Fábula
La ratonera
Había una vez, en una granja...
Un ratón contemplaba por un agujero en la pared cómo un
granjero y su esposa estaban abriendo un paquete que les
había llegado por correo.
¡Por fin llegó!
Mmmm ¿Será
una rica
comidita?
¡Ábrelo, pronto!
¡Qué espeluznante! Era una ratonera.
iiiiik
Entonces, corrió al patio para advertir a todos.
”¡Hay una ratonera en la
casaaaa! ¡Han comprado
una ratoneraaaa!”
”¡Hay una ratonera en la
casaaaa! ¡Han comprado
una ratoneraaaa!"
”¡Gallinita! ¡Hay una
ratonera en la casa! ¡Han
comprado una ratonera!"
¡A mí no me metas en tus asuntos,
hijo! Resuelve tus propios problemas.
No me molestes, que tengo que poner
muchos huevos hoy.
La gallina estaba muy ocupada,
cacareando y escarbando,
indiferente.
Y corrió a buscar al cordero.
”¡Corderito! ¡Hay una
ratonera en la casa!
¡Han comprado una
ratonera!"
¿Perdón? ¿Y qué puedo hacer
por ti, salvo recordarte en en
mis oraciones? Y ahora, si me
disculpas..."
Y corrió a buscar a la vaca.
”¡Vaca! ¡Hay una ratonera en
la casa! ¡Han comprado una
ratonera!"
¡Y a mí qué me importa!
Hoy es domingo. Estoy
descansando, muy ocupada,
rumiando un rico pasto
selecto y viendo televisión.
¡Regresa otro día, profeta
loco!
Y volvió a la casa muy preocupado, pateando una lata.
Una ratonera en casa era algo muy serio... ¡pero nadie le hacía caso!
Aquella noche hubo un gran barullo en la granja, porque la
ratonera había atrapado a su víctima.
La esposa del granjero corrió a ver, pero no se trataba de
un ratón, sino de la cola de una cobra venenosa. Cuando se
agachó a mirar, la cobra la mordió.
El granjero hizo todo lo posible por curarla, pero ella se puso
cada vez peor. Y llegaron unos familiares para ayudar, uno
tras otro, hasta que abarrotaron la casa.
¡Estoy
frita!
Ahora se sintió comprometido a invitarlos a comer, y no se le
ocurrió nada mejor que coger su hacha y salir por el
ingrediente principal para preparar una rica sopa de gallina.
¡Oh, no!
¡Cloooooc!
Como la mujer empeoraba, sus amigos y
vecinos también vinieron a verla. Por eso
el granjero tuvo que cocinar algo más:
“¿Quieren guiso de cordero?”, preguntó.
Y degolló al cordero.
Pero no hubo nada que hacer. La
mujer finalmente murió y el granjero
tuvo que hacer frente a los gastos
del funeral.
Por eso se vio obligado a llevar la vaca al matadero, para venderla y
recuperar el dinero que necesitaba.
¡Ou, nou!
¡Muuuuuu!
Por eso, la próxima vez que alguien te
busque para contarte un problema, préstale
atención. Puede afectarte más de lo que
supones.
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El Problema