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La ratonera
Una fábula
©2007Miguel Ángel Ruiz Orbegoso
Del archivo: “Cómo explicárselo a mis hijos”
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.
El ratón contemplaba desde su agujero en la pared cómo el
granjero y su esposa abrían un paquete que les había
llegado por correo.
¡Por fin llegó!
Mmmm ¿Será
una rica
comidita?
¡Ábrelo, pronto!
¡Era una ratonera! ¡Qué espeluznante!
iiiiik
Entonces, corrió al patio para advertir a todos.
”¡Hay una ratonera en la
casaaaa! ¡Han comprado
una ratoneraaaa!”
”¡Hay una ratonera en la
casaaaa! ¡Han comprado
una ratoneraaaa!"
”¡Turuleca! ¡Hay una
ratonera en la casa! ¡Los
señores se han comprado
una ratonera!"
¡A mí no me metas en tus asuntos,
hijo! Yo no soy ratón. No me
preocupa. Resuelve tus propios
problemas y no me molestes, que hoy
debo poner muchos huevos.
Pero la gallina estaba muy ocupada
y siguió cacareando y escarbando
indiferente.
Y corrió a buscar al cordero.
”¡Bebe, hay una
ratonera en la casa!
¡Se han comprado una
ratonera!"
¿Perdón? ¿Y qué puedo hacer
por ti, salvo recordarte en mis
oraciones? Tú eres un ratón.
No es mi problema. Y ahora, si
me disculpas..."
Y corrió a buscar a la vaca.
”¡Mumu! ¡Hay una
ratonera en la casa!
¡Se han comprado
una ratonera!"
¡Y a mí qué me importa! Ese
es tu problema. Tú eres un
ratón. Además, es domingo y
estoy descansando, muy
ocupada viendo televisión,
rumiando un rico y selecto
pasto. ¡Regresa otro día, loco!
Y el ratoncito regresó a casa muy preocupado, pateando latas y
pensando: “Que conste que se los advertí”. Una ratonera en casa era
algo muy serio... ¡pero nadie le hizo caso!
Aquella noche hubo un gran barullo en la granja, porque la
ratonera saltó atrapando a su “víctima”. Pero no atrapó al
ratón, sino la cola de una cobra venenosa.
Cuando la mujer se agachó y estiró la mano al rincón para
agarrar la ratonera, la cobra la mordió en la mano.
El granjero hizo todo lo posible por curarla, pero ella se puso
cada vez peor. Llegaron los familiares para ayudarla, y uno
tras otro abarrotaron la casa.
¡Frita
!
Ahora el granjero se sintió comprometido a invitarlos a comer y
no tuvo más opción que coger su hacha y salir por el
ingrediente principal para preparar una rica sopa de gallina.
¡Oh, no!
¡Cloooooc!
Como la mujer empeoraba, sus amigos y
vecinos también vinieron a verla. Por eso
el granjero tuvo que cocinar algo más:
“¿Quieren guiso de cordero?”, preguntó.
Y degolló al cordero.
Pero no hubo nada que hacer. La
mujer finalmente murió y el granjero
ahora tuvo que hacer frente a los
gastos del funeral.
Por eso el granjero finalmente se vio obligado a vender la vaca en el
matadero para recuperar su dinero.
¡Ou nou!
¡Muuuuuu!
¡Wákala!
Moraleja: Nunca pienses que los problemas
de los demás no te afectarán a ti.
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El Problema