Domingo de Ramos
En el nombre del Padre, y del Hijo,
y del Espíritu Santo.
Amén.
La gracia de nuestro Señor
Jesucristo,el amor del Padre
y la comunión del Espíritu Santo
estén con todos vosotros
Y con tu espíritu.
Hermanos: para celebrar
dignamente estos sagrados
misterios, reconozcamos nuestros
pecados.
Yo confieso ante Dios
todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho de
pensamiento, palabra, obra y
omisión.
Por mi culpa, por mi culpa, por mi
gran culpa.
Por eso ruego a santa María,
siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a
vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios,
nuestro Señor.
Dios todopoderoso tenga
misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos
lleve a la vida eterna.
Amén.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Señor, ten piedad.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, tu
quisiste que nuestro Salvador se
hiciese hombre y muriese en la
cruz, para mostrar al género
humano el ejemplo de una vida
sumisa a tu voluntad;
concédenos que las enseñanzas
de su pasión nos sirvan de
testimonio y que un día
participemos en su gloriosa
resurrección.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo, que vive y reina contigo en
la unidad del Espíritu Santo y es
Dios por los siglos de los siglos.
Amen.
Lectura del libro de Isaías
Mi Señor me ha dado una lengua
de iniciado, para saber decir al
abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el
oído, para que escuche como los
iniciados. El Señor me abrió el
oído. Y yo no resistí ni me eché
atrás: ofrecí la espalda a los que
me apaleaban, las mejillas a los
que mesaban mi barba; no me
tapé el rostro ante ultrajes ni
salivazos. El Señor me ayuda, por
eso no sentía los ultrajes; por eso
endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría
defraudado
Palabra de Dios
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
Acudió al Señor, que lo ponga a
salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Me acorrala una jauría de
mastines,
me cerca una banda de
malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes
lejos;
fuerza mía, ven corriendo a
ayudarme
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te
alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
tenedlo, linaje de Israel
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Lectura de Carta del apóstol San
Pablo a los Filipenses.
Cristo, a pesar de su condición
divina, no hizo alarde de su
categoría de Dios; al contrario, se
despojó de su rango y tomó la
condición de esclavo, pasando por
uno de tantos. Y así, actuando
como un hombre cualquiera, se
rebajó hasta someterse incluso a la
muerte, y una muerte de cruz. Por
eso Dios lo levantó sobre todo y le
concedió el "Nombre-sobre-todonombre"; de modo que al nombre
de Jesús toda rodilla se doble --en
el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame:
¡Jesucristo es Señor!, para gloria
de Dios Padre.
Palabra de Dios
Lectura del santo Evangelio según
San Marcos
C.- Apenas se hizo de día, los
sumos sacerdotes con los
ancianos, los letrados y el
sanedrín en pleno, prepararon la
sentencia; y, atando a Jesús, lo
llevaron y lo entregaron a Pilato.
Pilato le preguntó:
S.- ¿Eres tú el rey de los judíos?
C. El respondió:
+ - Tú lo dices.
C. Y los sumos sacerdotes lo
acusaban de muchas cosas.
Pilato le preguntó de nuevo:
S. - ¿No contestas nada? Mira
cuantos cargos presentan contra ti.
C. Jesús no contestó más; de
modo que Pilato estaba muy
extrañado.
Por la fiesta solía soltarse un
preso, el que le pidieran. Estaba en
la cárcel un tal Barrabás, con los
revoltosos que habían cometido un
homicidio en la revuelta. La gente
subió y empezó a pedir el indulto
de costumbre.
Pilato les contestó:
S. - ¿Queréis que os suelte al rey
de los judíos?
C. Pues sabía que los sumos
sacerdotes se lo habían entregado
por envidia.
Pero los sumos sacerdotes
soliviantaron a la gente para que
pidieran la libertad de Barrabás.
Pilato tomó de nuevo la palabra y
les preguntó:
S.- ¿Qué hago con el que llamáis
rey de los judíos?
C. Ellos gritaron de nuevo:
S.- Crucifícalo.
C. Pilato les dijo:
S.- Pues ¿qué mal ha hecho?
C. Ellos gritaron más fuerte:
S.- Crucifícalo.
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a
la gente, les soltó a Barrabás; y a
Jesús, después de azotarlo, lo
entregó para que lo crucificaran.
Los soldados se lo llevaron al
interior del palacio - al pretorio y
reunieron a toda la compañía. Lo
vistieron de púrpura, le pusieron
una corona de espinas, que habían
trenzado, y comenzaron a hacerle
el saludo:
S.- ¡Salve rey de los judíos!
C. Le golpearon la cabeza con una
caña, le escupieron; y, doblando
las rodillas, se postraban ante él.
Terminada la burla, le quitaron la
púrpura y le pusieron su ropa. Y lo
sacaron para crucificarlo. Y a uno
que pasaba, de vuelta del campo,
a Simón de Cirene, el padre de
Alejandro y de Rufo, lo forzaron a
llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al
Gólgota (que quiere decir lugar de
«La Calavera»), y le ofrecieron
vino con mirra; pero él no lo
aceptó. Lo crucificaron y se
repartieron sus ropas, echándolas
a suerte, para ver lo que se llevaba
cada uno.
Era media mañana cuando lo
crucificaron. En el letrero de la
acusación estaba escrito: EL REY
DE LOS JUDIOS. Crucificaron con
él a dos bandidos, uno a su
derecha y otro a su izquierda. Así
se cumplió la Escritura que dice:
«Lo consideraron como un
malhechor.»
Los que pasaban lo injuriaban,
meneando la cabeza y diciendo:
S.- ¡Anda!, tú que destruías el
templo y lo reconstruías en tres
días, sálvate a ti mismo bajando de
la cruz.
C. Los sumos sacerdotes, se
burlaban también de él diciendo:
S.- A otros ha salvado y a sí mismo
no se puede salvar. Que el Mesías,
el rey de Israel, baje ahora de la
cruz, para que lo veamos y
creamos.
C. También los que estaban
crucificados con él lo insultaban. Al
llegar el mediodía toda la región
quedó en tinieblas hasta la media
tarde. Y a la media tarde, Jesús
clamó con voz potente:
+- Eloí Eloí lamá sabactaní. (Que
significa: Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?)
C. Algunos de los presentes, al
oírlo, decían:
S.- Mira, está llamando a Elías
C. Y uno echó a correr y,
empapando una esponja en
vinagre, la sujetó a una caña, y le
daba de beber diciendo:
S.- Dejad, a ver si viene Elías a
bajarlo.
C. Y Jesús, dando un fuerte grito,
expiró.
(Todos se arrodillan, y se hace
una pausa)
El velo del templo se rasgó en
dos, de arriba abajo.
El centurión, que estaba enfrente,
al ver cómo había expirado, dijo:
S- Realmente este hombre era Hijo
de Dios.
Palabra del Señor
HOMILÍA
CREDO
Creo en Dios, Padre
Todopoderoso, Creador del cielo y
de la tierra.
Creo en Jesucristo su único Hijo
Nuestro Señor, que fue concebido
por obra y gracia del Espíritu
Santo.
Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio
Pilato, fue crucificado, muerto y
sepultado, descendió a los
infiernos, al tercer día resucitó de
entre los muertos, subió a los
cielos y está sentado a la derecha
de Dios Padre, todopoderoso.
Desde allí va a venir a juzgar a
vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa
Iglesia católica la comunión de los
santos, el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne y la vida
eterna.
Amén
ORACIÓN DE LOS
FIELES
Acudamos con confianza a Jesús,
nuestro Rey y Mesías, nuestro
único Salvador, y, sabiendo que
sube a Jerusalén para consumar
nuestra salvación, salgamos a su
encuentro diciendo:
-Bendito el que viene en nombre
del Señor.
Porque concedes a tu Iglesia el
privilegio de vivir y contemplar los
misterios de tu amor:
-Bendito el que viene en nombre
del Señor.
Porque, al hacerte hombre, hiciste
de nuestra historia una historia de
salvación universal:
-Bendito el que viene en nombre
del Señor.
Porque padeciste hasta el extremo
y aceptaste con confianza la
voluntad de tu Padre:
-Bendito el que viene en nombre
del Señor.
Porque visitas a los agonizantes,
das la vida eterna a los difuntos y
nos regalas el don de la esperanza
que no falla:
-Bendito el que viene en nombre
del Señor.
Porque nos haces partícipes de tu
sacrificio, de tu banquete y de tu
victoria:
-Bendito el que viene en nombre
del Señor.
Adéntranos, Señor, en el misterio
de tu amor. Que descubramos tu
presencia en nuestras vidas como
el enviado de Dios. Escucha
nuestras oraciones de alabanza,
súplica y acción de gracias. Tú que
vives y reinas por los siglos de los
siglos.
Amén.
LITURGIA DE LA
EUCARISTÍA
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este pan, fruto de la tierra y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros pan de vida.
Bendito seas por siempre, Señor.
Bendito seas, Señor, Dios del
universo,
por este vino, fruto de la vid y del
trabajo del hombre,
que recibimos de tu generosidad y
ahora te presentamos;
él será para nosotros bebida de
salvación.
Bendito seas por siempre, Señor.
Orad, hermanos,
para que este sacrificio, mío y
vuestro, sea agradable a Dios,
Padre todopoderoso.
El Señor reciba de tus manos este
sacrificio, para alabanza y gloria de
su nombre, para nuestro bien y el
de toda su santa Iglesia.
ORACIÓN SOBRE LAS
OFRENDAS
Por la pasión de tu Hijo sé propicio
a tu pueblo, Señor, y concédenos,
por esta celebración que actualiza
el único sacrificio de Jesucristo, la
misericordia que no merecen
nuestros pecados .
Por Jesucristo nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
Levantemos el corazón.
Lo tenemos levantado hacia el
Señor.
Demos gracias al Señor, nuestro
Dios.
Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación darte
gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo,
Señor nuestro.
El cual, siendo inocente, se
entregó a la muerte por los
pecadores, y aceptó la injusticia de
ser contado entre los criminales.
De esta forma, al morir, destruyó
nuestra culpa, y, al resucitar,
fuimos justificados.
Por eso, te alaban los ángeles y
los arcángeles, proclamando sin
cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor,
Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de
su gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del
Señor.
Hosanna en el cielo.
Santo eres en verdad, Señor,
fuente de toda santidad;
por eso te pedimos que santifiques
estos dones
con la efusión de tu Espíritu,
de manera que sean para nosotros
Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
nuestro Señor.
El cual, cuando iba a ser entregado
a su Pasión, voluntariamente
aceptada, tomó pan; dándote
gracias, lo partió y lo dio a sus
discípulos diciendo:
TOMAD Y COMED TODOS DE EL,
PORQUE ESTO ES MI CUERPO,
QUE SERÁ ENTREGADO POR
VOSOTROS.
Del mismo modo, acabada la cena,
tomó el cáliz, y, dándote gracias de
nuevo, lo pasó a sus discípulos,
diciendo:
TOMAD Y BEBED TODOS DE EL,
PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE
MI SANGRE, SANGRE DE LA
ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE
SERÁ DERRAMADA POR
VOSOTROS Y POR TODOS LOS
HOMBRES PARA EL PERDÓN DE
LOS PECADOS. HACED ESTO
EN CONMEMORACIÓN MÍA.
Éste es el Sacramento de nuestra
fe.
Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
!Ven, Señor Jesús!
Así, pues, Padre, al celebrar ahora
el memorial de la muerte y
resurrección de tu Hijo, te
ofrecemos el pan de vida y el cáliz
de salvación, y te damos gracias
porque nos haces dignos
de servirte en tu presencia.
Te pedimos, humildemente,
que el Espíritu Santo congregue en
la unidad a cuantos participamos
del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia
extendida por toda la tierra; y
reunida aquí en el domingo, día en
que Cristo ha vencido a la muerte y
nos ha hecho partícipes de su vida
inmortal;
y con el Papa Francisco, con
nuestro Obispo Casimiro y todos
los pastores que cuidan de tu
pueblo, llévala a su perfección por
la caridad.
Acuérdate también de nuestros
hermanos que durmieron en la
esperanza de la resurrección, y de
todos los que han muerto en tu
misericordia, admítelos a
contemplar la luz de tu rostro. Ten
misericordia de todos nosotros, y
así, con María, la Virgen, Madre de
Dios, su esposo san José, los
apóstoles y cuantos vivieron en tu
amistad a través de los tiempos,
merezcamos, por tu Hijo
Jesucristo, compartir la vida
eterna y cantar tus alabanzas.
Por Cristo, con él y en él,
a ti, Dios Padre omnipotente,
en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los
siglos de los siglos. Amén.
Llenos de alegría por ser hijos de
Dios, digamos confiadamente la
oración que Jesús nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el
cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada
día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros
perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal.
Líbranos de todos los males,
Señor, y concédenos la paz en
nuestros días, para que, ayudados
por tu misericordia, vivamos
siempre libres de pecado
y protegidos de toda perturbación,
mientras esperamos la gloriosa
venida de nuestro Salvador
Jesucristo.
Tuyo es el reino, tuyo el poder y la
gloria, por siempre, Señor.
Señor Jesucristo, que dijiste a tus
apóstoles:
"La paz os dejo, mi paz os doy";
no tengas en cuenta nuestros
pecados, sino la fe de tu Iglesia
y, conforme a tu palabra,
concédele la paz y la unidad.
Tú que vives y reinas por los siglos
de los siglos.
Amén.
La paz del Señor esté siempre con
vosotros.
Y con tu espíritu.
Podéis daros fraternalmente la
paz.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el
pecado del mundo,
danos la paz.
Éste es el Cordero de Dios, que
quita el pecado del mundo.
Dichosos los invitados a la cena
del Señor.
Señor, no soy digno de que entres
en mi casa,
pero una palabra tuya bastará para
sanarme.
El Cuerpo de Cristo.
Amén.
ORACIÓN
Fortalecidos con tan santos
misterios, te dirigimos esta súplica,
Señor: del mismo modo que la
muerte de tu Hijo nos ha hecho
esperar lo que nuestra fe nos
promete, que su resurrección nos
alcance la plena posesión de lo que
anhelamos.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
El Señor esté con vosotros.
Y con tu espíritu.
La bendición de Dios
todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo,
descienda sobre vosotros.
Amén.
Podéis ir en paz.
Demos gracias a Dios.
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