Conclusión
El 14 de abril de 1912, el Titanic recibió
mensajes de radio durante todo el día,
advirtiendo de la presencia de icebergs
flotantes. A las 23:40 hs. los dos vigías
asustaron a los oficiales con el
alarmante mensaje: “¡Iceberg a la
derecha!” El Primer Oficial Murdoch
tuvo menos de un minuto para
reaccionar. Decidió detener
inmediatamente el buque y retroceder a
toda marcha. No fue posible detener
completamente el barco, la proa
colisionó con el iceberg.
En una hora, 25.000 toneladas
de agua se habían abierto camino
dentro del barco. Cerca de la 01:00 hs.
la proa del buque estaba bajo agua. La
banda de música trataba todavía de
mantener la moral de los condenados a
muerte. Algunos pasajeros parecían
ignorar lo que sucedía. En el salón de
fumar de primera clase, los hombres
jugaban tranquilamente a las cartas.. A
la 01:30 hs. cuando la proa ya estaba
hundida en el agua, la gente apenas
podía permanecer parada en la
inclinada cubierta.
Cerca de la 01:55 hs. incluso el hombre más rico a bordo,
John Jacob Astor, tuvo que aceptar que su dinero ya no le servía de
nada. Llevó a su esposa embarazada a un bote salvavidas, y pidió
ser autorizado a subirse. El Oficial Lightoller permaneció inflexible:
sólo mujeres y niños.
Los 14 botes salvavidas, los dos barcos de emergencia, y
dos de los barcos de Engelhardt fueron lanzados. Estos tuvieron
una capacidad de 1,084 pasajeros. Obviamente, muchos botes no
fueron cargados a su capacidad plena. Hubo muchas razones para
no hacerlo.
Al principio, muchas mujeres y los niños simplemente no
estuvieron dispuestos ser bajados 20 metros de la cubierta de
botes al agua. Algunos de los hombres fueron puestos en los
botes salvavidas para demostrar la eficacia del método de
rescate y así aliviar los temores de otros pasajeros.
Según los datos oficiales de los 2,224 pasajeros a bordo sólo
pudieron salvarse 711, es decir, únicamente el 32% de los pasajeros
sobrevivió. Pero pudo haberse salvado casi la mitad de los
tripulantes, pues había la capacidad en los botes salvavidas.
Cuando los que estaban en los botes oían los gritos de auxilio de los
que se estaban congelando a unos cuantos metros, no hicieron
nada por rescatarlos. Simplemente se limitaron a escuchar sus
gritos de desesperación y a permanecer indiferentes ante la
tragedia.
El día de hoy, hay
gente que se está
muriendo y podemos
escuchar sus gritos. La
pregunta es ¿qué vamos a
hacer ante el dolor que
están enfrentando?
¿Vamos a permanecer
indiferentes ante la
condena a muerte que
pende sobre sus cabezas?
“Al igual que los leprosos, nos encontramos en:”
III. La dicha de la satisfacción, 2Rey 7:8
“8Cuando los leprosos llegaron a la entrada del campamento, entraron en
una tienda y comieron y bebieron, y tomaron de allí plata y oro
y vestidos, y fueron y lo escondieron; y vueltos, entraron en otra tienda,
y de allí también tomaron, y fueron y lo escondieron”.
“Al igual que los leprosos, nos encontramos en:”
IV. El discernimiento de la proclamación, 2Rey 7:9-10
“9Luego se dijeron el uno al otro:
No estamos haciendo bien. Hoy es
día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el
amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora,
entremos y demos la nueva en casa del rey”.
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04_-_S_inos_callamos_no_hacemos_bien_-_2Rey_7.3