Cuento Popular Africano
NARRADOR: Una ranita bebé saltaba por el campo,
feliz de haber dejado de ser renacuajo. Al poco rato, se
encontró con un ser muy raro que se arrastraba por el
suelo.
RANA ¡Qué gusano tan largo y tan gordo!
NARRADOR Al principio, la ranita se asustó mucho,
pues jamás en su corta vida terrestre había visto un
animal así.
NARRADOR Además, el ruido que hacía al meter y
sacar la lengua de su boca era como para ponerle la
piel de gallina a cualquier rana. Se trataba en verdad
de un bicho raro, pero tenía los colores más hermosos
que la ranita había visto jamás.
RANA: ¡Qué lindo es!... Me acercaré y le hablaré… ¡Hola!...
¿Quién eres tú? ¡Qué haces arrastrándote por el suelo?
SERPIENTE: Yo soy una serpiente bebé… Es que las
serpientes caminamos así. ¿Quieres que te enseñe?
RANA: ¡Sí, sí!... Enséñame, amiga serpiente.
NARRADOR: La serpiente bebé le dio unas cuantas clases
del secreto arte de arrastrarse por el suelo, cosa que
ninguna rana había ensayado hasta entonces…
SERPIENTE: ¿Ves?... Así, así…
NARRADOR: Después de varios intentos fallidos en los que
la rana bebé tragó tierra a montones, logró avanzar algunos
metros imitando a la serpiente bebé…
RANA: ¡Lo logré!... Ahora, yo quiero enseñarte a saltar. ¿Te
gustaría?
SERPIENTE ¡Claro, enséñame, por favor!
NARRADOR: La ranita bebé le enseñó a la serpiente bebé
el difícil arte caminar saltando, cosa que nunca había
intentado ninguna serpiente.
SERPIENTE: ¡Qué difícil!
RANA : No, verás que puedes… Mira como hago yo…
NARRADOR: Para la serpiente bebé fue tan difícil aprender
a saltar como para la rana bebé aprender a arrastrarse por
el piso. Pero, al fin, lo logró…
SERPIENTE: ¡Lo conseguí!... ¡Aprendí a saltar como tú!
NARRADOR: Las dos amigas pasaron toda la mañana
jugando y divirtiéndose. Se hubieran quedado todo el día si
sus respectivas panzas no hubieran empezado a crujir,
recordándoles que era hora de comer.
RANA: ¡Nos vemos mañana, amiga serpiente, a la misma
hora!
SERPIENTE: ¡Hasta mañana, amiga rana!
RANA: ¡Hola mamá, mira lo que aprendí a hacer!
NARRADOR: La rana bebé comenzó a arrastrarse
por el suelo, orgullosa de lo que había aprendido.
MADRE RANA: ¿Quién te enseñó a hacer eso?
RANA: Una serpiente bebé de colores muy lindos
que conocí esta mañana.
MADRE RANA: Óyeme bien. Te prohíbo
terminantemente que te vuelvas a ver con ese
animal, ¿entiendes?
RANA: ¿Por qué, mamá?
MADRE RANA: Porque las serpientes no nos
gustan. Y punto. Son venenosas y malvadas.
Además, nos tienen odio.
RANA: Pero esa serpiente no me odia. Es mi
amiga.
MADRE RANA: No sabes lo que dices. Y deja ya de
quejarte, ¿está bien?
NARRADOR: La rana bebé no probó ni una sola de
las deliciosas moscas que su mamá le tenía para el
almuerzo. No tenía hambre. Sólo tristeza.
NARRADOR: Cuando la serpiente bebé llegó a su casa,
ocurrió algo parecido…
SERPIENTE: ¡Mira, mamá, mira lo que aprendí!
MADRE SERPIENTE: ¿Quién te enseño a saltar de esa
manera tan ridícula?
SERPIENTE: Una rana bebé muy simpática que conocí
esta mañana.
MADRE SERPIENTE: ¡Las ranas y las serpientes no
pueden andar juntas! ¡Qué vergüenza! ¡La próxima vez
que te encuentres con esa rana, mátala y cómetela!
SERPIENTE :¿Por qué?
MADRE SERPIENTE: Porque las serpientes siempre
hemos matado y nos hemos comido a las ranas. Así ha
sido y tiene que seguir siendo igual.
SERPIENTE: Pero, mamá, ¿cómo voy a matar a mi
amiga y luego comérmela?
NARRADOR: Al día siguiente, a la hora de la cita, la
rana bebé y la serpiente bebé no se saludaron. Sentían
una tristeza grande en su corazón, pero se quedaron
alejadas una de otra, mirándose con desconfianza y
recelo.
LOCUTOR: Decía Albert Einstein: ¡Triste época la
nuestra!... Es más fácil desintegrar un átomo que un
prejuicio.
Descargar

La Rana y La Serpiente - Comunidad