborar en el camino de
todas las personas hacia la fraternidad universal.
10 Jesús
mandó que se sentaran todos, pues había mucha hierba en aquel lugar.
Eran unos cinco mil hombres.
Se cita sólo el número de hombres.
Los varones mayores de catorce años
debían peregrinar a Jerusalén.
Las personas menores de catorce años
y las mujeres no tenían obligación de
hacerlo. No se las tenía en cuenta.
Además de la multiplicación de la
comida, el milagro es lo que ocurre en el
interior de las personas:
se sintieron interpeladas por la palabra
de Jesús y, olvidando el egoísmo,
compartieron lo que tenían, y se
maravillaron viendo que el alimento se
multiplicó y sobró.
¿Con qué “pan” alimento yo mi vida:
el del afán de dinero, de poder,
de comodidad… o con el “pan” del
servicio, acogida, solidaridad,
alegría, cultura...?
El texto evoca la celebración de la cena del Señor en las primeras comunidades:
Jesús toma los panes, pronuncia la acción de gracias y los reparte.
Para [email protected] [email protected] creyentes la cena del Señor era una vivencia anticipada de la
fraternidad del Reino.
Hoy, sin duda, tenemos que recuperar la eucaristía como signo y vivencia de
comunión y fraternidad. Quizá se ha ritualizado la celebración y vaciado de
contenido.
Si falta fraternidad, si hay despreocupación por [email protected] demás, si no se vive en justicia
y solidaridad, la celebración eucarística pierde su sentido.
No tenemos que esperar a que desaparezca toda injusticia para poder celebrar la
eucaristía. Pero tampoco podemos seguir celebrándola sin que nos impulse a
comprometernos, a abrir la mesa al amor y a la solidaridad.
11 Luego
tomó los panes, y después de haber dado gracias a Dios, los distribuyó
entre todos. Hizo lo mismo con los peces y les dio todo lo que quisieron.
12 Cuando
quedaron satisfechos,
Jesús dijo a sus discípulos:
–Recoged lo que ha sobrado, para que no se
pierda nada.
13 Lo hicieron así, y con lo que sobró de los
cinco panes llenaron doce cestos.
Es conveniente trabajar para que nada se pierda.
No tranquilizar y acallar la conciencia dando parte de lo que nos sobra.
Tomar conciencia de lo que somos y tenemos, de lo que se nos da y podemos dar.
El sentido de la vida de quien quiere seguir a Jesús no es hacer dinero
sino hacer [email protected]
“Alimenta al que se muere de hambre, porque si no lo alimentas lo matas”.
Vaticano II - G.S. 69
14 Cuando
la gente vio aquel signo, exclamó:
–Este hombre tiene que ser el profeta que debía venir al mundo.
15 Jesús se dio cuenta de que pretendían proclamarlo rey. Entonces se
retiró de nuevo al monte, él sólo.
Toda la gente está dispuesta a aclamar a Jesús como Mesías.
A lo que no está tan dispuesta es a cambiar su imagen de Mesías, a admitir
que no va a ser el Rey que esperan.
La retirada de Jesús en solitario es un síntoma evidente de que nadie entendía
su opción y su camino.
Jesús nos invita a una revisión profunda de su estilo y nuestro estilo,
sus valores y los nuestros.
Partir con quien nada tiene,
pero que es digno de todo,
a sus ojos y a los de Dios.
Partir no sólo lo sobrante,
también lo que hemos robado,
y hasta lo necesario.
Partir por justicia, por amor,
por encima de lo que es legal,
sin llevar cuenta,
hasta que el otro se sienta a gusto.
Partir con sencillez y entrega,
sin creerse superior o mejor,
sin exigir cambio o reconocimiento.
Partir evangélicamente en todo tiempo,
en todo lugar, en toda ocasión,
ahora ya.
Partir,
o al menos intentarlo;
nunca en soledad, siempre en compañía;
nunca para salvar
y menos aún para sentirse salvado;
sencillamente para hacer posible
el COMPARTIR,
como Tú, Señor. Ulibarri Fl.
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17 domingo Tiempo Ordinario -B-